Javier Biardeau R.miércoles, 11 de agosto de 2010
LA IZQUIERDA CAVERNARIA BLOQUEA EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO-PARTICIPATIVO
Javier Biardeau R.viernes, 25 de septiembre de 2009
DEBATIR TRANSICIONES HACIA NUEVOS SOCIALISMOS

Las corrientes que son favorables a una revolución democrática y socialista en Venezuela comienzan a debatir internamente, no sin mostrar los bloqueos e inercias derivados de las supersticiones ideológicas de la izquierda despótica del siglo XX.
lunes, 10 de agosto de 2009
ONCE TESIS CONTRAHEGEMONICAS SOBRE EL NUEVO SOCIALISMO
Javier Biardeau R.
Advertencia:
Dado que se trata de pastillas, no se las trague todas, ni cada una, sin analizarlas cuidadosamente, sin desmenuzarlas y someterlas a la mayor crítica posible. No crea, no acepte, no se identifique, no asuma ninguna de ellas. Construya sus propias tesis. No sea arrastrado por el automatismo psíquico.
Es momento de apropiarse críticamente de las herramientas de lucha, no permita que lo gobiernen mentalmente, luche por auto-gobernarse. Es posible construir sus propias tesis, a nivel individual o en un espacio colectivo, a través de un sencillo ejercicio: responda la siguiente pregunta: ¿Cómo se imagina usted el socialismo democrático para el siglo XXI? Discuta, examine, proponga, trate de llegar a acuerdos mínimos, construya su propio perfil.
La emancipación social comienza solo si usted ya ha comenzado a pensar con cabeza propia, poner entre paréntesis, analizar toda la tradición de las generaciones muertas, analizar y desmontar el bombardeo mediático, colocando todos esos mensajes, esos espíritus y lenguajes que piensan por usted y sobre usted, al frente de usted, para lograr examinarlos bajo el más potente microscopio, utilizando la mayor conquista de la humanidad: la razón crítica.
TESIS 1: El Nuevo Socialismo no es ni reformista, ni populista, ni burocrático ni cesarista. No renuncia a una interpretación crítica y abierta del “pensamiento revolucionario” construido en específicos tiempos y lugares, no reproduce una relación demagógica, manipuladora y clientelar con el pueblo, no justifica estructuras partidarias monolíticas, ni el estatismo autoritario, ni el culto a ninguna personalidad; porque no hay liderazgo político revolucionario infalible ni incuestionable.
TESIS 2: El Nuevo Socialismo es una plataforma de perspectivas teóricas diversas, de prácticas socialistas innovadoras, que plantea una ruptura paradigmática radical sustentada en:
a) lucha contra las codificaciones dogmáticas del pensamiento socialista,
b) des-colonización del imaginario socialista,
c) critica radical (teórico-práctica) a la explotación, coerción, hegemonía ideológica, exclusión social, discriminación y negación cultural.
Ni dogmas, ni colonialismo mental ni dominación. Allí comienza el territorio de nuevos sentidos para cambiar la vida misma.
TESIS 3: El Nuevo Socialismo reconoce que han existido históricamente socialismos doctrinarios, burocráticos, estatistas, antidemocráticos, sectarios y despóticos. Que es indispensable un balance de inventario de todas estas deformaciones burocráticas de la experiencia socialista. Este reconocimiento no implica abandonar la lucha socialista, o la posibilidad de una sociedad sin explotación ni injusticia, ni dejar de luchar por una democracia de consejos, de amplia participación y protagonismo revolucionario, basada en el Poder Popular, bajo la forma de la Comuna Socialista.
TESIS 4: El Nuevo Socialismo es un Socialismo desde abajo (de los de abajo, por los de abajo, para romper los espacios arriba / abajo), no se confunde con una “Revolución desde arriba”, “desde ministerios, oficinas publicas y escritorios”, no se pliega a una revolución de una elite revolucionaria, que pretende sustituir la participación protagónica del “pueblo concreto”, de personas de carne, hueso y voz, en nombre del “pueblo abstracto”; sustituyendo la auto-emancipación social de la mayoría social por órganos que se colocan por encima del pueblo, controlándolo, dominándolo. La política contra-hegemónica es la lucha contra cualquier consagración de la separación entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados, entre mandantes y obedientes; pues en definitiva, la dirección política revolucionaria se define por “mandar obedeciendo al pueblo”.
TESIS 5: El Nuevo Socialismo identifica claramente quienes promueven relaciones de explotación, coerción, manipulación, discriminación de unos grupos sociales sobre otros grupos, de unas clases sociales sobre otras, de una culturas sobre otras; y reconoce quienes promueven que los seres humanos logren la plena existencia humana, para vivir libremente asociados en comunidades de trabajo y estudio. Así mismo, desenmascara a quienes destruyen los patrimonios ambientales y lucha por el eco-socialismo.
TESIS 6: El Nuevo Socialismo no promueve otra hegemonía que no sea la ampliación y radicalización de la democracia participativa y el protagonismo popular. No impulsa ni la hegemonía del mercado, ni de la propiedad privada capitalista, ni la hegemonía de la burocracia del Estado, en cualquier ámbito: económico, social, político, mediático, cultural o ambiental.
TESIS 7: El Nuevo Socialismo promueve el liderazgo colectivo, democrático y participativo. Desmonta desde su raíz la ambición de poder, la motivación de ser "ser jefe", "comandar sobre otros", "gobernar sobre otros", tratar a otros como “masas” por considerase un “cuadro político”. Cuestiona, por tanto, la figura del caudillo, el personalismo, el dirigismo y el autoritarismo; ya que una sociedad de iguales es una sociedad de seres humanos libres, sin dominación ni explotación de unos sobre otros.
TESIS 8: El Nuevo Socialismo aprende de la matriz nacional-popular liberadora, sin separar la cultura socialista de la llamada ciencia socialista, pues como ha planteado Simón Rodríguez, lo fundamental es que el “pueblo aprenda a gobernarse”, no que se “acostumbre a que lo gobiernen”. Actualmente, la tecno-ciencia no es solo una “fuerza productiva”, sino una “fuerza destructiva”. Por tanto, la sabiduría del pueblo no se subordina a ninguna “ciencia socialista” de cuadros-expertos, sino que busca el dialogo crítico de saberes, la construcción compartida de informaciones y conocimientos relevantes para el logro del proyecto de emancipación social y cultural.
TESIS 9: El Nuevo Socialismo es la hegemonía de los poderes creadores del pueblo, reconociendo que en una democracia integral hay multiplicidad de visiones, necesidades y demandas, pero quién decide es la decisión acordada por la libre voluntad de las mayorías, respetando siempre los derechos humanos de las minorías, buscando de forma permanente el mayor consenso posible y respetando la diversidad de corrientes de pensamiento.
TESIS 10: El Nuevo Socialismo responde NEGATIVAMENTE a la siguiente interrogante: ¿Se quiere que existan siempre gobernados y gobernantes? Responde AFIRMATIVAMENTE al siguiente interrogante: ¿Se desean crear las condiciones bajo las cuales, desaparezca la necesidad de la existencia de la división entre gobernantes y gobernados? Gramsci ha dejado como legado nuevas bases para una teoría política radical del socialismo, para colocar el acento en la construcción del convencimiento, el consenso y la adhesión voluntaria de las mayorías populares, desde una pedagogía liberadora, dialógico-crítica, responsable y persuasiva.
TESIS 11: El Nuevo Socialismo aspira al autogobierno popular desde múltiples voces, en asamblea de hombres y mujeres libremente asociados. Allí reside el núcleo central de la perspectiva contra-hegemónica: ¿Se construyen teorías críticas para la emancipación o se elaboran teorías funcionales a la dominación? ¿Se prefiguran nuevas formas de cooperación, sociabilidad y asociación humana, o se reproducen el despotismo y la dominación en las relaciones humanas? ¿Se lucha a favor de la plena existencia humana para todos, o se lucha a favor de la explotación, la injusticia y la destrucción de la vida sobre la tierra?
El enfasis en la democracia socialista no es accidental, pues sin democracia socialista no hay revolución socialista, ni ecopolítica ni interculturalidad.
lunes, 3 de agosto de 2009
TEORIA CRITICA CONTRAHEGEMONICA, TRANSMODERNIDAD Y NUEVO SOCIALISMO
Javier Biardeau REl ABC de la contra-hegemonía es la insumisión. Una insumisión basada en la criticidad radical, crítica teórica y crítica práctica, inspiradas parcialmente en las tesis marxianas sobre Feuerbach, pero además en la des-dogmatización y des-colonización del imaginario socialista.
sábado, 25 de abril de 2009
SOCIALISMO: PENSAMIENTO CRÍTICO Y TRANSICIÓN III
“(…) desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que degenera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo, sumiso y servil, que en todo acto de nacionalización hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. (…) Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas.” (Engels. Del Socialismo utópico al Socialismo científico”)
sábado, 20 de septiembre de 2008
CONTRAHEGEMONIA, BIOPOLITICA Y NUEVO SOCIALISMO
Javier Biardeau R.Contra-hegemonía implica crear espacios de liberación, a través de sucesivos y prolongados actos de ampliación de espacios de libertad. Se trata de explorar en la práctica el horizonte político de la no-dominación.
Se trata de un horizonte claramente post-gramsciano, luego de ser rebasada tanto la concepción bolchevique de la hegemonía política, como la concepción propiamente gramsciana de la hegemonía, como unidad de la dirección política y de la dirección intelectual y moral de la sociedad, en la conformación del consenso activo y pasivo de los gobernados.
domingo, 13 de julio de 2008
¿RESCATAR EL LIBERALISMO LATINOAMERICANO? COMENTARIOS CRÍTICOS A LA TESIS DE ARMANDO HART
Diego Rivera. Sueño de una tarde dominical en La Alameda CentralHay que analizar con atención las palabras del pensador cubano Armando Hart sobre el “liberalismo latinoamericano” para reconocer que algo se esta moviendo en Cuba. Mas aún, si tomamos en cuenta que Hart fue Ministro de Cultura y ex de varios cargos, desde Vicepresidente del Consejo de Ministros hasta Ministro de Educación. Entroncar la revisión del pensamiento socialista de Marx, Engels y Lenin con el rescate del pensamiento liberal, puede llevar directamente a un “social-liberalismo” latinoamericano.
Considero fundamental que se expresen las toda la diversidad de posiciones en esta encrucijada político-cultural, pero hay tesis que requieren debate, que requieren rigor, consistencia, y sobre todo, atender a sus implicaciones. Por mi parte, más que rescatar al liberalismo latinoamericano como una imaginaria unidad ideológica de pensamiento-acción de tipo progresista, radical o emancipador, (http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=2862&Itemid=65), que se contrapone hipotéticamente al liberalismo europeo, sería más riguroso identificar a lo sumo un “ala ideológico-política de izquierda” de ese “liberalismo latinoamericano”.
Hay que recordar algunos enunciados elementales tanto del liberalismo político, económico y social, como “rescatar (para utilizar la misma expresión de Hart) las posiciones que, desde Nuestra América, lanzó Mariategui frente al “liberalismo latinoamericano”. También las “geografías del pensamiento liberal” en Nuestra América son significativas para entender sus variedades e incluso, sus tendencias contradictorias. Los lugares de enunciación no son neutros ni asépticos en sus implicaciones. No es lo mismo, la recepción-resignificación mexicana del liberalismo europeo que la recepción-resignificación en Argentina, Perú, Chile o Venezuela.
El gran pensador socialista peruano José Carlos Mariategui decía en “El problema de la Tierra” (1928) que: “El socialismo contemporáneo -otras épocas han tenido otros tipos de socialismo que la historia designa con diversos nombres- es la antítesis del liberalismo; pero nace de su entraña y se nutre de su experiencia. No desdeña ninguna de sus conquistas intelectuales. No escarnece y vilipendia sino sus limitaciones. Aprecia y comprende todo lo que en la idea liberal hay de positivo: condena y ataca sólo lo que en esta idea hay de negativo y temporal.”
Tal vez, esta valoración parcialmente positiva se viene enfatizando en las palabras de Hart, pero no olvidemos lo esencial: el socialismo es la antitesis del liberalismo. Si no tomamos en cuenta este antagonismo podríamos caer en lo que nos retrata el mismo Mariategui: “La revelación de la libertad, como la revelación de Dios, varía con las edades, los pueblos y los climas. Consustanciar la idea abstracta de la libertad con las imágenes concretas de una libertad con gorro frigio -hija del protestantismo y del renacimiento y de la revolución francesa- es dejarse coger por una ilusión que depende tal vez de un mero, aunque no desinteresado, astigmatismo filosófico de la burguesía y de su democracia.”
Es decir, y como Mariategui lo ha planteado con extrema claridad en su texto, no pensemos que la única matriz teórica para fundar una concepción de la emancipación humana, del significado de la libertad y la liberación es el “liberalismo”, pues allí está precisamente la trampa del juego de lenguaje liberal. Marx desmontó radicalmente las ilusiones sobre los “derechos humanos” pensados e imaginados exclusivamente sobre los intereses del individuo-propietario.
Es en el texto: “El problema de la Tierra” y la “Esquema de la evolución económica del Perú” donde Mariategui analizan precisamente las condiciones específicas y particulares por las cuales en el Perú no existió una “burguesía liberal” que no estuviese articulada desde la cuna a los intereses del gamonalismo y del imperialismo, y por otra parte, las limitaciones del ideario liberal de la Independencia para comprender que la cosmovisión del “indio” no se correspondía con el “individualismo”, la “libertad de comercio” y la “propiedad privada capitalistas”.
Porque es la masa popular, y no un específico estrato obrero, la premisa material para la existencia del “proletariado” como “clase para si” , ya que “Cuando el proletariado proclama la disolución del orden actual del mundo, no hace más que pronunciar el secreto de su propia existencia, ya que él es la disolución de hecho de este orden del mundo.”
No podemos agregarle a la tragedia de la historia de la conquista y la colonización de América durante varios siglos, una nueva tragedia de repliegue del pensamiento crítico socialista. Si de verdad se quiere mirar “sin astigmatismos” lo que sucede tan de cerca de la piel de nuestros pueblos, una respuesta radical de los gobiernos revolucionarios que han emergido en el continente, debe ir a la raíz de las contradicciones sociales y sus fundamentos históricos-culturales.
También Mariategui planteó: "Las ideas de la revolución francesa y de la constitución norteamericana encontraron un clima favorable a su difusión en Sudamérica, a causa de que en Sudamérica existía ya aunque fuese embrionariamente, una burguesía que, a causa de sus necesidades e intereses económicos, podía y debía contagiarse del humor revolucionario de la burguesía europea. La Independencia de Hispano-América no se habría realizado, ciertamente, si no hubiese contado con una generación heroica, sensible a la emoción de su época, con capacidad y voluntad para actuar en estos pueblos una verdadera revolución. La Independencia, bajo este aspecto, se presenta como una empresa romántica. Pero esto no contradice la tesis de la trama económica de la revolución emancipadora. Los conductores, los caudillos, los ideólogos de esta revolución no fueron anteriores ni superiores a las premisas y razones económicas de este acontecimiento. El hecho intelectual y sentimental no fue anterior al hecho económico."(Mariategui-El problema de la tierra).
Entonces, no descuidemos ni el problema etno-racial, ni la cuestión económica ni el problema de los sistemas de dominación y desigualdad social. No basta exaltar los ideales y valores de la Revolución Francesa. Nosotros, no nos sentimos “herederos de lo mejor de esa tradición” (Revolución Francesa como Revolución Burguesa), ni queremos una recuperación a-crítica de esta “memoria histórica”. ¿Por qué no reivindicar a los “igualitarios chilenos”, y por que no 1848 en vez de 1789? Sabemos lo que significó en Francia 1848 y 1871, ¿Por que insistir en la jaula de 1789? ¿Por qué mitificar tanto el imaginario jacobino y no profundizar en las corrientes popular-radicales de los procesos revolucionarios?
Nosotros queremos visibilizar otra procedencia política de las luchas populares y nacionales en Nuestra América, no una resignificación, por más creativa que sea de la Revolución Francesa. El tronco originario donde se injerta esta tradición de la revolución francesa esta en las luchas de “negros” e “indios”, de “comuneros”, de Tupac Amaru II, del heterogéneo magma de los grupos subalternos, de las resistencias, levantamientos y rebeliones de corte civilizatorio, no del espejo europeo. Es desde allí que puede enfrentarse la crisis muy profunda en la cultura llamada occidental, derivada de la quiebra de lo que fueron sus fundamentos históricos, que no son solo de las llamadas por Hart, las “tres columnas vertebrales de la cultura occidental”: el cristianismo, la modernidad científica y el socialismo, sino también de la crisis silenciada, la de la Modernidad/colonialidad liberal, llámesela europea o latinoamericana.
Encuentra Hart en el anti-esclavismo el telos progresista del “liberalismo latinoamericano”, sin comprender que las bases socioeconómicas del Capitalismo Colonial (Bagú) generaban un cuadro de conflictos sociales donde se superponían diferentes dispositivos de jerarquización, poder y explotación.
Las comunidades indígenas, campesinas y el artesanado no fueron liberados, sino sometidos a nuevas formas de explotación económica y de sometimiento político-cultural. Así, que no creo emancipadora una política de rescate del “liberalismo latinoamericano”, si no incluye sus limitaciones y agravios. Puedo compartir colocar en primera escena a figuras históricas como Miranda, Bolívar, Benito Juárez, Martí y Eloy Alfaro; pero no olvidemos que en Nuestra América se movilizaban otros estratos de la memoria de las luchas populares.
El Constitucionalismo liberal del pensamiento latinoamericano tuvo que esperar hasta 1917 (Queretaro-Mexico) para entroncar la emancipación política a la emancipación social. El ideal de los “liberales latinoamericanos” fue fundamentalmente la civilización europea. Porque para los liberales latinoamericanos, como dice Echeverria, los sujetos populares tenían básicamente “existencia extra-social”; y por tanto, carecían de derechos políticos y “madurez ético-cultural”.
La democracia restringida fue el alfa y omega de muchos de nuestros próceres liberales. Sus sistemas electorales imponian censos, y las camaras de senadores se asemejaban a cargos hereditarios Tampoco, dieron una respuesta a los conflictos entre matrices culturales distinta a la asimilación al occidentalismo para “indios” y “negros”.
Finalmente, tampoco es cierto que “Tenemos una visión distinta a la de Europa porque hemos recogido lo mejor de su tradición y la hemos enriquecido con dos siglos de historia, y es bueno que España y Europa conozcan el pensamiento surgido a partir de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Félix Varela, Benito Juárez, José Martí, Julio Antonio Merlla, José Carlos Mariátegui, José Ingenieros, Aníbal Ponce y tantos y tantos más. Hasta tanto no se entienda la tradición latinoamericana y caribeña de dos siglos de historia que se articuló con el pensamiento socialista de una manera bien distinta a como ocurrió en Europa, no podrá hallar fórmula adecuada para alcanzar la síntesis universal a que aspiramos, y para comprenderlo, invitamos a estudiar el pensamiento de Marx y Engels de esta forma.”
La tradición indo-afro-americana tiene más de dos siglos de historia, y no solo es posible valorizarla como tributaria del liberalismo y del socialismo de Marx, Engels y Lenin. Hay que remontarse más arriba en el torrente nacional-popular. Hay genealogías en las luchas populares cuyas emergencias anteceden a la Revolución Francesa. No olvidemos a Tupac Amaru II.
Si bien es cierto que la idea socialista, como tantas otras, no está exenta de los peligros de la incultura y la maldad, tampoco hay que evadir el peligro de transformar la ignorancia en arrogancia. Este ha sido el gesto por excelencia de la actitud euro-céntrica, imponer su letra dominante en el espacio de un “falso vacío”, creado por proceso de negación cultural.
¿Podremos seguir manteniendo la narración ideológica que afirma que con la Revolución Francesa, la razón y la inteligencia alcanzaron altísima consideración política, social y cultural? La Ilustración tiene sus sombras, y las sombras de la razón generaron sus monstruos (Goya).
Con relación a la tradición socialista, no basta ya exaltar el leninismo, y acompasarlo con el ala de izquierda del liberalismo latinoamericano, para llegar a definir la aspiración del nuevo socialismo del siglo XXI. Esta jugada retórica impide repensar lo que la liberación del bloque popular-subalterno quiere colocar en la agenda política: la cuestión de la democracia revolucionaria con contenido de emancipación social y la cuestión de la descolonización de nuestros horizontes ideológicos.
“Los brindis pacatos de la diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.” (La unidad de la América indo-española-1924)
domingo, 25 de mayo de 2008
ESCAPAR DE LA TRAMPA DEL SOCIALISMO BUROCRÁTICO
jbiardeau@gmail.com
Para enfrentar con relativa eficacia la crisis de identidad del proyecto socialista en la revolución bolivariana, hemos planteado que se requiere del coraje teórico y político para superar el mito de las dos izquierdas: tanto la estalinista-burocrática, como la socialdemócrata-reformista.
jbiardeau@gmail.com
jueves, 8 de mayo de 2008
LA HERENCIA DEL 68-IV: ¿PLURALIDAD SOCIALISTA-DEMOCRATICA-REVOLUCIONARIA?

¿Qué puede llegar a ser el nuevo socialismo del siglo XXI? Esta es una pregunta inquietante. En estos días se conmemora la herencia del 68, no solo del “Mayo Francés”, sino de todo un clima internacional que traduce una fase de bifurcación del sistema-mundo capitalista, de sus centros y periferias, lo que ha denominado Wallerstein: el “gran ensayo”. El “Mayo Francés” puede comprenderse como un episodio de una secuencia de turbulencias que conmocionaron las bases de legitimación y regulación político-cultural del sistema-mundo capitalista. Turbulencias en la compleja dialéctica entre revoluciones y contra-revoluciones, de revoluciones activas, pero también pasivas, con sus transformismos y cooptaciones, como las denominó Gramsci. Y frente a los flujos revolucionarios, se armó una estrategia no solo política sino cultural, con carácter contra-revolucionaria: se impuso el consenso neoconservador-neoliberal. La derecha utilizó adecuadamente a Gramsci para sus objetivos político-estratégicos. Para liquidar a la izquierda hay que asumir una guerra política-mediática-cultural: un conjunto de batallas prolongadas que atraviesan campos estéticos, éticos y cognitivos, que pasa por terrenos epistemológicos, mediáticos, e incluso religiosos, de la colonización de la vida cotidiana. Luego del auge de las narrativas sobre el “fin de la historia”, y del derrumbe del campo soviético, las oleadas del globalismo trilateral-neoliberal vivieron sus momentos de éxtasis y ocaso. Llegó el tiempo de la protesta popular, de sacudones antiglobalizadores y del llamado “giro hacia la izquierda”. Pero, ¿cuál izquierda? Re-apareció en escena, lentamente, una constelación de perfiles: lo nacional, lo popular-subalterno y lo democrático. Cada vez más, se asumió la necesidad de la “revolución”. Pero, ¿cuál revolución? Sin duda, una revolución de multitudes democráticas, no de burocracias estatales o partidistas. Sin embargo, el globalismo trilateral ha jugado cartas insospechadas. Revitalizó la etno-política reaccionaria, primero contra el bloque soviético, luego hacia otras geografías políticas. Reactivó a la vez las fronteras ideológicas entre el reformismo racional y la llamada “sinrazón revolucionaria”: “solo quienes han liquidado la “Razón”, pueden imaginar, pensar y hacer revoluciones socialistas”. Había que bloquear las conexiones entre revolución social, democrática, ecológica y descolonizadora. Allí está la trama del nuevo horizonte utópico y contra este horizonte se libran nuevas batallas político-culturales. Otras revoluciones serán posibles. Pero no olvidemos, hay una compleja dialéctica entre revoluciones y contra-revoluciones. Bolivia es hoy, un nudo clave de esta situación. Vivimos tiempos de ensayos revolucionarios, imperfectos como obras humanas, pero constructores de nuevos horizontes. Pero vivimos tiempos de contra-revolución. Y en este campo de fuerzas, se ensayan vías de renovación de la pluralidad socialista, democrática y revolucionaria. Como todo horizonte, es el ensayo de nuevas perspectivas, de nuevos locus de enunciación y de acción colectiva. Es un campo de fuerzas contra las redes imaginarias del consenso neoconservador-neoliberal: el clima de desencanto y la nueva oleada de individualismo posesivo-narcisista, que se propaga como sensibilidad, desde una tónica posmoderna en clave conservadora; es una lucha contra los valores-refugio de los arcaísmos integristas, y es a la vez, una lucha contra la modernidad-colonialidad. Nacen diversos signos de subversión de las escenas político-culturales, entre ellos, el término transmodernidad, un término transicional en un momento de transición histórica. Transmoderno es un espacio de fuga para eludir la captura de los dispositivos de poder de la modernidad-colonialidad, de la “posmodernidad neoconservadora” y de los arcaísmos etnopolíticos. Este asunto desborda cualquier simplificación y es una condición abierta, incierta y conflictiva. Pero no se puede eludir el tema. La crisis de la modernidad-colonialidad se imbrica con la crisis del capitalismo y de la vieja izquierda. Es un desafío para repensar el horizonte socialista, porque el imaginario socialista lleva inscrita la huella de la Modernidad-colonialidad, resuena constantemente en su gramática de significación y sentido. Imaginar los vínculos entre revolución, socialismo y democracia, supone una mutación existencial, de viejas y nuevas cuestiones: la cuestión social (desigualdad, explotación y exclusión), la cuestión democrática (representación/participación), la cuestión intercultural (neocolonialismo/dialogo de civilizaciones y culturas), la cuestión ambiental (productivismo-consumismo/ escala ambiental), la cuestión patriarcal, y finalmente, la cuestión económica (riqueza económica/ riqueza social). Esta compleja trama no puede articularse sino a través del ejercicio de la pluralidad radical. Por todas partes, en cualquier espacio, se reclama el tema de la diversidad; una tarea política cada vez más compleja: la unidad no totalitaria de la diversidad. Si hay un criterio de valoración de las experiencias llamadas “socialistas”, de balance de inventario del campo soviético es la crítica al “despotismo de izquierda”, simbolizado en las prácticas del “socialismo burocrático”, en la imagen condensada de la tiranía estalinista. Una apreciación del estalinismo como “despotismo de izquierda” ha permitido dos actitudes: a) la despedida del imaginario socialista y la identificación con la dupla economía capitalista de mercado+democracia liberal, b) desmontar el viejo socialismo, configurar nuevos horizontes, recuperando la memoria colectiva de luchas y sin sacrificar el “principio esperanza” (Bloch). La vieja izquierda se ha hecho trizas, porque se ha vuelto nostálgica de ruinas ideológicas y teóricas. Desde allí, solo hay repetición del pasado. Pero el presente histórico esta preñado de tensiones entre formas inéditas e inercias históricas. Ningún centro de decisión, intelectual y política, puede clausurar el debate, y pasar a “definir” qué es, aquí y ahora, el socialismo del siglo XXI. ¿Qué es el nuevo socialismo? Un horizonte en marcha, el trenzado de nuevos imaginarios sociales radicales, donde se anudan revoluciones sociales, democráticas, interculturales y ecológicas, donde queda desplazada, por ejemplo, la noción de “riqueza económica” por la de “riqueza social”, donde se prefiguran valores y prácticas post-capitalistas. Pero manuales, lectores y lectoras, no hay. Algunos mapas, cartografías, cajas de herramientas, eso tal vez, pero manuales…eso huele a farsa.
jueves, 1 de mayo de 2008
LA HERENCIA DEL 68: HACIA UNA NUEVA PLURALIDAD SOCIALISTA REVOLUCIONARIA
sábado, 12 de abril de 2008
LA HERENCIA DEL 68: EL BLOQUEO DE LA UTOPIA POR PARTE DE LA VIEJA IZQUIERDA (II)

Una de las enseñanzas de la herencia del 68 consiste en comprender el papel conservador de la vieja izquierda ante la emergencia de situaciones, aclimatadas por la presencia de las energías utópicas. Como estas situaciones-acontecimientos no siguen el guión de los manuales estalinistas ni el dictat de los aparatos, la vieja izquierda juega su tragicómico papel de neutralizar la potencia revolucionaria, cancelando al mismo tiempo la innovación de formas de pensamiento-praxis socialista. Por eso, se hace necesario desentrañar los dispositivos que hacen posible el bloqueo histórico de los movimientos anti-sistémicos, de manera tal que se puedan vislumbrar nuevos horizontes.



