domingo, 4 de septiembre de 2011

DEMOCRACIA SOCIALISTA: DESPRENDERSE DEL "MARXISMO SOVIÉTICO"-CONSTRUIR PENSAMIENTOS CONTRA-HEGEMÓNICOS

Javier Biardeau R.

«El jefe verdadero no es un hombre enamorado y celoso de una idea, sino aquél que une al amor de la idea, la facultad de poder determinar, en todo instante, cual es la parte de la idea que puede hacerse realidad en cada nueva etapa. Robespierre no lo comprendió. Fue un mal jefe. Porque lo era, y no quiso reconocerlo, se convirtió en tirano y en asesino de la Revolución». (Dantón)


1.
Salir del laberinto, pero sin la brújula del Socialismo Burocrático:


Una de las lecciones más difíciles de asumir de las experiencias de transición-edificación socialista del siglo XX, ha sido la dificultad para superar las figuras del “marxismo-dogma” (determinado en gran medida por las recepciones a-críticas del marxismo soviético) y las actitudes sectarias, verdaderos obstáculos epistemológicos, políticos, éticos, afectivos y estéticos para crear mapas teóricos renovados y formas de praxis revolucionaria, que construyan eficaces procesos de acumulación de fuerzas para las clases populares y sectores subalternos, conquistando mayores espacios de libertad y liberación.

Cuando se cancela la posibilidad de comprender el socialismo como un horizonte de mayores espacios de libertad y liberación, confundiéndolo con relaciones y prácticas despóticas: desde un autoritarismo suave, pasando por regímenes dictatoriales, por autocracias hasta llegar a las tiranías, estamos frente a algo radicalmente distinto de la “Democracia Socialista”:


“El socialismo es, en su meta y en todo su camino, una lucha por la realización de la libertad”. (Anti-crítica. Karl Korsch)

“La libertad que se concede únicamente a los partidarios del gobierno y a los miembros del partido, por numerosos que sean éstos, no es libertad. La libertad es solamente libertad para los que piensan de otro modo. Y no precisamente a causa del fanatismo de la "justicia", sino debido a que todo lo que hay de enriquecedor, de saludable y de purificador en la libertad política, depende de" ello y su eficacia desaparece cuando la "libertad" se convierte en un privilegio.”(Rosa Luxemburgo)


Estas dos citas se traen a debate para recordar que el proyecto de emancipación, justicia social e igualdad sustantiva son parte de un horizonte libertario, no de una clausura despótica. Por tanto, con dogmas y sectarismos no habrá praxis revolucionaria para el siglo XXI, mucho menos ante la convocatoria de un bloque popular revolucionario, como eje fundamental de reagrupamiento del gran polo patriótico en el proceso de re-politización, re-unificación y re-polarización mayoritaria de las fuerzas socialistas, democráticas y contra-imperiales del país.


2.- Combatir el sectarismo y el dogmatismo que aíslan y debilitan:


Aislar la revolución bolivariana
del conjunto de fuerzas progresistas mundiales, incluidas las fuerzas intelectuales de las izquierdas anticapitalistas a escala mundial, es parte de una estrategia de debilitamiento del avance de la revolución democrática, socialista, ecológica y descolonizadora que se inició con la activación inédita del poder constituyente en Venezuela en 1998. Y si esta inducción del aislamiento viene de sectores de izquierda, retóricamente intransigentes, radicales y grupusculares, se trataría de una estrategia suicida, debilitante y funcional a los intereses de los sectores capitalistas dominantes, tanto nacionales como transnacionales.


Recordemos las vicisitudes de la Revolución Bolivariana desde el 4-F de 1992 hasta 1998. La llamada “ventana táctica”, tuvo como eje la necesidad no de conquistar una mayoría electoral cualquiera en función de integrarse al sistema de conciliación de elites, sino que llevó a impulsar la transformación radical del Estado heredado desde 1958, a partir (repetimos) de la activación del poder constituyente, así como logrando una transformación del ordenamiento jurídico-constitucional, para dar paso a la V República, en función de la construcción de la democracia social y participativa. Quienes suponen que el poder constituyente se ha detenido, que ya no es necesario retomar los alcances radicales de la soberanía popular directa y de todas las formas de democracia participativa, han encallado en la visión (incluso desde la una “izquierda cesarista”) de las teorías del “elitismo democrático”, del jacobinismo y el vanguardismo, de la minoría revolucionaria selecta ó del imaginario blanquista, con todas sus limitaciones para abonar las condiciones para conquistar lo que Alfredo Maneiro llamó la “Democracia Radical”.


3. El culto a la personalidad es la fase superior del sectarismo:


La revolución constituyente, pacífica y electoral, abrió las compuertas a una participación sin precedentes de las mayorías populares en la escena política del país. Esta participación protagónica del pueblo se ha convertido gradualmente, sobre todo a partir de 2007, más que en una realización efectiva y permanente de la revolución, en un mito de legitimación en una fase de estancamiento, reflujo y burocratización temprana del proceso bolivariano, perdiendo la centralidad del “momento del protagonismo popular” (iniciativa popular-constituyente) ante la exaltación de la legitimación carismática-personalista del poder. Pasamos muchas veces sin percibirlo de: “Con Chávez, manda el pueblo” a la tesis: “Aquí quien manda es Chávez”.


Pero el socialismo participativo de la democracia radical, es mandar obedeciendo al pueblo, no mandar obedeciendo sobre el pueblo, hecho que las corrientes burocráticas en el seno de la revolución han omitido completamente. Suponer ahora que las tesis del poder constituyente, la democracia participativa, la reconstrucción de la izquierda, ir más allá del metabolismo social del Capital, proyectar formas de una economía de transición post-capitalista, de una ética-política de la liberación, incentivando el protagonismo del poder popular, son todas tesis contrarrevolucionarias, no es más que una muestra de cerrazón mental, arcaísmo ideológico y necedad intelectual.


Cuando se hace gala de ignorancia combinada con la arrogancia, entramos en el terreno de la necedad, se desprecia el trabajo intelectual y las experiencias que han hecho balance de inventario crítico de los socialismos reales, se postula una praxis cargada de imprudencia y presunción. Estas actitudes son el síntoma más evidente de la inscripción de los códigos del marxismo dogmático, el socialismo burocrático y las facciones sectarias en el seno de los espacios ideológicos de la revolución bolivariana.


Pues pasan por alto el siguiente hecho: ha sido la convergencia de diferentes “posiciones de sujeto” en la construcción de voluntades colectivas para la lucha mundial contra el neoliberalismo, uno de los motores fundamentales para la creación de condiciones para reimpulsar el horizonte socialista para el siglo XXI. El capitalismo neoliberal aún sigue vigente en los centros estratégicos de poder a escala global (como lo demuestran sus centros de gravedad en los EE.UU, Gran Bretaña, Francia, España, Grecia, Portugal e Irlanda), aunque se ha replegado tácticamente de algunos espacios, ha sido contenido en otros, y ha sido francamente derrotado en menor medida.


Por tanto, el proyecto neoliberal/neoconservador sigue siendo un proyecto contrario a la profundización de la democracia y su extensión a las esferas económicas y sociales, a las conquistas de los trabajadores y sectores populares, así como a la idea de alternativas post-capitalistas a la civilización (Wallerstein dixit) hoy hegemónica.


4.- Quién abandona la democracia participativa abandona las condiciones necesarias para la democracia socialista:


De modo que la democracia socialista es justamente la lucha por la profundización y la radicalización de la democracia social y participativa, con la finalidad de construir una sociedad justa, una sociedad cuyo horizonte utópico-concreto es la lucha de actores, movimientos y fuerzas sociales, edificando el bloque social nacional-popular en lucha contra la explotación del trabajo, la coerción política, la hegemonía ideológica, la desigualdad y exclusión social, la discriminación, la negación cultural y la destrucción de la naturaleza.


Una democracia radical, social y participativa, de amplia deliberación y protagonismo de multitudes: trabajadores y trabajadoras, pueblos indígenas, estudiantes, campesinos, precarizados, desempleados, mujeres, científicos, técnicos y militares patriotas, sigue siendo percibida como una “amenaza revolucionaria” para la estructura de mando y explotación del Capital.


A esta movilización por la participación ampliadas de la multitud podemos llamarla socialismo participativo, comunismo libertario, democracia radical o democracia socialista, pero no podemos confundirla con las experiencias del socialismo real bajo la hegemonía de dogmas marxistas-leninistas ortodoxos.


Todas las investigaciones sobre mapas teóricos y praxis revolucionaria en el siglo XX, han dado cuenta de las severas limitaciones de los códigos del marxismo dogmático, el socialismo burocrático y las facciones sectarias en el seno de los espacios ideológicos de la revolución. Cuando las voces de estas facciones pretenden ser hegemónicas, estamos en una evidente etapa de reflujo,
bloqueo, estancamiento y debilitamiento del proceso revolucionario.


5. Reconstruir, renovar y reimpulsar las izquierdas sobre bases amplias y diversas:


Afirmar la urgencia de reconstruir y renovar las izquierdas sobre bases amplias, flexibles, superadoras de dogmas, posturas colonialistas, euro-céntricas y despóticas, ha sido parte de nuevas composiciones sociales y ciclos de lucha de clases, grupos subalternos, naciones y pueblos. No se trata entonces del micro-relato de un post-modernismo conservador, ni de la narrativa ideológica del proyecto neoliberal, ni del guión de la tercera vía (síntoma de un reformismo socialdemócrata decadente). Pero tampoco se trata del calco y copia del imaginario dogmático del Socialismo Burocrático.


Se trata de un radical renacimiento del imaginario crítico post-capitalista, post-colonialista y post-imperialista. De allí la importancia de superación de viejas fronteras, distinciones y mapas del socialismo real y del marxismo burocrático, hegemónicos en el siglo XX.


6. Y, ¿qué cosa es el “marxismo soviético"?

Definamos sus contornos para precisar su impacto en la recepción-apropiación del pensamiento marxista latinoamericano y caribeño a partir de los años 20 del siglo pasado, cuando se crean los principales Partidos Comunistas del continente, reconociendo aquellas posiciones teórico-ideológicas que constituyen obstáculos, censuras y bloqueos para una reconstrucción y renovación de las izquierdas, identificadas con el impulso de un frente amplio de fuerzas revolucionarias, no solo en el ámbito político, sino en el terreno intelectual y ético-cultural (nueva plataforma teórica de pensamientos insurgentes y contra-hegemónicos).


Ferenc Feher, autor de un excelente ensayo sobre los desvaríos del jacobinismo en la Revolución Francesa (La Revolución Congelada. Editorial siglo XXI), miembro de la llamada “Escuela de Budapest”, conocedor “desde las entrañas del monstruo” de las experiencias del Socialismo Real, planteó en su análisis del “marxismo soviético” (caracterizado en profundidad por Herbert Marcase en su obra: “El marxismo soviético”) cuatro momentos o períodos de constitución, expansión, consolidación y declive de esta constelación ideológica:

a) El momento jacobino-blanquista de carácter ideológico-político, período de la influencia determinante de Lenin hasta su fallecimiento en 1924, constituye un extraordinario período de polémicas revolucionarias en varios frentes ideológicos, definiendo desde éste lugar de enunciación los temas de contraste con el marxismo centro-europeo, con la socialdemocracia alemana, con el comunismo de consejos, con los fabianos ingleses, socialistas franceses, autro-marxistas, entre otros. Lenin se presenta a sí mismo con el intérprete correcto y defensor del “marxismo revolucionario”, que en definitiva no es más que la versión bolchevique del marxismo.

b) El momento totalitario-manipulador (período de Stalin-hasta 1953), período de influencia determinante de Stalin en la codificación del subgénero del discurso oficial del “marxismo-leninismo”, de la construcción del código del “Hismat-Diamat”, apropiación y distorsión oficiosa del legado leninista, purgas ideológicas y liquidación de la vieja guardia bolchevique.

c) El momento de relativo deshielo y búsqueda reformadora de la dimensión ideológica perdida del “leninismo” (período de Kruschev- hasta 1964), donde se devela el culto a la personalidad y los errores del período anterior, se tratan de corregir algunos de los más atroces errores del estalinismo, llamando a renovar el legado leninista original, pero simplemente refrescando algunos aspectos de legitimación de una nomenclatura ya consolidada en el poder.

d) el momento iconográfico-conservador (período de Breznev-hasta 1982), donde queda patentemente manifiesto los bloqueos institucionales y políticos para reformar el estalinismo, como subcultura política e ideológica hegemónica de la nomenclatura soviética.

George Lukács había denominado "Escuela de Budapest", a aquel grupo de filósofos y sociólogos húngaros, cuya actividad teórica comenzó durante el llamado "deshielo post-estalinista" bajo su propia dirección espiritual. El mismo se refiere a autores como: Agnes Heller; György Márkus; Mihály Vajda y Ferenc Fehér. Comúnmente son también incluidos András Hegedüs, María Márkus e Istvan Meszaros así como los autores más jóvenes György Becde y János Kis.

Usando las palabras de Lukács, la función e importancia de la "Escuela de Budapest" se circunscriben a la recreación, constatación y aplicación del método de Marx (sin los filtros del “marxismo oficial”) a todas las áreas de la vida social, incluyendo la crítica a las sociedades de tipo soviético, bajo el prisma central de la teoría de la alienación y la cosificación.

Sin embargo este movimiento de renovación y renacimiento del “marxismo crítico” implicó recrear el “pensamiento de Marx”, así como una revisión exhaustiva de nuevas fuentes documentales y archivos incluso censurados, que tendrá expresiones similares en otros países del campo socialista: RDA, Polonia, Checoslovaquia, así como fuera de este, como en el caso de Yugoslavia.

Se abren vías de dialogo y controversia semejantes al clima de debates entre marxistas, socialistas, socialdemócratas y libertarios previo a 1917, momento extra-ordinariamente rico en la sedimentación de las diversas tradiciones del pensamiento de izquierda en Europa. Una revisión detalla de estos climas ideológicos y tradiciones puede leerse en las obras tan contrastantes como Leszek Kolakowski (Las principales corriente del marxismo), Iring Festcher (Marxismo, Socialismo, Comunismo) y G.D.H. Cole (Historia del Pensamiento Socialista).

El llamado “marxismo bolchevique”, del cual forma parte el subgénero del “marxismo-leninismo ortodoxo” (elaborado bajo la iniciativa de Stalin y Bujarin en el V Congreso de la Comitern en 1924), ha reivindicado cuatro herencias teóricas de las que ha extraído su propia interpretación del marxismo:

1. La tradición de Plejanov de interpretar la dialéctica del “pensamiento marxiano” como “materialismo dialéctico”. Ello supuso una continuidad más cercana a las elaboraciones de Engels que a Marx; retomada críticamente por Lenin en su idea de “materialismo” y de “crítica al empirio-criticismo”. Estos elementos fueron refutados, entre otros, por Antón Pannekoek en su libro: “Lenin, filósofo”. Otras consideraciones críticas a este tipo de “materialismo de la ilustración” pueden rastrearse en Karl Korsch, Lucáks, Labriola y Gramsci. Con Lenin, también se constituye en orientación sociológica definible la división de la filosofía en una forma materialista, defendida por las “fuerzas progresistas” y una forma idealista, sostenida por las “fuerzas reaccionarias”. Se trata de la lucha entre dos campos: materialismo e idealismo como forma de comprender la historia de las ideas.

2. La tradición tanto sociológica como económica de Marx, interpretada ahora bajo el prisma del “materialismo histórico” (ver: Breve esbozo biográfico de Marx con una exposición de marxismo-1913), en las obras referidas al estudio del desarrollo del capitalismo en Rusia, y la teoría del imperialismo ó del Estado. De esta idea de “sociología marxista” o “economía marxista” surgen iniciativas como las del Manual de Bujarin en su Ensayo Popular de Sociología (1921).

Respecto a esta aportación específica de Bujarin que marcará a la teoría del “materialismo histórico” derivada del “marxismo soviético”, es necesario comentar las numerosas críticas que recibió desde el campo de la propia reflexión marxista. La obra consta de los siguientes capítulos:

i. Materialismo histórico: La causa y el fin de las ciencias sociales (causalidad y finalismo).

ii. Determinismo e indeterminismo (necesidad y libre albedrío).

iii. Materialismo dialéctico.

iv. La sociedad.

v. El equilibrio entre la sociedad y la naturaleza.

vi. El equilibrio entre los elementos de la sociedad.

vii. Ruptura y restablecimiento del equilibrio social.

viii. Las clases y la luchas de clases.

Aldo Zanardo, en un trabajo titulado “El Manual de Bujarin visto por los comunistas alemanes y por Gramsci”, realizó una síntesis de las críticas que recibió el Manual de Bujarin. Dice: “En 1927, Kautsky juzga al manual de Bujarin como una de las expresiones más burdas del materialismo económico y observa que casi todos los marxistas rusos son materialistas.” Entre las valoraciones positivas, Hermann Duncker indica su aspecto de anti-revisionismo radical, en la adhesión abierta a la concepción materialista de la realidad (que es además una adhesión genuina a las posiciones de Marx, Plejanov y Mehring). El hecho de que Bujarin no discuta los problemas del conocimiento significa simplemente que el marxismo es ajeno a los planteamientos neo-kantianos. Duncker, con todo, recalca algunos puntos presentes efectivamente en el “Manual de Bujarin” pero que no fueron desarrollados: el materialismo de Marx no es mecanicista; la ideología no es mera apariencia: hay reciprocidad entre base y superestructura; materialismo no significa fatalismo.

Fritz Rückert se basa no ya en el materialismo, sino en la dialéctica, en el segundo de los aspectos que sirven para la polémica filosófica contra la socialdemocracia. Es justamente la dialéctica, la admisión de que en la sociedad y en la naturaleza existen saltos, revoluciones, la que sirve para distinguir el comunismo de la socialdemocracia. “El marxismo es una doctrina de la realidad, de la vida viviente, de la acción: el hombre no es ciego instrumento de la suerte, sino elemento activo en el necesario proceso de desarrollo de la sociedad”. Pero estos motivos están desarrollados a continuación del texto de Bujarin, y está sin desarrollar la otra implícita concepción, es decir, la implícita crítica al determinismo.

Por su parte Lukács, en el comentario crítico que hace del libro de Bujarin, recalcaba especialmente que se trataba de un manual de una tentativa de popularización y sistematización y, dentro de estos límites, hacía algunas consideraciones positivas. Pero el resto de las consideraciones es predominantemente negativo y crítico. Y justamente, en cuanto a la popularización, según Lukács, el “Manual” quiebra la tradición de Plejanov y Mehring, que habían indicado como se pueden unir popularización y rigor científico. La posición filosófica de Bujarin es la del materialismo vulgar, intuitivo. Este materialismo es una comprensible reacción al idealismo de los socialdemócratas, desde Berstein a Cunow, pero excluye el método marxista de todos los elementos que provienen de la filosofía clásica alemana y en particular excluye la dialéctica, que es la que hace inteligible el proceso histórico.

Para Lukács, Bujarin transforma la dialéctica, que es un método, en una ciencia objetiva y positivista; admite una causalidad irresuelta, una objetividad por la objetividad fetichista. Pero para el marxismo es esencial “remitir todos los fenómenos de la economía y la sociología a relaciones sociales de los hombres entre sí”. Típica de la posición objetivista, materialista vulgar, es la afirmación de Bujarin de que la técnica es determinante para las relaciones de trabajo. La argumentación negativa de Lucaks se vale del conocido capítulo sobre el fetichismo de la mercancía, que interpreta como negación de la objetividad histórica aparente, de un tipo semejante a la forma-mercancía y de la objetividad más general, propia del materialismo filosófico burgués.

Otro motivo central de la posición de Lukács (como de la de Gramsci) es la crítica de la doctrina de la previsión; afirma, fundándose en algunas tesis de Lenin, que existe una imposibilidad metodológica de prever un hecho con absoluta certeza: la estructura de la realidad no es la exactitud, la matemática, sino la tendencia, la posibilidad, el movimiento. Las ciencias sociales e históricas no son exactas ni deterministas. Las leyes del marxismo son tendenciales no estáticas, sometidas además a contra-tendencias, al movimiento de diferencias, conflictos y antagonismos de lo histórico-social.

Así Bujarin, se habría colocado fuera de la gran tradición del marxismo (Marx, Engels, Mehring, Plejanov, Luxemburgo): en lugar de criticar las ciencias de la naturaleza con el método dialéctico, aplica el método de esas ciencias, el materialismo vulgar y positivista, al estudio de la sociedad. Todavía en este punto no se ha comprendido la distinción entre ciencias empírico-analíticas y aproximaciones socio-criticas y dialécticas en los procesos sociales. Ni siquiera se han detenido ha comprender la diferencia hegeliana entre “entendimiento” y “razón”.

Sobre las deficiencias dialécticas de Bujarin, la definición más rotunda fue la de Lenin, en los textos que se consideraron como el testamento del dirigente soviético. Lenin escribía: “En lo que respecta a los miembros jóvenes del Comité Central, quiero decir unas palabras sobre Bujarin y Piatakov. Son, en mi opinión, los hombres más sobresalientes (entre los más jóvenes) y en relación con ellos no habrá que perder de vista lo siguiente: Bujarin no es sólo el teórico más valioso y destacado del Partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todo el partido. Sin embargo, sus conceptos teóricos sólo pueden ser considerados, desde todos los puntos de vista, marxistas con la mayor reserva, porque hay en él algo de escolástico (no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica”).

Para Zanardo, en última instancia, la crítica de Gramsci a Bujarin supera tanto a la crítica de los comunistas alemanes como a la del mismo Lukács, Según él, el grueso se la crítica filosófica de Gramsci a Bujarín se entrelaza en torno de los problemas de la sociología y del materialismo filosófico con todas sus implicaciones (previsión, regularidad de los eventos, determinismo, ciencias naturales, etc) en torno al problema de la ubicación histórica del materialismo histórico de Bujarin.

Su “Manual” parte de la distinción rígida entre lo general y lo particular, entre teoría e historiografía y quiere ser una indagación, primero de lo que es general en la realidad natural y humana, después de la vida de la sociedad y en particular de la sociedad moderna. Primero trata de los principios universales, los conceptos metodológicos de la sociología: regularidad, causa, libertad, necesidad, caso, transformación; después construye la sociología verdadera y particular: la sociedad, los estados de equilibrio, desequilibrio y reequilibrio entre la sociedad y la naturaleza, entre los distintos elementos de la sociedad.

Para Gramsci, la “sociología” era una extensión indebida de los métodos de las ciencias naturales a la ciencia de la sociedad, “un intento de obtener experimentalmente las leyes de evolución de la sociedad humana, del modo de prever el futuro con la misma certeza con la que se prevé que de una bellota se desarrollará una encina (…).”

Para concretar más la crítica de Gramsci a Bujarin (que es una crítica al traslado de la epistemología empírico-analítica a las ciencias sociales e históricas críticas), conviene citar directamente al filósofo italiano en algunos párrafos de su amplio trabajo titulado “Notas críticas sobre la tentativa de Ensayo Popular de sociología”: “En el Ensayo Popular tampoco está justificada coherentemente la premisa implícita en la exposición y explícitamente esbozada en algún lugar: causalmente, la de que la verdadera filosofía es el materialismo filosófico y de que la filosofía de la praxis es una pura “sociología” (Gramsci denominaba “filosofía de la praxis” al marxismo en sus Cuadernos de Cárcel). ¿Qué significa realmente esta afirmación? Significa que si fuera verdadera, la teoría de la filosofía de la praxis sería el materialismo filosófico. Pero, en tal caso, ¿Qué significa que la filosofía de la praxis es una sociología? ¿Y que sería esta sociología? ¿Es una ciencia de la política y de la historiografía? ¿O tal vez un conjunto sistematizado y clasificado según un cierto orden, de observaciones puramente empíricas sobre arte político y de cánones exteriores de investigación empírica? Las respuestas a estas preguntas no se hallan en el libro, a pesar de que sólo así se podrá hablar de teoría. Así no está justificado el nexo entre el título general Teoría, etc. y el subtítulo Ensayo Popular. El subtítulo sería el término más exacto, si al término “sociología” se le diese un significado más circunscrito (…) La reducción de la filosofía de la praxis a una sociología ha representado la cristalización de una tendencia vulgar ya criticada por Engels (en las cartas a dos estudiantes publicadas en Social Akademiker) y consistente en reducir una concepción del mundo a un formulario mecánico, que da la impresión de meterse toda la historia en el bolsillo. Ella ha sido el mayor incentivo para las fáciles improvisaciones periodísticas de los “genialoides”.

La experiencia en la que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada: es la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad, cuyo estudio puede dar lugar al nacimiento de la “filología” como método de la erudición, en la verificación de los hechos particulares, y al nacimiento de la filosofía, entendida como metodología general de la historia (…)

Para Gramsci, en el Ensayo, toda la polémica contra la concepción subjetivista de la realidad, con el “terrible” problema de la “realidad del mundo exterior” está mal encarada, peor conducida y, en gran parte es fútil y ociosa (se refiere también a la Memoria presentada al Congreso de Historia de las Ciencias, realizado en Londres en Junio-Julio de 1931) Desde el punto de vista del “Ensayo Popular”, dicha tarea responde más a un prurito de pedantería intelectual que de una necesidad lógica (…) El público popular no cree siquiera que pueda plantearse tal problema, el problema de si el mundo existe objetivamente (...) En el Ensayo se juzga el pasado como “irracional” y “monstruoso” y la historia de la filosofía se convierte en un tratado histórico de teratología, porque se parte de un punto de vista metafísico” (En cambio en el Manifiesto Comunista se halla contenido el más alto elogio del mundo que va a morir).

7. Reconocer las bases teóricas del “marxismo crítico”:

Estas críticas de Gramsci, del comunismo alemán, del consejismo holandés y Lucaks van a conformar las bases del marxismo crítico, heterodoxo y abierto frente al marxismo dogmático u ortodoxo que se fue institucionalizando como “marxismo-leninismo” luego del V Congreso de la Comitern en 1925. Este dogmatismo del “leninismo ortodoxo” es el inconsciente epistemológico y político de las generaciones que recibieron y aún recrean alguna versión del “marxismo soviético”. Frente a esta herencia hay que reclamar la potencia subversiva del marxismo crítico (Luxemburgo, Lucáks, Korsch, Labriola, Pannekoek, Gramsci, entre otros), antecedente fundamental para construir figuras del pensamiento contra-hegemónico y de la teoría crítica radical.

8.- Momentos del “marxismo soviético”:

Desde el punto de vista económico, el primer período o momento del “marxismo soviético”, generó significativas controversias acerca de los problemas de transición al socialismo en el campo económico (Bujarin, Preobrazhensky, Trotsky, por ejemplo, participaron ampliamente en estas polémicas), tanto en el período del llamado “comunismo de guerra” como en el período de la NEP. Los problemas de la economía planificada, la compatibilidad del mercado con el socialismo y el Capitalismo de Estado estaban en el fondo de estas controversias, en las que también participo activamente Lenin.

En 1926 Preobrazhensky escribió su obra, La Nueva Economía, en la que analizó las contradicciones entre la planificación socialista y el mercado; el debate sobre las leyes de la acumulación socialista y se pronuncia porque el Estado soviético subordinara la ley del valor a la regulación planificada de la sociedad. En 1927 fue expulsado del partido y deportado junto con Trotsky. La NEP avalada por Bujarin suscito el debate sobre la economía mixta y el Capitalismo de Estado. Sin embargo, a pesar de que este primer periodo del marxismo bolchevique estuvo cruzado de significativos debates, a partir de la muerte de Lenin hasta el control absoluto del poder por parte de Stalin, donde comenzó un proceso de intimidación y persecución contra las llamadas oposición de “izquierda” y de “derecha”, que selló el fin del espíritu vivo y polémico de la reflexión del “marxismo soviético” de este primer momento en el campo económico, social, político y cultural.

Así mismo, este primer periodo constituye un extraordinario apogeo del pensamiento de Lenin, como interprete hegemónico del “marxismo revolucionario” frente a la ortodoxia reformista y revisionista de la II Internacional, pero además contra cualquier desafío a su hegemonía (comunismo de consejos, austro-marxismo, oposición obrera, pensamiento anarquista), transcurrieron importantes debates en la URSS como la discusión sobre el poder del Estado, la violencia, el derecho y la “legalidad revolucionaria” donde participan Pasukanis, Stucka, Krilenko y otros. La interpretación leninista de la “Dictadura del Proletariado” (cuyo concepto es creación de Blanqui, de la experiencia de la Comuna y de allí lo tomó Marx) dominó este debate.

Fueron tales las implicaciones de estas controversias, que por sostener que el Estado socialista debía extinguirse para dar a luz el Comunismo, según la teoría de la transición de Marx, personajes como Stučka y Pasukanis, fueron calificados por Vishinski de "saboteadores" y "espías". Tal era el “clima de debate” en el apogeo del estalinismo (que llamaba a fortalecer el Estado y el Socialismo en un solo país); en fin, la controversia era descalificada como abono para el terreno contra-revolucionario y de las acciones del los “enemigos del pueblo”. Stalin fue el propagador de la mayor parte de las clasificaciones que identificaron de manera abusiva, sectaria y estigmatizadora a diversas tendencias, grupos y personalidades dentro de los llamados “enemigos del pueblo” y “contra-revolucionarios”

Finalmente, también es importante referirse al movimiento Proletkult (Organizaciones proletarias de cultura e ilustración). Un teórico prominente de este movimiento fue Bogdanov, pero al buscar demasiada independencia respecto al dirigente Partido Comunista y construir sus propia tesis constructivo-sistémicas sobre el conocimiento, se ganó el rechazo de Lenin. Gradualmente, la idea de vanguardia estética con cierta dosis de experimentalismo y creación dio paso al culto oficial por la estética del “realismo socialista”. En todo este debate es importante destacar la teoría cultural de Lunatchartski. Cuando el Partido Comunista rechazó estilos modernos como el impresionismo, el surrealismo, el dadaísmo y el cubismo debido a los principios “subjetivistas” que subyacían a ellos (el subjetivismo chocaba frontalmente con la aspiración objetiva del “materialismo dialéctico oficial” y a los temas que trataban (el realismo socialista sólo consideraba relevantes los temas relacionados con la política y los trabajadores); ello llevó a considerar a dichos estilos como manifestaciones de arte burgués. El realismo socialista se convirtió entonces, en política oficial del Estado en 1932 al promulgar Stalin el decreto de reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas.

En el periodo estalinista, el “marxismo soviético” se institucionalizó como “marxismo-leninismo” (Cuestiones de leninismo y Fundamentos del leninismo, elaborados por Stalin fueron el ABC de esta versión ortodoxa del “marxismo soviético”, incluyendo la oficiosa “Historia del Partido Comunista de la URSS”). A partir de entonces, apareció la función de legitimación carismática hacia la figura del Stalin vivo, heredero del legado leninista y autoridad del “marxismo soviético”.

El “marxismo-leninismo” pasó a ser un pensamiento único de izquierda, única visión correcta y científica (ambos adjetivos comenzaron a usarse de manera intercambiada como simple apoyo dogmático a sus planteamientos). Stalin se encargó de combatir y perseguir las alternativas posibles a esta deformación del marxismo bolchevique: el Trotskismo y el Luxemburguismo, y estableció claramente que el materialismo histórico y dialéctico, descrito en sus propios términos, correspondía a la visión del mundo del partido comunista.

Todavía hoy se viven los estragos ideológicos de esta visión del mundo, sobre todo en las generaciones que cultivaron esta modalidad de “marxismo oficial” como única y correcta verdad del pensamiento de Marx.

El período de Kruschev trató de deslindarse de la idea del marxismo como mera propaganda, como simple racionalización y justificación de la política del partido comunista de la URSS, para redescubrir las funciones de una ideológica con poder de atracción y expansión. Se trataron de subsanar los peores errores teóricos de Stalin en los congresos XX y XXII del PCUS, tratando de sustituir el culto de Stalin por un renovado culto a la obra teórica y práctica de Lenin” (pero se condenaba igualmente al trotskismo), así como combinar el “espíritu de partido” (“marxismo-leninismo”), con la promoción de investigaciones más rigurosas y una racionalidad análoga a los protocolos del racionalismo crítico, en el terreno de la filosofía, la historia, el derecho, las ciencias sociales y las ciencias naturales. Sin embargo, aun no se ha estudiado detenidamente la influencia de este tercer período del marxismo soviético sobre el “marxismo latinoamericano”, ni la significación que adquirió la polémica con el “Maoísmo” (quien también reclamó ser heredero del legado marxista-leninista”, pues desde el PCCH se descalificó la política de Kruschev.

El cuarto período del “marxismo soviético”, o momento iconográfico-conservador, se caracterizó por el abandono incluso de las “reformas nominales”, y se hizo hincapié en establecer sólidamente manuales expresamente dedicados a exigir la existencia y validez de los principios doctrinarios. El “marxismo soviético pasó a convertirse en un sistema de formulas vacías para justificar la política pragmática de sus gobernantes, trazando lo que Adorno intuyó como circulo completo de la dialéctica negativa.

9. La Revolución Cubana también bebió su dosis del “marxismo soviético”. Retomar la autonomía del socialismo indo-americano de Mariátegui: ¡Ni calco ni copia!

Ni siquiera un acontecimiento extraordinariamente heterodoxo y creativo como lo fue la revolución cubana en sus inicios, pudo escapar a la tentación dogmática y sectaria del “marxismo soviético”. Ni siquiera el más heterodoxo de la tradición marxista-leninista en la revolución cubana, como lo fue sin duda el Che, pudo escapar a la sedimentación de algunos de los dogmas más vetustos del “marxismo soviético” en sus escritos. Su acercamiento tardío a obras del “marxismo crítico” (compiladas en el texto “Los Marxistas” de Ch. Wright Mills, así como a obras de Trotski, no permiten suponer que existió una discontinuidad radical con ésta tradición del pensamiento de izquierda, sobre todo por la impronta de muchas de las ideas del XXII Congreso del PCUS en el propio pensamiento del Che.

Por tanto, el “marxismo crítico latinoamericano” tiene aún la tarea de de-construir sus propios puntos ciegos teóricos e ideológicos con relación al marxismo soviético, retomando la poderosa inflexión teórica que significó la obra crítica de José Carlos Mariátegui, así como todo el legado de recreación abierta, heterodoxa y crítica del pensamiento de Marx, elaborada desde los pensadores latinoamericanos y caribeños afines ó críticos parcialmente a las “teorías de la dependencia”. La revisión, rectificación y renovación de muchos de sus originales planteamientos podría ser punto de partida para recrear la escena contemporánea de los nodos de pensamiento crítico socialista en América Latina, siempre vigilantes ante la potencial recaída en los formulismos vacíos y en la esterilidad de reiterar dogmas.

América latina y el Caribe, requieren hoy más que nunca, muchos contingentes de trabajadores intelectuales para la transformación democrática y socialista necesaria, para blindar la construcción de la Patria Grande ante la evidente derechización de los centros imperiales del Norte. Se requieren muchas batallones intelectuales, redes y centros de investigación para orientar la construcción de opciones históricas y alternativas post-capitalistas, vigilando cualquier recaída en viejas regresiones dogmáticas y arcaísmos sectarios. Diversas iniciativas de intelectuales, partidos políticos y movimientos sociales intentan hoy apalancar esfuerzos para reconstruir una teoría crítica post-capitalista, post-imperialista y post-colonialista a la altura de los desafíos de los nuevos tiempos. No es tiempo ni de distracciones ni de regresiones ideológicas a los dogmas del “marxismo soviético”.

10. La Revolución Bolivariana carece del imprescindible “Intelectual Colectivo”: ¿cuál revolución y desde cual reflexión teórica insurgente?

La revolución bolivariana aún adolece de la existencia de rigurosos núcleos de debate, instancias de discusión política abiertas al pueblo, de la prefiguración del intelectual colectivo para su proceso específico y particular de insurgencia y transformación. En momentos donde se hacen evidentes contradicciones profundas de todo tipo, asociadas no sólo a la composición social y de clases de las luchas que se manifiestan, sino a los problemas relacionados con la consolidación de un esquema burocrático de ejercicio del poder en los órganos del Estado y en espacios fundamentales de los partidos aliados de la revolución, la re-politización mayoritaria necesaria para la construcción de un gran polo patriótico (como referencia política, intelectual y moral), implica revalorizar las redes de trabajo intelectual y el sistema de formación, comunicación política y educación política desde y junto al pueblo.

La continuidad de Chávez en el gobierno para el 2012 no es sólo un hecho electoral, sino el punto de condensación de un conjunto de contradicciones que pondrán en tensión el avance de las fuerzas de izquierda en el país; quienes dependen de la asunción de tareas políticas, intelectuales y ético-culturales directamente vinculadas a la lucha contra el dogmatismo, la desvalorización del trabajo intelectual, el mimetismo ideológico, el sectarismo y el culto a la personalidad. La ecuación reforma-revolución no puede despejarse mientras sean los viejos dispositivos teóricos los que pretendan imponer los criterios de debate y los términos del lenguaje para abrir la posibilidad de una nueva iniciativa socialista.

No se puede ser consistentemente antiimperialista ni anticapitalista utilizando la lengua afilada de ultra-izquierda y unas manos de seda que hacen maniobras de derecha. Entre lo que se siente, se dice y se hace, debe haber mínimos de coherencia para generar una dosis prudente de credibilidad democrática y socialista. La salida no es vociferar consignas ni símbolos históricos, asociados a la izquierda revolucionaria latinoamericana, cuando en la práctica se combate por cuotas de poder, privilegios y manejo de recursos del Estado. Eso no es una revolución ni democrática ni socialista. No hablemos de los retos pendientes de la transformación paradigmática para abordar radicalmente las cuestiones ecológicas y la crítica del euro-centrismo ramplón en nuestras políticas culturales, sobre todo, en nuestra visión de construcción de identidades y conciencia histórica.

Calcar, copiar y mejorar los mejores ejemplos de avance social, científico, técnico, en materia de seguridad y defensa de la Revolución Cubana es un hecho deseable y loable. Pero no lo es una conducta de servilismo ideológico y auto-censura ante la necesidad de construir un camino específico y particular de transformación socialista, profundizando una democracia participativa apenas incipiente pero que prefigura el horizonte de una democracia socialista porvenir.

11. El reformismo es tan condenable como la sumisión ideológica a las inercias del marxismo soviético y del Socialismo Burocrático.

La revolución será posible en la medida en que sea el pueblo, sus clases trabajadoras, sus movimientos sociales, los protagonistas directos de las transformaciones en curso y no los espectadores pasivos o la “masa de maniobra” tratada como simple “rebaño electoral”.

Una “concepción bancaria” (Freire) de la revolución, de la educación popular, de la comunicación política, del partido político, nos lleva directamente a los bloqueos y fracasos de las experiencias de transición del socialismo real en el siglo XX.

Avanzar en reformas de corte socialdemócratas y desarrollistas, para crear condiciones de acumulación de fuerzas en los sectores populares, en el contexto de derechización de los centros imperiales, puede ser una condición necesaria para caracterizar un proceso como “progresista”, pero nunca para avanzar en una estrategia post-capitalista.

Ahora bien, una estrategia post-capitalista no consiste en decretar un guión de medidas calcadas de las experiencias de otras sociedades, bajo tiempos y circunstancias distintas, sobre todo si las mayorías populares quedan atadas a los desvaríos de dogmatismos y sectarismo, disfrazados de un vanguardismo esclarecido, como un lejano vagón de cola. Los tiempos jacobinos y blanquistas pueden verse en el espejo de sus derrotas históricas.

«El jefe verdadero no es un hombre enamorado y celoso de una idea, sino aquél que une al amor de la idea, la facultad de poder determinar, en todo instante, cual es la parte de la idea que puede hacerse realidad en cada nueva etapa. Robespierre no lo comprendió. Fue un mal jefe. Porque lo era, y no quiso reconocerlo, se convirtió en tirano y en asesino de la Revolución». (Dantón)

Hay claros antídotos para no repetir las historias, no cometer los mismos errores y no tenerle miedo al palpitar de las multitudes que reclaman mayor deliberación y participación protagónica en los asuntos públicos.

El poder constituyente de la idea de democracia social y participativa es justamente aquel que puede hacerse realidad en una nueva etapa, para construir una sociedad justa en el horizonte de la democracia socialista.

No hay que asilar ni debilitar el proceso, pues eso es asesinar la revolución.

lunes, 29 de agosto de 2011

COMENTARIO A LA "CARTA A LAS IZQUIERDAS" DE BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS:

Javier Biardeau R.

Leo con atención la “Carta a las izquierdas” de Boaventura de Sousa Santos, aparecida en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134729, como un esfuerzo para salir de los bloqueos teóricos, históricos y estratégicos de los procesos de cambio social, económico, político y cultural, sobretodo cuando reciben el nombre de “revoluciones socialistas”.

De entrada, aparece un gran acuerdo cuando señala De Sousa que el futuro para las izquierdas “(...)no será una continuación lineal de su pasado”. Sin embargo, todavía hoy hay demasiados resabios del dogmatismo y el sectarismo de izquierda, en las viejas distinciones, clasificaciones y tipologías entre socialdemocratas-reformistas y comunistas-revolucionarios. La memoria de algunos pesa más que el presente de luchas.

Aunque tu definición de izquierda puede parecer abstracta: “(...)conjunto de posiciones políticas que comparten el ideal de que todos los seres humanos tienen el mismo valor y constituyen el valor supremo”, parece ser una definición antropocéntrica para los retos del presente, un presente que debe manejarse en las fronteras del pensamiento ecológico y de la bioética; en fin una ética para la vida humana, ciertamente, para reevaluar el lugar de la vida humana en el sistema de la vida del propio planeta que habitamos.

Boaventura, indicas que cuando hay relaciones de dominación, este ideal se viene a pique: “algunos individuos o grupos satisfacen algunas de sus necesidades transformando a otros individuos o grupos en medios para sus fines. El capitalismo no es la única fuente de dominación, aunque es una fuente importante.”

Las resonancias kantianas de la primera afirmación pueden retrotraernos a los fundamentos de la modernidad occidental, aunque hay más de una perspectiva, colocando el acento en la necesidad de una crítica radical de las formas, estados, relaciones o momentos de la dominación social. Que el ser humano sea fin y no medio es un buen comienzo, pero preferiría insistir en la claridad de Marx en este tema, cuando señaló su imperativo: "(...) echar por tierra todas las relaciones en que el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable.” (Marx; Introducción a la crítica a de la filosofía del derecho de Hegel, 1943)

Pero además de esta postura universalista, habría que matizarla con las opiniones de Aime Cesaire cuando señaló que: “En todo caso, es constante que nuestra lucha, la lucha de los pueblos coloniales contra el colonialismo, las luchas de los pueblos de color contra el racismo, es mucha más compleja , qué digo, de una naturaleza completamente distinta, que la lucha del obrero francés contra el capitalismo francés y no podría de ninguna manera ser considerada como una parte, como un fragmento de esa lucha.” (Carta a Maurice Trorez; 1956. Discursos sobre el colonialismo).

A aquellos que se rasgan las vestiduras con el discurso crítico del totalitarismo de cuño occidental habría que recordarles: “(…) no hay nada original en el nazismo que no fuera antes implementado por el colonialismo contra los pueblos no europeos.”, pues la civilización de la “libertad, de la igualdad, de la fraternidad”, con su gran revolución moderna-burguesa, incluso con aquellos valores y principios que fueron bebidos por los llamados libertadores de Nuestra América, es una civilización que le hace trampa a sus principios, como decía Cesaire, es una civilización moribunda, y por tanto decadente.

Habrá que superar entonces, la acción político-cultural que refuerza el complejo colonial de la dependencia, superar el universalismo de aquella izquierda socialista o comunista que aún suponen que cumplen con una “misión civilizadora”. No habrá ninguna “revolución socialista para el siglo XXI”, sin pasar primero por un desprendimiento existencial, diríamos en lenguaje postizo: “semiótico”, de toda la gramática, reglas y códigos instalados por la larga sedimentación histórico-cultural del discurso colonial-moderno, incluida la gramática “modernizante” y “desarrollista”, presente también en el “socialismo y comunismo oficial”.

No hay superioridad omnilateral de Occidente, no hay una trayectoria única posible y deseable de evolución histórica, como se ha desarrollado en el capitalismo de Europa ó los EE.UU, no hay un único modelo de convergencia hacia el Progreso ó hacia la Civilización en mayúscula. Redefinir el socialismo y la izquierda pasa hoy por reconocer un “universal depositario de todo lo particular, depositario de todos los particulares, profundización y coexistencia de todos los particulares”, implica reconocer el papel hegemónico de los “perros guardianes del colonialismo”:

“Serán tus enemigos, -con altura, lucidez y de manera consecuente- flageladores y banqueros golosos, no sólo políticos lamecheques y magistrados vendidos sino igualmente, y por la misma razón, periodistas acerbos, académicos cotudos y acaudalados de estupideces, etnógrafos metafísicos y expertos en los fogones, teólogos extravagantes y belgas, intelectuales parlanchines y hediondos, que se creen descendientes de Nietzsche (…) y de una manera general, todos aquellos que desempeñando su papel en la sórdida división del trabajo para la defensa de la sociedad occidental y burguesa, intentan de distinta manera, y por diversión infame, desagregar las fuerzas del progreso (…) secuaces todos del capitalismo, representantes todos declarados o vergonzosos del colonialismo saqueador, responsables todos, detestables todos, negreros todos, deudores todos de ahora en delante de la agresividad revolucionaria”. (Aime Cesaire)

No será casual que, en gran medida, ésta agresividad revolucionaria sea calificada de “terrorista” por occidente. La pregunta es si reconociendo esto: ¿puede el capitalismo ser reformado con el fin de mejorar la suerte de los dominados ó esto sólo es posible más allá del capitalismo, no será necesario entonces incorporar no sólo el horizonte post-capitalista, sino el horizonte post-colonialista?

Es obvio, entonces que la lucha social por la emancipación no debe ser conducida sólo por criterios de una clase (la clase obrera), sino por diferentes clases, grupos, etnias, pueblos y naciones que han sido explotados, dominados y oprimidos, por el bloque social de los dominados y dominadas, por actores, movimientos y fuerzas sociales diversas.

Pregunta Boaventura de Sousa: ¿debe llevarse a cabo dentro de las instituciones democráticas o fuera de ellas? Obviamente, dentro de un horizonte de revolución democrática, y no sólo desde las instituciones democráticas liberales hoy hegemónicas. Y te preguntas: ¿El Estado, en sí mismo, es una relación de dominación o puede ser movilizado para combatir las relaciones de dominación?

Aquí hay una tópica muy especial de la argumentación que debe ser desenmascarada: el Estado posee severos límites para llevar hasta la raíz una lucha para combatir las relaciones de dominación; la “transición paradigmática” pasa justamente por amputar los peores lados de este mal con figuras de “democracia de alta intensidad”. Pero el Estado no es ni un mal necesario ni inevitable. Pensar más allá de la forma/Estado, sigue siendo tarea fundamental para superar el bloqueo histórico y estratégico de las izquierdas. No fue casual que Marx y Engels pensaran en sustituir la palabra Estado por la palabra Comuna, allí habia una indicación:

“Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras que el proletariado necesite todavía del Estado no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos remplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra “comunidad” (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Comuna.”(Carta de Engels a Bebel-1875)

Ciertamente, los dogmas y actitudes sectarias en las izquierdas estuvieron en la base de violentas divisiones (recordemos las 21 condiciones para ingresar a la III Internacional), y deben derrumbarse las viejas fronteras de éstos dogmas y actitudes sectarias. La emergencia de nuevas luchas contra la dominación, con otros actores y lenguajes pueden superar la incomprensión de las viejas izquierdas, siempre que esta última supere su visión mono-lógica y mono-cultural del proceso de transformación. Más ahora cuando el capitalismo vuelve a mostrar su vocación de barbarie.

Ciertamente, las izquierdas para unirse deben reconocer la diversidad y la complejidad mundial e inter-cultural. Ciertamente, deben reconocer la necesidad de radicalizar tanto extensiva como intensivamente la democracia protagónica de multitudes, construyendo democracia participativa, algo que los estudiosos de las experiencias de las revoluciones socialistas han visto difuminarse, tras las murallas de los aparatos de partido y las burocracias de Estado, con todas sus instancias comisariales y policíacas.

Ciertamente, las izquierdas deben reconocer el valor de la dignidad humana; tan ofendido en el capitalismo como en las experiencias del socialismo burocrático. Ciertamente, impulsando la reciprocidad, el cooperativismo, la autogestión y el autogobierno. Ciertamente, reconociendo que el crecimiento económico no es infinito, como lo supone la falacia desarrollista, que vulnera la capacidad de regeneración de los sistemas ambientales. Ciertamente, dando cuenta de las diversas formas de propiedad, pero luchando claramente contra la exclusividad de la propiedad privada capitalista, sin la cual todas las demás no estarán protegidas; y los bienes comunes de la humanidad (como el agua y el aire) serán desvastados.

Ciertamente reconociendo el patrimonio igualitario de las izquierdas, pero reconociendo las demandas de diferencia, alteridad y diversidad. Ciertamente entonces, combatiendo otras formas de dominación tan importantes como la explotación capitalista, como el racismo, el sexismo, el colonialismo, la destrucción ambiental, la servidumbre psicológica y la guerra.

Pero Boaventura, hay algo en lo que no puedo estar de acuerdo, el Estado no es un animal extraño, no es mitad ángel y mitad monstruo. No comparto esta caracterización. El Estado es un "monstruo" completamente frío, y sí sobre éste monstruo depositamos nuestras esperanzas utópicas, es porque aún no hemos comprendido nuestras alienaciones y fetichismos más profundos. Es porque todavía delegamos nuestros más hondos miedos a una "figura protectora". Existe un documento seminal en la propia tradición occidental que imaginó ir más allá del Estado, se trata de aquel Systemprogramm de Schelling, Hegel y Höldering:

"Desde la idea de humanidad quiero mostrar que no existe una idea del Estado, porque el Estado es algo mecánico, del mismo modo que tampoco existe una idea de una máquina. Sólo lo que es objeto de la libertad se llama idea. Por tanto, ¡tenemos que ir más allá del Estado! Pues todo Estado tiene que tratar a los hombres libres como engranajes mecánicos y, puesto que no debe hacerlo, debe desaparecer."

¿Cuando tardaremos en reconocer esta posible influencia del romanticismo y el idealismo alemán en la tesis marxiana de la extinción del Estado? Ciertamente, sin cierto monstruo en los tiempos de transición (renovación del Estado social y radicalmente democrático), otros monstruos mucho peores andarían sueltos, pero a diferencia de lo que planteas, como a los leones, hay quitarle los dientes y las uñas para poder convivir con ellos.

"El proletariado victorioso, tal como hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los peores lados de este mal, hasta que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado.” (Introducción de Engels a la guerra civil en Francia de Marx-1891)

Por tanto, es posible que no sólo haya mejor Estado sino mucho menos Estado, construyendo una sólida esfera pública no estatal, formas-Comunales y democracia de consejos, que deben amputar los peores lados del mas frío de los monstruo fríos del capitalismo: un condensador sin igual de la administración de la coerción material y espiritual sobre los hombres y mujeres.

No hay ángeles en el Estado, sino demonios parcialmente domesticados. Comento tus ideas, desde el lugar minúsculo y humilde que a todos nos toca vivir, tratando que las izquierdas no se maten las unas a las otras, contribuyendo a hacer que se unan para detener la barbarie que se está consumando, pero sin darle ninguna concesión al retorno del socialismo burocrático. Mucha suerte.




sábado, 27 de agosto de 2011

DESMONTANDO EL SECTARISMO Y LA DECADENCIA DOGMÁTICA DEL "MARXISMO SOVIÉTICO":

Javier Biardeau R.

1. El mapa de las corrientes marxistas:

Estimados y estimadas lectoras, si usted quiere aproximarse a un examen de las corrientes múltiples que se han inspirado en la obra abierta e inconclusa de Carlos Marx, hay que pasearse por las páginas del monumental texto titulado “Las principales corrientes del marxismo” (Leszek Kolakowski), para ubicar luego allí a la subespecie de la variante leninista del marxismo ruso hasta llegar a la decadencia del estalinismo. Allí comenzaría la travesía por el territorio del “marxismo soviético”, por sus apologistas, sus postulados, sus perfiles y por sus impactos en el llamado “Tercer Mundo”, incluyendo a América Latina y el Caribe.

2.- Importancia de la crítica al “marxismo soviético”:

¿Por qué detenerse a analizar el “marxismo soviético”? Porque ha sido el principal legado y referencia teórica de lo que en nuestras latitudes, en nuestro espacio-tiempo histórico, en nuestra geografía de la experiencia y estructura de sentimientos, ha constituido la reducción, simplificación y estereotipo del “pensamiento crítico de Carlos Marx”, y sobre todo, del pensamiento crítico y creativo para construir la democracia socialista.

Para luchar por desmontar el dogmatismo y el sectarismo, consideramos que hay que romper radicalmente con el troquelado de las figuras del “marxismo soviético” en nuestro continente, sobremanera con toda la subcultura de manuales de “comunismo científico”, que se diseminaron y se sedimentaron como versiones oficiosas de la “teoría revolucionaria”, incluyendo las recepciones, apropiaciones y recreaciones que del “marxismo soviético” hicieron personajes como José A. Mella, Aníbal Ponce, e incluso el propio Che Guevara y Fidel Castro (hasta donde uno puede rastrear en una lectura exhaustiva del Che, este se definía a sí mismo como “marxista-leninista”, haciendo elogios incluso al manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen).

3.- Cuidado con el sectarismo y el dogmatismo en la revolución:

Porque en la revolución cubana, por ejemplo, el sectarismo y el dogmatismo no se refieren sólo a los eventos relacionados con la figura de Aníbal Escalante y las llamadas “micro-fracciones”, sino que con parte constitutiva de la propia implantación del “marxismo soviético” en la formación de generaciones enteras de simpatizantes, cuadros y militantes, asfixiando las iniciativas de recreación abierta, reconstrucción crítica, renacimiento y trascendencia de ésta figura del “marxismo-dogma”.

4.- El “Che” también bebió el veneno del marxismo-dogma:

No podríamos pasar por alto aquellas frases del Che donde afirmó que: “Se da una nueva experiencia revolucionaria a América, se demuestra cómo las grandes verdades del marxismo-leninismo se cumplen siempre; en este caso, que la misión de los dirigentes y de los partidos es la de crear todas las condiciones necesarias para la toma del poder y no convertirse en nuevos espectadores de la ola revolucionaria que va naciendo en el pueblo.” (Guevara: “El partido marxista-leninista”).

O cuando el Che concebía al Partido Unido de la Revolución como el “exponente del marxismo-leninismo en las nuevas condiciones de Cuba” (Guevara: “El partido marxista-leninista”). O cuando se habla de “marxismo” como “guía para la acción”, pues ya se han “descubierto las grandes verdades fundamentales, y a partir de ellas, utilizando el materialismo dialéctico como arma, se va interpretando la realidad en cada lugar del mundo.” (Guevara: “Sobre la construcción del Partido”) Otro ejemplo se refiere al hablar de “verdades absolutas descubiertas por el marxismo, no inventadas, no establecidas como dogmas, sino descubiertas en el análisis del desarrollo de la sociedad.” (Ibid). Y finalmente con mayor claridad cuando señala que: “En otros términos, el marxismo, a nuestro entender, es único y respecto a él, sólo pueden existir divergencias en la aplicación de la doctrina en los diversos países”.

Por tanto, a pesar de que la tensión entre ortodoxia marxista-leninista y heterodoxia (enfatizada por las investigaciones de Michel Löwy o Néstor Kohan), se ve cada vez acentuada al final de su desarrollo ideológico, las ideas y valores del Che siguen estando relacionadas constitutivamente con la implantación del “marxismo soviético” en América Latina y el Caribe; en fin, el Che trató de “(…) buscar la mejor solución a nuestros problemas dentro de los principios del marxismo-leninismo”. (Guevara: “Las bases materiales del socialismo”).

5.- Mariátegui y la heterodoxia de la tradición:

Como planteara Mariátegui, tal vez al final de su obra revolucionaria, el Che vivió las tensiones de “la heterodoxia de la tradición”: “Porque la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que la quieren muerta y fija, prolongación de un pasado en un presente sin fuerzas, para incorporar en ella su espíritu y para meter en ella su sangre.” (Mariátegui: Heterodoxia de la tradición).

O como señalara Mariátegui en su “Defensa del marxismo”: “la herejía es indispensable para comprobar la salud del dogma”. En este orden del discurso: “Los verdaderos revolucionarios no proceden nunca como si la historia empezara con ellos. Saben que representan fuerzas históricas, cuya realidad no les permite complacerse con la ultraísta ilusión verbal de inaugurar todas las cosas.”.

Para Mariátegui, no hay que confundir tradición con “tradicionalismo”, con “doctrinarismo”, con actitud conservadora, inmóvil y fósil. Allí hay una clara indicación para determinar que cosa es el “dogmatismo”.

El dogmatismo es inmóvil y su apelación a la tradición es una identificación con el cementerio de pensamientos críticos y creativos. La tradición se crea y se recrea, pero también se socava y se destruye. Puede existir renacimiento, renovación y enriquecimiento, pero también congelamiento, fosilización y petrificación. Matan la tradición del pensamiento revolucionario, los que la quieren fija, absoluta, simple inercia y prolongación de un pasado en un presente sin fuerza.

Para Mariátegui, en cambio, hay que estrenar una tesis revolucionaria sobre la tradición del “pensamiento crítico marxiano”, para indagar las líneas de posibilidad de su ulterior trascendencia. Habla de la tradición, en su complejidad y multiplicidad, no del “marxismo soviético, entendida la primera como patrimonio y continuidad histórica, pero abordando su complejidad y diversidad. Pero a la vez, sin cerrar la posibilidad de derrumbar sus más invulnerables principios o axiomas, generando una subversión en el propio marxismo. ¿Cómo subvertir la realidad sin subvertir las estructuras ideológicas que la mantienen, incluyendo las "teorías revolucionarias" que son tapaderas burocráticas para impedir el poder constituyente y la revolución democrática permanente?

Hay que abrir el espacio a los revolucionarios iconoclastas, no se trata de sólo de una fórmula gratuita, como sugería Mariátegui. Hay que evitar el “doctrinarismo”, reconociendo que las negaciones intransigentes tienen un papel dialéctico. Hay dogmatismo y sectarismo cuando nos apegamos a un conjunto de reliquias inertes y símbolos extintos. Cuando comprendemos una tradición como una receta escueta y única. Porque la tradición es heterogénea y contradictoria en sus componentes. El fetichismo de la tradición y de creencia fija e inmóvil, esto es dogmatismo y conduce casi invariablemente al sectarismo.

El revolucionario tiene del pasado una imagen animada y viviente, cargada de potencialidades, mientras que el tradicionalista es incapaz de representárselo en su inquietud y su fluencia. Quien no puede imaginar el futuro, tampoco puede, por lo general, imaginar el pasado, decía Mariátegui, pues la historia no es ni museo ni momia: “Los revolucionarios encaman la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensación de acabamiento o desencanto. Pero entonces se constata, inexorablemente, su enve¬jecimiento y su decadencia.” (Mariátegui; Heterodoxia de la tradición)

6.- Contra la izquierda sectaria y grupuscular:

Este síntoma de envejecimiento y decadencia es parte de la izquierda sectaria y grupuscular. Por tanto, hay que reivindicar las expresiones creativas, heréticas, críticas, del pensamiento revolucionario, agarrar la historia por su lado activo, instituyente-constituyente, pues si no, abordamos la sociedad desde el abandono o la abdicación de la voluntad de vivir, renován¬dose y superándose incesantemente.

Abandonar de una vez el legado del “marxismo soviético” implica desgarrarse del pesado fardo que no deja caminar livianamente un proceso de transformación. Pues en muchas ocasiones incluso nuestra historia, es una historia en la que la lucha contra la opresión, es invadida por las categorías de los opresores y ella también se convierte en una historia de “héroes”, de “grandes personalidades”, que terminan limitando nuestra autonomía en el presente, siendo prisioneros de los arquetipos del pasado.

La emancipación es posible respecto de la negación de la pesadilla del tradicionalismo, afirmación de lo posible, de la prefiguración y la configuración. Pues, dentro de la constelación marxista hay múltiples y contradictorias corrientes y tendencias (desde el marxismo de los consejos, hasta el marxismo estadólatra; desde el marxismo libertario, hasta el marxismo despótico; desde el marxismo humanista al marxismo anti-humanista); corrientes diversas que se disputan el legado teórico del pensamiento crítico y la acción revolucionaria de Carlos Marx.

Pero el estalinismo explícito o entrelíneas, por ejemplo, es parte de toda la escatología “marxista-leninista” en clave de manuales de “comunismo científico” (Ver, por ejemplo, Afanasiev). Obviamente, desde las interpretaciones del marxismo euro-céntrico, autoritario, dogmático, estatista y sectario, no se llegará muy lejos en la revolución bolivariana. Son parte de su callejón sin salida, de la revolución bloqueada.

Desde este bloqueo histórico, teórico y estratégico se cancela el espíritu radicalmente crítico y creativo, se cierra todo clima intelectual que de paso a las construcciones teóricas más ricas, vitales y creativas, se cancela la recreación de su revolución teórica inconclusa, se recae en la apologética de cualquiera de los “regimenes despóticos” que caracterizaron el socialismo real en el siglo XX.

7.- Necesitamos definiciones y deslindes del socialismo burocrático:

¿Queremos definiciones? No queremos que el socialismo sea “calco y copia”, repetición de dogmas estériles y cultivo de una izquierda sectaria y grupuscular. Tal vez, algunos miembros de cierto “pelotón sectario”, cuyos desvaríos dañan al clima de debate constructivo y re-agrupamiento de tendencias de apoyo de la revolución bolivariana, podrían revisar algunas páginas de Alvin Gouldner: “Los Dos Marxismos”, para detectar sus aspiraciones proféticas, milenaristas, religiosas, más cercanas a Weitling que a Marx.

O si el “pelotón sectario” llega a encandilarse por los prejuicios y dogmas hacia pensadores (¡Ah, los peligrosos “revisionistas”!) que desgarraron en su tiempo las aproximaciones doctrinarias y dogmáticas del pensamiento crítico de Marx; sería también conveniente revisar el “Diccionario de pensamiento marxista” de Tom Bottomore, dar cuenta de auténticas renovaciones de las reflexiones marxistas. ¿Quieren definiciones? Cambien de diccionario, porque los manuales URSS o de la burocracia política, ya no poseen ni consistencia ni legitimidad.

O quizás, deban releer la trayectoria teórica e intelectual de personajes como Adam Schaft (Polonia) o Istvan Meszaros (Hungría-Gran Bretaña), para comprender porque sigue siendo obligante una ruptura existencial con todo el engaño y autoengaño de los regimenes despóticos del antiguo campo soviético, del bloque de países que conformaron el socialismo irreal del siglo XX. Pueden encontrar definiciones enciclopédicas en el monumental esfuerzo del “Diccionario Histórico-Crítico del Marxismo”, referido por Wolfgang Fritz Haug, para comprender que una cosa es Marx, y otra los “marxismos”.

Lo que se derrumbo en 1989 y se transfiguro ya desde 1921 en la URSS, no fue propiamente socialismo sino un sistema que usurpó su nombre y acabo por ser su negación. Escúchese bien, 1921, X Congreso del Partido Bolchevique, liquidación de la "oposición obrera", Kronstadt, luego liquidación de la "oposición de izquierda", persecución contra todo lo que pudiera en cuestión el “leninismo oficioso”. La genealogía del socialismo burocrático puede rastrearse de manera meticulosa y precisa para dar cuenta de su despotismo, su burocratismo, su dogmatismo y su sectarismo.

Más cerca de nosotros (Nuestra América), el “pelotón sectario” podría dejar de propagar las tesis dogmáticas del pensamiento único de izquierda, llevarnos al callejón sin salida del estalinismo disfrazado de retórica espiritualista. Los auténticos paralizadores son los que nos recitan el calco y copia del siglo XX, el servilismo ideológico a la revolución rusa ó a la revolución cubana.

8.- El bloqueo revolucionario está relacionado con que no podrá atacarse el reformismo desde el dogmatismo y el sectarismo:

Ciertamente el “reformismo” habita en los entretelones del proceso, pero también habita el más atroz y arcaico “sectarismo”, el “dogmatismo” de las vanguardias auto-proclamadas. Si queremos definiciones, estamos sólo en los primeros pasos de una transición hacia nuevos figuras de socialismo que requiere de imaginario crítico radical; y no doctrina fósil y dogma estéril.

El socialismo ni cae del cielo ni se decreta. No es producto de la voluntad individual de un héroe ni de una “gran personalidad histórica”, llámese como se llame. El momento decisivo de la batalla es la cotidianidad de la edificación del nuevo socialismo por parte de grandes grupos humanos, por la acción colectiva revolucionaria. La profundización de la revolución no se hace en clave de encajonarse en los parámetros del socialismo real del siglo XX. Por ejemplo: no pueden confundirse las nacionalizaciones con las socializaciones, disipando la autonomía de las clases trabajadoras que no ejercen efectivamente el control directo y democrático de la propiedad colectiva en el sector de economía bajo régimen de propiedad social directa. Tampoco puede proyectarse una idea reaccionaria, tributaria de la sociología funcionalista que concibe la integración social por la vía del estatismo y el rol positivo de una burocracia reaccionaria (¿?). Tampoco puede proyectarse la tesis carcomida del sistema político de partido-único, olvidando la existencia de una pluralidad de fuerzas y corrientes revolucionarias. No puede confundirse la acción cultural por la libertad con una moral de rebaño que apela a la más burda servidumbre voluntaria, típica del colectivismo autoritario.

El socialismo burocrático no ha funcionado sino como modelo de campo de concentración, como dispositivo de vigilancia y control despótico, así los límites de sus murallas imaginarias, sean comprendidos bajo las fronteras del mar de la felicidad. No nos hagamos los locos, dejémonos de servilismos.

9.- La centralidad estratégica de la democracia socialista:

Agregamos, la revolución en el siglo XXI si es posible como revolución democrática, socialista, ecológica y descolonizadora. De allí la centralidad estratégica de la democracia socialista. Lucha contra la explotación del trabajo, contra la coerción política, contra la hegemonía ideológica, contra la exclusión social, contra la segregación, discriminación y negación cultural.

La temeridad en circunstancias de bloqueo histórico de la revolución es el sectarismo, el doctrinarismo y el dogmatismo de la izquierda grupuscular, las malas opciones nos permiten afirmar con afectos alegres: no queremos ni socialdemocracia-reformista ni estalinismo-ramplón, hacen falta construir la democracia radical de los consejos del poder popular, sin necesidad de derrumbar la soberanía popular directa y el poder constituyente de la multitud.

Rechazamos el Estatismo, como lo rechazó Marx en todo momento, apostamos por lo que Gramsci denominó el horizonte de la “Sociedad Regulada”. Atacamos el caudillismo, el culto a la personalidad y cualquier mitología bonapartista/cesarista de bajo vuelo. Lo repetimos, no hay revolución sin acción de multitudes, sin agencia colectiva, sin fuerzas sociales y políticas en proceso de liberación.

Contra-revolucionario es hoy hacer gala de dogmatismo y sectarismo desde un “pelotón grupuscular”, desde la “propaganda bancaria”. Contra-revolución hoy es la micro-fracción y decadencia, el envejecimiento y la fosilización. ¿Definiciones? Sigamos.

Se precisa ojear la excelente compilación de Renán Vega: “Marx y el siglo XXI. Una defensa de la historia y del Socialismo”, para dar cuenta de cómo el “marxismo crítico latinoamericano” no tiene nada que ver con los nostálgicas imposiciones de la III internacional comunista, ó las pretensiones hegemónicas de fracciones de la dirección de la propia revolución cubana. No hay nada más decadente que la unilateralidad impositiva en cuestiones ideológicas implicadas en los procesos de “autodeterminación nacional”. El “internacionalismo revolucionario” pasa por el respeto a las vías nacionales y específicas de socialismo democrático y revolucionario en el siglo XXI.

10.- ¿Dónde está el pensamiento contra-hegemónico e insurgente de la revolución?

No podemos pedirle a la miopía intelectual de cualquier grupúsculo o “pelotón sectario” que aborden con espíritu radicalmente crítico, con dosis de multiplicidad y complejidad, la obra abierta, inconclusa y revolucionaria de Carlos Marx, que aborden sus implicaciones para el siglo XXI nuestro-americano. Mucho menos, exhortarles a ir más allá de Marx: para transitar del pensamiento crítico y abierto de aquel barbudo alemán, a figuras diversas de teoría crítica radical. En el plano del pensamiento insurgente, no hay concesiones a disfraces del Diamat-Hismat en clave de aparato intelectual. No queremos nuevos inquisidores y sicofantes de la “teoría revolucionaria” correcta, de la “línea política” correcta, del “dogma, la fe y la creencia” correcta.

El “revisionismo” y el “reformismo”, según las viejas fórmulas terminológicas y liturgias filo-estalinistas, eran rotulados como un producto intelectual contra-revolucionario. Ciertamente, habrá que estar vigilantes al reformismo, cuando las reformas no conduzcan a crear condiciones revolucionarias, pero más vigilantes hay que estar cuando las supuestas “medidas revolucionarias” contribuyan al reflujo popular y al avance de la fuerzas imperialistas y de la derecha en el país.

La patética historia de la decadencia del pensamiento crítico y la acción revolucionaria (y sobremanera, del “pensamiento crítico marxiano” en Venezuela) es la condición de posibilidad del dogmatismo y el sectarismo de izquierda. Una izquierda grupuscular que bebió exclusivamente para su formación ideológica y teórica del “marxismo soviético”, ofrece una patética y simplificada visión de Marx y de la reflexión revolucionaria; y sobretodo, del debate contemporáneo en los nodos intelectuales más significativos para recrear formas de pensamiento contra-hegemónicos desde el Sur, reconociendo de entrada la diversidad de posiciones y lugares de reflexión-acción anticapitalistas.

11.- ¿Importaremos viejos Manuales-URSS para “calcar y copiar”?

Si las fuentes autorizadas son las lecturas que desde la revolución cubana (incluyendo al propio Fidel y al Che, cuando no cierta sensibilidad análoga a aquella corriente de Aníbal Escalante y las micro-fracciones) se asimilaron de los afamados Manuales de la URSS (Konstantinov, Rosental, Iudin, Kuusinen, Y. A. Arbátov, A. S. Beliakov, Rosental y P. N. Fedoséiev, Afanasiev & CIA), entonces el resultado es previsible. Para no ir muy lejos, la crítica burocrática al dogmatismo será elaborada en clave dogmática (Ver como ejemplo: Rosental-Iudin; Diccionario Soviético de Filosofía-1965):

“Dogmatismo: Término que posee diferentes significados. En filosofía y ciencia, designa un procedimiento del pensar que opera con conceptos y fórmulas invariables, sin tomar en consideración las condiciones concretas de lugar y tiempo, o sea, haciendo caso omiso del principio que afirma el carácter concreto de la verdad. La aparición del dogmatismo está unida al desarrollo de las representaciones religiosas, a la exigencia de que se acepten por la fe los dogmas de la Iglesia, establecidos en calidad de verdad indiscutible, no sujetos a crítica y obligatorios para todos los creyentes. Los partidarios del escepticismo grecorromano, incluían en el dogmatismo toda doctrina positiva acerca del mundo. En la Época Moderna, Kant llamó «dogmática» la filosofía racionalista desde Descartes hasta Christian Wolff y le contrapuso su criticismo. En la filosofía moderna, el dogmatismo está unido a las concepciones anti-dialécticas que niegan la idea de la variabilidad y del desarrollo del mundo, y también a la sociología burguesa que se manifiesta contra la teoría marxista relativa al desarrollo de la sociedad y la transformación revolucionaria de la realidad. En la vida política, el dogmatismo conduce al sectarismo, al abandono del marxismo creador, al subjetivismo, a no tomar en consideración la práctica. En las condiciones de nuestros días, el dogmatismo, junto con el revisionismo, constituye un gran peligro para el movimiento obrero internacional. Los partidarios del dogmatismo se manifiestan contra la política de la coexistencia pacífica, no reconocen las vías pacíficas (en ciertas condiciones), del paso, al socialismo, la necesidad de restablecer las normas leninistas en la vida interna del partido, etc.”

¿Abandono del marxismo creador? ¡Cinismo!. Primer punto a considerar. Si llamar al pensamiento crítico y creativo sólo “marxista-leninista” es condición de imposibilidad de una expresión radicalmente creativa y crítica del pensamiento revolucionario. Sigamos.

“El sectarismo tiene su base ideológica, en el subjetivismo, o sea, en la concepción idealista y burguesa del mundo, aquella que pretende hacer creer que las ideas no nacen de la práctica social sino que tienen vida propia, independiente de la práctica de los seres humanos. En el sectarismo se manifiesta el deseo de aislarse de las amplias masas, de resolverlo todo a través de un grupo, una secta o un clan de escogidos. Es una expresión de extremo individualismo y de desprecio, desconfianza y temor a las masas del pueblo. Es una tendencia propia de las clases explotadoras. A través, de la historia, la burguesía ha recurrido a toda clase de organizaciones sectarias, como logias, hermandades, sociedades secretas, grupos terroristas, conciliábulos, etc., para alcanzar sus fines políticos y defender sus intereses de grupo.”

Muchas críticas al individualismo, al egoísmo, a la fragmentación se hacen desde la tesis del desprecio, desconfianza y temor a lo que los maoístas llamaron las “masas populares”. ¿Dijo usted pueblo? Para la “vanguardia auto-designada”, pueblo es reformismo, dividiéndolo en pueblo-ignorante (manipulado por la ideología dominante) y pueblo-revolucionario (el que piensa como el “clan de elegidos”); la micro-fracción revolucionaria(el “pelotón sectario”), define entonces a el “mal-pueblo” del “buen-pueblo”. Como todo buen pastor, edifica y domestica a su rebaño.

La enfermedad senil del vanguardismo es parte de este subjetivismo, combinado con la racionalización terminológica de representaciones religiosas, con la exigencia de que se acepten por fe los dogmas de la nueva iglesia, un espíritu de claustro establecido en calidad de verdad indiscutible, no sujeto a crítica y obligatorio para todos los creyentes. Se trata del vanguardismo-iglesia, o con mayor rigor de la combinación explosiva de dogmatismo con sectarismo, con sus sacerdotes, escribas, figuras totémicas y tabúes.

Reza el Manual: “El sectarismo se basa en un criterio dogmático hacia determinadas tesis y fórmulas teóricas, en las que se quiere encontrar solución a toda clase de problemas de la vida política. En vez de estudiar la vida tal cual es, los dogmáticos parten de un esquema, y si los hechos no se acomodan a él, prescinden de los hechos. El dogmatismo significa el divorcio de la realidad, y el Partido, si no lo combate, se convierte en una secta apartada de la vida. Los deseos de aferrarse al día de ayer, a una política y unas formas orgánicas que no responden a las nuevas condiciones, significan de hecho, como Lenin dijo, "una política de inacción revolucionaria... "(V. I. Lenin, Obras, ed. cit., t. XVI, pág. 84.)

“Lo principal en él es el divorcio que se establece con las masas, el desprecio de las posibilidades existentes para el trabajo revolucionario, la tendencia a evadir los problemas candentes que la vida presenta. Si el revisionismo trata de conciliar al Partido con el capitalismo, el sectarismo le priva de los vínculos con las masas, sin los cuales el éxito en la lucha contra el capitalismo es imposible. Por ello no se puede robustecer al Partido sin combatir el sectarismo, cualquiera que sea la forma en que se manifieste.”

12.- Hay una conciencia del deber social que huele a contrabando ideológico:

Nuestro “pelotón sectario” ha diseminando como “psicología de masas para consumo de desprevenidos” el uso y abuso de la manida frase de “conciencia del deber social” sin hacer referencia a su inscripción en el universo del discurso del llamado “Código moral del constructor del comunismo” (y tal vez de allí la leyó el mismísimo “Che”), formulado en el Programa del PCUS (XXII Congreso 1961), como reza el dogma: “(…) enuncia los principios fundamentales por los que debe guiarse el hombre que edifica la sociedad comunista. Como hemos dicho, la moral comunista está supeditada a los intereses de la lucha de clase de los obreros. Su contenido y objetivo es la lucha por el reforzamiento y culminación del comunismo. Desde su punto de vista, la conducta del hombre es moral si contribuye al avance de la sociedad hacia el comunismo, y es amoral si obstruye este avance. Por consiguiente, la lucha por la nueva sociedad es tanto la finalidad principal de la moral comunista como el criterio de la apreciación moral, criterio científico, objetivo, que expresa la tendencia objetiva del desarrollo de la humanidad. El código moral explana el contenido de la moral comunista, sintetizando los adelantos del progreso ético de la humanidad y, en primer lugar, los mejores rasgos del comportamiento del hombre en el proceso de construcción del socialismo y el comunismo. Incluye los siguientes principios éticos fundamentales:

• Fidelidad a la causa del comunismo y amor a la Patria socialista.
• Trabajo concienzudo en bien de la sociedad; quien no trabaja no come.
• Solicitud de cada individuo por la conservación y multiplicación del patrimonio público.
• Alta conciencia del deber social, intolerancia para con las infracciones de los intereses sociales.
• Colectivismo y ayuda mutua de camaradas; uno para todos y todos para uno.
• Actitud humana y respeto recíproco entre los individuos: el hombre es amigo, camarada y hermano de sus semejantes.
• Honradez y sinceridad, pureza moral, sencillez y modestia en la vida pública y privada.
• Respeto recíproco en la familia y desvelo por la educación de los hijos.
• Intolerancia para con la injusticia, el parasitismo, la falta de honradez, el arribismo y el afán de lucro.
• Amistad y fraternidad entre todos los pueblos de la URSS, intolerancia para con la enemistad nacional y racial.
• Intolerancia para con los enemigos del comunismo, de la paz y de la libertad de los pueblos.
• Solidaridad fraternal con los trabajadores de todos los países, con todos los pueblos.

Estos principios determinan las normas de comportamiento de los hombres en la sociedad socialista, sus conceptos de lo bueno y malo, lo honesto e ímprobo, lo justo e injusto.” (Afanasiev; 219)

Este es el contrabando ideológico de la nueva definición socialista: las “grandes verdades universales” de los Manuales Soviéticos, la forma de captar el dogmatismo y el sectarismo, desde las mismas limitaciones o restricciones de la verdad del dogma y de la secta.

¿Quiénes están llevando a cabo estos farragosos contrabandos ideológicos que traducen una verborrea filo-estalinista? ¿Estás contribuyendo efectivamente al avance de un proceso revolucionario inédito, como el que se ha perfilado en algunos momentos en Venezuela?

El dogmatismo y el sectarismo pretenden arrinconar la reflexión radicalmente crítica y la autonomía política e ideológica de los sectores populares, en nombre de un “oficialismo” que en realidad es el aroma espiritual de la “nomenclatura”.

Frente a una variante de marxismo burocrático, que es simple racionalización de los imperativos de los privilegios y el poder político de una “nueva clase en proceso de consolidación”, es imprescindible no olvidar los dardos venenosos del propio Marx hacia toda veneración supersticiosa del Estado y sus burócratas de turno. Pues el marxismo crítico se hunde en la decadencia en el mismo momento en que se transforma en un dogma análogo a una religión secular.

Como advirtió alguna vez el actual presidente montonero de Uruguay, Pepe Mujica: "El problema de la unidad de la izquierda, del sectarismo, vieja enfermedad que acompaña a la izquierda, a lo largo y a lo ancho de su vida arriba del planeta". O como advirtió en la polémica temprana de la vida cultural durante la revolución cubana: “El culto a la personalidad no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”. (Jorge Fraga en polémica con Mirta Aguirre, sobre el realismo socialista en el cine cubano-1963) O como nos ha advertido Atilio Borón ante la derrota del frente para la victoria en Buenos aires: “Mientras el oficialismo nacional hacía gala de un discurso que invocaba al pluralismo y la amplitud de miras, su práctica era de una cerril intransigencia (…) una visión estrecha, mezquina, egoísta y a la larga suicida.”

Habrá que volver a leer al Che de 1962 cuando señaló que: “Si, nosotros también desorientados por el fenómeno del sectarismo, no alcanzábamos a recibir del pueblo su voz que es la voz más sabia y orientadora, no alcanzábamos a recibir las palpitaciones del pueblo para poder transformarlas en ideas concretas, en directivas precisa”. (Che Guevara. Discurso 20-10-1962. Acto de conmemoración del II aniversario de la unificación del movimiento juvenil cubano)

13.- La “razón amorosa” puede encerrar una clave sectaria cuando se carga de hostilidad:

Tendríamos que estar vigilantes al sectarismo y al dogmatismo frente a una clara advertencias de Freud en el “Malestar en la Cultura”: “Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes.” O aquella otra que plantea: “Una vez que el apóstol Pablo hubo hecho del amor universal por la Humanidad el fundamento de la comunidad cristiana, surgió como consecuencia ineludible la más extrema intolerancia del cristianismo frente a los gentiles”.

O volver a discutir aquella inquietud de Freud: “(…) nos parece harto comprensible el que la tentativa de instaurar en Rusia una nueva cultura comunista recurra a la persecución de los burgueses como apoyo psicológico. Pero nos preguntamos preocupados, qué harán los soviets una vez que hayan exterminado totalmente a sus burgueses.”

Frente a los prejuicios conservadores de Freud, hay que recordar a Wilheim Reich cuando analizando la realidad de porqué las personas no somos capaces, a veces, de asumir la libertad que en momentos determinados se abre, habló de los dos motivos que llevaron a las revoluciones al fracaso:

a.-La incapacidad de los líderes y gobernantes de facilitar a la masa la toma de responsabilidades propias y el uso de su propia gestión de la vida cotidiana, es decir, la negación de la autogestión.
b.-La propia incapacidad de cada persona para asumir esa libertad que puede ser recuperada en un momento determinado. No hay capacidad de responsabilidad ni de compromiso porque los límites de la coraza de carácter imponen una forma de percibir la realidad, una dinámica condicionada por la zona oscura inconsciente y por los impulsos reprimidos, que impiden muchas veces el ir hacia donde queremos y nos desvían hacia un camino en el que nos vemos envueltos en una confusión que nos separa de los objetivos iniciales.

14.- Amar sin responsabilidad ni libertad puede convertirse en la enfermedad de masas del sectarismo: odiar al diferente, el canibalismo político del otro.

Reich escribía: “El dictador fascista declara que las masas son biológicamente inferiores, ávidas de autoridad, es decir que en el fondo son esclavas por naturaleza, y que por eso la única posibilidad de gobernarlas es un régimen totalitario y dictatorial. Conocen muy bien esta enfermedad de las masas. [....] Por otra parte, los dirigentes formalmente democráticos cometieron el error de considerar como un hecho, la capacidad de libertad de las masas, con lo cual se privaron de toda capacidad de establecer la capacidad de libertad y auto-responsabilidad de las masas mientras estuvieron en el poder.”

La incapacidad de las masas para ser libres, no puede ser absoluta, inmutable e innata -como hace el misticismo radical-, sino una consecuencia de condiciones de vida sociales y, por tanto, modificables. De aquí se desprenden dos tareas importantes:

• La elaboración y el establecimiento de las formas bajo las que se manifiesta la incapacidad de libertad de los hombres.
• La elaboración de las herramientas médicas, pedagógicas y sociales para establecer la capacidad de libertad de modo cada vez más profundo y extenso."

La democracia socialista pasa por la subjetividad en proceso de liberación, por la autodeterminación y auto-gestión de nuestras propias vidas en un clima abierto de responsabilidad y libertad. No deseamos ninguna servidumbre voluntaria. Requerimos si de nuevos afectos alegres y enunciaciones que potencien los espacios de libertad real para todos y todas. Habrá que volver al himno original de la Internacional (Pottier):

“No hay salvadores supremos: ¡Ni Dios, ni César, ni tribuno, Productores, salvémonos nosotros mismos! ¡Decretemos el bien común!” (Il n'est pas de sauveurs suprêmes: ¡Ni Dieu, ni César, ni tribun, Producteurs, sauvons-nous nous-mêmes ! ¡Décrétons le salut commun!)

¿Definiciones? Democracia Socialista, Si; Socialismo Burocrático, No.