sábado, 26 de septiembre de 2026

BREVES NOTAS SOBRE LA REVISTA AMAUTA Y SU FUNCIÓN ESTÉTICO-LITERARIA Y POLÍTICA

 Javier Biardeau R.

I. Introducción

La historia cultural y política del Perú de la segunda década del siglo XX no puede comprenderse sin la aparición de la “Revista Amauta”, fundada y dirigida por “José Carlos Mariátegui La Chira” desde su primer número el 10 de septiembre de 1926 hasta 1930, todo esto en el contexto sociopolítico del “oncenio” de Augusto Leguía.

La revista publicó 30 números y dos boletines extraordinarios luego del fallecimiento de su fundador[1]. En su editorial de presentación, Mariátegui escribió[2]:

“Esta revista, en el campo intelectual, no representa un grupo. Representa, más bien, un movimiento, un espíritu. En el Perú se siente desde hace algún tiempo una corriente, cada día más vigorosa y definida, de renovación. A los autores de esta renovación se les llama vanguardistas, socialistas, revolucionarios etc. La historia no los ha bautizado definitivamente todavía. Existen entre ellos algunas discrepancias formales, algunas diferencias psicológicas. Pero por encima de lo que los diferencia, todos estos espíritus ponen lo que los aproxima y mancomuna: su voluntad de crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo. La inteligencia, la coordinación de los más volitivos de estos elementos, progresan gradualmente. El movimiento intelectual y espiritual, adquiere poco a poco organicidad. Con la aparición de "Amauta" entra en una fase de definición.”

Además de las palabras fundacionales de numero 1, el numero 17 constituye el deslinde definitivo hacia el anti-imperialismo, el anticolonialismo y el socialismo revolucionario (“Aniversario y Balance”[3]), mientras el número 30 nos presenta ya el homenaje de todo un grupo que lo acompañó cercanamente tras su fallecimiento[4].

El número 30 detallaba su labor como escritor, periodista y director de la revista, constituyendo uno de los documentos más interesantes para conocer la trayectoria de Mariátegui. Tras el fallecimiento de Mariátegui, Luis E. Valcárcel escribió:

“La figura más grande de la intelectualidad del Perú de esta generación, José Carlos Mariátegui, ha desaparecido. Pensador y apóstol, la juventud de América veía en él, con legítimo orgullo, el rebrote feliz del genio del continente que, unas veces, crea a Bolívar y, otras, a Juárez, que hoy anima a Ingenieros y antes a Marti, que alumbra a Montalvo con espontánea complacencia que a Rubén, que tan pronto esquiva su fecundidad y se la niega a los políticos como se la prodiga a los artistas. América del futuro, América eterna vivió en Mariátegui, y por eso en él se contempló la juventud de este hemisferio. En esta década, el Perú sólo fue citado con honor cuando aparecía: el nombre de José Carlos Mariátegui. Y lo que salva al Perú, lo que salva la responsabilidad de la juventud peruana, es el apostolado de Mariátegui, su obra doctrinaria, su élan de cultura y de creación, su fervor y desinterés, su apoyo del oprimido y su intuición admirable de todos los problemas cardinales de América. Mariátegui los estudia y los resuelve.”

El proyecto de la revista Amauta fue mucho más que una publicación periódica: constituyó un “proyecto intelectual total”, una plataforma de intervención cultural y una herramienta de lucha en un contexto marcado por un proceso de “modernización dependiente, reflejo, trunco y desigual”, por el autoritarismo estatal, el auge de las vanguardias artísticas, así como la emergencia y movilización de movimientos obreros e indígenas en el Perú.

En un país donde la cultura escrita (ciudad letrada) había sido, durante largo tiempo, un privilegio de casta de las elites limeñas y donde el problema indígena era sistemáticamente marginado o folklorizado, Amauta irrumpió como un espacio de “reconfiguración del campo cultural”, articulando arte, literatura, crítica social y política revolucionaria.

La revista se convirtió en un laboratorio donde se ensayó una idea fundamental: un proceso de activación social y política cuyo horizonte era la revolución socialista, proceso que no podía limitarse a lo económico o lo político, sino que debía implicar una transformación profunda de la sensibilidad, del lenguaje, de la imaginación y de las formas de representación. He allí su carácter de vanguardia cultural.

En este sentido, Amauta cumplió una función doble e inseparable: por un lado, una “función estético-literaria”, al promover la modernidad artística, el rol de las vanguardias, el debate cultural y la formación de una conciencia crítica; y por otro, una “función política”, al constituirse en un órgano de formación teórico-ideológica que no se concentraba exclusivamente en la dimensión estética, sino además en la articulación socialista e impulso de un nuevo pensamiento peruano y latinoamericano (con fuerte impronta indoamericana).

Ambas dimensiones se entrelazaron en un mismo propósito: crear una “cultura popular revolucionaria” capaz de disputar la hegemonía de la clase dominante, interpretando el Perú desde sus contradicciones reales, desde su lugar en el sistema capitalista mundial y no desde imitaciones superficiales de Europa.

En el presente texto analizamos algunas coordenadas básicas e introductorias de la función estético-literaria y política de Amauta, su estructura, sus períodos, sus temas clave, y el papel decisivo de Mariátegui como director, editor y articulador de toda una red intelectual continental emancipadora.

Sostenemos como tesis central que Amauta fue el proyecto más coherente de “modernidad crítica y radical” del Perú en el periodo de entreguerras, y que su legado consiste en haber fundado una forma de pensar, donde estética y política son dimensiones inseparables de una misma praxis histórica.

Generalmente se ha reconocido que la revista “Amauta”, fundada y dirigida por “José Carlos Mariátegui” (1926-1930), representó una suerte de expresión radicalizada del “modernismo” en el Perú. Sin embargo, no debe confundirse con el movimiento literario hispanoamericano del “Modernismo literario” (Darío (Nicaragua), José Martí (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México) y José Asunción Silva (Colombia) etc.)), sino que aquí “modernismo” se entiende en un sentido más amplio y político: la búsqueda de una “modernidad alternativa”, anticapitalista y con raíces en la realidad indoamericana peruana.

El proyecto compartió con el modernismo en sentido estricto, la búsqueda de una identidad latinoamericana, intentando definir una voz y una cultura propias, diferenciándose de las metrópolis europeas, creando un nuevo lenguaje literario. El modernismo literario buscó la musicalidad y el colorido, mientras que la vanguardia de Amauta apostó por la experimentación formal y la ruptura con los moldes tradicionales.

Sin embargo, ambos movimientos estuvieron atentos a las corrientes artísticas cosmopolitas. El modernismo asimiló el simbolismo y el parnasianismo franceses, y Amauta conectó con las vanguardias europeas (futurismo, surrealismo) y latinoamericanas.

El primer modernismo literario tendió más a un esteticismo y a un cierto escapismo de la realidad inmediata, refugiándose a menudo en un mundo exótico y sensorial. En cambio, Amauta asumió una postura abiertamente política y beligerante. Mariátegui la definió como una "fuerza beligerante", que rechazaba la neutralidad y buscaba la imbricación del arte en los procesos de transformación social.

Por otra parte, el modernismo se centró en temas exóticos, íntimos y fantásticos. Amauta, por el contrario, puso en el centro de su agenda el indigenismo, la cuestión social, la revolución y la construcción de una cultura nacional revolucionaria que integrara la experiencia indígena a la modernidad.

Mientras el modernismo fue la estética dominante hasta los años 20, Amauta fue el principal foco de difusión de la vanguardia en América Latina, una generación que se definió por su ruptura radical con la tradición modernista como meramente una actitud meramente estética. De hecho, la revista dio preferencia a los poemas de corte vanguardista, publicando a autores como César Vallejo, Martín Adán o Carlos Oquendo de Amat, entre muchos otros.

Mientras el poeta modernista solía ser un artista aislado en su "torre de marfil", Amauta propuso un intelectual comprometido, que actuaba como "la voz de un movimiento y de una generación" y que buscaba incidir directamente en los debates políticos y sociales de su tiempo.

De esta manera, Amauta representó un proyecto político-cultural que buscó fusionar el arte con la revolución social, el indigenismo y el socialismo. La revista fundada por Mariátegui recogió la búsqueda de una identidad propia que ya estaba en el modernismo, pero la orientó hacia un compromiso activo con la realidad social y política del continente.

Mariátegui entendía que la verdadera transformación del Perú, no podía ser una copia del modelo europeo o norteamericano, sino que debía pasar por un proyecto socialista que integrara la herencia indígena y los conflictos de una sociedad dividida ya en clases sociales, producto de la creciente penetración del imperialismo sobre el Perú, luego de la experiencia de la tradición colonial y luego de la problemática alba criolla republicana[5]. “Amauta” fue el órgano central de este proyecto.

II. Contexto histórico: Perú, modernidad y crisis (1920–1930).

La década de 1920 en el Perú se caracterizó por tensiones profundas. Por un lado, se consolidaban los procesos de modernización dependiente y refleja: crecimiento urbano, expansión de la prensa, mayor circulación de ideas internacionales y aparición de una clase media intelectual. Por otro lado, persistía una estructura social semicolonial (persistencia de la “feudalidad colonial”), especialmente en la sierra, donde la mayoría indígena seguía sometida al gamonalismo, sobre-explotación y las relaciones de servidumbre.

En el plano político, el país vivía bajo el gobierno de “Augusto B. Leguía” (1919–1930), conocido como el “Oncenio”, un régimen autoritario que promovió obras públicas y modernización económica, pero también restringía las libertades y perseguía a los opositores. En ese contexto, las voces disidentes encontraron en revistas culturales y periódicos un espacio privilegiado de resistencia simbólica.

Al mismo tiempo, el mundo atravesaba la crisis del capitalismo liberal tras la Primera Guerra Mundial (1914), la Revolución Rusa (1917), el ascenso de movimientos obreros y la emergencia del primer fascismo. Las ideas marxistas comenzaban a circular con mayor intensidad en América Latina, pero se enfrentaban al desafío de “adaptarse a realidades distintas” de la europea. En el Perú, ese desafío se vinculaba directamente al problema indígena, al carácter agrario de la economía y al peso histórico-cultural de las tradiciones comunitarias.

Es en este marco donde Mariátegui regresa al Perú en 1923 tras su estancia en Europa, de todo su aprendizaje de un marxismo crítico y anti-dogmático, trayendo consigo una formación marxista peculiar y una visión cultural moderna.

Su proyecto intelectual consistirá en una tarea ambiciosa: interpretar el Perú desde una nueva reformulación y síntesis teórica revolucionaria, en la que el socialismo no fuera copia sino creación heroica. Amauta sería uno de los instrumentos principales para esa tarea.

III. Fundación y título: el sentido de “Amauta”

La revista fue fundada en Lima en “septiembre de 1926”. Su título no fue casual. La palabra “Amauta” proviene del mundo quechua y designa al sabio, al maestro, al intelectual en el sentido de las tradiciones andinas. La elección del nombre expresaba un gesto ideológico y cultural clave: situar la modernidad peruana no como imitación europea, sino como diálogo entre lo contemporáneo y las tradiciones comunitarias indígenas.

“Amauta” condensó un programa: reconocer el “Perú profundo”, resituar la dimensión histórica y cultural de los pueblos originarios y, al mismo tiempo, proyectar una “modernidad crítica alternativa”. No se trataba de romantizar el pasado incaico ni de reducir lo indígena a una estética decorativa. Mariátegui pretendía que el elemento indígena fuera el centro de una nueva interpretación nacional, desde una perspectiva ahora revolucionaria y socialista, incluyéndolo en una concepción ampliada y reformulada del término “proletariado”.

El título, por tanto, era un manifiesto: la revista aspiraba a ser escuela, guía, espacio de formación y pensamiento. Amauta no era un boletín coyuntural sino una plataforma de largo aliento, destinada a animar y generar una cultura popular, nacional y continental revolucionaria.

Períodos de la revista Amauta

Aunque su vida fue relativamente breve (1926–1930), Amauta atravesó etapas diferenciadas que permiten comprender su evolución interna.

Primer período (1926–1927): apertura cultural y vanguardista

En sus primeros números, Amauta se presentó como una revista cultural amplia. Aunque ya existía un claro horizonte y apuesta socialista por parte de Mariátegui, su principal impulsor, el énfasis inicial fue crear un espacio de convergencia y debate que convocara a artistas, escritores y pensadores de diversas corrientes anti-oligárquicas y anti-coloniales. Se privilegiaba la apertura hacia las vanguardias artísticas, el indigenismo, la renovación literaria y la crítica cultural.

Esta etapa se caracterizó por la fuerte presencia de artes plásticas y el diseño moderno, el interés por la literatura contemporánea, la discusión sobre la identidad nacional y la consolidación de redes intelectuales emancipatorias.

Segundo período (desde 1928): de radicalización política y definición socialista revolucionaria y anti-imperialista sin concesiones a reformismo.

En 1928 ocurre un giro decisivo. Mariátegui publica sus “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, funda el “Partido Socialista del Perú” y reorganiza su proyecto político. Amauta se vuelve más explícitamente marxista crítica, sin abandonar su dimensión cultural. La revista se definió como un órgano de pensamiento revolucionario socialista, con una crítica abierta del capitalismo y del imperialismo colonial, se analizaron los temas de política agraria e indígena, Se llamaba a la articulación de fuerzas latinoamericanas frente a las ambiciones del imperialismo. De este modo, la cultura dejó de ser concebida como un énfasis en la exploración estética y se convierte en un terreno estratégico de lucha.

Tercer período (1929–1930): persecución, internacionalización y cierre.

En sus últimos años, Amauta enfrentó mayor vigilancia policial-estatal. El régimen de Leguía incrementó la represión y Mariátegui sufrió el deterioro de su salud. Aun así, la revista intensificó su vínculo con redes internacionales, publicó debates sobre el fascismo, la crisis mundial y los movimientos revolucionarios.

La muerte de Mariátegui en abril de 1930 marcó un golpe definitivo. Aunque se intentó continuar el proyecto, Amauta se debilitó y finalmente cerró ese mismo año, dejando una huella enorme.

IV. Estructura editorial y estilo: una revista como proyecto cultural total

Amauta no fue una revista convencional. Su estructura combinaba elementos de revista literaria, revista de arte, órgano político y espacio pedagógico.

En sus páginas convivían los ensayos teóricos, la crítica literaria, los manifiestos, la reseña de libros, las traducciones, poemas, grabados, ilustraciones y reproducciones artísticas.

El diseño fue parte esencial de su función estética. Amauta incorporó una modernidad visual: tipografías, diagramación dinámica y presencia constante de imágenes. Esto la acercó a revistas vanguardistas europeas y latinoamericanas, pero con una identidad propia. La revista era, en sí misma, una obra cultural. No solo transmitía ideas: “producía una nueva sensibilidad”, donde lo moderno y lo andino se encontraban.

V. La función estético-literaria de Amauta: renovación del campo literario peruano

Amauta fue un punto de quiebre en la literatura peruana. Hasta entonces, gran parte de la producción estaba dominada por un  modernismo tardío, el costumbrismo y una visión elitista-colonial de la cultura.

La revista, en contraste, promovió una literatura más conectada con: la realidad social del mundo de vida de los trabajadores y las clases subalternas, la experimentación formal y la crítica histórica. De este modo, publicó y difundió voces nuevas y tendencias contemporáneas, situando al Perú en diálogo con movimientos internacionales.

Entre los aportes más importantes, encontramos a articulación entre vanguardia e indigenismo, uniendo dos corrientes que a menudo se presentaban como opuestas. Por una parte, la “vanguardia”, con su ruptura formal, su crítica al arte burgués y su búsqueda de nuevas formas. Por otra, el “indigenismo”, con su reivindicación del mundo andino y la denuncia del gamonalismo.

Mariátegui comprendió que ambas podían converger en un mismo proyecto: construir un arte nuevo, crítico, no imitativo. Para él, el indigenismo no debía ser un decorado exótico, sino un movimiento ligado a la transformación social, a una reformulación radical del bloque social y cultural del proletariado peruano. Amauta impulsó así una estética donde lo indígena no era pasado, sino  presente y futuro.

Las artes plásticas como núcleo cultural

Amauta dio un lugar central a la pintura, el grabado y el arte gráfico. En un país donde la crítica de arte era limitada, la revista se convirtió en un espacio de legitimación y difusión de otro imaginario ahora descolonizador. El arte no era tratado como entretenimiento, sino como un nuevo lenguaje político y cultural. La revista entendía que la imagen podía educar la sensibilidad, representar al pueblo de otro modo y crear símbolos revolucionarios.

En este sentido, Amauta contribuyó a configurar un imaginario visual moderno alternativo del Perú.

Así mismo, hizo una literatura como conciencia histórica. En Amauta, la literatura aparecía como un instrumento de conciencia, memoria y proyecto. Mariátegui consideraba que el escritor no podía ser neutral: debía ubicarse en la historia. Sin caer en un didactismo simplista, la revista defendió que el arte auténtico expresa las tensiones socio-históricas de su espacio-tiempo.

La función estético-literaria de Amauta consistió, entonces, en producir una literatura y un arte con inspiraciones modernas y vanguardistas, enraizada en lo peruano, comprometida con la emancipación.

VI. La función política de Amauta

La revista Amauta funcionó como una herramienta de formación ideológica. Mariátegui ya había conocido de cerca esa experiencia en Italia y Europa, donde las revistas funcionaban como “escuela política”. En un contexto donde el marxismo era muy desconocido, malinterpretado y aún marginal, muchas ideas socialistas circulaban de modo fragmentario y ecléctico, de modo que la revista difundió textos marxistas, debatió conceptos, formó lectores críticos, renunciado a la fórmula de hacer “agitación y propaganda” simple. Se trataba en contraste de construir el intelectual colectivo, lo que requería elaboración intelectual socializada. Mariátegui se convirtió así en el promotor heroico de un tipo de marxismo vivo, no dogmático, profundamente histórico-dialéctico y por necesidad creativo.

La revista abordó constantemente el problema del imperialismo colonial europeo y para su época el papel del imperialismo norteamericano, especialmente el papel cada vez más relevante de los capitales extranjeros en el control de los sectores económicos estratégicos en América Latina. La revista analizó la dependencia económica, las condiciones de sobre-explotación laboral y la subordinación política de los Estados latinoamericanos, contribuyendo a consolidar una visión antiimperialista moderna, conectada con debates continentales e internacionales de la época.

Pero quizás el punto político más original de la Revista Amauta fue su insistencia en que el problema indígena no era moral ni cultural, sino económico y social. La opresión indígena no dependía de reformas educativas, sino que se vinculaba al régimen de propiedad de la tierra y al “gamonalismo”. Para Mariátegui, el carácter semicolonial de la economía del Perú se relacionaba con la persistencia el coloniaje y de lo que denominó, con muchas incomprensiones desde el campo marxista ortodoxo, como “feudalidad colonial”.

Para Mariátegui, el socialismo revolucionario peruano debía: partir del campesinado indígena, reconocer sus formas comunitarias, proponiendo una revolución agraria que no fuera parte del etapismo clásico de las revoluciones “democrático-burguesas”.

Esta idea rompía tanto con visiones liberales-modernizadoras que solo pedían educación o integración cultural, como con el marxismo de las etapas rígidas, centrado en la experiencia histórica europea.

Así mismo Mariátegui llamó a la articulación obrera, campesina y estudiantil e indígena en un nuevo bloque social revolucionario. Aquí  encontramos muchos tópicos del aprendizaje y reformulación de a experiencia socialista y comunista italiana, por la construcción de una nueva hegemonía desde el frente sindical, político y cultural.

La revista Amauta dialogó y abrió sus puertas a los sindicatos, a los movimientos estudiantiles y a las organizaciones indígenas y populares. La revista nunca se encerró en el mundo académico sino que buscó intervenir en la realidad, siendo un antecedente de una metódica de investigación-educación popular-acción política.

Su función política entonces consistió en articular un bloque popular emergente, uniendo: intelectuales, artistas, obreros, estudiantes, campesinos “cholos” (de origen campesino e indígena que ha migrado a la ciudad y adoptaron costumbres urbanas y occidentales, creando una identidad tensionada que combinaba lo propio y lo ajeno-moderno) e propiamente los indígenas serranos, que resistían en la defensa de sus comunidades.

VII. Temas clave de Amauta

A lo largo de sus números, pueden identificarse los núcleos temáticos constantes:

Indigenismo y nación: la revista Amauta debatió la nación peruana desde el conflicto histórico entre élites criollas de legado colonial y republicano frente a las mayorías indígenas. Propuso una redefinición radical de lo nacional-popular.

Socialismo revolucionario peruano: La revista insistió en que el socialismo revolucionario debía ser creación histórica, no copia mecánica de la teoría y práctica de la experiencia europea. El marxismo debía “traducirse” y “reformularse” al Perú.

Vanguardia artística: así mismo, difundió movimientos artísticos modernos, defendiendo la experimentación como ruptura con el gusto y la estética burguesa. De allí la importancia que adquirió para Mariátegui el surrealismo.

Antiimperialismo: la revista analizó descarnadamente la dominación económica y cultural extranjera como parte estructural del capitalismo semi-colonial, subordinado y dependiente. No buscó excusas ni pretextos para entender las consecuencias de la penetración del capital extranjero en los centros de decisión política de Estado peruano, rechazando las posiciones del aprismo reformista desde el número 17, con la publicación de “Aniversario y Balance”, haciendo incluso seguimiento a la experiencia de la revolución mexicana y su carácter cada vez más vinculado a los sectores burgueses.

Crisis mundial y fascismo: en sus últimos números, Amauta reflexionó sobre el ascenso del fascismo y la crisis del liberalismo, conectando el Perú con el mundo en turbulencia y ebullición.

Con todos estos temas, la revista Amauta concibió la cultura como un espacio clave y herramienta de transformación social, no como lujo elitista, y todo esto se hizo por el papel de guía que realizaba Mariátegui.

Por tanto, hablar de Amauta significa hablar de Mariátegui. Su papel no fue solo el de fundador nominal sin de motor intelectual, político y editorial del proyecto. Mariátegui no se limitaba a escribir artículos, sino que participaba activamente en seleccionar colaboraciones, definir sus líneas temáticas, estimular y orientar debates, junto con articular las redes internacionales, todo en función de mantener la coherencia político-cultural del proyecto.

 Esta forma, Mariátegui conectó Amauta con intelectuales y movimientos de toda América Latina y Europa. La revista no era provinciana: se pensaba como parte de una lucha internacionalista por el socialismo mundial.

La originalidad de Mariátegui fue su rechazo al dogmatismo, por una parte, y al reformismo, por la otra. No entendía el marxismo como receta, sino como método dialectico-crítico. Por eso, Amauta pudo integrar a una vanguardia artística, al indigenismo y al socialismo revolucionario.

Finalmente, cabe destacar que Mariátegui encarnó una autoridad ética. Su vida, aunque marcada por la enfermedad y la precariedad no impidió su disciplina. Su figura se convirtió en símbolo de coherencia revolucionaria, uniendo pensamiento crítico, escritura creativa, organización sindical, política, cultural y periodística con una singular sensibilidad estética.

El aporte mayor de Amauta fue haber demostrado que la cultura era y sigue siendo un terreno decisivo de la lucha histórica. La revista no trataba el arte como entretenimiento ni mercancía, ni a la política como simple administración del poder.

A revista fue entonces:

1.  Una plataforma de Vanguardia Americanizada. A diferencia de las vanguardias europeas que a menudo eran cosmopolitas y abstractas, “Amauta” promovió una “vanguardia enraizada en lo peruano, lo indoamericano y lo latinoamericano. Publicó a los principales exponentes de la época (César Vallejo, Martín Adán, Magda Portal, Xavier Abril) pero siempre buscando una expresión artística que dialogara con los problemas y desafíos de la realidad social específica. .

2.  Una integración de Arte y Sociedad: Rompió con la idea del “arte por el arte”. Para Mariátegui, la literatura y el arte eran “dimensiones de la praxis revolucionaria”. La estética no era un adorno, sino una forma de conocimiento y transformación de la realidad. Publicó no solo literatura, sino también artes plásticas (como las de José Sabogal y la Escuela Indigenista), discutiendo su rol social.

3.  La creación de un Frente Cultural de lucha: Amauta logró congregar en sus páginas a intelectuales de distintas tendencias (socialistas, indigenistas, liberales radicales, nacionalistas) en torno a un objetivo común: “definir una cultura peruana nueva”. Fue un espacio de debate donde coexistían el marxismo, el psicoanálisis, las reivindicaciones indígenas y las vanguardias artísticas mundiales.

4.  La difusión y el debate internacional: la revista tradujo y publicó a figuras clave de la discusión mundial (Freud, Breton, Trotsky, Unamuno, Keyserling) y conectó el debate peruano con el de otros pensadores latinoamericanos (el mexicano Diego Rivera, el argentino Aníbal Ponce). Así, evitó el provincialismo sin caer en la imitación servil.

Pero además, la revista Amauta cumplió una extraordinaria función política:

1.  Construir un laboratorio de Ideas para un Socialismo revolucionario peruano e Indoamericano: Amauta fue el medio cultural donde Mariátegui fue desarrollando y publicando los ensayos que luego formarían su obra más citada: “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”. Allí elaboró su análisis marxista no dogmático del Perú, destacando el “problema del indio”, como problema de estructura socioeconómica, la “cuestión de la tierra”, y el “problema de la raza” (como consecuencia de la opresión de clase).

2.  Articular un Proyecto Nacional-Popular y Socialista. La revista fue fundamental para construir una “intelligentsia comprometida” con un proyecto de Nación que incluyera de manera protagónica a las mayorías indígenas y mestizas (despectivamente llamados “cholos”). Su política era cultural en el sentido más profundo: crear una nueva hegemonía, una nueva conciencia nacional anti-imperialista.

3.  Constituir un órgano de Educación y Propaganda Política. Aunque no era el periódico oficial de un partido (el Partido Socialista Peruano se funda en 1928), Amauta cumplió una clara función de formación política. Difundió las ideas marxistas más renovadoras, analizó la realidad internacional (la Revolución Rusa, el ascenso del fascismo) y polemizó con las corrientes reformistas y pro-colonialistas de la época.

4.  Fue un espacio de Militancia Práctica. La revista no se limitó a la teoría. Dio cobertura y apoyo a las luchas sociales concretas (como el movimiento obrero y las reivindicaciones campesinas e indígenas), y sirvió de nexo entre los intelectuales y los sectores populares organizados.

Dicho esto, “Amauta” fue mucho más que una revista literaria o política. Fue el “órgano de un movimiento”, como decía el subtítulo de la Revista, un proyecto totalizador que buscaba superar la dicotomía entre cultura y política. Su función estético-literaria fue la de forjar un “arte nuevo, crítico y comprometido”, como parte esencial de la lucha por una “modernidad radical” peruana.

Su función política fue la de “elaborar una teoría critica y revolucionaria propia”, un socialismo revolucionario indoamericano, que partiera de la especificidad histórica y cultural del Perú.

Por ello, Amauta representó el núcleo del modernismo crítico y radical peruano y latinoamericano: la voluntad de ser profundamente modernos (intelectualmente vanguardistas, políticamente revolucionarios) sin renunciar a la búsqueda de una interculturalidad fundante de lo nacional y popular.

Amauta fue, en esencia, un proyecto de hegemonía cultural. Mariátegui entendió que la revolución no se hace solo con partidos o huelgas: también se hace con revistas, poemas, imágenes, debates, ideas y símbolos. En un país fracturado, Amauta buscó fundar un lenguaje común para los oprimidos, y una modernidad distinta: no colonial, no imitativa, sino creadora.

A un siglo de su aparición, Amauta sigue siendo un referente indispensable. No solo por lo que dijo, sino por lo que intentó hacer: “crear un Perú nuevo desde la cultura revolucionaria y vanguardista”, y demostrar que la estética y la política pueden, y quizá deben, caminar juntas cuando se trata de emancipación.


NOTAS

[1] https://www.mariategui.org/revista-amauta/numeros-de-la-revista/

[2] Revista Amauta. N° 1: https://www.mariategui.org/wp-content/uploads/2026/08/AMAUTA-PUBAJCM-02-01.pdf

[3] Revista Amauta N° 17: Aniversario y Balance. https://www.mariategui.org/wp-content/uploads/2026/08/AMAUTA-PUBAJCM-02-17.pdf

[4] Revista Amauta N° 30: https://www.mariategui.org/wp-content/uploads/2026/08/AMAUTA-PUBAJCM-02-30.pdf

[5] José Carlos Mariátegui (1927): La tradición nacional. https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/peruanicemos_al_peru/paginas/tradicion.htm