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martes, 30 de noviembre de 2010

ENTREVISTA CON HUGO PRIETO (ULTIMAS NOTICIAS; 28-11-2010): EL PARADIGMA LENINISTA NO CABE EN LA CONSTITUCIÓN DE 1999

Javier Biardeau R.
Si se quiere imponer, a mocha y trocha, el paradigma del viejo socialismo, con sus tendencias centralizadoras del poder y antidemocráticas, el resultado será la desilusión. "El hastío de participar en la revolución bolivariana", advierte el sociólogo Javier Biardeau, quién además está inscrito en el PSUV y es colaborador asiduo de Aporrea y el Centro Internacional Miranda.
Lo que se impone es "una reconducción democrática del proceso popular bolivariano".
¿Qué ocurrió el 26-S?
Lo que expresa el 26-S, en términos de la relación Gobierno-oposición, es el equilibrio de las fuerzas. Equilibrio que se conecta profundamente con un extravío que se percibe también durante la coyuntura de la reforma constitucional en 2007.
En mi opinión, hay una línea de continuidad entre la crisis de los resultados electorales de la reforma constitucional de ese año y la crisis de los resultados electorales del 26–S. ¿Por qué? El comportamiento electoral de las fuerzas que apoyan la revolución bolivariana arroja, desde 2006, una tendencia completamente irregular, arrítmica. Hay que revisar, justamente, qué es lo que está pasando entre esas fuerzas sociales y los instrumentos políticos que canalizan la movilización y organización de las mismas, para entender esa arritmia.
¿Eso no expresará, igualmente, el comportamiento del presidente Chávez, a quien uno ve como esos boxeadores que están perdiendo reflejos y ya no tienen la misma pegada?
A partir de 2006 hay cinco procesos electorales, en los cuales hay tres victorias para Chávez y dos rounds, en los que uno podría afirmar que hay un revés táctico. Eso es lo mínimo que puede decirse, incluso, si apela a la jerga beisbolística que el propio Chávez utilizó para referirse al resultado de 2007. El fly detrás del cuadro, al que llamó “un podrido”. A mí me llamó la atención de que a pesar de lo que la dirección del partido calificó como “una victoria contundente”, cuando se hizo una reunión de balance, lo que hubo fue un llamado de atención a Chávez y se acordó que era posible hablar así debido al número de curules parlamentarias obtenidas, pero ellos saben que la procesión va por dentro. Hay que buscar cuáles son los factores que están operando en las bases y que a su vez explicarían ese revés táctico. Yo lo llamo así, porque la meta de obtener 110 diputados implicaba un proceso de radicalización, que se venía dando desde la enmienda constitucional.
¿Por qué del 26–S para acá las autoridades del Psuv no han dado una sola explicación de lo que ocurrió en las elecciones legislativas?
Ellos hicieron una reunión y de allí surgió una versión oficiosa de los resultados. Lo que yo percibo dentro del partido es que de los resultados reales no debemos hablar públicamente. Por eso digo que la procesión va por dentro; en la medida en que no se ha gestionado políticamente, en que no se va asimilando, se generan todas estas inquietudes y malestares que se han amplificado últimamente.
Acaba de decir que la meta de 110 diputados era fundamental para radicalizar el proceso bolivariano. No se obtuvo, pero el presidente Chávez actúa como si no hubiese ocurrido nada.
No lo veo así, porque dentro del propio chavismo por radicalización se entienden diferentes significados. En unas líneas de Chávez, el Presidente sostuvo que había que profundizar la revolución sin desenfreno. Lo que implica, de alguna manera, acompasar el proceso, que venía, precisamente, desenfrenado. Los resultados planteaban un frenazo táctico a la línea que se venía dando.Dentro del partido hay como dos nociones de radicalización. Una es radicalización socialista. Es decir, que las tareas socialistas están a la orden del día, según los conceptos del viejo socialismo real: avanzar en las nacionalizaciones, en las expropiaciones, en la construcción de un parlamento revolucionario, de la conquista del poder por la clase trabajadora, etc, etc.
¿El socialismo del siglo XX?
El socialismo del siglo XX.
¿El fracaso del socialismo real?
Diría el fracaso del paradigma leninista, a partir del cual se construyó el socialismo real. Para un sector del Psuv eso nunca ocurrió. Todavía siguen de espaldas a un balance crítico de los desastres y fracasos del socialismo real. Hay un sector que todavía cree que el problema de la Unión Soviética comienza con Stalin. Y que lo anterior fue chévere. Hay otro sector que sostiene que ese paradigma, justamente, es lo que está en crisis, como referencia, digámoslo así, para toda la izquierda de América Latina.
¿Qué cree usted?
Yo pienso que está en crisis y la razón fundamental es que ese paradigma no resolvió la tensión entre libertad política y li bertad social. Y nuestra Constitución, la del 99, cuando le montas ese paradigma, sencillamente se desbarata. El paradigma leninista no cabe en esta Constitución.
¿Lo que advierte esuna tendencia autoritaria,no sólo en el Gobierno sino en un sector del Psuv?
Y de la subcultura de la izquierda autoritaria, que sigue manteniendo la mitología de que la revolución rusa como paradigma de transformación social. No han advertido que si es socialismo del siglo XXI, uno está pensando en algo distinto, radicalmente distinto, y utilizo la palabra radical a propósito de lo que fueron las experiencias del socialismo real. La otra tendencia de radicalización, apenas visible, busca una profundización de la democracia.Creo que hay un sector dentro del partido, y dentro de los movimientos que acompañan a Chávez, que están pidiendo más democracia, que está exigiendo que cambie el rumbo de centralización del poder y de excesivo control, ejercido desde arriba, tutelado y vertical, del proceso de cambios; y no se lo dicen de manera directa porque siente que romper con la idea del comandante presidente y llamarlo compañero Chávez es una suerte de anatema, algo demasiado iconoclasta yheterodoxo.
¿Lo que usted propone es que se retome el poder constituyente, digamos, las motivaciones primigenias de este proceso?
Correcto. A diferencia de lo que ocurre en Ecuador, en Uruguay, en Bolivia, en Brasil e incluso en países donde la izquierda no es gobierno (Chile), nosotros estamos perdiendo la oportunidad de entender la democracia como un proceso de participación ampliada de los sectores populares en las decisiones públicas. Estamos reproduciendo lo peor del socialismo real del siglo XX, porque estamos construyendo el esquema alrededor de cuatro cosas: el culto a la personalidad, el partido único, el aparato del Estado y el comisariato político, tratando de controlar a los movimientos sociales y populares que quieren más democracia.
¿Esa forma de radicalizar la revolución bolivariana no tiene ninguna posibilidad en el terreno electoral?.
No, no la tiene. Ninguna. El sistema político electoral, el sistema de competencia entre partidos y la representación de múltiples partidos en el parlamento y en otras instituciones del Estado, incluso, la posibilidad de que en el sistema electoral se expresen diferentes grupos de opinión, nos remiten a unas "elecciones burguesas". Ya hay gente que vive una suerte de regresión psicoideológica, en la cual, como decía Lenin, "esas elecciones son burguesas". Pero olvidan un hecho fundamental: esas elecciones fueron las que abrieron las compuertas del proceso constituyente en Venezuela (1999). Esa es, justamente, la contradicción que se vive, no diría que en la revolución bolivariana, pero sí en el chavismo, que se ha inclinado hacia la vieja izquierda.
¿Qué va a pasar cuando los sectores populares conozcan la cara autoritaria y centralizadora de esa vieja izquierda?
Lo que está pasando...
¡Ah!, ¿ya está pasando?
Por eso digo que hay una línea de continuidad entre la propuesta de reforma constitucional (2007) y las elecciones parlamentarias del 26-S. La gente olió y percibió que la propuesta tenía mucho del viejo socialismo. Intuitivamente, la gente advirtió que había menos poder para las bases, para la soberanía popular y más poder concentrado en algunas instancias del Ejecutivo. ¿Qué va a pasar?
Se intensifica el desgaste, porque ya son 10 años de gobierno; hay mucho descontento, latente o manifiesto, con diferentes expresiones, orgánicas e inorgánicas y la desilusión. El hastio por participar activamente en la revolución bolivariana.
Eso es lo que va a pasar en el plano psicosocial y político, digamos, ¿y en el plano económico?
Tenemos el grave problema de que no hemos definido, adecuadamente, lo que significa en el terreno económico el socialismo del siglo XXI. Si me preguntas a mí, a un ciudadano común y corriente, pues el modelo económico del socialismo posible, consistente además con la Constitución, es una economía mixta, donde coexisten tres sectores: la empresa privada, la empresa estatal y las empresas populares, autogestionarias o alternativas. Coexisten, pero hasta allí. No puedes avanzar si liquidas a las empresas de producción social, en el sentido de la propiedad ejercida por los propios trabajadores o la propia comunidad, ni puedes avanzar liquidando al sector empresarial privado, sin asfixiar los motores de crecimiento económico de un país, porque los tres sectores pueden converger en un proyecto político de crecimiento económico y desarrollo humano integral.El problema son las señales que envía el Gobierno, se asume que si crece uno es a costa del otro. Es una economía deformada, donde tenemos una cabeza del sector público demasiado grande y las extremidades, que sería la economía popular y alternativa del socialismo del siglo XXI, son demasiado pequeñas y atrofiadas. No le tienen ni confianza.
REGISTRO VERBAL
A simple vista, la conclusión que surge de lo expuesto por Javier Biardeau, es que el fracaso del proceso bolivariano está a la vuelta de la esquina. “No sé si fracaso, pero sí una rectificación. A Chávez le gusta decir que Dios habla con la matemática. Yo hice una fórmula: victoria igual a 3R al cuadrado, donde la variable es R. ¿Qué significa R? Revisión, rectificación, reimpulso... y más recientemente: recuperación, repolarización y repolitización de la gestión pública. Si el valor de una de esas R es cero, la ecuación da cero. Y, para mí, la que da más cero es la rectificación. El Gobierno no ha demostrado claras señales de rectificar. Eso significa, públicamente, no a puertas cerradas, decir hemos evaluado estas políticas, hemos cometido estos errores y estos son los correctivo”.Biardeau no es el único que ha planteado el extraño silencio e inmovilismo que rodea la falta de aplicación de las 3R en el gobierno. “Sobre todo en las políticas que tienen que ver con los problemas estructurales de las comunidades, con infraestructura y vivienda, por ejemplo. Por eso es que la vivienda se ha convertido en un tema situacional, de urgencia, pero hay muchas metodologías de evaluación de la gestión pública que pudieran implementarse para evaluar”.La propuesta de la diputada Iris Valera y del ex ministro Eduardo Samán, quienes han planteado la creación de una tendencia radical dentro del Psuv es valorada por Biardeau como un hecho positivo. “El problema dentro del partido y de las organizaciones que apoyan la revolución bolivariana es que no hay un debate abierto sobre lo que significa la edificación del socialismo democrático y participativo”. Biardeau asegura que no se trata de la democracia de la IV República, pero tampoco del stalinismo. “Hay demasiados tabúes, demasiados bloqueos, censura y autocensura para abordar el debate”. El socialismo del siglo XXI tiene que construir una esfera pública “con mayor profundidad y alcance de deliberación política, donde la gente de oposición también participa, viendo un poco con el Gobierno y con las fuerzas que quieren el socialismo, alrededor de nuevas ideas”. ¿Realmente se quiere debatir?

jueves, 4 de noviembre de 2010

¿QUE PUEDE APRENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DEL TESTAMENTO DE LENIN?- PARTE II


Javier Biardeau R.

“Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”. Diógenes de Sinope a Alejandro “El Magno”.
He planteado que entre las “pequeñas anécdotas” de la historia de las revoluciones, puede llegar a ser significativo pasearse por el llamado “Testamento de Lenin”; documento básico para realizar un balance crítico de inventario de las experiencias de transición histórica al socialismo, durante la “revolución bolchevique”.
El 21 de enero de 1924, fallece en Gorki, cerca de Moscú, el líder histórico y fundador del Partido bolchevique. El estalinismo, ya planteaba una lucha frontal y sin cuartel contra el trotskismo, era necesario cerrar las filas del Partido en torno al Comité Central.
Stalin se trazó como objetivo el aplastamiento ideológico del trotskismo: "Sin aplastar al trotskismo, no es posible triunfar dentro de las condiciones de la NEP, no es posible conseguir la transformación de la Rusia actual en una Rusia socialista".
En mayo de 1924, ya pasado el congreso del año anterior se celebró el XIII Congreso del Partido. Hay controversias acerca de la política de apertura a nuevos miembros del partido en ambos Congresos, siguiendo como criterio un aumento de las listas de potenciales seguidores de Stalin.
En estas condiciones, ambos Congresos condenaron mayoritariamente (como era de esperarse) la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, una suerte de revisionismo del leninismo.
Ni siquiera en el informe secreto de Khrushchev en 1956, donde se condenaba abiertamente los errores y abusos de Stalin, hay alguna posibilidad de encontrar referencia positiva alguna a Trotski y al llamado trotskismo.
Efectivamente, había muerto físicamente Lenin en 1924, pero transcurría el juicio político para liquidar simbólicamente a Trotski, hecho que sigue siendo muy fuerte en 1956. Por cierto, un fenómeno que llega hasta la actualidad. Trate de investiguar si Trotski fue alguna rehabilitado en algún sector de la URSS, incluso durante la etapa del llamado Glasnot. Malas noticias. Trotsky es una “mala palabra”. El nombre Trotski era pronunciado en la URSS de Gorbachov como un insulto mucho mayor que el de Stalin.
Por cierto, no se trata de justificar ninguna nostalgia reverente por Trotsky y el troskismo. Ya he críticado los límites del imaginario jacobino-blanquista para construir una revolución socialista profundamente democrática. La problemática viene de lejos. La revolución bolchevique es sólo un ejemplo. Y el destino de Lenin enseña las sombras que se pueden activar, cuando no hay un real debate sobre el ejercicio autoritario del poder.
No son poco significativas muchas de estas fechas. Pues todos estos acontecimientos luego de la muerte de Lenin condicionarán los procesos de apropiación-recepción de la experiencia de la revolución bolchevique por parte de los llamados “marxistas revolucionarios” de América Latina y el Caribe. Sin saberlo o no, la huella del estalinismo estaba presente en el archivo de discursos y prácticas que codificaron el “marxismo oficial” en estas coordenadas espacio-temporales. De este modo, es posible comprender para poner un ejemplo, algunas de las razones que llevaron al marxismo soviético a cuestionar a José Carlos Mariátegui, por ejemplo, como un "populista" latinoamericano.
Así como Marx manejo las peores fuentes históricas en el museo Británico de Londres, para estudiar (y también estigmatizar) el pensamiento y acción de Simón Bolívar, el marxismo soviético analizó y valoró negativamente la obra del Amauta de la Revolución Indoamericana.
Por tanto, no hay marxismo heterodoxo, crítico y abierto en Nuestra América, sin un real combate a todos los dogmatismos y esquematismos, sin una real apertura a la descolonización del eurocentrismo propio del marxismo realmente hegemónico, sin valorar positivamente la obra de este gran pensador peruano, sin pasearse por las voces críticas a las imposiciones doctrinarias del “marxismo soviético”.
Cuando se comprenda que el “marxismo oficial soviético” (el marxismo realmente hegemónico: el “marxismo-leninismo”) es sólo una de las potenciales interpretaciones de algunos aspectos de la obra crítica, abierta e inconclusa de Marx (y en muchos aspectos, una deliberada distorsión), es posible entonces abrir el estudio del Continente-Marx a nuevas lecturas críticas (una renovación permanente y crítico de una obra abierta), que impugnen radicalmente las formas, contenidos e implicaciones ético-políticas de aquellas experiencias históricas de la transición post-capitalista que derivaron en fracasos, tragedias y desastres históricos.
Desde nuestro punto de vista, los acontecimientos que rodean el llamado “Testamento de Lenin” permiten abordar la problemática de las transiciones post-capitalistas, en la medida en que colocan sobre la mesa las contradicciones efectivas para asumir una revolución socialista con radicales contenidos democráticos, y no solo, una revolución socialista con algunas formas democráticas.
Cuando se rompe el hilo que conecta una revolución democrática constituyente con una revolución socialista, surgen todos los extravíos del despotismo burocrático. Y más allá de este plano político, sin asumir un claro perfil post-desarrollista (crítica radical al productivismo/crítica radical al consumismo/crítica al fetichismo de las fuerzas productivas, de la tecno-ciencia y de la tecno-burocracia), no es posible colocarse frente a frente a la posibilidad histórica de una revolución democrática, socialista, eco-política y descolonizadora. Por ahora, esto es otro asunto.
Ciertamente, también es necesaria inspirarse, en ciertos sentidos, en la crítica anti-capitalista de Marx (pararse como un piojo, sobre los hombros de un gigante del pensamiento), pero es preciso ir más allá de Marx, ir más allá de cualquier encuadramiento marxista en un sentido dogmático-doctrinario.
Se requieren pensamientos, saberes y teorías críticas y revolucionarias para superar el capitalismo, no un “gran dogma”; que termine en un gran “bloqueo histórico”, tanto en el terreno del pensamiento como en el terreno de la acción.
Pero, ¿qué planteaba efectivamente Lenin en aquellas cartas que fueron taquigrafiadas de sus opiniones orales? Leamos como abordó Nikita Khrushchev en 1956 el asunto, y luego vayamos a la medula del asunto.
Por cierto, no olvidemos que El discurso de Khruschev fue pronunciado en una sesión cerrada del Congreso y no formó parte de los informes y resoluciones oficiales emitidas por él. El texto completo del discurso no se publicó en la URSS sino hasta 1988. Como vemos, la cultura autoritaria del despotismo burocrático llegó bastante lejos y caló profundo. Y entre sus rasgos centrales está tanto el sectarismo como el culto a la personalidad. Obviamente, ¿como comprender estas anomalías en el seno del “marxismo-leninismo”?.
Leamos a Khruschev:
“Camaradas: En el informe que presentó el Comité Central del Partido al XX Congreso, en numerosos discursos pronunciados por delegados a ese Congreso, y también durante la reciente sesión plenaria del C.C., se dijo mucho acerca de los efectos perjudiciales del culto a la personalidad. Después de la muerte de Stalin el Comité Central del Partido comenzó a estudiar la forma de explicar, de modo conciso y consistente, el hecho de que no es permitido y de que es ajeno al espíritu del marxismo-leninismo elevar a una persona hasta transformarla en superhombre, dotado de características sobrenaturales semejantes a las de un dios.”
El error reside en una elemental sobrevaloración de una proyección de omnipotencia y devoción hacia un “humano, demasiado humano”; es decir, a un “piojo humano”, igual que todos los demás “piojos humanos” que formamos parte del género humano, que estamos demostrando ser una estúpida e ignorante especie humana, si nos evaluamos en contraste a la destrucción de un planeta por parte de la matriz de la civilización hegemónica; y reconociendo, por cierto, las múltiples humanidades histórico-culturales sometidas y colonizadas, sus valores, aportes, capacidades, diferencias y singularidades. Volvamos al asunto.
Dice Khruschev: “A un hombre de esta naturaleza se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible. Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre, especialmente hacia Stalin, durante muchos años.”
Lo más importante de este reconocimiento reside en la siguiente frase: “Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre” (proyectando los atributos del “conocimiento inagotable, visión extraordinaria, capacidad de prever todo, comportamiento infalible”).
Sabemos que el remedio que trataron de encontrar en el PCUS no era nada satisfactorio: sustituir la autoridad omnipotente de Stalin, por la autoridad omnipotente del “partido revolucionario leninista”. El asunto no era el desplazamiento del hombre omnipotente al partido omnipotente (en nombre de la omnipotencia del saber leninista), sino la medula del fenómeno de la “autoridad omnipotente”. Derrida habla de los "fundamentos místicos de la autoridad". Nada místicos, amigo Derrida.
El planteamiento de Khruschev en aquellas circunstancias era típico de la retórica del: “te reconozco que… pero…): “Los méritos de Stalin son bien conocidos a través de un sinnúmero de libros, folletos y estudios que se redactaron durante su vida. El papel de Stalin en la preparación y ejecución de la revolución socialista, en la guerra civil, en la lucha por la construcción del socialismo en nuestro país, es conocido universalmente. Nadie lo ignora. En este momento nos interesa analizar un asunto de inmensa importancia para el partido, tanto ahora como en el futuro... Nos incumbe considerar cómo el culto a la persona de Stalin creció gradualmente, culto que en momento dado se transformó en la fuente de una serie de perversiones excesivamente serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido y de la legalidad revolucionaria.”
Haber violado “el principio de la dirección colegial en el Partido, concentrando un poder limitado en las manos de una persona” generó sus consecuencias prácticas. Había que retornar al espíritu leninista: “Durante la vida de Lenin, el C.C. del Partido fue la expresión real de un tipo de gobierno colegial, tanto para el Partido como para la nación. Debido a que fue un revolucionario marxista militante que jamás dejó de acatar los principios esenciales del Partido, Lenin nunca impuso por la fuerza sus puntos de vista a sus colaboradores.”
En ese momento, Khruschev reconoce que Lenin “(…) tuvo la visión, debido a su clara inteligencia, de percibir a tiempo en Stalin esas características negativas que posteriormente tuvieron consecuencias tan nefastas.
Es decir, pasaron "nada más y nada menos" que 33 años, para que Khruschev reconociera, a puertas cerradas, esta “clara inteligencia”: “Temiendo por el futuro del Partido y de la nación soviética, Lenin diagnosticó por escrito el carácter de Stalin y en forma absolutamente concreta, señalando que era necesario examinar la necesidad de desplazar a Stalin de su puesto de Secretario General, puesto que era un ser insolente en exceso hacia sus camaradas y también, porque, siendo caprichoso, podría abusar del poder.
Desplazamiento del tótem Stalin al totem Lenin, por una parte, reconocimiento abierto del carácter “insolente, caprichoso y que podría abusar del poder” de Stalin, quien efectivamente ocupó el poder absoluto de la URSS. ¿Un poco tarde, no?
Reconoce Khruschev: “En diciembre de 1922, en una carta al Congreso del Partido, Lenin dijo: «Después de tomar posesión del cargo de Secretario General, el camarada Stalin ha acumulado en sus manos un poder desmedido y no estoy seguro de que sea siempre capaz de usar este poder con el debido cuidado».”
Ahora si valora Khruschev que: “Esta carta, que es un documento político de inmensa importancia, conocida en la historia del Partido como testamento de Lenin, ha sido distribuida a los delegados del XX Congreso del Partido. Uds, la habían leído ya y sin duda la leerán nuevamente.”
Las “francas palabras de Lenin”, “expresan la ansiedad que sentía Vladimir Ilich respecto al Partido, al pueblo, al Estado y a la futura dirección de la política del Partido.”
Las expresiones de Khruschev aluden “obviamente” con los ideales de Lenin, sus ansiedades e inquietudes:
“Stalin es excesivamente insolente y este defecto, que puede ser tolerado en un militante cualquiera del Partido, se transforma en un defecto inaceptable en una persona que ocupa el cargo de Secretario General. Es por esto que propongo que los camaradas vean la manera de alejar a Stalin de este cargo y de colocar allí a otro hombre, uno que, sobre todas las cosas, difiera de Stalin en lo siguiente: mayor tolerancia, más lealtad, más bondad y una actitud más considerada y un temperamento menos caprichoso, etc., etc...»”
Treinta y tres años, una generación completa desde el punto de vista demográfico, vivió bajo una “gran mentira institucionalizada”. Contrastemos esta perspectiva con lo planteado por la Historia del propio Partido comunista en 1939, durante estos sucesos:
“La muerte de Lenin puso de manifiesto cuán estrechamente unido estaba el Partido bolchevique a las masas obreras y cuán entrañablemente querían éstas al Partido leninista. En el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., celebrado en los días de duelo por la muerte de Lenin, el camarada Stalin pronunció, en nombre del Partido, un solemne juramento. En él dijo: "Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que formamos el ejército del gran estratego proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada superior al título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de mantener en alto y conservar en toda su pureza el gran título de miembro del Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de velar por la unidad de nuestro Partido como por las niñas de nuestros ojos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de conservar y fortalecer la dictadura del proletariado. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no escatimaremos esfuerzo para ejecutar con honor también este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de afianzar, con todas nuestras fuerzas, la alianza de los obreros y campesinos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor igualmente este mandato!...El camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país, de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión Soviética. Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de reforzar y extender la Unión de las Repúblicas. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...Lenin nos indicó repetidas veces que el fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituye una de las más importantes tareas de nuestro Partido. ¡Juremos, pues, camaradas, que no escatimaremos esfuerzo para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra Flota Roja!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista!".Tal fue el juramento del Partido bolchevique a su jefe, a Lenin, cuya obra perdurará a través de los siglos.”
Y continua la historia oficiosa del Partido Comunista de 1939:
“En mayo de 1924, se celebró el XIII Congreso del Partido. Asistieron a él 748 delegados con voz y voto, representando a 735.881 afiliados. El enorme aumento de la cifra de afiliados al Partido, en comparación con la del Congreso anterior, tiene su explicación en las 250.000 altas, aproximadamente, de la promoción leninista. Los delegados con voz, pero sin voto, eran 416.El Congreso condenó unánimemente la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, como una revisión del leninismo, y ratificó las resoluciones votadas por la XIII Conferencia del Partido "Sobre la obra del desarrollo del Partido" y "Sobre los resultados de la discusión".”
Khruschev plantea en 1956 que este documento de Lenin “(...) se dio a conocer a los delegados al XIII Congreso del Partido, quienes discutieron la conveniencia de transferir a Stalin a otro cargo que no fuera el de Secretario General. Los delegados se declararon en favor de mantener a Stalin en su puesto, expresando su esperanza, de que él tomaría en cuenta las críticas de Lenin y izaría lo posible por sobreponerse a los defectos que causaban tanta inquietud a este último.
Y para completar el cuadro, Khruschev plantea lo siguiente: “Camaradas: el Congreso del Partido debe familiarizarse con dos nuevos documentos que confirman que el carácter de Stalin era tal cual lo había revelado Lenin en su testamento. Estos documentos son cartas de Nadejda Constantinovna Krupskaya [esposa de Lenin], a Kamenev, que en ese tiempo encabezaba el Buró político, y una carta personal de Lenin a Stalin.
Khruschev pasa a leer los documentos: “«Lev Vórisovich! Debido a una breve carta que escribí con palabras que me dictara Vladimir Ilich, con permiso de sus médicos, Stalin se permitió ayer dirigirse a mí con una violencia inusitada. Durante mis treinta años de militante, nunca había oído a un camarada dirigir palabras tan insolentes a otro. Los asuntos del Partido y de Ilich no son de menos significación para mí que para Stalin. En este momento necesito el máximum de dominio sobre mí misma. Lo que uno puede y lo que uno no puede discutir con Ilich lo sé yo mejor que cualquier médico, puesto que yo sé lo que le pone nervioso y lo que no le perturba; de cualquier modo sé estas cosas mejor que Stalin. Recurro a Ud. y a Grigory, por ser los camaradas que se hallan más cerca de V. I., y les ruego que me protejan de insolentes intromisiones en mi vida privada y de viles invectivas y amenazas. No tengo la menor duda respecto a cuál será la unánime decisión de la Comisión de Control, con la cual Stalin me amenaza; no obstante, tampoco tengo la fuerza ni el tiempo disponible para malgastarlo en querellas insensatas. Además, soy un ser humano que soporta en estos momentos una tensión nerviosa excesiva.»”
Dos meses y medio después de aquel incidente, en marzo de 1923, Lenin envió a Stalin la siguiente carta: “Al camarada Stalin. Copias para Kamenev y Zinoviev. «Estimado camarada Stalin: Ud. se permitió la insolencia de llamar a mi esposa por teléfono para reprenderla duramente. A pesar del hecho de que ella prometió olvidarse de lo dicho, tanto Zinoviev como Kamenev supieron del incidente, porque ella los informó al respecto. No tengo intención alguna de olvidarme fácilmente de lo que se hace en contra de mí y no necesito insistir aquí de que considero que lo que se hace en contra de mi esposa, se hace contra mí también. Le pido entonces que Ud. medite con cuidado acerca de la conveniencia de retirar sus palabras y dar las debidas explicaciones, a menos que prefiera que se corten nuestras relaciones completamente.Le saluda, Lenin. 5 de marzo de 1923».”
La conclusión de Khruschev es la siguiente: “Como los hechos posteriores lo han probado, la inquietud de Lenin fue justificada inmediatamente después de la muerte de Lenin, Stalin respetó en cierto modo los consejos de Lenin, pero más tarde comenzó a ignorar estas serias advertencias. Cuando analizamos la forma en que Stalin dirigió al Partido y al país, cuando nos detenemos a considerar todo lo que hizo Stalin, llegamos al convencimiento de que los temores de Lenin eran bien fundados. Las características negativas de Stalin, incipientes durante la vida de Lenin, lo llevaron, durante los últimos años de su vida a abusar del poder, lo que ha causado al Partido un daño ilimitado.”
Khruschev reconoce en 1956 que Stalin “(…) rehusó absolutamente tolerar una dirección colegial del gobierno y del trabajo y que procedió con una violencia salvaje, no solamente contra quienes se le oponían, sino también contra todo lo que pareciese, a su carácter despótico y caprichoso, contrario a sus conceptos. Stalin actuaba no a través de explicaciones, y de cooperación paciente con la gente, sino imponiendo sus concepciones y exigiendo una sumisión absoluta a su opinión. El que osara oponerse a algún concepto o intentara probar la corrección de su punto de vista y de su actitud, estaba condenado a que se le relegara del grupo dirigente colectivo y que se le sometiera posteriormente a la aniquilación física y moral. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere al período posterior al XVII Congreso del Partido, cuando muchos dirigentes del Partido y simples trabajadores honrados y afanosos del Partido, todos dedicados a la causa del comunismo, cayeron víctimas del despotismo de Stalin.”
Y luego Khruschev pasa a olvidar completamente lo que plantea Lenin en el propio testamento de Lenin a propósito de Trotski y Bujarin, cuando señala:
“Debemos atestiguar que el Partido ha tenido que reñir serias luchas contra los trotskistas, derechistas y nacionalistas burgueses, y que desarmó ideológicamente a los enemigos de Lenin. Esta guerra ideológica se llevó a cabo con éxito y, como resultado de ello, el Partido se templó y se fortaleció. En todo esto Stalin desempeñó un papel positivo. El Partido libró una gran lucha política y espiritual contra miembros de él que propusieron tesis anti-leninistas, que presentaron una línea política hostil al Partido y a la causa del socialismo. Esta fue una lucha enconada y difícil, pero necesaria, porque la línea política tanto del bloque trotskista-zinovievista, como del bujarinista conducía a la restauración del capitalismo y a la capitulación ante el mismo.”
Mientras Lenin trataba de impedir la escisión entre “dos destacados dirigentes del partido”, lo que plantea Khruschev es el desencadenamiento de las lucha entre fracciones, además de colocar dos fases: una de lucha ideológica y otra de fase represiva abierta:
“Vale la pena destacar que aún durante el proceso de la furiosa lucha ideológica contra los trotskistas, los zinovievistas, los bujarinistas y otros, no se usaron extremas medidas represivas contra ellos; la lucha se realizó en un terreno ideológico. Pero algunos años después, cuando el Socialismo en nuestro país estaba fundamentalmente estructurado, cuando las clases explotadoras estaban liquidadas, cuando la estructura social del Soviet había cambiado radicalmente, cuando la base social no permitía movimiento político o grupos hostiles al Partido, cuando los oposicionistas ideológicos del Partido se encontraban vencidos políticamente desde hacía tiempo, entonces comenzó una política de represión contra ellos.
Luego Khruschev reconoce como entre 1935-1938 se desencadena: “(…) la práctica de llevar a cabo persecuciones en masa a través de los mecanismos del Gobierno, primero contra los enemigos del leninismo, o sea trotskistas, zinovievistas, bujarinistas, derrotados desde hacía tiempo por el Partido, y posteriormente, también contra comunistas honrados y contra esos dirigentes del Partido que habían soportado la pesada carga de la guerra civil y los primeros y más difíciles años de la industrialización y la colectivización y que habían luchado activamente contra los trotskistas y derechistas para mantener la línea leninista del Partido.”
Y plantea una perla: “Stalin inventó el concepto de «enemigo del pueblo». Este término hizo automáticamente innecesario que los errores ideológicos de los hombres expresados en una controversia se comprobasen; este término hizo posible que se usaran los más crueles métodos de represión, violándose así todas las normas de la legalidad revolucionaria, cada vez que alguien estaba en desacuerdo con Stalin o que se sospechara en él una intención hostil o debido simplemente a que tenía una mala reputación. Este concepto de «enemigo del pueblo», finalmente, eliminó todas las posibilidades de que se desarrollaran luchas ideológicas o de que alguien pudiese dar a conocer su punto de vista respecto a cualquier problema, aunque ellos fuesen meramente de carácter práctico. En general y en realidad, la única prueba de culpabilidad valedera era la confesión y ella se usaba contra todas las normas de la legalidad, por cuanto se ha podido demostrar posteriormente que esas confesiones se obtenían presionando por medios físicos al acusado. Esto condujo a abiertas violaciones de la legalidad revolucionaria, y al hecho de que muchas personas enteramente inocentes, que antes habían defendido la línea del Partido, se transformaran en víctimas.”
La fórmula-estigma: «enemigo del pueblo» se creó con el objeto específico de aniquilar físicamente a tales individuos, sentencia Khruschev. Y pasa a contrastar el método leninista de lucha ideológica del “método estalinista”:
“Las virtudes de Lenin, paciencia para trabajar con la gente, persistencia para educarla, habilidad para inducirlos a seguirle sin utilizar métodos represivos sino más bien recurriendo a influencias ideológicas, le eran enteramente ajenas a Stalin. Stalin descartó el método de lucha ideológica, reemplazándolo por el sistema de violencia administrativa, persecuciones en masa y terror. Procedió a un ritmo siempre creciente a imponerse a través de los organismos punitivos, violando así con frecuencia todas las normas de la moral y las leyes soviéticas. El comportamiento arbitrario de una persona estimuló la arbitrariedad en otras. Las detenciones y las deportaciones en masa de muchos miles de personas, las ejecuciones sin previo juicio y sin una investigación normal del comportamiento de los acusados, engendraron condiciones de inseguridad, temor y aun de desesperación. Esto, es claro, no contribuyó a reforzar la unidad del Partido, sino, por el contrario, produjo la aniquilación y la expulsión del Partido de muchos trabajadores leales, pero molestos para Stalin.”
No hay que abundar en mayores detalles. Sin embargo, así como hay que temerle a las mentiras de los seres humanos, sobre todo a estos “super-hombres” omnipotentes capaces de cometer los peores abusos, hay que temerle más a las mentiras institucionalizadas por los partidos-aparatos, sus sectarismos y esquematismos ideológicos. No vaya a ser que cualquier día aparezca un Nikita Khruschev cualquiera (después de 33 años, por ejemplo) a decir que todo fue: ¡Todo era MENTIRA, la responsabilidad es del que ya esta muerto!.
Uno podría pensar que a falta de coraje en su oportunidad debida, lo mejor es la cobardía oportuna. ¿Cuál coraje? El de concebir el socialismo como una revolución democrática permanente, una democracia social, económica y cultural, no acotada a los límites de la democracia liberal.
Allá aquell@s con sus lealtades ciegas. Frente a un ser humano que “(…) se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible.”, hay que aplicarle la vieja anécdota del encuentro entre Alejandro Magno y el filósofo Diógenes de Sinope:
Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro Magno interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol.” Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”
En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
Iguales entre iguales, diferentes entre diferentes, comunes entre comunes. Sin rendirle culto a ninguna "autoridad omnipotente". Insumisión del espíritu. Allí está la clave de cualquier revolución.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿QUE PUEDE APRENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DEL TESTAMENTO DE LENIN?-PARTE I



Trotsky-Stalin Lenin Stalin-Bujarin

Javier Biardeau R.
Entre las “pequeñas anécdotas” de la historia de las revoluciones, puede llegar a ser significativo pasearse por el llamado “Testamento de Lenin”; documento indispensable para un balance crítico de inventario de las transiciones históricas al socialismo, incluyendo la llamada “revolución bolchevique”.
Mientras en Venezuela se siguen repitiendo en algunos espacios, los estribillos de la “gloriosa revolución bolchevique”, parece olvidarse la historia de sus sombras, lunares, tragedias y desastres. Se calca y copia una “fraseología revolucionaria”, asumiendo la impostura ideológica como señal de identidad política.
Algunos “loros” refractan ecos y frases de Lenin a los cuatro vientos, otros del Che, otros círculos rociados de cierta metástasis organizativa, rinden tributo a Trotski, y algunos sinvergüenzas copian a Stalin. Eso es lo que llaman “formación ideológica revolucionaria”, camaradas.
La falta de seriedad y rigor del pensamiento es parte de nuestra fauna política, de derecha y de izquierda. En algún momento del espectáculo teatral, han sido los loros de la derecha: Von Misses, Bohm-Bawerk, Hayek o Friedmann; los copiones de frases y fieles seguidores de la economía marginalista austriáca y de los Chicago Boys en Venezuela, tipo CEDICE o IESA, por ejemplo.
Pero ahora tenemos una nueva escena, otra pretensión de pensamiento único, loros bolcheviques: repetidores de Lenin, Trotsky, Stalin, Fidel y el Che. Y sigue el teatro de sombras.
No hay signos contundentes de alguna renovación crítica del pensamiento anti-capitalista. ¡Seamos como el Che!, dicen unos. A mi esto me huele a pose.
Por el camino que vamos, en algún momento se llegará a la siguiente escena: el famoso informe secreto de Nikita Khrushchev al XX Congreso del PCUS-1956. Uno espera esta escena con cierta expectativa. ¿Estará en el guión de quienes construyen los debates socialistas? ¿Se aprenderán las lecciones críticas, en pleno socialismo del siglo 21, en nombre del “autentico leninismo”, de los abusos de poder del camarada Stalin? ¿Se abrirá el debate crítico al “culto a la personalidad”, el modo soviético de cuestionar el personalismo-caudillismo? ¿A nadie le llama la atención que detrás de tantas siglas de derecha y de izquierda en Venezuela, exista una inveterada búsqueda del caudillo redentor? ¿Por qué nadie le paro bolas al aniversario de Simón Rodríguez?
Cito: “Napoleón quería gobernar el género humano: Bolívar quería que se gobernara por sí y Yo quiero que aprenda a gobernarse”.(Simón Rodríguez. Sociedades Americanas)
Que el pueblo aprenda a gobernarse. Ese planteamiento se lleva por los cachos a Lenin, Trotstki, Stalin, Fidel y el Che.
Un amigo mío cuyo nombre es paradójicamente Stalin (ni Rivas ni Borges), me dice que ese momento de debatir el personalismo-caudillismo de la dirección política no llegará. El guión parece ser otro. El culto reaccionario a los héroes, por un lado, y a masas arrastradas por la audacia y genialidad del caudillo, sigue presente en el imaginario político. Se dirá que es parte de nuestra inmadurez política. Otros dirán: ¡el informe Khrushchev nunca existió!, siguiendo la tesis del simulacro de nuestro camarada posmoderno Baudrillard.
Lo comprendo. Llamarse Stalin y tener que leer ese “informe secreto” puede ser un trago amargo, una cuestión de “identidad” para las victimas, y de “identificación” para los victimarios: ¿Y por que carajo a mi me pusieron ese nombre?, repite mi amigo Stalin.
Sin embargo, entre el Testamento de Lenin y el “auténtico legado leninista” del informe secreto, hay también algunas trampas interpretativas, o si se prefiere, hermenéuticas. El maoísmo, en aquel entonces, cuestionó a Nikita y a toda su banda de “revisionistas” por poner en entredicho, obviamente, la línea y cadena de mando que dictaba la formula política: Líder-Comité Central-Partido-Estado-Masas. Se disputaba la línea correcta del “Movimiento Comunista Internacional”.
Desde otra vertiente, también el trotskismo planteó que aquel informe secreto era solo para echarle la culpa a Stalin, y mantener incólume el verdadero “aparato estalinista”. No es poca cosa comparar las valoraciones contrastantes entre lo que se dice de estos acontecimientos en la oficiosa “Historia del partido comunista de la URSS”-1939, por ejemplo, y en el análisis de un trotskista como Pierre Broue en su obra: “El Partido Bolchevique”.
La historia tendrá “hechos”, pero cada agenciamiento de enunciación los relata desde su "punto de vista". ¿Cómo comprender no simples diferencias entre “camaradas marxistas”, sino incluso contradicciones que llegaban al antagonismo y a una línea militar “de baja intensidad”, si era preciso?
En la oficiosa “Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS”-1939 no se menciona siquiera el “Testamento de Lenin” como tal. Esas cartas nunca existieron, hasta que Nikita las desenterró. Se trataba ciertamente de un “silencio sintomático” que duró hasta 1956. Dos años antes del derrocamiento de Pérez Jiménez en nuestro espacio-tiempo. ¿Qué les parece?
A lo que si se refería este texto oficioso de 1939, que Stalin quería atribuirse en la autoría, es a la “nueva agresión contra el Partido y contra su dirección”, en momentos en que Lenin “se veía clavado en el lecho”, por la llamada “conspiración trotskista”.
Con relación a esto, a mi me luce que nuestra izquierda cavernaria no ha superado ni los manuales de “comunismo científico”, tipo Asanasiev, que se repiten encubiertos en clave guevarista, ni esa vulgar “sociología burguesa de la desviación”, que enceguecida de la pasión paranoica del estalinismo, asume un macartismo en clave de izquierda; donde detecta cualquier potencial de critica y creación, solo etiqueta: - “conspiraciones, conspiraciones, conspiraciones” -.
La izquierda cavernaria venezolana ha mostrado ser la refracción de ecos ideológicos, con una fuerte dosis de “efecto demora” de mediana duración. Es como si afirmáramos que el debate entre el Che y Bettelheim sobre el “calculo económico” fuera el quid del asunto para construir el socialismo en las actuales circunstancias. Si así fuese, ¿que es lo que pasó y pasa en Cuba con el legado teórico del Che y con la política económica de la revolución cubana?
En vez de un “análisis concreto de la realidad concreta”, tendremos una suerte de “volver al futuro”. Así leen la realidad algunos sectores. Con esquematismos, con estereotipos vetustos, como si estuviésemos en 1963-1965.
Otros círculos la leen como la leía Stalin:
En la lucha contra el Partido leninista, se unieron todos los grupos de la oposición: los trotskistas, los "centralistas democráticos", los restos de los "comunistas de izquierda" y de la "oposición obrera". En su declaración, estos elementos profetizaban una terrible crisis económica y el hundimiento del Poder Soviético y exigían, como única solución, la libertad de existencia de fracciones y grupos. Era una lucha encaminada al restablecimiento de las fracciones, que habían sido prohibidas por el X Congreso del Partido, a propuesta de Lenin.”
¿Monolitismo de partido en torno a la figura del Gran Líder (y padrecito de Rusia) ó reconocimiento de tendencias, corrientes y matices para construir la conducción colectiva del proceso, ahora llamadas “fracciones divisionistas”?
En el fondo, el problema seguía siendo un viejo problema de la historia de las revoluciones leninistas: la disyunción entre democracia y socialismo, justamente el problema que no se quiere enfrentar en la práctica en Venezuela, por la inercia de los prejuicios de una izquierda cavernaria que siguen diciendo que la democracia es “un valor e idea pequeño-burguesa”. Y agregan: - la Constitución de 1999, ¡un papel toilette! -.
En eso les llevan una morena histórica los que fundaron el PRV en México, los que construyeron el PRP o el primer PDN en el país. Aquellos sabían que significaba una Asamblea Constituyente. A nosotros parece que se nos olvidó ya. Digan lo que digan, esas generaciones al menos trataron de configurar rupturas intelectuales y ético-políticas. Construyeron cierta fuerza hegemónica, cierto arrastre de multitudes.
Pero, ¿cuál revolución se construirá repitiendo fraseologías, esquematismos, doctrinarismos que ya no hacen vibrar esperanza revolucionaria alguna?
Incluso, hay quienes suponen que el término “revolución democrática” fue un invento de Betancourt para distraer a la izquierda revolucionaria. Pero no camaradas, fue el propio Lenin quién le metió a este asunto. Hay que decirlo.
Sin embargo, en el “Testamento” el problema para Lenin era otro: el problema de la posible escisión del CC del Partido bolchevique, la implosión del prestigio del aparato entre las masa obrero-campesina de Rusia. ¿Cómo salvar al partido-aparato? No será con más aparato, como efectivamente termino haciendo Stalin.
Leamos el testamento de Lenin. Allí hay claras indicaciones contra el burocratismo, hay muchos reconocimientos que enseñarían a nuestros cavernarios, como problematizar que cosa es una revolución sin una dirección política en la cuál se haga presente la fuerza organizada de una clase trabajadora, del pueblo trabajador, al menos, que no sea ni aparatero, ni esté llena de los prejuicios, ni ambiciones de privilegios ni sumisiones al "partido-maquinaria" (¿How are you Iturriza?).
Leamos la Carta de la plataforma de los 46. Leamos la condena oficiosa del estalinismo al trotskismo como desviación pequeñoburguesa del marxismo, para aprender de donde carajo surgió ese estilo de condenar y liquidar “desviaciones ideológicas” (¡Del estalinismo, camaradas!). Leamos "Las enseñanzas de Octubre" de Trotski. Luego, comprenderemos la magna conclusión de la historia oficiosa estalinista: “El camarada Stalin desenmascaró la tentativa de Trotski de suplantar el leninismo por el trotskismo.” El camarada Stalin replicó con "Sobre los fundamentos del leninismo", que vio la luz en 1924. Esta obra era la “exposición magistral y una fundamentación teórica muy seria del leninismo, que pertrechó entonces y sigue pertrechando hoy a los bolcheviques del mundo entero con el arma aguzada de la teoría marxista-leninista.”
Leamos con otros ojos lo mal que hemos leído las tradiciones de todos los marxismos. El archivo enterrado no es el mismo archivo de los manuales y recetarios de hacer revoluciones a la carta, hechas en la URSS, hechas en China o hechas en Cuba.
¿Cuándo comprenderemos que cada transición post-capitalista es específica y particular, que sus respuestas requieren crítica y creación, y no “calco y copia”?
Estamos en pleno 1924. Allá muere Lenin. Aquí, mandaba como le venía en gana, el más caudillo de todos: Juan Vicente Gómez. Grandes contrastes históricos. Pero, ¿cuál fue el archivo de prácticas y discursos con los cuales se construyó la idea de izquierda revolucionaria en Venezuela?
Mientras por allá, estallaban las disputas por la sucesión de Lenin, se trastocaba la política de la Internacional Comunista y del propio partido comunista de la URSS, aquí se ensayaba una particular apropiación-recepción del marxismo. ¿Cuál marxismo? Ciertamente, no el de Marx, por cierto. Pequeño detalle.
Luego nos enteraremos de la complejidad del Continente Marx. Nos enteraremos de todo aquello que escribió y de lo que ningún leninista de aquellos se enteró. Obra abierta, crítica e inconclusa, además insuficiente y en aspectos centrales: ya sin vigencia. Oh, terror…
Léase bien. Hay que ir más allá de Marx y de toda la tradición de los muertos. Hay que apostar por saberes y teorías críticas para imaginar y pensar transiciones post-capitalistas De eso tratan las revoluciones. Ya no basta decir de manera grandilocuente: “Sin teoría revolucionaria no habrá praxis revolucionaria”. Malas noticias.
El asunto es preguntarse, ¿Y ese archivo de prácticas y discursos, del que tanto nos jactamos? ¿Es hoy revolucionario?
Continuará…

lunes, 4 de enero de 2010

LO QUE NO APRENDIO EL SOCIALISMO BUROCRATICO DEL CULTO A LA PERSONALIDAD

Javier Biardeau R.
Las revoluciones democráticas y socialistas (y desde este momento descolonizadoras y eco-politicas) se definen por la participación de las multitudes, por el empoderamiento popular, por el protagonismo de las mayorías en las decisiones fundamentales que permiten superar las condiciones de explotación económica, coerción política, hegemonía ideológica, exclusión social, degradación ambiental y negación cultural.
Una revolución democrática y socialista se desnaturaliza y desvanece cuando comienzan a aparecer los “operadores de sustitución” y los llamados “acróbatas audaces”; es decir, cuando en vez de la democracia consejista y el autogobierno popular, se construyen modelos analógos al elitismo político de derechas.
Cuando ya no es el pueblo organizado, ni el poder popular lo fundamental, sino la dirección de un partido (si es "único" mejor), de una burocracia de estado o el culto a la infalibilidad del líder supremo, allí comienza no el “giro hacia la izquierda”, sino el "giro hacia la derecha"; y quizás, hacia la "extrema derecha".
El pensamiento marxiano, como una de las referencias del pensamiento crítico socialista, nunca postuló ni el culto a la personalidad, ni la veneración supersticiosa a la burocracia de estado, ni la existencia de partidos únicos. Quienes si postularon el “principio del caudillo”, la estadolatría, así como la existencia de un partido con estructura, funcionamiento y disciplina militar, fueron los fascistas, nazis y falangistas; es decir, la extrema derecha.
El liderazgo revolucionario, democrático, socialista, descolonizador no puede confundirse con el “principio del caudillo” de cuño despótico, a pesar que las demandas, aspiraciones y expectativas de un colectivo de expresen o articulen de manera histórica y contingente en el “momento del líder”. Un liderazgo puede condensar, amalgamar y catalizar una voluntad colectiva nacional-popular, pero tiene que existir una fuerza de masas a ser resumida y catalizada, para que no sea un simple espectáculo personalista. Pues lo que diferencia claramente la derecha de la izquierda, es la relación entre este “momento del líder” y el decisivo “momento del protagonismo popular”, como mandante de las decisiones políticas fundamentales, pues siempre será distinto “mandar obedeciendo al pueblo” que “mandar sometiendo al pueblo”, que "mandar sobre el pueblo en nombre del pueblo".
Luego del colapso del “socialismo burocrático-despótico” en la URSS y de su zona de influencia, no puede postularse ningún socialismo para el siglo XXI, que no sea parte de una revolución democrática en sentido constituyente, como democracia radical, deliberativa, participativa y protagónica, como democracia contrahegemónica de alta intensidad.
Lo que define el avance o el retroceso revolucionario, es la profundización o no del proceso popular constituyente, de la democracia sustantiva, dele ejercicio contrahegemónico del poder, de las deliberaciones, de las decisiones, no la exaltación del partido único o de algún mito del "cesar infalible".
No hay nada más sencillo para los instrumentos del Imperio, o para un “putsch” de las derechas oligárquicas, que decapitar políticamente a una dirección revolucionaria, que comience a mostrar graves síntomas de deslegitimación y pérdida de apoyo popular, o que deposite toda sus herramientas de lucha en el apoyo a cualquier líderazgo uninpersonal-caudillista con “pies de barro”.
El momento del líder requiere de bases sociales de apoyo fuertes, requiere de momentos de protagonismo popular decisivos, requiere de una multitud popular organizada y movilizada tras un proyecto histórico de liberación, construido, labrado por la experiencia de lucha de los actores, movimientos y fuerzas sociales.
Obviamente, a los lideres históricos hay que preservarlos, hay que apoyarlos y protegerlos, pero no hay que elevarlos al “panteón de los semidioses”, a venerarlos con la más rastrera actitud de adulancia palaciega, ni diseminar apoyos automáticos, o considerarlos infalibles. No hay lideres infalibles, ni que deban ser seguidos con una lealtad que se asemeja a la sumisión incondicional, pues la democracia socialista es la mas alta expresión de autoridad compartida, de autogobierno, de superación de la naturalizada división entre gobernantes y gobernados.
Los líderes históricos se construyen en y desde el diálogo crítico con el protagonismo popular. No hay mejor apoyo a un liderazgo histórico, que la sustitución de un “pueblo-masa de maniobra”, por un pueblo protagonista de su historia, por una voluntad colectiva con base a su proyecto histórico de liberación, que sustituya el orden histórico de dominación y jerarquía, por la red de cooperación para el trabajo vivo, por la conquista de espacios de lo común en libertad: una asociación de hombres y mujeres libres.
Por tanto, el culto a la personalidad sigue siendo una desventaja y una debilidad a la hora de valorar el avance hacia la construcción de un proyectohistórico de liberación y una democracia socialista. Aquí podríamos aprender de la evaluación que realiza el historiador marxista venezolano Oscar Bataglini de los errores del mismísimo Bolívar en los comienzos de la fase Republicana de nuestra historia (de la República distante a la Colonia Interior; 2009, p.164), cuando señala que Bolívar: “(…) dispuso de todas las ventajas que potencialmente le hubieran permitido crear una estructura de poder político y militarmente estable, capaz de convertirse en fuerza hegemónica; es decir, en la dirección ético-política que guiara el proceso constituyente de las repúblicas suramericanas (o al menos de aquellas en las que actuó más directamente) de acuerdo a las prefiguraciones contenidas en su proyecto político.”
Pero el mismísimo Bolívar no logra avanzar en la constitución de un centro de dirección política en parte por la persistencia de una dirección política unipersonal-caudillista, que “le impide disponer orgánica y permanentemente de la síntesis de un complejo de opiniones para reducir el margen de error en el diseño y ejecución de los planes políticos concretos que sirven para la realización del proyecto político”.
Más que la simple adhesión o sujeción carismática con el “momento del líder”, Bataglini valora los principios que le otorgan legitimidad y la continuidad histórica del proyecto de liberación, púes allí reside el núcleo configurador de la praxis transformadora. Ningún culto a la personalidad, ni bonapartismo, ni dirección personalista-caudillista, ni estilo de liderazgo autoritario, ni cesarismo puede estar por encima de la definición colectiva del proyecto político de liberación social.
No se avanza en un proceso popular constituyente desde la debilidad de la conducción colectiva. Un Estado-Comuna puede colapsar en un Estado-Leviatán (como señala Aguilera del Prat: La teoría bolchevique del Estado socialista (2005), p.90-95) si se consolida un sistema de “nomenclatura” de fusión del Partido-único con el Estado, desparece el pluralismo competitivo, desaparezcan los dispositivos institucionales y populares de control del poder, si se anula la sustancia de la democracia socialista que radica en la crítica radical de la lógica de la dominación, de la centralización y concentración del poder, si se elimina la democracia participativa, deliberativa y directa.
Una apología del culto a la personalidad, constituye entonces la fase superior del espíritu del sectarismo. Se trata de una mezcla explosiva de despotismo, que opera generando mayor entropía, desorganización, desaliento y disipación en los cuadros de dirección del proceso revolucionario, pues dada la ausencia de una efectiva radicalización de la democracia en un sentido sustantivo (que constituye la bandera política más importante de la revolución bolivariana para el empoderamiento popular), la llamada “democracia protagónica revolucionaria” se vivencia cada vez más como espejismo, es decir, como simulacro e ilusión política.
Emergen voces que se autodefinen de izquierdas, pero que asumen las formas de discurso, propaganda y de legitimación de la peor de las derechas, las que le rinden culto a la infalibilidad del “principio del caudillo”, cuyo origen fue, es y será de todos modos reaccionario. Lo plantearemos sin tapujos: el “principio del caudillo” y el principio de "veneración superticiosa de la burocracia de estado" son principios simplemente fascistas. Allí están Mussolini, Hitler y Franco, para muestra histórica de nuestros “aprendices del culto a la personalidad”, para sumisión a la estadolatria.
Las tendencias cesaristas y sectarias contribuyen con los espirales de descontento, desencanto y desconcierto (las 3D de la derrota) en las bases sociales de apoyo del proceso nacional-popular que se activó formalmente el año 1998. Sus posturas de promoción de la lealtad ciega configuran debilidades, anticipan derrotas, y como ocurre en estos casos, sus estados de alienación subjetiva y sus cuadros paranoicos-regresivos proyectan los esperables “chivos expiatorios”, fuera del círculo de su propia responsabilidad política e ideológica. Al parecer no aprendieron cuáles fueron los factores críticos de la derrota de la reforma constitucional, lo que da lugar a la afirmación de que en Venezuela no hay 4 millones y medio de oligarcas. Aunque practican el seguidismo ideológico y el tutelaje del castrismo, en este punto no leen ni asimilan a Fidel.
El sectarismo en la “política de izquierdas” siempre conlleva una alta dosis de temeridad, desesperación e irresponsabilidad, de aventurerismo que deriva en la búsqueda de seguridad en el mito del mesianismo redentor. Esto no es nada novedoso en la historia del sectarismo, pero lo paradójico es que se acumulan innumerables ejemplos en la historia, y aún así, se siguen repitiendo los mismos consejos y errores.
Se trata de una patética incomprensión de fondo de los procesos de transición al socialismo como proceso de cambio histórico-estructural de mediana y larga duración, en al menos un bloque de países, lo que supone que no hay socialismo en un solo país, ni se puede confundir socialismo con una deformación burocratica dele stado de transición, ni que se construya desde arriba, por decreto, sin la intervención protagónica y decisiva de las mayorías populares.
Si tan fervientemente aparentan ser lectores y diseminadores del marxismo soviético de los años 50, desde donde extraen como “novedad”, por ejemplo, la tesis de la “conciencia del deber social” (¿Toby Valderrama-Antonio Aponte & C.A. dixit?), perteneciente a las frases literales y sintagmas del llamado “código moral del constructor del comunismo” (frase que aparece como madato moral, como desvergonzado "calco y copia" del marxismo burocrático soviético), podrían pasearse por algunos enunciados del informe secreto de Nikita Khrushchev del 25 de febrero de 1956 (http://www.marxists.org/espanol/khrushchev/1956/febrero25.htm):
“Es ajeno al espíritu del marxismo-leninismo elevar a una persona hasta transformarla en superhombre, dotado de características sobrenaturales semejantes a las de un dios. A un hombre de esta naturaleza se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible. Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre, especialmente hacia Stalin, durante muchos años.”
Obviamente, la camarilla que controlaba el PCUS, trataba de excusar sus responsabilidades colectivas, trataba de pasar por alto su compromiso con la degeneración burocratico-despótica d ela revolución de octubre, tratando de enterrarlas con el cadáver de Stalin, pues se trataba de conservar intacto “los principios del Partido, de la democracia del Partido y de la legalidad revolucionaria”.
Así mismo, en los tan mal citados diccionarios y manuales soviéticos (Rosental y Iudin) se define por culto a la personalidad a la "Ciega inclinación ante la autoridad" de algún personaje, ponderación excesiva de sus méritos reales, conversión del nombre de una personalidad histórica en un fetiche."
Según los manuales: "La base teórica del culto a la personalidad radica en la concepción idealista de la historia, según la cual el curso de esta última no es determinado por la acción de las masas del pueblo, sino por los deseos y la voluntad de los grandes hombres (caudillos militares, héroes, ideólogos destacados, &c.). Es propio de diversas escuelas idealistas atribuir un valor absoluto al papel de las personalidades eminentes de la historia (Voluntarismo, Carlyle, Jóvenes hegelianos, Populismo)."
Tomando como referencia los trabajos de Plejanov, se reitera que "el marxismo-leninismo examina el papel de la personalidad, del dirigente, en estrecho vinculo con el curso objetivo de la lucha de clases, con la actividad histórica de las masas del pueblo. Ni siquiera la experiencia del más genial de los dirigentes puede sustituir la experiencia colectiva de millones de personas. El culto a la personalidad es profundamente adverso al marxismo-leninismo, que por su propia naturaleza, es la ideología de las inmensas masas trabajadoras, con cuyas manos se transforma la sociedad capitalista en comunista".
El llamado revisionismo soviético llegó a plantear que:
"En la práctica, el culto a la personalidad socava los principios democráticos de los partidos comunistas y de la sociedad socialista. Sólo podrá asegurarse el éxito de la lucha contra el culto a la personalidad, tanto en la sociedad socialista como en los Partidos comunistas, si se desarrollan por todos los medios la democracia, los principios leninistas de la construcción del Estado y del Partido".
Se trata de volver al carril leninista, luego del despropósito Stalinista. Una fórmula que deja intacta la reflexión crítica y el balance de inventario de las formulaciones de la ortodoxia bolchevique, que no asume la crítica radical del pensamiento marxiano del imaginario jacobino blanquista. Pues el asunto no estaba solo en el culto al individuo, ni en la violación del principio de la dirección colegial en el Partido, concentrando un poder limitado en las manos de una persona, sino que todo partido que liquide la diversidad, la democracia (interna y externa) y el desacuerdo, produce como contraparte del sectarismo, el culto a la personalidad. Y por ese camino, lo que se garantiza el reflujo del proceso popular constituyente.
Es posible comprender históricamente la transfiguración de la revolución bolivariana, como revolución nacional-popular de emancipación, en "revolución chavista", con su seguidismo ideológico del castrismo cubano, y todos los formatos asociados a este estilo político de bonapartismo de izquierda, incluyendo sus rituales de devoción a la personalidad heróica el "Comandante". Esto implica el acatamiento sin crítica de las expresiones en la opinión pública del Comandante, y la estigmatización de las críticas y desacuerdos, desde las descalificación de las manidos recursos a la traición, pasando por la infiltración de los servicios de inteligncia extranjero, hasta llegar a las amenazas. Un verdadero cuadro paranoico-regresivo que muestra las debilidad de este formato de mediación política, que muestra los verdaderos impasses que genera cualquier mito cesarist en la política de izquierdas.
Más que seguidismos ideológicos, de adulancias palaciegas, el destino de la revolución democrática y socialista en Venezuela se juega en la recuperación histórica de procedencias críticas como las que habitaron en algún momento de nuestra propia historia (sin necesidad de tutelaje ideológico extranjero) en tiempos del constitución de los primeros nucleos revolucionarios, como el PRV, el PRP (Partido Republicano Progresista) o en el propio PDN (Partido Democratico Nacional); es decir, organizaciones políticas de izquierda que promovian el debate programático del ideario socialista en las condiciones específicas de la revolución venezolana.
Pues en estas organizaciones había al menos un profundo debate ideológico y político, una profunda busqueda y construcción de referencias ideológicas, y no un permanente llamado policial a la disciplina, al silencio de los verdaderos problemas de la revolución, a la lealtad ciega y obediente, al "calco y copia" (o su versión siglo-XXI de "cortar y pegar") que parecen más afines a los espíritus de secta, que a la construcción de un profundo debate socialista para el siglo XXI.
De eso se trata, del socialismo para el siglo XXI desde múltiples perspectivas y corrientes de debate, y no al monologo que se impone desde la propaganda bancaria y desde nuestra etapa superior del sectarismo (Freire dixit), la que impone la cartilla monótona, el discurso cada vez más desgastado de la ciga sumisión al culto a la personalidad.