sábado, 8 de abril de 2017

RETOMAR EL HORIZONTE SOCIALISTA O LA DERROTA: EL LEGADO DE CHÁVEZ EN EL MARCO DEL POST-PROGRESISMO

Javier Biardeau R

I.-RECAPITULANDO EN CLAVE DE SÍNTESIS:

Existe la tentación de introducir temas de actualidad por su impacto y significación en el desarrollo de los más recientes acontecimientos.

Hemos escogido la aparente in-actualidad del legado ideológico-político de Chávez para escarbar a fondo en las condiciones que permiten comprender y explicar procesos que se despliegan actualmente a la vista, en la escucha y sentimientos de quienes se inquietan por la pérdida de vitalidad y dinamismo del movimiento popular bolivariano.

Desde nuestro punto de vista, el problema no es de “lealtad o traición”, sino de pragmatismo, inconsistencia teórica, devaluación de los planos ideológicos de la lucha política, de oportunismo, degradación de la potencia revolucionaria de un vasto “movimiento de masas” que corre el riesgo de ser triturado por los errores de su conducción política; es decir, por su énfasis en los rasgos maniobreros y simplificaciones tácticas “desde y para” el Poder Constituido.

Decía Rigoberto Lanz:

“El   mundo   entero   está   cruzado   por   este   dinamismo   constituyente   que   no   puede   encapsularse   en   los   formatos   de   la   vieja   institucionalidad:   partidos,   sindicatos,   parlamentos,   etc.   Con   la   vieja “caja   de   herramientas” no   se   pueden   leer   estos   procesos.   La   izquierda   tradicional,   instalada   mentalmente   en   la   conserjería   del   capitalismo   de   Estado,   no   puede   (y   no   quiere)   encarar   una   ruptura   radical   con   la   lógica   de   la   dominación”.

En los propios comienzos del proceso constituyente bolivariano el analista Alberto Arvelo Ramos había señalado en su texto: “El dilema del chavismo: una incógnita en el poder. (Ensayos políticos para personas que detestan a los políticos”, Cap.4) que los actores, movimientos y fuerzas sociales que respaldaron a Hugo Chávez y a la revolución bolivariana, como esperanza fundamental de cambio, requerían de un gran frente del “chavismo popular y democrático” constituido por todos aquellos que bajo el impulso de la gran desilusión, decidieron abandonar la política de los cogollos del bipartidismo adeco-copeyano, bajo tres premisas:

a) Esperaban que con Chávez se desencadenara un viraje político radical;

b) Descartaban a los partidos políticos tradicionales y sus direcciones políticas (Cúpulas y Cogollos);

c) Confiaban en que los objetivos del proyecto de la revolución bolivariana se cumpliría (Agenda Alternativa Bolivariana), profundizando el ejercicio de derechos y garantías asociados a los derechos humanos: cívicos, políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales y de los pueblos indígenas tal como lo hoy se reconoce en la Constitución de 1999.

Entre los valores fundamentales que Arvelo Ramos destaca de este frente social del “chavismo democrático y popular” están: la igualdad, la justicia, la libertad, la solidaridad, la paz; así como el reconocimiento del pluralismo y la diversidad.

Sin embargo, el autor destacaba críticamente, que desde su punto de vista; Chávez:

“(…) no está comprometido vitalmente con este frente democrático”, popular y anclado profundamente en los valores de justicia social, liberación y alteridad, sino que está mucho más vinculado con sectores que son “estructuralmente no democráticos”.

Sin embargo, la historia mostró que el juicio de Arvelo Ramos era precipitado. Chávez si se inclinó a favor del “frente democrático y popular de multitudes”, e intento aislar y neutralizar a los “sectores no democráticos” en el propio campo bolivariano.

Aunque actualmente, bajo la ausencia de Chávez, queda interrogarse sobre el lugar que actualmente ocupan estos sectores que serían “estructuralmente no democráticos”.

La desconfianza de Arvelo Ramos hacia la figura de un “Chávez autoritario” implicaba dos tareas políticas indeclinables para el tiempo de la política:

a) La defensa irrestricta de la soberanía popular directa e indirecta, lo cual conlleva a un reconocimiento positivo de las elecciones populares,

b) La defensa del sistema de controles mutuos de los poderes públicos nacionales, regionales y locales, para evitar así un despotismo mono-cromático ajeno a controles institucionales y sociales que además impidiera el monopolio del poder; es decir, que la democracia fuera profundizada en el sentido de una radical “distribución del poder social”.

Para Arvelo Ramos, los “sectores estructuralmente no democráticos” estaban constituidos por aquellos partidarios de una “dictadura militar plena”; es decir, por “sectores militaristas”, independientemente de su condición civil o militar. En estos sectores, la centralización, concentración  y jerarquización del poder era fundamental para conservar sus posiciones y privilegios. Así mismo, era contar con los viejos métodos corporativos y burocráticos.

Por otra parte, para Arvelo Ramos entre los “sectores estructuralmente no democráticos”  también estarían los simpatizantes y activistas de un “Partido único-Estado”, anclados en una nostálgica referencia a la URSS que no enfrentan el verdadero lastre de la izquierda en el siglo XX: el Leninismo. Y lo que es peor, al autoritarismo de Lenin le agregaban una nostálgica apología hacia el Despotismo de Stalin.

Como señalaba Adolfo Gilly un partido-único era la condición de posibilidad de un Régimen de Partido de Estado[1]:

“Un régimen de partido de estado es un régimen en el cual el partido gobernante forma un solo cuerpo con el aparato administrativo y coactivo del Estado, actúa como su órgano político, obtiene sus recursos de las finanzas del estado y excluye la posibilidad de alternancia de otros partidos en la rama ejecutiva o en la formación de una mayoría en la legislatura. Semejante régimen puede adoptar la forma de un partido único constitucionalmente establecido  (p. ej. Cuba) o la de un partido de estado con partidos de oposición simbólicos que no pueden, de facto o de jure aspirar a ocupar el ejecutivo o a compartir el estatus o privilegios del partido gobernante (p. ej. México).

En síntesis, siguiendo a Gilly, y en particular a Arvelo Ramos, una amalgama de “militarismo” y de “estalinismo” conducían a bloquear el impulso del “chavismo democrático y popular”.

Si tomamos en cuenta una combinación de capitalismo de estado, militarismo y bonapartismo (pues el estalinismo era una variante de bonapartismo) nos enfrentamos a un verdadero “síndrome político”. Y ese síndrome político acaba destruyendo a la figura de la hegemonía democrática-radical.

La potencia democrática-radical del proceso popular bolivariano se enfrenta entonces no sólo a la derecha nacional e internacional, sino a una vieja tradición de prácticas y cultura política que combinan el desarrollismo nacional, el populismo-clientelar y el autoritarismo. En cierta medida, esta forma de hacer política fue clave en el período Betancourt-Leoni, sedimentando la adequidad.

De modo que a las amenazas recurrentemente identificadas (que reiteramos son reales), como lo son efectivamente las acciones de desestabilización y asedio de la derecha internacional y nacional, hay que agregar las propias debilidades económicas y políticas del proceso bolivariano en la actualidad.

Estas debilidades (y errores) son aprovechadas en profundidad por los Estados Unidos, quién ha utilizado la caída del precio internacional del petróleo como un instrumento de desestabilización, afectando a un sistema económico que obtiene el 95% de sus divisas de la exportación de crudo. Así mismo impacta el margen de maniobra del Estado al impactar sobre su presupuesto público.

Es conocido que en el desplome del precio del petróleo influye, además, el incremento del volumen de crudo extraído con formas no convencionales (shale oil). Esta innovación le permite a Estados Unidos aumentar la producción y reducir importaciones. El petróleo barato se ha convertido en una herramienta de ofensiva imperial. Tal ofensiva cuenta hasta ahora con el sostén de Arabia Saudita, que convalida el abaratamiento del petróleo para afianzar su poder en el Medio Oriente.

En segundo lugar, cualquier modificación en la política monetaria estadounidense incide en el precio del petróleo. Mientras EE.UU decidió restringir los estímulos monetarios utilizados para socorrer a los bancos induciendo un esperado incremento de las tasas de interés, este hecho estimulará la salida de los capitales especulativos de todos los mercados de materias primas.

En consecuencia, Estados Unidos ha acosado a Venezuela con el encarecimiento del crédito. Las calificadoras de riesgo manipulan la cotización de los bonos del país, tornando aún más gravoso el acceso a los préstamos internacionales. Sin estos créditos, es prácticamente imposible compensar la pérdida de los ingresos petroleros, sin aplicar a la vez un profundo “Plan de austeridad”.

De modo que si a estas variables aparentemente económicas, el Congreso de los EE.UU se introduce además una agenda de sanciones a viajeros e inversores en Venezuela tenemos un cuadro de estrangulamiento.

Es de sentido común que bajo tales restricciones no puede mantenerse incólume un “modelo económico” que permitió motorizar el consumo, en un marco de alto gasto social y creciente regulación estatal a partir de la bonanza petrolera. No basta ya facilitar la financiación de las mejoras populares con cuantiosos recursos petroleros, porque ya no son cuantiosos.

Pero además, los sectores capitalistas captadores de la renta vienen ganando en la pugna distributiva de la misma. En medio de la más profunda y prolongada crisis económica y social, hay factores económicos que están multiplicando sus beneficios. No solo hay una caída de la renta sino una mayor conquista de espacios de apropiación de la renta por parte de sectores capitalistas. Y esto no forma parte del legado ideológico-político de Chávez. ¿O sí?

Volvemos al viejo esquema de acaparamiento de la renta petrolera durante mucho tiempo por una minoría de privilegiados. Se falla ampliamente en la afectación  de los intereses de los capitalistas con medidas de redistribución del ingreso. La liberación de precios y la devaluación también hacen lo suyo. Finalmente la inflación destruye el salario real de quienes viven de ingresos fijos.

Mientras, se subsidia con divisas ya escasas a quienes prometen reactivar los motores productivos: a fracciones de la burguesía (¿Boli burguesía?). También se sigue pagando deuda para garantizar nuevos préstamos. El pueblo trabajador presiente que nos estamos metiendo en un verdadero lodazal y  trampa mortal.

También los banqueros han absorbido una significativa porción de la renta petrolera. Los financistas incrementan su patrimonio, utilizando depósitos de las entidades públicas para especular con bonos del estado y operaciones en exterior.

La combinación de este drenaje de fondos con un modelo de pura expansión del consumo vía política monetaria pro-cíclica ha reforzado la estructura rentista de una economía muy poco diversificada y productiva. Por esta razón los desequilibrios siguen tomando fuerza a través de la inflación, el déficit fiscal, el endeudamiento de PDVSA, la importación de alimentos y las mismas fallas en las iniciativas de industrialización y desarrollo agrario.

Para confrontar estos flagelos se requieren medidas radicales. Pero para hacer viables las medidas radicales, hay que contar “sujetos radicales”, con la acumulación de fuerzas sociales y políticas que pongan contra la pared a los ganadores de siempre. Y es esto con lo que actualmente no parece querer contar la “jefatura del PSUV”.

Se ha buscado la “línea de menor resistencia”, el acto maniobrero, el predominio del tacticismo para la sobrevivencia política. Se están entregando a cuenta-gotas, consciente o no de hacer que lo está haciendo. Vamos en la dirección incorrecta, aplicando además un plan de ajustes. Así nadie apoyará a mediano plazo al proceso bolivariano. Decir elecciones es decir derrota pintada en la frente. No es casual que se evadan los escenarios electorales.

La discusión de fondo para el movimiento bolivariano está entre quienes  plantean implementar medidas pro-capitalistas y los defensores de una vía de transición post-capitalista, aun reconociendo que para corregir el rumbo hay que retornar a un mínimo de sensatez. Allí reside un debate entre progresismo pro-capitalista y una revolución que incluye reformas radicales.

El eje de estos debates sigue siendo el destino de las divisas que obtiene Venezuela, que requieren de una gestión estricta, auditable y transparente por parte del Estado y de cara al pueblo trabajador.

Ya no es posible tolerar que gran parte de esos fondos se pierdan en el circuito de los bancos o la intermediación importadora y termine en los bolsillos de los grandes capitalistas. Ya “el emperador está desnudo”, ese circuito es inocultable y sólo puede operar si cuenta con respaldos políticos en las alturas del poder gubernamental. Eso es opacidad inducida y complicidad encubierta.

No se puede bajar de manera simple el telón del teatro bufo del dólar (CADIVI). La complicidad gubernamental con ese entramado de intereses requiere de medidas contundentes en el plano bancario, comercial y fiscal. Estas medidas radicales ponen a prueba el carácter socialista de los actores dirigentes del proceso bolivariano.

Es preciso ventilar públicamente el tema de la fuga de capitales y tomar medidas para su repatriación, cortar el círculo vicioso de presiones cambiarias y de la inflación. Hay que parar en seco la discrecionalidad y el descontrol en la asignación estatal de las divisas.

No se puede estar como ha sido el lastre populista de siempre: con Dios y con el diablo. Y cada vez se está más a favor del Capital, así sea de la propia fracción boli-burguesa del Capital que por razones obvias apoyará el actual curso de la política.

La política pública permite identificar quiénes son los favorecidos y penalizados con la distribución de los renta del petróleo. La principal batalla económica sigue girando en torno al perfil del régimen cambiario. La burguesía ha respondido siempre con fraudes y maniobras cambiarias que obligan a revisar una y otra vez el régimen cambiario. La mirada tecnocrática del problema ha sido funcional a estas maniobras. Lo que está en juego es el reparto político de la renta petrolera. La política dirige a la economía. ¿Quién está al mando de la política?

En Venezuela no existe actualmente una revolución agraria que reduzca la importación de alimentos. La industrialización en serio no puede confundirse con el “ensamblaje descalificado” o las “maquiladoras” para la exportación en zonas económica especiales. Más bien hay pactos que siguen repartiendo renta sin lograr garantizar que se realizarán inversiones productivas a corto y mediano plazo.

¿Quién asigna, controla, audita, evalúa hacia dónde van a parar cada uno de los dólares repartidos políticamente para la inversión agrícola o industrial?

El verdadero carácter de las posiciones de clase se transparenta en la mirada que adoptan los economistas “chavistas” que proponen evitar medidas adversas a los capitalistas. Hablan en clave progresista. Ellos están controlando la adopción a cuenta gotas del paquete cambiario y financiero exigido por los empresarios con la esperanza de atenuar la inestabilidad que padece el gobierno, quién solo pretende mantenerse en el poder.

La boli-burguesía viene construyendo su propio bloque intelectual en el campo económico y jurídico. Esto les asegura su propio predominio en el terreno económico y en el campo de las decisiones judiciales, sobremanera en el territorio de las “empresas mixtas”.

En relación a las demandas y expectativas populares el Gobierno ha logrado establecer algunos cortafuegos para intentar diluir el malestar: Carnet de la Patria, los CLAP, Tarjeta de las Misiones Socialistas y los aumentos salariales cada vez más cercanos a la bonificación, en fin, que logran mantener ciertos niveles de expectativa y esperanza.

Pero el perfil clientelar se hace cada vez más visible. También se hace cada vez más visible que en el núcleo del Gobierno hay contradicciones producto de querer compensar intereses cruzados. Ese ha sido el alfa y omega del Populismo Histórico: el arbitraje de intereses que en medio de una restricción presupuestaria expresan su rostro antagónico. La corrupción sólo le agrega una sobredosis de aliños a tales antagonismos.

De modo que en función de lo desarrollado en anteriores entregas es importante sintetizar algunas ideas-fuerza centrales para dejar bien sentado en hilo conductor de los argumentos sobre la encrucijada actual y el agotamiento del progresismo-reformista. Si no se retorna críticamente a Chávez, el proceso bolivariano será derrotado. Mientras más se tarde en la tarea, más rápido acontecerá la derrota:

1) El debate sobre el "legado político-ideológico" de Chávez debe enmarcarse en el intenso debate sobre el post-progresismo en Nuestra América, pues afecta la actual apreciación de la situación internacional, regional y nacional de las correlaciones de fuerzas en el campo de las izquierdas. Para nadie es un secreto que las votaciones en la OEA expresan un avance del campo de la centro-derecha en la región.

2)  La propuesta de Chávez para transitar al socialismo implicaba reactivar el debate entre reforma/revolución, así como rechazar el “tipo de Socialismo que vimos en la Unión Soviética” (Foro social Mundial-2005), superar tanto el capitalismo liberal como el capitalismo de estado, porque en este último caso “caeríamos en la misma perversión de la Unión Soviética”, “se requiere un nuevo tipo de socialismo”, “humanista, que sitúe a los humanos y no a las máquinas o al Estado en la cabeza de todo".

Para Chávez el nuevo tipo de socialismo implica Desarrollo Humano y Eco-socialismo, más que “productivismo y consumismo”, se trataba del “vivir bien”, de la lógica de los “valores de uso” sobre los “valores de cambio”, y no la mentalidad adquisitiva de “tener más” o “consumir más”.

Por supuesto, a la mentalidad adquisitiva de la pequeña y mediana burguesía conformada además por altos funcionarios en el gobierno, se les erizan los pelos con eso de “vivir bien” pues lo confunden con “tener más”. De modo que Chávez ha sido asesinado dos veces: primero, físicamente, luego ideológicamente.

3) En la caracterización, comprensión y explicación de la actual crisis económica y social gravitan factores de a) naturaleza estructural (capitalismo rentista-dependiente-mal/desarrollo), b) de naturaleza coyuntural (internacional y nacional): crisis mundial, medidas de asedio, presión internacional y nacional en contra del proceso bolivariano, así como c) los factores situacionales: graves errores de política económica y social, así como la gravitación de “intereses crematísticos creados” en función de la captura de la renta petrolera (divisas) y del presupuesto público (contrataciones, créditos, etc.) en función de la reproducción ampliada de verdaderos circuitos de acumulación fraudulenta de capitales.

4) Hasta ahora no existe una dirección política ni un vasto movimiento popular orgánicamente articulado a una estrategia de acumulación de fuerzas en una dirección revolucionaria y anti-capitalista.

La iniciativa la tiene el llamado "progresismo poli-clasista de orientación nacionalista", de corte redistributivo, asistencialista y bajo una exaltada retórica anti-imperialista.

Sin embargo, tal “nacionalismo anti-imperialista” ha venido quebrando los eslabones del Plan de la Patria: entre el anti-neoliberalismo, el anti-imperialismo y el horizonte anti-capitalista.

Más que “proceso revolucionario bolivariano”, se deriva en el “cierre de filas” alrededor de las políticas vigentes del “chavismo oficial”: el chavismo apoltronado en el “Poder constituido”.

5) La tarea inmediata no es tampoco lo que Chávez llamó el “desenfreno revolucionario”, sino al menos su mínima recuperación, pues la agenda está desafiada por la recuperación urgente de la racionalidad económica mínima para evitar que los "diablos sueltos de la macro-economía" vuelvan a devorar las conquistas sociales alcanzadas en los años de bonanza petrolera del proceso bolivariano.

También es tarea urgente e inmediata la conformación de un bloque histórico democrático y revolucionario, con una agenda  de recuperación del rumbo de una institucionalidad y protagonismo político que se aproxime a las exigencias de democratización del poder.

6) La actual situación económica y social contrasta desfavorablemente con relación a los datos del año 2012: Chávez (2012) = Ventaja electoral (10,8%), Precio del Petróleo promedio 2012: 103,46 $, PIB +5,6%, Reservas: 29.887 mmd $, Inflación: 20,1 %, Salario mínimo en USD: 476 $, Pobreza: 25,4%.

Utilizando datos, en algunos casos inexactos (por la opacidad de la información oficial actualizada del BCV y el INE), podemos contrastar la siguiente información:

Maduro (2013) = Ventaja electoral (1,49%), Precio del petróleo promedio (2016): 35,15 $, (2017): 44,76 $; PIB (2015): - 7,1% durante el tercer trimestre de 2015 y -8% (CEPAL: 2016), estimación de Francisco Rodríguez (Torino Capital) (-17%); Reservas internacionales netas (2015): US$ 16.275 millones Inflación (2015): 141,5%; (febrero anualizada 2017-Torino Capital: 455%), Cuenta corriente de Balanza de Pagos (2015) registró un saldo negativo de US$ 5.050 millones, (2016) Salario mínimo en USD + cesta tickets (DICOM 135 $): (DICOM 2016: sin cesta tickets 41 $); Pobreza: (INE-1-2015: 33,1%), Encuesta (UCAB-USB-2015: 73%).

En cualquier caso, los contrastes muestran el deterioro de estas variables. No vamos por la ruta correcta ni con las políticas correctas.

7) El año 2014 es crucial para entender la inflexión del grado de gobernabilidad del Presidente Maduro, así como las tensiones y contradicciones de la situación desde entonces.

Se trata de una gobernabilidad muy comprometida, con ataques, cuestionamientos y debilidades en múltiples frentes: La “Guarimba”-La Salida, Mesa de Diálogo frustrada, Congreso EE.UU y Orden Ejecutiva Obama,  Renovación de Poder Ciudadano, TSJ y CNE, dos reestructuraciones de Gabinete, Congreso PSUV, Micro-purgas internas, Leyes habilitantes. Más reciente, se ha normalizado el hecho de gobernar bajo estado de emergencia.

8) La actual conducción del "Gobierno popular" ensaya acuerdos y sinergias con fracciones de la burguesía nacional e internacional, para impulsar la "recuperación del crecimiento económico" en nombre de un "Proyecto Socialista".

Eso ya lo había intentado Chávez mientras movilizaba al pueblo para marcar la medición de fuerzas en la discusión. Mantuvo esa conducta frente al golpe del 2002, luego de la victoria del referéndum del 2004 y en varias oportunidades desde el 2006. Introdujo la modalidad de transformar cada elección en una multitudinaria medición de fuerzas contra los capitalistas y sus representantes políticos.

Sin embargo actualmente se le está sacando el cuerpo a la palabra “elecciones”. En realidad se están reactivando las figuras ya conocidas del "capitalismo con rostro humano"; es decir, el "desarrollismo social".

El facilitador político de tales acuerdos ha pasado a ser el actual Vicepresidente Tarek el Aissami con iniciativas similares a la expo-Aragua, actualmente denominada “La expo-potencia productiva” y la activación de los motores productivos.

9) Cuando la gobernabilidad democrática, popular, “rumbo al socialismo” apareció comprometida por una estrategia de asedio y derrumbe luego del fallecimiento de Chávez, se transformó en un caso de  "revolución bloqueada o interrumpida" por la activación de una auténtica "línea electoral de masas" de las fuerzas de centro-derecha. Desde el año 2013, el PSUV ha fallado en una estrategia de recuperación de fuerzas electorales y alianzas políticas.

10) Además de la línea política y electoral de masas que la derecha emplea combinada con una cada vez más preparada masa de choque en las protestas de calle, aparece una estrategia divisiva contra el proceso bolivariano.

Desde el año 2014, diversos estudios de opinión comenzaron a explorar el segmento de "chavista-maduristas" y de "chavistas-no maduristas", así como entre "chavistas-pragmáticos" y "chavistas-socialistas", que dieron paso a interpretaciones sobre desgaste del chavismo en el año 2015 de cara a las elecciones parlamentarias. Se habló de "chavistas no maduristas" y de ex chavistas.

11) La respuesta del Gobierno a tal estrategia ha sido torpe. El tratamiento de las diferencias internas generalizó las respuestas de Maduro que fueron no sólo defensivas, sino basadas en transacciones descalificadoras.

Desde entonces la frontera entre crítica y traición se convirtió en una delgadísima línea. Cerrar filas sólo y exclusivamente en la defensa del poder constituido ha diluido el entusiasmo y la referencia a cualquier proceso de acumulación de fuerzas y de despliegue del poder constituyente. El chavismo dejo de ser fuerza constituyente y se volvió “gobiernero”, masa de maniobra clientelar.

12) Hasta hace pocos días la actuación del TSJ había evitado entrar a jugar directamente como actor protagónico del “Conflicto de Poderes”, pero las decisiones 155 y 156 constituyeron pasos en la dirección equivocada.

La Fiscal actuó en una dirección correctiva, lo cual debió activar el Consejo de Estado y no el CODENA. Las rectificaciones intentan ir en la orientación correcta pero han sido insuficientes para prestigiar el rol de la sala Constitucional como “instancia competente para el control de la Constitucionalidad de los actos emanados de cualquier órgano del Poder Público Nacional”.

El rol de estabilidad constitucional de la FANB, las acciones a recrear espacios de diálogo que garanticen la Paz en algunas apariciones de Maduro, así como el mayoritario respaldo popular a escenarios pacíficos y electorales, no ha tenido como desenlace un acontecimiento de disolución política con formatos abiertos de lucha violenta.

13) Por otra parte, en la práctica, se ha cerrado para efectos de la estrategia y la táctica política, el debate sobre el Socialismo democrático, revolucionario y bolivariano para el siglo XXI.

Desaparecida esta agenda temática, el gobierno aparece con un norte distinto: el aprismo-adeco; es decir, el progresismo-reformista, además asediado y atacado por una apreciación de las fuerzas de la derecha, nacional e internacional, que lo perciben a la defensiva, debilitado y con líneas de fractura interna.

14) Hay que reiterar que Chávez no entregó un "cheque en blanco" político a Nicolás Maduro, aun solicitando el apoyo para su sucesor de manera irrevocable.

Lo sometió al poder obediencial: mandar obedeciendo al pueblo; es decir, "junto al pueblo y subordinado a los intereses del pueblo". Chávez llamó al establecimiento y profundización del liderazgo colectivo "junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo". Sin embargo, el liderazgo colectivo aparece debilitado por tensiones, intereses cruzados y diferencias de visión política.

15) Maduro debe rectificar, debe descartar la seducción de los asesores y jala-mecates que avalan la imagen de un estilo de liderazgo personalista, con rasgos autoritario-bonapartistas.

Más bien debe retornar a sus propias posiciones en el año 2013: "El proceso de formación intelectual, política e histórica ha ido construyendo valores esenciales para tener un pueblo culto, bien informado, con capacidad de ejercer su crítica con pensamiento crítico".

Mucho ganaría el proceso bolivariano si hiciera gala en su jefatura política de la apertura de todos los espacios e instancias necesarias para el pensamiento crítico y el debate constructivo. Pero no gana si le coloca un cepo al debate constructivo, si lo trata como "habladores de paja" y como "traidores".

En este contexto, el “Congreso de la Patria” engranado “desde arriba” no aparece como la instancia de recuperación y unificación de fuerzas dispersas, descontentas y debilitadas

16) Un gobierno popular corresponde a la prefiguración de las primeras etapas de la transición al socialismo y mientras el pueblo trabajador y los sectores subalternos no se constituyan efectivamente en “clase política dirigente”, persistirá la hegemonía política y económica del bloque social propio de las diferentes fracciones capitalistas y sus grupos auxiliares.

De tal manera que "Gobierno Popular" sin “calidad revolucionaria” puede ser “políticamente eficaz” para “mantenerse en el Gobierno”, pero no para transformar las relaciones de base del sistema socio-económico.

17) Cabe citar a Alfredo Maneiro: "Notas sobre organización política" (1971), para desentrañar el significado del principio de "calidad revolucionaria" en su relación con la "eficacia política", términos asumidos ampliamente por Chávez cuando valoraba positivamente la correlación estrecha entre ambos:

"Por calidad revolucionaria entendemos la capacidad probable de sus miembros (de una organización) para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas".

18) Hay que meditar con atención, lo plantado por Alfredo Maneiro, cuando señaló:

“En realidad, existen organizaciones revolucionarias que parecen sólo preparadas para adueñarse del aparato de estado existente con el objeto de "ponerlo en marcha para sus propios fines. Sin embargo, sobran ejemplos de cómo la falta de calidad revolucionaria de organizaciones dadas, tiene bastante poco que ver con su posible eficacia política. Es decir, esta especie de temprana burocratización de estructuras y cuadros no tiene por qué afectar demasiado su eventual participación exitosa en la lucha política".

19) Hay que cuestionar a fondo el actual curso reformista. El "APRISMO-ADECO" ha sido la fórmula perfecta para mellar el filo revolucionario de los procesos de movilización nacional-popular.

En esta concepción la “Unidad Patriótica" y el Gobierno Popular aparecen como un auténtico "arroz con mango" o “mescolanza” en el cual no habría contradicciones de fondo entre un proceso revolucionario, ser adecos o copeyanos; ser maoístas, estalinistas, postmodernos, reformistas. Allí convivirían todos sin poner en riesgo a la estructura de dominación del Capital.

En nombre de la lucha contra la desnacionalización, la exclusión y la corrupción (retorno al Chávez de 1998), no se dice ni una palabra sobre la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la negación cultural o la destructividad ambiental. Los males del capitalismo se regularían y remediarían con un gobierno de corte reformista.

20) Debemos reconocer que Maduro aparecía en el año 2013 como defensor del "Liderazgo colectivo".

A partir del año 2014, la operación mediática de construcción del "Madurismo" ha formado parte de una estrategia contrastante con la figura de Chávez para presionar a Maduro desde diversos vectores de fuerza.

Si existen experiencias concretas de percepción de contraste entre los gobiernos de Chávez y el gobierno de Maduro. Mientras el Gabinete de Chávez era peor valorado en la opinión pública que el propio Chávez, el descontento actual se está dirigiendo directamente hacia la figura de Maduro, quién no ha actuado con eficacia simbólica frente a la incompetencia y corrupción interna denunciada en sus propios discursos.

La encuesta Datanálisis-Enero 2017 sobre percepciones de liderazgo muestra que el 15,3% responsabiliza a los Ministros/El Gobierno de los problemas que enfrentan diariamente, mientras el 54,6% responsabiliza directamente a Nicolas Maduro. ¿Qué hacen los asesores de imagen y eficacia del liderazgo de Maduro con tales datos?

21) Ciertamente fue Chávez el que colocó en los hechos la necesidad de alcanzar el poder político del Estado para transformar la sociedad. Pero luego del año 2002, a partir del látigo de la contra-revolución, con un Golpe de estado y un paro petrolero en la principal industria del sector público, Chávez también se dio cuenta de la diferencia entre "estar en el Gobierno" y "no controlar ni transformar con calidad revolucionaria los espacios estratégicos de decisión del Estado".

Debemos subrayarlo: una cosa es el Gobierno, otra es el poder del Estado. Y peor aún, si vamos al fondo de las transformaciones de las sociales en la base socio-económica, una cosa es la hegemonía política en el Poder del Estado y otra cosa es contar con la hegemonía en el terreno económico.

22) Si la fuerza productiva del trabajo no es el sujeto fundamental que organiza en mayor medida la dirección, gestión y funcionamiento de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo, la economía está simplemente en manos de la estructura de mando del Capital.

No puede alcanzarse la situación de “potencia económica” hacia el Socialismo sin Independencia nacional y sin Poder Popular. Y decir Poder Popular es decir: “Poder del Pueblo Trabajador”, sin indefiniciones populistas o inclinaciones a favorecer prioritariamente a los sectores del capital nacional o transnacional.

23) El factor moral y formativo (ideológico-político) de la revolución al debilitarse es la puerta de entrada de políticas de signo reformista, e incluso a maniobra internas de signo contra-revolucionario, dirigidas a aplicar ajustes económicos regresivos para el pueblo empobrecido y parcialmente beneficioso para los sectores dominantes, incluyendo a nuevas fracciones sociales dominantes.

Esta política está sacrificando a la base social de apoyo del proceso bolivariano, en el altar de la recuperación del crecimiento económico, garantizando para las fracciones capitalistas cuotas de recuperación de las tasas de beneficio y acumulación de capitales.

El pacto poli-clasista se resquebraja. De modo que se están viviendo situaciones análogas al quiebre de los populismos históricos en América Latina, con su descontrolada inestabilidad económica, social y política.

Si de metáforas se trata, un gigantesco bloque de hielo se está desvaneciendo a medida que transita por aguas más cálidas.

II.- RETORNAR A LOS HILOS CONDUCTORES DE HUGO CHÁVEZ: EL SOCIALISMO BOLIVARIANO, DEMOCRÁTICO Y REVOLUCIONARIO PARA EL SIGLO XXI:

Definitivamente, hay que retornar a los hilos conductores de Chávez, volver una y otra vez, para comprender si se mantienen principios estratégicos básicos.  Esto significa también que hay que reconocer aciertos cuando se es consistente con tales principios.

Hay que retornar a Chávez para reconocer si se ha tomado o no un nuevo curso que está poniendo en riesgo no solo al proceso bolivariano, sino a las experiencias de lucha de las izquierdas nacionales y populares en una mediana duración histórica.

Con cierta razón uno comprende porque las voces de derecha plantean que la derrota definitiva de Maduro significará el fin del “chavismo” y de la “izquierda” por 100 años al menos.

En esto el contenido del texto de Porras del año 2014  y la agenda de opiniones de la derecha coinciden. En fin de cuentas: ¿Hubo asimilación y acomodamiento, aprendizaje significativo, en el campo bolivariano (ahora reducido a la tipificación “chavista”) con relación a la agenda estratégica planteada por Chávez?

En este trabajo identificaremos algunos de los hitos que se han extraviado como referencia de un debate que permite recuperar el norte y la brújula, pues a las 3R2 le ha seguido una suerte de 3D2: descontento, desgaste, despolitización, dispersión, deterioro y desmoralización.

Sirvan estas líneas para invitar a retornar a ciertos agenciamientos afectivos y de enunciación que atraviesan la palabra y el cuerpo de Chávez, para incitar a replantear el juego político, sus composiciones, líneas de fuerzas y sentidos. Pues si se trata de rehacer el chavismo y mantener la promesa esto debe hacerse tomando en cuenta las propias rupturas de Chávez con las siguientes concepciones ideológico-políticas:

a) La “vieja izquierda” dogmática y sectaria,

b) Los llamados “originarios” y

c) La “tercera vía” o “el reformismo de siempre”.

III.- LAS COORDENADAS IDEOLÓGICO-POLÍTICAS EN EL TRAYECTO DE CHÁVEZ:

En primer lugar, para Chávez no se trataba del “Socialismo” a secas.

Esta sería una reducción unilateral y una salida aparentemente simple que no permite abordar la complejidad del debate entre revolución, democracia, capitalismo y socialismo[2], así como las diferencias fundamentales entre el viejo “Socialismo de Estado” y el nuevo socialismo democrático-participativo, caracterizado por una nueva “Democracia revolucionaria”[3].

En términos de debate socialista, las adjetivaciones son esenciales porque se trata de los atributos de un cierto modo de ser, o más bien de devenir-ser de un proyecto que, desde el año 2005, estaba planteando abiertamente una vía distinta de construcción revolucionaria.

Y era una vía distinta a la concreción histórica de la vieja vía: el “Modelo del Socialismo de Estado realmente existente”. No por casualidad, Chávez denominó en el Plan de la Patria a tal modelo: “Modelo Alternativo de Desarrollo Socialista” (MADS).

En segundo lugar, tampoco se trata de rescatar el “Proyecto originario” del MBR-200 o anclarse en el ambiente de discusiones del llamado “Libro Azul”.
Tales apelaciones al “origen” no garantizaba sino recrear las propias debilidades y confusiones ideológico-políticas que el mismo Chávez reconoció en múltiples oportunidades a lo largo de la maduración de su proyecto ideológico[4], cada vez que diferenciaba claramente entre el Capitalismo humanista con justicia social de la Agenda Alternativa Bolivariana (AAB) y el Socialismo Democrático-Revolucionario.
Para Chávez desde la experiencia del año 2002-2003, eso era ya etapa superada. El árbol de las tres raíces es un antecedente, una base raizal, no es la consecuente maduración del camino del Proyecto Nacional Simón Bolívar, su desarrollo programático hacia el nuevo Socialismo, hacia un “Nacionalismo de izquierda”.

De modo que cualquier apelación a lo “originario” a secas va a contravía de las propias decisiones de Chávez de profundizar en la propia hendidura del “árbol de las tres raíces”; es decir, la vía de una izquierda nacional-popular, verdadero magma de significaciones imaginarias desde donde van galvanizando sus reflexiones sobre el “Socialismo Bolivariano del siglo XXI”.

Basta releer el tan citado texto de “Habla el Comandante” (Entrevista con Agustín Blanco Muñoz), para encontrar allí el preciso lugar del epicentro del “nacionalismo de izquierda” en proceso de maduración, como nudo de la praxis de Chávez, sostenida afectivamente a través de un apego apasionado al significante “Revolución”.

De manera, que el período 1998-2003 significó para Chávez la ruptura con la experiencia del “caballo frenado”, su ruptura con la concepción del “miquelenismo”, por una parte, y con sectores “nacionalistas de derecha” (Luis Alfonso Dávila dixit), por la otra. Chávez reconoció que lo querían cercar, que lo querían domesticar las fuerzas del Capital. Hay múltiples registros textuales y audiovisuales para confirmar este hecho, como lo confirmaremos en la entrevista a Manuel Cabieses.

Cuando Chávez se autodefinió como “soldado patriota y revolucionario” aquel 8 de diciembre de 2012, ratificaba una línea de continuidad estructural con recursos expresivos y la composición lexical que despuntará de su despedida no intencionada en aquel momento. ¿De cuál patriotismo y de cuál revolución se había estado hablando tan exuberantemente en todos estos años?

Sólo el olvido a aquellos acontecimientos del discurso, pueden introducir cierta probabilidad a los oportunismos, a las apropiaciones que en nombre de la re-significación o de la re-contextualización coloquen a Chávez en la acera del a) viejo socialismo de estado realmente existente del siglo XX, b) del progresismo-reformista, o c) en un nacionalismo chucuto sin articulación alguna con la idea fuerza de revolución y de justicia social.

No invocaremos frontalmente el espinoso asunto del “Populismo” (Aunque siempre será una tentación y estará acompañando como una sombra estas indagaciones), pues este terreno conceptual ha sido minado desde múltiples discursos y vectores de fuerza con calificaciones y descalificaciones que no permiten dar cuenta de las sutiles distinciones entre “lo popular”, “lo populista”, sobre el “pueblo pobre y excluido” y la “política de clases”, entre el “poli-clasismo” y la noción de “bloques sociales y políticos”[5].

Como persisten los intentos de sedimentar lecturas (con pretensiones de hegemonizar la “batalla de ideas”), basadas en “hermenéuticas reconstructivas”; no cederemos  a una línea de interpretación  que pretenda la restauración prístina de la “esencia ideológica” de Chávez para todo su trayecto político. Se trata de demarcarnos de las interpretaciones que no responden a la maduración político-ideológica de Chávez enarbolando una suerte de “chavismo originario sin cambios en el tiempo”.

Nuestro punto de partida no pretende explicitar la “esencia ideológica”, pero si quiere demarcar cuáles interpretaciones están torciendo deliberadamente al horizonte de posibilidades donde se estaba movimiento Chávez. Nos interesa además dar cuenta del modo como se metaboliza en el campo “popular, masivo o elitista” el discurso de Chávez, para entender cómo se proyectan los más variados prejuicios, expectativas y tradiciones.

Sin embargo, debemos decir que hay significantes claves que hacen nudo de hegemonía[6] en el pensamiento y acción de Chávez, por ejemplo, el significante “Revolución”. Chávez siempre dejó claro que su proyecto no era reformista, a pesar de las vías de reforma que introdujo en el proceso.

Hemos tomado distancia de claves de lectura esencialistas, no solo por los evidentes cambios de posición en las declaraciones de Chávez a lo largo de su trayectoria política[7], sino por no compartir las premisas de las vertientes esencialistas-reconstructivas y su proyecto político.

De modo que a las tres distorsiones identificadas sobre la maduración ideológico-político de Chávez que deben ser negadas y combatidas: a) el viejo socialismo dogmático y sectario, b) el nacionalismo a secas y c) el reformismo (aprismo-adeco), le agregamos una cuarta posición, una que representa el intento para: d) oficializar el legado político-ideológico de Chávez, una suerte de “culto a Chávez”, de “veneración supersticiosa”, de citación con base al “culto a la Autoridad”, de “culto a la personalidad”, de reciclaje del viejo “principio de jefatura o del Caudillo”.

IV.- CRÍTICA A LA OFICIALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO DE CHÁVEZ:

No subestimemos esta última tendencia (d), porque se caracteriza por una renuncia a priori del pensamiento crítico, creativo y revolucionario.

Lo que se exige en esta cuarta posición es conformismo, sujeción voluntaria y lealtad ciega (fanática); es decir, decir sí a la obediencia (irreverencia cero), decir sí a la disciplina desde arriba (te castigo si dudas y si piensas) y decir sí al “principio de mando autoritario” (te castigo si apelas al liderazgo democrático).

Esta última tendencia sólo concibe un tipo de liderazgo: el Dirigente-rector que asume que el modelo es la línea y cadena de mando: ¡Ordene Comandante! ¡Amén!

Tal cultura política y estilo de liderazgo es en los hechos un poderoso obstáculo cultural para concebir y practicar una democracia revolucionaria. Lo que aparecerá son los recurrentes rasgos del bonapartismo regresivo, la concentración de la voluntad-decisión-capacidad-motivación en la figura providencial. No se trata del eufemismo del hiper-liderazgo, es algo todavía más negativo pues conduce a experiencias bonapartistas conocidas en el populismo histórico[8].

Sólo basta analizar con detalle el siguiente documento para comprender lo riesgos que se corren con tal sistema de conducción bonapartista en otras experiencias históricas: https://www.youtube.com/watch?v=jwygO6RUWTk.

De modo que es preciso distinguir el cesarismo progresista del bonapartismo regresivo, ambos obstáculos para momento protagónico del pueblo, aunque con consecuencias distintas para la organización y movilización de la política nacional-popular[9].

En contraste, cuestionamos las interpretaciones que pretenden establecer un “culto a Chávez” sin comprender un ápice lo que significa el Nuevo Socialismo democrático y revolucionario.

Elegimos una perspectiva que enfatiza descifrar tanto las formaciones discursivas como las estructuras significativas que condicionaron el propio “lugar de enunciación” de Chávez, así como los efectos de recepción que han permitido movilizar a los sectores populares.

Esto significa la necesidad de una apertura para cuestionar también las ideas-fuerzas de Chávez, impidiendo así cualquier reificación de sus posiciones personales o ideológicas, sutil momento que permitiría la mediación hacia la oficialización del dogma-Chávez[10].

Más que una nueva veneración supersticiosa por los planteamientos de Chávez, reiteramos el criterio de “eficacia política y calidad revolucionaria”, criterio indeclinable para la izquierda renovada, para realimentar los procesos de emancipación y liberación.  Como dijo Salvador Allende:

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

De modo que nuestro criterio de lectura es comprender reconstructivamente a Chávez sin pretensiones esencialistas, pero también criticarlo, evitando que su discurso se cierre en un pensamiento-oficializado.

V.- CRÍTICA A LA POSICIÓN POST-CHÁVEZ DE CORTE PRAGMATISTA:

En otro polo, cuando se afirma que se requiere una visión más pragmática[11] de la política, en cierta manera menos ideológica o doctrinaria que la de Chávez, ya se están negociando no solo los principios sino los presupuestos acerca de lo que es o no es una concepción ideológica del mundo.


Esta última ha sido también nuestra verdadera sub-ideología tropical heredada de los carriles de las formaciones discursivas del largo tránsito de la política adeca, el “reformismo aprista-adeco” (de pantalones cortos) con aspiraciones de reconocimiento por parte de sus pares europeos (con pantalones largos): los “socialdemócratas pragmáticos de derecha” con su famosa sentencia “El movimiento es todo, la meta final nada”.[13]

En la Venezuela rentista no poseemos la altura teórica de E. Bernstein. Nos conformamos con la frase estereotipada de aquel personaje del melodrama televisivo “Por estas Calles”: Eudomar Santos: ¡Como vaya viniendo, vamos viendo!

En el trasfondo de la primera consigna social-demócrata no hay que olvidar que estuvo la política colonialista, la justificación de los créditos para financiar la entrada a la primera gran guerra, así como el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, muertes legitimadas por una "ejecución acorde con la ley marcial"[14].

En la segunda consigna se cocina también la real-politik del pragmatismo: a bandazos entre la demagogia populista de una oferta electoral, por una parte, y por otra, la aplicación de un programa de ajuste estructural a sangre y fuego si es preciso, como lo recordó fehacientemente el social-demócrata Carlos Andrés Pérez II: nuestro reformista tropical en campaña electoral pero represivo-neoliberal en funciones de gobierno.

Como planteamos que si existe un contraste entre el legado de Chávez y su oposición a la política de modernización y ajuste neoliberal de Carlos Andrés Pérez II, consideramos que cualquier recreación parcial o total de tales medidas constituye una contravía a las posiciones de Chávez.

Sin embargo, como hay voces que sostienen que Chávez era un progresista-reformista analizaremos en detalle dos entrevistas claves[15][16] para comprender la complejidad del debate entre socialismo, democracia, revolución y capitalismo en el registro verbal de Chávez.

Y como estamos cuestionando el progresismo-reformista comenzaremos por aquella entrevista que pudiera otorgarle argumentos a tal posición, posición que desfigura completamente a Chávez.

VI.- CUANDO CHÁVEZ SE AUTO-DEFINIÓ COMO SOCIALDEMÓCRATA Y/O SOCIALISTA DEMOCRÁTICO. ENTREVISTA CON SEAN PENN:

En noviembre del año 2008, Sean Penn realiza una entrevista que intentaba echar por tierra los mitos en torno de Cuba, Raúl Castro y la Venezuela de Hugo Chávez.

Uno de los atributos que destaca Penn en su entrevista era el hecho de que Chávez fuera un presidente que se había presentado una y otra vez ante los votantes en elecciones avaladas por observadores internacionales y que había logrado grandes mayorías en un sistema que, a pesar de sus defectos e irregularidades, había dado a sus oponentes la oportunidad de que lo derrotaran, tanto bajo la figura del referéndum como de las elecciones.

También entre los objetivos de Penn estaba en desmitificar a ese “dictador” que había construido toda la propaganda sobre Chávez. De modo que cuando el equipo de entrevistadores que acompaño a Penn en su iniciativa interrogó a Chávez sobre la Doctrina Monroe, doctrina que ha justificado la intervención estadounidense en Latinoamérica durante casi dos siglos, Chávez contestó:

“Hay que romper la Doctrina Monroe. Hemos tenido que aguantarla durante más de 200 años. Siempre vuelve al viejo enfrentamiento de Monroe con Bolívar. Jefferson solía decir que Estados Unidos debería tragarse una tras otra las repúblicas del sur. El país en el que nacisteis se basó en una actitud imperialista.”

Cuando los entrevistadores le comentaron que “Servicios venezolanos de inteligencia le dicen que el Pentágono tiene planes para invadir su país”, Chávez respondió. “Sé que están pensando en invadir Venezuela”. Y la consecuencia de tal hecho sería: “Nadie podrá volver aquí para exportar nuestros recursos naturales”.

Y cuando Chávez reta Hitchens, como parte del equipo entrevistador de Penn, a que le haga la pregunta más difícil, Hitchens interroga: “¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel?”.

Chávez contestó:

“Fidel es comunista, yo no. Yo soy socialdemócrata. Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no. Un día discutimos sobre Dios y Cristo. Le dije a Castro: “Yo soy cristiano. Creo en los Evangelios Sociales de Cristo". Él no. Simplemente no cree. Más de una vez Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, que no estamos en los años sesenta. Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un profesor para mí. Un maestro. No en ideología, sino en estrategia.”

De modo que en la respuesta de Chávez hay un sistema de distinciones discursivas en las cuales se establecen las diferencias así como las afinidades. ¿Diferencias? Chávez dijo no ser comunista, no ser marxista-leninista, no ser ateo, pero a la vez reconocer que Fidel era un maestro no en ideología sino en estrategia.

¿Afinidades? Ambos forman parte del campo de las izquierdas, han enarbolado las banderas de la justicia social y comparten una concepción realista de la política en la cual las relaciones de fuerzas requieren del uso del pensamiento estratégico así como de la adaptación del mismo a las circunstancias históricas específicas.

No hay dogmas fosilizados para la estrategia política, pero Chávez lo dijo sin medias tintas: Socialismo Democrático.

Pero lo interesante de la respuesta de Chávez es la no resolución de una tensión a todas luces identificable en el debate sobre las corrientes ideológicas del siglo XX. La tensión entre socialdemocracia y socialismo democrático.

Basta seguir en el contexto histórico venezolano la trayectoria de Luis Beltrán Prieto Figueroa desde su filiación socialdemócrata moderada en sus inicios hacia la radicalización en las siguientes décadas para intentar consagrar al Movimiento Electoral de Pueblo (MEP), creado en 1967 como una nueva división de AD, como “Partido Socialista de Venezuela”, reivindicando la liberación nacional y la democracia socialista.

Pero no debemos olvidar las desventuras de Prieto Figueroa  quien en su campaña electoral presidencial sufrió directamente los embates de los medios de comunicación desde una feroz campaña psicológica anticomunista, que le haría disminuir significativamente el caudal de votos.

Con toda franqueza reconocerá en 1981 ante la periodista Alicia Freilich “Creí en (Rómulo) Betancourt. Pensé que con él podía hacerse la revolución”. (Libro-Reportaje ‘Venedemocracia’ Cs, Monteavila Editores, pág 186).

¿Hasta qué punto la posición socialdemócrata predominante hoy; es decir, la vertiente reformista, defiende en su estrategia política la consecución del socialismo? ¿Estaremos retornando a las mañas del Betancourismo?

La entrevista de Sean Penn es clave pues en ella Chávez afirma que John F. Kennedy es el presidente de EE.UU. favorito de Chávez: “–Yo era un muchacho –dice-. Kennedy era la fuerza impulsora de la reforma en Estados Unidos.”

Esta última posición de Chávez sorprendería a quienes lo identifican con los planteamientos ideológicos de Fidel o del Che Guevara, como quedó de manifiesto en la Conferencia de Punta del Este y el Proyecto de la “Alianza para el progreso”.

Cuando a Chávez le preguntan: “– ¿Fue algo bueno la Alianza para el Progreso? –Sí –dice Chávez–. La Alianza para el Progreso fue una propuesta política para mejorar las condiciones. Apuntaba a reducir la diferencia social entre culturas.”

No deja de extrañar esta respuesta, pues tal alianza era parte de una estrategia contrainsurgente de amplio espectro (lo que hoy llaman guerra no convencional) que enfatizaba o priorizaba no sólo los factores militares, sino los sociales, económicos, políticos y psicosociales.

Chávez despide a sus entrevistadores estadounidenses aceptando reunirse con Barack Obama si era elegido presidente de Estados Unidos. A la vez facilitando sus gestiones para el encuentro de tales entrevistadores con Raúl Castro. La imagen contrastante de un Chávez democrático y socialista, admirador de Kennedy y su “Alianza para el Progreso” puede dar paso a disimiles lecturas.

La continuación de la entrevista con Raúl Castro y su contenido pueden consultarla en la fuente de la misma.

VII.- CUANDO CHÁVEZ HABLO DE NUEVO SOCIALISMO CON MANUEL CABIESES:

Vale la pena volver al trayecto de Chávez, pues no nos queda duda que no tuvo tiempo suficiente para cumplir ni siquiera con la mitad de sus planes.

También su fallecimiento implicó ralentizar, cuando no estancar, las reformas radicales (para algunos: “revolucionarias”) que desde el hemisferio occidental asocian con la sola mención de su nombre.

El cuerpo físico de Chávez fue asesinado. Falta saber qué ocurrirá con su legado político-ideológico: ¿Será también asesinado?

Porque Chávez sabía que la unidad política alrededor de su legado ideológico-político era lo que podía garantizar la continuidad del proceso para derrotar históricamente a las fuerzas dirigidas por la potencia estadounidense.

Chávez hizo mucho por emancipar a Venezuela de la dependencia política y económica de Estados Unidos. La industria petrolera fue recuperada en un sentido nacional, así como el proceso de integración de América Latina se aceleró.

La significación histórica de Chávez aumentará con el paso del tiempo siempre que la memoria no sea colonizada por una estrategia de distorsión y de olvido. Y el reformismo practica tal estrategia de distorsión y olvido selectivo.

Todas las acciones de desestabilización se profundizaron en un nuevo nivel luego del fallecimiento de Chávez. La meta principal de los servicios de inteligencia oponentes ha sido desde entonces introducir una baza de discordia entre dirigentes bolivarianos, desestabilizar la situación económico-social, apuntalar a la oposición (especialmente a su ala más extremista) y hacer que se posicione el imaginario de la revancha.

No son casuales las expectativas psicológicas que verbalizan los líderes de una oposición  con claras actitudes de venganza  racionalizada con la frase: “No habrá impunidad, tarde o temprano se hará justicia”.

Existe sin duda una operación multidimensional que apunta a separar del poder a los “sucesores de Chávez”, cualquiera que ellos sean. El castigo público o aleccionar a un país gobernado por un “régimen populista” ha sido históricamente la idea fija de los círculos de dirección política de los Estados Unidos. Para ellos ha llegado el momento de poner a prueba la estabilidad del régimen bolivariano. Y lo están logrando paso a paso, momento a momento, situación tras situación.

Con las elecciones parlamentarias del año 2015 la oposición conquistó la oportunidad de re-asumir la iniciativa. Lo interesante es que desde el año 2014 comenzó a diluirse el mensaje político fundamental de Hugo Chávez en el propio campo de la jefatura política bolivariana.

Vale la pena entonces, en el actual contexto de crisis, prestarle debida atención a su entrevista con  Manuel Cabieses el 27 de julio de 2005, pues allí pueden identificarse alguna claves básicas que parecen hoy completamente extraviadas.

Cabieses introducía aquella redacción de la entrevista de la siguiente forma:

“Porque después de seis años y medio de tormentoso gobierno, enfrentando a un poder imperial implacable en sus designios e inescrupuloso en sus métodos, Chávez ha llegado a la conclusión que sólo el socialismo –despojado de lastres burocráticos, dogmatismos ideológicos y errores del pasado– puede traer justicia social y derrotar la pobreza.”

Inmediatamente Cabieses identifica dos de los vectores claves del despliegue político de Chávez:

a) Ha comenzado por un ensayo de poder popular en su propio país de 24 millones y medio de habitantes;

b) A la vez ofrece al vecindario, el respaldo de la riqueza petrolera y gasífera Venezolana, que permitiría construir nuevos instrumentos de integración regional. Una integración en todos los ámbitos, desde lo económico hasta lo político.

Cabieses planteó que Chávez también había provocado un sorprendente interés en América Latina por volver a discutir los temas del socialismo a la luz del fracaso y desprestigio del neoliberalismo. Esa resurrección del viejo fantasma que aterroriza a los privilegiados, se sustenta en la vasta corriente de apoyo popular que en América Latina acompaña a la revolución bolivariana de Venezuela y que provoca profunda preocupación a Washington. Chávez afirmó en tal entrevista que:

“Ahora entremos al tema del socialismo del siglo XXI. Primero, en lo personal se trata de un asunto de conciencia. ¿Por qué? Porque uno viene evolucionando en su pensamiento. En mi caso he venido adquiriendo experiencia y recogiendo ideas producto de esa dialéctica que se reproduce entre la teoría, los debates, las discusiones y la praxis de lo que está ocurriendo en Venezuela. Estos seis años, Manuel, han sido muy ricos, nos han nutrido desde el punto de vista de las ideas. Han alimentado nuestro pensamiento.

Como sabes, estoy pronto a cumplir 51 años [al día siguiente de esta entrevista. N. de PF]. Comencé en esta lucha allá por los años 80. Recordaba hace un rato con Beto Almeida que poco antes de los 80 comenzamos a formar en el seno del ejército una corriente bolivariana y nacionalista que ni siquiera se planteaba una revolución. A mediados de los 80 propuse a mis compañeros militares agregar la letra R –de revolución– a la sigla de nuestro movimiento que se llamaba EB-200 –Ejército Bolivariano 200 porque en 1983 era el bicentenario del nacimiento de Bolívar. El movimiento nació en 1982 en un acto simbólico.

En realidad, era una pequeña célula clandestina. Por el año 87, dimos una discusión que fue dura. El movimiento había crecido pero todavía éramos pequeños grupos, que al fin nos definimos como un movimiento bolivariano revolucionario. Lo que perseguíamos era eso, una revolución, una transformación política, social, económica y cultural inspirada en el planteamiento de Bolívar. Diseñamos así lo que hemos llamado el «árbol de las tres raíces», que es nuestra fuente ideológica. Consiste en la raíz bolivariana (su planteamiento de igualdad y libertad, y su visión geopolítica de integración de América Latina); la raíz zamorana (por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano y de la unidad cívico-militar [4]) y la raíz robinsoniana (por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, el Robinson, el sabio de la educación popular, la libertad y la igualdad). Este «árbol de las tres raíces» dio sustancia ideológica a nuestro movimiento...”

Ahora bien, cabe preguntarse ¿Era suficiente aquella “sustancia ideológica”? la respuesta de Chávez no encierra dudas: no es suficiente.

Ante la pregunta de Cabieses sobre si “había militares con formación marxista”, Chávez contesta:

 “Sí, los había. Mis primeros contactos con el mundo político, por ejemplo, fueron con un ex guerrillero venezolano a quien respeto mucho, Douglas Bravo. Me reuní con él varias veces, incluso antes que naciera nuestro movimiento.

Douglas dirigía el movimiento Ruptura, que tenía una revista del mismo nombre. Luego me reuní también con la Causa R originaria, aquel movimiento que fundó Alfredo Maneiro, de claro planteamiento marxista. Sin embargo, eran los años en que comenzaba a resquebrajarse la Unión Soviética. Vimos cómo el planteamiento socialista fue desapareciendo, incluso en los círculos y publicaciones que venían del marxismo, y algunos hasta de la lucha armada.

Luego vino en Venezuela la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Pero este movimiento bolivariano no tenía un planteamiento socialista. Si revisas declaraciones mías de esos años, cuando nos preguntaban si éramos de izquierda o derecha contestábamos: «No, no, esa división no existe». Era una posición neutra, desconectada de la realidad pero muy influida por todo aquello del «fin de la historia», la caída de la URSS, etc.”

Aquí comienzan los deslindes de Chávez cuando reconoce que aquella posición originaría estaba “desconectada de la realidad”, influida por aquello del “fin de la historia” y “resquebrajamiento de la URSS”.

Chávez reconoce que existe un salto cualitativo luego de llegar al Gobierno en el año 1999. En particular es a partir del año 2002, con el Golpe de Estado del 11 de Abril que Chávez recibe un certero latigazo contra-revolucionario. Comienza por declarar a la revolución bolivariana como “antiimperialista”: “Nunca lo habíamos asumido así. Fue la respuesta que dimos al golpe y nuestro pueblo lo asumió con mucho vigor.”

Y siguen los deslindes y superaciones, ya no ahora con las llamadas “ideas originarias”, sino con la:

“(…) ilusión de que podíamos estar bien con Dios y con el diablo. Alguna gente que se me acercó y que hasta cierto punto me rodeó en este palacio –tú sabes que en torno al poder y a quienes personificamos parte del poder, se van generando anillos de influencia–, llegó con un discurso de «no hay que buscar conflictos, hay que buscar consensos». Me dejé llevar por esa línea en los primeros años. Eran los días de mis reuniones con Clinton y con altos empresarios estadounidenses. Fui al Fondo Monetario Internacional, estuve en la Bolsa de Nueva York y toqué el martillo ése... Pero llegué a descubrir, Manuel, porque soy del monte y el montuno desarrolla un instinto especial, que me tenían cercado. Una madrugada me metí a la central telefónica de palacio y descubrí que allí tenían instrucciones de no pasarme ciertas llamadas. Por ejemplo las llamadas de Fidel Castro estaban anotadas en el libro, pero no me las pasaban. Porque en el grupo que me rodeaba había la tesis que la relación con Fidel Castro no era positiva ni necesaria.”

¿No son claras las referencias a los “anillos de influencia”, al discurso de “hay que buscar consensos”, a distanciarse de concretos “referentes revolucionarios”?

Pues Chávez lo dice con meridiana claridad: “No hay «tercera vía»”.

Chávez señala a Miquelena y al “miquelenismo” (“férreo cerco en torno mío”).  También menciona a Alfredo Peña:

“Y aquí venía Cisneros a almorzar con Peña. Hasta que me fui dando cuenta que me habían montado un cerco. Entonces yo era un muchacho, pero uno va madurando. Un general amigo, un sabio, el general Pérez Arcay, me dijo: «Hugo, tienes que graduarte de viejo. Aunque tengas 40 años debes ser un viejo, tienes que aprender rápido, no puedes esperar llegar a viejo, madura ahora». El me ayudó a abrir los ojos.”

Chávez reconoce que  el tema de la ideología nunca lo había analizado como ahora, desde una perspectiva lejana:

“Bueno, ¿qué produjo todo esto? Golpe el 2002, paro patronal, sabotaje petrolero, contragolpe, discusiones y lecturas. Llegué a la conclusión –asumo la responsabilidad porque no lo discutí con nadie al hacerlo público en el Foro Social Mundial de Porto Alegre– que el único camino para salir de la pobreza es el socialismo.”

Y sobre la tercera vía señala:

“En una época llegué a pensar en la tercera vía. Andaba en problemas para interpretar el mundo. Estaba confundido, hacía lecturas equivocadas, tenía unos asesores que me confundían todavía más. Llegué a proponer un foro en Venezuela sobre la tercera vía de Tony Blair. Hablé y escribí mucho sobre un «capitalismo humano». Hoy estoy convencido que es imposible.”

Y superando la socialdemocracia de derecha de la “tercera vía” dijo:

“Me convencí de que el socialismo es el camino y así lo dije en Porto Alegre y después aquí, ante la Asamblea Nacional. He invitado al país a un debate. Creo que debe ser un socialismo nuevo, con planteamientos frescos, acoplado con una nueva era que apenas está comenzando. Por eso me atreví a llamarlo «socialismo del siglo XXI», como proyecto.”

Por ahora, dice Chávez (de nuevo el “por ahora”), “lo que estamos haciendo es un llamado a discutir ideas nuevas y viejas experiencias para delinear ese nuevo socialismo:

“Por ejemplo, yo quiero aportar algunas ideas. Una es afirmar que el primer socialista de nuestra era fue Cristo. Soy cristiano y pienso que el socialismo debe nutrirse de las corrientes más auténticas del cristianismo. Tampoco se trata de andar buscando a un iluminado, como tú decías, para que nos haga un modelo que vamos a copiar todos. Sería absurdo. Vamos a hacer el socialismo desde nuestras propias raíces, desde nuestros aborígenes, desde las comunas en Paraguay y Brasil, desde el socialismo utópico que representó Simón Rodríguez, desde el planteamiento de Bolívar de libertad e igualdad, desde el planteamiento de Artigas, el gran uruguayo, de que hay que invertir el orden de la justicia, eliminando los privilegios. Creo que estamos comenzando esta tarea.”

Chávez reconoce que le advertían que el socialismo podría ser contraproducente para cálculos electorales:

“Desde el punto de vista del cálculo electoral algunos buenos amigos y compañeros me han dicho que no era oportuno. Que mejor habría sido esperar las elecciones de 2006 y después de ganarlas, hacer ese planteamiento. Pero yo no veo la situación de esa manera. Los tiempos políticos no coinciden necesariamente con los tiempos electorales. De aquí a un año hay un siglo. El tiempo es relativo, ya lo demostró Einstein. Creo que es el momento. Cuando ves reverdecer los campos, es el momento de abonar para que broten las sementeras. Cuando vemos lo que está ocurriendo en América Latina, sobre todo en América del Sur, el gran debate que hay en Brasil, en Uruguay, y los gobiernos que impulsan cosas nuevas, cuando se mira lo que ha pasado en Ecuador y en Bolivia, también en Venezuela por supuesto, en Centroamérica y el Caribe... Pero el epicentro está en América del Sur. A este rebrote popular y democrático hay que darle sustancia ideológica. ¿Y cuál es? Yo respondo, desde mi conciencia política, que es la vía socialista. En Venezuela lo he puesto de la siguiente manera: estamos en una transición y como decía Gramsci, que muera lo que tiene que morir y que nazca lo que tiene que nacer. Una transición que me atrevo a llamar «democracia revolucionaria», un término que tampoco es mío sino del poeta cubano Roberto Fernández Retamar.”

Y continúa Chávez:

“Fernández Retamar habla del bolivarianismo y la democracia revolucionaria. He retomado ese término para caracterizar el tipo de democracia que empuja como una caballería, que abre puertas y se impregna de pueblo. Es una fase de transición hacia el socialismo. Esta dirección está mucho más clara en Venezuela.”

¿Se quedaba estancado Chávez con la simple apelación al proyecto de la Constitución Bolivariana?

¿Se quedaba estancado Chávez con la apelación al “árbol de las tres raíces”?

¿Se quedaba estancado Chávez apelando a la Tercera Vía?

¿Se quedaba estancado Chávez apelando al modelo soviético?

Pues no parece ser así. Dice: “creo que vamos rumbo al socialismo. La democracia revolucionaria hay que irla orientando hacia el socialismo.” Y continúa desarrollando la idea:

“Eso ha generado aquí una dinámica por abajo, muy interesante. PDVSA, por ejemplo, está discutiendo ese tema al interior de la empresa con ese líder extraordinario que es el ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, un muchacho que fue formado en ese movimiento Ruptura del que te hablé. Pero los funcionarios de mi gobierno con formación marxista no se atrevían a hablar de socialismo. Yo les he dado luz verde. Ahora hasta la Asamblea Nacional habla de socialismo. Ha sido como una liberación, se vuelve a hablar de un tema tabú.”

“El chantaje mediático era muy pesado: si te declarabas socialista, te decían trasnochado, troglodita, dinosaurio. Ahora no, el socialismo anda en la calle y hasta algunos empresarios declaran que no les asusta. ¡Magnífico! Habrá que oír sus razones, respetarlas y discutirlas. Los militares hablan de revolución y socialismo, y discuten esos temas. Creo que es muy positivo. Y yo asumo la responsabilidad que me cabe en este proceso. Tenemos que estudiar y debatir mucho. Ojalá podamos hacer pronto un evento internacional sobre socialismo y conocer así distintas opiniones y experiencias.”

En consecuencia, hay que salirle al paso a la estrategia de la distorsión y la desmemoria. Cada frase de tal entrevista clarifica la brújula, el mapa, los objetivos. Nada de apelaciones nostálgicas al proyecto originario, a la tercera vía, al constitucionalismo seco, al reformismo de siempre, al viejo socialismo de la URSS.

Se trataba de una nueva problemática: el Socialismo del siglo XXI.

Cabieses le dice a Chávez que “Hay cosas del viejo socialismo, presidente, que fracasaron. Por ejemplo, la concepción de partido, la ausencia de participación real del pueblo en las decisiones, la falta de pluralismo, el estatismo absoluto de la economía, el bajo perfil de los derechos humanos, de las libertades públicas y de la libertad de expresión, etc. ¿Qué diferenciaría al socialismo del siglo XXI de aquel socialismo que se derrumbó?”

 Chávez contesta sin eufemismos: “Tienes razón, alguien dijo que en realidad nunca hubo socialismo... Circulaba un chiste sobre Breznev u otro líder soviético que confidenciaba a un amigo: «Ojalá que aquí no llegue nunca el socialismo».”

“Ahora bien, entre los elementos que pudieran definir el socialismo del siglo XXI yo diría que el primer rasgo es el moral. Hay que comenzar por ahí, por la conciencia, por la ética. El Che escribió mucho de la moral socialista. Desde la visión del mundo que cada cual tenga, debemos recuperar el sentido ético de la vida. Sin duda lo que digo tiene mucho de cristianismo: «Amaos los unos a los otros» o «Ama a tu prójimo como a ti mismo». En realidad se trata de eso: de la solidaridad con el hermano. Luchar contra los demonios que sembró el capitalismo: individualismo, egoísmo, odio, privilegios. Creo que por ahí habría que comenzar. Es un trabajo de todos los días, una tarea cultural y educativa de largo aliento.”

Para Chávez la moral es “un arma en la lucha contra la corrupción, un mal que es propio del capitalismo. Empresas y empresarios corrompidos, negocios oscuros, funcionarios corruptos, movidos sólo por la ambición. Aunque también la corrupción se ha dado en el socialismo ese fenómeno tiene una raíz capitalista, es la ambición de riqueza. El socialismo debe defender la ética, la generosidad. Bolívar fue un ejemplo: abandonó todo por ser útil a su país. Hay que recordar también a Cristo y lo que dijo al hombre rico que quería ir al cielo: vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres. El hombre se puso a llorar porque no era capaz de hacer eso. Fue entonces cuando Cristo lanzó aquella frase: «Será más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos».”

En el terreno político uno de los factores determinantes del socialismo del siglo XXI debe ser la “Democracia participativa y protagónica”:

“El poder popular. Esto es un elemento político definitorio que contrasta con aquello del partido único o centrar todas las decisiones en el partido. Hay que centrar todo en el pueblo, el partido debe estar subordinado al pueblo. No al revés.”

Pero además, se trata de construir el nuevo socialismo en un marco de pluralismo político:

“¿Un sistema político pluralista que permita participar a diferentes sectores? ¿Un poder popular real? –Claro que sí, una democracia participativa y abierta. En lo social, el socialismo debe conjugar igualdad con libertad. Una sociedad de incluidos, de iguales, sin privilegios, sin esta abismal diferencia entre extrema riqueza y extrema pobreza. En lo económico: un cambio del sistema de funcionamiento metabólico del capital. Este es un tema complejo de tratar. Aquí hemos iniciado experimentos como el impulso al cooperativismo y al asociativismo, a la propiedad colectiva, a la banca popular y núcleos de desarrollo endógeno, etc. Se trata de dejar atrás la lógica de funcionamiento perverso del capitalismo. Son válidas muchas experiencias, como la autogestión y cogestión, la propiedad cooperativa y colectiva, etc. Estamos poniendo en marcha un ensayo de empresas de producción social y unidades de producción comunitaria. Eso está recién naciendo pero ayudará a definir un modelo teórico. Le da también una connotación especial: no se trata de un grupo de intelectuales escribiendo un libro de dos mil páginas. Práctica y teoría deben marchar en paralelo.”

Y sobre la visión de la relación de la potencia estadounidense y América Latina, Chávez reitera:

“Estábamos preparados para la reacción internacional que ahora estamos sintiendo. Ya no sólo en el caso de Venezuela, sino también de Brasil. El caso de ese país y el escándalo que se ha desatado por la corrupción, sin que esto suponga benevolencia con la corrupción, me huele que no tiene sino un objetivo: debilitar al gobierno de Lula, tratar de chantajearlo. Tengo mucha fe en que Lula, un extraordinario líder, va a salir de esta situación tan difícil. Está la posibilidad de que Brasil se sume de manera determinante al nuevo camino que hoy necesitan los pueblos de América Latina. En Argentina también vemos un proceso complejo: permanentes ataques de sectores de la oligarquía criolla al gobierno, ataques internacionales, etc. Vemos lo que pasa en Bolivia, en Ecuador, en Uruguay.”

“Lo que pasa en México y las perspectivas de un gobierno distinto se suma a esa visión. Los que estamos al frente de algunos procesos en América Latina, ya sea desde el gobierno o de movimientos políticos y sociales, debemos diseñar el mapa no sólo estratégico sino también táctico y de trabajo. En esto tenemos un vacío y creo que es necesario que con pensadores y líderes de distintos países conformemos un equipo con capacidad de hacer propuestas que impacten esta realidad. Como seguir impulsando TeleSur, por ejemplo. Petrosur, Petroamérica, el Banco del Sur, la Universidad del Sur, proyectos de integración que no pueden quedar sólo a nivel de gobiernos. Si no les damos contenido de participación popular, serían, como decía Bolívar, «repúblicas aéreas», castillos en el aire.”

Y para aquellos reformistas apoltronados en la “línea de menor resistencia” vale la pena recordarles las palabras finales de Chávez:

“Las batallas que vendrán serán muy duras. Pero si en alguna ocasión hubo una oportunidad de avanzar y alcanzar importantes victorias en la dirección histórica que nos hemos fijado, si en algún momento fue oportuno avanzar, es ahora, ahora y aquí. Punto Final, que ha pasado 40 años en esta batalla, tendrá otros 40 años más para luchar y ojalá publicar lo que aquí estamos intuyendo y soñando.”

¿Era Chávez un simple reformista? Las conclusiones están a la vista.




NOTAS:

[1] El régimen mexicano en su dilema (1 FEBRERO, 1990)  Adolfo Gilly http://www.nexos.com.mx/?p=5737

[2] Hugo Chávez y la Declaración del "Socialismo" en el Foro Social de Porto Alegre (2005). Javier Biardeau, en: https://www.aporrea.org/internacionales/a209620.html; El video completo: 30 Ene 2005 Hugo Chávez en Porto Alegre en clausura del V Foro Social Mundial: https://www.youtube.com/watch?v=I5uAejoNDU0

[3] “Las políticas de la interpretación sobre el legado de Chávez”. Javier Biardeau, en: https://www.aporrea.org/actualidad/a210102.html. También: https://www.aporrea.org/actualidad/a211519.html  y Algunas claves presentes sobre “Populismo” y “Democracia Popular Bolivariana” en el “Libro azul”: Javier Biardeau R. http://questiondigital.com/wp-content/uploads/2015/08/Populismo-democracia-bolivariana.pdf. Ver: Sobre la democracia revolucionaria, Chávez y Roberto Fernández Retamar: http://cartelescriticos.blogspot.com/2007/07/entrevista-roberto-fernndez-retamar.html

[4] 2010: BBC entrevista a Hugo Chávez: Sobre el capitalismo, la tercera vía y el socialismo democrático. La reinvención del socialismo. https://www.youtube.com/watch?v=OeLR-1as9WQ; Completo: https://www.youtube.com/watch?v=LtPIVwNdqac; Puede leerse además un análisis sobre este tópico en: “El debate y la construcción del “Nuevo Socialismo del siglo XXI”. Javier Biardeau R.: http://www.rebelion.org/docs/201720.pdf. Una perspectiva distinta puede leerse en: “Venezuela: Hugo Chávez y el bolivarianismo.” Margarita López Maya Agosto 2008, en: http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-64112008000300005

[8] Perón amenaza a periodista y niega la Triple A / 8-02-1974: https://www.youtube.com/watch?v=9bxflD54JMI; https://www.youtube.com/watch?v=Vs1ZZjiJUzw;

[9] La interminable polémica del Peronismo, por José Pablo Feinmann https://www.youtube.com/watch?v=Zz2-9NacHVc

[10] Crean Centro de Altos Estudios del Pensamiento de Hugo Chávez  www.psuv.org.ve/portada/crean-centro-altos-estudios-pensamiento-hugo-chavez/

[11] Un pragmatismo chavista. Temir Porras Ponceleón http://www.rebelion.org/noticia.php?id=198922

[12] Algunos tuits para Temir Porras: Qué (no) hacer en esta etapa de la Revolución. Javier Biardeau https://www.aporrea.org/ideologia/a189638.html

[14] El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht: David Arrabalí http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61574

[16] 27-07-2005 ENTREVISTA CON EL PRESIDENTE DE VENEZUELA: ¿Hacia dónde va usted, presidente Chávez? por Manuel Cabieses Donoso http://www.voltairenet.org/article132654.html




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