martes, 17 de septiembre de 2013

LOS RASPA-OLLAS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Javier Biardeau R.
No cuesta mucho hilar los acontecimientos que se desataron en diferentes ámbitos tras la fatal recaída del Presidente Chávez (luego de entregarse en cuerpo y alma a la campaña electoral que lo llevo a la victoria del 7 de octubre del año 2012). Apareció un prototipo-humano que le importa poco el “país” y que prefiere optar por la ambición desmedida ante las circunstancias sobrevenidas: el raspa olla.
Las informaciones privilegiadas de aquellos sectores que han conformado históricamente un multifacético segmento de acumuladores delictivos de Capital (Federico Brito Figueroa dixit), los colocaron en una objetiva posición de ventaja dada la “asimetría de información” para lanzarse a una nueva aventura de rapiña, saqueo y piratería sobre el dinero-renta petrolera que merece ser utilizado para crear prosperidad y bienestar para todo el pueblo venezolano. Pero engordaron los bolsillos particulares.
Al parecer, estamos en un caso bastante patético de acumulación por desposesión (David Harvey dixit); es decir, utilizar todos los métodos de saqueo propios de la acumulación originaria de Capital (Marx dixit), para mantener, reproducir y oxigenar la racionalidad histórica inmanente del sistema capitalista y de sus actores de reparto: “dueños del circo, capataces y payasos”.
Porque en esta novela hay protagonistas y actores de reparto, y la famosa individualización de responsabilidades que se utiliza en la lógica jurídica se enfrenta a una cadena de complicidades en el sistema nacional de la corrupción institucionalizada.
No es la primera vez en nuestra historia que se utiliza como punto de arranque la captura y apropiación del ingreso fiscal petrolero de todos los venezolanos y venezolanas para engordar los bolsillos de la burguesía parasitaria: llámese “amarilla” o “roja-rojita”. Este es el sacrosanto misterio que motiva no publicar la lista del SITME del año 2012.
Se trata de un capítulo más de la telenovela del Viernes Negro y de RECADI, donde la devaluación, la inflación y la fuga de capitales, se atan para enriquecer a pocos y empobrecer a muchos. El problema es que esos pocos han creado un sistema de complicidades donde se mojan los intereses políticos de aquí y de allá: “Elemental, mi querido Watson.”
Y el pronóstico es negativo: no caerán peces gordos ni dueños del circo, sino tontos útiles y víctimas propiciatorias para calmar a las tribunas. Habrá muchos potes de humo. Es decir, payasos y más payasos. Nada de dueños de circo. Pues el circo financia la política. Los negocios controlan la política, Como decía Marx, en el capitalismo: “(…) el gobierno del estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa”. ¿Cuáles son los negocios comunes de la clase dominante? Un solo lema: ¡Acumulado, acumulad…como sea acumulad! Y en el contexto del rentismo-extractivista (exportación de materias primas), la acumulación por desposesión toma amplio relieve.
En el contexto de la crisis capitalista mundial, la acumulación por desposesión tiene por objetivo mantener el sistema actual, repercutiendo en los sectores empobrecidos la crisis de sobreacumulación del capital. Es decir, hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos. Existen al menos cuatro prácticas que caracterizan la acumulación por desposesión, principalmente: la privatización, la financiarización, la gestión y manipulación de las crisis y redistribuciones estatales de la renta hacia la “oligarquía del dinero”. 
Ya la crisis bancaria del año 2009 anunciaba los perfiles del charco político-financiero, dando cuenta del peligroso maridaje entre el Capitalismo de Estado y las fracciones del capital comercial-financiero. A la burguesía parasitaria le conviene obviamente el uso demagógico (el mareo ideológico) de la palabra “socialismo”, solo para obtener riquezas, prebendas y privilegios. 
Si el “socialismo” es simplemente un recurso retórico para “marear rebaños electorales”, entonces la revolución bolivariana está atrapada en tres campos minados: a) el campo minado del Capitalismo de Estado, por una parte, una matriz desarrollista-populista de carácter neo-adeco; b) el campo minado de los doctrinarios del socialismo burocrático, cuya matriz es una extraña mezcolanza entre el estalinismo más ramplón, y el seguidismo ideológico-político a las nostalgias heroicas la revolución cubana; c) la tercera matriz es más profunda, es el mantenimiento del saqueo, pillaje y robo del ingreso fiscal petrolero para engordar los bolsillos de las personificaciones concretas del Capital, de aquellos sectores que apelan a aquel personaje del cómico “Joselo” cuando volteaba el cuadro del circunstancial “jefe de estado y partido de turno”, pues podía ser adeco o copeyano (¡qué más da!) si lo importante era mantener el “negociado”: acumulad, acumulad…como sea acumulad…
En otro contexto (URSS), la conversión del Partido-Estado soviético en Capitalismo de mafias (de camarillas políticas a mafias económicas), cuyo origen fue el traspaso del control de los activos estatales desde los miembros de la alta burocracia del estado soviético, altos funcionarios del partido, altos cuadros del estamento militar, policial, junto a sus servicios de inteligencia a los nuevos capitanes de la privatización, la financiarización, la gestión de las crisis y la redistribuciones de la renta hacia una nueva fracción de la “oligarquía del dinero”. ¿Y dónde están los anteriores camaradas miembros del extinto PCUS? En la “nueva clase capitalista rusa”.
Por tanto, es tan peligrosa para la revolución la existencia de la “burguesía amarilla” como la existencia de la llamada “boli-burguesía” (http://www.aporrea.org/ideologia/a43649.html), obviamente si se trata de una “revolución”. Porque un gobierno neo-populista puede ser funcional a los intereses de los nuevos grupos económicos de poder y sus gestores o padrinos políticos. De manera que la condición de posibilidad de este tipo de corrupción es la corrupción ético-política (Dussel dixit).
Sería profundamente ruinoso para la revolución bolivariana, que todo este debate sobre “la corrupción” se rodee de un clima de impunidad ante casos concretos de malversación o corrupción de cuello “amarillo” o “rojo-rojito”, generando ambientes de complicidad, pues lo que está en juego es la propia fibra ético-cultural, moral, del proceso iniciado como una corriente de lucha contra la corrupción desde sus orígenes aquel 4 de febrero de 1992. Y está siendo ruinoso. Los “raspa ollas” montan también sus tinglados para las elecciones de alcaldías: nuevo circo político-electoral si no se ataca a fondo la corrupción. 
Decíamos en otros artículos que era conveniente referirse a los trabajos de Domingo Alberto Rangel (DAR) quién señalaba (en artículos en el año 2006 como Correo del Caroní y El Carabobeño): “En la Europa clásica, la burguesía creaba al Estado, aquí en Venezuela el Estado crea a la burguesía. Desde 1900 hasta el día de hoy, cada fracción burguesa surgida en los horizontes sociales de nuestro país ha sido obra del Estado”. 
Domingo Alberto Rangel planteaba que bajo un Estado opulento, corrompido y caprichoso, podía convertirse en doce horas que necesita la luz de los cielos para alternar con las sombras, a un "peladito cantinflesco" en un “personaje aristocrático”. Desde hace cien años los sucesivos cabecillas de nuestra oligarquía han sido producidos por una incubadora milagrosa: la Tesorería Nacional. Es decir, son creación tipo Frankestein del presupuesto nacional.
Decía DAR el 20 de abril de 2006 (Correo del Caroní)). “La oligarquía bolivariana es el más reciente brote de la vieja plantación burocrática venezolana”. De manera que a la oligarquía histórica, se le agregan nuevos grupos privilegiados. Para DAR, “La celeridad en la creación de esa oligarquía se explica por la coincidencia de tres factores en el régimen bolivariano. El primero, la abundancia fiscal que comenzó en 1999, cuando Chávez encontró el petróleo en nueve dólares el barril y de inmediato vino la racha alcista que luego lo colocaría en sesenta y dos dólares y que, aunque atenuada, aún dura. Es cierto que los cincuenta dólares de hoy, reducidos a monedas de igual paridad, resultan muy inferiores a los de 1980, pero es evidente o innegable que a Chávez le ha correspondido una mejor experiencia de precios petroleros que a Caldera o al segundo período de Pérez. De todas maneras, la economía petrolera ha vivido un lapso de prosperidad que se traduce en abundancia fiscal. El segundo factor que ha propiciado el enriquecimiento acelerado de algunos cabecillas del oficialismo, es el descaro de clase. Entiendo por descaro de clase aquella ligereza moral, aquella desenvoltura rapaz que caracteriza a los plebeyos cuando de súbito cambia su suerte en la vida. En el fondo de todo plebeyo hay un trepador, o mejor, todo plebeyo es un trepador. El oficialismo se ha formado de plebeyos que en el sistema político o en los cuerpos militares veían con codicia, pero con frustración, el festín que saciaban adecos y copeyanos. (…) El tercer factor es la tolerancia, casi alcahuetería, diríamos, con que Venezuela siempre toleró y hasta aplaudió a los ladrones de su Tesoro Nacional. ¿Acaso no fue popular Páez que pasó de peón de sabana a latifundista por la hazaña de su lanza? ¿Y Guzmán, Crespo y Panchito Alcántara, no gozaron las mieles del prestigio popular? Un caudillo que robe siendo plebeyo y que siga conservando su cultura de plebeyo es algo que embelesa a los venezolanos.” 
En el tono de DAR se transpiraba cierta fatalidad cultural: “Un caudillo que robe siendo plebeyo y que siga conservando su cultura de plebeyo es algo que embelesa a los venezolanos”. Viniendo de un ex ADECO era comprensible que nos recordara como la subcultura de la adequidad había construido la figura del “corrupto igualitario”: roba, pero deja robar. ¡Ay compadre, no me des, ponme donde haiga! El asunto es que la “corrupción igualitaria” es la base de sustentación de la pirámide de “corrupción de cuello blanco”, construyendo lealtades y complicidades: ¿Quién manda aquí? ¿Quién es el chivo que más mea? Como diría Briceño Guerrero en la corrupción se entremezclan los discursos salvajes, mantuanos y de la Europa segunda. Rencores inveterados, jerarquías señoriales, compadrazgos, padrinazgos y todo para acumular, acumular, acumular…
No se trata de levantar un discurso moralista sobre la corrupción, pues como diría Maquiavelo tiene usos no tan santos y eficaces para alcanzar, mantener y aumentar el poder. Pero la corrupción del poder puede atentar contra el propio poder. It is the cuestion. Por eso, los poderosos se lanzan a atacar a la corrupción, buscando un saldo político de legitimidad. Algunos como bandera, otros para capturar algunos payasos, pero ¿Se quiere desmontar el circo? ¿Se quiere atacar de raíz la corrupción? Lo dudo. En el capitalismo realmente existente y en el socialismo burocrático la corrupción siguió campeando porque la raíz está en la máxima: acumulad, acumulad, como sea, acumulad. Y mientras sea acumulad, y existan poderosos incentivos institucionales para hacerlo con medios poco honestos, se mantendrá el sistema nacional de corrupción. No es casual que DAR escribiera un texto bajo el título: ¡Aquí quien manda es el hampa! El hamponato de los raspa ollas es parte del país podrido. Rafael Pocaterra hubiese encontrado mejores personajes en la picaresca contemporánea para escribir un nueva versión de “Memorias de un Venezolano en una época de decadencia”. ¿Huele a decadencia? Digamos que es un elemento del cuadro de contradicciones. NO todo está perdido, se anuncian tempestades…
De manera que al leer el artículo de Luis Brito García llamado “cajas negras” (http://www.aporrea.org/actualidad/a168600.html) uno queda con el sinsabor de si se trata de mezclar un mazo de cartas para que no exista ni orden ni concierto (¿Cuarta república o Quinta república?) o a apuntar directamente a la raíz del problema (continuidad de la cuarta en la quinta república). Obviamente es mi confusión:
“Remedo de las Manos Muertas son las Cajas Negras, en las cuales todo entra y nada sale, o viceversa. Como decía Bolívar, el crimen trabaja en la sombra. Para ir entrando en materia, recordemos que en 1973 subieron los precios del petróleo, el ingreso público aumentó cuatro veces, y en lugar de registrarlo en el Presupuesto, Carlos Andrés Pérez decidió ocultarlo en un Fondo de Inversiones, de donde se esfumó sin que nadie supiera cómo. Paralelamente, todos los funcionarios e instituciones se dedicaron a incrementar otra Caja Negra, la Deuda Pública cuyo monto nadie conocía, hasta que los acreedores aumentaron unilateralmente los intereses, y desde entonces vivimos contrayendo Deuda Pública para pagar la Deuda Pública. Las estrellas que van a morir revientan en una Nova; las Cajas Negras se despiden con una Explosión Social.”

Primera alerta: circulo vicioso del endeudamiento, medidas de ajuste neoliberal y estallido social. ¿País rico o país pobre? ¿País pobre o pobre país? Lamento del discurso salvaje o necesidad de utopías revolucionarias para voltear el desorden existente, un nuevo pachakuti, en medio de las huestes caribes. ¿Quién sabe?

“Recordemos la PDVSA de la Cuarta República, cuyo director Luis Giusti 
declaró que la empresa que manejaba la principal riqueza de la 
República, no rendía cuentas porque “no había interés” en saber lo 
que pasaba adentro. Sí que lo había, y el intento de saberlo costó un 
golpe de Estado, un cierre patronal y un sabotaje petrolero que 
reportaron para Venezuela pérdidas de más de 15.000 millones de 
dólares. Mientras más se tarda en abrir una Caja Negra, más cuesta.”

Segunda alerta: ¿Seguirán siendo las cuentas de la PDVSA en la Quinta República ahora “bolivariana, antiimperialista, socialista y chavista” unas cuentas in-auditables para la contraloría social? Pues sí: “mientras más se tarda en abrir una caja negra, más cuesta.”

“Lo primero que la Estrella Negra deja de emitir es luz; lo primero que 
deja de presentar la Caja Negra son cuentas. Hacia 2006 el ministro 
del Trabajo me confió que no había una sola cooperativa que se pudiera 
considerar exitosa o modélica. Conocí muchos ejemplos. Entregado el 
dinero por el gobierno, el sabio administrador encontraba forma de 
invertirlo en camionetones o en ruinosos contratos que transferían 
todo a parientes o amigos. El efectivo siguió desvaneciéndose sin 
controles ni sanciones ni resultados. Igual mecanismo facilitó la 
desaparición en importaciones ficticias de más de 20.000 millones de 
dólares otorgados por el Sistema de Transacciones en Moneda Extranjera 
(SITME). La conducta que es recompensada tiende a repetirse.”

¿Dijo usted 20.000 millones de dólares del SITME? ¿Uno se pregunta si existe una verdadera indignación nacional ante semejante cifra? Pues no, el proceso de des-sensibilización progresiva propio del olvido selectivo ha generado la naturalización de eso que es sencillamente “indiferente”: ¡Me sabe a casabe! Los indignados son de España, aquí hay dignificados indiferentes.

El Presidente Maduro tiene toda la razón cuando advierte “La corrupción se va a tragar a la patria si no se le hace frente”. Los opinadores de oposición le replican: ¡Tarde piaste, pajarito! ¿Te habló el pajarito?

De manera que si “Todo corrupto es antichavista, es capitalista así se ponga una boina roja”, entonces la tarea es en extremo delicada y complicada, pues una cosa es un tumor encapsulado y otra una metástasis en todo el cuerpo social. ¿Quién tiene el verdadero diagnóstico para aplicar el mejor tratamiento? Se buscan expertos con alta eficacia en la cura, nada de yerbateros de poca credibilidad entre sanaciones comprobables. ¿O sí? ¿Aspiramos a un Milagro?

El Ministro Giordani públicamente reprochó el mal uso del Sitme por parte de empresarios. Eso apareció en los titulares de la prensa escrita, y reaparece en algunos recuadros cada vez más chiquitos de la prensa. Y desapareció luego por arte de magia. Fue tragado por un agujero negro que se llama el uso político del olvido selectivo. Cada 30 años nos lavan la memoria: ¡Aquí no ha pasado nada, es hora de inventar la rueda y el agua tibia! Socialismo sin memoria, capitalismo sin memoria, fascismo sin memoria, la rueca gira y gira, la molienda de carne humana devora las posibilidades.

El ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, señaló en aquel momento que el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), "fue una cobija para los banqueros venezolanos, y por esa razón fue eliminado". Las declaraciones fueron realizadas en el contexto de la presentación de su libro “Memorias de lo cotidiano” en Filven 2013, que se celebró en el Teatro Teresa Carreño.

Mi abuela decía que uno se arropa hasta donde llega la cobija, pero la cobija de los banqueros aún no sabemos que dimensiones tenía…o tiene.

También Giordani reprochó la creación de un sistema alternativo de divisas, al comentar que "ahora piensan en un sistema alternativo a ver si se siguen llevando los reales". Esta frase no debe olvidarse selectivamente: “Se siguen llevando los reales”, pues con el Sitme la fuga de capitales engordo las cuentas de algunos raspa olla en el exterior: "(…) se fueron del país más de 5 mil millones de dólares".

Eduardo Galeano nos ayuda a mantener esa nostalgia por lo que se llevaron, a ese “saqueo de los banqueros” no le sigue ninguna orden de “disparen a matar” como aquel 27 de febrero de 1989, más bien hasta indultos bajo cuerdas salen, entretelones, pillerías jurídicas. ¿Cómo puede hablarse de revolución si todavía la oposición canta a Yordano “Por estas calles”? Ciertamente, son manipulaciones del imperio, pero el síntoma es la manifestación de una enfermedad. El Imperio manipula síntomas, ¿Quién cura las enfermedades?

Comentaba Giordani que las importaciones durante 2012 ascendieron a 59 mil millones de dólares, e indicó que "por supuesto que necesitamos (las importaciones), pero la inflación se combate con la producción nacional". Volvemos de un plumazo a Alberto Adriani. ¿La modernización capitalista venezolana del siglo XX ha sido un esfuerzo trunco y en gran medida marcado por frustraciones? ¿Quién capitaliza la renta petrolera? ¿Las fracciones de la oligarquía del dinero o el pueblo?

Por otra parte, Giordani señaló que la economía venezolana "podría manejarse bien entre 40 y 50 mil millones de dólares", ampliando su cálculo de entre 35 y 40 mil millones de dólares anunciado en años anteriores. 
"El sector privado nacional sólo produjo 3 mil millones de dólares por exportaciones. Qué clase burguesía es esa. Es parásita. Les damos dólares y no exportan nada".

Sin embargo, ¿Por qué interpelar a la burguesía? ¿Cuándo vamos a construir el socialismo sin burguesía? ¿O es que es con burguesía exportadora, importadora o parásita que se construye el socialismo? Sobran dudas.

¿De cuál socialismo me estás hablando?, me regaña un trotskista. Yo lo mando a leer a Briceño Guerrero, como para decirle: Ni los bolcheviques ni los mencheviques entendieron a nuestros chequeviches…es decir a los raspi´ cueros de los que hablaba Betancourt, los raspa ollas de aquí y de allá.

¿Y quién fusilará a los fusiladores? (Tesis inexistente de Feuerbach?-Marx dixit)

Lo interesante de todo esto es el ciclo vicioso de fuga de capitales, inflación y devaluaciones posteriores: ¿Qué ocurre con las condiciones de vida del “pueblo”? Como escuche decir en la emergencia del Hospital Clínico Universitario, mientras esperaba un antídoto que nunca llegó: ¡A ese viejo tíralo pa´alla! Y los llaman “médicos y enfermeros”… ¿Confusión de palabras? Claro que son unos “coño e madres” desalmados…discurso salvaje esta palabra que se ajusta perfectamente al contexto.

Por si fuera poco, agregaba Giordani que "sin el control de cambio las reservas internacionales no durarían un día". Es decir, Acumulación por desposesión, saqueo, pillaje y robo de las “reservas nacionales” que son trasferidas a la “oligarquía del dinero” en medio del “carnaval revolucionario”: máscaras, máscaras, máscaras. Mientras, los asesores pilluelos intentan convencer a los políticos que la “corrupción” no conviene manejarla como tema de la agenda política. Hay demasiados “cables pelaos”, le dicen al Sr. Presidente. - Aquí lo que hace falta es “control de daños” -, los más osados se lo dicen en “inglish”: “Damage control”, Jefe. ¿Qué piensa y siente el jefe? ¿Todavía siente?

¿De quién son los dólares? Usted imagine la respuesta. Escucha algo así como la “mitología de sembrar el petróleo”. Versiones de la frase van y vienen, y la prosperidad y bienestar del pueblo venezolano tiende a convertirse en un espejismo efímero, si lo que tiene supremacía es la inflación, la debilidad de la oferta interna y la alta dependencia del financiamiento internacional ante el cada vez más insuficiente ingreso fiscal petrolero. A unos le aprietan el cuello, a otros las bolas, pero algunos pocos no se bajan del imaginario del “mayami nuestro”. - Esto es una dictadura -, yo me voy pa´mayami, ¿Ya pediste la solicitud en Cadivi? El pasaporte me lo entregaron ahí mismito… ¡Qué dictadura!

De manera que la pregunta para las futuras elecciones en Venezuela pudiera ser: ¿Cuál de estos candidatos representa los intereses y ambiciones de los raspa ollas y raspi cueros? ¿Dónde está el resultado de las investigaciones sobre aquellas empresas que constantemente fueron favorecidas con las asignaciones del Sitme? ¿Dónde están no los payasos del circo ni algunos capataces, sino los dueños del tinglado? ¿Dónde están las denuncias contra bancos privados que no asignaban las divisas del mecanismo, a pesar de retener “durante meses” los bolívares de las empresas que requerían dólares? ¿Dónde están? ¿Dónde están?... las interrogantes hacen eco reverberante hasta convertirse en ruido, luego en nada…

Hay muchas cajas negras, estimado Luis Brito García, pero además hemos dejado colar muchos strikes como aquella opinión que afirmó que “una devaluación de 46% del bolívar, busca preservar los “logros sociales” del Gobierno”. Por favor, ¿le pueden dar un premio nobel de economía a quienes plantean eso? Desde el año 83 estoy escuchando que la devaluación permitirá mejorar la economía y los términos de intercambio de nuestras materias primas. Hasta ahora, veo decadencia con cortos periodos de fiesta compensatoria. Si los médicos fueran economistas, las clínicas y hospitales estarían vacíos…. Una pequeña pregunta para un cuestionario: ¿En quién confía usted, en un médico o en un economista? Otros asunto: Pregunta: ¿Para qué sirven los sociólogos? Para nada, sólo para criticar a los economistas.

Para aquellos que promueven devaluaciones en artículos de opinión, páginas web y sacan sus argumentos de los libracos económicos que denominan “consenso macroeconómico básico”, también tienen que señalar ¿Cómo se preservaran y se incrementaran los logros sociales, el bienestar del pueblo, con medidas de devaluación para hacer “competitiva” la industria nacional y promover las “exportaciones no tradicionales”? A mí que me expliquen ¿Cómo? Hay tantas mediaciones que no me parece nada automático una “causación circular acumulativa”. - Mira chico, hasta Marx sabía que eso era así -, escucho…

Los economistas como los sociólogos piensan que Marx era Economista y Sociólogo: ¡Que disparate! Cuando uno habla de crítica a la economía política, y de unas paginitas por allí de “Miseria de la filosofía” donde Marx habla de economía vulgar, los economistas me fruncen el ceño, ¡“macroeconomía básica, compadre, macroeconomía básica”! Bueno…

La economía es algo bastante delicado como para dejárselo sólo a los economistas, decía Chávez en uno y otro discurso. Yo desconfió cuando operan sólo con modelos teóricos, expectativas racionales, costos de oportunidad y curvas de oferta y demanda. ¿Y dónde está la gente de a pie en estas “abstracciones”? ¿Sabrán los economistas qué es filosóficamente una “abstracción”, y qué consecuencias tiene tomar decisiones sólo con base a postulados y abstracciones?

Hay que tener cuidado con los “aprendices de brujos” modernos. Lo que se ofrece con el “discurso económico” en su vertiente tecnocrática, es poca cosa si no se traduce en una “macroeconomía y una macro política para el desarrollo humano integral”. Sin esto, ¿Quién puede confiar en los sesudos economistas?

De manera que, hay demasiados ámbitos interrelacionados cuando se señala que el tema económico se articula al tema de la “corrupción”. Ningún socialista o "revolucionario" puede ser corrupto, se dice ahora con alto volumen. ¿Y porque no publicamos la lista del SITME, entonces? ¿Puede alguien pensar que la corrupción es revolucionaria?

El jefe de Estado pidió al pueblo que luche contra la corrupción donde sea que se encuentre, "en campos amigos" o en la "derecha fascista", donde, dijo, hay "un festín de pillos" que quieren vender las riquezas del país. "¿Puede alguien pensar que la corrupción es revolucionaria?", se preguntó Maduro ayer 24 de junio de 2013. ¡Qué quede grabado en la historia!

Maduro reiteró que quien quiera rendir homenaje a Chávez que, aseguró "murió pobre, no dejó herencia, no dejó nada cuando se fue de esta vida", debe luchar por un país de ciudadanos honestos. Estas declaraciones de Maduro podrían concretarse no sólo en la captura de “varios funcionarios públicos presuntamente implicados en casos de corrupción” en el marco de una campaña que, según Maduro, hará frente al problema a todos los niveles.

¿Repetiremos el método RECADI para lavarnos las manos? ¿Hay que meter preso a un “chinito” para calmar a las tribunas, para que las “hordas” del Coliseo se queden quietas? ¿Dónde está la cadena de complicidad que legitimó los capitales del SITME; es decir, desde el trámite para la adquisición de divisas, el proceso de importación, nacionalización, verificación de las importaciones, liquidación de impuestos y tasas de importación, y declaración de cierre? ¿Se importó realmente chatarra o no se importó nada para legitimar esos capitales mientras se cometieron delitos cambiarios que son castigados con fuerza de ley? ¿Efectivamente existe “una clase burguesa parásita”? ¿Equivalen esos aproximadamente 20.000 millones de dólares del SITME al pago de 85% de la deuda externa que tenía Venezuela en febrero de 1.999?

El eliminado SITME, ¿demostró ser una herramienta para que la Burguesía Importadora destinara más del 92% de las divisas recibidas (cerca de 24.000 millones de dólares) para generar ganancias exorbitantes, colocando en el mercado nacional bienes y servicios foráneos, financiados al tipo de cambio 5,30 Bs./$, pero vendidos al cambio paralelo, promediado en 2011-2012 a 16 Bs/$? ¿Se seguirá utilizando a la Banca Privada, como agente de intermediación financiera, para adquirir a un precio superior al dólar oficial (6,30 Bs/$), las divisas necesarias para especular al pueblo con precios fijados a tipo de cambio del mercado paralelo perdón, para importar bienes y/o servicios-, hoy situado entre 23 y 25 Bs/$?

La verdad de los raspa ollas es que en el mejor de los casos compran con dólar barato y venden a precios de dólar especulativo, cuando no se dedican a comprar y revender “divisas convertibles”. ¿Se seguirán utilizando herramientas para transferir a la Burguesía Importadora y especulativa (parásita) los dólares preferenciales necesarios para que ésta reproduzca la lógica del capitalismo, para asegurar la acumulación de riquezas en manos de pocos, para destruir el naciente tejido productivo nacional y llamado socialista, y para fortalecer el modelo rentista Venezolano?

Algunas voces han señalado que:

“El SITME logró estabilizar el tipo de cambio paralelo, pero su lógica de funcionamiento generaba otros problemas adicionales. El primero, tenía que ver con que el mecanismo funcionaba con el stock de títulos de deuda indexada a dólares (bonos de PDVSA y del Gobierno). Esto significaba, mantener un círculo vicioso de endeudamiento y promovía la dolarización. Es decir, el mecanismo funcionaba a punta de endeudamiento y conspiraba contra el ahorro en bolívares fuertes. El segundo problema, es que se le concedió un gran poder discrecional a la Banca. Es decir se les permitió a los zamuros que cuidaran y repartieran la carne. La banca hizo y deshizo con los dólares que pasaron por ahí. Por supuesto, siempre con la venia de los Caballos de Troya infiltrados en el sector público, que hoy amasan importantes fortunas.” (http://www.aporrea.org/tiburon/a161692.html)

“Me temo que este sistema de otorgar dólares sin mucho control a través de compra de títulos, en lugar de favorecer a la nación venezolana para su desarrollo económico, está sirviendo para evadir impuestos (CADIVI pide una serie de Solvencias) y comprar cuanta cosa quieran los importadores, desde caramelos, chicles, chocolate, barajitas y comprar y comprar artículos que se producen en el país con mucho trabajo y sacrificio, como son la telas y productos confeccionados los cuales sufren mucho debido a las importaciones y subfacturadas (…) la compra de estos títulos a través del SITME va a servir para una gran fuga de divisas, si no se le pone un mejor control a la venta de estas divisas.” (http://www.aporrea.org/contraloria/a159367.html)

“Sería un extraordinario y masivo ejercicio de Contraloría Social, publicar los beneficiarios de las asignaciones de Cadivi y SITME, en especial los llamados sectores industrial, de alimentos, repuestos y farmacéutico. Vamos a ver cuántos justifican sus elevados precios.” (http://www.aporrea.org/contraloria/a159318.html)

“Es la oportunidad de poner al descubierto a los sectores que han venido atacando la medida y tratando de justificar una escalada en los precios de los productos de primera necesidad que son importados. Sería interesante ver los volúmenes de divisas aprobadas a estos sectores, las compras efectuadas en el exterior, sus ventas realizadas en el País, sus disponibilidades en inventarios, la utilidad generada y los impuestos cancelados a la Nación (…) Es una manera de darle transparencia a la información y saber a ciencia cierta, quienes reciben divisas y cuál es su destino final.” (http://www.aporrea.org/contraloria/a159318.html)

“No basta solo decir que la burguesía extrae las divisas para especular, necesitamos ponerle nombre y apellido a esa desviación y tomar los correctivos. Las divisas son un patrimonio de la nación y se obtienen mayormente de la venta de petróleo y sus derivados. Los venezolanos deberíamos ver esas listas y su destino final.” (http://www.aporrea.org/contraloria/a159318.html)

He leído recientemente a Nicmer Evans (http://www.aporrea.org/contraloria/a168426.html): “En el marco de la lucha contra la corrupción, he escuchado de voces autorizadas como la del politólogo Heiber Barreto Sánchez y el profesor Vladimir Acosta, pedir la publicación de las listas de quienes accedieron a estos dólares y que son responsables de tal desfalco a la nación, pero sin embargo, aún no existe el primer detenido sobre este caso, por no decir que a nadie se le ha expropiado bienes que compensen esta estafa. Aún más, ¿Dónde están los responsables administrativos del Sitme que asignaron tal cantidad de dólares sin ningún tipo de control perceptivo de lo que supuestamente fue adquirido?”

“El país necesita una respuesta urgente ante este caso, que es más grave aun cuando pensamos que este monto pareciera estar por debajo de lo realmente robado, pudiendo ser alrededor de los 25 mil millones de dólares con los cuales se hubiese logrado amortiguar el impacto de la devaluación, lo que implica que al final todos los venezolanos estamos pagando por el enriquecimiento ilícito de unos estafadores de los cuales se tiene todos sus datos, pero la impunidad es la que termina mandando.”

"Recibimos un buen susto que afortunadamente no nos sacó del poder. Pero si a quienes nos gobiernan se les pasa el susto, lo que va a pasar es que vamos a ir hacia el desastre y la oposición no va a necesitar conspirar sino que nos va a ganar la elección. Por eso la tarea aquí es gobernar asustado". 

Y en segundo lugar, en dicho evento insistió en la necesidad de poner término a la corrupción que existe dentro del proceso y dijo:

"Hay que enfrentar la corrupción y la impunidad que se ha alentado aquí desde el propio gobierno".

Mensajes directos a “los raspa ollas”. El asunto es que son de aquí y de allá. Corruptos oligarcas y corruptos igualitarios. Zoológico complejo. Estoy de acuerdo con Vladimir Acosta por varias razones, pero sobre todo por una: dice lo que piensa y siente.

Otros dicen lo que no piensan ni sienten. ¡Qué muera la corrupción! Primero acabemos con la corrupción de la palabra… ¿Me entendieron raspa ollas?

¿SOCIALISMO EN UN SOLO PAÍS? PROGRAMAS DE INVESTIGACIÓN-ACCIÓN SOBRE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA

Javier Biardeau R
1.- INTRODUCCIÓN:
En artículos e intervenciones (1) en diversos espacios institucionales y públicos he planteado (sin mucho éxito) la necesidad de avanzar en la articulación orgánica de espacios para ejercer formas de inteligencia general o de activación del “intelectual colectivo”, que aborde de manera exhaustiva, rigurosa y directa LOS PROBLEMAS DE LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO EN VENEZUELA Y EN NUESTRA AMÉRICA.
Esta tarea no puede ser iniciativa exclusiva de pequeños equipos políticos encerrados en sus propias auto-referencias teóricas o ideológicas (“mirarse el ombligo es un síntoma de sectarismo”), ni a partir de individualidades (por más “geniales” que sean), ni de equipos tecno-políticos encerrados en espacios ministeriales (intelectuales “burocratizados”, “palaciegos” o regulados por las demandas inmediatas-urgentes de la “coyuntura” o la “pragmática del poder”), ni en centros académicos especializados (sin contacto efectivo con las luchas sociales), pues se trata de una praxis colectiva teórico-práctica que requiere de espacios de articulación de equipos, redes intelectuales, partidos revolucionarios, movimientos sociales, comunidades, agencias gubernamentales y estatales directamente implicadas en los procesos de cambio estructural que se animan bajo el paraguas de la revolución democrática socialista para el siglo XXI.
2.- LOS DESAFÍOS DEL PLAN "INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA":
En Venezuela, ciertamente, la revolución bolivariana se ha convertido en un verdadero laboratorio de ensayos y errores, de conjeturas y refutaciones, de puesta en escena de paradigmas, tradiciones revolucionarias y discursos de variada procedencia y estatuto teórico. Pero si tomamos en cuenta, al menos, tres sistematizaciones que han pretendido orientar las políticas públicas de construcción del socialismo bolivariano del siglo XXI, como lo han sido: 1) el nuevo mapa estratégico, 2) el primer plan socialista; y el diseño del segundo plan socialista, los resultados no han sido completamente positivos ni alentadores en los últimos 8 años con relación al proceso de transición al socialismo:
“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo”. (Chávez; Plan Independencia y Patria Socialista)
Sin embargo, Chávez no señaló explícitamente en el fragmento anterior que la radical supresión de la lógica del Capital, supone una radical supresión de la racionalidad hegemónica de la dominación social, condición que permite la reproducción material y simbólica del sistema como una totalidad concreta. Aunque en el Plan se plantea que:
“Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política.”
Lo que no se dice en este planteamiento es que para pulverizar definitivamente la forma de Estado Burguesa, al menos a corto plazo, habría que desmontar aspectos medulares del Proyecto Constitucional de 1999, activando un nuevo proceso popular constituyente, pues no se trataría ni de enmiendas menores ni de una reforma constitucional, sino de refundar el Estado (ahora de carácter anticapitalista) y los sistemas institucionales contemplados en el ordenamiento constitucional del país; entre ellos, el sistema socio-económico, cuyas normas contemplan un sistema de economía mixta con diferentes formas de propiedad, incluida la propiedad colectiva, normas que pueden ser aprovechadas para ampliar el proceso de acumulación de fuerzas por parte del Poder Popular, entendido como ejercicio directo de la democracia participativa y protagónica expresando la soberanía popular. Si el tiempo histórico de la transición es mucho más dilatado, entonces se deben aprovechar las posibilidades de expansión de tales políticas en el marco constitucional en la dirección de un Proyecto Socialista Democrático.
¿Y cómo se concibe el Poder Popular en el Plan Independencia y Patria Socialista? En palabras del propio Chávez:
“Los avances alcanzados por el proceso bolivariano deben servir de base para continuar la consolidación del Poderío Político, visto como la consagración de la restitución del poder al pueblo y del ejercicio pleno de la democracia participativa, protagónica y socialista como sustento político de la Unidad Nacional. Sólo por esta vía tendremos la fuerza necesaria para participar con éxito en el complejo escenario mundial.”
En fin, sin una clara y radical “teoría político-cultural” de la transición al socialismo en las escalas nacionales, regionales y mundiales, que alteren profundamente las condiciones de las relaciones de fuerzas, sentidos y representaciones que reproducen la estructura de mando y la lógica de acumulación y valorización del Capital, el cumplimiento paso a paso de la transición pudiera convertirse en un severo retroceso, restauración o degeneración de proceso de cambio estructural:
“Este es un programa que busca traspasar “la barrera del no retorno”. Para explicarlo con Antonio Gramsci, lo viejo debe terminar de morir definitivamente, para que el nacimiento de lo nuevo se manifieste en toda su plenitud. La coherencia de este Programa de Gobierno responde a una línea de fuerza del todo decisiva: nosotros estamos obligados a traspasar la barrera del no retorno, a hacer irreversible el tránsito hacia el socialismo. Ciertamente es difícil precisar cuándo despuntará tan grandioso horizonte, pero debemos desplegar esfuerzos sensibles y bien dirigidos, para decirlo con Bolívar, en función de su advenimiento.”
¿Qué es la planificación democrática y socialista si no el despliegue de estos esfuerzos sensibles y bien dirigidos en función del advenimiento de proceso de tránsito hacia el socialismo?
3.- LA TRANSICIÓN SOCIALISTA NO ES UN ASUNTO EXCLUSIVO DE ECONOMÍA POLÍTICA:
Existe evidencia documental e histórica que apunta a señalar que el tratamiento económico-técnico, unidisciplinario, reduccionista de la transición al socialismo como un ámbito puramente socioeconómico, concentrado en transformaciones a escala nacional, ni siquiera bajo el disfraz de “economía política de la transición al socialismo”, puede avanzar en el cambio estructural de la estructura de mando y el régimen social de producción e intercambio que llamamos “capitalismo histórico”(2).
Incluso, la desatención selectiva de la importancia de las condiciones políticas, socioculturales e internacionales de los procesos de transición al socialismo han llevado a los desastrosos efectos prácticos de considerar que “el socialismo se puede construir en un solo país” (Stalin dixit) a partir de la construcción de un Estado Socialista.
Hay que decirlo alto y claro: se avanza en la construcción de una transición post-capitalista paso a paso, a escala nacional, pero una radical socialización-democratización del poder social: político, económico, cultural, ideológico y militar se torna problemática si la situación regional y mundial permanece invariablemente como contexto global capitalista.
Es cierto que se avanza hacia regímenes políticos, sociales y económicos con mayor democracia y justicia social, más igualitarios sin duda; se avanza en mayor grado de independencia y autodeterminación en el contexto de la construcción de Bloques Regionales de Poder, que pueden llegar a afectar la geo-estrategia imperial dominante, pero no hay que perder de vista que una revolución socialista plenamente consolidada sólo es viable en el marco de una transformación estructural de alcance mundial.
4.- ¿POR QUÉ NO HAY REVOLUCIÓN ANTI-CAPITALISTA EN UN SOLO PAÍS?:
Para despejar este asunto (que no invalida la posibilidad de contar con gobiernos socialistas que mejoren las condiciones de vida grandes mayorías por la vía de reformas más o menos radicales) conviene re-leer un pequeño fragmento de la interpretación de Engels(3) en su texto “Principios del Comunismo” (1847) donde señala:
“XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país? No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.”
Los planteamientos de Marx en el Manifiesto Comunista (4) con relación al carácter universal del “mercado mundial” apuntan a la misma dirección:
“La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra. A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.”
Como es posible constatar, una concepción de un sistema histórico mundial, aunque con claros supuestos eurocéntricos, colocó al asunto de la revolución en una variada polémica de interpretaciones:
“Los trabajadores no tienen patria. Mal se les puede quitar lo que no tienen. No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder Político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía. Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales. El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer. La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación. En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras. Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí.”
No citamos, por cierto, estas palabras de Engels y Marx bajo el escolástico argumento de la “autoridad de la cita”, sino para justamente problematizar las concepciones predominantes en el siglo XIX europeo con relación a este punto: ¿Es posible una revolución anti-capitalista en un solo país?
Al parecer, en la interpretación de Marx y Engels, no es posible:“(…) la acción conjunta del proletariado, al menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de la emancipación”. Entonces, la conformación de un campo de naciones en las cuales el proletariado haya conquistado efectivamente el poder político, es condición inmediata de posibilidad para avanzar en el proceso de transición anticapitalista; proceso que implica ir más allá de una Nación; es decir, de un particularismo nacional estrecho, cuyo sentido, fuerza y representación se contraponga a la del “proletariado” como “clase nacional” y bajo una visión internacionalista.
Sin embargo, cabe señalar que Marx y Engels, como lo han evidenciado una variedad de investigadores sobre la impronta euro-céntrica del marxismo, mantienen la oposición semio-ideológica entre naciones “civilizadas”, “semi-bárbaras”, “bárbaras” y “salvajes”, todo esto dentro de una profunda aceptación tácita en 1847 de la noción de progreso moderno, europeo, occidental, industrial, urbano y colonial.
Así mismo, cabe recordar que en medio de los turbulentos acontecimientos derivados de la desaparición física de Lenin en 1924, ya en la revolución rusa se llegó a dictar la línea político-estratégica de la construcción del socialismo en un solo país adoptada por el XIV Congreso del Partido Comunista en diciembre de 1925.
Según esta tesis, desarrollada por Stalin, un país atrasado como la URSS podía “desarrollar y defender el socialismo” en su marco estatal-nacional. Para Stalin, esta teoría sería, justamente, “el mayor aporte de la clase obrera soviética a la revolución mundial”.
Esta interpretación se oponía a la presentada por Trotsky (5), la teoría de la Revolución Permanente, que promulgaba la extensión de la revolución a los países desarrollados como único garante de la victoria del socialismo en Rusia, ya que ésta, al ser un “país atrasado” (o de bajo desarrollo de sus fuerzas productivas), no podía completar las tareas de la revolución socialista y, al industrializarse, no podía conformarse con hacerle contrapeso a las potencias occidentales.
Obviamente, esta imagen del debate es una visión en extremo simplificada por razones de espacio y cabe consultar los diferentes matices del debate, sobre todo para validar su ámbito de aplicación a los países dependientes latinoamericanos, cuyas condiciones históricas específicas deben tomarse como punto de partida para abordar las premisas necesarias de la transición al socialismo. Pero lo que no queda duda es que los actores del drama soviético post-Lenin intentaban justificar sus líneas de acción política a partir del recurso de citar diversas fuentes o textos de Lenin (6)
“El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Triunfará en uno o varios países, mientras los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o pre-burgueses. Esto no sólo habrá de provocar rozamientos, sino incluso la tendencia directa de la burguesía de los demás países a aplastar al proletariado triunfante del estado socialista” (En septiembre de 1916, Lenin publicó un artículo titulado “El programa militar de la revolución proletaria”)
De manera que la construcción del socialismo proletario; es decir el socialismo revolucionario de las clases trabajadoras (no el “socialismo de la burguesía” o el “socialismo feudal” de los que hablaron Marx y Engels) implicaba dar cuenta de las relaciones de fuerzas entre las clases sociales y entre potencias imperialistas y sociedades dependientes implicadas en una suerte de “juego de suma cero”: ¡O nos aplastan o los aplastamos! El antagonismo de clases y entre naciones era una premisa básica del análisis leninista.
"En efecto -- dice Lenin --, todos los grandes medios de producción en poder del Estado y el Poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación, y nada más que de la cooperación, a la que antes tratábamos de mercantilista y que ahora, bajo la NEP, merece también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no es esto todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y lo suficiente para esta edificación" (Lenin, I.: “Sobre la cooperación” fue publicado en los números 115 y 116 de Pravda los días 26 y 27 de mayo de 1923(7))
Lenin clarificaba algunas cuestiones: no bastaba que todos los grandes medios de producción estuviesen en Poder del Estado, lo que implicaba una “nacionalización extensiva” de los grandes medios de producción, sino que el Poder del Estado debía estar en manos del proletariado real y efectivo, en alianza con otros sectores explotados: “millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la dirección de los campesinos por el proletariado”. ¿Quién controlaba y dirigía el Poder del Estado? Para Lenin era muy claro: una dirección proletaria, las clases trabajadoras. Lo cual nos lleva a un debate elemental, básico, inmediato de un proceso de transición desde el punto de vista político: si no son los trabajadores asalariados organizados como partido revolucionario, quienes tienen las riendas de la conducción del Poder del Estado, no hay transición alguna al Socialismo.
Marx también señalaba con absoluta claridad que el proletariado efectivo era el que debía tomar el poder, no sustituciones ni representaciones de otras clases, como ha ocurrido en las experiencias burocráticas del Socialismo de funcionarios del Estado. Pero allí estalla el problema de la relación entre el partido y la clase que dice representar, encarnar o expresar. No es casual que el Manifiesto Comunista tenga un capítulo entero dedicado a la relación entre el proletariado y los comunistas.
Por otra parte, las controversias entre populistas presentes en diversas cartas de Marx y Engels, plantearon la posibilidad de una línea de desarrollo capitalista, e incluso socialista, distinta a la experimentada en los países europeos occidentales, aunque en todos estos documentos siempre aparecía la necesidad de alianzas entre un grupo de países, con alto o bajo desarrollo de sus fuerzas productivas; es decir, la necesidad de conformar un bloque o campo regional de poder.
De manera, que fue Stalin el que inauguró una línea que incluso parecía contradictoria con sus planteamientos iniciales. En abril de 1924, Stalin escribía en su compilación sobre Las bases del leninismo: "La victoria definitiva del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, sobre todo si es campesino como el nuestro, son ya insuficientes: se necesitan los esfuerzos reunidos del proletariado de varios países avanzados". Estas líneas fueron luego suprimidas en ediciones posteriores, como lo alertó Trotsky. Para el oficialismo soviético era necesario legitimar la tesis del socialismo en un solo país.
Propuso Trotsky su interpretación de la siguiente manera:
“La "teoría" del socialismo en un solo país, que Stalin no expone ni justifica en ninguna parte, se reduce a la concepción, extraña a la historia y más bien estéril, de que las riquezas naturales permiten que la URSS construya el socialismo dentro de sus fronteras geográficas. Se podría afirmar, igualmente, que el socialismo vencería si la población del globo fuese doce veces menor de lo que es. En realidad, la nueva teoría trataba de imponer a la conciencia social un sistema de ideas más concreto: la revolución ha terminado definitivamente; las contradicciones sociales tendrán que atenuarse progresivamente; el campesino rico será asimilado poco a poco por el socialismo; el conjunto de la evolución, independientemente de los acontecimientos exteriores, seguirá siendo regular y pacífico. Bujarin, intentando dar algún tipo de fundamento a la teoría, declaró que estaba probado contra toda duda que "las diferencias de clase en nuestro país o la técnica atrasada no nos conducirán al fracaso; podemos construir el socialismo aun en este terreno de miseria técnica; su crecimiento será muy lento, avanzaremos a paso de tortuga pero construiremos el socialismo y, lo terminaremos...".
Y continúa Trotsky:
“Subrayemos esta fórmula: "Construir el socialismo sobre una base de técnica miserable" y recordemos una vez más la genial intuición del joven Marx: con una base técnica débil "sólo se socializa la necesidad, y la penuria provocará necesariamente competencias por los artículos necesarios que harán que se regrese al antiguo caos". La ilusión de un socialismo que se construye suavemente -a paso de tortuga- sobre una base de miseria, rodeado por enemigos poderosos, no resistió largo tiempo los golpes de la crítica. En noviembre del mismo año, la XV Conferencia del partido reconoció, sin la menor preparación en la prensa, que era necesario "alcanzar en un plazo histórico relativamente (?) mínimo, y sobrepasar, enseguida, el nivel de desarrollo industrial de los países capitalistas avanzados". La Oposición de Izquierda fue, en todo caso, "sobrepasada". Pero aunque dieran la orden de "alcanzar y sobrepasar" al mundo entero en un "plazo relativamente mínimo", los teóricos que la víspera preconizaban la lentitud de la tortuga, eran prisioneros del "factor internacional" tan temido por la burocracia. Y la primera versión de la teoría estalinista, la más clara, fue liquidada en ocho meses…” (Trotsky. La Revolución Traicionada)
“En abril de 1926, la Oposición de Izquierda propuso a una asamblea plenaria del Comité Central la siguiente enmienda a la teoría del paso de tortuga: "Sería radicalmente erróneo creer que se puede ir hacia el socialismo a una velocidad arbitrariamente decidida cuando se está rodeado por el capitalismo. El progreso hacia el socialismo sólo estará asegurado cuando la distancia que separa a nuestra industria de la industria capitalista avanzada (...) disminuya evidente y concretamente, en lugar de aumentar". Con mucha razón, Stalin consideró esta enmienda como un ataque "enmascarado" contra la teoría del socialismo en un solo país y rehusó categóricamente relacionar la velocidad de la edificación con las condiciones internacionales. Dice Trotsky que la versión estenográfica da su respuesta en los siguientes términos: "El que haga intervenir en este caso el factor internacional, no comprende cómo se plantea el problema embrolla todas las nociones, sea por incomprensión, sea por deseo consciente de sembrar la confusión". (Trotsky. La Revolución Traicionada)
Obviamente, según Stalin, quién siembra “la confusión” en el campo revolucionario, es un contra-revolucionario. El asunto estriba en saber cuál autoridad dicta que es o no es una confusión.
La polémica Stalin-Trotsky (oposición de izquierda) permitió hacer explícitas las dificultades de imaginar y pensar en la construcción del socialismo en un solo país, utilizando la polémica interpretativa sobre la base de la llamada “ley del desarrollo desigual del capitalismo”:
“La ley del desarrollo desigual tuvo por resultado que la contradicción entre la técnica y las relaciones de propiedad del capitalismo provocara la ruptura de la cadena mundial en su eslabón más débil. El atrasado capitalismo ruso fue el primero que pagó las insuficiencias del capitalismo mundial. La ley del desarrollo desigual se une, a través de la historia, con la del desarrollo combinado. El derrumbe de la burguesía en Rusia provocó la dictadura del proletariado, es decir, que un país atrasado diera un salto hacia adelante con relación a los países avanzados. El establecimiento de las formas socialistas de la propiedad en un país atrasado tropezó con una técnica y una cultura demasiado débiles. Nacida de la contradicción entre las fuerzas productivas mundiales altamente desarrolladas y la propiedad capitalista, la Revolución de Octubre engendró a su vez contradicciones entre las fuerzas productivas nacionales, demasiado insuficientes, y la propiedad socialista.” (Trotsky. La Revolución Traicionada. Apéndice)
Algo semejante planteó Lenin poco antes de su muerte, al abordar la dialéctica entre la objetividad y la subjetividad en la historia. Nos referimos a los textos: “Nuestra revolución”(8) del 16 de febrero de 1923 y a “Más vale poco y bueno” (9) del 2 de marzo de 1923. Si efectivamente en Rusia no se daban las premisas económicas objetivas; el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas hacia improbable el socialismo, Lenin señala que:
“¿Que debíamos hacer si una situación absolutamente sin salida, decuplicando las fuerzas de los obreros y los campesinos, abría ante nosotros la posibilidad de pasar de una manera diferente que en todos los demás países del occidente de Europa, a la creación de las premisas fundamentales de la civilización? (…) Si para implantar el socialismo se exige un determinado nivel cultural (…) por qué entonces no podemos comenzar primero por la conquista, por vía revolucionaria, de las premisas para este determinado nivel, y luego, ya a base de poder obrero y campesino y del régimen soviético, ponernos en marcha para alcanzar a los demás pueblos?”.
Lenin confiaba en la cercanía del momento en que los países capitalistas de Europa occidental llevarán a su término su desarrollo hacia el socialismo, y que se estaba viviendo un movimiento ascendente en el que todo el mundo pasaba por una etapa donde se estaba engendrando la revolución socialista mundial. Como ha planteado Chitarin:
“La problemática de la transición del capitalismo al socialismo (y no al comunismo en su fase ultima) “nace en la práctica y en la teoría cuando la revolución rusa, estallada en un país retrasado, se encontró aislada, sola, y es el fruto del fracaso (o del retraso persistente) de la revolución en el occidente Capitalista”(10)
Por si fuera poco, Trotsky también partía de la ilusión de una efectiva “Dictadura de Proletariado” en la URSS y de las virtualidades de la “propiedad socialista”, pero en medio de un mar de contradicciones:
“Las normas políticas y jurídicas establecidas por la revolución ejercen, por una parte, una influencia favorable sobre la economía atrasada y sufren, por otra, la acción deprimente de un medio retrasado. Cuanto más largo sea el tiempo que la URSS permanezca rodeada por un medio capitalista, más profunda será la degeneración de los tejidos sociales. Un aislamiento indefinido provocaría infaliblemente no el establecimiento de un comunismo nacional, sino la restauración del capitalismo.”
De manera, que la teoría de una suerte de “injerto socialista” en el medio capitalista estable, era refutada por Trotsky desde el momento en que se presentaba como componente justificador de la teoría del socialismo en sólo país, para amargamente señalar luego: “(…) la plaga burocrática ha sido el producto más nefasto del aislamiento”. El aislamiento de cualquier proceso revolucionario nacional, entonces, no desemboca en ninguna posibilidad de expansión hegemónica, ni en llamado punto de no retorno, sino en la restauración capitalista, pasando por el peaje de la plaga burocrática.
De manera, que ya desde entonces había muchas voces incrédulas sobre la tesis que señalaba que en la URSS se construyó el Socialismo. No bastaban entonces, la construcción de un Plan Quinquenal, una poderosa industria, basada en la colectivización agrícola y la industrialización, todo englobado bajo una economía dirigida. La polémica sobre el régimen económico, social y político que allí se construyó en nombre del Socialismo de Marx y Engels se mantiene hasta hoy, dando lugar a debates con consecuencias: Socialismo Burocrático, Capitalismo de Estado, Estatismo Autoritario, Economía Dirigida, Colectivismo Burocrático, Socialismo con deformaciones burocráticas, etc.
Las amargas palabras de Trotsky quedan en el aire cuando señala que “sin el soporte estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera rusa no podrá mantener el poder y transformar su dominación temporal en una supremacía duradera del socialismo. Respecto a eso, ninguna duda está permitida”.
Para Trotsky, no se podía hablar de construcción real del socialismo “sin hablar al mismo tiempo de un desarrollo masivo de las fuerzas productivas, a un nivel muy superior al del capitalismo avanzado, de tal forma que las necesidades generales de cada ser humano y del conjunto de la sociedad queden satisfechas y los conflictos entre distintas capas sociales por la insuficiencia o falta de recursos desaparezcan, al equipararse todas en bienestar e igualdad. Ello permitiría elevar el carácter de las necesidades humanas de forma drástica, permitiendo un fuerte desarrollo en los aspectos cultural y técnico, lo que repercutiría en un nivel de civilización muy avanzado y ambiente general de solidaridad y elevación del sentido ético sin precedentes en la historia.” (Apéndice a la Revolución Traicionada)
La imagen de una “fortaleza asediada” era el peor escenario para la construcción del socialismo revolucionario desde la perspectiva de la vieja guardia bolchevique. La URSS, arrastraba aún muchas de las contradicciones y condiciones de atraso legadas por el zarismo y el capitalismo y, sin ayuda externa, se veía supeditado a la escasez general y a grandes dificultades internas generadas por ciclos de crisis, a pesar de que, efectivamente, el nivel de desarrollo había superado el anterior sistema. Según sus propias palabras:
"El país no sale de la penuria de mercancías, el avituallamiento se interrumpe a cada instante, los niños carecen de leche y los oráculos oficiales proclaman que 'el país ha entrado en el periodo socialista'. ¿Es posible comprometer más torpemente al socialismo? [...] El socialismo es el régimen de la producción planificada para la mejor satisfacción de las necesidades del hombre, sin lo cual no merece ese nombre. Si las vacas se declaran propiedad colectiva, pero si hay demasiado pocas o si su producto es insuficiente, comienzan los conflictos por la falta de leche: entre la ciudad y el campo, entre los koljoses y los cultivadores independientes, entre las diversas capas del proletariado, entre la burocracia y el conjunto de trabajadores. Y justamente a causa de la socialización de las vacas, los campesinos las sacrificaron en masa. Los conflictos sociales engendrados por la indigencia pueden, a su vez, hacer que se regrese a "todo el antiguo caos". Tal fue el sentido de nuestra respuesta”. [Trotsky en 1932]."
De manera, que más que la construcción de una economía socialista, lo que ocurre en una “fortaleza asediada” es la construcción de una economía para soportar las condiciones de una guerra o un asedio internacional. Además Trotsky plantea dos condiciones planteadas por Marx y por Engels que se desdibujan en los debates sobre la transición:
a. Que efectivamente el proletariado sea erigida en clase política dominante, no sustituida por la voluntad política de otras clases, grupos o sectores sociales.
b. Que el principio de “planificación democrática” permita regular el proceso socioeconómico, en función de una mejor satisfacción necesidades de las personas.
La construcción del socialismo revolucionario encalló en este debate, sin dar cuenta del resultado inevitable de estas polémicas: era preciso construir no sólo el socialismo en una nación, sino un bloque regional de poder que permitiera evitar el aislamiento económico, político, tecnológico y militar. Otro camino sería, el trayecto de las socialdemocracias occidentales, lo cual implicaba negociar “los términos y alcances del gobierno socialista” con los intereses del medio capitalista, intentado construir formas de economía mixta de bienestar, sin romper con la lógica del Capital.
5.- ¿DE CUÁL SOCIALISMO NOS ESTÁN HABLANDO?
Justamente sobre las diversas interpretaciones polémicas del término “socialismo” ya el propio Engels describía con cierta precisión para el siglo XIX sus perfiles:
“Los llamados socialistas se dividen en tres categorías. La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas reaccionarios, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:
1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;
2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;
3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.
La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos socialistas burgueses, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.
Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta, pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos socialistas democráticos son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.”
Así, socialistas reaccionarios, socialistas burgueses y socialistas democráticos constituían para Engels tres categorías de interpretación y de articulación de intereses de grupos, sectores y clases, señalando la posibilidad de alianzas de los comunistas con los llamados “socialistas democráticos”:
“Proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios”.
Para Engels, el problema estratégico no era consecuencia de la relación orgánicamente establecida entre democracia y socialismo, sino las formas del socialismo burgués o del socialismo feudal; donde no había posibilidad de entendimiento con el restablecimiento de “la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas”.
Tampoco había entendimiento posible, según Engels, con los partidarios de la sociedad capitalista, “a los que los males necesariamente provocados por ésta, inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual”; es decir: filántropos sociales y reformistas burgueses.
De manera, que para el caso de la revolución bolivariana es preciso captar las innumerables voces que hablan de “socialismo” y de “transición” sin clarificar la nebulosa conceptual a la cual pretenden hacer referencia. En el seno del campo socialista bolivariano, hay socialistas burgueses, socialistas reaccionarios, socialistas democráticos, comunistas, bolcheviques, mencheviques y la plaga burocrática de cheque-viches; es decir, los que alimentan las filas de la mediana y gran burguesía de estado parasitaria y de la acumulación delictiva de Capital hablando en nombre del socialismo. De manera que ni siquiera se ha alcanzado la premisa política inmediata para la transición socialista: un poder popular organizado y movilizado en lucha (obrero, campesino, estudiantil, pobladores, indígenas, mujeres, de diferentes fuerzas insurgentes, del intelectual colectivo revolucionario) controlando y dirigiendo el Poder del Estado. Hasta ahora, se sigue hablando en nombre de la transición al socialismo y en nombre del bloque social de los explotados y oprimidos. Pero los privilegios de hablar “en nombre de” se acumulan en otras clases sociales.
Allí reside no la posibilidad de no-retorno, que mencionaba Chávez, sino la actualidad de la restauración paso a paso de la hegemonía del Capital en nombre de la “pragmática del poder”. Habrá quizás “gobierno popular y socialista”, pero transición anti-capitalista, por ahora no se ve ni se siente. En ese marasmo ideológico-político, avanzan las fuerzas de la reacción.
Una revolución sin polémica, sin planteamientos diversos, sin tensiones, diferencias, conflictos y antagonismos, no fecunda el espíritu revolucionario. Más bien es la confesión de quienes claman por un… ¿Termidor? 
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Notas:
(2) Para una informada posición sobre el tema de “las revoluciones anti-sistémicas” en el sistema histórico mundial, conviene consultar a Inmanuel Wallerstein. http://viviendayhabitat.ipvmendoza.gov.ar/material/Hector%20Poggiese/Utopistica%20o%20las%20opciones%20historicas%20del%20siglo%20XXI.pdf
(3) Federico Engels: Principios del Comunismo. En: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm
(4) Carlos Marx. Manifiesto Comunista. En: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
(5) Trotsky: La Revolución Traicionada. Apéndice. En: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/apendice.htm
(6) Lenin: El programa militar de la revolución proletaria. En: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1916mil.htm
(7) Lenin: “Sobre la cooperación”. En: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf
(9) Lenin: “Más vale poco y bueno”. En: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf
(10) Attilio Chitarin: “Problemas de la transición del Capitalismo al socialismo en la URSS”, en Teoría del Proceso de Transición, Cuadernos Pasado y Presente, num.46. 1973.

sábado, 15 de junio de 2013

“GRAN POLO PATRIÓTICO”: ¿ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA O ALIANZA POPULAR REFORMISTA?


Javier Biardeau R.
El presidente Nicolás Maduro, ha asegurado “que el gobierno venezolano debe ser una gran alianza popular, donde todos y todas estén comprometidos por el bienestar y desarrollo de la nación”. Vistas así las cosas, quienes creemos en las ideas y valores de izquierda bolivariana y en el legado revolucionario anticapitalista que fue estableciendo Chávez a partir del año 2004, no podríamos estar en desacuerdo.
Sin embargo, el olvido de una larga historia de polémicas entre comunistas, socialistas, socialdemócratas, progresistas y populistas coloca a estas palabras en el cuadro de una clarificación de programas políticos e ideológicos.
Es en este contexto, donde debemos analizar la reciente polémica de Toby Valderrama y el equipo político de “Un grano de maíz” frente a maduro y la dirección de las políticas del alto gobierno (http://ungranodemaiz.blogspot.com/2013/06/respuesta-del-grano-al-presidente.html):
“¿Qué hemos dicho? Lo que alertó el Che: "Con las armas melladas del capitalismo no se puede construir el Socialismo". "Al imperio no creerle ni tantico así". Lo que dijo Fidel: "En la Revolución no se puede construir conciencia a partir de la riqueza, sino riqueza a partir de la conciencia", repetir sus consejos a Correa: "Dure lo que dure la azarosa historia de nuestra especie, nadie podrá demostrar nunca que los burdos intereses materiales serán capaces de crear ciudadanos más virtuosos y honestos."  Lo que dijo Marx: "Un sistema de producción que no reproduzca las condiciones de esa producción no durará dos años."
¿Qué hemos dicho? China es un capitalismo bestial, no es ejemplo para la Revolución mundial, ni para la nuestra, al contrario, es su enemiga. Hemos hablado de los acuerdos con Mendoza, afirmamos que él, Santos y Capriles son todos caimanes del mismo capitalismo. Hemos alertado que el camino de la debilidad con el enemigo oligarca es el camino al fascismo.”
Ante este tipo de posición ideológica y política, que por cierto recuerda la de un militante revolucionario muchas veces olvidado como el cubano y militante revolucionario Julio Antonio Mella, en su clásica crítica al populismo del APRA (¿Qué es el ARPA?), es preciso reafirmar que el asunto que se debate no debe convertirse en descalificaciones personales, sino en la profundización de líneas políticas y programáticas en el campo de la revolución bolivariana.
La postura del “grano de maíz” es coherente con su reivindicación del legado revolucionario del Che y de la Revolución Cubana, y no cabe duda, que puede irritar a quienes consideran que no es momento conveniente para una crítica de este calibre en las actuales condiciones políticas de la revolución bolivariana. Ellos con acierto, responden: “Y si no es ahora, entonces ¿Cuándo?”
Este debate, por cierto, presenta ciertos paralelismos y analogías con los controversias presentes en la alta dirección política de la revolución rusa luego de la muerte de Lenin, con la diferencia que en Venezuela muy pocos dirigentes de la revolución bolivariana podrían calzar las botas ideológicas de personajes como Bujarin, Trotsky, Zinoniev,  Kamenev, o incluso Stalin.
En Venezuela abundan en vez de Bolcheviques e incluso Mencheviques, fundamentalmente Chequeviches; es decir, personajes que se mueven bajo la órbita de la ambición por la captura y apropiación de la renta petrolera, lo que el historiador marxista venezolano Luis Brito Figueroa denominó: la acumulación delictiva de capital.
Luego de la partida física de Chávez, la izquierda bolivariana y revolucionaria ha quedado descolocada y en franca debilidad en los cuadros de alta dirección del gobierno, lo que ha llevado a un posicionamiento cada vez más visible de la “moderación” y del “pacto”; es decir, de los sectores reformistas-desarrollistas en el seno de la dirección del proceso, hasta el punto de hablarse de social-democratización o adequización de la revolución bolivariana.
Estos gestos muestra obviamente una distancia con el discurso de Chávez en el llamado “Golpe de Timón”. Allí Chávez asume una clara visión anticapitalista. Pero también Chávez el 8 de diciembre dibuja el perfil de las alianzas para las tareas de la unidad y la independencia en la revolución bolivariana:
“Venezuela ya hoy no es la misma de hace veinte años, de hace cuarenta años. No, no, no. Tenemos un pueblo, tenemos una Fuerza Armada, la unidad nacional. Si en algo debo insistir en este nuevo escenario, en esta nueva batalla, en este nuevo trance —diría un llanero por allá— bueno es en fortalecer la unidad nacional, la unidad de todas las fuerzas populares, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, la unidad de toda la Fuerza Armada, mis queridos soldados, camaradas, compañeros; la unidad del Ejército, mi Ejército, mi amado Ejército. El Ejército, la Marina, mi amada Marina. Digo porque los adversarios, los enemigos del país no descasan ni descansarán en la intriga, en trata de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como estas, pues. Entonces, ¿cuál es nuestra respuesta? Unidad, unidad y más unidad. ¡Esa debe ser nuestra divisa! Mi amada Fuerza Aérea, mi amada Guardia Nacional, mi amada Milicia. ¡La unidad, la unidad, la unidad! El Partido Socialista Unido de Venezuela, los partidos aliados, el Gran Polo Patriótico, las corrientes populares revolucionarias, las corrientes nacionalistas. ¡Unidad, unidad, unidad! ¡Unidad! Decía Bolívar: “Unámonos o la anarquía nos devorará, sólo la unidad nos falta —dijo después, o antes había dicho— para completar la obra de nuestra regeneración…”.
De manera que el asunto estriba en como dirimir las tensiones internas que suponen las relaciones entre un proyecto nacional-bolivariano y un proyecto anti-capitalista. En las actuales circunstancias, las interrogantes, dudas e inquietudes más bien se amplifican. La construcción de un perfil propio para Nicolás  Maduro apuntala una visión del momento político dominada por los imperativos de la gobernabilidad y de la estabilidad luego de los resultados del 14 de abril, que no cabe duda que quebraron las expectativas favorables del campo bolivariano. ¿Implica este resultado un viraje hacia la “moderación”? Los interrogantes, dudas e inquietudes se amplifican.
Podríamos recordar que luego de la partida física de Lenin en 1924, se consolidó en la URSS la llamada teoría del “socialismo en un solo país” como doctrina de la Internacional y la consigna de la “dictadura democrática de obreros y campesinos” para los países llamados coloniales y semi-coloniales. En los pensamientos de Stalin y Bujarin, los países llamados atrasados no estaban “maduros” para el socialismo y debían pasar por un necesario e inevitable período de desarrollo democrático-burgués.
Desde este prisma interpretativo, la revolución latinoamericana era fundamentalmente una revolución democrático-burguesa y por lo tanto no estaba planteada la lucha inmediata por la revolución socialista. Luego, la “traición” del Kuomintang en China, hizo que la caracterización de las burguesías nacionales pasara de ser calificada como “progresistas” a ser calificadas como “contrarrevolucionarias”. El asunto del llamado “bloque de cuatro clases” y de alianzas con sectores de la burguesía nacional comenzó a gravitar sobre las políticas internas del propio partido comunista.
Para el estalinismo hegemónico estaba prohibido cometer el “pecado trotskista” de “saltar las etapas” de la revolución. El asunto era como conducir una revolución económica burguesa bajo la conducción de un partido revolucionario, y para el caso latinoamericano era preciso que se consumara la revolución democrático-burguesa latinoamericana como un mero apoyo o soporte de la revolución socialista mundial. De manera que a lo sumo, lo que podría plantearse en América Latina eran reformas (más profundas o menos profundas) y no revoluciones radicales.
En el contexto latinoamericano, Julio A. Mella y José C. Mariátegui expresaron a su manera posiciones que se contraponían  a esta visión: sostenían posturas de izquierda revolucionaria polemizando con el APRA y soterradamente contra algunas de las tesis del llamado frentes-populares de Dimitrov en la lucha contra el fascismo.
Tanto Mella como Mariátegui defendían la constitución de la Liga Antiimperialista, algo muy diferente o cualitativamente superior de las alianzas continentales contra el neoliberalismo hegemónico que se escuchan actualmente en organismos como UNASUR o la CELAC.
Ciertamente, vivimos otros tiempos y otras correlaciones de fuerzas, y es en la caracterización del presente (el análisis concreto de la situación concreta o el análisis gramsciano de las relaciones de fuerzas) donde no se deben cometer los peores errores de sub-estimación o sobre-estimación de las fuerzas propias y de las fuerzas adversarias. Pero debemos recordarlo: Mella y Mariátegui realizaron una importante labor de delimitación. El APRA había surgido en 1925 como una propuesta de frente único del ala izquierda de los estudiantes e intelectuales de la Reforma Universitaria y el movimiento obrero. En 1927, su principal dirigente, Haya de la Torre, se define contra el comunismo y postula al APRA como el “Kuomintang latinoamericano”, es decir, como un partido nacionalista con una estrategia de conciliación de clases. ¿Es acaso el PSUV un partido nacionalista con una estrategia de conciliación de clases? ¿Es acaso el gobierno de Maduro un gobierno nacionalista con una estrategia de conciliación de clases? Las  interrogantes, dudas e inquietudes se amplifican.
En aquel Perú efervescente de los años 20-30, la “vanguardia” que había surgido del movimiento obrero de 1919 y la Reforma Universitaria y había encontrado su expresión cultural en la revista Amauta, se divide claramente en un ala nacionalista pequeñoburguesa (Haya de la Torre) y otra socialista que defiende el marxismo y la perspectiva de la revolución proletaria y antiimperialista (Mariátegui). No obstante, el aprismo como figura doctrinal del nacionalismo popular, en la misma medida que combatía a los marxistas, se presentaba como una verdadera teoría revolucionaria para la realidad latinoamericana:
“El aprismo niega la posibilidad de la dictadura del proletariado que no puede ser efectiva en países de desarrollo industrialmente incipiente y en donde la clase obrera es rudimentaria y no ha llegado a la madurez para abolir de un solo golpe la explotación del hombre por el hombre, imponer la justicia social, el socialismo en una palabra. Y, en segunda instancia, aprovecha las lecciones del marxismo cuando enfoca la realidad latinoamericana desde el ángulo de la interpretación económica y propone la planificación de la economía y la formación de un Estado, nuevo en su estructura, que controlen e integren a las masas productoras, quitándole su dominio a la casta feudal-latifundista (…). No hay, consecuentemente, oposición entre la doctrina aprista y la de Marx”.
Esta fue una operación fundante del llamado nacionalismo “de izquierda” pero “reformista”: postular la validez de la teoría “económica” de Marx y la invalidez de su teoría “política”, planteando así la posibilidad de que un gobierno nacionalista (burgués) lleve adelante una política económica “marxista”. Eso sí, sin expropiar a la burguesía ni al imperialismo. En aquel entonces, las “nacionalizaciones de los principales medios de producción” eran casi las políticas axiomáticas de las izquierdas revolucionarias.
No es casual que estos debates se repitan en Venezuela casi en los mismos términos, demostrando que las formaciones discursivas y los guiones ideológicos son más resistentes al tiempo, que el ciclo de vida de sus propios portadores. Esto sucede tanto en la izquierda como en la derecha. De allí la importancia del campo ideológico en el análisis de los llamados procesos de giro a la izquierda en América Latina: ¿Qué hay de nuevo allí?
En “Glosando los pensamientos de Martí”, Mella establece un diálogo a partir de las ideas del prócer cubano, con el objetivo de demostrar que la evolución histórica del capitalismo en su fase imperialista, impide separar la lucha por la independencia nacional de la lucha por la emancipación de la clase obrera. Para Mella, continuar la obra de José Martí era defender la perspectiva del marxismo.  Algo semejante ocurre con cierta interpretación de la relación de Bolívar y Marx en la revolución bolivariana. Chávez afirmó que el proyecto de la Revolución Bolivariana en las actuales circunstancias de la crisis capitalista mundial planteaba el dilema de Rosas Luxemburgo: O Socialismo o Barbarie. El problema que plantea un “grano de maíz” es cuál socialismo se construye con las armas melladas del capitalismo. Obviamente no la visión del socialismo que ellos plantean con tanta claridad (http://ungranodemaiz.blogspot.com/2013/06/como-es-el-socialismo-domingo-02-06-2013.html):
“El concepto de Socialismo del siglo XXI es quizá el más vapuleado en la historia, ha soportado una avalancha de palabras, frases y definiciones que lo deformaron, ocultan su verdadera esencia y nos conducen al capitalismo. Allí están China y Rusia, en revisiones similares, en "inventos" que terminaron siendo más capitalistas que los gringos. Si de Socialismo habló Chávez, si hacia allá vamos, entonces lo primero que debemos precisar es ¿qué entendemos por Socialismo?, ¿qué esperamos conseguir con él?, ¿cuáles son sus características? Ese, nos parece, es el centro de la discusión, y además necesidad urgente so pena de fracasar. Si no conocemos la meta, no sabremos el rumbo, las acciones, los pasos, siempre serán falsos. El Socialismo está bien definido en los clásicos, allí está señalado el camino correcto, en los libros, que algunos consideran excremento de dinosaurio pero que son acervo de la humanidad. Los libros, esas enseñanzas que la oligarquía y algunos no quieren que llegue a la masa, son reflejos de la práctica revolucionaria de siglos. De allí se nutrieron los clásicos: Lenin escribió desde las entrañas de una Revolución, lo mismo Fidel, el Che, Marx se alimenta en la Comuna de París y en el capitalismo inglés. En la sabiduría revolucionaria acumulada por la humanidad está la respuesta de qué pasa en la Revolución Bolivariana. Estudiémosla, la otra opción es perecer.”
Las respuestas a este tipo de interrogantes han sido desde el silenciamiento de las críticas, su marginación, hasta los intentos de colar algunas posiciones donde se expresan con franqueza las diferencias. Por ejemplo, Roberto Hernández Montoya ha escrito (¿Hasta dónde llegar? http://www.aporrea.org/actualidad/a167167.html:
“Toda revolución encara el dilema Robespierre/Danton, Trotsky/Stalin, Escila/Caribdis. «Los peligros y los principios» que decía el Che en su carta de despedida a Fidel (http://www.analitica.com/bitblioteca/che/carta_a_fidel.asp). La humanidad en general suele confrontar este tipo de disyuntivas, querellas recurrentes como la de antiguos y modernos, correr o encaramarse, estar en 3 y 2. No, casi nunca es fácil y sea cual sea la opción que se asuma siempre queda la espinita de si la otra hubiese sido mejor.”
Pero el meollo de la respuesta de Hernández Montoya reside en el siguiente párrafo:
“Hay quien llama socialdemócrata a Maduro porque no nacionaliza todas las empresas privadas de un solo guamazo. Siempre he fantaseado que alguien sabe cómo se hacen las revoluciones de un solo leñazo, varita mágica que de un solo chispazo crea el reino de la abundancia y la libertad, sin Estado ni Dios ni ejército ni propiedad privada y, como en la canción El día que me quieras, «florecerá la vida, no existirá el dolor». O como en el poema Habladurías de Manuel Rodríguez Cárdenas: «Dicen que hay una sierra de pan tostao/donde el maíz que se siembra/nace cargao», etc. Ἀρκαδία o Arcadia, El Paraíso, El País de Cucaña o Jauja, El Dorado, El País de la Canela, la Civitas Dei o Ciudad de Dios, Utopía, etc. De cada quien según su capacidad y a cada quien según su necesidad. Si alguien sabe cómo se llega al Comunismo de un solo lagañazo favor decirlo y no seguir con el sadismo de callar viendo cómo nos deslomamos buscando.”
¿Nacionalizar las empresas de un solo guamazo? ¿Hacer las revoluciones de un solo leñazo? ¿Llegar al comunismo de un sólo lagañazo? ¿Acaso estas son las interrogantes, dudas e inquietudes se amplifican?
Del hecho cierto de que Fidel haya dicho que uno de sus errores fue creer que había un manual de cómo hacer el socialismo, no se sigue que la interpretación simplificada de Mariátegui sea que el socialismo debe ser creación heroica, porque o inventamos o erramos (Rodríguez dixit).
Lo siguiente y ausente es aún más importante. ¿Que hemos inventado y creado heroicamente desde el año 2006 para llegar a la conclusión de Chávez en la redacción del programa Independencia y Patria Socialista diga:
“No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo?”
¿Dijo usted una radical supresión de la lógica del Capital que debe irse cumpliendo paso a paso, sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo? Allí se anudan las contradicciones que nos caen a nosotros, recordando el “nosotros” que cierra el texto de Hernández Montoya. O para buenos entendedores: Al que le caiga, le chupa.
“Lo peor que tiene este dilema es que la salida depende de nosotros. Lo mejor que tiene este dilema es que la salida depende de nosotros.”
En fin, lo mejor y lo peor depende de nosotros, y como de nosotros depende, habrá que asumir posiciones abiertamente en la dirección de una radical supresión de la lógica del Capital, cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo, si se pretende mantener el legado de Chávez. Porque hay otras opciones, entre las cuales se cuela utilizar las palabras de Chávez en concierto de conveniencia: un Chávez-“Tres raíces”, por aquí, un Chávez-“desarrollo endógeno”, por allá, un Chávez-“mesa de diálogo con empresarios”, un Chávez-“salúdame a Bill Clinton” por acá, un Chávez-“el nuevo mejor amigo de Venezuela”, y así cada quien con su prototipo de Chávez-“significante vaciado” para que no existan antagonismos, sino una proliferación infinita de diferencias sin antagonismo. Pero el problema es que Chávez planteó una postura antagónica: Chávez anti-imperialista, Chávez anti-neoliberal, Chávez anti-capitalista. ¿Qué queda de ese Chávez, en el gobierno que preside Nicolás Maduro? Esperamos que sea mucho.
Así como Mella en su folleto polémico “¿Qué es el ARPA?” donde desarrolla, basándose en las tesis del II Congreso de la Internacional Comunista, la relación entre lucha antiimperialista y revolución obrera:
“En su lucha contra el imperialismo (el ladrón extranjero) las burguesías (los ladrones nacionales) se unen al proletariado, buena carne de cañón. Pero acaban por comprender que es mejor hacer alianza con el imperialismo, que al fin y al cabo persiguen un interés semejante. De progresistas se convierten en reaccionarios. Las concesiones que hacían al proletariado para tenerlo a su lado, las traicionan cuando éste, en su avance, se convierte en un peligro tanto para el ladrón extranjero como para el nacional. De aquí la gritería contra el comunismo. (…) Para hablar concretamente: liberación nacional absoluta, sólo la obtendrá el proletariado, y será por medio de la revolución obrera”.
De manera que buscar la independencia de la mano de la concertación con diferentes fracciones del capital, puede llevarnos a la tragedia del adeco Jaime Lusinchi cuando dijo: “Los banqueros me engañaron”. Por tanto, ni siquiera se trata de “nacionalizar a golpe y porrazo” como sugiere Hernández Montoya pues ya mella decía:
“Nacionalizar puede ser sinónimo de socializar, pero a condición de que sea el proletariado el que ocupe el poder por medio de una revolución. Cuando se dicen ambas cosas: nacionalización y en manos del proletariado triunfante, del nuevo Estado Proletario, se está hablando marxistamente [sic]. Pero cuando se dice a secas nacionalización, se está hablando con el lenguaje de todos los reformistas y embaucadores de la clase obrera. Toda la pequeño-burguesía está de acuerdo con la nacionalización de las industrias que les hacen competencia y hasta los laboristas ingleses y los conservadores, sus aliados, discuten sobre la ‘nacionalización de las minas’. En Alemania, en Francia y en los Estados Unidos hay industrias nacionalizadas. Sin embargo, no se puede afirmar que Coolidge o Hindenburg sean marxistas”.
El problema de las posiciones y sus lugares de enunciación, como gustan decir ahora los académicos para no hablar de posiciones ideológicas de clase, es precisamente el del “carácter de clase” de una u otra orientación de la política gubernamental. ¿O es que acaso no hay “carácter de clase” entregando divisas convertibles en el SITME para un lado o para el otro? ¿Quién necesita divisas convertibles y para qué? Todos quisiéramos creer que es “por el bienestar y desarrollo de la nación”.
Por otra parte, Mariátegui, polemiza en un sentido similar contra el aprismo:
“La divergencia fundamental entre los elementos que en el Perú aceptaron en principio el APRA –como un plan de frente único, nunca como partido y ni siquiera como organización en marcha efectiva– y los que fuera del Perú la definieron luego como un Kuomintang latinoamericano, consiste en que los primeros permanecen fieles a la concepción económico-social revolucionaria del antiimperialismo, mientras que los segundos explican así su posición: ‘somos de izquierda (o socialistas) porque somos antiimperialistas’. El antiimperialismo resulta así elevado a la categoría de un programa, de una actitud política, de un movimiento que se basta a sí mismo y que conduce, espontáneamente, no sabemos en virtud de qué proceso, a la revolución social (…). El antiimperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El antiimperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeño-burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses (…). Ni la burguesía, ni la pequeño-burguesía en el poder pueden hacer una política antiimperialista”.
El surgimiento de los nacionalismos burgueses con base de masas que históricamente hemos denominado como políticas reformistas y desarrollistas en las décadas posteriores en Nuestra América, muestra que las políticas de “moderación” frente a las fracciones del Capital tiene un amplio margen de maniobra, y pueden hacerse bajo la figura de un “Socialismo de fachada”. Uno espera que eso no ocurra con la Revolución Bolivariana, si el anticapitalismo se difumina en una alianza popular.
¿No se llama acaso “partido popular” la derecha española? ¿No se llama acaso “progresismo popular” la alternativa de Capriles Radonsky? ¿No se llamaba acaso Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) el partido populista que fundó Haya de la Torre? ¿No se jactaba Rómulo Betancourt de haber fundado un partido de masas populares que le cerró el paso a las ideas comunistoides en Venezuela?
Como gustaba decir a Rigoberto Lanz: “las palabras no son neutras”. Y en cuestión de confusiones ideológicas e identidades políticas nada mejor que las siguientes frases de Luis Brito García (Espejos):
“Ya que no puedo vencer al adversario que tantas veces me ha vencido me propongo convertirme en él. Con un poco de práctica  remedo las apariencias. Comenzar por los gestos. Seguir con la forma de hablar. Continuar con las ropas. Copiar todos los temas. A medida que me voy convirtiendo en lo que odio observo que el adversario empieza a remedar mis apariencias. Imita mis gestos. Sigue con mi forma de hablar. Copia todos mis temas. A medida que se va convirtiendo en lo que odia ya no sabe que se convierte en quien trata de convertirse en lo que él era. Mientras más trato de ser él, más trata de ser yo, mas yo no soy más que el remedo de quien no es más él sino el intento de convertirse en otro que no es nada.”
De manera, que el gobierno del gran polo patriótico debe cuidarse mucho de un proceso que sólo conduce a desdibujarse programática e ideológicamente, olvidando sobre todo el legado de Chávez (de la Agenda Alternativa Bolivariana al Antiimperialismo, del Antiimperialismo al Anticapitalismo), pues la unidad de los movimientos sociales, fuerzas del poder popular, en una amplia alianza popular, patriótica, revolucionaria antiimperialista y socialista, requiere clarificar no sólo la política de alianzas sino el pequeño asunto del antagonismo en las sociedades capitalistas.
Si en el alto gobierno bolivariano son alérgicos al discurso y la práctica de la lucha de clases, podrían sincerar el libro rojo del PSUV en el congreso del año 2014, excluyendo cualquier referencia al discurso y la práctica de las izquierdas revolucionarias (incluyendo obviamente cualquier referencia al marxismo).
Eso se llama sincerar el discurso. Si el camino es el “Lulismo” estamos en el terreno de una izquierda reformista, progresista y que calza bien con las burguesías desarrollistas del Continente y la integración  continental pasaría por las siguientes palabras de Mariátegui:
“Los brindis pacatos de la diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.”(Mariátegui (1924): la unidad de la América Indo-española”)