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jueves, 30 de julio de 2015

La necesidad de re-leer a Gabriel Vargas Lozano ¿Se parecerá la crisis del socialismo venezolano a la crisis del socialismo mexicano?

Javier Biardeau R
Entre los analistas más rigurosos de las recepciones históricas (tanto en sus seguidismos dogmáticos como es sus apropiaciones críticas) del archivo Marx-Engels-Lenin en Nuestra América, podemos contar con los excelentes textos de Michel Löwy, Pablo Guadarrama, José Aricó, Omar Acha, Bolívar Echeverría, Adolfo Sánchez Vásquez; Nestor Kohan, entre muchos otros estudiosos de una comprensión histórico-critica de las transmisiones de los textos y tradiciones marxistas latinoamericanas en su pensamiento y acción histórica.
Pero como ha señalado Pablo Guadarrama existió una época donde las diferentes corrientes del marxismo y el archivo Marx-Engels que se constituyó en su matriz de pensamiento se entroncó activamente con las corrientes nacional-populares que aspiraban a un cuestionamiento de las estructuras de poder y dominio en las sociedades de Nuestra América:
“Esa época coincidió con un incremento en las universidades latinoamericanas del prestigio académico del marxismo y su predominio incluso en muchas áreas de las ciencias sociales. Sin embargo, no siempre este reconocimiento se correspondió con un incremento de la profundidad teórica de los análisis, pues cierta intención divulgativa de la teoría filosófica, económica y política del marxismo se materializó en una simplificación extraordinaria de su enseñanza y la consecuente proliferación de textos docentes en su mayoría de procedencia soviética. El traslado al ámbito intelectual latinoamericano de algunas de las polémicas que desde los años cuarenta y cincuenta se venían produciendo en el seno del llamado "marxismo occidental" -contrapuesto al marxismo-leninismo emanado del bloque soviético- sobre algunos temas filosóficos, éticos y estéticos, conmovieron cada vez más el ambiente en el que se desarrollaría el marxismo en América Latina.”
(Bosquejo histórico del marxismo en América Latina Pablo Guadarrama González. Archivo Chile)
Estos fenómenos no se refieren a debates académicos o encerrados en claustros, sino que se vinculan estrechamente (con las todas las especificidades y autonomías relativas de las esferas sociales y culturales) con procesos históricos más inclusivos, sobremanera los referidos a los cambios sociopolíticos que experimentan las sociedades latinoamericanas y la región en su conjunto en su intento de salir de las garras de la larga noche neoliberal en los años 80 (crisis de la deuda externa) y 90 (aplicación masiva de programas de ajuste y estabilización macroeconómica). Simultáneamente, el derrumbe del campo del llamado “socialismo real” permitió un masivo desplome de las ideas y valores de la izquierda, tanto de comunistas tradicionales, como de socialistas, socialdemócratas y anarquistas. El fracaso del modelo soviético fue endosado masivamente a todas las corrientes sociales radicales que luchaban en sus propios términos contra la injusticia, la igualdad, la liberación, la explotación o la opresión.
La ideología del fundamentalismo de mercado y la utopía de la sociedad de la libertad perfecta (léase: neoliberalismo) se convirtieron en un nuevo sentido común legitimador diseminado desde la orquestación política, institucional y mediática de proyecto neoliberal/neoconservador. Un nuevo conformismo y resignación de masas se alinearon a lo que Margaret Thatcher denominó (TINA), es decir, sencillamente no hay alternativas al capitalismo, y desde allí el “arte de lo posible” se limitó solo a variantes de gestión y administración del capitalismo (la ilusión de la alternativa pendular entre monetarismo y keynesianismo no sólo como políticas económicas, sino cosmovisiones sociales del desarrollo).
De modo que los procesos constituyentes latinoamericanos (Venezuela, Bolivia y Ecuador) no sólo movilizaron agendas anti-neoliberales sino prefiguraron algunos temas clásicos de la agenda anti-capitalista, muchos de ellos entremezclados con los tópicos progresistas. Los foros sociales mundiales por una parte, y las articulaciones políticas de la izquierda latinoamericana (Foro de Sao Paulo) parecían revitalizar una ventana de posibilidad para replantarse un horizonte post-capitalista, muchas veces bajo el paraguas de la imagen del Socialismo del siglo XXI. La gran pregunta es: ¿Qué ha quedado de todas esas iniciativas? ¿Cuál es la acumulación de fuerzas objetivas y subjetivas del ciclo anti-neoliberal? ¿Se crearon las condiciones favorables para traspasar un punto de no retorno, es decir, una restauración neoliberal?
Se ha dicho reiteradamente que todo momento de crisis encierra un riesgo o peligro, como un campo de oportunidad. Entre los diferentes campos donde se despliega una crisis, es ostensible decir que en el caso venezolano hay una severa crisis de la ideología bolivariana, expresada en el despilfarro del llamado legado de Chávez, así como de los estratos intelectuales de izquierda que apoyaron el experimentó bolivariano.
Vale la pena quizás revisitar el presente texto de Vargas Lozano para comprender la crisis de coordenadas teóricas en el caso mexicano, y reflexionar de manera paciente sobre los paralelismos que puedan encontrase para el caso venezolano. Que las audiencias y lectores saquen sus propias conclusiones. Todos los créditos intelectuales del presente texto deben ser atribuidos al texto original de Gabriel Vargas Lozano (http://papelesrojos.blogspot.be/2004/05/olvidar-al-marxismo-g-vargas-lozano.html):
¿Olvidar al marxismo?, G. Vargas Lozano
Las causas de su derrumbe en México. Revista Memoria, febrero de 1998:
“ES VERDADERAMENTE CURIOSO y digno de estudio lo que ha pasado con el marxismo en nuestro país. Después de un período de brillante ascenso, durante las décadas de los años sesenta y setenta, en las que inclusive llegó a ser hegemónico en algunas Universidades, cayó en una crisis durante los ochenta y se derrumbó en la década de los años noventa hasta llegar a la presente situación en la cual, tanto en los medios políticos como culturales (salvo algunas excepciones como lo son Memoria, Germinal, Vientos del sur o Dialéctica) se guarda un silencio sepulcral sobre todo lo que se refiera a esta teoría o al socialismo. Todavía más, considero que existe una posición represiva hacia todo lo que "huela" a marxismo, en los medios políticos, culturales y universitarios.
¿Por qué ocurre esto? Una primera respuesta podría ser la siguiente: el marxismo como tal, quedó enterrado bajo el "Muro de Berlín" y por tal motivo, ya no puede representar una alternativa realista al capitalismo.
Esta afirmación contiene muchos equívocos. El marxismo tiene dos aspectos: uno teórico y otro práctico. Por el lado teórico, un paradigma no cae por un colapso social (aunque a éste, naturalmente, le obliguen a modificar muchos de sus planteamientos) sino por la aparición de otras teorías que refuten plenamente sus principales tesis.
Además, desde el punto de vista teórico se ha pretendido hacer creer, a quienes no conocen de cerca esta concepción, que solo existió un solo marxismo y éste es el que desemboca en la construcción de la URSS, es decir, el llamado "marxismo-leninismo" aunque, inclusive, bajo ese rubro se esconden otras variantes más. Me refiero, en concreto a la "versión oficial" soviética que se implantó en todas aquellas sociedades como "verdad oficial" o también "verdad de estado".
Las equivocaciones teóricas son las siguientes:
1.-NO HA EXISTIDO UNO SINO VARIOS MARXISMOS
Una primera equivocación ha sido la de creer que solo existió un marxismo: la versión oficial soviética. La verdad es todo lo contrario, en el siglo XX han existido muy diversas interpretaciones ya que sus fundadores dejaron todo un programa por desarrollar y una serie de problemas teóricos no resueltos. Así, a partir de su obra, se desarrollaron concepciones como las de Lenin, Kautsky, Trotsky, Gramsci, Lukács, Bloch, Brecht, Della Volpe y otros. Por tal motivo, una cosa fue la concepción desarrollada en la URSS y difundida por todo el mundo como "la única y verdadera" y otras son las que surgieron en Occidente, sin la hipoteca de ser la "ideología oficial del Estado". Así, al derrumbarse el llamado "socialismo real" cae también su ideología, pero no las demás interpretaciones, algunas de las cuales habían sido, inclusive, críticas de aquella "versión oficial".
2.- MARX Y ENGELS NO FUERON ARTÍFICES DEL "SOCIALISMO REAL"
Otra equivocación fue la de creer que Marx y Engels habían sido los verdaderos artífices de lo que ocurrió en el "socialismo real". Esta tesis fue difundida aquí en México por los "nuevos filósofos". A pesar de que las obras de Marx y Engels fueran citadas sin piedad en el llamado "socialismo realmente existente", fácilmente podemos observar que la mayor parte de su obra está destinada a ser una crítica del capitalismo y que existen tan sólo algunas ideas sobre lo que debería ser el socialismo por una razón fundamental: esta sociedad todavía no surgía como realidad. Los errores o aciertos en la construcción del socialismo fueron responsabilidad exclusiva de quienes emprendieron la tarea de llevarlo a la práctica. Pero además, como veremos, su concreción práctica estuvo muy lejos de lo que Marx y Engels consideraban que debería ser el socialismo.
3.- CREER QUE EXISTÍA UNA CONTINUIDAD SIN PROBLEMAS ENTRE MARX Y SUS CONTINUADORES
La tercera equivocación consistió en creer que existió una identidad casi perfecta entre Marx y sus continuadores. Todo lo contrario, Lenin, Bujarin y Stalin desarrollaron, eso sí, a nombre de Marx y Engels, una nueva concepción muy distinta a la propuesta por sus fundadores. Las diferencias se pueden establecer con toda claridad en torno a: la teoría del partido; la concepción de la filosofía; la división del legado de los clásicos en dos sectores (materialismo dialéctico e histórico); las famosas tres leyes de la dialéctica; la concepción determinista y unicausal de la historia y tantas otras proposiciones que no se encontraban en el pensamiento de Marx. Lo que ocurrió es que los dirigentes soviéticos y en especial Bujarin y Stalin se dieron a la tarea de construir una concepción totalizante del mundo que presentaron como "ciencia de las ciencias" y que no era más que una ideología legitimadora del estado soviético.
4.- EL "SOCIALISMO REALMENTE EXISTENTE" NO ERA UN VERDADERO SOCIALISMO
Otro de los grandes errores cometidos por la izquierda y que aún no acaba de ser asimilado fue el creer que en la URSS se estaba construyendo un auténtico socialismo. Ya en mi libro Más allá del derrumbe (Siglo XXI. México, 1994) he mostrado como de 1917 a 1956 no se había presentado la posibilidad histórica real de construir algo que se asemejara al socialismo; pero aún más, de acuerdo a los estudios que se han hecho posteriormente, como el de Milos Nicolic y otros, podemos decir que lo que se desarrolló en la Unión Soviética no fue una sociedad socialista sino un proceso de modernización bajo el recubrimiento ideológico del socialismo.
5.- MARX Y ENGELS NO ERAN ANTI-DEMÓCRATAS
Se ha acusado a Marx y Engels de haber propiciado una sociedad no democrática. Mi opinión es que, por el contrario, estos autores estaban a favor de la democracia (y esto se puede demostrar con muchas citas) y que le otorgaban a este concepto, el significado de una verdadera forma de autogestión, sin embargo, este concepto todavía tiene que ser profundizado, a la luz de los problemas que han surgido en las sociedades actuales.
A pesar de lo anterior, tanto la derecha como los intelectuales que se decían marxistas, pero que ahora se han reconvertido en neo-liberales vergonzantes, siguen publicando textos y hablando en conferencias como si hubiera existido un solo marxismo o como si no hubiera habido un avance muy importante en el mundo en torno a diversos tópicos. Lo que, a mi juicio ocurrió, fue una gigantesca y monstruosa tergiversación de las concepciones de Marx y Engels tanto por sus enemigos en el capitalismo como por muchos de los que decían seguir sus teorías; pero además digo todo ello sin prejuicio de encontrar problemas o insuficiencias en diversos problemas planteados por los dos autores.
Ahora bien, nadie puede menospreciar lo que ha ocurrido con el marxismo en la teoría y en la práctica durante este siglo, lo que se necesita es seguir analizando, reflexionando, discutiendo toda esta problemática. Así lo han entendido tanto los europeos como los norteamericanos, quienes han proseguido, en forma muy activa, el análisis de todos los problemas contemporáneos desde un marxismo abierto, crítico y autocrítico. Algunas muestras son las siguientes: en Alemania, Wolfgang Haug, dirige la publicación del Diccionario histórico-crítico del marxismo (en 13 volúmenes) con la colaboración de más de 500 investigadores del mundo; en Francia, la revista Actuel Marx, que agrupa a un importante grupo de investigadores como Jacques Bidet (su director), Jacques Texier, Georges Labica, Michel Löwy, Ettiene Balibar, Lucien Seve y muchos otros, realiza una serie de conferencias nacionales e internacionales. La revista ha abordado temas como: el estado del marxismo; el marxismo en Japón; el marxismo italiano; el marxismo anglosajón; América Latina; el imperialismo hoy; el inconsciente social; filosofía y política; Marx y Weber y muchos otros temas. De igual forma, en su colección de libros Actuel Marx Confrontation, se han abordado problemas como: ¿fin del comunismo? ¿Actualidad del marxismo?; La idea de socialismo; los paradigmas de la democracia; la crisis del trabajo, etc.etc. En los Estados Unidos, es decir, en el país más anticomunista del mundo, se organiza anualmente la "Socialist Schollars Conference" en Nueva York y el congreso también anual de la revista Rethinking Marxism en la Universidad de Massachusetts; en Cuba, se ha empezado a publicar la revista Marx Ahora, dirigida por Isabel Monal; en Argentina no sólo existe una edición de Actuel Marx sino otras publicaciones como Tesis 11 y Dialéctika, en Brasil se publica, con mucho éxito, la revista Marx hoy. Todo ello sin mencionar el gran número de libros que se están escribiendo sobre la temática del marxismo en el mundo.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que a pesar del derrumbe del llamado "socialismo real" y de la implantación mundial de la política económica y de la ideología neo-liberal, el marxismo sigue siendo parte viva de la cultura política y los intelectuales de los países mencionados siguen trabajando teóricamente, reflexionando y re-pensando la teoría crítica. Naturalmente que no se trata de una versión más del marxismo soviético sino de una profunda renovación del paradigma a raíz de los nuevos fenómenos de la realidad y las nuevas aportaciones de las teorías científicas y filosóficas.
Pero entonces, volvamos a preguntarnos, por qué en nuestro país se ha presentado este fenómeno de represión y olvido del marxismo.3
Intentaré ofrecer varias respuestas:
1.- EFECTOS DEL COLONIALISMO
Una primera respuesta está relacionada con la forma en que se han importado las corrientes filosófico-políticas en México, es decir, en un país que sufrió 300 años de colonialismo y una ruptura profunda con su pasado anterior, ha subsistido un colonialismo mental muy propenso a importar modas teóricas para seguirlas en forma dogmática y luego repudiarlas.
En nuestro país, la vertiente del marxismo que más se difundió entre los obreros, los campesinos y las clases medias fue la versión soviética. Ahora bien, a partir de la década de los sesenta, tanto en la teoría como en la práctica, se inició una crítica hacia esa interpretación. La principal teoría que permitió dicha crítica fue la obra de Louis Althusser y luego el manual de Marta Harnecker que vino a substituir al de Konstantinov. Aquí tendríamos que preguntarnos ¿por qué influyó tanto la obra de Louis Althusser y no, por ejemplo, la de Galvano della Volpe? La respuesta se encuentra en la gran influencia que ha tenido la cultura francesa en nuestro país. Pero además, la concepción de Althusser venía en el "paquete" de la última moda francesa para la literatura y las ciencias sociales, que había promovido, nada menos de Les Temps Modernes: el estructuralismo. Hasta aquí podríamos decir que todo era normal. La versión dogmática soviética era reemplazada por una nueva interpretación que proponía que se leyera El Capital para descubrir que Marx era un científico sin más. Lo negativo no fue leer o debatir esa concepción sino tomarla como la "nueva verdad revelada". Y así como en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Guerrero, todo el plan de estudios se organizó a partir de la división entre materialismo dialéctico e histórico, así también ahora, en las Facultades de Economía y Ciencias Políticas de la UNAM, se consideró que Das Capital era la passe-partout de la ciencia. Es obvio que en ambas facultades debería estudiarse El Capital pero con todas las transformaciones que ha sufrido el capitalismo en la actualidad; todos los problemas que dejó abiertos para la economía y todas las mediaciones que se requerían para entender el subdesarrollo junto a todas las principales obras de los grandes pensadores sociales. Pero al seguir la interpretación althusseriana en forma ingenua, sus seguidores optaron, sin saberlo, por un camino trágico que los llevó directamente al psicoanálisis. Curiosamente lo mismo ocurrió con Auguste Comte y sus seguidores del fin del siglo XIX y principios del XX. Pero una vez que los seguidores acríticos de Althusser se dieron cuenta de los desvaríos de su maestro, sin decir "agua va", se cambiaron al gramscismo, que es la moda que sucedió al althusserianismo en 1975 o al postestructuralismo. La moraleja es que nunca debería seguirse a un autor, en forma acrílica. Ahora bien, ya en los ochenta, bajo la influencia del eurocomunismo, la crítica se profundizó en relación con el llamado "socialismo real". Lo que creo es que la crítica a dicho "socialismo" sólo convenció a un sector intelectual minoritario y no al conjunto de la izquierda que se quedó más bien con un marxismo rústico y desleído, que no le permitió avanzar hacia una recepción más abierta y creativa. Al derrumbarse aquellas sociedades, todos aquellos que no habían profundizado en la crisis del marxismo, se quedaron sin piso y cayeron en una profunda depresión y decepción. La izquierda intelectual no supo o no quiso profundizar el debate entre sus bases y propiciar la construcción de una alternativa como ocurrió en otros lugares.
2.- EL OPORTUNISMO DE LOS INTELECTUALES
Pero aparte de la forma doctrinaria y dogmática como se asimiló el marxismo en México también habría que considerar un segundo elemento como lo ha sido la influencia ideológica del Estado. Como se sabe, nuestro país cayó en una más de sus crisis en 1982 y tres años más tarde, el gobierno decidió adoptar el neoliberalismo como política oficial no declarada. Al observar este acontecimiento, muchos intelectuales se alinearon a dicha política y luego confirmaron su actitud ante el derrumbe, apareciendo, de la noche a la mañana, reconvertidos en feroces críticos del marxismo. En otras palabras, en lugar de darse a la tarea de explicar lo que estaba ocurriendo, se dedicaron a desgarrarse las vestiduras en mesas redondas y conferencias como si ellos hubieran sido los autores inmediatos de los crímenes de Stalin y sin tener el cuidado de no confundir la crítica de la derecha con una crítica de izquierda.
Por el contrario, los intelectuales de la derecha agrupados en la revista Vuelta recogieron el desafío y orquestaron lo que fue el discurso hegemónico conservador y respuesta "única" al derrumbe del "socialismo real". La forma elegida fue la realización del coloquio televisivo denominado: "El siglo XX. La experiencia de la libertad" en donde celebraron, no sólo los funerales de aquel régimen sino del marxismo y del socialismo, sin distinciones. De nada valió que algunos invitados nacionales se opusieran a dicha interpretación: Octavio Paz y sus invitados conservadores de Europa del Este y la URSS, ya lo había dicho todo y se acabó.4 Y cuando más tarde, el CNCA realizó junto con la UNAM y la revista Nexos, un coloquio más plural debido a la gran molestia que despertó el anterior por su reaccionarismo, el titulado: "Los grandes cambios de nuestro tiempo", el atrevimiento le costó a uno de sus organizadores, Víctor Flores Olea, su puesto de Presidente del CNCA. El argumento de Octavio Paz fue de un liberalismo inmaculado: "Si yo organizo un coloquio en la empresa privada Televisa, yo puedo hacer lo que quiera, sin embargo, si ustedes realizan en las instituciones públicas uno similar, tienen que tomar en cuenta a mi grupo, de otra manera, aténganse a las consecuencias". En otras palabras: hágase la democracia en las instituciones oficiales pero no en los bueyes de mi compadre.
Lo penoso en todo esto fue que la izquierda mexicana más lúcida, que hizo en forma temprana la crítica al marxismo soviético; que desarrolló en las ciencias sociales y la filosofía interpretaciones nuevas como la teoría de la dependencia; nuevas interpretaciones de la historia de México o la filosofía de la praxis, no pudo hacer valer, en los medios masivos de comunicación, su explicación alternativa. La izquierda partidaria mostraba su debilidad y su confusión.
3.- CAMBIAR EL MARXISMO Y EL SOCIALISMO POR LA DEMOCRACIA LIBERAL
Pero el problema no se queda allí. Durante la década de los años ochenta y principios de los noventa se presentaron en nuestro país varios procesos políticos de gran importancia. Uno de ellos fue la serie de transfiguraciones que sufrió el Partido Comunista Mexicano, al aliarse con otras fuerzas políticas y quedar convertido en PSUM, luego en PMS y finalmente en PRD. Están todavía por escribirse las causas, las formas y las consecuencias de esos cambios pero, por lo pronto, mencionaría que, a mi juicio, el debate en torno a estos cambios políticos, salvo en la transformación de PCM a PSUM, no fue suficientemente amplio y ello llevó a una gradual pérdida de identidad entre los militantes de esos partidos. Pero por otro lado, en la última transformación de PMS en PRD, se perdieron tanto el socialismo como objetivo como el marxismo teórico. Aquí podría establecerse un paralelismo con lo ocurrido en el PSOE en España que, una vez que se vislumbró la toma del poder, Felipe González propuso y se aceptó que se eliminara el marxismo como teoría central del partido y se adoptara una serie de posiciones que convertían, en los hechos, a la socialdemocracia en gestora del neo-liberalismo.
En nuestro caso, la causa de esta pérdida se encuentra, a mi juicio, en un cambio paradigmático y programático operado en los años ochenta por un sector de la izquierda, que consideró que la única forma de acceder al poder era reconociendo a una corriente heredera de la "Revolución mexicana" y que, por su sola presencia, había convocado a las masas bajo el nombre mágico de Cárdenas. Así, en lugar de plantearse la transformación radical del capitalismo, lo que se convertía en el punto número uno del orden del día era: la disolución del partido-Estado y el establecimiento de la democracia dentro de un nuevo sistema político.
Ahora bien, este objetivo era y es válido. Después de las transformaciones económicas realizadas por el porfiriato, quedó pendiente en nuestro país una modernización política que no logró realizarse ni con la revolución que le siguió y que costó al país un millón de muertos. Las masas que votaron por Cárdenas, en 1988, para Presidente de la República, estaban en contra del despotismo con que una oligarquía había llevado a nuestro país a la bancarrota y por tanto, deseaban instaurar una nueva forma de gestión del poder. No había duda que tenía que acudirse a este llamado, apoyándolo con todas las fuerzas que fueran posibles. Sin embargo, esto se hizo, a mi juicio, abandonando el debate sobre los problemas del marxismo, del socialismo y de la misma democracia. Se adoptó, entonces, un pragmatismo de corto alcance y un encantamiento con respecto a la democracia.
Ahora bien, alguien podría decirme, si el socialismo no está hoy en el panorama inmediato sino que aparece como muy lejano y además nuestra tarea está en construir la democracia en nuestro país ¿qué objeto tiene el seguir reflexionando sobre el socialismo y el marxismo?
Esta pregunta: o es mal intencionada o está dictada por el candor. Hoy, en los países altamente desarrollados, en los que se ha logrado ya, desde hace muchos años, la democracia a que tanto aspiramos (y cuya necesidad inmediata no niego) es considerada como una forma de dominio que no conduce a la justicia social para las mayorías. Hoy, en aquellos países existe un agotamiento de dicha forma. ¿De qué forma se trata? Sin duda de la democracia liberal y neo-liberal. La pregunta que surge entonces es: ¿nuestra lucha es por instaurar una democracia liberal o neo-liberal que, en otros lugares ya ha mostrado sus dificultades para construir una sociedad justa? Mi respuesta es negativa. No podemos repetir la historia y por tanto, se necesita poner a debate, no sólo los diversos significados de la democracia para construir uno alternativo, sino seguir reflexionando sobre el paradigma marxista para estudiar las consecuencias de la sociedad global capitalista y su alternativa que, hasta hoy sigue llamándose "socialismo" aunque este concepto deba transformarse necesariamente para que pueda convertirse en realidad en el siglo XXI.”
Esperamos que el anterior texto haya estimulado sus neuronas.
Cuando una crisis teórico-ideológica (de sustentación y de legitimación), tarde o temprano se expresa en una crisis de dirección política (de liderazgo intelectual, ético-cultura y político). De este modo se produce una un bloqueo, una interrupción, un proceso de cambio truncado; y del estancamiento, la posibilidad de reversión (Roll-Back), el reflujo y los escenarios de restauración. La acumulación de fuerza morales y materiales comienza a perder cualidad, y en un proceso de desgaste, luego cantidad. La entropía domina frente a la recuperación y nuevas cualidades organizativas. Se trata de un punto crucial.
Ojalá sea advertido a tiempo y cuando ya no sea tan tarde que sólo quede mitigar los daños de la restauración. Todo esto pasa por la conciencia y praxis de un pueblo, de sus trabajadores y trabajadoras, en defensa de sus conquistas históricas.

martes, 30 de octubre de 2012

SOCIALISMO CON ADJETIVOS: DECONSTRUCCIÓN CRITICA Y PROPUESTAS RENOVADORAS

Javier Biardeau R.
En Venezuela desde el año 2004 abundan referencias sobre el llamado Socialismo Bolivariano del siglo XXI. Sin embargo sospecho que este debate, que debería ser un debate colectivo y políticamente orgánico, con todas sus consecuencias, puede peligrosamente degenerar en un pote de humo retórico con fines de movilización electoral y para legitimar una cierta voluntad de poder por el poder mismo; es decir, un suplemento demagógico para fines de gobernabilidad de una nueva clase-cúpula-cogollo-nomenclatura, semejante a todas las nomenclaturas que caracterizaron el Socialismo Burocrático del siglo XX.

Hay que plantear explícitamente el debate sobre los modelos de socialismo, especialmente sobre una renovación del socialismo democrático-participativo, distinto del socialismo democrático representativo, el comunismo despótico o las ilusiones socialdemócratas. Para esto último, uno se inscribe en AD, un Nuevo Tiempo o en Avanzada Progresista. Para el comunismo despótico uno mastica las ruinas e inercias del marxismo soviético y sus derivados tropicales.

Si el efecto macropolítico y macroeconómico de los resultados electorales del 7 de octubre fuese fortalecer una trayectoria u opción reformista-desarrollista-extractivista en el país, el llamado Socialismo del siglo XXI o el Socialismo del buen vivir se convertirían definitivamente en banderas huecas, en lo que plebeyamente llamamos pura paja. Y aunque hay compañeros y compatriotas que aspiran y demandan una construcción renovadora de la transición socialista en el país, también es preciso identificar y caracterizar con precisión si los cuadros políticos de la alta dirección de la revolución están comprometidos rigurosamente con una revolución que no puede desdecir ideas-fuerza como las de socialismo, independencia, desarrollo humano, democracia protagónica y participativa, buen vivir, descolonización, felicidad humana, superación del rentismo, ecología, feminismo y la misma idea de revolución.

Cuando hablo de alta dirección estratégica de la revolución señaló claramente los siguientes centros estratégicos de conducción del proceso bolivariano, especialmente los que tienen las mayores responsabilidades políticas, capacidad de gravitación y de conducción en las decisiones que se toman con relación al proceso bolivariano:

1) Las direcciones nacionales y regionales de los partidos políticos u organizaciones con fines políticos de la Revolución Bolivariana (PSUV, PCV, PPT, REDES, MEP, TUPAMAROS, PODEMOS, NUEVO CAMINO REVOLUCIONARIO, UPV, IPC, PRT Y CRV). Entre estas organizaciones, es vital preguntarnos si la direcciones nacionales y regionales del PSUV, PCV, PPT, MEP, TUPAMAROS Y PODEMOS (pues REDES funciona como una coordinadora-plataforma de colectivos), tienen claridad estratégica sobre su contribución al debate colectivo y orgánico sobre el llamado Programa de la Patria y los resultados del balance político de los resultados del 7-O. Tal vez convendría preguntarnos: ¿existen acaso instancias orgánicas de debate colectivo entre estas direcciones políticas sobre la dirección, significados, contenidos y alcances del llamado Programa de la Patria.

2) Las estructuras de Dirección del Poder Ejecutivo Nacional; en fin, del Gobierno, el Presidente y el Vicepresidente de la República, los Vicepresidentes o las VIcepresidentas Sectoriales, el Gabinete Ejecutivo en pleno, los Ministros y Ministras, sus Viceministros y Viceministras, los Presidentes de las Instituciones pertenecientes a los entes descentralizados, así cualquier cualquier órgano colegiado de dirección de Institutos autónomos del Estado Venezolano.

3) La bancada parlamentaria de las fuerzas políticas de la Revolución Bolivariana, los altos cargos de dirección política en la Asamblea Nacional, sus diputados y diputadas, su cuerpo de asesoramiento o consultoría política.

4) Los Gobernadores, Gobernadoras, Alcaldes y Alcaldesas, miembros de los Consejos Legislativos Regionales o de Consejos Municipales pertenecientes al Proceso Bolivariano, con todas sus instancias de dirección de políticas públicas en Gobernaciones y Alcaldías.

¿Acaso toda esta estructura de representación política está alineada e identificada con un proceso revolucionario y con un Proyecto Nacional de Transición Socialista? ¿De cuál modelo o estilo de socialismo se habla, se discute, se estudia, se forma y se elabora en estas instancias de decisión? ¿Acaso seguiremos pasivamente aquella racionalización de los sectores de oposición que plantean negativamente que todo es culpa de Chávez, para señalar que la dirección, contenido, significado y alcance de la transición socialista sólo es responsabilidad de la voz de mando de Chávez; es decir, mande comandante?

Chávez ha señalado en la Presentación del Programa de la Patria: Una vez más las circunstancias me colocan delante del pueblo para expresarle el compromiso decidido y renovado con la defensa de la Independencia Nacional. Éste es el tiempo, como nunca antes lo hubo, de darle rostro y sentido a la Patria Socialista por la que estamos luchando. Este Programa de Gobierno para el período 2013-2019 responde a la consecución de dichos supremos objetivos:¡¡¡¡ Independencia y Patria Socialista!!!!

¿Acaso toda esta estructura de representación política está identificada con la consecución de supremos objetivos?

La presentación del llamado programa de la Patria es clara:

Como decía nuestro Libertador en 1820: "Es imperturbable nuestra resolución de independencia o nada.Independencia definitiva o nada debe ser la divisa de los bolivarianos y bolivarianas de hoy. Independencia definitiva es nuestra causa y nuestra tarea permanente."
Chávez enuncia la tesis combativa, creativa y liberadora de la Independencia y el socialismo como proyecto abierto y dialéctica construcción: la Independencia no ha terminado y la forjamos en nuestra lucha diaria y permanente.

¿Qué significación tiene hablar de proyecto abierto y dialéctica construcción? ¿Serán acaso palabras vacías, adornos sin sustancia, accidentes del discurso sin consecuencias en la praxis política?

Y por si fuese poco, Chávez alienta el principio esperanza utópico ( con todos sus riesgos, potencialidades y peligros) cuando llama a: "Nos toca realizar plenamente el sueño libertario que nunca ha dejado de palpitar en la Patria y que hoy está latiendo de manera incesante. Así lo creo desde la fe combativa y la razón amorosa que me alienta: la herencia heroica nos obliga y tal exigencia es bandera y compromiso para nosotros y nosotras. Desde el tiempo que nos ha tocado vivir es preciso honrar los retos; tantos sacrificios no pueden ser en vano, hacerlos carne y sangre de la vida nueva tiene que seguir siendo el horizonte que nos llama y desafía."

Un texto salpicado de razones utópicas, pero también de todo los debates reconstructivos y de-constructivos sobre el horizonte utópico: sus aventuras y desventuras, los riesgos de la Hubrys política, sus inflamaciones pasionales, los ideales que encarna, las identificaciones que convoca, las interpelaciones que promueve, la herencia heroica que convoca y las exigencias morales que soporta: tantos sacrificios no pueden ser en vano, con toda la carga profética de la carne y sangre de la vida nueva. ¿Son acaso todas estas figuras del discurso sólo impresiones subjetivas de Chávez, enunciaciones sin consecuencia, derivaciones y declinaciones semánticas de ciertos juegos del lenguaje asociados a los bolivarianos delirios sobre el chimborazo? ¿Acaso esa estructura ya mencionada de dirección política asume activamente, comprende y encarna este telos reconstructivo, traducido luego en el frío lenguaje de las metas, objetivos y proyectos; o en el más desviado lenguaje y práctica del burocratismo, las corruptelas, el sectarismo y la arrogancia del cargo político?

Chávez habla en la presentación: "Éste es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI."

¿Se trata acaso de mentiras descaradas, de ambiciones encubiertas, de una inversión de los auténticos objetivos de fortalecer y usufructar el capitalismo rentista de estado, de concentrar y centralizar el poder en una autocracia velada, completamente ajena a los ideales de democratización del poder, de construcción del poder popular para la transición socialista? Como si se tratara de un profeta sin arraigo ante una masa de incrédulos: ¿Le creemos o no le creemos a quien enuncia estas palabras? ¿ Es el Poder Popular el vértice y la base fundamental del Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista del Desarrollo Económico y Social de la Nación 20072013?¿Cuál es el papel estratégico del Poder Popular?¿Quién lo define, cómo, cuándo, dónde, para qué?

Chávez señala con realismo en la presentación: "No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista."

¿Se trata acaso del reconocimiento de una evidente debilidad en seis años de vigencia del Primer Plan Socialista? Si la formación social venezolana, sus sus modos de producción fundamentales son capitalistas y rentistas, ¿cómo transitar hacia el socialismo?.

Y continúa: "Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo."

¿Estarán claros quienes hablan de consolidar definitivamente el socialismo, si apenas estamos en lo que Chávez denomina implantación inicial de un dinamismo interno que no prevalece en la formación socio-económica venezolana? Si es el capitalismo rentista lo que prevalece luego de 14 años de la revolución bolivariana, ¿cuáles son las razones ahora para suponer que existe claridad estratégica en la estructura de representación política de la revolución para que luego del período 2013-2019 no siga siendo la formación socio-económica que prevalece? ¿realmente se apunta en la dirección de superara la lógica del Capital?

¿Por qué en vez de atribuirle virtualidades que no tiene en las actuales circunstancias al Poder Popular, no asumimos que es la estructura de representación política realmente existente, con sus cuerpos, rostros y voces concretas son las que tienen por sí la responsabilidad de dirección política estratégica para construir las condiciones de ese protagonismo del Poder Popular? ¿Acaso no hay tensiones y conflictos entre esta lógica política de representación (con una partidocracia bolivariana que reproduce los vicios de partido-cracia cuarto-republicana) y la lógica de constitución del protagonismo participativo del Poder Popular?

Dice Chávez: "Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo."

Le sugerimos a Chávez que sustituya esa subjetividad: poder popular; por quienes tienen hoy la responsabilidad de conducción política del proceso bolivariano: dirección política, para evaluar si la dirección política realmente existente despliega tareas concretas, medibles incluso, de des-articulación de las tramas de opresión, explotación y dominación; si configuran acaso desde la lógica de la representación política una nueva socialidad donde la fraternidad y solidaridad se articulen a nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. ¿Acaso no debemos evaluar la eficacia política y calidad revolucionaria de nuestras estructuras de dirección y representación política?

¿Cómo podríamos avanzar a objetivos siguientes, como el de pulverizar completamente la forma estado burguesa, desde la ausencia de una conducción colectiva revolucionaria? No olvidemos a los plebeyos desengañados: ¿será pura paja?

Chávez reconoce en la presentación no sólo que tenemos una formación socio-económica que aun esta dominada por el capitalismo rentístico, sino que además dice que el Estado aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas; es decir, que el Estado capitalista sigue vivo y no logra darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política. ¿Acaso luego de 14 años de revolución bolivariana, con la propuesta constituyente de Transformar el Estado, y no sólo redactar una nueva Constitución, podemos estar satisfechos con las viejas y nefastas prácticas cuartorepublicana que se reproducen en nuestra estructura de dirección y representación política? ¿Acaso ya pasado el tiempo de bajarle el volumen a las críticas (para no entregarle armas a los enemigos de la revolución en tiempos electorales), no se mantendrá el criterio aquel que dicta: Nunca digas, de esta agua no beberé? ¿Acaso llegaremos al templo del lenguaje orwelliano donde la campaña de rectificación de errores y tendencias negativas no sea algo más que un ritual vacío de crítica y auto-crítica, cuyo resultado previsible es que el que critica tiene que arrepentirse para hacer exclusivamente una auto-crítica por criticar?
¿Podrá construirse un modelo alternativo socialista si el papel edificante de la crítica? ¿Acaso al presentarse el programa de la patria no se esta convocando a la participación protagónica del pueblo, que con su más amplia discusión en las bases populares, podremos perfeccionarlo, desatando toda su potencia creadora y liberadora? ¿Dónde esta discusión de las bases populares con la estructura de dirección de representación política en esta tarea de doble interpelación entre dirigencia revolucionaria y pueblo organizado y consciente?

¿Cómo traspasar traspasar la barrera del no retorno: lo viejo debe terminar de morir definitivamente, para que el nacimiento de lo nuevo se manifieste en toda su plenitud, si esta doble interpelación?

¿Cómo construir esta Patria para que tú, compatriota, hombre, mujer, madre, padre, joven, niña, niño venezolano y venezolana puedas vivir bien, con justicia y dignidad, sin esa discusión creadora con la participación amplia del pueblo venezolano?

¿Cómo arrancar arrancar una tercera fase, de consolidación, perfeccionamiento y culminación de la propuesta socialista", si el propio Chávez reconoce que sigue prevaleciendo el capitalismo rentista y el Estado burgués con sus viejas y nefastas prácticas que impiden darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política, a nuevos métodos de planificación y de producción de la vida material?.

En este contexto, no sera sorprendente reconocer que existen residuos neoliberales que parasitan el sistema fiscal", con énfasis en el Impuesto al Valor Agregado, que pagan en mayor medida quienes menos tienen (Luis Brito Garcia dixit).

¿Cuál economía mixta si lo que prevalece es la economía capitalista y rentista? ¿Cómo avanzar en el control y seguimiento de la gestión pública, cómo optimizar servicios públicos y exigir responsabilidad civil y administrativa por su incumplimiento sin el ejercicio concreto de la contraloría social? ¿Cómo mitigar significativamente la inseguridad?

El problema es que podemos definir todos los objetivos supremos, históricos, estratégicos y generales que soñemos, elaborar todos los planes y proyectos-libros que deseamos, pero su diseño, ejecución, evaluación, control y corrección depende de una estructura de dirección, representación y gestión política que no se reduce al dictum: culpa´e chávez. Sin embargo, culpa´e Chávez es seleccionarlos y no evaluarlos, dirigirlos pero no contribuir a una formación continúa, investigarlos pero no castigarlos si se mantienen viejas y nefastas prácticas, perder de vista que sean ineficientes y monten potes de humo.

Uno no quiere sentir y percibir que luego de leer el interesante artículo de Brito García, uno se encuentre mas cerca de la situación de partida que de la situación de llegada, que en muchos aspectos estamos en el año 2006, en otros incluso en 1998, que el avance ha sido irregular y completamente desigual en distintas áreas. Nadie pide que se avance en línea recta, lo cual en las sociedades es altamente improbable, para no decir imposible, pero retroceder jamás. Por ejemplo, se me eriza la piel cuando se señala que hay que desarrollar aparatos sindicales enteramente socialistas, pues no entiendo la diferencia con desarrollar aparatos sindicales completamente adecos, es decir, que sean aparatos sindicales de una sola línea ideológica, sin tomar en cuenta la diversidad real y la autonomía de la estructura sindical, que aún siendo socialistas, no parecen serlo de la misma manera. No se cómo podría construirse una económica netamente socialista en el marco de la Constitución vigente, a menos que uno no sepa leer realmente las normas jurídicas sobre el sistema socio-económico allí planteado. Todavía me pregunto de si no habrá venezolanos que nacen y se mueren escuchando que hay que culminar de una vez la siempre inconclusa Reforma Agraria o Echar los cimientos de una economía cada vez menos dependiente de los hidrocarburos.

Luego insistiré en algunos detalles de un verdadero programa de revolución en la revolución que plantea Brito García que implica socavar el poder de grupos económicos que han crecido a la sombra del gobierno bolivariano: como ese de Vigilar para que la proliferación de intereses foráneos en las empresas mixtas no concluya por poner bajo control extranjero gran parte de nuestra industria petrolera. Reducir la Deuda Pública, que podría volverse sumamente peligrosa ante cualquier baja de ingresos. Dar la batalla final contra los residuos neoliberales que plagan el sistema fiscal: contra el IVA, impuesto regresivo que castiga a quienes menos tienen, mientras la tasa máxima de tributación para los oligarcas no excede de 34%. Contra los Tratados contra la Doble Tributación, que exoneran de pagar tributos a las transnacionales. Contra los Tratados de Promoción y Protección de Inversiones, que privilegian al capital foráneo sobre el criollo.

No quisiera profundizar por razones de espacio en elementos como Eliminar cajas negras y fondos inauditables o Controlar la infiltración paramilitar manifiesta en cobros de vacuna, alcabalas, toques de queda, dominio de la economía informal, control de empresas de transporte y comunicaciones, sicariato y lavado de divisas en bingos y casinos.

Creo que como contribución al Programa de la Patria, es conveniente estar de acuerdo con enunciados planteados por Brito García como: Tan hábil es el movimiento bolivariano para cosechar victorias como para no sacarles partido. Ha tenido una Asamblea Nacional con mayoría absoluta de 100% sin crear el marco jurídico de la revolución socialista. Ha coloreado el mapa de rojo varias veces, para que lo destiñeran candidatos a quienes se invistió de poder sin exigirles más credenciales que el oportunismo.

Lo que no queda claro y tengo serias dudas es si de verdad existe un debate colectivo que fortalezca e intensifique la propuesta socialista. El socialismo sigue siendo un imaginario: consignas, símbolos y promesas, pero no es un programa de ideas-fuerzas, con conceptos manejados a partir de una renovación de la praxis y la teoría critica socialista. En este aparte, estoy completamente de acuerdo en convocar al intelectual colectivo, no a los intelectuales tradicionales calcados y formados desde los criterios de los aparatos académicos de la cultura hegemónica o dominante. Ciertamente, Chávez y Brito deberían conversar más a fondo y más a menudo: Una revolución que no avanza siempre, fatalmente retrocede.

Ya ganamos las elecciones, pero¿Avanzamos?

jbiardeau@gmail.com

jueves, 11 de agosto de 2011

TRANSITAR DE LA SUBCULTURA DEL "MARXISMO DE APARATO" A LOS PENSAMIENTOS CRÍTICOS CONTRA-HEGEMÓNICOS:


Javier Biardeau R.

“Oligarcas (de aquí y de allá), temblad, viva la libertad”.

1.- Transición socialista: oportunidad para demoler dogmas:

En tiempos de transición sería conveniente plantear un tema: ¿se superarán las aproximaciones dogmáticas, doctrinarias, esquemáticas y simplificadoras del pensamiento crítico y revolucionario que domino la escena del siglo XX?

Mucho se dice: “Sin teoría revolucionaria no hay praxis revolucionaria”, pero acaso ¿puede ser revolucionaria una “Teoría” que no acepta una revolución paradigmática interna de sus presupuestos, sus premisas, sus redes conceptuales, sus categorías, sus concretos figurados y pensados? O al menos, ¿qué no acepta una autorreflexión crítica de sus criterios de justificación epistemológica, de acreditación científica o de legitimación social?

Resulta al menos extraña una “praxis revolucionaria” basada en un “dogma petrificado”, que no interrogue, que no cuestione, que no inquiete, que no revise, que no supere, que no corrija, que no rectifique, que no se ponga a prueba permanentemente en su consistencia, en su justificación y en su eficacia.

2.- La historia del dogma del “marxismo de aparato”:

Una comprensión histórica de la recepción de las ideas marxistas en el siglo XX venezolano, nos permite constatar la hegemónica diseminación y penetración de las vertientes bolcheviques del “auténtico marxismo revolucionario” en el país. Esta es una hipótesis que puede ser fácilmente sometida al debate, indagando con rigor las “configuraciones de nociones, conceptos o categorías”, o lo que llamamos, los procesos ideológicos y organizativos de la izquierda política del país.

En pocas palabras, por “marxismo” se asimiló no la obra crítica, inconclusa y abierta de Marx y Engels, no la “ortodoxia social-demócrata” (codificada por Karl Kaustky), no el debate sobre el revisionismo marxista alemán (donde se enfrentaron Bernstein y Rosa Luxemburgo), no las tesis del “Comunismo de Consejos” holandés o alemán (Pannekoek, Gorter); no el austro-marxismo (Bauer), no los “Cuadernos de la Cárcel” de Antonio Gramsci o las reflexiones sobre el “materialismo histórico” de Antonio Labriola, no el “sindicalismo revolucionario” francés o las ideas de Jean Jaurés, no las reflexiones heterodoxas de Georgi Lukacs o Karl Korsch, ni siquiera las reflexiones y auto-criticas tardías de León Trotski.

Lo que dominó de manera casi absoluta como “ideario marxista” fue (y sigue siendo como proceso inercial de sedimentación ideológico-política) desde una perspectiva histórico-cultural, el ideario de una particular tradición leninista y bolchevique, disponible en gacetillas, panfletos, volantes y textos que circularon al calor de los acontecimientos de la Revolución Rusa, así como al calor de la conformación de los primeros núcleos comunistas y socialistas en el país.

Hay quienes quieren estudiar las ideas-fuerza fuera de los aparatos materiales y las matrices de afirmación/sanción que las seleccionan y las legitiman socialmente. Como sí se hubiesen perdido la genealogía de los múltiples y multiformes afluentes de las corrientes marxistas en el seno de tendencias y aparatos políticos, por “marxismo” se supuso aquel hilo de continuidad poco verosímil entre Marx-Engels-Plejanov-Lenin-Stalin.

Esta comprensión estrecha vino de la mano de la conformación simultánea de un aparato u organización comunista que, a diferencia del marxismo latinoamericano y heterodoxo de Mariátegui en Perú cuando insistió en denominar Partido Socialista del Perú, practicó sin empacho los lineamientos doctrinarios de la III Internacional Comunista y sus 21 condiciones.

Muchos de quienes reivindican el “marxismo-leninismo”, parecen desconocer el papel que Stalin y Bujarin cumplieron para codificar lo que denominaron “marxismo-leninismo ortodoxo”, cerrándole el paso (luego de la muerte de Lenin), no sólo a las llamadas “ambiciones de Trotski”, sino a todo el debate abierto en el seno del llamado “marxismo occidental”.

Se trataba nada más y nada menos que de la legitimidad para acreditarse un legado teórico y político: el legado leninista. Allí se fundó el partido-iglesia leninista, con sus dogmas, su liturgia, con sus santurrones y escribas, para demoler los fundamentos epistemológicos de lo más esencial del pensamiento marxiano: la critica radical inmanente al pensamiento revolucionario.

3.- El Estalinismo sigue vivo como hábito ideológico (el hábito si hace a los monjes):

Por otra parte, un papel secundario cumplieron los esfuerzos de la ya estalinista “Academia de Ciencias de la URSS”, al administrar, diseminar y acreditar a la “verdadera” filosofía marxista (materialismo dialéctico) y a la “autentica” ciencia de la historia (materialismo histórico). Toda esta tradición, todo este legado fue “consumido pasivamente” como “auténtico marxismo revolucionario” por generaciones enteras de militantes y simpatizantes del socialismo a lo largo y ancho del mundo. Se trataba sin duda de un marxismo institucional, oficial, soviético.

Comprender a Marx no equivale entonces a desdibujarlo en el seno de ésta constelación marxista-leninista creada por la tradición estalinista oficial; sino que implica comprender el lugar y papel de sus ideas en el movimiento de emancipación que las afirmaba, en el contexto de la lucha de tendencias y la lucha de clases.

4.- Recrear el “pensamiento del Marx-libertario” fuera del filtro dogmático:

Sin comprender las tensiones entre tendencias en las cuales se movía el pensamiento-acción de Marx, tendremos la falsa impresión de que fue Marx una suerte de demiurgo del “movimiento obrero revolucionario” y no a la inversa; que la teoría critica, radical y revolucionaria de Marx fue la expresión viva y la traducción conceptual de los conflictos ideológicos, políticos y sociales de su momento histórico. Marx fue una voz del movimiento, no la única voz del movimiento, no pretendió ser la única voz “oficial” del movimiento proletario. Basta releer atentamente aquellas proposiciones del "Manifiesto Comunista" para dar cuenta de una actitud completamente abierta y flexible frente a otros partidos obreros:

"¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general? Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto. Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario. El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios en general: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder. Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas, expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos. La abolición del régimen vigente de la propiedad no es tampoco ninguna característica peculiar del comunismo". (Manifiesto Comunista; 1848)

Compárese esta postura abierta, flexible, amplia y orgánicamente articulada al movimiento de emancipación del trabajo, con las 21 condiciones de ingreso a la III Internacional Comunista (condición 15):

“Los partidos que todavía mantienen los viejos programas socialdemócratas tienen la obligación de someterlos a revisión lo antes posible, y de redactar, teniendo en cuenta las condiciones particulares de su país, un nuevo programa comunista que esté en conformidad con las decisiones de la Internacional Comunista. Como norma el programa de cada partido perteneciente a la Internacional Comunista debe ser ratificado por un congreso regular de la Internacional Comunista o por el Comité Ejecutivo. Si el programa de un partido no obtuviese la ratificación del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, el partido en cuestión tiene el derecho de apelar al congreso de la Internacional Comunista”.

¿Dijo usted apelar lo inapelable: el dogma leninista?. El espíritu y la letra de estas condiciones de la III Internacional, tuvo un propósito distinto a los “planteamientos marxianos”. Aquellos que "fuera" de la Internacional, intentaran ser aceptados en ésta, tenían que someterse a estas “condiciones” para no ser rechazados; y quienes "dentro" de los partidos comunistas, cuestionaran las condiciones y tesis elaboradas por la Internacional Comunista, debían ser simplemente expulsados. Este doble movimiento de énfasis en el “rechazo-expulsión”, es justamente el principio dinámico de toda conformación “sectaria”, pues se trataba de coagular el monolito ideológico y organizativo del movimiento comunista internacional basado en legado leninista.

Todavía hoy, a casi 90 años de aquellos acontecimientos, se subsume por poderosas mentalizaciones a la “teoría crítica” de Marx, bajo aquella escatología que invocaba las “banderas del marxismo-leninismo”; es decir, triunfó todo el dispositivo que conformó la “subcultura del marxismo de aparato”; y lo que es peor, todavía como síntoma de aquellos procesos socio-ideológicos de deformación del “pensamiento marxiano”, hay “teóricos” del socialismo que pasan bajo contrabando la atribución del concepto de “Socialismo Científico” a la autoría de Marx. Ni siquiera se trata de una media verdad.

5.- De lo que hablo Marx fue de una nueva democracia radical en el Socialismo Revolucionario:

Marx no habló en ningún escrito conocido de “Socialismo científico”, tampoco de “Materialismo Histórico”, y menos de “Materialismo Dialéctico”. Estas codificaciones vienen de la mano de Engels, tienen otras “funciones de autor” y otros “propósitos polémicos”. Para ser rigurosamente responsable atribuyéndole ideas a Marx, hay que aclarar algunos puntos. Entre Marx y Engels, no sólo hay matices, sino que en algunos puntos no hay un mar de continuidad. ¿Dijo alguna vez Marx, éste “solemne enunciado”, que proyecta esa docta ignorancia de la Ciencia en clave positivista? Sencillamente no.

Los enunciados de Marx fueron menos problemáticos, tal vez más claros y dirigidos no a obtener una acreditación científica, sino a convencer a sus camaradas de lucha que existía un conocimiento disponible para clarificar sus situaciones, para analizar las contradicciones y las tendencias presentes en el modo de producción capitalista, para apalancar medios de acción disponibles y reconocer las finalidades de la lucha proletaria, hablando de una forma de construir conocimiento crítico y revolucionario (una combinación de “ciencia” y “revolución”, radicalmente distinta del cientificismo, la filosofía o el saber burgués de cuño positivista, marcada por las huellas de las disputas en el seno de la escuela hegeliana de la filosofía alemana) desde la perspectiva del proletariado: en fín, Marx habló de “socialismo revolucionario” y “comunismo”.

Sin comprender no sólo el hegelianismo, sino todo el materialismo burgués de la ilustración (francés e ingles), incluyendo todo la estela del pensamiento post-kantiano hasta llegar a Feuerbach, es imposible comprender el clima intelectual que condicionó la formación del “pensamiento marxiano”. Las llamadas “tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo” (Lenin), se quedan completamente cortas frente a la enciclopédica cultura de formación espiritual de Marx, que rebasa fronteras disciplinarias e inaugura una verdadera revolución teórica inconclusa en el pensamiento moderno-occidental. Marx no puede reducirse a la caricatura del llamado “Socialismo Científico”.

Hasta donde se soporta el argumento con rigor de documentación histórica, fue su amigo Federico Engels, quien trató no sólo de popularizar-vulgarizar el pensamiento crítico y revolucionario de aquel compañero de travesía revolucionaria, colocándole el adjetivo de “científico” al Socialismo. Todavía hoy corren chorros de tinta sobre tales problemas: ¿cuál fue el estatuto epistemológico del discurso de Marx? ¿Fue un “discurso científico”, evaluado según el canon dominante de la época de la ciencia histórica y social burguesa, moderna, europea y positivista? ¿Acaso Marx fue el creador de aquello que los manuales de la URSS llaman “materialismo histórico” y “materialismo dialéctico”?

En la lucha ideológica, ciertamente, hay mucho “contrabandos ideológicos”, mucha falsificación de contenido, envase, marca y empaquetamiento. Marx y Engels no siempre enunciaron exactamente lo mismo. Responder al uso de la metodología rigurosa en las ciencias sociales e históricas críticas, también implica que las nociones y conceptos que se usen respeten las diferencias y cualidades, incluso cuando efectivamente el papel de un grupo social y de sus voceros ideológicos depende de su lugar en el sistema de relaciones sociales, no de caprichos subjetivos.

6.- De Marx a la teoría critica, radical y revolucionaria:

Todavía hoy, el gran desafío de la “teoría crítica, radical y revolucionaria”, la base de las diferentes perspectivas teóricas contra-hegemónicas, es evitar el esquematismo simplificador, las vulgarizaciones y la omisión de la actividad practico-crítica para transformar la realidad histórica. Es preciso transitar desde ese marxismo-soviético a planteamientos elaborados desde “marxismos críticos, abiertos, no dogmáticos”, incluso ir más allá de Marx, transitar del “pensamiento marxiano” al “pensamiento radical contra-sistémico”, proponer una postura abierta, amplia, flexible, no dogmática ni sectaria para amplificar la potencia de la teoría crítica.

No se trata sólo de expresar ironías de la historia (como Marx fue convertido en dogma), sino de comprender como un sistema de enunciados, termina significando algo muy distinto (sometido a la entropía a su significación y sentido), en manos de los vulgarizadores con claras intencionalidades en el juego político. Si la revolución democrática, socialista, eco-política y descolonizadora afirma algo, es precisamente la necesidad de un intelectual colectivo caracterizado por su diversidad, amplitud y compromiso en la lucha teórica y práctica frente al orden capitalista. No se trata de repetir los errores del sectarismo y el dogmatismo que caracterizaron al movimiento comunista internacional durante la hegemonía del período estalinista, con todas sus sedimentaciones ideológico-políticas convertidas en hábitos del presente.

8.- Contra el Socialismo Burocrático:

Hemos planteado en diversos artículos: no es posible realizar la democracia socialista del siglo XXI con la ayuda de las armas melladas que nos lega el Capitalismo y el Socialismo Burocrático (los atributos de éste ultimo son definibles):

a) Socialismo en un solo país,
b) Sistema político de partido-único,
c) Dominio de la propiedad estatizada,
d) Conciencia moral represiva/deber de sumisión ideológica,
d) Táctica de clase contra clase,
e) Hegemonía autoritaria,
f) Dogmatismo,
g) Burocratismo,
h) Sectarismo,
i) Cesarismo, bonapartismo, culto a la personalidad del líder infalible;

A aquellos compañeros y compañeras que están socializados en la mentalización mass-mediática de la industria de la manipulación de las conciencias (con su slogan: ¡permítanme pensar por usted!), que optan por recetas (Socialismo-tips), que no les basta con orientaciones sobre lo que NO queremos reproducir: el “calco y copia” del Socialismo Burocrático; les planteamos algunas indicaciones para el debate, para que en un diálogo polémico, en espacios e instancias colectivas de discusión, retomar la tarea fundamental de investigar, debatir e intervenir en los procesos de transición histórica al “nuevas vías de socialismos radicalmente democráticos”:

a) Revolución mundial y construcción de bloques de poder regionales,
b) Sistema político multipartidista y frente amplio de organizaciones políticas revolucionarias,
c) Hegemonía de la socialización, gestión y propiedad colectiva directa, fase de transición basada en la economía mixta de carácter socialista con un sistema democrático de planificación y autogestión obrera y social,
d) Ética, estética y afectividad para la liberación, deseo de insumisión permanente,
e) Táctica del frente amplio revolucionario,
f) Hegemonía democrática, socialismo liberador, democracia participativa, protagonismo popular,
g) Pensamientos radicales, críticos y creativos,
f) Contraloría social y popular directa de la administración socialista,
h) Liderazgo democrático revolucionario, conducción colectiva, colegiada y consultiva, con amplia participación, rotación y revocación de cargos por las bases.

9.- Retomar el debate y programas de investigación-acción sobre las transiciones socialistas:

No presuponemos que la etapa de transición consistiría en fortalecer el Capitalismo Monopólico de Estado (propiedad nacionalizada bajo control de los altos funcionarios del Estado), pues estaríamos ya en el callejón sin salida de la conformación de una nomenclatura (burguesía, sea alta, mediana o pequeña, con control de la apropiación directa desde Estado del excedente) y de una “nueva clase” político-económica.

El sistema económico de la transición no puede pasar necesariamente por el fortalecimiento del capitalismo de Estado, incluso si es denominado “socialismo de estado”, pues si los procesos económicos son dirigidos exclusivamente por una burocracia de Estado, bajo las órdenes de la dirección de un Partido-único, conformarán una nueva clase dirigente y dominante, que dispondrá directamente de las palancas directas de producción y/o apropiación de excedentes; y por tanto, de la plus-trabajo acumulado, mientras que las clases trabajadores (con ocupaciones manuales o de gestión) no recibirán más que salarios, constituyendo así un sistema de clases y estratos explotados.

La lección fundamental del balance histórico de inventario de los experimentos de transición al socialismo en el siglo XX, cuyas enseñanzas deben ser aprovechadas, es que no hay “modelos” a “calcar y copiar”; que el principal error es la reproducción servil de guiones ideológicos ó recetas de socialismo, sobre todo sí se pasa por alto que cada experiencia nacional-popular de acumulación de fuerzas sociales, políticas y culturales, implica simultáneamente la construcción de un Proyecto Estratégico Nacional (con capacidades, recursos, patrimonios y perfiles particulares), que debe caminar básicamente sobre sus propios pies, sobre sus ensayos, errores y logros, tomando en consideración no las experiencias internacionales erráticas, sino evaluando históricamente a escala mundial, los resultados positivos en las dimensiones de derechos personales y colectivos, sobre todo de la capacidad de intervenir y decidir directamente en los asuntos colectivos.

La recuperación del pensamiento radical, de las teorías críticas, pasa justamente por marcar distancia frente a cualquier postura que pase el triángulo dogmatismo/doctrinarismo/sectarismo, desconociendo la vitalidad de múltiples plataformas de pensamiento insurgente desde el Sur, más allá del marxismo-dogma, más allá de la mitología marxista-leninista, más allá de la racionalidad burocrática de los guardianes de la verdad en la izquierda de aparato.

10.- Salir del marasmo: contra la burocratización de la conducción de la revolución:

Hoy mas que nunca, en momentos de reflujo inducido parcialmente por la burocratización (de la conducción de la revolución), es preciso promover un despliegue radical-democrático y socializante del poder político, hacer efectiva la democracia participativa, superar el imaginario vertical del poder, adecuar las estrategias y tácticas a las realidades concretas de cada espacio, sector, grupo o movimiento.

Es preciso criticar radicalmente y evitar el vanguardismo, el sectarismo, el burocratismo del partido “hegemónico”, liquidar el sectarismo desde un discurso y praxis anticapitalista y superador de cualquier idea de estatismo-autoritario. Esto apunta a analizar críticamente la determinación de las lógicas de dominación de la sociedad capitalista y del socialismo de estado, para lograr la autodeterminación de los sectores populares-subalternos.

Justificar la teoría crítica, radical y revolucionaria implica en las actuales circunstancias, asumir el carácter profundamente libertario de diversas formas de marxismo abierto y de pensamiento radical contra el vanguardismo, el burocratismo, el dogmatismo y el sectarismo, como consecuencia de la impugnación al legado histórico de la “stalinización” en los partidos y organizaciones revolucionarias de izquierda.

Ante el estado de postración ideológica de la izquierda tradicional en el país (que se ha quedado repitiendo las consignas de la "revolución rusa" o de las fases constituyentes de la "revolución cubana"), no hay que obviar las reales condiciones de vida, necesidades y aspiraciones sentidas de los sectores populares-subalternos, su cultura de resistencia-insurgencia, sus mundos de vida, sus reclamos y reivindicaciones directas, para apalancar las luchas nacional-populares, democrático radicales y anti-imperialistas.

La reflexión teórica y política radical más significativa del período de superación del estalinismo a escala global tiene que ver con la autonomía emergente de la clase trabajadora, los precarizados, los desempleados, las mujeres, los estudiantes, los pueblos indígenas, los migrantes, los movimientos ecologistas, la insurrección de saberes y voces sometidas respecto a la estructura de mando del Capital, el poder de generar y sostener formas sociales y estructuras de valorización independientes de las relaciones de producción capitalista y del dominio del Estado.

11.- Contra el Capital y contra el Estatismo: oligarcas temblad, viva la libertad:

Una oposición generalizada al Estatismo y al Capital implica formular nociones radicalmente democráticas y alternativas de poder, insistiendo en la autonomía e insubordinación de los movimientos sociales contra el dominio del Estado y del Capital.

No puede separarse artificialmente el metabolismo social del Capital de su estructura de mando, control y disciplina. Transformar el Estado capitalista implica no desdibujar el horizonte de la crítica radical a la forma-Estado elaborada y defendida por Marx, implica una fase de transición revolucionaria, claro está, que pasa por la democratización intensiva y extensiva de las relaciones de poder, no por una re-oligarquización del poder de mando y decisión en cogollos, cúpulas o nuevas clases dominantes.

La máquina del Estado capitalista debe ser destruida por el lado de sus peores males: la coerción política concentrada, la ausencia de participación y protagonismo de la inmensa mayoria en el control de sus espacios, su funcionalidad y selectividad estructural a favor de los intereses del Capital.

Ese es el significado de la expresión "rechazo de la idolatría del estatismo-burocrático" y del ser cooptados por el metabolismo del Capital, incluso personificado en la “propiedad estatal”. Rechazo de la dominación, de la explotación del trabajo, de la hegemonía ideológica, de la exclusión social, de la discriminación y negación cultural.

Debemos reconocer que las concepciones del marxismo crítico, abierto y libertario tuvieron poca difusión e influencia en América Latina y en Venezuela en el siglo XX. Sólo a partir de la gran crisis de 1968, y luego de 1989 con la debacle del Socialismo Burocrático en la URSS, es posible asumir posiciones abiertamente impugnadoras tanto del reformismo socialdemócrata como del marxismo-leninismo ortodoxo en sus variantes prototípicas en la región, ya sea el llamado guevarismo, el maoísmo o incluso, el trotskismo en clave de nuevo dogma.

Hoy día, las premisas ideológicas de la revolución rusa o de la revolución cubana, en su fase de descomposición o de “estalinismo consolidado”, constituyen pesados obstáculos para la construcción de nuevas formas de democracia socialista para el siglo XXI. No hay que copiar ni calcar nada referido al estalinismo ni a la contra-revolución burocrática de aquellos procesos, nada referido al autoritarismo político-económico de la nomenclatura y la nueva clase.

Se requiere potenciar una cultura libertaria en el campo de la izquierda política, dada la insatisfacción con el burocratismo, el autoritarismo, el sectarismo, el dogmatismo y el vanguardismo de la izquierda revolucionaria tradicional. Al parecer, algunas tendencias quieren obviar el quiebre paradigmático que significó, no sólo la caída del Muro de Berlín en 1989, sino la contra-revolución burocrática iniciada desde el momento en que Lenin aún vivo, liquidó el frente amplio de organizaciones revolucionarias de izquierda que liquidaron en los hechos al zarismo, y que luego, en medio de la edificación del Capitalismo de Estado y el nuevo Estado Socialista, se mostraron críticas al estilo de conducción burocrático-autoritario del leninismo.

Esto significa un quiebre significativo de la historia oficial del marxismo-leninismo ortodoxo (la enfermedad senil del comunismo), lo que aquí llamamos “subcultura del marxismo de aparato”. Tal vez será preciso sacar todas las implicaciones de la siguiente proposición:

"No queremos tomar el poder político para nosotros, ni para alguna otra organización en particular, ni que sea ejercido por alguna organización –del tipo que sea- en interés del pueblo. Ni el poder de una sola clase social. Queremos el poder del pueblo en su propio interés. Será precisamente el pueblo quien decida las formas y modalidad de su gobierno, además de la forma en que éste sea vigilado por el mismo pueblo.”

Alguna vieja izquierda comparte con Romulo Betancourt (líder histórico del reformismo socialdemocrata venezolano), la tesis de que "el pueblo no existe", que "sólo es una entelequia". Quieren gobernar sobre el pueblo. Otra cosa planteaba Simón Rodríguez, una educación popular y republicana que tiene otra misión: que sea el pueblo el que se auto-gobierne…en otras palabras, la auto-valorización del poder constituyente de la multitud…eso suena a revolución permanente…

¿Será por eso que algunos temen cuando escuchan el himno de la guerra federal y miran el legado histórico de Ezequiel Zamora en su contexto de utopismo socialista?:

“Oligarcas, Temblad, Viva la Libertad!”

Si, Oligarcas, temblad,

los de aquí (la derecha endógena y sus capataces estalinistas) y

los de allá (la oligarquía del dinero y sus elites de siempre)...

miércoles, 11 de agosto de 2010

LA IZQUIERDA CAVERNARIA BLOQUEA EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO-PARTICIPATIVO

Javier Biardeau R.
La separación entre la cuestión democrática y la cuestión socialista es la puerta de entrada de todos los despotismos burocráticos en el seno de la izquierda. Obviamente, a la derecha anticomunista le conviene mantener el guión que expresa que toda aspiración socialista o comunista, en el estricto sentido emancipador, inspirado en el pensamiento crítico de Marx y Engels, es de cuño “totalitario”.
A la ramplona mascarada anti-comunista no se la enfrenta con las debilidades despóticas de inspiración bolchevique (“socialismo en un solo país”, “partido-único”, “planificación burocrática”, “propiedad estatizada”, “deber de sumisión ideológica”, “hegemonía autoritaria”), sino con la fortaleza de la democracia radical, con la deliberación, participación y protagonismo libertario de las mayorías populares en el ejercicio del poder, con el poder constituyente y la revolución democrática, descolonizadora y ecológica.
Si no se concibe el socialismo radicalmente democrático como la más profunda re-distribución y socialización del poder social, se le ofrece a la petrificada derecha anticomunista una ventaja para reforzar el viejo guión que expresa la imposibilidad de una democracia socialista. Por tanto, la derecha anticomunista y la izquierda despótica se refuerzan mutuamente en sus prejuicios, pasiones y estereotipos.
¿Cómo salir de este laberinto? Sin una voluntad de ruptura con la crisis histórica de consistencia teórica y de legitimación que evidencian las nociones de la izquierda cavernaria no habrá nuevo socialismo.
La crisis de la Modernidad occidental no solo ha puesto en aprieto al viejo conservadurismo que organizaba al poder a partir de un eje vertical de trascendencias de cuño religioso (unidad del Estado y la monocracia religiosa en el absolutismo; de cualquier religión, lo que la historia moderna europea denominó el ancien regime), ni sólo al liberalismo contractualista derivado de la Dialéctica de la ilustración, sino además la variante radical que instituyó al marxismo-leninismo como religión secular o de legitimación del Estado socialista.
Todo este paquete ideológico y epistémico de la Modernidad occidental se ha hecho ruinas, y lo que aparece en escena en el mejor de los casos es un pluralismo radicalizado de orientaciones normativas y valorativas, que aún recompone los diseños político-institucionales del siglo 21. En el peor de los casos, se reactivan los integrismos religiosos, seculares ó de la llamada “nueva era” (todas esas espiritualidades de supermercado que se agitan en el sentido común de la muchedumbre solitaria).
Es el anhelo de un monismo que asegure todas las certezas, que liquida cualquier contingencia y responsabilidad, la cuna del “totalitarismo”, con su consecuente mutilación de diferencias, diversidad y alteridades. El totalitarismo es resultado precisamente de un pánico agresivo hacia el Otro, la impotencia de asumir la incongruencia, la divergencia, la polémica, la incertidumbre y las contradicciones, sin síntesis tranquilizadoras.
Sin una vocación pluralista que asuma la diversidad (la diferencia que enriquece y el antagonismo que se opone) no hay posibilidad de democratizar el imaginario socialista. Y sin democratizar el imaginario socialista, lo que se apuntala es la izquierda cavernaria.
En esta línea de argumentos, hay que revisitar la tradición de fecundaciones mutuas entre la revolución democrática y la revolución socialista. La historia del socialismo democrático no comienza en el 1917, sino en 1848. La riqueza de la idea socialista democrática culmina justamente con su empobrecimiento como despotismo burocrático.
Tanto la socialdemocracia a lo Engels como el comunismo de consejos a lo Pannenkoek, son muchos más fieles a la profundización del espíritu emancipador del marxismo originario, que el bolchevismo a lo Stalin. De allí, que la incompetencia intelectual por una recreación histórica de lo sucedido como profundo debate socialista entre 1848 y 1924 en la “modernidad euro-céntrica”, es parte del contrabando que la izquierda cavernaria nos quiere pasar por “marxismo oficial” (el leninismo codificado por Stalin es parte de estas mercaderías ideológicas).
Un marxismo de derecha es justamente aquel que fecunda el despotismo burocrático. Entre anticomunistas fascistoides y el despotismo de izquierda hay afinidades en su desprecio a profundizar la democracia radical, social y participativa.
La cuestión política que se plantea en la actualidad para la lucha revolucionaria es, en buena medida, las implicaciones entre la revolución democrática y la revolución socialista, incluso ir mucho más allá que una postura defensiva acerca de la vigencia de la propia teoría marxiana, pues la realidad histórica, social y cultural muestra que hay nuevos fenómenos, tendencias y circunstancias que Marx, ni siquiera pensó ni imagino. Ni la cuestión ecológica ni el diálogo de civilizaciones y culturas, relacionados a los procesos de descolonización en el contexto de la globalización del capital, fueron ejes de la reflexión central del pensamiento socialista entre 1848 y 1924. No hay posibilidad para la democracia socialista, libertaria, descolonizadora y ecológica, si no aborda estos asuntos, y si no abandona urgentemente el imaginario social de la izquierda cavernaria.
No hay que olvidar aquella frase de Marx:
“La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.” (Marx-18 Brumario de Luis Bonaparte)

domingo, 8 de agosto de 2010

LA DERECHA CAVERNARIA ESTÁ AGAZAPADA

Hitler y el "Cardenal Pacelli"
“Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con su visión de profeta descubriera en el fango de una humanidad paulatinamente envilecida, los elementos esenciales del veneno social, y supo reunirlos, cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada para poder destruir así con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto, al servicio de su propia raza.” (Hitler. Mein Kampf)
Javier Biardeau R.
Por una parte, cuando escucho el término “Socialismo Democrático” o “Democracia Socialista” como definición del camino socialista en Venezuela, digo “Ojalá, así sea”. Porque la deriva frente al término proviene de viejos prejuicios sedimentados por al menos 120 años de historia del Socialismo Moderno Europeo, cuyo legado no se puede ignorar ni confundir con una mala copia de la tradición bolchevique, tan reclamada como “auténtico socialismo revolucionario” por los portavoces del ya enmohecido “leninismo de partido único”. Primer desacuerdo.
Desde allí (leninismo de partido único) no hay viabilidad histórica para el nuevo socialismo. Además, contribuye al extravío, el mar de confusiones, de intencionadas deformaciones, a manipulaciones ideológicas propias de la lucha, del conflicto, del antagonismo entre el campo del status quo y un campo revolucionario que pretende rebasar el capitalismo desde la revolución democrática.
Proviene de una vieja historia, las erradas disyunciones entre la cuestión democrática y la cuestión socialista. Si usted separa la revolución democrática del socialismo surgen todos los desvaríos del despotismo burocrático. Pues no es lo mismo declararse críticamente frente al liberalismo democrático, rebasándolo a partir de una democracia participativa, deliberativa, protagónica, radicalizada, que confundirla con una confiscación del poder por un centro político burocrático. Segundo desacuerdo.
Por otra parte, viejos sectores contra-revolucionarios se cobijan en el manto del anti-totalitarismo, en clave de derecha, con complejo (o cálculo) de afirmar que son parte del patético anti-comunismo, del “macartismo tropical”.
Son los viejos anti-comunistas de otrora, encubiertos en una mascarada que no deja de resonar en los tambores de la “guerra fría cultural”. Estos anti-totalitarios son poco respetables, sobre todo porque desvían la atención cuando se les advierte el sello totalitario del colonialismo occidental, del imperialismo, del fascismo, del integrismo católico o las ruinas que dejó el Mein Kampf hitleriano.
Bastaría que revisarán un significativo libro titulado: “El Totalitarismo: trayectoria de una idea límite”, escrito por la filósofa italiana Simona Forti (2008), para encontrar sus filiaciones, acentos y procedencias.
Algunas críticas anti-totalitarias muestran miradas de águila para condenar el estalinismo, pero son completamente miopes cuando están “cara a cara” con el legado de Mussolini, Franco, Hitler, o más cercano, con los “Estados de seguridad nacional” latinoamericanos y sus Constituciones legales, hechura de gente como Pinochet.
A esta derecha cavernaria no le gusta que le recuerden su afinidad electiva con el fascismo, ni cómo en 1933 el Vaticano desplegó su interés en el poder en ascenso del Nazismo cuando el Cardenal Pacelli (quien después llegó a ser el papa Pío XII) firmó en Roma un concordato entre el Vaticano y la Alemania nazi. En representación de Hitler, Von Papen firmó el documento y Pacelli, otorgó a Von Papen la elevada condecoración papal de la gran Cruz de la Orden de Pío. No hay que olvidar entonces (“anti-totalitarios de derecha”), cómo desde el Vaticano se dio apoyo a la tiranía nazi, que fue considerada un baluarte contra el “comunismo mundial”.
De este anticomunismo cavernario al anticomunismo de la politología norteamericana, no hay grandes cambios de registro ideológico. Tal vez quienes han sido socializados por métodos similares a los utilizados por las llamadas “juventudes hitlerianas” (Hitlerjugend), usen el término “totalitario”, en un sentido simplemente cínico o hipócrita.
No hay que olvidar tampoco que Hitler no sólo era anti-semita, sino que era (y por eso) un declarado anti-marxista: “En aquella época abrí los ojos ante dos peligros que antes apenas si conocía de nombre, y que nunca pude pensar que llegasen a tener tan espeluznante trascendencia para la vida del pueblo alemán: el marxismo y el judaísmo.” (Mein Kampf)
No abundaremos en citas: “Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con su visión de profeta descubriera en el fango de una humanidad paulatinamente envilecida, los elementos esenciales del veneno social, y supo reunirlos, cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada para poder destruir así con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto, al servicio de su propia raza.” (Mein Kampf)
O para aclarar su desprecio por la democracia: “La democracia del mundo occidental de hoy es la precursora del marxismo, el cual sería inconcebible sin ella. Es la democracia la que en primer término proporciona a esta peste mundial el campo de nutrición de donde la epidemia se propaga después.”
Cuando se afirma que el “socialismo marxista” es totalitario, el beneficio de la duda sugiere preguntarse: ¿Desde cuál sistema de referencia y de cuál marxismo me hablan estas presuntas voces anti-totalitarias?
El anticomunismo más ramplón tiene piernas cortas, como la mentira. Confundir las experiencias del estalinismo (o el marxismo-leninismo) con Marx es parte del juego de lenguaje de la derecha cavernaria. Basta advertir cómo Hitler se refería negativamente a la propia relación del legado de Marx, y un partido socialdemócrata que aún mantenía cierta fidelidad hacia la contribución de la teoría crítica radical.
Justamente hacia aquellas coordenadas espacio-temporales pueden seguir dirigiendo su mirada, quienes quieran enfrentar críticamente el legado despótico que terminó desplegando la experiencia bolchevique, sin denegar por eso del pensamiento crítico y creativo de Marx y Engels.
Aquí hay que volver a traer a colación la frase de Engels de 1891 (Contribución a la crítica del programa socialdemócrata), y el modo como fue distorsionada por Lenin (El Estado y la Revolución), en la que plantea: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como lo ha mostrado ya la Gran Revolución francesa.
Personajes como Rosa Luxemburgo quedaron sembrados en la historia como voces y signos de una crítica radical aún no suficientemente asumida. Como quedaron fuera del canon, voces tan heterodoxas como Korsch, Gorter, Serge, Souvarine, Djilas, Basso, e incluso Simone Weil (Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social).
La burocracia marxista-leninista generó su propia ideología legitimadora. Pero eso no era Marx. Tercer desacuerdo.
No hay democracia socialista sin ejercicio directo de la soberanía del pueblo, ni sin ejercicio directo del poder por parte de las clases trabajadoras, con sus múltiples expresiones organizativas, con la vitalidad de la polémica democrática y con corrientes de pensamiento diversas; no bajo sustituciones de centros políticos burocráticos, ni con la peor de las fórmulas: sistema de partido único, embrión de lo que a la postre ha sido la cuna de los rasgos autoritarios del llamado “Socialismo realmente inexistente”.
La naturaleza de las formaciones sociales de los países del este europeo y Rusia ha sido objeto de una amplia polémica, se han empleado un gran número de denominaciones para acercarse a una elemental verdad: no hubo socialismo de los trabajadores ni democracia revolucionaria alguna, y solo los desprevenidos por la mentira institucionalizada llegaron a reconocerlo desde 1991. Capitalismo de Estado, Socialismo burocrático, Colectivismo burocrático, vía no capitalista para la industrialización, transición bloqueada al socialismo, Estado obrero degenerado, o socialismo autoritario. Hay quienes han ironizado con las propias denominaciones de este tipo de sociedades y así hablan de “socialismo irreal” o de “socialismo inexistente”. Otros prefieren seguir habitando en la gran narrativa de la mentira institucionalizada.
El criterio para cotejar si la emancipación de los trabajadores, trabajadores, de los ciudadanos y ciudadanas, utilizando los hilos conductores de Marx, se hace por el camino de la democracia socialista, pasa por atravesar todos los fantasmas del totalitarismo y del despotismo burocrático, pasa por el balance de inventario crítico de todas las experiencias que fracasaron en su promesa.
Y sobre todo pasa por abrir (polémicamente) el canon del marxismo institucionalizado, sobre todo para de-construir y reconstruir el pluri-verso de la teoría crítica radical, des-dogmatizándola y descolonizándola. Sin esta práctica de fondo y de vasto calado ( que no es una distracción especulativa, sino un asunto con implicaciones políticas en la prais revolucionaria), sólo se le darán argumentos a la derecha cavernaria.
Y el viejo anticomunismo retornará como paranoia colectiva, como práctica contra-revolucionaria, no se sabe si con las mismas fórmulas de Hitler, Mussolini o Pinochet. O cínicamente en nombre del anti-totalitarismo.