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lunes, 3 de marzo de 2014

¿TRANSICIÓN AL SOCIALISMO? ¿CON CUÁL MAPA TEÓRICO-IDEOLÓGICO DE REFERENCIA?

Javier Biardeau R.
El debate sobre el estado del arte del “Imaginario Revolucionario Venezolano” durante la reforma constitucional del año 2007 y la derrota política de la opción planteada por Chávez y los diputados revolucionarios de la AN en aquel momento, dejó en claro desde entonces la necesidad de una renovación radical de los marcos teórico-ideológicos, políticos, ético-culturales e incluso epistemológicos del “Socialismo Bolivariano del siglo XXI”. En este último aspecto, caben en la actualidad las siguientes preguntas:
  • ¿Cuál ha sido la producción teórica e intelectualmente comprometida, como “filosofía de la praxis” de la revolución bolivariana?
  • ¿Cuál ha sido la conformación efectiva de estratos intelectuales en las clases populares y subalternas, en sus fuerzas sociales y movimientos sociales que planteando su identificación con el proceso revolucionario, logren la unidad de pasiones y concepciones teóricas que posibiliten el proceso de construcción y apropiación de herramientas ideológicas y teóricas para la lucha en favor de la construcción socialista?
  • En palabras más convencionales: ¿Cuáles son los destacamentos de vanguardia teórico-ideológica de la revolución bolivariana y cuáles son sus referentes, guiones, discursos, narrativas y representaciones ideológicas?
  • ¿Acaso la ausencia de la voz orientadora y decisoria de la dirección carismática de Chávez no pone sobre el tapete el “estado del arte” de la cuestión ideológica y teórica en la dirección política y ético-cultural de la revolución bolivariana?
Existen algunos síntomas e indicios que permiten referirse, dados los debates, inquietudes y malestares que se están expresando recientemente (diferencias y matices entre el “Programa de la Patria” de Chávez y el “Plan de la Patria” del Gobierno de Maduro, la llamada “focalización ideológica” del legado de Chávez, la distinciones entre derecha e izquierda, entre reforma y revolución), que señalan que ante la ausente estructura de dirección personificada por Chávez, se corre el riesgo de un mayor estado de confusión, debilidad y dispersión teórico-ideológica (y ético-cultural) de la revolución bolivariana. Como evidencia de lo anterior veamos algunas señales, indicios, síntomas de la situación en una pequeña muestra intencional de corte cualitativo:
“Ya en el año 2013, ante los desafíos y amenazas que surgieron con la sentida desaparición física del Cmdt. Chávez, propusimos unas tareas investigativas y formativas dirigidas a reivindicar su legado y rendir tributo a su memoria (CARTA ABIERTA A LA DIRECCION NACIONAL DEL PSUV, AL GRAN POLO PATRIOTICO, A LOS COLECTIVOS REVOLUCIONARIOS, AL PUEBLO CHAVISTA.7 de Marzo de 2013) contextualizando dicha propuesta en los siguientes términos: “En medio de la conmoción por la partida de un compañero-hermano – como dice Evo Morales- me he motivado a hacerles llegar algunas ideas y propuestas que a mi entender reivindican en las actuales circunstancias la memoria histórica del Cmdt. Chávez, siendo el mejor homenaje que podemos rendirle: MANTENER Y PROFUNDIZAR LA REVOLUCION. Es obvio que el legado que nos deja nuestro hermano, en palabras y acciones, demandarán múltiples estudios, variadas reconstrucciones teóricas e históricas, infinidades de publicaciones documentales. Pero en estos momentos existen unas tareas político-ideológicas pendientes, las cuales que demandan focalizar el esfuerzo en dos documentos testimoniales donde están recogidas las líneas de acción para hacer IRREVERSIBLE LA TRANSICION SOCIALISTA, PARA CONSOLIDAR UNA LINEA DE NO RETORNO.” (Carlos Lanz. En:http://www.aporrea.org/ideologia/a179547.html)
“Cuando en la noche del 8 de diciembre de 2012 el Comandante Chávez avisó que podría suceder una situación sobrevenida, muchos que no querían creer tuvieron que tomar en cuenta la gravedad de la situación. El Proceso Bolivariano empezaba a  vivir su mayor prueba en 14 años. “De la mano de lo no deseado entrabamos en un tiempo de desafíos.  Se probaría el liderazgo  señalado  para la continuidad del proyecto. Se probaría la fortaleza del proyecto mismo y sobre todo la disposición para avanzar al ritmo del motor del Proceso: el Pueblo Bolivariano. Por eso este balance no es uno más. Tiene características históricas. ¿Será posible avanzar en la conquista de la definitiva Independencia? ¿Se podrá romper con las ataduras del capitalismo dependiente y parasitario venezolano? ¿Se podrá avanzar hacia las tareas pendientes de la Revolución Democrática Bolivariana, transformándola en transición hacia el anticapitalismo y el socialismo? ¿Estarán a la altura de la tarea los líderes del Proceso? O por el contrario ¿Se aplicarán hasta el final las contrarreformas que exige la burguesía y a las que esos líderes se han mostrado sensibles, a cambio de sostener un sistema político que no es el del Proceso?” (MAREA SOCIALISTA. En: http://www.aporrea.org/tiburon/a179070.html)
“En 2014, entramos en la etapa del Cambio de Estructura que nos obliga a la producción intelectual y la práctica concreta de profundizar el Proceso Revolucionario. Momento que exige a los constructores (la izquierda socialista) del nuevo sistema político temperancia, conciencia y humildad. Punto decisivo para diferenciar lo que es reforma y lo que es revolución. Coyuntura para sincerar posiciones políticas e ideológicas. Línea divisoria que marca la realidad de los dos sistemas políticos encontrados: democracia representativa (popularmente categorizada como la IV República) y la Revolución Bolivariana (origen del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI). Estamos, entonces, de frente a la historia y con la obligación de rendir cuentas al pueblo y a nosotros mismos.” (William Izarra. En: http://www.aporrea.org/actualidad/a179528.html)
“Hoy la Revolución está enfrentando su mayor crisis: tratar de derrotar a la ideología que intenta llevarnos hacia la restauración. Lo hace con finura, crea teoría para justificar el retorno. Dicen que no hay condiciones, que hay una crisis, que es necesaria la alianza con los capitalistas, que estos no son malos, que es suficiente acabar con la especulación para que todos marchemos felices. Se abrazan con lo peor de la oligarquía pero persiguen a los que critican esa entrega. Estamos presenciando un espectáculo asombroso y grotesco: en cuestión de horas pasa la Revolución de ir hacia el Socialismo a reptar hacia la restauración. Ahora la mesa de la oligarquía no es mala, todo se le perdona, ahora la meta no es el Socialismo, sino una difusa paz… El fondo de la situación es la debilidad teórica, ideológica, de la Revolución. La derecha interna nos minó allí donde está el origen de todo, en la teoría. Y ahora tenemos una Revolución minimizada, agotada, estupefacta, que se traga cualquier bodrio, que cambia espejitos por Socialismo.” (Toby Valderrama y Antonio Aponte. En:http://www.aporrea.org/ideologia/a179676.html)
“No se trata de una inocente controversia académica, es la pugna atormentada de un sistema justo, el Socialismo, que intenta superar el periodo de la “prehistoria humana”, de la barbarie de los sistemas explotadores. En la confrontación interna, el enemigo ideológico, el capitalismo, no tiene escrúpulos, sus métodos no tienen los límites de la preservación de la vida, del respeto al humano, de prefigurar el mundo de las relaciones amorosas. ¡No! Al contrario, el viejo sistema usa las perversidades acumuladas en milenios de atrocidades, no hay apego a la verdad. Todo lo anterior viene a colación porque debemos tomar conciencia de la situación de la Revolución Chavista: está sumergida en una profunda batalla ideológica: contra la derecha externa que acecha en cada rincón y también, quizá en mayor grado, contra la derecha interna que intenta desviarla, desfigurarla, entregarla inerme a la restauración. Todo esto aprovechándose de nuestra ignorancia y debilidades teóricas. Toda Revolución debe tener claro el objetivo que le da sentido histórico, su meta más estratégica. Esta claridad determina su ubicación en el mundo y sirve de brújula a todas sus acciones. El Comandante Chávez, en su evolución, iba construyendo este objetivo, llegó hasta el Socialismo y lo fue delineando poco a poco. Y es en el Plan de la Patria que nos deja su más acabado pensamiento con el explícito mandato de continuar esa evolución, de fortalecerlo dentro de sus grandes líneas.” (Toby Valderrama y Antonio Aponte. En: http://www.aporrea.org/actualidad/a179562.html)
“Corría el primer año de este siglo y en Macuro, frente al mar, bajo un almendrón bien llamado el congreso porque ahí todo se discutía, algunos expresábamos nuestra impaciencia por la lentitud de las medidas de Chávez y su tolerancia con los reaccionarios. Entonces, un viejo pescador, que había servido bajo Gómez, dijo: "¿Saben cómo es la vaina? Chávez enganchó un peje muy bravo, y lo tiene bien pegado...un peje bravo, bravísimo, tan bravo que se comió a Bolívar que era un arrecho... Si Chávez se pone fuerza y fuerza, el pescado lo tira al agua y se lo come. Tiene que trabajarlo, darle guaral, aflojarle para que corra, y cuando crea que se va liso... volverlo a prensar...cansarlo, así pase todo el día y la noche, hasta que lo traiga al costado del bote y le meta gancho y tolete y ¡pabordo! Y digo día y noche, pero pueden ser años de brega... Yo tengo fe que Chávez al final va a embarcar ese pescado. Pero eso si ustedes antes no lo vuelven loco criticando y hablando pendejadas..." (Eduardo Rothe. En:http://www.aporrea.org/ideologia/a179387.html)
“Finalmente, la lucha revolucionaria no es algo lineal que indique que mediante unas recetas llegaremos finalmente al socialismo. Marx en su carta a Joseph Weydemeyer en 1852 decía que los economistas burgueses ya habían analizado la anatomía económica de la lucha de clases, y que el aporte de la teoría socialista se dirigía a utilizar la lucha de clases para lograr el poder político de la clase trabajadora, pero que este poder político no es más que el tránsito hacia una sociedad socialista. Como vemos, la transición requiere de conocimiento de la realidad política y económica para lograr llevar a feliz término la construcción de la sociedad nueva, y esa transición lleva aparejada una diatriba interna en el propio campo revolucionario para diseñar el conjunto de medidas que faciliten la transición.” (Luicidio García. En:http://www.aporrea.org/actualidad/a179490.html)
“El PSUV encierra una serie de limitaciones para el debate de las diferencias, que produce como consecuencia el tener que colocar en la palestra pública temas que están pendientes a lo interno para definir la continuidad del proceso revolucionario. Es quizás momento propicio para discutir sobre esta necesidad, no sólo en el PSUV, sino en el seno de todo el chavismo, incluso más allá del mismo Gran Polo Patriótico. Sin embargo, cuestionamientos personales que pretender poner en duda el compromiso o la buena intención de las diatribas, muchas veces afecta negativamente la riqueza que puede producir un proceso dialéctico de las visiones de mundo que existen dentro del chavismo. Es por ello que reafirmo la recomendación que he formulado reiteradamente en mi columna: debemos abrir el diálogo de manera más fraterna a lo interno del chavismo, reconociendo las diferencias y partiendo de las coincidencias. Si un verdadero diálogo se puede gestas, y un franco consenso se puede producir es en el marco de la unidad chavista, sin menoscabo de las necesarias diferencias que se detecten. Ha habido momentos donde las diferencias se han preferido desechar y no confrontar sanamente, y aunque ello ha dejado rédito electoral parece que el rédito político no ha sido suficiente. Elevémonos ante nuestras debilidades y trascendamos las piedras del camino, para juntos marchar en la lucha ante una batalla de muy largo aliento contra el capitalismo.” (Nicmer Evans. En:http://www.aporrea.org/actualidad/a180001.html)
Como es posible constatar, aquí hay una serie de inquietudes, de coincidencias y diferencias, de matices y confrontaciones, de expectativas, valores, narrativas ideológicas, de discursos e ideales; incluso, de referencias directas o indirectas a Marx y al marxismo, a la revolución, al cambio estructural y al manido y poco profundizado tema de la transición al socialismo, incluso citando implícitamente lo siguiente:
“...Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...” (Marx. En:http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m5-3-52.htm)
La respuesta a estas inquietudes, o a alguna de ellas, no implica un tratamiento de baja calidad política y eficacia revolucionaria, sino un tratamiento de altura, con comprensión significativa de lo que se está planteando, con explicación de las condiciones y situaciones que permiten ubicar los planteamientos, con altura teórico-ideológica y ético-cultural. De manera, que a los argumentos y razones expuestos, hay que contraponerle razones y argumentos si así fuere el caso. Sobremanera si se trata de la alta dirección política de la revolución bolivariana. Y cuando se trata de acusaciones desmesuradas sin fundamento consistente, sin respaldo suficiente, sin pruebas determinantes, sin validez ni justificación, hay que poner el acento en la debilidad de las proposiciones, en la falacia de los argumentos, en la carencia de criterio ético-político en un cuadro real de modificación de relaciones de fuerzas.
De manera, que uno de los errores de la alta dirección política de la revolución es no asimilar la crítica ideológica (de propios y extraños) para el aprendizaje político; mientras otro de los errores de la crítica ideológica desde corrientes y tendencias de apoyo a la revolución es lanzar sin medida alguna, epítetos, acusaciones y descalificaciones desde una postura inquisitoria, ideológicamente centrada en el dogma, con auto-referencias sectarias, que muestra poca disposición a asumir la diversidad, las diferencias y los conflictos como condición de partida del debate de ideas en el campo de la revolución bolivariana.
Un campo de izquierdas sin cultura de debate, sin rigor en los argumentos, sin asunción de sus propios perfiles ideológicos como una interpretación entre otras (sin asumir su posibilidad de errar) es la peor condición de posibilidad para abordar con rigor y seriedad los complejos problemas de la transición socialista. Y esta lamentable situación es síntoma de otra quizás más grave: la “teoría revolucionaria”, el “programa revolucionario”, el “proyecto histórico de transformación” que pretende encarnar el mapa de orientación para la revolución bolivariana, experimenta una grave crisis de consistencia y de legitimidad para abordar el concreto asunto de la hegemonía ideológica y las luchas contra-hegemónicas en el período de transición, pues el escaso desarrollo de su construcción teórico-ideológica fue condicionado en gran medida por la presencia de una estructura de liderazgo intelectual y moral basada casi exclusivamente en la centralidad del momento del Líder: Hugo Chávez.
En ausencia de este “punto nodal de síntesis” de la diversidad presente en el campo bolivariano en la unidad de mando y conducción ideológica, con base a agenciar enunciaciones con capacidad de encadenar cambios de situación, y no simplemente para repetir enunciados cuya eficacia se asemeja a la rutina ideológica, entonces la posibilidad de articulación de voluntad colectiva nacional-popular luce debilitada. La administración de un carisma vía “rutinización” o “habituación”, no conduce a proseguir el curso de un proceso revolucionario, sino a la gestión de la política en los términos del “arte de lo posible”, conlleva entonces a acentuar  mantenimientos y conservaciones cada vez más precarios del poder instituido. Una revolución “sin liderazgo revolucionario” puede quedar estabilizada en un punto ciego, en una encrucijada de definiciones difusas, o pero aún, en la indefinición e indecisión sobre la dirección o rumbo frente a una situación. La apelación al “legado ideológico de Chávez” no garantiza la unidad ideológica si, se revuelve el hilo conductor del desarrollo de su pensamiento y acción, si el punto de partida no es su punto de llegada (acometer la fase de transición al socialismo), sino la confusión de una serie de elementos ideológicos en una selección interesada, por circunstancias sobrevenidas (como vaya viniendo vamos viendo), de permutaciones y combinaciones de elementos ideológicos sin orden ni concierto.
Cuando Carlos Lanz (http://www.aporrea.org/ideologia/a180009.html) plantea el tema de los usos y abusos del legado de Chávez está abriendo el punto central del conflicto de interpretaciones que recorre desde el 5 de marzo a la revolución bolivariana:
“(…) las ideas y la obra del Cmdt. Chávez van a ser leídas e interpretadas de diversas maneras, en muchos casos, sin considerar exhaustivamente el contexto, el momento o circunstancias históricas. Como le es inherente a cualquier obra intelectual o pensamiento en desarrollo, no se va encontrar en ningún autor  ideas  acabadas y elaboradas en línea recta, y por esto  sería una pretensión iluminista exigirle al pensamiento del Cmdt. Chávez una clara definición socialista en todo lugar y tiempo, cuando el mismo reconoció que se movió  en el camino de la “tercera vía” en el periodo previo al 2005, postura esta donde predominan concepciones inspiradas en la justicia distributiva y de equidad sin poner en discusión las relaciones de producción capitalista. En tal sentido, no debe  sorprender el hecho existan o aparezcan posturas ideológicas en el seno del “chavismo” que haciendo lecturas e interpretaciones de tal o cual elaboración (textos, discursos) del Cmdt. Chávez antes del año 2005, releguen o subestimen su proceso de radicalización  en la transición socialista. Por eso, también hemos sostenido que este nudo problemático de “lecturas e interpretaciones” del pensamiento chavista va a cobrar fuerza ahora cuando éste ya no está presente y pueda aclarar tal o cual sesgo interpretativo. Por ello, debemos prepararnos para un periodo signado por los “usos y abusos” de Chávez.”
De manera, que he propuesto concentrarse en el legado revolucionario, socialista y radicalmente democrático de Chávez para abordar la transición socialista, a menos que se pretenda reeditar un retorno solapado a la “tercera vía”, a una social-democratización cada vez mas reformista, o a las banderas del progresismo impotente para imaginar y pensar siquiera revoluciones democráticas ininterrumpidas. Aquí me gustaría citar una referencia recientemente leída (disculpándome de antemano con su autor por mi uso) en el artículo de Reinaldo Iturriza (actual Ministro de Comunas y Movimientos Sociales) titulado “Venezuela: Rosa Luxemburgo, cuando la palabra alumbra” del texto: “Rosa Luxemburgo o el precio de la libertad” editado por Jörn Schütrumpf. Iturriza señala que:
“¿Qué significa ganar la calle? No simplemente movilización (que por supuesto es importante), sino participación cada vez mayor en los asuntos públicos, profundización y multiplicación de los espacios de debate democrático, apoyo a las iniciativas de autogobierno popular (sin tutelajes). En lugar de esto, se fue afianzando un proceso de normalización del Chavismo, de disciplinamiento de su carácter bravío, y lo que en otra parte he llamado, la imposición del partido/maquinaria: uno que no moviliza, sino concentra; que concibe a los movimientos como correas de transmisión de la línea del partido; que reduce el ejercicio de la política a la administración burocrática; que privilegia el sectarismo, el clientelismo, el asistencialismo; que sabotea permanentemente la democracia interna, etc. La derrota de la propuesta de reforma constitucional, y el retroceso relativo sufrido en las siguientes contiendas electorales (salvo la victoria incuestionable para aprobar la enmienda constitucional de 2009) son eventos que deben ser leídos a la luz de aquel proceso de burocratización de la política.” (2011, pp. 141)
¿Qué ocurre entonces, si a aquel proceso de burocratización de la política enlazada significativamente a la imposición del partido/maquinaria, se le agrega la partida física de Chávez y el profundo debilitamiento del momento del líder? De allí la importancia de retomar en el indisoluble vínculo entre democracia y socialismo en el proceso de transición, a riesgo de encallar, si no se asume con determinación indeclinable, en las opciones del socialismo burocrático o su re-encuadre en el estalinismo más ramplón; o por otra parte, en una pragmática del poder típica de reformismo de gatopardo, para administrar de modo más o menos progresista a la lógica del Capital. Podríamos suscribir punto por punto las siguientes palabras:
“Por último, y estrechamente ligado a los dos puntos anteriores, está el tema decisivo de la relación entre socialismo y democracia, pero también de la necesidad de concebir la revolución como un proceso que ante todo, es invención, como diría Simón Rodríguez. Invención como orientación tanto más fundamental en tanto que cargamos a cuestas con los errores de los viejos socialismos burocratizados (no precisamente porque seamos “culpables”, como reza la propaganda reaccionaria). Como no se trata de cargar con ese pesado fardo infinitamente cual penitencia, y como lo deseamos porque no nos reconocemos en esa herencia, lo que toca es descargarnos, liberarnos, saldar cuentas con el pasado, mediante el respectivo balance de inventario, y probar lo nuevo: “Territorio nuevo. Miles de problemas”. Bienvenidos sean, si nuestra opción es el florecimiento de la vida popular”. (Ibíd., 2011, pp. 141)
Pero si de poder popular se trata, y sobremanera, enfrentar todos los bloqueos que desde Marx están presentes en la transición socialista, en una enumeración simplificada colocaremos en la mesa de debates algunos errores del Estalinismo: ¿Dictadura del proletariado? ¿Dictadura del partido-único? ¿Capitalismo de Estado? ¿Estatismo autoritario? ¿Liquidación de la oposición obrera? ¿Militarización de los sindicatos? ¿Colectivización Forzada? ¿Planificación Burocrática? ¿Monolitismo ideológico? ¿Centralismo Burocrático? ¿Liquidación administrativa del uso informativo de las señales de mercado? ¿Economía de escasez? ¿Moralina compulsiva? ¿”Trabajo voluntario”? ¿Reeducación de masas? ¿Ingeniería del alma y “Hombre Nuevo”? ¿Propaganda difusionista? ¿Policía, “campos de trabajo” y espionaje de disidentes?
De manera, que reeditar una edulcorada forma de estalinismo no es aceptable en nombre del “Inventamos o Erramos”. Como tampoco lo es la pragmática del poder que pretende restaurar las claves de la gestión política tan presentes en el llamado punto-fijismo cuarto-republicano: la representación que niega la participación, el dedazo que sustituye la consulta pública, el clientelismo que construye lealtades con base a redistribuciones patrimoniales, la corrupción que engorda a nuevos cortesanos y testaferros, el reparto de la renta entre una casta que conforma la alta burocracia del Estado o la llamada “burguesía de estado”, la acumulación delictiva de capital bajo el reparto de concesiones, empresas fantasmas y captura de los dólares de la renta, una reedición de aquella “Manzopol” en nombre de proteger a los intereses de la “nueva clase”. Nada de esto se parece a cualquiera de las interpretaciones del legado revolucionario de Chávez. De modo que vale la pena concluir provisionalmente con las propias del analista de la vida y obra de Rosa Luxemburgo, en días tan cercanos al aniversario de su cruel asesinato:
“Al final de su vida verdaderamente odiaba a esos políticos de izquierda que tan solo sabían aprovechar las circunstancias medianamente liberales que se habían ganado luchando, para hacer lo mismo que todos los demás políticos: una política burguesa en lo oscurito.”     (Jörn Schütrumpf (2011) “Rosa Luxemburgo o el precio de la libertad”. Ed. RLS Dietz Berlín)
Este es el peor peligro de la revolución bolivariana para clausurar y olvidar para siempre el “legado revolucionario de Chávez”: una política burguesa en lo oscurito.


¿Podrá superarse esta encrucijada? ¿Chávez vive, la lucha sigue?

domingo, 1 de diciembre de 2013

REVISITANDO ALGUNOS ALERTAS SOBRE LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS


Javier Biardeau R.
Pudiera suponerse que revisitar aspectos teóricos de los planteamientos clásicos de Marx y Engels sobre la transición al socialismo en medio de problemáticas más urgentes y actuales, como la llamada “guerra económica”, el “plan de colapso total” o el debate sobre la “ley habilitante”, es una actividad carente de sentido.
Sin embargo, no se trata de re-vivir un dogma anacrónico, sino de aprender algunas lecciones para el pensamiento crítico socialista, como momento reflexivo de la praxis en las actuales circunstancias.
¿Qué ocurre si advertimos que la actual coyuntura de “crisis económica” parcialmente inducida y cabalgado por sectores de la derecha nacional e internacional, es producto de profundas debilidades teóricas, de inconsistencias de la política revolucionaria en el terreno económico, de carencia de referencias en la ética socialista, en el pensamiento crítico y en las ciencias sociales e históricas (particularmente en la crítica rigurosa de la economía política del Capital) para orientar otras coordenadas a la política económica (tanto para la coyuntura como para darle aliento a cambios estructurales); carencias ostensiblemente presentes en el Bloque Popular, Democrático y Revolucionario, para avanzar en las tareas inmediatas y mediatas de la transición al socialismo?
¿No podría convertirse en una letanía repetitiva y vacía convocar permanentemente a una “revolución económica” para salir del rentismo-petrolero y diversificar el aparato productivo nacional (como si fuesen asuntos que no tienen incidencia alguna en los conflictos entre intereses de grupos, sectores y clases)? ¿Acaso olvidamos los aportes de Varsavsky cuando definía un estilo de desarrollo como el modo de vivir, trabajar y evolucionar como sociedad, que incluye el modo de consumo, las relaciones laborales, el estilo tecnológico, científico y artístico, junto con las maneras de actuación de las fuerzas políticas (estilos políticos)?
¿Acaso olvidamos los aportes de pensadores latinoamericanos como Aníbal Pinto cuando definió el estilo de desarrollo como la manera en que dentro de determinado sistema (capitalista, mixto o socialista), se organizan y asignan los recursos humanos y materiales, con el objeto de resolver los interrogantes sobre qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios? ¿Acaso olvidamos como señalaba sobre el mismo tema Jorge Graciarena, que un estilo o modelo de desarrollo (su formalización) es el resultado de la articulación dinámica entre relaciones de poder, entre el Estado, el poder y el mercado en una determinada sociedad basado en ideas, valores e ideales, explícitos o silenciosos; que operan como guiones (y marcos de sentido) de prácticas y comportamientos sociales?
¿No es acaso el capitalismo neoliberal la máxima expresión de la hegemonía del fundamentalismo de mercado y de las fracciones sociales del capital financiero y especulativo? ¿Puede alcanzarse la justicia social, la inclusión, la autodeterminación nacional y el equilibrio ambiental, como apoyo activo a las capacidades de recuperación de los sistemas ambientales, en el marco del capitalismo neoliberal?
Y más allá de la hegemonía del neoliberalismo, ¿Sera posible hacerlo en cualquiera de las variantes del capitalismo realmente existentes: bajo orientaciones de política keynesianas, de economía del bienestar, del estructuralismo, del institucionalismo o del post-keynesianismo?
¿Es posible convocar a fracciones de las llamadas burguesías productivas, como aliados para el desarrollo y diversificación de las fuerzas y capacidades productivas, tecnológicas, humanas, de capital social bajo una orientación socialista democrática?
¿Cómo crear efectivamente las condiciones de la superación del rentismo (superación que no será abrupta sino gradual y planificada), discurso que comenzó con la tesis del Primer Plan Económico de la Revolución Bolivariana (Los Cinco Equilibrios), con la proyección del modelo de “desarrollo endógeno”, y que actualmente gira casi imperceptiblemente para los oídos profanos, en la angustiosa búsqueda de un “crecimiento” basado en las exportaciones no petroleras? ¿Búsqueda de divisas? ¿Crisis de la oferta-producción interna? ¿Raquítico despliegue del “modelo productivo socialista”? ¿Desproporción del crecimiento de sectores importadores y especulativos, debilitada inversión reproductiva para la acumulación, crecimiento y distribución de excedentes desde las capacidades del mercado interno y la ampliación de mercados aliados bajo esquemas ciertos de integración? ¿Dijo usted “Socialismo Productivo”? ¿Dijo usted Independencia Económica?
¿Sabemos que la hegemonía neoliberal tiene como bases de apoyo al gran capital del sector financiero, comercial, empresas transnacionales, grandes empresarios asociados a estos intereses; sostenido por los estratos altos y medios con patrones de orientación valorativas congruentes con elmodo de vida consumista y elitista, inducido exógenamente? ¿Serán estos sectores favorables a estilos de desarrollo orientados por el “desarrollo humano sustentable”, o incluso por el Socialismo del siglo XXI?
¿Con cuál “bloque histórico de fuerzas sociales y políticas” se apunta al desarrollo y diversificación de las fuerzas productivas, la expansión de empleos de alta productividad y con una sustantiva mejora de la distribución del ingreso? ¿Con cuáles fracciones empresariales y grupos económicos se pretende impulsar el “socialismo productivo”, si somos tan alérgicos al discurso de reconocimiento de los intereses de las clases capitalista, sus fracciones, alianzas y conflictos: comerciales, industriales, bancarias y rentistas particulares, con sus diferentes magnitudes de capital (grandes, medianos y pequeños), composiciones y gradaciones?
¿Existe efectivamente la posibilidad de lograr un estilo de desarrollo sustentado en la producción de satisfactores, para pasar del aumento en el “nivel de consumo de bienes y servicios” a la “calidad de vida”, al ya olvidado “buen vivir” hacia los sectores populares, a partir de un patrón de crecimiento económico (distribución y redistribución de ingresos, generación de mayor y mejor empleo), basado en la unidad nacional, la expansión agro-productiva, la re-industrialización y la generación permanente de progreso científico-técnico y aumentos de productividad? ¿Habrá pasado ya el tiempo del ideal que proyecta los desarrollismos nacional-populares incluyentes?
¿Existe acaso la posibilidad de generar estilos culturales para el desarrollo creativo y no imitativo, con una educación masiva de calidad, con la movilización de la creatividad y la participación popular, con innovaciones científicas, tecnológicas y humanísticas, cuyos valores sean la solidaridad y la inclusión, en oposición al elitismo excluyente y competitivo?
Por cierto, el concepto de estilos de desarrollo nace en Nuestra América como una ampliación de la definición convencional del desarrollo capitalista, implicando mucho más que crecimiento económico, ya que se refiere para su evaluación, a la proyección social y política del dinamismo de las principales variables económicas, como a la modificación de la estructura social para reducir los grados de desigualdad hasta liquidar cualquier forma de exclusión social.
De manera que el debate sobre la transición socialista: ¿Debe hacer caso omiso a la discusión delestilo de desarrollo? ¿Acaso no fueron diferentes los estilos de desarrollo de los llamados socialismos reales del siglo XX: URSS (industrialización pesada), China (Industrialización ligera), Yugoslavia (autogestión), y Cuba (¿Plataforma de exportación de azúcar subsidiada por la URSS?)?
¿Son Paradigmas, modelos y enfoques a ser reactivados e imitados como “modelos de socialismo”?
Por otra parte, ¿Qué queda hoy del proyecto socialdemócrata de economía mixta de bienestar? ¿Acaso son mal evaluados desde el punto de vista del desarrollo humano y la sustentabilidad, países que experimentaron el despliegue de las potencialidades de este modelo de integración social y regulación del capitalismo en materia de equidad, libertad y solidaridad?
Dentro de este planteamiento global, ¿Cómo caracterizar el “estilo de desarrollo” que proyecta la revolución bolivariana vinculándolo con los sistemas históricos de producción (capitalismo, economía mixta y socialismo) y con las estructuras (llamadas convencionalmente como: desarrolladas, camino al desarrollo y subdesarrolladas)?
¿Cuál es la opción política, social y económica adoptada por la revolución bolivariana, para cada coyuntura dinámica, dentro de un sistema y estructura determinados? ¿No se basó acaso el Primer Plan de la revolución bolivariana en un capitalismo productivo con inclusión social, que avanzaría hacia el desarrollo integral y la economía mixta? ¿Qué transformaciones ocurrieron con los sucesivos planes en la revolución bolivariana cuando se estableció como meta el tránsito al socialismo del siglo XXI para llegar al enunciado de superar la llamada “barrera del no retorno”, desde el nuevo mapa estratégico, el Primer Plan Socialista “Simón Bolívar” y el programa “Independencia y Patria Socialista”?
¿Acaso el “modelo productivo socialista” no pasa por modos de propiedad, apropiación y cambio radicalmente distintos a los procesos de trabajo capitalistas? ¿Acaso no se propone superar la división jerárquica del trabajo, la estructura de mando capitalista y la lógica de generación de excedentes por la vía de la apropiación de plus-trabajo? ¿Cómo se caracterizaría eso de una “economía mixta de transición al socialismo”? ¿Qué sucede con las relaciones sociales de producción, con las formas de propiedad, con el cálculo económico, con la división del trabajo, con el proceso de planificación y organización de la cooperación social de la producción y la distribución en estas condiciones de la transición? ¿Qué sucede con la ética del trabajo y del consumo, con los incentivos materiales y morales? ¿Qué sucede en el terreno de la conciencia revolucionaria?
¿Cómo pensar estas condiciones de la transición al socialismo desde la periferia latinoamericana, desde la dependencia histórica y lo que sin ambigüedades se denominaba el “subdesarrollo latinoamericano”? ¿Cuáles fuerzas sociales y políticas impulsan el cambio estructural en una clara dirección socialista que implica profundos procesos de socialización del poder social? ¿Con cuáles movimientos de trabajadores clasistas? ¿Con cuáles movimientos campesinos? ¿Con cuáles movimientos estudiantiles y de juventudes socialistas? ¿Con cuáles movimientos de pueblos originarios? ¿Con cuales movimientos de mujeres? ¿Con cuáles movimientos de sectores profesionales, científicos y técnicos? ¿Con cuáles movimientos ecológicos? ¿Con cuales “nuevos” movimientos sociales: sexo-diversidad, pro-aborto, culturales, musicales? ¿Con cuáles movimientos de pobladores y de consejos comunales? ¿Cómo se comprende la autonomía de los movimientos sociales y la conformación de los consejos del poder popular? ¿Con cuáles partidos políticos de orientación revolucionaria? ¿Se ha superado la figura del partido-único/burocracia de Estado como fórmula de transición al socialismo?
Y para colocar la guinda: ¿Con cuáles sectores empresariales con una visión de “independencia nacional” y proclives al “socialismo democrático”? El riesgo es que un Socialismo sin la acumulación efectiva de fuerzas sociales y políticas de apoyo es un Socialismo aéreo.
Ninguna de estas preguntas es ajena al espacio-tiempo de los acontecimientos que se despliegan en la superficie de las situaciones. El abismo entre la retórica y la realidad, entre la orquestación propagandística y la situación efectiva en desempeño del sistema económico (que sigue siendo en lo fundamental capitalista) es parte de un descalabro producto de la banalización de las tareas teóricas y de la formación política, para una revolución caracterizada en los enunciados como “antiimperialista, socialista, democrática y bolivariana”. Son cuatro términos que forman una cadena de profundas implicaciones para el pensamiento, para la dirección intelectual, moral y el campo de la política en diferentes ámbitos: económicos, institucionales, culturales y militares.
Ahora bien, ¿Están los cuadros de la alta dirección política de la revolución, efectivamente comprometidos y mínimamente claros sobre el rumbo de “la ofensiva” que parece anunciarse y del estilo de desarrollo a promover en estas circunstancias? ¿Desde cuál cuadro de políticas económicas y sociales, desde cuál cuadro de organización y movilización de fuerzas sociales y políticas para desplegar la llamada “lucha, batalla y victoria”?
¿Dijo usted lucha contra la “burguesía comercial importadora”, contra “fracciones financieras especulativas”, contra “grupos económicos de poder”, contra “formas de corrupción” de un lado y de otro? ¿No son acaso estos intereses y fuerzas, una madeja poderosa, incrustada parcialmente en los propios espacios de la revolución, como para hacer trizas a un campo revolucionario que por responsabilidad de sus dirigentes políticos ha optado por presentarse en un débil GPP, “desunidos” y “debilitados”, con un método electoral unitario que ha excluido de su seno las tareas de fecundar y darle proyección al pensamiento crítico y revolucionario?
¿Quiénes trabajan para que la acumulación de fuerzas sociales y políticas, genere un verdadero salto cualitativo favorable en la correlación de fuerzas en los diferentes espacios de poder del campo social: económicos, político-institucionales, electorales, culturales, mediáticos y militares?
Por cierto, si la revolución apelara (como último recurso) al saber-experto de cuadros de la tecno-estructura (con “intereses mercenarios”) para que se resuelvan problemas directamente implicados en las indefiniciones e indecisiones en materia económica (comprendida ésta exclusivamente desde los parámetros de gestión de la macroeconomía capitalista), o si se aproximan sólo desde los conocimientos elaborados por la “macroeconomía capitalista” a la problemática de la transición al socialismo, entonces es previsible que no se avance, que exista estancamiento, indecisión, indefinición e incertidumbre. Otra interrogante inquietante, si estamos realmente ante una “guerra económica”, ¿No sería justificable una “economía de guerra”?.
Se entronizarán bajo esta trayectoria las “medidas defensivas” o de mitigación de fenómenos como la inflación, la presión cambiaria, los controles administrativos, ineficiencia del gasto fiscal, las desproporciones coyunturales entre demanda y oferta agregada; entraremos a un período de “emergencia económica”, mientras se controlan los daños del desgaste de errores cometidos en la política económica y social.
Por otra parte, la lucha contra la corrupción podría convertirse de voluntad de atacar una de las aristas del problema: la “acumulación delictiva de capital” (Brito Figueroa dixit) por apropiación fraudulenta de porciones de renta petrolera, pero podría ser un factor de distracción para no avanzar en cuestiones sustantivas: ¿Cuál transición y hacia cuál socialismo?
No sólo hay que abordar problemas urgentes e inmediatos sino además, abordar el debate sobre problemas estratégicos de la revolución bolivariana, democrática y socialista; sobre todo hacerlo con responsabilidad, evaluando las posibles consecuencias de las críticas y las anti-críticas que se elaboren. Donde terminan muchos discursos de galería, de clichés, de frases-cohete, de códigos malgastados, es donde deberían comenzar las profundizaciones y desarrollos. ¿Quiénes se atreverán a abrir las brechas de estas discusiones impostergables? ¿Quiénes abordarán la necesidad de establecer una cultura revolucionaria de debate entre tendencias y corrientes sobre diversas materias?
El debate: ¿Fortalece o debilita? ¿Para qué debatir sin tomar como referencia la acumulación de fuerzas, el crecimiento cuantitativo y la densificación cualitativa de las propuestas que se ponen en la escena? ¿Qué se propone, en que materias, para cuál espacio-tiempo, con cuáles cronogramas, operaciones, responsables y planes de acción? ¿Quién controla y evalúa este proceso en función de alcanzar fines y metas? ¿Es debate y/o catarsis? ¿Es debate y/o protesta? ¿Es debate y/o deslinde?
Debemos ser claros. No hay aún ni efectivo poder de las clases explotadas y oprimidas, del pueblo trabajador en los centros de control y mando de la economía venezolana, ni efectiva transición a estilos revolucionarios de socialismo (aquí cabe la pregunta: ¿Cómo es eso del socialismo democrático y revolucionario?); lo que existe es a lo sumo política nacional-popular heredada desde el sistema de conducción del propio Presidente Chávez, orientada desde el “Capitalismo Rentista de Estado” rivalizando con los grandes monopolios privados y fracciones del capital transnacional.
Opino que, una política nacional popular de carácter reformista es mucho mejor que estar atados al neoliberalismo y a los organismos como el FMI y el BM, pero en esta “trinchera de dignidad”, no hay avance alguno hacia ningún socialismo. En política: ¿No hay circunstancias que exigen optar entre el mal menor y mal mayor? ¿O es que siempre existen condiciones para optar por el Summum bonum, o el mayor bien?
¿Cuál es la relación entre política y moral? ¿Cuál es la relación entre racionalidad estratégica y racionalidad ética? ¿Qué diferencia hay entre lo que Carlos Matus llamó la política del Chimpance, de Maquiavelo y de Ghandi, como símbolos de tipos de racionalidad en política?
Algunas voces señalan que lo planteado en el más reciente en la Asamblea Nacional por el Presidente Maduro, expresa la lucha entre segmentos de los viejos y nuevos sectores dominantes. ¿Se habrá cumplido entonces el dictado de Bonaparte cuando señaló: “Señores, la Revolución ha terminado”? ¿O es que acaso se vive justamente el impasse de la definición de los caminos del socialismo (y repito, del Socialismo Democrático), más aun cuando se aprovecha desde la derecha, la incapacidad de decisión estratégica en determinadas materias, por ausencia de Chávez?
¿No fue Chávez el que insistió en que el socialismo bolivariano era un Socialismo Democrático en el marco de un proceso constitucional, pacífico y electoral? ¿O existen otras directrices que desconocemos? ¿Creía Chávez que esto era solo un mareo formal, que había que saltar a nuevas formas de lucha que impusieran por la fuerza una nueva legalidad revolucionaria, considerando el proceso constituyente de 1998 como simple “legalidad burguesa”? ¿O no es esto lo que verbalizan a medias algunas corrientes de izquierda revolucionaria? ¿Se agotó la revolución pacífica?
Debemos reiterarlo fuerte porque causa escozor: ¿Defendemos o no la vía del Socialismo Democrático? ¿Por qué sectores de la izquierda revolucionaria, de formación aparentemente leninista, insisten en que el Socialismo Democrático de Chávez era una estratagema retórica, que el socialismo es revolucionario, leninista, bolchevique, o incluso “fidelista” y “guevarista”, o simplemente no es? Y por si fuera una suerte de “deja vu”, o “remix”, ¿Estamos en el terreno de debate de la transición socialista en el Chile de Allende?
Algunos dirán: ¿Kerensky o Lenin? Aquí hay un gran debate.
Mientras más soterrado sea, más acumulación de tensiones habrá.
No hay nadie que pueda argumentar con evidencia consistente (no con métodos de tergiversación y descontextualización de fuentes) que el discurso de Chávez en el año 2012 no se refería al socialismo democrático. ¿Por qué Chávez no dijo Comunismo? ¿O quizás: Socialismo guiado por las orientaciones de la doctrina marxista-leninista? ¿No dijo que había razones para pensar por qué las experiencias socialistas del siglo XX habían fracasado? ¿Eran simples estratagemas retóricas?
¿Por qué Chávez se opuso a tantos dogmas de tantos grupos con encandilamientos ideológicos? ¿Por qué llamó a inventar y crear en clave de Robinsón, y no siguió el camino de “calcar, copiar y aplicar” una teoría revolucionaria universal establecida, como dicen los doctrinarios?
Por otra parte: ¿Por qué ahora quieren arrimarse al mingo de Chávez para justificar sus particulares interpretaciones de la revolución y del socialismo, lo cual no deja de ser plantear una reiteración con uno que otro velo, del viejo marxismo ortodoxo y del viejo socialismo real?
¿Quiénes son los que meten sus contrabandos ideológicos con empaquetamiento “dicho por Chávez”? ¿De cuál legado de Chávez me hablan y si es tan antiguo el dicho: “Del árbol caído se hace leña”?
Estamos en el éxtasis de las manipulaciones lingüísticas del legado revolucionario de Chávez, pero no olvidemos los términos: “Revolución democrática y socialista”. ¿Qué significa eso? ¿Acaso el viejo leninismo? ¿Acaso lo mismo que el rancio estalinismo? ¿Acaso “calcar y copiar” desde una teoría universal que sigue siendo un monolito dogmático para su aplicación a cada una de las circunstancias particulares y específicas?
¿O por otro lado, se tratará acaso de una socialdemocracia que supone gestionar el capitalismo para regularlo por vías reformistas “en nombre de Chávez”?
¿Dónde se ubicaba efectivamente Chávez en el espectro ideológico y político? ¿Por qué se autodefinía como “cristiano” y “marxista”, pero a la vez hablaba de superar los escollos autoritarios del socialismo real, sin perder de vista el pensamiento estratégico para el cambio estructural?
¿O no fue así? ¿No habló acaso Chávez de unir la diversidad en el campo de la izquierda, evitar que cada micro-facción “jalara pa´su lado” rompiendo la unidad necesaria del bloque popular-bolivariano?
No me cabe duda la menor duda, Chávez fue una “anomalía salvaje” para el reformismo socialdemócrata y para los socialistas burocráticos de corte marxista-leninista. Incluso, Chávez no sólo “volvió locos” a sectores de la oposición, sino a propios y extraños en el campo de la izquierda que lo acompaña. A unos los cuestionaba por no romper con el capitalismo en sus mentes y corazones (y bolsillos), a otros, por mantener sus dogmas de librito sagrado y sus encandilamientos ideológicos alejados del arte de la estrategia política para el cambio.
Los errores de derecha, por un lado, los errores del infantilismo de izquierda, por otra. ¿Errores, en qué sentido? ¿Por decisionismo de Chávez? ¿Por apreciación de conjunto de las relaciones de fuerzas?
De manera que: ¿Cómo se manejan políticamente estas luchas de tendencias en la definición del rumbo socialista? Repetimos: ¿No se asemejan estas contradicciones a aquellas ya conocidas durante la transición pacífica al socialismo en el proceso chileno entre la UP y otros sectores? Algunos de aquellos protagonistas: ¿No le atribuyen los errores a los “reformistas”? ¿No le atribuyen los errores a los “izquierdistas”? ¿Cuál es el balance de los errores de lado y lado, que hicieron posible que el dictado imperialista de impedir un gobierno socialista en Chile con respaldo de la derecha chilena se concretara? ¡Prohibido olvidar!
Sin embargo: ¿No se abren las compuertas al “No Debate” cuando se silencia el debate, las voces divergentes, o cuando domina por imposición el dogmatismo y sectarismo de micro-facciones revolucionarias? Ni el silencio ni el falso debate (diálogo de sordos) son opciones. ¿Tenemos acaso que elegir entre el No debate y la imposición de dogmatismos de diverso pelaje? ¿No está madura la revolución bolivariana para asumir los debates abiertamente, sin cortapisas, sin temores burocráticos, sin controles verticales, sin trampas ni contrabandos, sin caer en el manoseado expediente de los “enemigos del pueblo”?
O dada la naturaleza de los conflictos internos de poder: ¿El debate está viciado? Estimados y estimadas, olor a “llegadero”. Ojala no sea a llegadero podrido.
Los riesgosos retos que impone la agenda de derecha (¡Acaso conspira? ¿Acaso desestabiliza?), no justifican entonces la verborrea de arrogancias en nombre de uno que otro “vanguardismo estéril”. El llamado es a la unidad de propósitos mínimos comunes ante una grave y delicada coyuntura, que ciertamente coloca la ventaja en el terreno opositor. ¿Quién puede acometer una ofensiva con una parranda de caciquismos ideológicos y políticos como tropa de combate, con intrigas y desconcierto?
Las fantasías particulares deben llegar a mínimos comunes; sumar respaldos, no restar, debilitar o dividir a la revolución bolivariana. Si fuese ese el destino sería, en el mejor de los casos, el viejo clima de afectos de una “izquierda” derrotada (¿Dijo usted 23 de enero? ¿Dijo usted lucha armada? ¿Dijo usted divisiones? ¿Dijo usted izquierda electoral? ¿Dijo usted izquierda cooptada? ¿Dijo usted izquierda reciclada en vestimenta del FMI y BM?, para no ir más lejos), cada quien cobijando resquemores y magullando improperios en voz baja, echando baba y repartiendo culpas a diestra y siniestra. ¿O no era esa la subcultura de la exquisita izquierda venezolana?
De manera que cabe la pregunta: ¿Qué ha aprendido la izquierda venezolana de tantas derrotas? ¿Nada? ¡Prohibido olvidar!
Si la derecha llega al gobierno, por los errores de la revolución bolivariana, entonces la derecha pasará su “maquinaria de guerra” sobre todo lo que huela a chavismo, a revolución bolivariana e izquierda. Eso se llama: cortar cabezas. Sólo pocos podrán comprar impunidad, con los viejos trucos del “pago cash” y las delaciones a granel. ¿O no ha sido así en la historia? ¿No es suficiente eso para dejar atrás tanto egolatría en nombre del vanguardismo estéril?
Aterricemos a la realidad. Guerra económica, reinvención del llamado “Plan Fulbert” aplicado en Chile (ahora aplicado en Venezuela), fórmula para el caos y el colapso económico, cabalgamiento de los sectores de oposición sobre los “nudos críticos” y “cuellos de botella” propios de la propia revolución bolivariana, cuadro favorable para la contra-revolución ante la partida física de Chávez, agudización de contradicciones secundarias en el campo bolivariano para instigar divisiones, debilidades y deserciones; todos estos elementos confluyen en una complicada situación a la que habrá que hacer frente de manera organizada con planes de acción coordinados en diferentes ámbitos, si se quiere avanzar o al menos minimizar los costos de cualquier descalabro táctico.
No olvidemos un poco de sensatez. Unidad de propósitos comunes, respetar un mínimo de fidelidad interpretativa sobre el legado de Chávez. No comportarse como aves de carroña frente al mismo.
Lamentablemente, hay sectores que están perdiendo de vista el buen sentido, diluyendo la diferenciación entre el enemigo principal, la coalición de fuerzas enemigas, el bloque de adversarios y las bases de apoyo, los factores de respaldo y los grupos no alineados. La tesis de legalizar los enunciados sobre la regulación de “actividades enemigas internas” es un grave error, ni siquiera consistente con la prioridad de definiciones sobre el mantenimiento del orden interno en el ámbito de la seguridad nacional. Eso abre las compuertas a su aplicación inversa, es meterle más gasolina al fogón. ¿O acaso olvidamos a los Estados de Seguridad Nacional en América Latina?
Un análisis de clases simplón pasa a ser peligrosamente funcional a los planes de la derecha. Si los sectores aliados se reducen, a quienes creen en las mismas ideas y valores de una micro-facción, implica que no hay acumulación alguna de fuerzas, que no hay estrategia de articulación de diferencias, de diversidades, de variedades de un campo democrático hegemónicamente expansivo para construir un sistema de equivalencia en un antagonismos; es decir, unidad democrática y revolucionaria para la lucha. Si no sumamos si no a “los mismos”, entonces: ¡Tremenda acumulación de fuerzas!
Predomina la plantilla de la arrogancia y el dogma. La incapacidad para articular demandas y planteamientos distintos a los que se enarbola desde cada grupo particular de izquierda, es parte de la incapacidad para generar una unidad superior.
Por otra parte, sería ruinoso que sectores del oficialismo más flojo teóricamente, enarbolen la “crítica del debate”, una suerte de la “crítica a la crítica”, disfrazándola de humildad y sensiblería populista, pero destilando profundas inconsistencias históricas en cuestiones de revolución socialista.
¿Quién osa hoy desconocer el “testamento” de Lenin, la crítica al “estalinismo” ruinoso desde cualquier punto de vista, omitir en bloque investigaciones sustantivas sobre las “grandes purgas”, sobre la liquidación de la vieja guardia bolchevique y leninista?
¿Quiénes serán tan estúpidos para encarnar semejante papel de reivindicación de la figura de Stalin en las actuales circunstancias? ¿Por cuantas lochas se puede uno volver un “felicitador” de Stalin? ¿Quién se atreve a comparar a Chávez con Lenin, y a Maduro con Stalin, en un sentido discursivo positivo, señalando a Trotsky y a Bujarin como intrigantes?
Una opinión que no resiste ningún análisis más o menos serio desde el punto de vista histórico, a menos se crea en la versión estalinista de la revolución rusa. ¡Bueno, quizás haya tristes sorpresas aún!
Podría decirse parafraseando a Pio Gil: “Cuanto bien de la Patria merecería ahora Nicolás Maduro si hiciera publicar este anuncio tan corto, y de tan incalculable trascendencia moral: El presidente de la República no recibe felicitaciones. Favor abstenerse adulantes y rapaces jalabolas.” (Pio Gil dixit)
En cabeza dogmática, corazón autoritario y víscera mezquina no hay “análisis concreto de la situación concreta”, como gustaba repetir de Lenin.
De manera que no hay que hacerle el juego a las operaciones de instigación de contradicciones secundarias, tan funcionales a las operaciones encubiertas de los factores imperiales, sean en nombre de una crítica que no acumula fuerzas o una anticrítica que desalienta cualquier espíritu de lucha. Chávez lo dijo tan sencillo: “Unidad, batalla, lucha y victoria”.
Hay que apoyar, aunque sea con las piernas a media rodilla metida en el fango a la revolución bolivariana en este dramático trámite, esté quien esté dirigiendo el tránsito; pero eso sin renunciar al espacio de cuestionamiento y asumiendo las consecuencias de las posturas, sin delegar ni silenciar la crítica, ya que es factor esencial de la lucha contra-hegemónica.
Atentos, malos lectores de la “filosofía clásica alemana”, tan cacareada fuente de quienes siguen hablando de Marx en clave de tigre de papel. Atentos. No hay revolución sin crítica radical, y por razones de espacio-tiempo, no comentaremos aquí la genealogía del discurso de la crítica y la auto-critica en el campo de la izquierda post-leninista, algo tan trillado y sedimentado como subcultura y hábito de los clichés de la izquierda.
Hay demasiadas costumbres y hábitos que merecerían un estudio detallado de sus condiciones de posibilidad, emergencia y sedimentación histórica, entre ellos el “método de la crítica y la autocrítica”, tan funcional en sus usos para lo que Gramsci llamó el “centralismo burocrático”. De eso hablaremos en otra ocasión.
El asunto clave ahora es fortalecer las fuerzas sociales y políticas que desean salir del nuevo laberinto, que no quieren que se pierdan los avances y logros de la corriente histórico-popular que encarna la revolución bolivariana. Para los que no han vivenciado ya lo que significaría un retroceso histórico, para los que no han vivido en sus cuerpos ni las represiones ordinarias de la democracia punto-fijista ni los efectos del neoliberalismo, es preciso transmitir que una derrota no es cualquier derrota, es una regresión a la barbarie.
¿Cómo no servirle la mesa a las acciones de tergiversación, confusión y manipulación para debilitar las bases sociales de la revolución bolivariana? ¿Se logra esto con apelaciones estalinistas a la disciplina autoritaria? ¿Se logra esto con la irreverencia irresponsable? Repetimos, hay que madurar la función de la crítica para contribuir a que la acumulación de fuerzas modifique cualitativamente a favor de la revolución bolivariana, la correlación de fuerzas en la actual situación.
Vayamos a fondo del debate. Se ha planteado como lugar común que la “revolución bolchevique” fue una confirmación indiscutible del “marxismo”. Y lo que es peor, que no hay que discutir ambos para abordar el asunto del socialismo en Venezuela.
Sin embargo, ¿Qué ocurre si se plantean objeciones y dudas a tal “lugar común”? ¿Qué ocurre cuando se plantea una historia a contrapelo, mostrando la historia de las otras voces y cuerpos vencidos, de sus resistencias ante la versión oficial del “marxismo ortodoxo”?
¿Qué ocurre cuando releemos a Marx y a Engels sin el pesado filtro del discurso autorizado por la socialdemocracia alemana o por el marxismo-leninismo ortodoxo? ¿Qué ocurre si reconocemos no sólo el derrumbe del socialismo realmente existente (Socialismo Burocrático) sino la implosión del “marxismo realmente existente” (marxismo burocrático)? ¿Cómo reinventar allí el socialismo posible y la teoría crítica?
Para algunas voces instituidas como garantes de la línea teórica correcta, esto implica desertar de las ideas, valores e ideales de emancipación y del socialismo revolucionario que encarnaron Marx y Engels. Para otras voces, que no le temen a la crítica radical desde las heterodoxias, eso implica mirar con nuevas mediaciones teóricas emancipadoras, terrenos posibles para vías inéditas en la potencia de la obra abierta e inconclusa de Marx.
El camino de la des-dogmatización y des-colonización del marxismo, abre la posibilidad de no recaer en los errores del socialismo burocrático ni del marxismo-dogma. Fácil es seguir el camino trillado, las frases prefabricadas, el eslogan, el cliché, la pose, el cuerpo infatuado con el dogma. Fácil es seguir un guion como los bachilleres aprenden códigos de caletre.
Pongamos ejemplos para ver si pensamos. En primer lugar, existe evidencia teórica que señala que entre la obra abierta y critica de Marx y sus intérpretes oficiales (Kaustky, Plejanov o Lenin) existían no pocas diferencias, incluso en algunos temas, no pocos abismos. La ampliación del corpus de textos de Marx, modificó en campos sustantivos algunos temas centrales para abordar los problemas de la transición socialista.
Por ejemplo, la cuestión del Estado (Crítica a la filosofía del derecho de Hegel ([i])), el concepto de ideología ([ii]), de la alienación ([iii]), los esquemas históricos de estudio de las formaciones económicas ([iv]), la crítica al sistema de categorías económicas burguesas ([v]) o la apreciación de Engels sobre el “Capitalismo de Estado” ([vi]), cinco cuestiones que son centrales para reinventar un programa de investigación-acción sobre las transiciones al socialismo en la actualidad.
¿Cómo superar la veneración supersticiosa del Estado (Estatismo) en la cual recayeron generaciones enteras de marxistas derivando en una concepción estatista autoritaria de la forma-estado? ¿Cómo superar el uso lato del concepto de ideología (ideología revolucionaria/ideología dominante) que impidió superar las diferentes expresiones de alienación ideológica: religiosa, política, económica, filosófica, cientificista para abordar el terreno de la “conciencia revolucionaria” (favor no confundirla con las incrustaciones del “manual del constructor del comunismo soviético” cuándo menciona el manido sintagma: “conciencia del deber social”)?
¿Cómo superar el falso dilema entre un Marx ideológico atado al concepto de alienación, y un Marx científico atado a la teoría de la explotación basada en la teoría del valor/trabajo?
¿Cómo superar los esquemas lineales de sucesión de modos de producción impuestos desde las lecturas estalinistas del “desarrollo histórico” ignorando los enunciados de Marx?:
“En diversos pasajes de El Capital aludo al destino que les cupo a los plebeyos de la antigua Roma. En su origen habían sido campesinos libres, cultivando cada cual su propia fracción de tierra. En el curso de la historia romana fueron expropiados. El mismo movimiento que los divorció de sus medios de producción y subsistencia trajo consigo la formación, no sólo de la gran propiedad fundiaria, sino también del gran capital financiero. Y así fue que una linda mañana se encontraron con que, por una parte, había hombres libres despojados de todo a excepción de su fuerza de trabajo, y por la otra, para que explotasen este trabajo, quienes poseían toda la riqueza adquirida. ¿Qué ocurrió? Los proletarios romanos se transformaron, no en trabajadores asalariados, sino en una chusma de desocupados más abyectos que los "pobres blancos" que hubo en el Sur de los Estados Unidos, y junto con ello se desarrolló un modo de producción que no era capitalista sino que dependía de la esclavitud. Así, pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser supra-histórica.” ([vii])
Por último, ¿Cómo superar todas las confusiones entre capitalismo de estado: entre nacionalización de los medios de producción, apropiación y cambio y la transición hacia una economía socialista basada en la democratización económica y la socialización; es decir, la diferencia abismal entre unaeconomía de propiedad estatizada y lo que Marx sugirió como una economía social de trabajo libre asociado y Engels llamó economía de los “productores asociados”?
Vale la pena citar en extenso a Engels (subrayados nuestros):
“Pero las fuerzas productivas no pierden su condición de capital al convertirse en propiedad de las sociedades anónimas y de los trusts o en propiedad del Estado. Por lo que a las sociedades anónimas y a los trusts se refiere, es palpablemente claro. Por su parte, el Estado moderno no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa para defender las condiciones exteriores generales del modo capitalista de producción contra los atentados, tanto de los obreros como de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza, llega al extremo, a la cúspide. Más, al llegar a la cúspide, se derrumba.La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución.
Esta solución sólo puede estar en reconocer de un modo efectivo el carácter social de las fuerzas productivas modernas y por lo tanto en armonizar el modo de producción, de apropiación y de cambio con el carácter social de los medios de producción. Para esto, no hay más que un camino: que la sociedad, abiertamente y sin rodeos, tome posesión de esas fuerzas productivas, que ya no admite otra dirección que la suya. Haciéndolo así, el carácter social de los medios de producción y de los productos, que hoy se vuelve contra los mismos productores, rompiendo periódicamente los cauces del modo de producción y de cambio, y que sólo puede imponerse con una fuerza y eficacia tan destructoras como el impulso ciego de las leyes naturales, será puesto en vigor con plena conciencia por los productores y se convertirá, de causa constante de perturbaciones y de cataclismos periódicos, en la palanca más poderosa de la producción misma.
Las fuerzas activas de la sociedad obran, mientras no las conocemos y contamos con ellas, exactamente lo mismo que las fuerzas de la naturaleza: de un modo ciego, violento, destructor. Pero, una vez conocidas, tan pronto como se ha sabido comprender su acción, su tendencia y sus efectos, en nuestras manos está el supeditarlas cada vez más de lleno a nuestra voluntad y alcanzar por medio de ellas los fines propuestos. Tal es lo que ocurre, muy señaladamente, con las gigantescas fuerzas modernas de producción. Mientras nos resistamos obstinadamente a comprender su naturaleza y su carácter -y a esta comprensión se oponen el modo capitalista de producción y sus defensores-, estas fuerzas actuarán a pesar de nosotros, contra nosotros, y nos dominarán, como hemos puesto bien de relieve. En cambio, tan pronto como penetremos en su naturaleza, esas fuerzas, puestas en manos de los productores asociados, se convertirán, de tiranos demoníacos, en sumisas servidoras. Es la misma diferencia que hay entre el poder destructor de la electricidad en los rayos de la tormenta y la electricidad sujeta en el telégrafo y en el arco voltaico; la diferencia que hay entre el incendio y el fuego puesto al servicio del hombre. El día en que las fuerzas productivas de la sociedad moderna se sometan al régimen congruente con su naturaleza, por fin conocida, la anarquía social de la producción dejará el puesto a una reglamentación colectiva y organizada de la producción acorde con las necesidades de la sociedad y de cada individuo. Y el régimen capitalista de apropiación, en que el producto esclaviza primero a quien lo crea y luego a quien se lo apropia, será sustituido por el régimen de apropiación del producto que el carácter de los modernos medios de producción está reclamando: de una parte, apropiación directamente social, como medio para mantener y ampliar la producción; de otra parte, apropiación directamente individual, como medio de vida y de disfrute.” ([viii])
¿Dijo usted Socialismo de Estado? Al menos, en Marx y Engels esa tendencia no aparece definida como la vía deseable de construcción del socialismo.
Obviamente, los defensores de la doctrina marxista ortodoxa pasan muchos contrabandos, con elmonolito ideológico defienden uno que otro canon o dogma construido; y se niegan a cualquier operación de análisis de consistencia (y mucho menos de deconstrucción) entre algunos enunciados de Marx y sus intérpretes oficiales. ¿Qué es un contrabando ideológico? Pasar una cosa por otra en el plano de las ideas. Ser poco rigurosos y tramposos.
Marx nunca renunció a aquel espíritu de lucha que alimento la consigna de la AIT: La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos. La perspectiva de clase no fue dislocada, transfigurada, deformada o distorsionada.
De manera que una revolución socialista, sin colocar la perspectiva de clase en la vanguardia de sus luchas resulta ser al menos un contrasentido. Separar las ideologías de las condiciones reales de la producción y de cambio no era una idea de Marx. Todo lo contrario. Sin proletariado políticamente autónomo ni organizaciones revolucionarias, el socialismo es una charla de cafetín
De manera que sin poder efectivo de un bloque de clases explotadas, dominadas y oprimidas podrá existir cualquier cosa menos una revolución. De manera que la forma comunal de organización política y la economía social de productores libres asociados son dos ejes centrales del proyecto marxiano de emancipación, siempre que se planteen como formas superiores de democratización del poder social (lo que significa apropiación real de medios de producción económicos, políticos, comunicacionales y culturales)
¿Tiene algo que ver esto con la transición al socialismo del siglo XXI? ¿Defendemos la tesis del socialismo democrático-participativo con diferentes expresiones de consejos del poder popular? ¿Defendemos la posibilidad misma de la gestión economía directa de productores asociados coordinados mediante la Planificación Pública, Democrática y Estratégica, que no supone ahogar iniciativas ni burocratizar decisiones ni yugular la participación de los trabajadores y del pueblo?
Para esto es preciso avanzar en la definición de espacios para una poderosa área de propiedad social directa e indirecta, implicada en la construcción del “modelo productivo socialista” y en las tareas políticas de la organización comunal, basada en la cooperación social en el proceso de trabajo y la producción eficiente de satisfactores.
Esa es la complejidad de la transición desde una economía mixta de predominante signo capitalista a una economía mixta de predominante signo socialista. Sin embargo, esto depende de una condición exigente: de acumulación real de fuerza social y política organizada para la construcción de espacios económicos bajo relaciones sociales cooperativas y socialistas como pre-requisito de su construcción.
Si esas fuerzas siguen presas de la indecisión, la incertidumbre o las indefiniciones, por un lado, o lo que es peor, en las fórmulas mágicas de los dogmas que reducen la ansiedad, pero no permiten superar las dificultades reales, el transito al socialismo ocupará en cuarto o quinto lugar en las prioridades; y lo que quedará es defender reactivamente el proceso nacional-popular de la revolución bolivariana para conquistar al menos beneficios parciales para el pueblo en una línea de acción populista-desarrollista.
El asunto está en clarificar el programa mínimo para la coyuntura, el programa máximo para la lucha, reconocer el terreno que en ningún caso se puede llegar a ceder sin poner en riesgo la existencia misma del proyecto histórico y el terreno de expansión hegemónica que es preciso conquistar para alcanzar la llamada barrera del no retorno.
Todo esto dependerá de lograr articular una clara comprensión de las vías para una acumulación necesaria de fuerzas, cuya composición cualitativa permitan modificar a favor del bloque popular, democrático y revolucionario las correlaciones de fuerzas.
El resultado electoral inmediato será solo la expresión superficial y terminal de un conjunto de procesos de modificación de las relaciones de poder entre las clases, grupos y sectores fundamentales del país, los cuales definen la “constitución material”, y sus efectos sobre la constitución jurídico-política de la sociedad.
No olvidemos que la historia es campo abierto, pero las posibilidades históricas objetivas le tienden trampas a los caprichos subjetivos. De manera, que es preciso sumar, fortalecer y multiplicar los apoyos. Evitar lo peor y conquistar lo posible. ¿Enfrentaremos el nuevo laberinto?
Notas:

martes, 17 de septiembre de 2013

PARA (NO) OLVIDAR EL "GOLPE DE TIMÓN":

Javier Biardeau R.
“Aquí tengo al [libro de] István Mészáros, el capítulo XIX, que se llama “El Sistema comunal y la ley del valor”. Hay una frase que hace tiempo subrayé, la voy a leer, señores ministros, ministras, vicepresidente (dirigiéndose a Nicolás Maduro), hablando de la economía, del desarrollo económico, hablando del impulso social de la revolución: “El patrón de medición -dice Mészáros- de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”. (Chávez en el Golpe de Timón le lee a su tren ministerial a Meszaros: 1. István Mészáros: Más allá del capital, Caracas, Hermanos Vadell, 2001.)
1.- INTRODUCCIÓN:
En las siguientes notas de estudio analizaremos algunos planteamientos e intervenciones acerca de “Los programas de estudio de la transición al socialismo” ([1]), no sin antes comentar algunos de las inquietudes que se vienen presentando con la voluntad de aplicación práctica de lo expresado por Chávez en el “Programa de la Patria” y en el llamado “Golpe de Timón” sobre la transición, para finalmente hacer explícitos algunas interrogantes que recorren a las mediaciones materiales e institucionales construidas en los llamados procesos de transición al socialismo formulados por Paul M. Sweezy ([2]).
El análisis de los planteamientos se hará de una manera abierta y crítica, con la finalidad de enriquecer los espacios de reflexión y debate entre tendencias ([3]) que contribuyan a apalancar las tareas del “intelectual colectivo revolucionario” en el seno de la revolución bolivariana, en medio de inquietudes sobre la pertinencia de mantener o no la vigencia de los planteamientos de Chávez([4]); abordando de manera exhaustiva los problemas de la transición al Socialismo-Siglo XXI en Venezuela y en “Nuestra América”, desde un punto de vista teórico-crítico, además de reconocer no perder de vista el análisis histórico-comparado de las experiencias de transición (por ejemplo: URSS, China, Yugoslavia, Cuba, Chile, Nicaragua) y sus lecciones para Venezuela (Balance histórico-critico de inventario).
Esta tarea, como hemos planteado ([5]), no puede ser iniciativa exclusiva de pequeños equipos políticos encerrados en sus propias auto-referencias teóricas o ideológicas (“mirarse el ombligo es un síntoma de sectarismo”), ni producto de individualidades (por más “geniales” que sean), ni de equipos tecno-políticos encerrados en espacios ministeriales (intelectuales “palaciegos” regulados por las demandas urgentes de la “coyuntura” o la “pragmática del poder”), ni en centros académicos especializados (sin contacto efectivo con las luchas sociales), pues se trata de la convergencia de la praxis colectiva de investigación teórico y de intervención política que requiere de espacios de articulación de equipos de trabajo en redes intelectuales, partidos revolucionarios, movimientos sociales, comunidades, agencias gubernamentales y estatales, directamente implicadas en los procesos de cambio histórico-estructural que se animan bajo el paraguas de la revolución democrática y socialista para el siglo XXI.
En primer lugar, basta interrogarse sobre el patrón de medición de los logros socialistas que señalaba Chávez en el “Golpe de Timón” para evaluar si la transición hacia el socialismo ha encallado, se mantiene, se posterga o se profundiza en el actual Gobierno conducido por el Presidente Nicolás Maduro, pues en aquel momento Chávez señaló una pregunta fundamental:
¿Hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas por un Gobierno contribuyen activamente a la constitución (y consolidación) bien arraigada de un modo sustancialmente democrático (Mézsáros agrega algo que no leyó Chávez: “verdaderamente no jerárquico en su modo de operación en todas las esferas”-p.851), de control social y autogestión general?
¿No es ésta acaso una definición del Nuevo Socialismo: de la democracia radical, participativa y autogestionaria para el siglo XXI? ¿Qué pasa con la construcción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI cuando se omite esta problemática?
Hay voces que asocian como temas del “Golpe de Timón”, los aspectos relativos a “La Comuna”, la “Auto-critica”, la “Eficiencia”, la “Propiedad social como injerto socialista” o algunas referencias al reimpulso del Sistema Nacional de Medios Públicos. Sin embargo, ninguno de estos aspectos puede entenderse fuera del contexto más inclusivo; es decir, la problemática de la “Transición al Socialismo en Venezuela”, debate sobre el que hay signos e indicios de no ser tomado en su debida relevancia o importancia a la hora de valorar las aplicaciones de política, dada la escasa referencia a prácticas concretas de construcción del Socialismo orientadas por el Programa de la Patria en estos primeros cien (100) días de gobierno ([6]).
Pero para Chávez, este asunto era fundamental en el nuevo ciclo de gobierno:
“Entonces, venimos con el tema de la democracia, el socialismo y su esencia absolutamente democrática, mientras que el capitalismo tiene en su esencia lo antidemocrático, lo excluyente, la imposición del capital y de las élites capitalistas. El socialismo no, el socialismo libera; el socialismo es democracia y la democracia es socialismo en lo político, en lo social, en lo económico”. (Golpe de Timón)
De manera que resulta sorprendente, que el marco general inclusivo desde donde se realizaron los planteamientos del Golpe de Timón, se pierda de vista, se minimice, o se extravíe la dirección, contenido y alcance del proyecto en estos cien (100) días de Gobierno, pues lo que está en juego es el patrón de medición-evaluación de las políticas públicas del Gobierno Revolucionario en función de alcanzar o no los logros socialistas.
Es decir, avanzando en algunos indicadores como el logro de la estabilidad política, en la gobernabilidad, en el reconocimiento internacional del Presidente Maduro, en la aplicación del Plan Patria Segura, en el intento de tomar medidas para enfrentar graves problemas asociados al juego de intereses que intervienen en el terreno económico (crecimiento, inflación, importaciones, devaluación, endeudamiento, tasa de cambio, acaparamiento), en la continuidad de la Misión Vivienda Venezuela, así como el control de la especulación o atacando la corrupción: ¿Cuánto se avanza en los logros socialistas?
Es decir, nos enfrentamos a posibles escenarios de avance, desvío, detención u olvido del proceso de transición al socialismo, pues entre los factores determinantes que inciden en este proceso (y aquí Chávez se apoyó en planteamientos de Jorge Giordani) ([7]) están:
“(…) la transformación de la base económica del país para hacerla esencial y sustancialmente democrática, porque la base económica de un país capitalista no es democrática, es antidemocrática, es excluyente y de allí la generación de riqueza y de grandes riquezas para una minoría, una élite, la gran burguesía, los grandes monopolios, y de allí también la generación de la pobreza y la miseria para las grandes mayorías.”
El “problema económico-social” no puede entonces enfrentarse con cursos de acción y vías de solución, con medidas y políticas anti-democráticas, que favorezcan mayor desigualdad y polarización entre riqueza y pobreza. No basta apelar a indicadores históricos que se refieren a la desigualdad, los índices de pobreza, la tasa de matriculación o la esperanza de vida de organismos internacionales, cuyas estadísticas de referencia tienen retrasos temporales con relación al impacto de las medidas económicas tomadas en el primer semestre del año 2013. El problema de coyuntura es si la tendencia económico-social en curso afecta positiva o negativamente estos resultados históricos positivos.
Pues la vieja historia ha sido: por una lado, estarían las elites y la gran burguesía, los grandes monopolios económicos; y por otro lado, la miseria de las grandes mayorías; de allí que, desde el año 1996 (Agenda Alternativa Bolivariana), Chávez dejó claro que no se puede separar lo social de lo económico, ni lo económico de lo político; es decir, que los ajustes macroeconómicos no podían realizarse en perjuicio de los ajustes sociales, que era preciso tener como prioridad “la deuda social acumulada”, por efecto de la imposición de medidas capitalistas y neoliberales. Para aquellas voces de corta memoria cabría recordar lo siguiente:
“El viejo modelo (adeco), sin embargo, se resiste a morir. A través de sus pensadores, escritores y argumentadores de todo género, trata desde hace varios años de esconder su realidad, elaborando y presentando planes o proyectos de “estabilización” y de “ajustes”, según los cuales bastarían unas cuantas medidas monetaristas y fiscalistas, además de las “incómodas pero necesarias políticas sociales”, para “superar” la crisis.” (Agenda Alternativa Bolivariana. 1996, p. 9)
Y para no olvidar el enfoque de Chávez de la problemática (no bastan unas cuantas medidas monetaristas o fiscalistas) cabe recordar:
“La AAB comienza diciendo que el problema a solucionar no es meramente económico ni político ni social. Los abarca a todos ellos, es verdad. Pero va más allá de su conjunto. La forma de enfrentarlo, entonces, es a través de un poderoso ataque coordinado a lo largo de todo el frente. Atacar por partes implicaría la derrota, parte por parte.” (AAB, p.12)
Debemos retener esta última expresión: “La forma de enfrentarlo, entonces, es a través de un poderoso ataque coordinado a lo largo de todo el frente. Atacar por partes implicaría la derrota, parte por parte.”; es decir, que se debe atacar lo económico, lo social, lo político simultáneamente.
Para avanzar en la comprensión del marco general del proceso de transición al socialismo, no podemos perder de vista la continuidad del pensamiento de Chávez al sostener en el abordaje de diversos problemas, un enfoque humanístico, integral, holístico y ecológico; un enfoque de sistemas complejos articulado además a las contribuciones críticas del “pensamiento revolucionario” del mundo.
Si en algo insistió Chávez, fue en el estudio y formación permanente para todo su tren ministerial, para su equipo de gobierno; es decir, en incorporarse a las tareas de estudio, reflexión y acción en los procesos históricos, económicos, sociales, políticos, militares e internacionales desde una perspectiva revolucionaria e integral.
Encerrar el pensamiento, el discurso, la voz de Chávez en una visión acartonada, acomodaticia, simplificadora y apologética no contribuye en nada en realzar su estatura política cuando apeló para la refundación del Poder Nacional y del sistema político desde sus fundamentos filosóficos mismos, incluyendo sus componentes y relaciones que los regulan, a convocar la legitimidad ysoberanía popular del poder constituyente para enfrentar la grave crisis nacional en 1996, visión que se concretó en el año 1999. Chávez mantuvo un hilo de continuidad en la necesidad de considerar como componente central de la “gran estrategia” al poder popular y a la democracia participativa.
De manera que no cabe descartarse a priori la “dialéctica del poder constituido y poder constituyente” para abordar escenarios de transición al socialismo; o ante escenarios de una posible agresión (los llamados “atajos conspirativos”) activada desde los sectores capitalistas dominantes nacionales o internacionales, se despliegue la defensa activa de la revolución a partir de la movilización integral y organizada del pueblo para radicalizarla. Todo dependerá del juego de estrategias que cada uno de los factores en pugna desaten en la actual coyuntura.
Conviene retomar éste contexto más amplio e inclusivo, y lo que se refiere al debate sobre las interpretaciones del “legado de Chávez” y sus implicaciones políticas; pues diferentes corrientes bolivarianas y tendencias revolucionarias presentes en el campo de la izquierda socialista, debaten acerca de la apropiación selectiva de sus planteamientos, e incluso surgen voces que pretenden ser los portavoces únicos autorizados de sus ideas, inhibiendo el necesario debate y reflexión entre corrientes y tendencias en el seno de la unidad del proceso bolivariano.
De manera que no creemos viable una operación de despolitización y de separación del Chávez-Gobernante del Chávez-Luchador Popular por el Proyecto Socialista, una suerte de corte entre el “legado revolucionario” de Chávez y un “legado de gobierno” para fines de conservación del poder. O Chávez es revolucionario o Chávez no es Chávez.
Es previsible que a partir de la autorización o desautorización de ideas, vía citas de Chávez (contextualizadas o no, respetando o no la línea cronológica de sus planteamientos), se perfilarán tensiones adicionales, dada la situación abierta luego de su partida física en Marzo, de la coyuntura electoral de abril (crisis electoral del “chavismo”) y los problemas económicos acumulados y agravados desde el segundo semestre del año 2012, problemas que han adquirido creciente actualidad, dados los impactos negativos en las condiciones materiales y expectativas de vida de los trabajadores y en general, en las clases populares subalternas del país.
De manera, que cualquier medida de política gubernamental que responda al “Legado de Chávez” debe pasar irremediablemente por reconocer la pertinencia de analizar el patrón de evaluación, control y medición de los logros socialistas en lo que actualmente se denomina “Gobierno de calle” (¿Cuál consistencia existe entre los objetivos inmediatos del Gobierno de calle y los objetivos políticos del nuevo ciclo de gobierno anunciado por Chávez en el año 2012?); así como el avance en la transformación económico-productiva, ligada al modelo de acumulación, crecimiento y distribución de riqueza social, definida de acuerdo a Jorge Giordani por cinco aspectos:
a) La modificación de la base productiva del país, buscando una mayor democratización del poder económico.
b) El cambio en el rol del Estado, para lograr que el proceso acumulativo se oriente a la satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población y a la defensa de la soberanía.
c) La incorporación de mecanismos de autogestión productiva a nivel colectivo.
d) La utilización de una planificación democrática como mecanismo regulador de las relaciones productivas.
e) La ubicación autónoma del país frente a la internacionalización del sistema capitalista.
Basta escuchar el audio del “Golpe de Timón” para confirmar que Chávez compartía estas orientaciones generales, y dado que se abría un nuevo ciclo de gobierno en el año 2012, era importante ser más eficientes en el tránsito al socialismo (no era eficiencia sin socialismo), en la construcción del nuevo modelo político, económico, social, cultural, en la revolución.
Repetimos, es en este contexto preciso donde aparece el debate sobre la “Eficiencia”, no como un término de racionalización económica capitalista (Eficiencia productiva capitalista), sino de eficiencia en el Tránsito cierto al Socialismo definido como nuevo modelo político, económico, social, cultural en revolución; de eficiencia en el avance de la revolución, pues se trataba de avanzar en un nuevo modelo de sociedad que incluye efectivamente la transformación del modelo rentista y sus efectos en las deformaciones histórico-estructurales de la economía venezolana y sus capacidades de generar procesos sostenidos de acumulación-generación de excedentes desde sus propias dinamismos productivos internos, en función de la satisfacción de las necesidades de las mayorías trabajadoras y del pueblo.
En el caso Venezolano, como en muchos países dependientes y periféricos, el carácter extractivo del patrón económico y mono-exportador del modo de articulación a la economía capitalista mundial, el sub-desarrollo de las capacidades productivas nacionales y la modalidad de “dependencia neocolonial asociada” a los intereses de los grandes monopolios nacionales y trasnacionales, siguen siendo rasgos estructurales de los ámbitos económico-sociales del país. De manera que la transición al socialismo debe partir de un crudo diagnóstico de las condiciones de partida para semejante transformación, pues la revolución política no equivale a una revolución económica y social de larga duración, intensidad y profundidad. Hasta ahora, la revolución no ha tocado los aspectos medulares de los factores de poder que condicionan la estructura económico-social propia del capitalismo, sino que se ha concentrado en la esfera político-partidista, en la esfera de la ocupación de los espacios de los aparatos estatales y en las tareas del reparto aún desigual y concentrado de la renta petrolera.
Una concentración de la atención y del discurso en la “pequeña política” (la gobernabilidad de coyuntura), en la escena partidista y electoral, han opacado los graves problemas histórico estructurales de la economía venezolana y las vías para enfrentarlos. De manera que es desde estas condiciones histórico-estructurales, desde donde hay que partir para pensar e impactar en el proceso de transición hacia el socialismo, lo cual implicará formas novedosas de ejercicio del gobierno, de planificación estratégica, de ejercicio prospectivo, de construcción de trayectorias de viabilidad, de adecuación de las políticas sociales y económicas, de necesaria demarcación de estilos de desarrollo deseables, posibles y factibles, para aspirar a construir modelos de socialismo democráticos, participativos y autogestionarios, superando necesariamente los obstáculos que suponen las condicionamientos de la dependencia y la posición periférica del país en el sistema histórico mundial.
No hacerlo, implica quedarse en la retórica superficial y mediática sobre el Socialismo (para bien o para mal), o lo que es peor, utilizar el “discurso socialista” para impulsar medidas que puedan comprenderse o interpretarse como favorables al fortalecimiento de prácticas capitalistas. Esas medidas, en todo caso, no fueron la dirección, orientación, contenido y alcance del llamado “Golpe de Timón” ni del “Programa de la Patria” en palabras de Chávez.
Hablamos por tanto de evaluar en profundidad, y si se requiere corregir el rumbo, desde el contexto político de una revolución democrática y socialista (no desde el horizonte de reformas simplemente); no confundir “proceso revolucionario” con “gobierno capitalista que realiza reformas parciales en el terreno social” para fines de lograr la estabilidad relativa, la cooptación, el consenso o un clima de resignación en las luchas de los trabajadores y del pueblo por la construcción del socialismo.
Es así que planteamos la necesaria clarificación del rumbo, si la revolución bolivariana aspira a retroceder a un proyecto de carácter reformista-desarrollista-socialdemócrata; para avanzar más allá, para modificar el dominio histórico-estructural que el sector capitalista tiene, tanto nacional como extranjero, en la estructura económica-social del país. Ni la Independencia (Autodeterminación) ni el Socialismo, ejes relacionados de un proceso de liberación nacional, pueden avanzar en un marco de reproducción de fenómenos de dominación, desigualdad, polarización y exclusión asociados al “desarrollo dependiente asociado” al Gran Capital.
A propósito de los llamados a “diálogo con los sectores del país”, Chávez señaló finalmente que los pactos estratégicos u orgánicos, eran con el pueblo y con las clases trabajadoras, no con las elites o los sectores capitalistas dominantes. A los malos lectores del “Golpe de Timón”, que quierenhablar de eficiencia sin revolución, basta que abran y lean las primeras doce (12) páginas del documento para recordar lo allí planteado.
No hacerlo se presta a los más diversos oportunismos y pragmatismos, tan en boga luego de la partida física de Chávez, en función de criterios exclusivos de conquistar posiciones de ventaja, de estabilidad y gobernabilidad:
“Recordemos los cinco grandes objetivos históricos del Programa de la Patria que ahora vamos a comenzar a aplicar. Se trata de los pasos que hemos venido dando, por eso hablamos del tránsito, transición, etapa. Nada de esto existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si, se impusiera el capitalismo, que nos convertiría de nuevo en la colonia que éramos. Por eso la revolución política es previa a la económica. Siempre tiene que ser así: primero revolución política, liberación política y luego viene la revolución económica. Hay que mantener la liberación política, y de allí la batalla política que es permanente, la batalla cultural, la batalla social.” (Golpe de Timón, p. 12)
Si el aspecto político (revolución política/liberación política), que guía y orienta la gran estrategia, no predomina como visión revolucionaria, como concepción liberadora, entonces la batalla cultural, la batalla social y la batalla económica del nuevo modelo a construir que son permanentes, estarían posiblemente perdidas: ¿De qué trata la cuestión económica? ¿De imponer el fortalecimiento del Capitalismo, de convertirnos de nuevo en Colonia?
Palabras que retumbarán en los oídos pragmáticos de quienes suponen que la transición al socialismo se hace “con más capitalismo”, con “alianzas y amarres de intereses estratégicos con fracciones sociales del Capital, y no colocando en primer lugar el patrón de medición, evaluación y control de los logros socialistas: un modo sustancialmente democrático (“verdaderamente no jerárquico en su modo de operación en todas las esferas”-p.851), de control social y autogestión general, como se señaló sin ambigüedades en el Golpe de Timón.
A aquellas voces que les parece inconveniente plantear la opción “Reforma o Revolución” (Luxemburgo-Lenin dixit), y que ni siquiera llegan a plantear al menos “reformas revolucionarias” (Gorz dixit), conviene señalarles que la partida física de Chávez pone sobre la mesa precisamente estas grandes definiciones de “Gran Política” (Gramsci dixit) ([8]) y de “Gran Estrategia” ([9]).
En ese debate Chávez no claudicó ni como dicen de manera corriente: “arrugó”. De manera que los esfuerzos no son para alcanzar o mejorar el desarrollo capitalista, sino para abrir alternativas en contra del Capital, para debilitar como eje de dominación a los actores, fuerzas y movimientos del desarrollo capitalista. Eso es precisamente el Proyecto Socialista.
2. EL LEGADO DE CHAVEZ: CONCIENCIA REVOLUCIONARIA O APOLOGÍA DE LO EXISTENTE.

En Venezuela, existe una suerte de acuerdo preliminar sobre la maduración intelectual del pensamiento y acción de Hugo Chávez, como líder fundamental de la revolución bolivariana, en la cual se fueron precisando y haciendo explícitos ciertos temas dominantes de su agenda política desde que entró en la escena política aquel 4 de febrero de 1992 (Rebeliones Militares del 4-F y el 27-N del año 1992). A modo de síntesis y de manera provisional, es posible rastrear tres grandesformulaciones del pensamiento y la acción que fueron articulándose en una formación compleja (no sustituyéndose) en el tiempo histórico:
a) El Nacionalismo Revolucionario Bolivariano de fuerte contenido anti-Neoliberal,
b) El Anti-Imperialismo y la Liberación Continental de Nuestra América,
c) El Anticapitalismo y la construcción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI, adecuado a las particularidades venezolanas.
Obviamente, hay muchas más vetas en el pensamiento y la acción revolucionaria de Hugo Chávez (por ejemplo, la centralidad de la alianza cívico-militar para combatir la partidocracia, la crítica a la democracia representativa-burguesa para el cambio revolucionario, la importancia delpoder popular, entre muchas otras), pero para efectos de estas primeras aproximaciones, es necesario dar cuenta de si el “legado Revolucionario” de Chávez diferenciándolo de:
a) El legado ideológicamente ambivalente de sus primeros tiempos con relación a la revolución socialista;
b) La flexibilidad táctica de sus modos de actuación política de acuerdo al cuadro de fuerzas de cada situación particular, con sus virajes que podían dar a entender que se perdía el rumbo estratégico a corto plazo; 
c) la crítica a sus actitudes de fuerte liderazgo personalista y centralizador del poder de mando-decisión).
Estos aspectos contribuyen a repensar una larga discusión sobre los procesos de transición al socialismo, sobremanera en el campo teórico de la praxis revolucionaria acerca de los mismos, que va desde las primeras formulaciones de Marx y Engels, la recepción de este debate en la socialdemocracia alemana, la interpretación de este debate en el marxismo y el populismo ruso, las posiciones de Lenin y de la dirección bolchevique sobre los problemas de la transición, el efecto de la muerte de Lenin y el ascenso de Stalin, la construcción del socialismo bajo la hegemonía estalinista, la polémica Chino-Soviética sobre la economía de la transición, el debate Yugoeslavo sobre la Autogestión, los debates sobre la transformaciones de las relaciones de producción, el Plan, el Mercado y la Ley del Valor, la polémica del Che sobre la transición en la Revolución Cubana, la polémica sobre el Poder Popular y el área de Propiedad Social en la vía chilena al Socialismo, entre muchos otros e importantes debates.
Lamentablemente, en un balance de inventario de las actitudes hacia el pensamiento de Chávez, predomina el elemento pasión y afecto (tanto de aceptación como de rechazo), lo cual impedirá por cierto tiempo enfrentar sus aciertos y errores efectivos en política, en pensamiento y acción.
No hay que llamarse a engaños. Uno de los principales obstáculos para abordar, desde el pensamiento contra-hegemónico de izquierda, el llamado “legado de Chávez” es su complejidad, la heterogeneidad constitutiva en sus influencias ideológicas de base (Árbol de las Tres Raíces), su acercamiento y separación de la llamada “tercera vía” para acercarlo a la “crítica del Imperialismo”, su apoyo explícito a la emergencia del nuevo socialismo del siglo XXI en el contexto de la grave crisis del capitalismo, los cuál es también utilizado para fines de apologética-legitimación; o en contrapunto, para fines de demonización-descrédito en la lucha política e ideológica del país (y en el continente); de manera que por muchos años, posicionarse críticamente ante el legado de Chávez implicará intervenir tácita o explícitamente en el complejo de condiciones y factores que intervienen en la lucha histórica presente que divide las aguas entre izquierdas y derechas en el continente latinoamericano.
Esto se explica en parte, porque Chávez logro re-politizar a Venezuela y a las sociedades del continente en gran medida; es decir, colocó a la “Gran Política” en su lugar privilegiado, superando en gran medida la “pequeña política” (la política de intrigas en situaciones), la despolitización tecnocrática o la creencia de que la política es solo para los “profesionales de la política”, para los representantes de los aparatos de partido o los altos funcionarios de los aparatos de Estado.
Chávez reactivó la creencia en amplios estratos de la población de que es posible construir una democracia de alta intensidad en los términos dados por Lincoln a ésta: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” ([10]), y que ese sistema de gobierno estaría directamente articulado a larealización de la igualdad y la justicia social en los términos expresados por Simón Bolívar: “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política” ([11]).
Pocos analistas toman en cuenta la densidad teórica, histórica e ideológica del Discurso de Angostura de 1819 al señalar:
“Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijamos la atención sobre los privilegios que debemos evitar.”
¿No será precisamente el capitalismo neoliberal hegemónico, con sus énfasis en el fundamentalismo de mercado, sus políticas monetaristas y fiscalistas, la fuente de los privilegios que debemos evitar?
De manera que más allá de las consignas, los esquematismos y las simplificaciones, las tareas de re-pensar la conjunción posible del universo de discurso de la revolución bolivariana con el proyecto socialista democrático, participativo y autogestionario, sigue siendo una tarea pendiente, pues se trata de horizontes ideológicos cuyos sistemas de valores e ideas en algunos casos son plenamente convergentes, pero en otros es posible detectar tensiones que deben ser asumidos para el debate.
Algunos suponen que con frases de Chávez, la tarea del pensamiento bolivariano y revolucionario está resuelta. Bastaría repetir frases como si se tratara del “Libro Rojo” de Mao, para tener el mango del sartén ideológico agarrado con la mano. Obviamente, esto funciona para movilizar creencias y controlar una psicología colectiva del aparato político de masas, pero no contribuye en la producción de la consistencia, coherencia y congruencia; es decir, en la sustentación y legitimación de un Proyecto Histórico como el Socialismo Bolivariano del siglo XXI.
De allí que sea preciso analizar con rigor las condiciones políticas, institucionales e ideológicas de producción de conocimientos críticos sobre la transición socialista en Venezuela, bajo el efecto de proyección del liderazgo de Hugo Chávez, en la presente coyuntura nacional e internacional, superando las tentaciones del dogmatismo, el sectarismo y el oportunismo sin principios, pues la revolución atraviesa desde algunos años una encrucijada crítica que puede activar severos procesos de desgaste y de derrota.
3. NOTAS CRÍTICAS A LA RECIENTE CREACIÓN DEL INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS “HUGO CHAVEZ”: