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jueves, 30 de julio de 2015

Epa Toby Valderrama, ¿no recuerdas cuando Chávez dijo que era "socialdemócrata"?

Javier Biardeau

La pregunta no es casual, es parte del escaso reconocimiento del variopinto paisaje ideológico que se dibuja en un análisis histórico y teórico-ideológico del llamado “Legado de Chávez”.
Ya lo habíamos polemizado en otros artículos [1]. Luego de la partida física de Chávez, cada quien (cada grupo, corriente o tendencia) pretenderá apropiarse de un aspecto, una imagen, representación, práctica y discurso de Chávez a su conveniencia (y riesgo).
Para Toby Valderrama, fundamental es reivindicar al Chávez revolucionario, cristiano, bolivariano, marxista y guevarista; para otros, quizás el asunto es de nacionalismo y árbol de las Tres Raíces, para un tercer grupo, el asunto es de “chavismo sentimental”, para otro bando, era trotskista, luchaba por un nuevo programa de transición y una nueva internacional. Incluso habrá quienes vean a un nacionalista-popular, o un “majadero de la historia”, hasta aquellos que no veían sino sus fantasmas sobre Stalin, o incluso la imagen del socialdemócrata al estilo Kautsky, para no hablar de Berstein o de Willy Brandt.
De modo que sin orden ni concierto, quizás hay un Chávez para todos los gustos y disgustos. Ante el insistente y recurrente tópico del llamado de Toby Valderrama a demarcar un campo “reformista socialdemócrata” de un campo “revolucionario socialista” en el proceso bolivariano, incluso para juzgar el errático curso del Gobierno de Maduro, uno se pregunta: ¿Y dónde quedaría parado Chávez si se trazan verdaderas fronteras ideológicas, bajo el rigor de un análisis teórico-ideológico e histórico del discurso y acción del propio líder de la revolución bolivariana?
No hay que omitir intencionalmente determinados hechos históricos. En una entrevista dada al actor estadounidense Sean Penn en 2008 (cuando ya se había declarado el carácter “antiimperialista” y “anticapitalista” de la Revolución); luego de sendas visitas a Venezuela y Cuba, titulada “Conversations with Chavez and Castro” (Conversaciones con Chávez y Castro), el presidente Chávez se definió a sí mismo como “socialdemócrata” e incluso, a contracorriente de lo expresado por Guevara en la conferencia de Punta del Este, expresó su admiración por John Fitzgerald Kennedy.
¿Dijo usted Kennedy, aquel que osó invadir la Cuba revolucionaria con un cuerpo de mercenarios en 1961? Veamos lo que dice el extracto de la entrevista publicada originalmente en la revista The Nation [2]:
“ –¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel? Chávez dice: –Fidel es comunista, yo no. Yo soy socialdemócrata. Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no. Un día discutimos sobre Dios y Cristo. Le dije a Castro: “Yo soy cristiano. Creo en los Evangelios Sociales de Cristo”. Él no. Simplemente no cree. Más de una vez Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, que no estamos en los años sesenta.”
¿Qué evaluación hacemos entonces de estas palabras? ¿Nunca existieron, nunca se dijeron, las barremos bajo la alfombra?
Continuemos con extractos de aquella entrevista:
“–Ya ve –dice Chávez–. Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un profesor para mí. Un maestro. No en ideología, sino en estrategia.”
De modo, que cualquier socialdemócrata avispado le diría a Toby Valderrama: “Viste Toby, Chávez se definió a sí mismo como socialdemócrata y como cristiano, no como comunista ni marxista-leninista ni guevarista”.
Al parecer, Chávez asumió la maestría de Fidel en cuestiones estratégicas, pero al construía su propio perfil ideológico con elementos y vertientes de un caleidoscópico repertorio de citas y referencias.
Sin embargo, el asunto no es tan simple como atribuirle una identidad fija a Chávez (quizás la de Bolivariano pudiese ser una de las más estables). La cuestión es que Chávez en su devenir histórico, se movió bajo la influencia de varias vertientes ideológicas de izquierda, populares y nacionales, incluso llego a coquetear con la fraseología de la “tercera vía” (que era algo peor que la socialdemocracia histórica; a decir, una fórmula de compromiso entre socialdemocracia y neoliberalismo, o liberalismo social).
Pero la misma figura histórica de Chávez, luego divulgó masivamente frases y discursos del Che o Fidel, poniendo a rodar las fórmulas ideológicas puestas en circulación por el propio Grano de Maíz y Toby Valderrama (como la llamada “Conciencia del Deber Social” que se incorporó a leyes y hasta al propio estatuto del PSUV), cuando el mismo Toby Valderrama fungía como voz cercana al círculo de liderazgo presidencial.
¿No ha sido acaso Valderrama el que ha señalado que una revolución es un asunto de conciencia, de vanguardia política y moral revolucionaria siguiendo a pie juntillas las formulaciones del Che? ¿Existe una verdadera apropiación crítica sobre el Che, o se omite que estas formulaciones derivan de la relación de Guevara con el propio marxismo-leninismo soviético, sobre manera luego del XXII congreso del PCUS?
Hagamos otra pregunta: ¿O se trata acaso, por otra parte, en Chávez de un permanente “transformismo ideológico”?
Quizás por allí entramos a factores y condiciones que explican la virulencia con que Toby Valderrama se posiciona ante el accionar del gobierno de Maduro (cosa legitima por cierto a la luz de las severas preocupaciones que existen sobre el curso del proceso bolivariano), así como en una época Valderrama se posicionó en contra de la influencia de Marta Harnecker, del CIM, de Meszaros o por otro lado, ante Miguel Pérez Abad (FEDEINDUSTRIA), para no hablar del tan denostado Heinz Dieterich.
Se trata nada más y nada menos de luchas por el control de la hegemonía ideológica en el seno del campo bolivariano. Y estas ideologías se encarnan en determinadas figuras, políticas y espacios de poder. El asunto es que el espacio-poder de Toby Valderrama se ha ido estrechando progresivamente (como de otras corrientes críticas que no comparten sus ideas con Valderrama), y el de otras corrientes, se ha ido ampliando. Valderrama diría que ha avanzado el “reformismo” y que la “revolución” ha entrado en severo retroceso y peligro.
¿Cuáles ideas y valores tienen la supremacía, la influencia social mayoritaria en el proceso bolivariano? Toby Valderrama pugna porque sea la visión que él representa, la ideología que marque el contenido y dirección del proceso, que condicione el despliegue de las políticas contrarias al discreto encanto de la pequeña burguesía, o más patéticamente, y con otras palabras, de una nueva clase económico-política. Pero al parecer, la cosa va por otros lares. O lo que es peor, por ninguno y todos a la vez.
No olvidemos a Chávez cuando hablaba sobre John F. Kennedy, pues hoy se pregunta Toby (como muchos otros) de que se trata esto del acercamiento de figuras fundamentales del Gobierno Bolivariano y del Partido PSUV con Consejeros del Departamento de Estado de los EE.UU como Tomas Shannon. ¿Maniobras tácticas, ganar tiempo, neutralizar presiones, conquistar el espacio de respeto y soberanía, pactos, sometimientos, claudicaciones?
Quizás podamos escuchar a Toby diciendo que estas acciones “confunden a la masa”, le quitan sus “razones sagradas” para la acción y el sacrificio revolucionario. En fin, que han vaciado de moral el proceso, ubicándolo en la acera de los estímulos materiales, del cuanto hay pa´ eso. Es decir, lo que Toby llama socialdemocracia, pero con acentos distintos a la valoración que hizo Chávez en la entrevista en cuestión.
Por mi parte diría que ha fallado una aproximación sin anteojeras hacia el legado del propio Chávez, con sentido crítico y reflexivo hacia la propia figura, discursos y acciones de Chávez, para encontrar allí sus posicionamientos y espacios de maniobra, incluso en el terreno mismo de las ideas. Leamos:
“–Yo era un muchacho –dice-. Kennedy era la fuerza impulsora de la reforma en Estados Unidos.
Sorprendido por la afinidad de Chávez por Kennedy, Chistopher Hitchens se suma a la conversación y menciona el plan económico de Kennedy para Latinoamérica, contrario a Cuba: –¿Fue algo bueno la Alianza para el Progreso?
–Sí –dice Chávez–. La Alianza para el Progreso fue una propuesta política para mejorar las condiciones. Apuntaba a reducir la diferencia social entre culturas.”
Esas son las palabras textuales de la entrevista publicada. Queda la duda razonable que recojan las palabras de Chávez fielmente. ¿Quién puede pensar que ese era el significado estratégico de la llamada “Alianza para el Progreso”?
Y en la entrevista también Chávez señaló:
“–Señor presidente… si Barack Obama sale elegido presidente de Estados Unidos, ¿aceptaría usted una invitación para volar a Washington y reunirse con él? Chávez dijo sin dudarlo: –Sí.”
Este tipo de hechos han sido invisibilizados porque generan preguntas directas sobre la “cuestión del socialismo en Venezuela” y la cuestión concreta del “antiimperialismo” (¿Es más retórico que real?).
Si Chávez hizo su primera declaración política pública acerca de la necesidad de construir una sociedad socialista en el Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre, a comienzos del año 2005, también señaló que debía formularse “en acuerdo con las ideas originales de Marx y Engels”. En julio de 2007, el presidente Chávez planteó durante una edición de su programa televisivo “Aló Presidente”, una toma de distancia hacía el marxismo-leninismo: “El Partido Socialista Unido de Venezuela no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy (…) tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”.
¿Qué pensarían factores políticos aliados al proceso bolivariano que defienden la vigencia de tales tesis?
De modo, que pueden existir otra hipótesis: el caleidoscópico repertorio simbólico e imaginario donde se movió Chávez hace del Socialismo Bolivariano más que un significado ideológico preciso, un uso político aplicado a determinados contextos donde se transformaban relaciones de fuerzas. Los referentes revolucionarios fueron cambiando y las circunstancias del poder determinaron sus usos y desusos.
Chávez encarnó una suerte de figura del “acróbata audaz” en el empleo de un variado abanico de semántica ideológica de izquierdas, donde la estrategia de articulación de léxicos políticos no era ajena al análisis de un campo de poder.
Aunque moviéndose en el campo del nacionalismo popular revolucionario, fue fijando sus énfasis ideológicos al calor de las coyunturas; y finalmente abrazó con menor ambigüedad el horizonte anticapitalista (Plan de la Patria y Golpe de Timón), para dejar quizás a sus “hijos ideológicos” sin aire para seguirlo de cerca en su maratónica lucha que giro alrededor del campo de poder. Quizás ni siquiera sus “hijos políticos” estaban interesados en cuestiones ideológicas sino en la compleja trama de la pragmática maquiavélica de conquistar, conservar o disputar del poder.
De modo que lo que plantea Toby Valderrama, no es más que un síntoma de la severa “crisis de orientación ideológica” del proceso bolivariano, cuyo papel casi exclusivo había sido asumido por la personalísima figura del Liderazgo de Chávez, a pesar de todas las influencias hipotéticas que pretendan atribuirse a su pensamiento. Allí resuena con fuerza el carácter cesarista de su liderazgo, aunque sus seguidores no vieran lo que suponía una crisis (por ausencia) de esta particular forma de mediación política.
De tal manara que el asunto ni siquiera es si hay “reformismo o revolución”, sino si se trata acaso de una orfandad ideológica, de vacío de consistencias y de coherencia de un repertorio de “ideas-fuerza para la acción de gobierno y de la política bolivariana”; y no la presencia espontánea (cultura popular) o programada (cultura masiva y propaganda) de símbolos, referentes imaginarios, manifestaciones culturales o de leyendas metabolizadas en clave popular luego de la partida física de Chávez.
El riesgo al vaciamiento de ideas-fuerza se paga con el corto plazo de las políticas erráticas que ya ni siquiera se reconocen en las 3R, en la Constitución de 1999, en las 3R al cuadrado y mucho menos en el Plan de la patria o el Golpe de Timón. Sin advertirlo el vacío de consistencia de las ideas-fuerza encarnadas en un liderazgo con prestigio y representatividad, se transformó en una crisis de direccionalidad de la política. Quizás todas las encuestas mientan. Vale la pena entonces acercarse a las voces y experiencias de la calle paseándose de paisano, sin muchos parapetos oficiales, para averiguar por dónde van las cosas.

sábado, 15 de octubre de 2011

DINOSAURIOS, MINOTAUROS Y UNICORNIOS:

Para el diseño de los socialismos democráticos y democracias socialistas en el siglo XXI, nos encontramos ante un paisaje rodeados de “Dinosaurios”, “Minotauros” y “Unicornios”.

Los Dinosaurios traducen las viejas referencias teórico-ideológicas, que se repiten como doctrinas coaguladas o cristalizadas, los marxismos-leninismos de todos los pelajes, inventados y codificados en tiempos estalinistas, expresando la cosificación o la alienación del “pensamiento revolucionario”, el olvido de la potencia marxiana, un Marx ya no crítico ni creativo, ni abierto ni inconcluso, sino repetitivo, calco y copia, tradición, doctrina y ortodoxia. Dinosaurios propagadores de dogmas inmodificables, ajenos a la falibilidad, ajenos a la rectificación histórica, ajenos a la invención, como se ha diseminado pues: si la teoria no da cuanta de la realidad, entonces “peor para la realidad”.

Los Minotauros, expresión del sacrificio despótico y totalitario que transcurre como sombra de poder en la utopía concreta acrata, socialista y comunista, cuando de ellas se apodera la hubrys, la desmesura del poder como lógica de la dominación fría, calculadora y cargada de la pasión por colocar a otros en el lugar obsceno de la sujeción, del sometimiento, en objeto de servidumbre, lugar de todos los laberintos y gulags que se han construido en nombre de la emancipación, paradoja autoritaria que remite no al terreno de la objetividad histórica como justificación de los desmanes, sino al propio terreno de la subjetividad revolucionaria, cuando es devorada, engullida, desintegrada por la tentativa del fascismo social, por el sectarismo, por el discurso-Uno, por la degradación de la política revolucionaria convertida en purga, paranoia y policia; en fín, cuando en la subjetividad revolucionaria se ha interiorizado la identificación con el agresor y con el victimario: el “buen revolucionario” se ha convertido en “agente de represión”, persecusión y tortura. Los minotauros traducen la muerte de la critica y de la creación heroica, apologia del sacrificio, maquiavelismo extremo del poder por el poder, simple técnica para conquistarlo y conservar el dominio y su arrogancia a cualquier precio.

Los Unicornios remiten a las fábulas de la utopia cuando no se extravían los caminos de la Emancipación, a los fuegos bajo el agua a los que se refirió Isacc Pardo, cuando publicó uno de los más hermosos tratados sobre el Principio Esperanza, de manera comparable a la obra de Ernst Bloch, quien apelo al marxismo cálido como metáfora de confrontación ante el marxismo frio de las nomenclaturas, lucha pues contra todas las vallas mentales y físicas, contra todos los encierros, condición fundamental de los Unicornios sera la de derribar todas las jaulas y prisiones: mentales, morales, religiosas, económicas, sociales preexistentes, superación de gobernadores, satrapas, tiranos, patriarcas e inquisores. Luchas contrahegemónicas en fín, para colocarnos frente a frente no ante el mundo cerrado sino ante diversas perpectivas que son espacios de posibilidades. Hay algo más que una simple oposición entre lo “viejo” y lo “nuevo”, artilugio moderno por excelencia, o entre aquello que forma parte del un pasado “realmente existente” y de un “mundo imaginario” y por tanto, posible; sino una invocación a la prudencia experimentalista para no caer de nuevo en las diversas figuras de la Barbarie, encarnadas en los despotismos de derecha y de izquierda.

Los unicornios encarnan, entonces, la imprescindible conexión entre la democracia, el socialismo y la emancipación, sin la cual, la utopía merece devenir, como diría el filósofo pragmático y liberal-democrático, Richard Rorty, una “fantasía privada”, hasta tanto no se reencuentren efectivamente los hilos de Ariadna para tejer entre múltiples y singulares subjetividades los caminos de la emancipación.

sábado, 27 de agosto de 2011

DESMONTANDO EL SECTARISMO Y LA DECADENCIA DOGMÁTICA DEL "MARXISMO SOVIÉTICO":

Javier Biardeau R.

1. El mapa de las corrientes marxistas:

Estimados y estimadas lectoras, si usted quiere aproximarse a un examen de las corrientes múltiples que se han inspirado en la obra abierta e inconclusa de Carlos Marx, hay que pasearse por las páginas del monumental texto titulado “Las principales corrientes del marxismo” (Leszek Kolakowski), para ubicar luego allí a la subespecie de la variante leninista del marxismo ruso hasta llegar a la decadencia del estalinismo. Allí comenzaría la travesía por el territorio del “marxismo soviético”, por sus apologistas, sus postulados, sus perfiles y por sus impactos en el llamado “Tercer Mundo”, incluyendo a América Latina y el Caribe.

2.- Importancia de la crítica al “marxismo soviético”:

¿Por qué detenerse a analizar el “marxismo soviético”? Porque ha sido el principal legado y referencia teórica de lo que en nuestras latitudes, en nuestro espacio-tiempo histórico, en nuestra geografía de la experiencia y estructura de sentimientos, ha constituido la reducción, simplificación y estereotipo del “pensamiento crítico de Carlos Marx”, y sobre todo, del pensamiento crítico y creativo para construir la democracia socialista.

Para luchar por desmontar el dogmatismo y el sectarismo, consideramos que hay que romper radicalmente con el troquelado de las figuras del “marxismo soviético” en nuestro continente, sobremanera con toda la subcultura de manuales de “comunismo científico”, que se diseminaron y se sedimentaron como versiones oficiosas de la “teoría revolucionaria”, incluyendo las recepciones, apropiaciones y recreaciones que del “marxismo soviético” hicieron personajes como José A. Mella, Aníbal Ponce, e incluso el propio Che Guevara y Fidel Castro (hasta donde uno puede rastrear en una lectura exhaustiva del Che, este se definía a sí mismo como “marxista-leninista”, haciendo elogios incluso al manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen).

3.- Cuidado con el sectarismo y el dogmatismo en la revolución:

Porque en la revolución cubana, por ejemplo, el sectarismo y el dogmatismo no se refieren sólo a los eventos relacionados con la figura de Aníbal Escalante y las llamadas “micro-fracciones”, sino que con parte constitutiva de la propia implantación del “marxismo soviético” en la formación de generaciones enteras de simpatizantes, cuadros y militantes, asfixiando las iniciativas de recreación abierta, reconstrucción crítica, renacimiento y trascendencia de ésta figura del “marxismo-dogma”.

4.- El “Che” también bebió el veneno del marxismo-dogma:

No podríamos pasar por alto aquellas frases del Che donde afirmó que: “Se da una nueva experiencia revolucionaria a América, se demuestra cómo las grandes verdades del marxismo-leninismo se cumplen siempre; en este caso, que la misión de los dirigentes y de los partidos es la de crear todas las condiciones necesarias para la toma del poder y no convertirse en nuevos espectadores de la ola revolucionaria que va naciendo en el pueblo.” (Guevara: “El partido marxista-leninista”).

O cuando el Che concebía al Partido Unido de la Revolución como el “exponente del marxismo-leninismo en las nuevas condiciones de Cuba” (Guevara: “El partido marxista-leninista”). O cuando se habla de “marxismo” como “guía para la acción”, pues ya se han “descubierto las grandes verdades fundamentales, y a partir de ellas, utilizando el materialismo dialéctico como arma, se va interpretando la realidad en cada lugar del mundo.” (Guevara: “Sobre la construcción del Partido”) Otro ejemplo se refiere al hablar de “verdades absolutas descubiertas por el marxismo, no inventadas, no establecidas como dogmas, sino descubiertas en el análisis del desarrollo de la sociedad.” (Ibid). Y finalmente con mayor claridad cuando señala que: “En otros términos, el marxismo, a nuestro entender, es único y respecto a él, sólo pueden existir divergencias en la aplicación de la doctrina en los diversos países”.

Por tanto, a pesar de que la tensión entre ortodoxia marxista-leninista y heterodoxia (enfatizada por las investigaciones de Michel Löwy o Néstor Kohan), se ve cada vez acentuada al final de su desarrollo ideológico, las ideas y valores del Che siguen estando relacionadas constitutivamente con la implantación del “marxismo soviético” en América Latina y el Caribe; en fin, el Che trató de “(…) buscar la mejor solución a nuestros problemas dentro de los principios del marxismo-leninismo”. (Guevara: “Las bases materiales del socialismo”).

5.- Mariátegui y la heterodoxia de la tradición:

Como planteara Mariátegui, tal vez al final de su obra revolucionaria, el Che vivió las tensiones de “la heterodoxia de la tradición”: “Porque la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación de un pasado en un presente sin fuerzas, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre.” (Mariátegui: Heterodoxia de la tradición).

O como señalara Mariátegui en su “Defensa del marxismo”: “la herejía es indispensable para comprobar la salud del dogma”. En este orden del discurso: “Los verdaderos revolucionarios no proceden nunca como si la historia empezara con ellos. Saben que representan fuerzas históricas, cuya realidad no les permite complacerse con la ultraísta ilusión verbal de inaugurar todas las cosas.”.

Para Mariátegui, no hay que confundir tradición con “tradicionalismo”, con “doctrinarismo”, con actitud conservadora, inmóvil y fósil. Allí hay una clara indicación para determinar que cosa es el “dogmatismo”.

El dogmatismo es inmóvil y su apelación a la tradición es una identificación con el cementerio de pensamientos críticos y creativos. La tradición se crea y se recrea, pero también se socava y se destruye. Puede existir renacimiento, renovación y enriquecimiento, pero también congelamiento, fosilización y petrificación. Matan la tradición del pensamiento revolucionario, los que la quieren fija, absoluta, simple inercia y prolongación de un pasado en un presente sin fuerza.

Para Mariátegui, en cambio, hay que estrenar una tesis revolucionaria sobre la tradición del “pensamiento crítico marxiano”, para indagar las líneas de posibilidad de su ulterior trascendencia. Habla de la tradición, en su complejidad y multiplicidad, no del “marxismo soviético, entendida la primera como patrimonio y continuidad histórica, pero abordando su complejidad y diversidad. Pero a la vez, sin cerrar la posibilidad de derrumbar sus más invulnerables principios o axiomas, generando una subversión en el propio marxismo. ¿Cómo subvertir la realidad sin subvertir las estructuras ideológicas que la mantienen, incluyendo las "teorías revolucionarias" que son tapaderas burocráticas para impedir el poder constituyente y la revolución democrática permanente?

Hay que abrir el espacio a los revolucionarios iconoclastas, no se trata de sólo de una fórmula gratuita, como sugería Mariátegui. Hay que evitar el “doctrinarismo”, reconociendo que las negaciones intransigentes tienen un papel dialéctico. Hay dogmatismo y sectarismo cuando nos apegamos a un conjunto de reliquias inertes y símbolos extintos. Cuando comprendemos una tradición como una receta escueta y única. Porque la tradición es heterogénea y contradictoria en sus componentes. El fetichismo de la tradición y de creencia fija e inmóvil, esto es dogmatismo y conduce casi invariablemente al sectarismo.

El revolucionario tiene del pasado una imagen animada y viviente, cargada de potencialidades, mientras que el tradicionalista es incapaz de representárselo en su inquietud y su fluencia. Quien no puede imaginar el futuro, tampoco puede, por lo general, imaginar el pasado, decía Mariátegui, pues la historia no es ni museo ni momia: “Los revolucionarios encaman la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensación de acabamiento o desencanto. Pero entonces se constata, inexorablemente, su enve¬jecimiento y su decadencia.” (Mariátegui; Heterodoxia de la tradición)

6.- Contra la izquierda sectaria y grupuscular:

Este síntoma de envejecimiento y decadencia es parte de la izquierda sectaria y grupuscular. Por tanto, hay que reivindicar las expresiones creativas, heréticas, críticas, del pensamiento revolucionario, agarrar la historia por su lado activo, instituyente-constituyente, pues si no, abordamos la sociedad desde el abandono o la abdicación de la voluntad de vivir, renován¬dose y superándose incesantemente.

Abandonar de una vez el legado del “marxismo soviético” implica desgarrarse del pesado fardo que no deja caminar livianamente un proceso de transformación. Pues en muchas ocasiones incluso nuestra historia, es una historia en la que la lucha contra la opresión, es invadida por las categorías de los opresores y ella también se convierte en una historia de “héroes”, de “grandes personalidades”, que terminan limitando nuestra autonomía en el presente, siendo prisioneros de los arquetipos del pasado.

La emancipación es posible respecto de la negación de la pesadilla del tradicionalismo, afirmación de lo posible, de la prefiguración y la configuración. Pues, dentro de la constelación marxista hay múltiples y contradictorias corrientes y tendencias (desde el marxismo de los consejos, hasta el marxismo estadólatra; desde el marxismo libertario, hasta el marxismo despótico; desde el marxismo humanista al marxismo anti-humanista); corrientes diversas que se disputan el legado teórico del pensamiento crítico y la acción revolucionaria de Carlos Marx.

Pero el estalinismo explícito o entrelíneas, por ejemplo, es parte de toda la escatología “marxista-leninista” en clave de manuales de “comunismo científico” (Ver, por ejemplo, Afanasiev). Obviamente, desde las interpretaciones del marxismo euro-céntrico, autoritario, dogmático, estatista y sectario, no se llegará muy lejos en la revolución bolivariana. Son parte de su callejón sin salida, de la revolución bloqueada.

Desde este bloqueo histórico, teórico y estratégico se cancela el espíritu radicalmente crítico y creativo, se cierra todo clima intelectual que de paso a las construcciones teóricas más ricas, vitales y creativas, se cancela la recreación de su revolución teórica inconclusa, se recae en la apologética de cualquiera de los “regimenes despóticos” que caracterizaron el socialismo real en el siglo XX.

7.- Necesitamos definiciones y deslindes del socialismo burocrático:

¿Queremos definiciones? No queremos que el socialismo sea “calco y copia”, repetición de dogmas estériles y cultivo de una izquierda sectaria y grupuscular. Tal vez, algunos miembros de cierto “pelotón sectario”, cuyos desvaríos dañan al clima de debate constructivo y re-agrupamiento de tendencias de apoyo de la revolución bolivariana, podrían revisar algunas páginas de Alvin Gouldner: “Los Dos Marxismos”, para detectar sus aspiraciones proféticas, milenaristas, religiosas, más cercanas a Weitling que a Marx.

O si el “pelotón sectario” llega a encandilarse por los prejuicios y dogmas hacia pensadores (¡Ah, los peligrosos “revisionistas”!) que desgarraron en su tiempo las aproximaciones doctrinarias y dogmáticas del pensamiento crítico de Marx; sería también conveniente revisar el “Diccionario de pensamiento marxista” de Tom Bottomore, dar cuenta de auténticas renovaciones de las reflexiones marxistas. ¿Quieren definiciones? Cambien de diccionario, porque los manuales URSS o de la burocracia política, ya no poseen ni consistencia ni legitimidad.

O quizás, deban releer la trayectoria teórica e intelectual de personajes como Adam Schaft (Polonia) o Istvan Meszaros (Hungría-Gran Bretaña), para comprender porque sigue siendo obligante una ruptura existencial con todo el engaño y autoengaño de los regimenes despóticos del antiguo campo soviético, del bloque de países que conformaron el socialismo irreal del siglo XX. Pueden encontrar definiciones enciclopédicas en el monumental esfuerzo del “Diccionario Histórico-Crítico del Marxismo”, referido por Wolfgang Fritz Haug, para comprender que una cosa es Marx, y otra los “marxismos”.

Lo que se derrumbo en 1989 y se transfiguro ya desde 1921 en la URSS, no fue propiamente socialismo sino un sistema que usurpó su nombre y acabo por ser su negación. Escúchese bien, 1921, X Congreso del Partido Bolchevique, liquidación de la "oposición obrera", Kronstadt, luego liquidación de la "oposición de izquierda", persecución contra todo lo que pudiera en cuestión el “leninismo oficioso”. La genealogía del socialismo burocrático puede rastrearse de manera meticulosa y precisa para dar cuenta de su despotismo, su burocratismo, su dogmatismo y su sectarismo.

Más cerca de nosotros (Nuestra América), el “pelotón sectario” podría dejar de propagar las tesis dogmáticas del pensamiento único de izquierda, llevarnos al callejón sin salida del estalinismo disfrazado de retórica espiritualista. Los auténticos paralizadores son los que nos recitan el calco y copia del siglo XX, el servilismo ideológico a la revolución rusa ó a la revolución cubana.

8.- El bloqueo revolucionario está relacionado con que no podrá atacarse el reformismo desde el dogmatismo y el sectarismo:

Ciertamente el “reformismo” habita en los entretelones del proceso, pero también habita el más atroz y arcaico “sectarismo”, el “dogmatismo” de las vanguardias auto-proclamadas. Si queremos definiciones, estamos sólo en los primeros pasos de una transición hacia nuevos figuras de socialismo que requiere de imaginario crítico radical; y no doctrina fósil y dogma estéril.

El socialismo ni cae del cielo ni se decreta. No es producto de la voluntad individual de un héroe ni de una “gran personalidad histórica”, llámese como se llame. El momento decisivo de la batalla es la cotidianidad de la edificación del nuevo socialismo por parte de grandes grupos humanos, por la acción colectiva revolucionaria. La profundización de la revolución no se hace en clave de encajonarse en los parámetros del socialismo real del siglo XX. Por ejemplo: no pueden confundirse las nacionalizaciones con las socializaciones, disipando la autonomía de las clases trabajadoras que no ejercen efectivamente el control directo y democrático de la propiedad colectiva en el sector de economía bajo régimen de propiedad social directa. Tampoco puede proyectarse una idea reaccionaria, tributaria de la sociología funcionalista que concibe la integración social por la vía del estatismo y el rol positivo de una burocracia reaccionaria (¿?). Tampoco puede proyectarse la tesis carcomida del sistema político de partido-único, olvidando la existencia de una pluralidad de fuerzas y corrientes revolucionarias. No puede confundirse la acción cultural por la libertad con una moral de rebaño que apela a la más burda servidumbre voluntaria, típica del colectivismo autoritario.

El socialismo burocrático no ha funcionado sino como modelo de campo de concentración, como dispositivo de vigilancia y control despótico, así los límites de sus murallas imaginarias, sean comprendidos bajo las fronteras del mar de la felicidad. No nos hagamos los locos, dejémonos de servilismos.

9.- La centralidad estratégica de la democracia socialista:

Agregamos, la revolución en el siglo XXI si es posible como revolución democrática, socialista, ecológica y descolonizadora. De allí la centralidad estratégica de la democracia socialista. Lucha contra la explotación del trabajo, contra la coerción política, contra la hegemonía ideológica, contra la exclusión social, contra la segregación, discriminación y negación cultural.

La temeridad en circunstancias de bloqueo histórico de la revolución es el sectarismo, el doctrinarismo y el dogmatismo de la izquierda grupuscular, las malas opciones nos permiten afirmar con afectos alegres: no queremos ni socialdemocracia-reformista ni estalinismo-ramplón, hacen falta construir la democracia radical de los consejos del poder popular, sin necesidad de derrumbar la soberanía popular directa y el poder constituyente de la multitud.

Rechazamos el Estatismo, como lo rechazó Marx en todo momento, apostamos por lo que Gramsci denominó el horizonte de la “Sociedad Regulada”. Atacamos el caudillismo, el culto a la personalidad y cualquier mitología bonapartista/cesarista de bajo vuelo. Lo repetimos, no hay revolución sin acción de multitudes, sin agencia colectiva, sin fuerzas sociales y políticas en proceso de liberación.

Contra-revolucionario es hoy hacer gala de dogmatismo y sectarismo desde un “pelotón grupuscular”, desde la “propaganda bancaria”. Contra-revolución hoy es la micro-fracción y decadencia, el envejecimiento y la fosilización. ¿Definiciones? Sigamos.

Se precisa ojear la excelente compilación de Renán Vega: “Marx y el siglo XXI. Una defensa de la historia y del Socialismo”, para dar cuenta de cómo el “marxismo crítico latinoamericano” no tiene nada que ver con los nostálgicas imposiciones de la III internacional comunista, ó las pretensiones hegemónicas de fracciones de la dirección de la propia revolución cubana. No hay nada más decadente que la unilateralidad impositiva en cuestiones ideológicas implicadas en los procesos de “autodeterminación nacional”. El “internacionalismo revolucionario” pasa por el respeto a las vías nacionales y específicas de socialismo democrático y revolucionario en el siglo XXI.

10.- ¿Dónde está el pensamiento contra-hegemónico e insurgente de la revolución?

No podemos pedirle a la miopía intelectual de cualquier grupúsculo o “pelotón sectario” que aborden con espíritu radicalmente crítico, con dosis de multiplicidad y complejidad, la obra abierta, inconclusa y revolucionaria de Carlos Marx, que aborden sus implicaciones para el siglo XXI nuestro-americano. Mucho menos, exhortarles a ir más allá de Marx: para transitar del pensamiento crítico y abierto de aquel barbudo alemán, a figuras diversas de teoría crítica radical. En el plano del pensamiento insurgente, no hay concesiones a disfraces del Diamat-Hismat en clave de aparato intelectual. No queremos nuevos inquisidores y sicofantes de la “teoría revolucionaria” correcta, de la “línea política” correcta, del “dogma, la fe y la creencia” correcta.

El “revisionismo” y el “reformismo”, según las viejas fórmulas terminológicas y liturgias filo-estalinistas, eran rotulados como un producto intelectual contra-revolucionario. Ciertamente, habrá que estar vigilantes al reformismo, cuando las reformas no conduzcan a crear condiciones revolucionarias, pero más vigilantes hay que estar cuando las supuestas “medidas revolucionarias” contribuyan al reflujo popular y al avance de la fuerzas imperialistas y de la derecha en el país.

La patética historia de la decadencia del pensamiento crítico y la acción revolucionaria (y sobremanera, del “pensamiento crítico marxiano” en Venezuela) es la condición de posibilidad del dogmatismo y el sectarismo de izquierda. Una izquierda grupuscular que bebió exclusivamente para su formación ideológica y teórica del “marxismo soviético”, ofrece una patética y simplificada visión de Marx y de la reflexión revolucionaria; y sobretodo, del debate contemporáneo en los nodos intelectuales más significativos para recrear formas de pensamiento contra-hegemónicos desde el Sur, reconociendo de entrada la diversidad de posiciones y lugares de reflexión-acción anticapitalistas.

11.- ¿Importaremos viejos Manuales-URSS para “calcar y copiar”?

Si las fuentes autorizadas son las lecturas que desde la revolución cubana (incluyendo al propio Fidel y al Che, cuando no cierta sensibilidad análoga a aquella corriente de Aníbal Escalante y las micro-fracciones) se asimilaron de los afamados Manuales de la URSS (Konstantinov, Rosental, Iudin, Kuusinen, Y. A. Arbátov, A. S. Beliakov, Rosental y P. N. Fedoséiev, Afanasiev & CIA), entonces el resultado es previsible. Para no ir muy lejos, la crítica burocrática al dogmatismo será elaborada en clave dogmática (Ver como ejemplo: Rosental-Iudin; Diccionario Soviético de Filosofía-1965):

“Dogmatismo: Término que posee diferentes significados. En filosofía y ciencia, designa un procedimiento del pensar que opera con conceptos y fórmulas invariables, sin tomar en consideración las condiciones concretas de lugar y tiempo, o sea, haciendo caso omiso del principio que afirma el carácter concreto de la verdad. La aparición del dogmatismo está unida al desarrollo de las representaciones religiosas, a la exigencia de que se acepten por la fe los dogmas de la Iglesia, establecidos en calidad de verdad indiscutible, no sujetos a crítica y obligatorios para todos los creyentes. Los partidarios del escepticismo grecorromano, incluían en el dogmatismo toda doctrina positiva acerca del mundo. En la Época Moderna, Kant llamó «dogmática» la filosofía racionalista desde Descartes hasta Christian Wolff y le contrapuso su criticismo. En la filosofía moderna, el dogmatismo está unido a las concepciones anti-dialécticas que niegan la idea de la variabilidad y del desarrollo del mundo, y también a la sociología burguesa que se manifiesta contra la teoría marxista relativa al desarrollo de la sociedad y la transformación revolucionaria de la realidad. En la vida política, el dogmatismo conduce al sectarismo, al abandono del marxismo creador, al subjetivismo, a no tomar en consideración la práctica. En las condiciones de nuestros días, el dogmatismo, junto con el revisionismo, constituye un gran peligro para el movimiento obrero internacional. Los partidarios del dogmatismo se manifiestan contra la política de la coexistencia pacífica, no reconocen las vías pacíficas (en ciertas condiciones), del paso, al socialismo, la necesidad de restablecer las normas leninistas en la vida interna del partido, etc.”

¿Abandono del marxismo creador? ¡Cinismo!. Primer punto a considerar. Si llamar al pensamiento crítico y creativo sólo “marxista-leninista” es condición de imposibilidad de una expresión radicalmente creativa y crítica del pensamiento revolucionario. Sigamos.

“El sectarismo tiene su base ideológica, en el subjetivismo, o sea, en la concepción idealista y burguesa del mundo, aquella que pretende hacer creer que las ideas no nacen de la práctica social sino que tienen vida propia, independiente de la práctica de los seres humanos. En el sectarismo se manifiesta el deseo de aislarse de las amplias masas, de resolverlo todo a través de un grupo, una secta o un clan de escogidos. Es una expresión de extremo individualismo y de desprecio, desconfianza y temor a las masas del pueblo. Es una tendencia propia de las clases explotadoras. A través, de la historia, la burguesía ha recurrido a toda clase de organizaciones sectarias, como logias, hermandades, sociedades secretas, grupos terroristas, conciliábulos, etc., para alcanzar sus fines políticos y defender sus intereses de grupo.”

Muchas críticas al individualismo, al egoísmo, a la fragmentación se hacen desde la tesis del desprecio, desconfianza y temor a lo que los maoístas llamaron las “masas populares”. ¿Dijo usted pueblo? Para la “vanguardia auto-designada”, pueblo es reformismo, dividiéndolo en pueblo-ignorante (manipulado por la ideología dominante) y pueblo-revolucionario (el que piensa como el “clan de elegidos”); la micro-fracción revolucionaria(el “pelotón sectario”), define entonces a el “mal-pueblo” del “buen-pueblo”. Como todo buen pastor, edifica y domestica a su rebaño.

La enfermedad senil del vanguardismo es parte de este subjetivismo, combinado con la racionalización terminológica de representaciones religiosas, con la exigencia de que se acepten por fe los dogmas de la nueva iglesia, un espíritu de claustro establecido en calidad de verdad indiscutible, no sujeto a crítica y obligatorio para todos los creyentes. Se trata del vanguardismo-iglesia, o con mayor rigor de la combinación explosiva de dogmatismo con sectarismo, con sus sacerdotes, escribas, figuras totémicas y tabúes.

Reza el Manual: “El sectarismo se basa en un criterio dogmático hacia determinadas tesis y fórmulas teóricas, en las que se quiere encontrar solución a toda clase de problemas de la vida política. En vez de estudiar la vida tal cual es, los dogmáticos parten de un esquema, y si los hechos no se acomodan a él, prescinden de los hechos. El dogmatismo significa el divorcio de la realidad, y el Partido, si no lo combate, se convierte en una secta apartada de la vida. Los deseos de aferrarse al día de ayer, a una política y unas formas orgánicas que no responden a las nuevas condiciones, significan de hecho, como Lenin dijo, "una política de inacción revolucionaria... "(V. I. Lenin, Obras, ed. cit., t. XVI, pág. 84.)

“Lo principal en él es el divorcio que se establece con las masas, el desprecio de las posibilidades existentes para el trabajo revolucionario, la tendencia a evadir los problemas candentes que la vida presenta. Si el revisionismo trata de conciliar al Partido con el capitalismo, el sectarismo le priva de los vínculos con las masas, sin los cuales el éxito en la lucha contra el capitalismo es imposible. Por ello no se puede robustecer al Partido sin combatir el sectarismo, cualquiera que sea la forma en que se manifieste.”

12.- Hay una conciencia del deber social que huele a contrabando ideológico:

Nuestro “pelotón sectario” ha diseminando como “psicología de masas para consumo de desprevenidos” el uso y abuso de la manida frase de “conciencia del deber social” sin hacer referencia a su inscripción en el universo del discurso del llamado “Código moral del constructor del comunismo” (y tal vez de allí la leyó el mismísimo “Che”), formulado en el Programa del PCUS (XXII Congreso 1961), como reza el dogma: “(…) enuncia los principios fundamentales por los que debe guiarse el hombre que edifica la sociedad comunista. Como hemos dicho, la moral comunista está supeditada a los intereses de la lucha de clase de los obreros. Su contenido y objetivo es la lucha por el reforzamiento y culminación del comunismo. Desde su punto de vista, la conducta del hombre es moral si contribuye al avance de la sociedad hacia el comunismo, y es amoral si obstruye este avance. Por consiguiente, la lucha por la nueva sociedad es tanto la finalidad principal de la moral comunista como el criterio de la apreciación moral, criterio científico, objetivo, que expresa la tendencia objetiva del desarrollo de la humanidad. El código moral explana el contenido de la moral comunista, sintetizando los adelantos del progreso ético de la humanidad y, en primer lugar, los mejores rasgos del comportamiento del hombre en el proceso de construcción del socialismo y el comunismo. Incluye los siguientes principios éticos fundamentales:

• Fidelidad a la causa del comunismo y amor a la Patria socialista.
• Trabajo concienzudo en bien de la sociedad; quien no trabaja no come.
• Solicitud de cada individuo por la conservación y multiplicación del patrimonio público.
Alta conciencia del deber social, intolerancia para con las infracciones de los intereses sociales.
• Colectivismo y ayuda mutua de camaradas; uno para todos y todos para uno.
• Actitud humana y respeto recíproco entre los individuos: el hombre es amigo, camarada y hermano de sus semejantes.
• Honradez y sinceridad, pureza moral, sencillez y modestia en la vida pública y privada.
• Respeto recíproco en la familia y desvelo por la educación de los hijos.
• Intolerancia para con la injusticia, el parasitismo, la falta de honradez, el arribismo y el afán de lucro.
• Amistad y fraternidad entre todos los pueblos de la URSS, intolerancia para con la enemistad nacional y racial.
• Intolerancia para con los enemigos del comunismo, de la paz y de la libertad de los pueblos.
• Solidaridad fraternal con los trabajadores de todos los países, con todos los pueblos.

Estos principios determinan las normas de comportamiento de los hombres en la sociedad socialista, sus conceptos de lo bueno y malo, lo honesto e ímprobo, lo justo e injusto.” (Afanasiev; 219)

Este es el contrabando ideológico de la nueva definición socialista: las “grandes verdades universales” de los Manuales Soviéticos, la forma de captar el dogmatismo y el sectarismo, desde las mismas limitaciones o restricciones de la verdad del dogma y de la secta.

¿Quiénes están llevando a cabo estos farragosos contrabandos ideológicos que traducen una verborrea filo-estalinista? ¿Estás contribuyendo efectivamente al avance de un proceso revolucionario inédito, como el que se ha perfilado en algunos momentos en Venezuela?

El dogmatismo y el sectarismo pretenden arrinconar la reflexión radicalmente crítica y la autonomía política e ideológica de los sectores populares, en nombre de un “oficialismo” que en realidad es el aroma espiritual de la “nomenclatura”.

Frente a una variante de marxismo burocrático, que es simple racionalización de los imperativos de los privilegios y el poder político de una “nueva clase en proceso de consolidación”, es imprescindible no olvidar los dardos venenosos del propio Marx hacia toda veneración supersticiosa del Estado y sus burócratas de turno. Pues el marxismo crítico se hunde en la decadencia en el mismo momento en que se transforma en un dogma análogo a una religión secular.

Como advirtió alguna vez el actual presidente montonero de Uruguay, Pepe Mujica: "El problema de la unidad de la izquierda, del sectarismo, vieja enfermedad que acompaña a la izquierda, a lo largo y a lo ancho de su vida arriba del planeta". O como advirtió en la polémica temprana de la vida cultural durante la revolución cubana: “El culto a la personalidad no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”. (Jorge Fraga en polémica con Mirta Aguirre, sobre el realismo socialista en el cine cubano-1963) O como nos ha advertido Atilio Borón ante la derrota del frente para la victoria en Buenos aires: “Mientras el oficialismo nacional hacía gala de un discurso que invocaba al pluralismo y la amplitud de miras, su práctica era de una cerril intransigencia (…) una visión estrecha, mezquina, egoísta y a la larga suicida.”

Habrá que volver a leer al Che de 1962 cuando señaló que: “Si, nosotros también desorientados por el fenómeno del sectarismo, no alcanzábamos a recibir del pueblo su voz que es la voz más sabia y orientadora, no alcanzábamos a recibir las palpitaciones del pueblo para poder transformarlas en ideas concretas, en directivas precisa”. (Che Guevara. Discurso 20-10-1962. Acto de conmemoración del II aniversario de la unificación del movimiento juvenil cubano)

13.- La “razón amorosa” puede encerrar una clave sectaria cuando se carga de hostilidad:

Tendríamos que estar vigilantes al sectarismo y al dogmatismo frente a una clara advertencias de Freud en el “Malestar en la Cultura”: “Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes.” O aquella otra que plantea: “Una vez que el apóstol Pablo hubo hecho del amor universal por la Humanidad el fundamento de la comunidad cristiana, surgió como consecuencia ineludible la más extrema intolerancia del cristianismo frente a los gentiles”.

O volver a discutir aquella inquietud de Freud: “(…) nos parece harto comprensible el que la tentativa de instaurar en Rusia una nueva cultura comunista recurra a la persecución de los burgueses como apoyo psicológico. Pero nos preguntamos preocupados, qué harán los soviets una vez que hayan exterminado totalmente a sus burgueses.”

Frente a los prejuicios conservadores de Freud, hay que recordar a Wilheim Reich cuando analizando la realidad de porqué las personas no somos capaces, a veces, de asumir la libertad que en momentos determinados se abre, habló de los dos motivos que llevaron a las revoluciones al fracaso:

a.-La incapacidad de los líderes y gobernantes de facilitar a la masa la toma de responsabilidades propias y el uso de su propia gestión de la vida cotidiana, es decir, la negación de la autogestión.
b.-La propia incapacidad de cada persona para asumir esa libertad que puede ser recuperada en un momento determinado. No hay capacidad de responsabilidad ni de compromiso porque los límites de la coraza de carácter imponen una forma de percibir la realidad, una dinámica condicionada por la zona oscura inconsciente y por los impulsos reprimidos, que impiden muchas veces el ir hacia donde queremos y nos desvían hacia un camino en el que nos vemos envueltos en una confusión que nos separa de los objetivos iniciales.

14.- Amar sin responsabilidad ni libertad puede convertirse en la enfermedad de masas del sectarismo: odiar al diferente, el canibalismo político del otro.

Reich escribía: “El dictador fascista declara que las masas son biológicamente inferiores, ávidas de autoridad, es decir que en el fondo son esclavas por naturaleza, y que por eso la única posibilidad de gobernarlas es un régimen totalitario y dictatorial. Conocen muy bien esta enfermedad de las masas. [....] Por otra parte, los dirigentes formalmente democráticos cometieron el error de considerar como un hecho, la capacidad de libertad de las masas, con lo cual se privaron de toda capacidad de establecer la capacidad de libertad y auto-responsabilidad de las masas mientras estuvieron en el poder.”

La incapacidad de las masas para ser libres, no puede ser absoluta, inmutable e innata -como hace el misticismo radical-, sino una consecuencia de condiciones de vida sociales y, por tanto, modificables. De aquí se desprenden dos tareas importantes:

• La elaboración y el establecimiento de las formas bajo las que se manifiesta la incapacidad de libertad de los hombres.
• La elaboración de las herramientas médicas, pedagógicas y sociales para establecer la capacidad de libertad de modo cada vez más profundo y extenso."

La democracia socialista pasa por la subjetividad en proceso de liberación, por la autodeterminación y auto-gestión de nuestras propias vidas en un clima abierto de responsabilidad y libertad. No deseamos ninguna servidumbre voluntaria. Requerimos si de nuevos afectos alegres y enunciaciones que potencien los espacios de libertad real para todos y todas. Habrá que volver al himno original de la Internacional (Pottier):

“No hay salvadores supremos: ¡Ni Dios, ni César, ni tribuno, Productores, salvémonos nosotros mismos! ¡Decretemos el bien común!” (Il n'est pas de sauveurs suprêmes: ¡Ni Dieu, ni César, ni tribun, Producteurs, sauvons-nous nous-mêmes ! ¡Décrétons le salut commun!)

¿Definiciones? Democracia Socialista, Si; Socialismo Burocrático, No.

martes, 11 de enero de 2011

LA DEMOCRACIA SOCIALISTA QUE NO LLEGA...

Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, asesinados aquel 15 de enero

Javier Biardeau R.
"La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente". (Rosa Luxemburgo)
Hay señales despóticas en las filas del campo bolivariano. Y no se prestará uno a un corifeo idiota de silencio ante las mismas. Y lo más grave no son los síntomas sino el “mar de fondo” de las mismas. Perdida de apoyo popular correlativa a la pérdida de rumbo de la revolución bolivariana. Ausencia de debate entre socialistas, con graves consecuencias para la rectificación y la aplicación de todas las R que quieran enunciar. Calco y copia de una mezcla de populismo en clave cesarista, con una suerte de tropicalización del estalinismo más rancio.
Algunos preferirán cerrar los ojos, taparse los oídos o la boca, optarán por decirse a sí mismos: ¡Camarada, déjese de vainas, aquí no esta pasando nada! Pero está pasando, y seguirá pasando mientras no exista una re-conducción radicalmente democrática del proceso bolivariano.
Cuando se activó la vorágine legislativa de diciembre (con sus luces y sombras), ya se anticipaba una crisis de desproporción entre el volumen legislativo y la ausencia de participación del pueblo organizado, movilizado activamente en la defensa protagónica de cada iniciativa legislativa. Muchas de las leyes aprobadas tenían una trayectoria de caída libre, de arriba-abajo, y no como uno supone que podría hacerse en una revolución democrática y socialista mas o menos consistente con la idea de democracia protagónica revolucionaria, de abajo-arriba, contando con sólidas iniciativas, deliberaciones y consultas de las bases de apoyo populares movilizadas, con entusiasmo, en un flujo ascendente de cierta efervescencia revolucionaria, encarnando fuerzas de emancipación social.
Sobre todo, porque son leyes que le competen directamente: son la mayoría de estas leyes, al menos nominalmente, del “poder popular”. Obviamente, al escuchar estos enunciados, no faltarán los rancios estalinistas con sus críticas a los que llaman las “desviaciones del ultra-democratismo” y sanbenito de los “anarcoides”. Sobre todo, porque los espíritus estalinistas no saben ni aprenderán ni un carajo del espíritu libertario que recorrió la experiencia vital de un Marx o un Engels, por ejemplo, o la capacidad de iniciativa de los soviets en 1905, más allá de los que diseñaran o pensarán desde las direcciones de corrientes bolcheviques o mencheviques. Sobre todo, de aquellos que se autoproclaman como “vanguardia” del proceso.
Muy bien. De esa historia de vanguardias esclarecidas, que se van desconectando casi imperceptiblemente de una acertada interpretación de las necesidades y demandas sentidas de los sectores populares, hay todo un largo legado. De allí, que no sorprenda la superioridad del Presidente Chávez en este terreno, frente a la “línea de segundo mando” y los llamados “cuadros intermedios”, cuya capacidad de iniciativa articulada al movimiento popular tiende a cero. “Esperando instrucciones”, podría titularse cualquier película tragicómica a futuro de todo un “destacamento de cuadros revolucionarios” que podrían transformar las condiciones actuales del reflujo de las fuerzas revolucionarias ante la estrategia de avance paulatino y sostenido de la derecha. Pero están paralizados: ¡Esperando instrucciones de arriba, camarada! Esta es la cuna del espíritu decrepito y derrotista del burocratismo.
Por tanto, habrá que recordar como cada 15 de enero se cumple el aniversario de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y de Karl Liebknecht, los dirigentes históricos del ala izquierda de la socialdemocracia alemana. El 15 de enero de 1919, el culatazo del fusil de un soldado del viejo ejército del Káiser ponía fin a la apasionada y apasionante existencia de una de las figuras más destacadas del movimiento socialista europeo: Rosa Luxemburgo.
Sobre todo basta resaltar la afirmación de la capacidad creativa, autónoma y espontánea de las clases trabajadoras, de las multitudes plebeyas y populares en nuestras geografías de experiencia, criticando al “leninismo organizativo” y su tendencia corrosiva hacia el centralismo burocrático. Hoy cuando podría hablarse tanto de la contraposición entre partido-maquinaria y partido-movimiento, es la forma-aparato la que sigue dominando la escena política del campo bolivariano.
Desde mi punto de vista, la vorágine legislativa de diciembre fue la más patética manifestación del partido-maquinaria, de los diputados y diputadas engranadas a la concepción y lógica disciplinaria del partido-maquinaria como forma-aparato. Desde el punto de vista de la realpolitik, todo bien entonces camaradas, pero desde el punto de vista de los "saldos" en los asuntos espinosos de la conquista de mayor espacio de hegemonía popular y legitimidad democrática. ¿Cuándo se avanzó? Una pregunta ingenua, seguramente.
La visión de Rosa Luxemburgo sobre la importancia de la autonomía de las masas, de las multitudes, del pueblo trabajador para la construcción del socialismo y su concepción no instrumental de la democracia representan un recordatorio obligado para comprender la diversidad de orientaciones existentes entre los revolucionarios. Al mismo tiempo, obliga a reflexionar sobre la intensa marginación a la que fue sometido su pensamiento por parte de las izquierda hegemónica ya disciplinada bajo las fórmulas de la III internacional estalinista.
Para recordar la figura de Rosa Luxemburgo parece especialmente oportuno un breve análisis de sus opiniones sobre la cuestión democrática, planteadas en su célebre folleto La revolución rusa, demostrativas de la actualidad y vigencia de su compromiso político y moral.
Escrito en 1918, dicho texto expresa simultáneamente su solidaridad con la revolución rusa y una ardorosa defensa de la democracia socialista que expresa la inseparable triple dimensión del pensamiento y la obra de Rosa Luxemburgo: socialista, demócrata y revolucionaria. Si el siglo que pasó algo nos dejó, fue la dificultad de mantener este triple compromiso entre mantener la revolución, el socialismo y la democracia.
Rosa Luxemburgo, por ejemplo, comprendió la continuidad entre el proceso de 1917 y la anterior revolución de 1905. ¿Comprendemos acaso en nuestro caso la continuidad entre la resistencia al neoliberalismo, la insurrección popular del 27-F y el poder constituyente de 1999, con una construcción radicalmente democrática del nuevo socialismo?
En su primera aproximación señalaba "...una vez en la brecha, la energía revolucionaria del proletariado ruso emprenderá, con la misma lógica ineluctable, la vía de una práctica democratizadora y social radical y adoptará de nuevo el programa de 1905: república democrática, jornada de 8 horas, expropiación de los grandes terratenientes...".
Contra el chovinismo guerrerista que se incubaba como sentimiento en la opinión pública, Luxemburgo vincula expresamente la revolución con la lucha por la paz: "... Pero de ello emana en primer lugar para el proletariado socialista de Rusia la más urgente de las consignas, indisolublemente unida a todo lo demás: ¡Fin a la guerra imperialista!" (Cartas de Espartaco).
Pero a pesar que Rosa Luxemburgo se sitúa en el campo de la solidaridad con la revolución de octubre: "El levantamiento de octubre no solamente ha servido para salvar efectivamente la revolución rusa, sino también para salvar el honor del socialismo internacional"; desde el principio Rosa Luxemburgo es consciente de la tragedia que supondría el aislamiento de la revolución (carta a Luise Kautsky del 24 de noviembre), del cual culpa a las direcciones chovinistas de la socialdemocracia.
Asi mismo, mantuvo diferencias y recelos con las orientaciones bolcheviques a la paz separada con Alemania, que condujeron a la paz de Brest-Litovsk. La solidaridad y el compromiso revolucionario no se hacen desde una actitud de crítica complaciente, como decimos en criollo, con el "jalabolismo" de siempre.
A mediados del año 1918, Rosa Luxemburgo decide sistematizar sus posiciones críticas respecto a la política bolchevique. El aspecto fundamental que preocupaba a Rosa Luxemburgo eran las consecuencias que para el futuro de la lucha socialista podía tener una lectura apologética y unidireccional de la revolución rusa por la tendencia de sus dirigentes a formalizar y teorizar lo que sólo podían ser posturas históricas-contingentes.
Rosa realiza en su obra una severa advertencia contra la utilización de la experiencia bolchevique como un modelo universal para el socialismo, tal como podríamos realizar en la actualidad, para no calcar y copiar de manera sumisa y servil las particularidades y especificidades de la experiencia de la revolución cubana, o para no repetir los errores de la transición democrática al socialismo en el Chile de Allende, para citar sólo dos referencias centrales de muchas inquietudes presentes.
Su folleto La revolución rusa está, por consiguiente, orientado al futuro. "Bajo la teoría de la teoría de la dictadura de Lenin-Trotski subyace el presupuesto tácito de que para la transformación socialista hay una fórmula prefabricada, guardada ya completa en el bolsillo del partido revolucionario, que sólo requiere ser enérgicamente aplicada en la práctica. Por desgracia -o tal vez por suerte- no es ésta la situación. Lejos de ser una suma de recetas prefabricadas que sólo exigen ser aplicadas, la realización práctica del socialismo como sistema económico, social y jurídico yace totalmente oculta en las nieblas del futuro. En nuestro programa no tenemos más que unos cuantos mojones que señalan la dirección general en la que tenemos que buscar las medidas necesarias, y las señales son principalmente de carácter negativo..." (La revolución rusa).
De allí la importancia de insistir en la crítica al imaginario jacobino-blanquista que inspiró al pensamiento y acción de los bolcheviques, en contraposición a Marx y Engels, que siempre estimularon la praxis de las mayorías, de las multitudes proletarias de entonces, en clave de radicalización democrática.
Hoy sabemos que el tema de la democracia sin fín es el aspecto sustantivo de su contundente valoración crítica de la política de Lenin y Trotski y de los riesgos que conllevaba para el futuro de la revolución. Mientras los bolcheviques defendían la consigna de ¡Todo el poder a los soviets! y al mismo tiempo, la convocatoria de una Asamblea Constituyente, Rosa Luxemburgo cuestiona el viraje adoptado por los bolcheviques al disolver el Parlamento y restringir el derecho de voto. Admite que la Asamblea Constituyente podía no ser verdaderamente representativa, pero afirma que en ese caso la disolución debería haber ido acompañada de una convocatoria de nuevas elecciones, realizando una defensa expresa de la existencia de instituciones representativas bajo un gobierno que se proclama socialista.
Su posición no es meramente táctica o de realpolitik, sino de principio y se refiere a la necesidad absoluta de que el socialismo se desarrolle sobre la base de instituciones democráticas. Muchos comentaristas de esta obra han señalado acertadamente que su contenido planteaba la necesidad de la compatibilizar el Parlamento y los soviets (o consejos); junto a la necesidad permanente de derechos democráticos incondicionados. Como es historia, ambos elementos son justamente graves debilidades de las experiencias del llamado “Socialismo real”.
La tendencia de los bolcheviques fue otra, hacer de la necesidad virtud, para acabar defendiendo un "socialismo" antidemocrático o si prefieren un “colectivismo despótico”.
Frente a una frase de Trotski ("Como marxistas nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal") contesta: "Es cierto que nunca fuimos adoradores fetichistas de la democracia formal. Ni tampoco fuimos nunca adoradores fetichistas del socialismo ni tampoco del marxismo.... Lo que realmente quiere decir (esa frase) es: siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa, siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia".
¿Socialismo democrático-participativo? El contenido del socialismo para Rosa Luxemburgo es entendido como una ampliación de la democracia (una democracia post-liberal en nuestros términos, y no una fascistoide política anti-liberal), no su limitación, extendiendo la intervención en la vida pública a masas de población que nunca habían sido partícipes de su destino. Por otra parte, el socialismo no puede establecerse por decreto. Nadie posee las soluciones para todos los problemas, ni un método infalible.
Para Rosa la solución de los problemas sólo puede proceder de la fecunda corrección de los errores cometidos, la cual sólo es posible sobre la base de la libertad de crítica y de la más amplia iniciativa popular: "El sistema social socialista sólo deberá ser, y sólo puede ser, un producto histórico, surgido de sus propias experiencias, en el curso de su concreción, como resultado del desarrollo de la historia viva, la que (al igual que la naturaleza orgánica, de la que, en última instancia, forma parte) tiene el saludable hábito de producir siempre junto con la necesidad social real los medios para satisfacerla, junto con el objetivo simultáneamente la solución. Sin embargo, si esto es así, resulta evidente que no se puede decretar el socialismo, por su propia naturaleza, ni introducirlo mediante un "ukase". Exige como requisito una cantidad de medidas de fuerza (contra la propiedad, etc.). Lo negativo, la destrucción, puede decretarse; lo constructivo, lo positivo, no. Territorio nuevo. Miles de problemas. Sólo la experiencia puede corregir y abrir nuevos caminos. Sólo la vida sin obstáculos, efervescente, lleva a miles de formas nuevas e improvisaciones, saca a la luz la fuerza creadora, corrige por su cuenta todos los intentos equivocados. La vida pública de los países con libertad limitada está tan gobernada por la pobreza, es tan miserable, tan rígida, tan estéril, precisamente porque, al excluirse la democracia, se cierran las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espiritual. (...).Toda la masa del pueblo debe participar. De otra manera, el socialismo será decretado desde unos cuantos escritorios oficiales por una docena de intelectuales".
La democracia es el único medio para poder limitar los errores inevitables en toda dirección política: "El control público es absolutamente necesario. De otra manera el intercambio de experiencias no sale del círculo cerrado de los burócratas del nuevo régimen. La corrupción se torna inevitable (palabras de Lenin...). La vida socialista exige una completa transformación espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio de la clase burguesa. Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento, etc. Nadie lo sabe mejor, lo describe de manera más penetrante, lo repite más firmemente que Lenin. Pero está completamente equivocado en los medios que utiliza. Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son sólo paliativos. El único camino al renacimiento pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza".
Por otra parte, se trata de una defensa de la libertad sin los complejos de verse etiquetada como liberal o como pequeñoburguesa. Las libertades públicas no son algo accesorio, sino el aire mismo imprescindible para poder hablar de algo parecido al socialismo:
"Lenin dice que el Estado burgués es un instrumento de opresión de la clase trabajadora, el Estado socialista, en cambio, de opresión a la burguesía. En cierta medida, dice, es solamente el Estado capitalista puesto cabeza abajo. Esta concepción simplista deja de lado el punto esencial: el gobierno de la clase burguesa no necesita del entrenamiento y la educación política de toda la masa del pueblo, por lo menos no más allá de determinados límites estrechos. Pero para la dictadura proletaria ése es el elemento vital, el aire sin el cual no puede existir".
De forma consistente con las posiciones defendidas ya desde 1903, Rosa Luxemburgo rechaza el jacobinismo político y valora en el más alto grado la autodeterminación e iniciativa de las masas. Esa capacidad constructiva de la sociedad sólo puede desarrollarse con libertad política, cuyo fundamento es el derecho a diferir, a criticar, a oponerse:
"La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que éste sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la "justicia", sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la "libertad" se convierte en un privilegio especial".
La ausencia de democracia conduce a la degeneración política: "Cuando se elimina todo esto, ¿qué queda realmente? En lugar de los organismos representativos surgidos de elecciones populares generales, Lenin y Trotski implantaron los soviets como única representación verdadera de las masas trabajadoras. Pero con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los soviets también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y de experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad, dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos (¡la postergación del Congreso de los Soviets de periodos de tres meses a seis!). Sí, podemos ir aun más lejos; esas condiciones pueden causar inevitablemente una brutalización de la vida pública...".
La revolución de Octubre ha alimentado la vieja tentación jacobina (y su consecuente fracaso) de la izquierda y su tendencia a intentar sustituir los procesos sociales de aprendizaje, empoderamiento y autonomía de masas por las iniciativas de pequeñas camarillas políticas, y la auténtica dinámica de las transformaciones de la sociedad por un control administrativo. Sobre dicha base, la contra-revolución estalinista estableció su régimen despótico-burocrático.
En todos los sentidos, las opiniones expresadas en La revolución rusa derivan de la lucha en favor del socialismo y de la democracia que había manifestado Luxemburgo a lo largo de toda su trayectoria; por ello este escrito aparece como su auténtico "testamento" político.
Un testamento que contiene una trágica advertencia sobre el triste destino del socialismo si olvida su intrínseca necesidad de democracia y libertad. Un estremecedor aviso que no puede seguir siendo marginado y silenciado. Para no repetir los mismos errores.
Frente a la barbarie capitalista, la alternativa no es la barbarie del despotismo burocrático, sino atreverse a imaginar y pensar figuras de la democracia socialista, del socialismo democrático participativo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

¿QUE PUEDE APRENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DEL TESTAMENTO DE LENIN?- PARTE II


Javier Biardeau R.

“Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”. Diógenes de Sinope a Alejandro “El Magno”.
He planteado que entre las “pequeñas anécdotas” de la historia de las revoluciones, puede llegar a ser significativo pasearse por el llamado “Testamento de Lenin”; documento básico para realizar un balance crítico de inventario de las experiencias de transición histórica al socialismo, durante la “revolución bolchevique”.
El 21 de enero de 1924, fallece en Gorki, cerca de Moscú, el líder histórico y fundador del Partido bolchevique. El estalinismo, ya planteaba una lucha frontal y sin cuartel contra el trotskismo, era necesario cerrar las filas del Partido en torno al Comité Central.
Stalin se trazó como objetivo el aplastamiento ideológico del trotskismo: "Sin aplastar al trotskismo, no es posible triunfar dentro de las condiciones de la NEP, no es posible conseguir la transformación de la Rusia actual en una Rusia socialista".
En mayo de 1924, ya pasado el congreso del año anterior se celebró el XIII Congreso del Partido. Hay controversias acerca de la política de apertura a nuevos miembros del partido en ambos Congresos, siguiendo como criterio un aumento de las listas de potenciales seguidores de Stalin.
En estas condiciones, ambos Congresos condenaron mayoritariamente (como era de esperarse) la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, una suerte de revisionismo del leninismo.
Ni siquiera en el informe secreto de Khrushchev en 1956, donde se condenaba abiertamente los errores y abusos de Stalin, hay alguna posibilidad de encontrar referencia positiva alguna a Trotski y al llamado trotskismo.
Efectivamente, había muerto físicamente Lenin en 1924, pero transcurría el juicio político para liquidar simbólicamente a Trotski, hecho que sigue siendo muy fuerte en 1956. Por cierto, un fenómeno que llega hasta la actualidad. Trate de investiguar si Trotski fue alguna rehabilitado en algún sector de la URSS, incluso durante la etapa del llamado Glasnot. Malas noticias. Trotsky es una “mala palabra”. El nombre Trotski era pronunciado en la URSS de Gorbachov como un insulto mucho mayor que el de Stalin.
Por cierto, no se trata de justificar ninguna nostalgia reverente por Trotsky y el troskismo. Ya he críticado los límites del imaginario jacobino-blanquista para construir una revolución socialista profundamente democrática. La problemática viene de lejos. La revolución bolchevique es sólo un ejemplo. Y el destino de Lenin enseña las sombras que se pueden activar, cuando no hay un real debate sobre el ejercicio autoritario del poder.
No son poco significativas muchas de estas fechas. Pues todos estos acontecimientos luego de la muerte de Lenin condicionarán los procesos de apropiación-recepción de la experiencia de la revolución bolchevique por parte de los llamados “marxistas revolucionarios” de América Latina y el Caribe. Sin saberlo o no, la huella del estalinismo estaba presente en el archivo de discursos y prácticas que codificaron el “marxismo oficial” en estas coordenadas espacio-temporales. De este modo, es posible comprender para poner un ejemplo, algunas de las razones que llevaron al marxismo soviético a cuestionar a José Carlos Mariátegui, por ejemplo, como un "populista" latinoamericano.
Así como Marx manejo las peores fuentes históricas en el museo Británico de Londres, para estudiar (y también estigmatizar) el pensamiento y acción de Simón Bolívar, el marxismo soviético analizó y valoró negativamente la obra del Amauta de la Revolución Indoamericana.
Por tanto, no hay marxismo heterodoxo, crítico y abierto en Nuestra América, sin un real combate a todos los dogmatismos y esquematismos, sin una real apertura a la descolonización del eurocentrismo propio del marxismo realmente hegemónico, sin valorar positivamente la obra de este gran pensador peruano, sin pasearse por las voces críticas a las imposiciones doctrinarias del “marxismo soviético”.
Cuando se comprenda que el “marxismo oficial soviético” (el marxismo realmente hegemónico: el “marxismo-leninismo”) es sólo una de las potenciales interpretaciones de algunos aspectos de la obra crítica, abierta e inconclusa de Marx (y en muchos aspectos, una deliberada distorsión), es posible entonces abrir el estudio del Continente-Marx a nuevas lecturas críticas (una renovación permanente y crítico de una obra abierta), que impugnen radicalmente las formas, contenidos e implicaciones ético-políticas de aquellas experiencias históricas de la transición post-capitalista que derivaron en fracasos, tragedias y desastres históricos.
Desde nuestro punto de vista, los acontecimientos que rodean el llamado “Testamento de Lenin” permiten abordar la problemática de las transiciones post-capitalistas, en la medida en que colocan sobre la mesa las contradicciones efectivas para asumir una revolución socialista con radicales contenidos democráticos, y no solo, una revolución socialista con algunas formas democráticas.
Cuando se rompe el hilo que conecta una revolución democrática constituyente con una revolución socialista, surgen todos los extravíos del despotismo burocrático. Y más allá de este plano político, sin asumir un claro perfil post-desarrollista (crítica radical al productivismo/crítica radical al consumismo/crítica al fetichismo de las fuerzas productivas, de la tecno-ciencia y de la tecno-burocracia), no es posible colocarse frente a frente a la posibilidad histórica de una revolución democrática, socialista, eco-política y descolonizadora. Por ahora, esto es otro asunto.
Ciertamente, también es necesaria inspirarse, en ciertos sentidos, en la crítica anti-capitalista de Marx (pararse como un piojo, sobre los hombros de un gigante del pensamiento), pero es preciso ir más allá de Marx, ir más allá de cualquier encuadramiento marxista en un sentido dogmático-doctrinario.
Se requieren pensamientos, saberes y teorías críticas y revolucionarias para superar el capitalismo, no un “gran dogma”; que termine en un gran “bloqueo histórico”, tanto en el terreno del pensamiento como en el terreno de la acción.
Pero, ¿qué planteaba efectivamente Lenin en aquellas cartas que fueron taquigrafiadas de sus opiniones orales? Leamos como abordó Nikita Khrushchev en 1956 el asunto, y luego vayamos a la medula del asunto.
Por cierto, no olvidemos que El discurso de Khruschev fue pronunciado en una sesión cerrada del Congreso y no formó parte de los informes y resoluciones oficiales emitidas por él. El texto completo del discurso no se publicó en la URSS sino hasta 1988. Como vemos, la cultura autoritaria del despotismo burocrático llegó bastante lejos y caló profundo. Y entre sus rasgos centrales está tanto el sectarismo como el culto a la personalidad. Obviamente, ¿como comprender estas anomalías en el seno del “marxismo-leninismo”?.
Leamos a Khruschev:
“Camaradas: En el informe que presentó el Comité Central del Partido al XX Congreso, en numerosos discursos pronunciados por delegados a ese Congreso, y también durante la reciente sesión plenaria del C.C., se dijo mucho acerca de los efectos perjudiciales del culto a la personalidad. Después de la muerte de Stalin el Comité Central del Partido comenzó a estudiar la forma de explicar, de modo conciso y consistente, el hecho de que no es permitido y de que es ajeno al espíritu del marxismo-leninismo elevar a una persona hasta transformarla en superhombre, dotado de características sobrenaturales semejantes a las de un dios.”
El error reside en una elemental sobrevaloración de una proyección de omnipotencia y devoción hacia un “humano, demasiado humano”; es decir, a un “piojo humano”, igual que todos los demás “piojos humanos” que formamos parte del género humano, que estamos demostrando ser una estúpida e ignorante especie humana, si nos evaluamos en contraste a la destrucción de un planeta por parte de la matriz de la civilización hegemónica; y reconociendo, por cierto, las múltiples humanidades histórico-culturales sometidas y colonizadas, sus valores, aportes, capacidades, diferencias y singularidades. Volvamos al asunto.
Dice Khruschev: “A un hombre de esta naturaleza se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible. Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre, especialmente hacia Stalin, durante muchos años.”
Lo más importante de este reconocimiento reside en la siguiente frase: “Entre nosotros se asumió una actitud de ese tipo hacia un hombre” (proyectando los atributos del “conocimiento inagotable, visión extraordinaria, capacidad de prever todo, comportamiento infalible”).
Sabemos que el remedio que trataron de encontrar en el PCUS no era nada satisfactorio: sustituir la autoridad omnipotente de Stalin, por la autoridad omnipotente del “partido revolucionario leninista”. El asunto no era el desplazamiento del hombre omnipotente al partido omnipotente (en nombre de la omnipotencia del saber leninista), sino la medula del fenómeno de la “autoridad omnipotente”. Derrida habla de los "fundamentos místicos de la autoridad". Nada místicos, amigo Derrida.
El planteamiento de Khruschev en aquellas circunstancias era típico de la retórica del: “te reconozco que… pero…): “Los méritos de Stalin son bien conocidos a través de un sinnúmero de libros, folletos y estudios que se redactaron durante su vida. El papel de Stalin en la preparación y ejecución de la revolución socialista, en la guerra civil, en la lucha por la construcción del socialismo en nuestro país, es conocido universalmente. Nadie lo ignora. En este momento nos interesa analizar un asunto de inmensa importancia para el partido, tanto ahora como en el futuro... Nos incumbe considerar cómo el culto a la persona de Stalin creció gradualmente, culto que en momento dado se transformó en la fuente de una serie de perversiones excesivamente serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido y de la legalidad revolucionaria.”
Haber violado “el principio de la dirección colegial en el Partido, concentrando un poder limitado en las manos de una persona” generó sus consecuencias prácticas. Había que retornar al espíritu leninista: “Durante la vida de Lenin, el C.C. del Partido fue la expresión real de un tipo de gobierno colegial, tanto para el Partido como para la nación. Debido a que fue un revolucionario marxista militante que jamás dejó de acatar los principios esenciales del Partido, Lenin nunca impuso por la fuerza sus puntos de vista a sus colaboradores.”
En ese momento, Khruschev reconoce que Lenin “(…) tuvo la visión, debido a su clara inteligencia, de percibir a tiempo en Stalin esas características negativas que posteriormente tuvieron consecuencias tan nefastas.
Es decir, pasaron "nada más y nada menos" que 33 años, para que Khruschev reconociera, a puertas cerradas, esta “clara inteligencia”: “Temiendo por el futuro del Partido y de la nación soviética, Lenin diagnosticó por escrito el carácter de Stalin y en forma absolutamente concreta, señalando que era necesario examinar la necesidad de desplazar a Stalin de su puesto de Secretario General, puesto que era un ser insolente en exceso hacia sus camaradas y también, porque, siendo caprichoso, podría abusar del poder.
Desplazamiento del tótem Stalin al totem Lenin, por una parte, reconocimiento abierto del carácter “insolente, caprichoso y que podría abusar del poder” de Stalin, quien efectivamente ocupó el poder absoluto de la URSS. ¿Un poco tarde, no?
Reconoce Khruschev: “En diciembre de 1922, en una carta al Congreso del Partido, Lenin dijo: «Después de tomar posesión del cargo de Secretario General, el camarada Stalin ha acumulado en sus manos un poder desmedido y no estoy seguro de que sea siempre capaz de usar este poder con el debido cuidado».”
Ahora si valora Khruschev que: “Esta carta, que es un documento político de inmensa importancia, conocida en la historia del Partido como testamento de Lenin, ha sido distribuida a los delegados del XX Congreso del Partido. Uds, la habían leído ya y sin duda la leerán nuevamente.”
Las “francas palabras de Lenin”, “expresan la ansiedad que sentía Vladimir Ilich respecto al Partido, al pueblo, al Estado y a la futura dirección de la política del Partido.”
Las expresiones de Khruschev aluden “obviamente” con los ideales de Lenin, sus ansiedades e inquietudes:
“Stalin es excesivamente insolente y este defecto, que puede ser tolerado en un militante cualquiera del Partido, se transforma en un defecto inaceptable en una persona que ocupa el cargo de Secretario General. Es por esto que propongo que los camaradas vean la manera de alejar a Stalin de este cargo y de colocar allí a otro hombre, uno que, sobre todas las cosas, difiera de Stalin en lo siguiente: mayor tolerancia, más lealtad, más bondad y una actitud más considerada y un temperamento menos caprichoso, etc., etc...»”
Treinta y tres años, una generación completa desde el punto de vista demográfico, vivió bajo una “gran mentira institucionalizada”. Contrastemos esta perspectiva con lo planteado por la Historia del propio Partido comunista en 1939, durante estos sucesos:
“La muerte de Lenin puso de manifiesto cuán estrechamente unido estaba el Partido bolchevique a las masas obreras y cuán entrañablemente querían éstas al Partido leninista. En el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., celebrado en los días de duelo por la muerte de Lenin, el camarada Stalin pronunció, en nombre del Partido, un solemne juramento. En él dijo: "Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que formamos el ejército del gran estratego proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor de pertenecer a este ejército. No hay nada superior al título de miembro del Partido cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de mantener en alto y conservar en toda su pureza el gran título de miembro del Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de velar por la unidad de nuestro Partido como por las niñas de nuestros ojos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de conservar y fortalecer la dictadura del proletariado. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no escatimaremos esfuerzo para ejecutar con honor también este mandato!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de afianzar, con todas nuestras fuerzas, la alianza de los obreros y campesinos. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor igualmente este mandato!...El camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país, de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión Soviética. Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de reforzar y extender la Unión de las Repúblicas. ¡Te juramos, camarada Lenin, que ejecutaremos con honor también este mandato!...Lenin nos indicó repetidas veces que el fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituye una de las más importantes tareas de nuestro Partido. ¡Juremos, pues, camaradas, que no escatimaremos esfuerzo para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra Flota Roja!...Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista. ¡Te juramos, camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista!".Tal fue el juramento del Partido bolchevique a su jefe, a Lenin, cuya obra perdurará a través de los siglos.”
Y continua la historia oficiosa del Partido Comunista de 1939:
“En mayo de 1924, se celebró el XIII Congreso del Partido. Asistieron a él 748 delegados con voz y voto, representando a 735.881 afiliados. El enorme aumento de la cifra de afiliados al Partido, en comparación con la del Congreso anterior, tiene su explicación en las 250.000 altas, aproximadamente, de la promoción leninista. Los delegados con voz, pero sin voto, eran 416.El Congreso condenó unánimemente la plataforma de la oposición trotskista, definiéndola como una desviación pequeñoburguesa del marxismo, como una revisión del leninismo, y ratificó las resoluciones votadas por la XIII Conferencia del Partido "Sobre la obra del desarrollo del Partido" y "Sobre los resultados de la discusión".”
Khruschev plantea en 1956 que este documento de Lenin “(...) se dio a conocer a los delegados al XIII Congreso del Partido, quienes discutieron la conveniencia de transferir a Stalin a otro cargo que no fuera el de Secretario General. Los delegados se declararon en favor de mantener a Stalin en su puesto, expresando su esperanza, de que él tomaría en cuenta las críticas de Lenin y izaría lo posible por sobreponerse a los defectos que causaban tanta inquietud a este último.
Y para completar el cuadro, Khruschev plantea lo siguiente: “Camaradas: el Congreso del Partido debe familiarizarse con dos nuevos documentos que confirman que el carácter de Stalin era tal cual lo había revelado Lenin en su testamento. Estos documentos son cartas de Nadejda Constantinovna Krupskaya [esposa de Lenin], a Kamenev, que en ese tiempo encabezaba el Buró político, y una carta personal de Lenin a Stalin.
Khruschev pasa a leer los documentos: “«Lev Vórisovich! Debido a una breve carta que escribí con palabras que me dictara Vladimir Ilich, con permiso de sus médicos, Stalin se permitió ayer dirigirse a mí con una violencia inusitada. Durante mis treinta años de militante, nunca había oído a un camarada dirigir palabras tan insolentes a otro. Los asuntos del Partido y de Ilich no son de menos significación para mí que para Stalin. En este momento necesito el máximum de dominio sobre mí misma. Lo que uno puede y lo que uno no puede discutir con Ilich lo sé yo mejor que cualquier médico, puesto que yo sé lo que le pone nervioso y lo que no le perturba; de cualquier modo sé estas cosas mejor que Stalin. Recurro a Ud. y a Grigory, por ser los camaradas que se hallan más cerca de V. I., y les ruego que me protejan de insolentes intromisiones en mi vida privada y de viles invectivas y amenazas. No tengo la menor duda respecto a cuál será la unánime decisión de la Comisión de Control, con la cual Stalin me amenaza; no obstante, tampoco tengo la fuerza ni el tiempo disponible para malgastarlo en querellas insensatas. Además, soy un ser humano que soporta en estos momentos una tensión nerviosa excesiva.»”
Dos meses y medio después de aquel incidente, en marzo de 1923, Lenin envió a Stalin la siguiente carta: “Al camarada Stalin. Copias para Kamenev y Zinoviev. «Estimado camarada Stalin: Ud. se permitió la insolencia de llamar a mi esposa por teléfono para reprenderla duramente. A pesar del hecho de que ella prometió olvidarse de lo dicho, tanto Zinoviev como Kamenev supieron del incidente, porque ella los informó al respecto. No tengo intención alguna de olvidarme fácilmente de lo que se hace en contra de mí y no necesito insistir aquí de que considero que lo que se hace en contra de mi esposa, se hace contra mí también. Le pido entonces que Ud. medite con cuidado acerca de la conveniencia de retirar sus palabras y dar las debidas explicaciones, a menos que prefiera que se corten nuestras relaciones completamente.Le saluda, Lenin. 5 de marzo de 1923».”
La conclusión de Khruschev es la siguiente: “Como los hechos posteriores lo han probado, la inquietud de Lenin fue justificada inmediatamente después de la muerte de Lenin, Stalin respetó en cierto modo los consejos de Lenin, pero más tarde comenzó a ignorar estas serias advertencias. Cuando analizamos la forma en que Stalin dirigió al Partido y al país, cuando nos detenemos a considerar todo lo que hizo Stalin, llegamos al convencimiento de que los temores de Lenin eran bien fundados. Las características negativas de Stalin, incipientes durante la vida de Lenin, lo llevaron, durante los últimos años de su vida a abusar del poder, lo que ha causado al Partido un daño ilimitado.”
Khruschev reconoce en 1956 que Stalin “(…) rehusó absolutamente tolerar una dirección colegial del gobierno y del trabajo y que procedió con una violencia salvaje, no solamente contra quienes se le oponían, sino también contra todo lo que pareciese, a su carácter despótico y caprichoso, contrario a sus conceptos. Stalin actuaba no a través de explicaciones, y de cooperación paciente con la gente, sino imponiendo sus concepciones y exigiendo una sumisión absoluta a su opinión. El que osara oponerse a algún concepto o intentara probar la corrección de su punto de vista y de su actitud, estaba condenado a que se le relegara del grupo dirigente colectivo y que se le sometiera posteriormente a la aniquilación física y moral. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere al período posterior al XVII Congreso del Partido, cuando muchos dirigentes del Partido y simples trabajadores honrados y afanosos del Partido, todos dedicados a la causa del comunismo, cayeron víctimas del despotismo de Stalin.”
Y luego Khruschev pasa a olvidar completamente lo que plantea Lenin en el propio testamento de Lenin a propósito de Trotski y Bujarin, cuando señala:
“Debemos atestiguar que el Partido ha tenido que reñir serias luchas contra los trotskistas, derechistas y nacionalistas burgueses, y que desarmó ideológicamente a los enemigos de Lenin. Esta guerra ideológica se llevó a cabo con éxito y, como resultado de ello, el Partido se templó y se fortaleció. En todo esto Stalin desempeñó un papel positivo. El Partido libró una gran lucha política y espiritual contra miembros de él que propusieron tesis anti-leninistas, que presentaron una línea política hostil al Partido y a la causa del socialismo. Esta fue una lucha enconada y difícil, pero necesaria, porque la línea política tanto del bloque trotskista-zinovievista, como del bujarinista conducía a la restauración del capitalismo y a la capitulación ante el mismo.”
Mientras Lenin trataba de impedir la escisión entre “dos destacados dirigentes del partido”, lo que plantea Khruschev es el desencadenamiento de las lucha entre fracciones, además de colocar dos fases: una de lucha ideológica y otra de fase represiva abierta:
“Vale la pena destacar que aún durante el proceso de la furiosa lucha ideológica contra los trotskistas, los zinovievistas, los bujarinistas y otros, no se usaron extremas medidas represivas contra ellos; la lucha se realizó en un terreno ideológico. Pero algunos años después, cuando el Socialismo en nuestro país estaba fundamentalmente estructurado, cuando las clases explotadoras estaban liquidadas, cuando la estructura social del Soviet había cambiado radicalmente, cuando la base social no permitía movimiento político o grupos hostiles al Partido, cuando los oposicionistas ideológicos del Partido se encontraban vencidos políticamente desde hacía tiempo, entonces comenzó una política de represión contra ellos.
Luego Khruschev reconoce como entre 1935-1938 se desencadena: “(…) la práctica de llevar a cabo persecuciones en masa a través de los mecanismos del Gobierno, primero contra los enemigos del leninismo, o sea trotskistas, zinovievistas, bujarinistas, derrotados desde hacía tiempo por el Partido, y posteriormente, también contra comunistas honrados y contra esos dirigentes del Partido que habían soportado la pesada carga de la guerra civil y los primeros y más difíciles años de la industrialización y la colectivización y que habían luchado activamente contra los trotskistas y derechistas para mantener la línea leninista del Partido.”
Y plantea una perla: “Stalin inventó el concepto de «enemigo del pueblo». Este término hizo automáticamente innecesario que los errores ideológicos de los hombres expresados en una controversia se comprobasen; este término hizo posible que se usaran los más crueles métodos de represión, violándose así todas las normas de la legalidad revolucionaria, cada vez que alguien estaba en desacuerdo con Stalin o que se sospechara en él una intención hostil o debido simplemente a que tenía una mala reputación. Este concepto de «enemigo del pueblo», finalmente, eliminó todas las posibilidades de que se desarrollaran luchas ideológicas o de que alguien pudiese dar a conocer su punto de vista respecto a cualquier problema, aunque ellos fuesen meramente de carácter práctico. En general y en realidad, la única prueba de culpabilidad valedera era la confesión y ella se usaba contra todas las normas de la legalidad, por cuanto se ha podido demostrar posteriormente que esas confesiones se obtenían presionando por medios físicos al acusado. Esto condujo a abiertas violaciones de la legalidad revolucionaria, y al hecho de que muchas personas enteramente inocentes, que antes habían defendido la línea del Partido, se transformaran en víctimas.”
La fórmula-estigma: «enemigo del pueblo» se creó con el objeto específico de aniquilar físicamente a tales individuos, sentencia Khruschev. Y pasa a contrastar el método leninista de lucha ideológica del “método estalinista”:
“Las virtudes de Lenin, paciencia para trabajar con la gente, persistencia para educarla, habilidad para inducirlos a seguirle sin utilizar métodos represivos sino más bien recurriendo a influencias ideológicas, le eran enteramente ajenas a Stalin. Stalin descartó el método de lucha ideológica, reemplazándolo por el sistema de violencia administrativa, persecuciones en masa y terror. Procedió a un ritmo siempre creciente a imponerse a través de los organismos punitivos, violando así con frecuencia todas las normas de la moral y las leyes soviéticas. El comportamiento arbitrario de una persona estimuló la arbitrariedad en otras. Las detenciones y las deportaciones en masa de muchos miles de personas, las ejecuciones sin previo juicio y sin una investigación normal del comportamiento de los acusados, engendraron condiciones de inseguridad, temor y aun de desesperación. Esto, es claro, no contribuyó a reforzar la unidad del Partido, sino, por el contrario, produjo la aniquilación y la expulsión del Partido de muchos trabajadores leales, pero molestos para Stalin.”
No hay que abundar en mayores detalles. Sin embargo, así como hay que temerle a las mentiras de los seres humanos, sobre todo a estos “super-hombres” omnipotentes capaces de cometer los peores abusos, hay que temerle más a las mentiras institucionalizadas por los partidos-aparatos, sus sectarismos y esquematismos ideológicos. No vaya a ser que cualquier día aparezca un Nikita Khruschev cualquiera (después de 33 años, por ejemplo) a decir que todo fue: ¡Todo era MENTIRA, la responsabilidad es del que ya esta muerto!.
Uno podría pensar que a falta de coraje en su oportunidad debida, lo mejor es la cobardía oportuna. ¿Cuál coraje? El de concebir el socialismo como una revolución democrática permanente, una democracia social, económica y cultural, no acotada a los límites de la democracia liberal.
Allá aquell@s con sus lealtades ciegas. Frente a un ser humano que “(…) se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible.”, hay que aplicarle la vieja anécdota del encuentro entre Alejandro Magno y el filósofo Diógenes de Sinope:
Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro Magno interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol.” Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”
En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
Iguales entre iguales, diferentes entre diferentes, comunes entre comunes. Sin rendirle culto a ninguna "autoridad omnipotente". Insumisión del espíritu. Allí está la clave de cualquier revolución.