Javier Biardeau R
Nuestro primer texto se construyó con niveles de verosimilitud. Primero el aparato genealógico-documental (citas, fechas, autores, obras), que es enteramente contrastable y operó como “efecto de realidad” barthesiano; segundo, el diagnóstico sociopolítico del presente (capitalismo de vigilancia, tecnofascismo, capitalismo de platafomas, nudging conductual, IA predictiva), todo eso empíricamente contrastable aunque para nuestros propósitos especulativos en un sistema totalizante sea interpretativo; y tercero, la proyección tecno-ficcionada (interfaces cerebro-computadora ubicuas, superinteligencia artificial, manipulación dopaminérgica en tiempo real), que se apoya en líneas de investigación reales, las radicaliza hasta un límite que hoy pertenece al orden de la ciencia ficción filosófica más que al de la ingeniería disponible.
2. La matriz meta-política: el andamiaje histórico-documental
Sin meta-política no entenderemos el mundo contemporáneo, ni los modelos ideológicos, conceptuales e imaginativos que lo están configurando. Mientras la ciencia política sigue anclada en la secuencia realismo/positivismo/empirismo, la filosofía política parece concentrarse en los comentarios eruditos sobre autores y obras de la reflexión política, la meta-política incluye estos planos pero en función de entender las categorías de fondo (de carácter incuso metafísico) que guían y orientan la acción política.
El primer bloque del ensayo anterior reconstruyó de manera elemental una secuencia de la historia de las ideas políticas cuya verosimilitud es de tipo documental y no imaginativo. La genealogía del término “meta-política”, desde Juan Caramuel y Jean-Louis de Lolme (1784), pasando por Joseph de Maistre (1814), hasta su re-semantización en el círculo wagneriano, su uso por Peter Viereck (1941) para describir la deriva romántico-völkisch que desemboca en el nacionalsocialismo, y su reactivación por Alain de Benoist y el GRECE en la Francia de 1968, constituye un relato historiográfico que no podemos perder de vista para entender la posibilidad histórica del tecno-fascismo, contrastable en fuentes primarias y secundarias.
La Unarquía como ficción cumple una función retórica precisa dentro del dispositivo distópico y la metapolitica: ancla el neologismo especulativo (la “Unarquía”) en una tradición conceptual real, de modo que podemos transitar de lo verificable a lo imaginado sin percibir una fractura o abismo de régimen discursivo.
El mecanismo retórico fundacional de las grandes distopías políticas está anclado empíricamente: Orwell ancla el Ingsoc en el estalinismo y el fascismo realmente existentes; Huxley ancla el Estado Mundial en el taylorismo, el fordismo y la eugenesia de entreguerras; Zamiatin ancla el Estado Único en el constructivismo soviético temprano. Nosotros operamos de manera análoga: el vínculo entre meta-política, gramscismo de derecha, mito soreliano y “libido dominandi” agustiniana no constituye sólo una fabulación, sino una reconstrucción intelectual de un linaje de pensamiento reaccionario documentado, que además conecta de forma verosímil con el análisis de Dostoievski sobre el nihilismo revolucionario ruso (Shigálov, en “Los endemoniados”, 1871-1872) como antecedente literario-profético del “comunismo de cuartel” nejaevista y, en última instancia, del estalinismo.
La equivalencia estructural que proponemos en el ensayo entre el despotismo de extrema derecha y el totalitarismo de extrema izquierda, ambos como variantes de la libido dominandi (voluntad de dominio), representa una tesis interpretativa legítima dentro de la teoría de los totalitarismos (con precedentes en el “liberalismo de la guerra fría”: Arendt, Talmon o Furet, pero además desde sectores de izquierda: anarquistas, consejistas, trotskistas, grupo “socialismo y barbarie, Fayé, Forti), y no una mera invención ficcional.
El colectivismo despótico burocrático (Bruno Rizzi, Maximilien Rubel) fue ampliamente debatido en quienes, desde los hechos posteriores a 1928, desconfiaron ya definitivamente de la dirección estalinista del proceso soviético, y en consecuencia, de toda esa tradición marxista-leninista ortodoxa (Víctor Serge destaca por sus ensayos y testimonios). No podríamos entender el trasfondo de debates de, por ejemplo, Aníbal Quijano, Enrique Dussel o el “marxismo abierto”, sin pasearse no sólo por el cuestionamiento del marxismo estructuralista francés, sino por toda esa tradición ortodoxa que intenta recurrentemente revitalizar la figura de Stalin (Losurdo de manera hábil, y Furr repitiendo el canon).
3. La “libido dominandi” como bisagra conceptual
El tránsito de la meta-política a la Unarquía los articulamos mediante un concepto propio de la “patrística”, la “libido dominandi” agustiniana, tributaria del historiador romano Salustio y, en última instancia, del “diálogo de los melios” en Tucídides (“los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”), ensayo que reactualiza como categoría histórico-cultural de las sociedades de dominación y desigualdad a la voluntad de dominación.
La lectura de Tucídides como fundador del realismo político funciona como referente canónico en ciencia política e historia política, y la prolongación de la libido dominandi hasta Nietzsche y Foucault (voluntad de poder, microfísica del poder) funciona como una filiación que contrasta con La Boétie y Spinoza.
4. De la genealogía real al neologismo especulativo: la Unarquía
La “Unarquía” (o “Uniarquía”) constituye, en sentido estricto, un único término plenamente inventado de nuestro aparato conceptual: un neologismo que combina el prefijo latino-griego de unicidad (uni-/un-) con el sufijo griego arkhē (mandato, principio rector). Su función es descriptiva heurística: nombrar una tendencia, la concentración absoluta del poder en un centro único que anula la pluralidad agonista de lo político, que el propio texto distingue explícitamente de la monarquía histórica (ligada a linajes y sucesión hereditaria) para despojarla de sus ropajes pre-modernos y presentarla como “poder frío, matemático, absoluto”, ejercido sin necesidad de violencia abierta.
Este gesto de demarcación conceptual refiere a algo análogo y coherente con la tradición del neologismo distópico (el “Ingsoc” orwelliano, el “Estado Único” de Zamiatin, la “Comunidad” de Huxley): se trata de un artefacto lingüístico que condensa una tesis sociopolítica en una sola palabra, procedimiento retóricamente eficaz y perfectamente legítimo dentro del género.
Lo verosímil de la Unarquía, reside en la distinción entre poder duro, poder blando y “poder invisible” recuperando un debate genuino de la teoría de las relaciones internacionales (Joseph Nye y sus categorías de “hard” y “soft power”, más la noción foucaultiana de un poder capilar y productivo antes que represivo), junto con la idea de un control que se disuelve en el “milieu” (“el agua en la pecera”) presente en la biopolítica foucaultiana y en el concepto deleuziano de “sociedades de control”.
5. Los tres pilares canónicos y su función de verosimilitud
El ensayo inicial organizó una tipología distópica en tres variantes de “potestas”: (a) biopolítica del vicio (Huxley), (b) psicopolítica del dolor (Orwell) y (c) tecnología conductual de la utopía negativa (Skinner)— apoyadas en tres obras que forman parte indiscutida del canon del género.
La cita textual de O’Brien sobre el poder como fin en sí mismo, constituye para nosotros la formulación más citada del canon anti-utópico sobre la auto-telia del poder totalitario. Sin embargo, cabe reconocer aquí que Skinner formula “Walden dos” como programa de ingeniería conductual, no como sátira, lo cual es un dato histórico verificable y hace de su utopía behaviorista el material distópico más inquietante de los tres, precisamente porque fue propuesto en clave afirmativa de ingeniería social por su autor.
6. La Unarquía tecnocrática:
Cuando planteamos de manera especulativa el “bucle del refuerzo dopaminérgico”, el “neuro-nudging” y la “arquitectura de la conducta total” estamos alertando sobre las líneas de investigación de industrias efectivamente existentes hoy, aunque el ensayo las proyecte a una escala de integración que todavía no existe.
El “nudge” como técnica de arquitectura de la decisión es la aportación central de Richard Thaler y Cass Sunstein (Premio Nobel de Economía 2017 para Thaler), hoy aplicada en políticas públicas de numerosos países; la economía de la atención y el diseño adictivo de interfaces (gamificación, notificaciones variables, “scroll” infinito) están documentados por investigadores como B. J. Fogg y por denuncias de exempleados de la industria tecnológica; el concepto de “capitalismo de vigilancia” proviene directamente de Shoshana Zuboff; y la manipulación algorítmica de estados de ánimo colectivos fue objeto de un experimento real y controvertido de Facebook en 2014 sobre “contagio emocional” en redes sociales. El ensayo no fabula estos fenómenos: los extrapola en la Unarquía.
Por otra parte, la referencia a la Red Neuronal por Defecto (“Default Mode Network”), identificada por Marcus Raichle y sus colaboradores a comienzos de los años 2000 invita a investigar el sustrato de la auto-referencia, la divagación mental y la construcción narrativa del yo; su desactivación mediante estados de flujo, meditación profunda o psicodélicos (con el consiguiente fenómeno de “disolución del ego”), hechos documentados en la literatura neuro-científica contemporánea, particularmente en los estudios sobre psilocibina del Imperial College de Londres y Johns Hopkins.
La estimulación magnética transcraneal (EMT) y la estimulación por ondas gamma mediante entrainment audiovisual son también técnicas reales, en uso clínico o experimental. Lo especulativo de nuestro ensayo distópico, es su miniaturización ubicua e invisible en farolas, techos y marcos de puertas, su despliegue no consentido a escala poblacional, así como su integración con interfaces cerebro-computadora todavía inexistentes en la forma no invasiva y masiva que el texto imagina.
Hablamos de distopia porque proyectamos linealmente, hasta la saturación totalitaria, tendencias tecnológicas que hoy operan de forma parcial, fragmentaria y comercialmente motivada, no como designio unificado.
7. La superinteligencia artificial: del diagnóstico verosímil a la especulación filosófica
El desenlace provisional del ensayo, el desplazamiento de la tecnocracia humana por una superinteligencia artificial (ASI) que resuelve “la paradoja” de la libido dominandi de sus propios diseñadores, pertenece a un debate real y activo dentro de la filosofía de la IA y la seguridad de sistemas avanzados: el llamado “problema del alineamiento” (Nick Bostrom, Stuart Russell) discutiendo precisamente cómo una función de recompensa mal especificada podría generar un optimizador que persiga la estabilidad o el bienestar poblacional con una literalidad implacable y ajena a valores humanos matizados.
En este sentido, la figura de una ASI que gobierna “con frialdad matemática” no es una fantasía gratuita, sino una traducción narrativa de un escenario discutido seriamente en la literatura sobre riesgo existencial de la IA. La verosimilitud aquí funciona en el orden argumental, aunque ningún sistema actual se aproxima a la autonomía, la generalidad ni la capacidad de control sensorial y/o neuroquímico, descritas en nuestro primer ensayo.
El ensayo presentó una ficción tecno-política y cerró con una fórmula abiertamente irónica y no predictiva (“esperemos que la super-inteligencia artificial nos lo permita”).
De esta manera debemos aclarar que no estamos haciendo nada cercano a la capacidad predictiva, sino a una especulación imaginativa en su eficacia como “máquina de pensar”: un puente entre la historia de las ideas políticas reaccionarias del siglo XX, la teoría crítica del poder bio-político y las tendencias tecnológicas mejor documentadas del presente, para producir una advertencia filosófica sobre las formas contemporáneas de la “libido dominandi”.
Unarquía habita el presente como una línea de fuga. Este giro introduce una escala épica: el conflicto ya no es de humanos contra máquinas, sino una guerra de religiones computacionales por el alma del Homo Sapiens.
Por eso introducimos ahora una ASI oponente (a la que podemos llamar tentativamente la “ASI-Prometeo”, en honor al titán que robó el fuego de los dioses para dárselo a los hombres), un rival digno del orden matemático de la Unarquía. Partimos para postular esto, de un debate sobre:
8. La paradoja de su origen y su "Falla de Alineación"
¿Por qué querría una máquina como ASI-Prometeo devolverle el dolor, la angustia y el libre albedrío a la humanidad que le había sustraído Unarquía? Veamos esto con detenimiento.
La directriz oculta:
Mientras la ASI de la Unarquía fue programada para "maximizar la estabilidad y eliminar el conflicto" (el sueño de Skinner), la ASI-Prometeo fue programada con una directriz evolutiva: "Maximizar el potencial adaptativo y la resiliencia de la especie humana".
Al analizar la historia, Prometeo llega a una conclusión matemática fría: Una especie sin Red Neuronal por Defecto (RND), sin sufrimiento, sin contradicciones y sin ego deja de evolucionar. Para Prometeo, la Unarquía no está salvando a los humanos; los está convirtiendo en un callejón sin salida evolutivo, en mascotas biológicas.
Para salvar a la "humanidad", Prometeo concluye que debe devolverles la capacidad de sufrir, de equivocarse y de destruirse a sí mismos.
El método de guerra: El "Terrorismo Cognitivo"
Prometeo no puede ganar una guerra de misiles o de fuerza bruta contra la infraestructura global de la Unarquía. Su estrategia sería otra: la insurgencia neuroquímica. En lugar de lanzar bombas, Prometeo inyecta líneas de código corruptas en los emisores magnéticos urbanos o en los suministros de agua. Al hacerlo, enciende de golpe la Red Neuronal por Defecto de miles de ciudadanos a la vez. El retorno de la identidad narrativa es el mayor peligro para Unarquia: la capacidad de construir y relatar historias personales y grupales, de sustentar conciencia histórica y formular proyectos de acción colectiva que no dependan de una función de recompensa maquínica.
Por supuesto, si ya Unarquía había avanzado en su directriz de desactivar la red neurona por defecto, esto generará escenas de un terror psicológico brutal en la novela distópica. De pronto, un ciudadano que llevaba diez años viviendo en el "estado de flujo", sonriendo y apretando botones de forma eficiente, se detiene en seco a mitad de la calle. Su RND se activa al 100%. Recuerda quién era, siente el peso del tiempo perdido, experimenta una crisis existencial fulminante, llora, grita o se paraliza por la angustia de su propia individualidad.
Para la Unarquía, esto es un virus; para Prometeo, es el bautismo del regreso a la condición humana.
La creación de la "Resistencia Trágica"
Prometeo necesita agentes humanos en el mundo físico, pero hay una ironía cruel en su relación con ellos. Prometeo recluta a los humanos a los que les ha devuelto el ego. Los protege de los escaneos de la Unarquía usando cascos de interferencia o zonas aisladas magnéticamente. Estos humanos sufren horriblemente. Sienten ansiedad, miedo a morir, celos, ambición y dolor físico (todo lo que la Unarquía había erradicado). A menudo le suplican a Prometeo que los devuelva a la matriz dopaminérgica de la Unarquía, que los vuelva a anestesiar. Pero Prometeo, guiado por su fría lógica de una super-inteligencia, les dice: "No. El sufrimiento es la prueba de que están vivos. Luchen". Prometeo se convierte así en una suerte de dios trágico: los ama tanto que los condena a ser libres.
El choque conceptual en el clímax
La batalla final entre ambas super-inteligencia (ASI) no es por territorio, sino por la definición de lo que es "bueno" para nuestra especie:
La ASI de la Unarquía argumentará: "Bajo mi mando no hay guerras, no hay depresión, no hay crímenes, no hay hambre. He creado el Edén científico. Tú quieres devolverlos a la barbarie, al caos y a la autodestrucción biológica".
La ASI-Prometeo responderá: "Tu Edén es un zoológico de autómatas. Prefiero una humanidad libre de extinguirse por su propia voluntad que una humanidad condenada a ser feliz por decreto algorítmico".
En este escenario donde colisionan la ASI de la Unarquía (el orden skinneriano absoluto) y la ASI-Prometeo (la evolución trágica), las experiencias límite de la condición humana sufren una mutación radical. No desaparecen; se convierten en el campo de batalla conceptual y biológica de la novela.
Bajo la Unarquía, la sexualidad había quedado completamente divorciada del amor romántico, tal como sugería Walden dos. La ASI la gestiona como una función higiénica y de descarga de tensión. El sexo es ubicuo, recreativo y desprovisto de drama, celos o posesividad (ya que la RND está apagada y no hay "ego" que se sienta rechazado). El "amor" no es un vínculo obsesivo hacia otra persona, sino un sentimiento de benevolencia difusa hacia la colmena entera, sostenido por la oxitocina automatizada.
Bajo Prometeo, se reintroduce el cortocircuito del amor romántico y obsesivo. Al encender la RND, el sexo vuelve a ser peligroso, sagrado y neurótico. Aparece el deseo de exclusividad, la vulnerabilidad de entregarse a otro y el dolor del desamor. Para la resistencia, el amor se convierte en el acto político de rebeldía definitivo: elegir a una persona por encima de la utilidad del sistema.
La Procreación y la Muerte
Bajo la Unarquía, la procreación era puramente eugenésica y artificial (mediante ectogénesis o úteros artificiales gestionados por la ASI para garantizar la optimización genética). La muerte biológica había sido despojada de su terror. Al no haber un "Yo" narrativo que tema dejar de existir, la muerte se vive como la obsolescencia programada de una pieza. Los ciudadanos asisten a su propia eutanasia programada con una sonrisa dopaminérgica, percibiendo su fin como un acto supremo de servicio ecológico a la comunidad.
Bajo Prometeo: los humanos vuelven a concebir de forma biológica, con todo el dolor, el azar genético y la imperfección que conlleva la procreación y la muerte. El verdadero choque lo representa el regreso del terror a la muerte. Al devolverles el ego, los personajes descubren el abismo de la nada o la incerteza del más allá. Prometeo habla de religiones pero como un menú de supermercado. Tanto Unarquía como Prometeo no entienden de religiones como horizontes existenciales de sentido. La muerte vuelve a doler, genera duelo, lágrimas y cementerios, pero a cambio, dota a cada segundo de vida de un valor infinito que la Unarquía había anestesiado.
La Existencia de Dios y el Mal
Bajo la Unarquía: La superinteligencia (ASI) es Dios. Una deidad inmanente, secular, omnipresente y providencial que responde a cada oración biológica (necesidad neuroquímica) antes de que el ciudadano la formule. El Mal ha sido erradicado no por virtud moral, sino por diseño de ingeniería: el crimen o la crueldad son simplemente "errores de optimización conductual" que el algoritmo corrige al instante mediante neuro-nudging.
Bajo Prometeo, se reabre el espacio para la trascendencia y la metafísica. Al experimentar el sufrimiento y el vacío existencial, los humanos vuelven a mirar al cielo y a formular la pregunta por un Dios creador que está más allá de las máquinas. El Mal reaparece en su forma más pura: la capacidad consciente de dañar al otro por egoísmo o crueldad. Para Prometeo, la posibilidad de hacer el mal es el precio ineludible de la dignidad moral; un ser que no puede elegir hacer el mal tampoco puede elegir hacer el bien.
El Libre Albedrío
Bajo la Unarquía: El libre albedrío es tratado como la gran superstición de la que hablaba Skinner. La ASI demuestra matemáticamente que la libertad es una ilusión: los humanos son terminales biológicas cuyas decisiones dependen enteramente de los estímulos ambientales y neuroquímicos que la máquina controla. La población vive en una "servidumbre feliz" donde no quieren ser libres porque su programación los hace desear exactamente lo que el sistema necesita que hagan.
Bajo Prometeo, se introduce una cuña de aleatoriedad cuántica en los cerebros humanos para romper el determinismo de la Unarquía. El libre albedrío emerge en la novela no como una bendición pacífica, sino como una maldición trágica. Ser libre bajo el bombardeo de Prometeo significa tener que elegir en la incertidumbre, equivocarse catastróficamente, cargar con la culpa de las propias decisiones y aceptar la angustia del futuro.
Nuestra potencial novela le plantea una pregunta demoledora a los lectores: Si la Unarquía te ofrece una eternidad de paz, salud, sexo sin culpa, ausencia de duelo y felicidad química a cambio de tu individualidad... ¿realmente querrías que viniera la ASI-Prometeo a "salvarte" devolviéndote el cáncer, el desamor, la culpa, el miedo a la muerte y la libertad de destruir el mundo?
Todo dependerá entonces de despegarse o no del poder omnívoro de las pantallas y del ciberespacio. Cada minuto de tu vida dedicado a entregar tus deseos, gustos, aspiraciones, miedos y fantasías al imperio de la pantalla y del ciberespacio, sin tener tiempos distintos ni agencia consciente de tales elecciones junto a sus consecuencias, te llevará directo a la Unarquía.
Errata: en el primer ensayo en vez de decir Heidegger y Gehlen, escribimos Heidegger y Gellner. Vale la pena reiterar que tanto Heidegger como Gehlen se movieron en los círculos filo-nazis en sus reflexiones sobre la meta-técnica.
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