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viernes, 29 de noviembre de 2013

AL SERVICIO DEL...¿IMPERIO?



Javier Biardeau R.
Imperio e Imperialismo son categorías manoseadas. Muchas veces poco comprendidas en su contenido y alcance. Desde muchos espacios se escucha que es preciso renovar la teoría clásica del imperialismo [1]. Desde muchos otros espacios, se señala que las supuestas superaciones de la teoría clásica del imperialismo son pasos en falso. Una brevísima referencia a ésta discusión es central para adentrarnos en el debate [2].
Sin embargo, más allá de este debate, es preciso no olvidar la tragedia de Venezuela como enclave petrolero controlado por los principales monopolios capitalistas de los países centrales del sistema-mundo. Luego, como economía extractivista-dependiente bajo el imaginario de la nacionalización chucuta en los siglos siglo XX y ahora a comienzos del XXI. Por su condición petrolera, Venezuela ha estado en el centro de la geopolítica mundial del siglo XX.
Esta es la verdadera tragedia de Venezuela en el siglo XX: su efectiva subordinación a centros de decisión ajenos a una voluntad colectiva nacional-popular autónoma. El siglo XX de Venezuela, se resumió en: Venezuela sumisa ante Washington. Todos los campos y esferas de la vida social refractaron esta condición de dependencia histórico-estructural, desde los directamente políticos y militares, hasta los campos culturales e intelectuales. De manera que quienes hablan hoy de sumisiones a China o a Cuba, sufren de un olvido selectivo. Se convierten en amnésicos intencionales que pretenden opacar la larga historia de sumisión a Washington y hacia el imperialismo, cuya historia se remonta a aquellas generaciones de lucha anti-imperialistas de los años 30 como Pio Tamayo, Gustavo Machado, Salvador de las Plaza e incluso al joven Rómulo Betancourt, aún no cooptado como agente de los intereses de Washington.
No es fácil de explicar el fenómeno histórico de amnesia selectiva que vive nuestro país y cómo segmentos de las capas medias y sectores dominantes presentan un síndrome de identificación o deseo de sumisión a Washington. Se puede, quizás entenderlo si recordamos el enfrentamiento entre la naciente entre las fuerzas democráticas venezolanas, la modernidad política y el régimen gomecista.
Ese enfrentamiento se resume en el choque entre el viejo orden oligárquico sostenido por el imperialismo, por fracciones capitalistas comerciales y bancarias, y la emergente insurgencia del bloque democrático y popular que arrastraba a una variopinta composición social de sectores, grupos y clases, pero de composición mayoritariamente popular, que aspiraban a una democracia de contenido social y de justicia, sin sumisiones a centros imperiales y superando la condición de enclave petrolero.
La intervención de una nueva dictadura militar de Pérez Jiménez, con su clara subordinación a Washington, luego del llamado trienio adeco, ha intentado ser justificada por la historiografía de los sectores dominantes, como un desenlace necesario e inevitable ante los excesos radicales y la falta de acuerdos con los factores de poder internacionales y nacionales. La culpa entonces fue de la víctima, retorica ya conocida y también difundida desde la historiografía de los vencedores.
Las consecuencias, dolorosas para Venezuela: una larga dictadura que sólo fue echada abajo cuando sus protagonistas directos no se subordinaron a los intereses de Washington, lo que implicaba no cejar en este intento de recuperación del proyecto de participación popular y de una democracia con justicia social, a pesar de quienes desde el exilio intentaban ponerle trabas a las acciones de la Junta Patriótica, y cualquier trabajo conjunto con el Partido Comunista de Venezuela para salir de la dictadura o con sectores de militares patriotas que efectivamente no consentían ni la subordinación a Washington ni la entronización de Pérez Jiménez en el poder, como fue el caso de Hugo Trejo, entre muchos otros.
El 23 de enero de 1958 abrió una compuerta de posibilidades, y las certeras maniobras de Washington y de sus aliados nacionales, sometieron a los sectores populares a un nuevo ciclo de fantasías y desilusiones, robándoles la posibilidad de establecer una autónoma dirección política de la insurrección popular y militar.
En este cuadro de maniobras, Betancourt ganó la batalla y el gobierno de unidad nacional se inclinaba no hacia un cambio profundo, sino hacia cambios sociales y económicos de corte gatopardo. Los intereses de Washington quedaron intactos.
Betancourt ganó una posición de ventaja con sus eficaces provocaciones contra las organizaciones y corrientes revolucionarias de izquierda, quienes desde la experiencia de la autodefensa armada tomaron el camino precipitado de la lucha armada encandilados ideológicamente por comparaciones con la revolución cubana, abandonando el trabajo político en las bases sociales de apoyo de masas.
El horizonte de la guerra fría, que ya se había proyectado sobre Venezuela desde mucho antes, y del cual Betancourt demostró ser un adelantado alumno, construyó en parte su legitimidad a partir de la lucha contra los extremismos, en este caso, el castro-comunismo. La amenaza real a los intereses de Washington fue (desde el primigenio gesto de autonomía del Gobierno de Medina hasta el Trienio Adeco) que EE.UU y sus aliados perdieran el control del Petróleo venezolano y de los principales recursos del país.
El enclave imperialista no estaba sólo en el control de recursos y decisiones claves, sino en la psique de las elites, en sus mentes y corazones como proclamó J.F Kennedy y su alianza para el progreso. De allí la importancia de enclavar el imaginario del Pentagonismo en el pensamiento y acción de las elites civiles y militares, como señalo Juan Bosch. Su respaldo: inversiones, armamento y entrenamiento militar.
En conclusión, EE.UU tenía bajo pleno control y subordinación a Venezuela, y como se ha dicho reiteradamente en lenguaje popular: tenía sus resortes de poder agarrados por las bolas. La vocería de los sectores dominantes responde a la ruptura del imaginario de identificación con Washington con una comprensible muestra de ansiedad ante la posibilidad de perder un puntal central que les garantiza escapar de la orfandad ideológica. Y sin Washington, ¿Quiénes somos? La respuesta para quienes dependen en su profunda personalidad de base de Washington es: somos nadie. Como dicen ahora: ¡me iría demasiado!
De manera sorprendente, en la actualidad, voceros de los sectores dominantes pretenden reactivar toda la cadena de narrativas anti-comunistas: desde del inciso sexto y del llamado betancourista frente a la amenaza del castro-comunismo hasta los cursos actuales de globalización exitosa, para intentar pasar a la ofensiva contra la Revolución Bolivariana. Chávez fue hasta hoy una pesadilla para la estructura de sentimientos de estos grupos. Para otros, fue la posibilidad cierta para darle voz y reconocer la lucha de la corriente histórica nacional-popular, sobre la que el genio de Bolívar tejió el proceso de independencia de un área geo-estratégicas de la Patria Grande. ¿Quiénes están al servicio del Imperio? Dirían: ¡Qué fastidio Bolívar, y pensábamos que era un cuadro pegado en la pared del Colegio!
El golpe del 11 de abril de 2002, así como el llamado sabotaje petrolero tuvieron olor a Washington y Petróleo, como lo tienen los actuales intentos de desestabilización del Gobierno de Maduro. Lamentable es observar en el seno de los dirigentes de los partidos del GPP, con honrosas excepciones, un conjunto de contradicciones electoralistas y sectarias en quienes deben calzar la etiqueta de ser Los hijos e hijas de Chávez. Lamentable que no asuman la estatura del legado revolucionario de Chávez (unidad revolucionaria y anti-imperialista) en el contexto de una historia que no es la de la pequeña política, sino que por los antagonismos que se anuncian, de la gran política.
Pero la historia no la hacen los deseos de las almas bellas, sino las fuerzas y las luchas en un cuadro de diferencias, tensiones, conflictos, contradicciones y antagonismos. El lenguaje de la guerra, para algunos voceros de los sectores dominantes, no concluyó en la década de los sesenta. Para ellos, es Fidel Castro y no el imperialismo norteamericano quien pretende controlar a Venezuela y a su petróleo. La amnesia tiene consecuencias políticas.
Si analizamos la historia contemporánea del siglo XX venezolano: ¿Quiénes se aprovecharon de la debilidad de los partidos políticos modernos en los años 30 para intentar influir ideológicamente en la sociedad, en las juventudes presentes en los liceos y universidades, como potenciales espacios de formación de nuevas elites? ¿No le quiso poner la mano el imperialismo norteamericanos a los aparatos educativos del país y ponerlos al servicio de su política de modernización? ¿No le quiso poner la mano el imperialismo norteamericano a los institutos militares y las Fuerzas Armadas para ponerlos al servicio de sus políticas de contención del comunismo? ¿No han sido sus mejores cuadros quienes han cacareado desde entonces que en Venezuela lo que hace falta es más modernización y más desarrollo capitalista?
Hay que estar muy alertas, pues las voces de los sectores dominantes llegan al colmo de considerar como un error político no darle un golpe de estado preventivo a la democracia venezolana en el año 1998 para impedir la llegada al poder a la propuesta constituyente de Hugo Chávez. A Chávez se le acusó desde entonces de las intenciones reales que proyectaban sobre su figura las elites del poder: totalitario, dictador, comunista, tirano y autócrata son términos manidos por quienes en nombre de una democracia a su medida, y que en realidad es un sistema de gobierno tutelado por Washington, acarician la tesis del golpe perfecto para su pasión de Vete ya.
El drama de las pasiones más entremezcladas con las vísceras que dominan las afecciones del alma de sectores radicales antichavistas es que Chávez partió físicamente, pero la revolución bolivariana sigue presente. Esto solo es posible a través de un¿Fraude?
Que Venezuela no esté controlada totalmente por el poder de Washington, es justamente lo que hace rabiar de máxima hostilidad a estos sectores aún dominantes en ciertas esferas reales del poder en el país. Lo cierto es que Chávez no avanzó más en la revolución porque una revolución sin pueblo organizado y movilizado para hacerla, se quedó atascada en las meras luchas de la pequeña política por órganos constituidos para tramitar pequeñas cuotas de poder, incluidos partidos políticos sin audacia revolucionaria que siguen sin demostrar la estatura estratégica que demostró Chávez en los momentos más difíciles.
Tampoco avanzó más porque hay una feroz resistencia de los factores económicos de poder y de sus grupos auxiliares. De manera que los órganos y aparatos del Estado venezolano están atravesados por múltiples conflictos de intereses con olor a conflictos entre sectores, grupos, clases y fracciones. En ese esfuerzo, Chávez logro posicionar una agenda de luchas, un programa para la Independencia y la construcción del Socialismo que aún sigue siendo materia pendiente.
A algunos de los hijos e hijas de Chávez podría asustarles el reto, prefiriendo buscar el camino fácil de las moderaciones concertadoras, lo que llevará inevitablemente a convertirlos en servidores del Imperio. De manera, que Washington ha abierto sus brazos para recibir a los descarriados por la aventura histórica de la revolución bolivariana.
Veremos quienes se dejan abrazar por el pacto que dibuja la trayectoria de la moderación concertadora. No será la primera vez que rabiosos antiimperialistas y retóricos marxistas se abracen con las demandas del Imperio, para ser cooptados, remodelados y reconvertidos en funcionarios respetables de las personificaciones del Capital. Esto es cuento viejo, como las mentiras de los servidores del Imperio.
Pero debemos enfatizar una arista. El proyecto revolucionario de Hugo Chávez en vida, pretendió sin engaños ni dobleces hipócritas refundar la República y transformar desde raíz al Estado Venezolano, expulsando de su seno a todos los factores de poder que pretendían levantar el vuelo de un proyecto de privatización neoliberal y desnacionalización del país. Eso implica aún la transformación de las instituciones políticas, el papel de los medios de comunicación, de los aparatos educativos, superar los chantajes de diversas fracciones de los sectores económicos dominantes, poner a PDVSA y la Fuerza Armada al servició del pueblo y las tareas del desarrollo integral de la Nación. Léase bien, no al servició de Washington ni de las corporaciones transnacionales que conforman la actual estructura de Comando del Imperio. Si analizamos la profundidad y alcance del termino revolución, aún hay demasiados retos pendientes.
El error histórico fundamental de los sectores dominantes del país sigue siendo confundir su idiosincrasia servil a Washington, con la totalidad de la Cultura nacional, de allí su recurrente ciclo de destrucción de Bolívar como héroe popular, con alma, carne y hueso de independencia y lucha nacional-popular.
Sin embargo, cabe reconocer, que los sectores dominantes manipulan a su antojo la tradición democrática del pueblo venezolana, siempre dándole una dirección hacia las reformas, la moderación, los límites y el culto a la representación política. Así mismo, han sabido construir desde la condición rentista y dependiente, una cultura consumista, unos hábitos hacia la ostentación, el despilfarro y lo suntuario que sustituyen los viejos y dolorosos grillos de Gómez por una fantasía ligera y un acondicionamiento de masas, que requeriría de profundos estudios psicosociales alrededor del mito de la soberanía del consumidor. La peor demostración de esto es el modelaje del consumismo rojo, rojito.
De manera que hay que reconocer que Hugo Chávez, en cierta forma, no superó estos pesados obstáculos, y lo que logro hacer utilizando su carisma y los altos precios petroleros fue postergar una realidad que conforma un verdadero iceberg a proa en la Revolución. El socialismo puede ser reconvertido y metabolizado en un simulacro de aspiraciones de consumismo.
El hecho real de que amplios sectores sociales hayan mantenido una permanente oposición a la revolución bolivariana; y lo que es peor, que exista una franja muy importante de potenciales canales de desplazamiento de segmentos blandos y autodefinidos como ni-ni hacia un imaginario funcional a la subordinación al servicio del Imperio, permite excavar en las reales fuerzas de transformación estructural de la sociedad venezolana. La correlación electoral de fuerzas es sólo un efecto de superficie de procesos más profundos, no sólo de la política y la cultura política, sino de los imaginarios sobre los modos de vida.
El predominio del imaginario consumista y mayamero se sigue manifestando de distintas maneras. El status y el éxito se sigue midiendo con símbolos y signos que corresponden a las expectativas y modos de vida controlados fundamentalmente por estilos de vida y consumo que poco tienen que ver con los objetivos nacionales trazados por la revolución bolivariana. De manera, que desde el punto de vista de la ideología-cultura del consumismo, al parecer aquí todos estamos al servicio directo o indirecto del Imperio, con la excepción de algunas mentalidades espartanas que plantean como hecho prioritario una revolución cultural para socavar los resortes más profundos de la dominación.
Cada día es posible constatar cómo se desvanece aquel discurso afiebrado de Chávez por el buen vivir en la propia alta dirección política de la revolución, y parece que compran el paquete ideológico del bienestar como consumo de alto estatus y llave en mano. ¿Habrá fracasado ostensiblemente allí el llamado legado de Chávez?
Las consecuencias están a la vista y ponen en jaque a la revolución bolivariana. El Imperio se frota las manos, pensando que es cuestión de desgaste y tiempo. Luego de los sucesos electorales de abril, la gran pregunta fue: ¿Y porque votaron en contra de la revolución un segmento nada despreciable de chavistas? Algunos ubican las respuestas en la escogencia de Nicolás Maduro como heredero de Hugo Chávez. Se plantea a volumen bajo que no representa ni la personalidad, ni la fortaleza necesaria ni las capacidades requeridas para la delicada situación.
Sin embargo, desde mi punto de vista, fue el reforzamiento en exceso patente del carisma y personalidad de Chávez durante 14 años, utilizándolo como factor esencial del sistema de conducción política, el boomerang que hubiese sufrido cualquiera de los que hubiesen sido seleccionados como sucesores de Chávez. Se trata de la clásica paradoja de heredar una debilidad producto de una gran fortaleza anterior.
De manera, que no son sólo los llamados apóstoles de Chávez, lo que tienen que estar a su altura, sino que hay que ser más realistas con los techos heredados por el llamado legado de Chávez. Es contradictorio buscar a Chávez en Maduro, Adán, Cabello, Ramírez o Jaua. La dirección carismática del proceso no puede ser sustituida con un carisma manufacturado, sino por una dirección colectiva, que forme verdaderos cuadros políticos preparados para el relevo generacional a Chávez. Y esto se hará en las peores condiciones. Con Chávez fuera de la escena.
Por ejemplo, los retos de la crisis del modelo económico no pueden superarse a partir de una propaganda que repite la letanía sobre Chávez. Es un reto real para la dirección política del proceso. ¿Cuentan con capacidades y apoyos suficientes para manejar la situación? Por ese flanco viene gran parte de la embestida imperial.
No es posible alegrarse de una transición al socialismo que en los hechos celebra que el crecimiento económico dependa de los sectores bancarios y especulativos. Ese crecimiento está al servició de los intereses del imperio, por si no se han dado cuenta.
¿Quién tiene el sartén agarrado por el mango ahora? ¿Quiénes concentran ahora los dólares petroleros? En este pulso económico, suponer que hay que dejar por fuera la organización y movilización del poder popular en las tareas de la revolución es el peor error. Ese error puede costar muy caro y si se comete, los ganadores serán los servidores del ¿Dijo usted imperio? ¡Bah, fantasías de trasnochados!

jueves, 4 de febrero de 2010

DE CONTRAREVOLUCION SE TRATA



Javier Biardeau R.
El año 2010 será año decisivo, donde se medirán las fuerzas reales en múltiples frentes de emancipación en el continente (Honduras fue el “experimento crucial”, desenlace que debió colocar a Insulza en la única posición de dignidad: renunciar dada su ineficacia e impotencia). Particularmente se pondrá a prueba decisiva, a las capacidades políticas de la alta dirección política de la revolución bolivariana (¡es con ustedes, amigos!). Se trata nada más y nada menos, de la tarea de intentar neutralizar nuevos planes y acciones del gobierno de los EE.UU en contra de la soberanía de Venezuela.
El “Pentagonismo” reaparece con bríos, con sus “injerencias democráticas”, recordando su “destino manifiesto”, para podar de raíz lo que consideran las “hiedras venenosas” en “su patio trasero” (populismo radical dixit), apelando al “monroísmo” de siempre.
En este contexto, Venezuela será sometida a un nuevo experimento de “acoso y derribo”, a la confluencia de presiones económicas, diplomáticas, políticas, militares y mediáticas, en el plano internacional y nacional, con actores de reparto y puesta en escena de nuevas tácticas de desestabilización (¿Dijo usted resistencia civil? (Randle dixit: acuda a los manuales de la NED, NDI, IRI, USAID).
La cosecha de multiplicadores de los cursos de “liderazgo juvenil”, de “redes populares”, de “liderazgo emergente”, ha dado paso a los “frijolitos envenenados”, que gritan en nuestras calles los guiones y simbologías de “Otpor”, más o menos adaptados (como los enlatados mediáticos) a nuestros específicos códigos culturales).
¿Dijo usted contra-revolución? Se trata de algo más que de “carne de cañón”.
A raíz de la geo-estrategía de EEUU en lo que Brzezinski denominó, los "Balcanes Globales", el gobierno de Estados Unidos ha trabajado estrechamente con las principales ONG´S para "promover la democracia" y la "libertad" en todos aquellos territorios que consideran sus “espacios vitales”. Obviamente, se trata de balcanizar; es decir, desintegrar y debilitar todos aquellos espacios geopolíticos que puedan adversar la hegemonía norteamericana (bloques de poder regionales/multipolaridad).
Ya es música conocida que las “revoluciones de colores, terciopelos, tulipanes y de frijolitos envenenados” (Eva Gollinger ya pasa a ser una experta en esto) son una estratagema clave en la imposición del Nuevo Orden Mundial liderado por Estados Unidos.
En las arraigadas “raíces” del inconsciente político de determinados segmentos sociales están impregnados los significantes del “Yes, Yankee in my Home”. Hablan con naturalidad de “soberanía compartida”, en fin de “protectorado neo-colonial”, como le gustaba decir a Simón Saéz Mérida en vida, cuando nos hablaba de los ahora olvidados “Documentos de Santa Fe”.
Recuerdo a Saéz Merida, a propósito de su irreductible posición antiimperialista, algo que rebasa con creces a la condición sumisa y servil de cierta “izquierda académica” venezolana, siempre acariciada por el “prestigio” de una que otra Fundación Norteamericana. Cabe recordar que Saéz Merida no era “chavista”, por cierto. Pero sin duda afirmaba una posición nacional-democrática-revolucionaria que sembraron los adecos de izquierda. Gente que si tenían cierta noción del significado del “Pentagonismo” en el siglo XX, a diferencia del lacayismo de la adequidad de derecha, la que se quedó definitivamente con el cascarón del “Partido del pueblo”.
Se trata entonces, de reafirmar esta posición nacional-democrática-revolucionaria, más allá de los desacuerdos con el "hiper-chavismo" y sus sicofantes. Reafirmar la revolución democrática constituyente, para un socialismo de la democracia radical, muy distinto del "colectivismo burocrático-despótico", del llamado "Socialismo real".
Por tanto, la estrategia de la "revolución de colores" o " subversiones suaves" son una táctica política, cada vez menos encubierta, para ampliar la hegemonía imperial, con su OTAN ahora global, para contener cualquier desafío al poder de Estados Unidos como gendarme mundial. Los engranajes mediáticos del imperio vociferarán que se trata de “revoluciones democráticas” (por cierto, un terreno que no debe abandonar el frente revolucionario, a menos que quiera ser derrotado), en la que la gente de los respectivos países demanda la “rendición de cuentas”, la “gobernabilidad democrática”, la “legitimidad de desempeño”, y el acatamiento del “Estado de derecho”; sobre todo, hacia sus “dirigentes despóticos”, el “caos institucional” y “sistemas políticos arcaicos”. ¿Les suena conocido?
Ya sabemos que las organizaciones no gubernamentales (ONG´S), las instituciones educativas, y los medios, financian y organizan en gran medida a grupos de oposición y movimientos de protesta; y en medio de una elección, crean la percepción pública de fraude electoral, a fin de encauzar a “movimientos masivos de protesta”, para exigir que "sus" candidatos sea instalados en el poder. Obviamente, se trata de los “candidatos” favoritos de Washington.
En este marco, el proceso bolivariano luce realmente amenazado, es rotulado como una variante de “populismo radical”, y considerado una “grave amenaza” a la seguridad hemisférica del “mundo libre”, sirviendo además como elemento de continuidad en la lucha contra el “Castrismo” en América Latina y el Caribe. La alta dirección política bolivariana no puede cometer los errores de los años 60, y servirle la mesa a la contra-revolución.
Para muestra, dos botones. La "influencia negativa" del presidente Hugo Chávez sobre la región fue patéticamente profundizada por el Ministro de Defensa de Colombia Francisco Santos, mientras convalidaba el apoyo de Uribe al proceso de “sucesión constitucional forzada” en Honduras.(En: http://proceso.hn/2010/01/12/Nacionales/Colombia.ratifica.respaldo/19677.html).
Santos fue a Honduras “a ratificar el respaldo del Gobierno y del pueblo colombiano a los empresarios, a las instituciones y al pueblo hondureño”. En su charla magistral en el “Encuentro Nacional Empresarial 2010”, convocado por el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), dijo admirar al pueblo hondureño “que estoicamente aguantó las presiones internacionales, la injerencia externa, todo tipo de asalto a su soberanía para no permitir modelos anacrónicos que eliminan libertades”.
También añadió: “(…) los hondureños manifestaron nítidamente en las urnas su voluntad de respaldar el modelo democrático, de no arriesgar la suerte del pueblo y del país a ese populismo, a esa improvisación, a esa arbitrariedad, a ese recorte de libertades, a esa persecución persistente y ciega de las organizaciones sociales que no comulgan con el Gobierno o de los empresarios que generan las oportunidades y que dan sustento y la riqueza de un país”.
Además expuso: “mucho nos costó en este continente que esas libertades, que esa democracia liberal llegara a esta región”, y estimó que “mucho nos costará defenderla contra ese modelo contrario que ha dejado muy pocos resultados económicos, muchos menos resultados sociales, pero que tiene una retórica efectista que desafortunadamente no se traduce en bienestar para el pueblo de América Latina o para el pueblo de los países donde se ha instaurado”.
Y como si hubiesen tomado un cafecito juntos mientras redactaban sus respectivos discursos, el Director Nacional de Inteligencia (DNI) de EE.UU, Dennis Blair señaló ante el senado norteamericano: “(Chávez) continúa imponiendo un modelo político populista y autoritario en Venezuela que mina las instituciones democráticas”.
Haciendo gala de las reales implicaciones de su discurso agregó Denis Blair: “la influencia regional de Chávez podría haber llegado a su límite, es probable que continúe apoyando a aliados y movimientos políticos afines en países vecinos y busque socavar a gobiernos moderados pro-estadounidenses”.
Y colocó la ginda: “Él y sus aliados probablemente seguirán oponiéndose a casi todas las iniciativas políticas de Estados Unidos en la región, incluyendo la expansión del libre comercio, la cooperación antidrogas y antiterrorista, la capacitación militar, iniciativas de seguridad y hasta los programas de asistencia estadounidense”.
Quien tenga ojos que vea, quien tenga oídos que oiga. No olvidemos que Obama es mucho más “marketing político”, que “esperanza de justicia social”, que ha reinterpretado la doctrina de la “guerra justa” en plena audiencia del Premio Nobel de la Paz, que la Casa Blanca y el supremo Congreso son apéndices; en fin, mamparas del complejo industrial-militar-tecnológico de carácter (óigase bien) trasnacional-corporativo.
Lamentablemente, el Imperio existe. Los ciclos constituyentes, nacionales y populares latinoamericanos requieren de mucha creatividad política y flexibilidad para configurar nuevos proyectos históricos. Obviamente, el Socialismo Burocrático no es la vía. Más bien, constituye un excelente pretexto para el Pentágono. ¿Se lo regalará Chávez?
El Imperio busca enemigos. No solo está presente en el imaginario de “Avatar”. Lo demás, es puro cuento.

sábado, 5 de septiembre de 2009

¿SOCIALISMO "CALCO Y COPIA"?

Mariategui: El oficio del pensamiento crítico.

Javier Biardeau R.

“CÓDIGO MORAL DEL CONSTRUCTOR DEL COMUNISMO: Compilación de los principios- científicamente fundamentados– de la moral comunista, contenidos en el Programa del Partido adoptado en el XXII Congreso del P.C.U.S., en octubre de 1961. El código contiene los principios siguientes: fidelidad a la causa del comunismo, amor a la patria socialista, a los países socialistas; trabajo consciente en bien de la sociedad –quien no trabaja, no come–; preocupación de cada individuo por conservar y multiplicar el bien común; elevada conciencia del deber social, intolerancia con cuanto represente un perjuicio para los intereses sociales (…)” (Rosental-Ludin; 1965)
¿Puede el esbozo de un proyecto de revolución democrática, descolonizadora y eco-socialista ser una reproducción del socialismo burocrático del siglo XX? La respuesta es un no rotundo, lo cual significa que la imposibilidad de construir estrategias socialistas democráticas innovadoras, pueden derivar en un colapso de la vía venezolana al socialismo.
Invocar las viejas retóricas revolucionarias del estalinismo o del marxismo soviético, no califican a ningún discurso para la construcción de una “democracia social y participativa”, como fue el propósito originario del poder constituyente en 1999. Puede ocurrir todo lo contrario, y debe evitarse un camino de fracasos. Tanto el capitalismo neoliberal como el socialismo burocrático de tipo soviético, son expresiones de barbarie.
El análisis de la constitución política de los sentidos y significaciones sociales es una herramienta importante para el comprender las redes imaginarias y simbólicas de los proyectos hegemónicos y contra-hegemónicos. La construcción del proyecto socialista venezolano no escapa a estas consideraciones. Hay quienes han llamado a este proceso: “batalla de las ideas”, otros “ideologización”, también “hegemonía ideológica y comunicacional”, pero sin duda existe tanto una dialéctica de los valores en conflicto como una polémica dialógica, que atraviesan el campo de las señales, signos y símbolos.
Nadie duda que el Presidente Chávez ha colocado un conjunto de significaciones en los procesos de comunicación política del país: prenociones, consignas, términos, conceptos acerca del socialismo bolivariano. El debate ha comenzado y las diversas voces y corrientes, tanto del campo opositor como bolivarianos, es sus expresiones radicales o moderadas, así como los nada insignificantes segmentos no alineados, han participado en la polémica dialógica sobre el socialismo que se está construyendo. Pero la realidad del debate socialista no puede ignorar un episodio histórico que lo condiciona en gran medida: el colapso del socialismo burocrático en el campo soviético
Diversos actores, movimientos y fuerzas sociales comienzan a apelar a repertorios simbólicos y marcos conceptuales para dar cuenta de la situación y para legitimar sus acciones. Desde el anticomunismo más ramplón hasta la más recalcitrante sovietología tropical, existe toda una suerte de redistribución de posturas que se asumen en la arena pública.
Hemos intentado desenmascarar y desmantelar el contrabando del “marxismo soviético”, al cuestionar sin ambigüedades una moral compulsiva de tipo soviético calcada del XXII Congreso del PCUS de 1961, como una comprensión de la propiedad social socialista limitada a la estatización-nacionalización de la propiedad de los medios de producción. Así mismo, hemos cuestionado cualquier dogmatica ideológica, así sea perversamente justificada a través de la figura histórica del Che Guevara. Por ese camino, se le da fuerza a la campaña de satanización que desde diferentes frentes de batalla opera la ofensiva imperial-oligárquica contra la insurgencia contra-hegemónica y democratizadora de los movimientos nacional-populares en América Latina y el Caribe.
Pero adicionalmente, hay un frente de batalla en el propio pensamiento crítico socialista. No puede confundirse una modalidad de polémica de ideas en el propio campo democrático, nacional-popular y socialista, con la imposición de una versión vulgarizada y simplona de la ideología revolucionaria. Una cosa es administrar consignas, otra cosa es repensar las concepciones del socialismo.
Lo diremos de manera muy sintética: existe evidencia histórica irrefutable que prueba que la tesis de la llamada “elevada conciencia del deber social” es una frase-consigna que corresponde a la llamada concepción marxista-leninista soviética en el período de Kruschov, y del llamado “Código moral del edificador del comunismo”. Datos: materiales del XXII Congreso del PCUS (1961), elaboraciones filosóficas de Shishkin (1955,1959, 1961) y Sharia, Tugarinov, referidos por la investigación de Kamenka (1962), hasta llegar al Diccionario de filosofía de Rosental-Ludin (1965) y los textos de Afanasiev (1977).
Cuando el Che manejó el termino “conciencia del deber social” lo hizo sobre un suelo de prenociones dominados por la literatura soviética (Sobre el sistema presupuestario de financiamiento; 1964).
No basta el calco y copia; necesaria es la creación heroica, sobre todo para una lucha con eficacia política y calidad revolucionaria ante la ofensiva del imperio.

viernes, 21 de agosto de 2009

JUAN BOSCH: PENTAGONISMO Y OCUPACIÓN MILITAR

Javier Biardeau R.

El pentagonismo es parte de una agenda de temas que fueron objeto de intenso debate desde finales de los años sesenta por intelectuales como John Saxe Fernández, Richard J. Barnet, Noam Chomsky, Adam Yarmolinsky, Dieter Senghaas, Seymour Melman, entre otros. Pero fue con el dominicano Juan Bosch, que la tesis del pentagonismo tuvo gran difusión e impacto a nivel internacional.
El contexto inmediato de la tesis del Pentagonismo es la derrota militar y política de las fuerzas constitucionales de la República Dominicana luego de la invasión imperial de 1965, y la consolidación del gobierno de Joaquín Balaguer con el apoyo de Estados Unidos. El contexto más amplio es el abandono de las políticas reformistas de la llamada “Alianza para el Progreso” bajo el presidente “demócrata” Lyndon Johnson, y el comienzo de un ciclo de golpes militares de derecha a través de gran parte de América Latina, así como el revés que había sufrido la estrategia guerrillera cubana por la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967. La clave de los golpes militares era derrotar la insurgencia de los nacionalismos populares antiimperialistas en América Latina y el Caribe.
De allí, que el Pentágono se haya impuesto a cual aggiornamiento en la Casa Blanca. El verdadero poder tras las mascaradas electorales de la democracia de segundo grado de los EE.UU, es el complejo económico-tecnológico-militar. El resto es asunto de conserjes del edifico imperial.
En 1967 Martin Luther King había calificado a Estados Unidos como “el mayor productor de violencia en el mundo”. Propuesto una alianza entre los movimientos de derechos civiles y de oposición a la guerra de Viet Nam. Aun hoy sus palabras adquieren gran vigencia. Su asesinato indica hasta donde pueden llegar las fuerzas que sostienen el edificio imperial. Para el momento en que el dirigente dominicano Juan Bosch escribe el prefacio de “El pentagonismo”, se estaba produciendo la ofensiva Tet en Vietnam.
Bosch ya experimentaba su ruptura total con los “liberales norteamericanos”, quienes trataban de domesticarlo en función de reformas superficiales. Bosch retrata a los personajes liberales que lo habían cortejado durante la brevísima primavera de la Alianza para el Progreso, como un grupo sin liderato y sin principios, meros burócratas capaces de cambiar su postura en 72 horas. Una lección para algunas de las diplomacias latinoamericanas que creen que las administraciones demócratas son esencialmente progresistas, y que permitirán cambios profundos de las estructuras de poder, desigualdad y explotación de América Latina y el Caribe (El espejismo Obama en Trinidad y Tobago).
Uno de aquellos liberales que cortejo a Bosch, llamado George Ball dice en sus memorias que Bosch era “…unrealistic, arrogant and erratic. I thought him incapable of running even a small social club, much less a country in turmoil. He did not seem to me a Communist… but merely a muddle-headed, anti-American pedant committed to unattainable social reforms.” Es decir (en una traducción libre): una suerte de personaje irrealista, arrogante y errático. Lo pensé incapaz de carrera aún en un pequeño club social, y mucho menos un país en la confusión. Él no me pareció…Comunista pero simplemente era un pedante atolondrado, un antiamericano que realizó reformas sociales inalcanzables. Una descripción más o menos prototípica de los que se imaginan ciertos círculos políticos de los EE.UU de muchos dirigentes de América Latina y el Caribe. Y llama la atención, esto de “reformas sociales inalcanzables”. ¿Sera este el sinónimo de las revoluciones sociales, democráticas y pacíficas de acuerdo a las visiones del Pentágono?
Bosch colocó gran énfasis en la importancia de los factores estratégico-militares para la geopolítica hemisférica. El peso de los factores militares en la política caribeña fue evidente para un pensador que fue derrocado por una ocupación militar imperial, como Bosch. Después de la derrota infligida a los EE.UU en Playa Girón, y bajo el lema de “no más Cubas”, vino la aventura pentagonal en Santo Domingo. Luego de la experiencia de la invasión de 1965 en República Dominicana, y sus secuelas políticas, se conformó un nuevo Leviatán imperial.
Bosch cita en su Libro el discurso del Senador W. J. Fulbright del 13 de diciembre de 1967: “Hoy destacaré la creciente militarización de la economía y de las universidades…el complejo militar-industrial no es el producto de una conspiración sino que es inevitable resultado de un poderosos establecimiento militar permanente…Este ha dado nacimiento a una vasta industria privada ligada a la fuerza armada por el lazo natural de los intereses comunes… el complejo militar-industrial se ha convertido en una fuerza política mayoritaria porque generales, industriales, comerciantes, políticos, etc se le han unido y es una poderosa fuerza nueva para la perpetuación de acciones militares extranjeras, para la introducción y ampliación de costosos sistemas de armamentos, y como resultado, para la militarización de grandes porciones de nuestra sociedad…muchas de nuestras universidades se han unido al monolito, añadiéndole en gran medida poder e influencia, la honestidad intelectual (en los Estados Unidos) es producto de un mercado similar a una caja de detergentes.”
Todo esto dio lugar a la concentración creciente del poder en el Pentágono, en el estamento militar, que escaparía a cualquier control electoral del pueblo norteamericano. Encontró expresión en los presupuestos militares cada vez más abultados, sobrepasando los gastos civiles del Estado. Dice Bosch, “cuando Kennedy pasó a ocupar la presidencia de los Estados Unidos, ya el poder militar era más fuerte que el civil en términos de fondos para gastar.” Además, el poder militar promovió una cada vez mayor concentración del poder industrial.
El pentagonismo sería la combinación del creciente poder del Pentágono con una sociedad de masas. Sus condiciones subjetivas son el anticomunismo y la exaltación del culto a los héroes militares. No se trata ya de que líderes militares lleguen a la presidencia luego de conflictos militares, como en el pasado. El Pentagonismo, según Bosch, es una nueva forma de estructurar el poder político y la economía. Y no fue hasta la década de los sesenta que los estadounidenses se dan cuenta que lo tienen instalado “en el centro de su sistema”.
Aunque Bosch reconocía que el proyecto pentagonista fue inicialmente propio de las derechas económicas, militares, políticas de la sociedad norteamericana, la disponibilidad de grandes recursos económicos amplió su base de apoyo para abarcar las universidades, el centro político e importantes segmentos algunos liberales. De hecho, la sociedad entera se pentagoniza a medida que los vínculos de dependencia económica penetraron hasta la clase obrera y los mecanismos de persuasión masiva, como la televisión. En este sentido Bosch menciona el apoyo de la AFL-CIO a la invasión de la República Dominicana, y los niveles de aprobación del 70% a esa intervención y la guerra de Vietnam. Frente a esta realidad contundente, Bosch no le dió muchas posibilidades de éxito a los opositores de la guerra, los “dissenters”, ni a los liberales, a quienes llama la “flor exótica”.
Pero hay un aspecto fundamental de la reflexión de Bosch: El pentagonismo no significa el ejercicio del poder político directo por parte de los militares. No hay en Estados Unidos las condiciones para un golpe de estado tradicional, a menos “que se produjera una derrota militar norteamericana de carácter decisivo…” Lo que ha ocurrido es una división de los campos de acción donde los civiles han retenido el control de la política interna, mientras que los militares se han hecho dominantes en la política exterior. Cualquier aparente control de los civiles en el Departamento de Estado y de la política exterior es una mera ficción.
Son los militares imperiales quienes la controlan. De allí, que sus objetivos sean subordinar a los ejércitos de los países dependientes, que también se pentagonizan. Las nuevas formas de dominio internacional no se basan exclusivamente en la adquisición de territorios y colonias, sino en la subordinación de los ejércitos a través de múltiples mecanismos de cooperación. Cuando esos ejércitos entran en crisis, es que se pone en acción la política de fuerza de la intervención directa. Su justificación está en la doctrina de las guerras subversivas, que Bosch ilustra con el manual de guerra de guerrillas del ejército de Estados Unidos de 1961. La Doctrina Johnson, que se enunció en el caso dominicano, no era más que una expresión de esa doctrina del intervencionismo global.
El pentagonismo cobra creciente actualidad analizando los movimientos del tablero estratégico en la coyuntura reciente. Actualmente, un nuevo liderazgo civil se pliega a las visiones de mundo y las exigencias del estamento militar. Lo que muestran los pocos cambios en el comando militar que realiza Obama, y que son parte del legado Bush indican que hay un personal neo-pentagonal en posiciones claves de la política exterior norteamericana; que siguen pensando en reafirmar el poder unipolar de Estados Unidos en el mundo usando mecanismos de fuerza, a la vez que se construye al interior de Estados Unidos un estado militar-policial bajo el pretexto de la “lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. Por eso, la próxima ratificación del “convenio bilateral y soberano”, como lo calificó Hilary Clinton, entre EE.UU y Colombia será el inicio de una nueva era de pentagonismo y ocupación militar bajo la nueva doctrina de las “localidades de cooperación para la seguridad” (CSL). Una simple redefinición semántica producto de poder tecnológico de movilidad y telemática del complejo militar-industrial. Como para darle la importancia que tiene.
Hay que releer a compatriota nuestro-americano Juan Bosch.

EL PENTAGONISMO AVANZA: NUEVA DOCTRINA DE OCUPACIÓN MILITAR DE NUESTRA AMERICA



Javier Biardeau R.


Se han difundido por las estructuras mediáticas dominantes, matrices de opinión que sostienen que son solo siete las bases militares que están en la mira del Pentágono y el Comando Sur, analizado la superficie del convenio de EE.UU con el gobierno de Uribe. Pero nadie se atreve a publicar el texto íntegro actualmente negociado.

No es asunto de que se mantenga en reserva, en secreto o a medias tintas. Es que ganan tiempo para evitar la conmoción que se generará con sus pequeños detalles. Reiteramos, lo del “acceso a siete bases” es solo una media verdad, porque el Comando Sur no quiere bases, quiere solo las llamadas “Localidades de cooperación en seguridad”, las llamadas CSL. Ya no ocupa militarmente con bases norteamericanas, sino que a través de las clases políticas entregistas latinoamericanas, obtiene accesos y uso de bases militares locales. En la practica, aseguran no solo CSL, sino la sujeción de las fuerzas armadas de cada uno de los paises latinoamericanos a los dictados del Imperio.

Ya el Pentagonismo de los EU.UU tenía en la mira desde el año 2007 a la instalación de Palanquero de la Fuerza Aérea en Puerto Salgar (Cundinamarca) como una de sus opciones para reemplazar las funciones que venía desempañando desde Manta, en Ecuador. El Pentágono tiene en Palanquero un potencial puesto de comando que garantice el acceso a toda Suramérica, e incluso, como un "puente aéreo" para operaciones de enlace con bases norteamericanas en África. Por cierto, el Ministerio de Defensa colombiano siempre manejo la especie de no tener idea de planes sobre "una base estadounidense" como tal. Era obvio que estaban preparando conjuntamente una verdadera "salida semántica" contra los obstáculos constitucionales que se vienen consolidando en Nuestra América que prohiben expresamente el establecimiento de bases militares y el tránsito de tropas extranjeras. La memoria de Nuestra América esta plagada de invasiones y ocupaciones imperiales abiertas y encubiertas.

La reciente Constitución Boliviana, producto de un proceso popular plurinacional constituyente afirma expresamente: Artículo 10. I. Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz, así como la cooperación entre los pueblos de la región y del mundo, a fin de contribuir al conocimiento mutuo, al desarrollo equitativo y a la promoción de la interculturalidad, con pleno respeto a la soberanía de los estados. II. Bolivia rechaza toda guerra de agresión como instrumento de solución a los diferendos y conflictos entre estados y se reserva el derecho a la legítima defensa en caso de agresión que comprometa la independencia y la integridad del Estado. III. Se prohíbe la instalación de bases militares extranjeras en territorio boliviano. Artículo 158. I. Son atribuciones de la Asamblea Legislativa Plurinacional, además de las que determina esta Constitución y la ley: 22. Autorizar excepcionalmente el ingreso y tránsito temporal de fuerzas militares extranjeras, determinando el motivo y el tiempo de permanencia.

La reciente Constitución Ecuatoriana, producto de un proceso popular constituyente afirma expresamente: Art. 5.- El Ecuador es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras. Art. 416.- Las relaciones del Ecuador con la comunidad internacional responderán a los intereses del pueblo ecuatoriano, al que le rendirán cuenta sus responsables y ejecutores, y en consecuencia: 2. Propugna la solución pacífica de las controversias y los conflictos internacionales, y rechaza la amenaza o el uso de la fuerza para resolverlos. 3. Condena la injerencia de los Estados en los asuntos internos de otros Estados, y cualquier forma de intervención, sea incursión armada, agresión, ocupación o bloqueo económico o militar. 4. Promueve la paz, el desarme universal; condena el desarrollo y uso de armas de destrucción masiva y la imposición de bases o instalaciones con propósitos militares de unos Estados en el territorio de otros.”

El Proceso Constituyente Colombiano dio paso a los siguientes enunciados de la Carta Magna: ART. 173. Son atribuciones del Senado, entre otras: “Permitir el tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República.” ART. 189. Corresponde al Presidente de la República como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa (entre otras): Dirigir las relaciones internacionales. Nombrar a los agentes diplomáticos y consulares, recibir a los agentes respectivos y celebrar con otros Estados y entidades de derecho internacional tratados o convenios que se someterán a la aprobación del Congreso. Dirigir la fuerza pública y disponer de ella como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República. Conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado. Dirigir las operaciones de guerra cuando lo estime conveniente. Proveer a la seguridad exterior de la República, defendiendo la independencia y la honra de la Nación y la inviolabilidad del territorio; declarar la guerra con permiso del Senado, o hacerla sin tal autorización para repeler una agresión extranjera; y convenir y ratificar los tratados de paz, de todo lo cual dará cuenta inmediata al Congreso. Permitir, en receso del Senado, previo dictamen del Consejo de Estado, el tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República.” ART. 237. Son atribuciones del Consejo de Estado: Desempeñar las funciones de tribunal supremo de lo contencioso administrativo, conforme a las reglas que señale la ley. Conocer de las acciones de nulidad por inconstitucionalidad de los decretos dictados por el Gobierno Nacional, cuya competencia no corresponda a la Corte Constitucional. Actuar como cuerpo supremo consultivo del Gobierno en asuntos de administración, debiendo ser necesariamente oído en todos aquellos casos que la Constitución y las leyes determinen. En los casos de tránsito de tropas extranjeras por el territorio nacional, de estación o tránsito de buques o aeronaves extranjeros de guerra, en aguas o en territorio o en espacio aéreo de la nación, el gobierno debe oír previamente al Consejo de Estado.”

En el caso de la Constitución del Perú. ART: 102. Son atribuciones del Congreso (entre otras): Aprobar los tratados, de conformidad con la Constitución. Prestar consentimiento para el ingreso de tropas extranjeras en el territorio de la República, siempre que no afecte, en forma alguna, la soberanía nacional.”

El Proceso Popular Constituyente Bolivariano llevo a disponer expresamente que: ART 13. El territorio nacional no podrá ser jamás cedido, traspasado, arrendado, ni en forma alguna enajenado, ni aun temporal o parcialmente, a Estados extranjeros u otros sujetos de derecho internacional. El espacio geográfico venezolano es una zona de paz. No se podrán establecer en él bases militares extranjeras o instalaciones que tengan de alguna manera propósitos militares, por parte de ninguna potencia o coalición de potencias. Los Estados extranjeros u otros sujetos de derecho internacional sólo podrán adquirir inmuebles para sedes de sus representaciones diplomáticas o consulares dentro del área que se determine y mediante garantías de reciprocidad, con las limitaciones que establezca la ley. En dicho caso quedará siempre a salvo la soberanía nacional. Las tierras baldías existentes en las dependencias federales y en las islas fluviales o lacustres no podrán enajenarse, y su aprovechamiento sólo podrá concederse en forma que no implique, directa ni indirectamente, la transferencia de la propiedad de la tierra.”

En síntesis, Bolivia, Ecuador y Venezuela prohíben la instalación de bases militares extranjeras en territorio boliviano. Solo Bolivia autoriza excepcionalmente el ingreso y tránsito temporal de fuerzas militares extranjeras, determinando el motivo y el tiempo de permanencia. Ecuador es el más explicito en el cierre de cualquier ventana de oportunidad a la ocupación directa o indirecta, no permitiendo ni el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. Ecuador prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras. Además, condena la injerencia de los Estados en los asuntos internos de otros Estados, y cualquier forma de intervención, sea incursión armada, agresión, ocupación o bloqueo económico o militar; y condena la imposición de bases o instalaciones con propósitos militares de unos Estados en el territorio de otros.” En cambio, la redacciónde los artículos en Colombia y Perú expresan la realizaciones de acciones en terminos permisivos: Colombia puede “permitir el tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República.” Perú puede prestar "consentimiento para el ingreso de tropas extranjeras en el territorio de la República, siempre que no afecte, en forma alguna, la soberanía nacional.” Un análisis del discurso de cada una de las Constituciones, de sus sintaxis, semántica y pragmática es clara. Que cada quién saque sus conclusiones. Desde nuestro punto de vista, EE.UU se cola entre los vacios y ambigüedades constitucionales. Por allí mete sus cuñas en el área andino-amazónica-caribeña. Cuñas del proyecto imperial pentagonista.

El informe elaborado por el Comando Aéreo para la Movilidad (AMC) de la Fuerza Aérea de EE.UU, que preside el general Arthur J. Lichte, titulado "Estrategia Global en Ruta", se trata de un 'documento madre' o 'white paper' en el que EE.UU delinea sus planes para asegurarse corredores aéreos y bases que le permitan tener el mayor alcance geográfico en sus operaciones. Se proyecta hasta el 2025.

En el capítulo de la 'Estrategia para Suramérica' se toca de frente el tema de Palanquero: “Recientemente el Comando Sur se ha comenzado a interesar en establecer un punto en el continente suramericano que puede usarse tanto para operaciones antinarcóticos y como punto para ejecutar operaciones de movilidad (...) El Comando Sur ha identificado a Palnaquero, Colombia, como una Localidad de Cooperación en Seguridad (CSL) por su sigla en inglés, la forma como EE.UU denomina las bases en otros países)". Y a renglón seguido describen sus ventajas estratégicas: "Desde allí casi la mitad del continente podría cubrirse con un avión C-17 sin reabastecerlo de combustible. Y, si existiera el combustible adecuado, el C-17 podría cubrir todo el continente con excepción del Cabo de Hornos (extremo sur de Chile)".

El documento resalta además que E.U. no con cuenta en esta parte del continente con una base o los permisos que le permitan incluir a la región en su estrategia mundial de seguridad o para operaciones regionales diferentes a las de antinarcóticos. "Incluir a Suramérica en la estrategia de ruta global logra dos objetivos: ayuda a materializar nuestra estrategia de compromiso en la región y asiste con la movilidad en la ruta hacia África". Y para que no queden dudas, hay frases como las siguientes: "Hasta hace poco, las preocupaciones en seguridad en Suramérica se enfocaban solo en antidrogas. Y el cumplimiento de esa misión no requería el uso estratégico del transporte aéreo". Palanquero sería la respuesta a esas limitaciones:"Hasta que el Comando Sur establezca un teatro de operaciones más robusto, Palanquero debe ser suficiente para el alcance en movilidad área en el continente suramericano", dice el documento de la Fuerza Aérea de E.U.

La prensa colombiana sabía desde tiempo atrás de la negociación de los permisos y autorizaciones para trasladar a bases aéreas de Colombia funciones que se desarrollaban en Manta. Entre ellas los permisos para el aterrizaje de 'aviones espías' como los P-3 Orión, el Pentágono había solicitado al Congreso una partida de 46 millones de dólares para mejorar las condiciones técnicas de la pista de esa base. El discurso de la alta dirección político-militar del estado colombiano insistía: "Para nosotros es claro que, por ningún motivo, es negociable el punto de que funcione una base militar estadounidense en territorio colombiano, por razones constitucionales y de soberanía", dijo una alta fuente. El punto central de la discusión son los permisos para el aterrizaje de naves en varias pistas colombianas, no solo palanquero. El Ministerio de Defensa afirma que los diálogos que han sostenido con los emisarios norteamericanos no incluyen construcción de bases, pero sí ampliación, refacción y remodelación de algunas de ellas, con recursos que done Estados Unidos. “Trataremos el tema del interés que ha mostrado E.U. por la base de Palanquero, pero solo en el tema antinarcóticos", decía el Ministerio de la defensa Colombiano.

Ya sea por ubicación geográfica, por posibilidad de movilización de unidades de combate, por su capacidad de inteligencia electrónica, y por la reciente modificación de la doctrina norteamericana, habrá que prestarle atención no solo a Palanquero, Cartagena, Malambo, Tolemaida, Larandia, Málaga y Apiay, sino a cualquiera de las bases militares colombianas, o de cualquier otro país de Latinoamérica y el Caribe que firme convenios similares. Han llegado las localizaciones de cooperación en seguridad. Son nuevas formas de ocupación militar del Imperio.

Nuevas doctrinas del pentagonismo, como lo denominó acertadamente Juan Bosch.

martes, 18 de agosto de 2009

PALANQUERO-APIAY-MARANDUA: LA TRAMA OCULTA DE LAS BASES MILITARES DEL IMPERIO CONTRA VENEZUELA




Javier Biardeau R

Se ha difundido hasta ahora que son solo siete bases militares las que están en la mira del Comando Sur en el convenio con el gobierno de Uribe. Nada más falso. Por cercanía geográfica, por posibilidad de movilización de unidades de combate, por su capacidad de inteligencia electrónica, y por modificación de la doctrina norteamericana, hay que prestarle atención no solo Cartagena, Malambo, Palanquero, Tolemaida, Larandia y Apiay, sino a cualquiera de las bases militares colombianas. Es el espacio que emerge entre Palanquero, Apiay, Yopal, Saravena y Marandúa uno de los ejes de proyección y penetración contra Venezuela. Justamente bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, el bloque oriental de la FARC-EP, así como los frentes central y nor-oriental del ELN.
Basta analizar las declaraciones del embajador de EE.UU en Colombia, el tristemente recordado ex embajador en Venezuela William Brownfield, para saber con que descaro opera la actual ofensiva del imperio: “Ya hay militares de EE.UU en bases colombianas” (17 de agosto, diario El País de Cali).
Esto se ha hecho frente a las narices de la comunidad de países de Nuestra América. Para Brownfield, lo que permitirá el Convenio es ampliar y profundizar la capacidad operacional de las fuerzas militares de los EE.UU en Colombia, “para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo”. Ya se conoce que no tener bases fijas es la estrategia actual de Washington, especialmente tras el 11-S. Ahora se trata de contar con múltiples localizaciones, llamados en la jerga militar flores de loto, entre los que poder saltar de manera rápida y ágil, lo que permite una mayor interrelación y articulación entre los distintos comandos que tiene el Pentágono y el Comando Sur. Según un informe elaborado en abril por el Comando Aéreo de Movilidad para la Fuerza Aérea de EEUU, las antiguas bases de la Guerra Fría han pasado a denominarse "Ubicaciones de Cooperación en Seguridad" (CSL por sus siglas en inglés). Obviamente, los temores de los países vecinos frente a la capacidad operativa de EEUU fuera de Colombia no son infundados.
I.- Las declaraciones de Brownfield:
Brownfield ha afirmado que la colaboración entre EE.UU y Colombia es de décadas, y que no entiende por que incomoda a los vecinos. “No estamos hablando de una base militar en Colombia, sino de la posibilidad de acceso a las bases militares y navales de Colombia, que son de las más sofisticadas en las Américas”. A buen entendedor, pocas palabras. Sabemos que EE.UU ha apoyado con alta tecnología a las bases militares colombianas, ha creado y apoyado la infraestructura y equipamiento de las mismas.
A partir de allí, en el convenio se habla de “posibilidad de acceso a las bases militares y navales de Colombia”. En pocas palabras, cualquier base militar o naval colombiana, léase bien, cualquiera en principio, podrá ser utilizada por tropas de los EE.UU. No son siete, es cualquiera de las bases militares colombianas, y estas siete solo serán “puestos de comando”, para muchas más.
Evidentemente, para Browfield como para el pensamiento pentagonista el asunto no es cuestión de soberanía, sino de “colaboración entre dos países contra una amenaza compartida, la de la droga ilícita”. Dice Brownfield “(…) en la medida en que Colombia acabe con el narcotráfico y el terrorismo se va a beneficiar a la región.”
Las bases utilizadas por EE.UU “son colombianas” ha dicho Brownfield, resaltando que “las Fuerzas Armadas de Colombia son las más sofisticadas de toda la región de América Latina”. Para nadie es un secreto que las Fuerzas Armadas Colombianas son permanentemente asesoradas, armadas y entrenadas por los EE.UU, que la cuestión jurídico-política de la soberanía, ya tiene una salida semántica: solo se trata del “acceso a bases colombianas”. Sabemos por que. El cambio de la doctrina del Pentágono solo pide saltar con sus fuerzas móviles sobre “flores de loto” que le colocan sus cooperantes. Entre ellos Uribe.
Analizadas por EE.UU las disposiciones constitucionales en algunos países de América Latina, que prohíben expresamente la localización de bases militares extranjeras, la salida jurídico-política ha sido ahora plantear la posibilidad en los convenidos de “paso, acceso y uso” de bases militares “de cada país soberano”. El territorio de Colombia ha sido cedido por el gobierno de Uribe al Imperio norteamericano, se ha convertido en una gigantesca plataforma de CSL para la avanzada militar de los EE.UU contra América Latina, así de sencillo.
Por otra parte, la inmunidad es un pequeño detalle del verdadero ejercicio factico de la soberanía de Colombia sobre el personal militar norteamericano que solo “utilizará sus bases”. En este delicado punto, Brownfield evade el tema: “No voy a entrar en detalles sobre cualquier aspecto específico sobre este posible convenio. Pero insisto: el interés de ambos países es tener claridad en todas las áreas para que no tengamos que resolver caso por caso los posibles incidentes.”
¿Incidentes? Ya sabemos como se prefiguran las futuras situaciones en el “lenguaje de la diplomacia del imperio”. El Plan Colombia 2010 tendrá un presupuesto entre US$509 millones y US$520 millones. Y además, se articula a los planes en México y América Central. Brownfield revela que hay “un paquete triangular: se puede hablar de Plan Colombia y Plan Mérida. Señores: tenemos los mismos problemas y las mismas organizaciones criminales”. Como para dejarse de posiciones retóricas y medias tintas con el “gobierno de Obama”.
Habrá que insistir, el conserje Obama no es el dueño del edificio imperial. Los que siguen confiando el la mascarada-Obama no han comprendido un pito sobre las estrategias de los EE.UU y sus “políticas de buen vecino”. Lo menos que podemos decir, es que podrán llamarse “revolucionarios”, pero son absolutamente incompetentes en cuestiones de prospectiva política.
II.- Algunos puntos del convenio:
¿Acaso se habrán enterado que el convenio da vía libre para el empleo de cualquier base aérea o naval de Colombia que requiera el personal estadounidense para poder realizar las operaciones contra el narcotráfico y el terrorismo?
Cuando se habla solo de siete bases, estimados, significa que “inicialmente serán utilizadas cinco bases aéreas y dos navales”. ¿Comprenden? No es el mapa de siete bases el que se debe proyectar sobre el imaginario de los pueblos de Nuestra América. Es un pantano bélico lleno de “flores de loto”. Y para Venezuela, hay algunas que son altamente amenazantes: Palanquero, Apiay, Yopal, Saravena, Marandúa. Todo la fachada amazónica y los llanos sur-occidentales venezolanos son teatro de operaciones potenciales para las unidades móviles de los EE.UU.
Se habla incluso de la existencia de estas localizaciones tácticas (CSL) en viejos mapas de los EE.UU, sin firmar convenio alguno con Colombia. Y entre las bases militares que se ubican los mapas norteamericanos está la de Apiay en el departamento del Meta y la de Marandúa en el departamento de Vichada. Allí se encuentran importantes radares de inteligencia electrónica de los EE.UU.
En Apiay se encuentra el Comando Aéreo de Combate N° 2 (CACOM) “CT. Luis Fernando Gómez Niño". Recibe destacamentos de unidades de inteligencia. Así mismo atiende los requerimientos de arsenal aéreo Grupo Aéreo del Oriente (GAORI) "TC Luis Arturo Rodríguez Meneses"(ver: http://maps.google.com/maps?ll=5.524483,-68.6856&spn=0.03,0.03&t=m&q=5.524483,-68.6856). Ade´mas apoya al grupo aéreo localizado más al norte de Apiay en Yopal. El GAORI se organizó como un grupo orgánico del Comando Aéreo de Combate No. 2 de Apíay.
De acuerdo a información disponible: para 1994, la base fue dotada con un sistema de defensa radar tipo TPS-43, perteneciente a la USAF-EE.UU, con el propósito de “ejercer control en el espacio aéreo del oriente colombiano y también, en especial, sobre las fronteras, y a su vez, para conducir operaciones aéreas que garantizarán la seguridad del sector. Inicialmente, el radar fue operado por personal militar americano, en conjunto con operadores colombianos hasta julio de 1998; posteriormente, la operación queda a cargo del personal de la FAC y el soporte técnico por parte de la empresa Northropgrumman (…) En 1998 llega una torre móvil que ayudó a mejorar las comunicaciones aeronáuticas y se constituyó como soporte de las operaciones aéreas en el desarrollo de misiones de orden público (…) El 25 de febrero del 2000, se entregaron las obras de un nuevo radar tipo TPS-70 de configuración fija, por parte de la USAF-EE.UU, aumentando así la capacidad operativa de la Unidad, ya que este radar brinda mayor capacidad y cobertura, convirtiéndose así en un arma de guerra estratégica de vital importancia para ejercer soberanía nacional sobre el espacio aéreo y las fronteras.”
La ubicación estratégica de Marandúa y del radar allí ubicado entra en la telaraña imperial de la NSA, el sistema de escucha e intercepción electrónica más grande del mundo (llamadas telefónicas, fax , correos electrónicos, sistemas de comunicación HF, UHF, descodificación y codificación del lenguaje), donde se encuentra especialistas en seguimiento satelital y de interceptación de aeronaves . Llama la atención que se planee entonces en los puntos del acuerdo que no se niegue el uso de otras bases, que “la negociación se hizo respetando las constituciones de ambas naciones”, como indicó el comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla De León.
El documento final, que será presentado por la comisión del gobierno al Consejo de Estado, está dividido en capítulos que contienen 20 puntos básicos, con tres grandes temas: la presencia del personal estadounidense en Colombia, los términos para la realización de operaciones y el intercambio de información. Entre los puntos que se han dado a conocer está:
A) La inteligencia en tiempo real: 1. Se compartirá información de inteligencia con Estados Unidos, tanto en el tema del narcotráfico, como del terrorismo. Esto se traduce a intercambio de datos en tiempo real (la llamada inteligencia en tiempo real). 2. Habrá protocolos para intercambiar esta información, que serán acordados por el comando de las Fuerzas Militares y los militares estadounidenses. 3. Colombia fortalecerá las capacidades técnicas en inteligencia, solo para contribuir a la seguridad de la región, con el apoyo de Estados Unidos. 4. Esta ayuda estará enfocada a transmitir la experiencia a países, que como México, tienen problemas de narcotráfico y necesitan de esa experiencia. 5. Colombia tendrá control sobre el personal que trabaje en el país. Aunque la selección tenga el aval del Departamento de Estado y el beneplácito de la embajada de E.U., una comisión colombiana podrá aprobar o rechazar la presencia de los funcionarios. 6. Los beneficios materiales se recibirán sólo en especie, no en dinero.
B) El manejo de las bases: 1. Queda claro que bajo ninguna circunstancia podrá haber una base militar estadounidense en Colombia. 2. Se utilizarán las bases de Malambo, Apiay, Palanquero, Tolemaida y Larandia, pero habrá acceso a otras bases, según las necesidades y requerimientos. 3. El acuerdo está enfocado básicamente en el tema de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. 4. El empleo de las pistas se dará de forma gradual, dependiendo de los requerimientos operacionales. 5. El empleo de las bases navales será para temas logísticos inicialmente (buques que transporten implementos técnicos, repuestos, aparatos para inteligencia, etc). 6. Los aviones tendrán la misión principal de hacer monitoreo de rutas del narcotráfico, lo que no descarta que se puedan hacer operaciones con un tercer país, en aguas internacionales. Pero, solo a solicitud de ese tercer país. 7. La ayuda de 46 millones de dólares para Palanquero se hace con base en análisis técnicos. La capacidad de la base debe ser óptima para garantizar la seguridad de las aeronaves. Esta fue una petición de Estados Unidos. .
C) El manejo de las operaciones: 1. Las operaciones que se realicen deben estar amparadas por los marcos jurídicos de ambos países y el internacional como la carta de la ONU y otros tratados. 2. Estados Unidos no podrá hacer operaciones desde Colombia hacia otros países. 3. La presencia de personal no será fijo y no excederá lo que está reglamentado (800 militares -600 contratista). 4. Solo intervendrá el personal que se necesite de acuerdo a la operación, pero no puede sobrepasar un número establecido por el comandante colombiano de la base. 5. En contados casos habrá personal permanente, como ya ocurre en las bases de Tolemaida y Apiay. 6. Las bases serán de tránsito y se garantiza la confidencialidad de información. El comandante de la base será designado por el gobierno colombiano.
Lo que queda claro es que Washington ha diseñado y esta ejecutando un plan geoestratégico para recuperar la iniciativa política y militar hacia América Latina y el Caribe. El centro de gravedad de la estrategia es neutralizar a la Revolución Bolivariana y el ALBA.
Se vienen ejecutando sus operaciones y acciones de manera secuenciada y sincronizada, manejando el “principio de iniciativa” y de “sorpresa”, manifestándose sobre todo a partir de su colaboración con el mantenimiento de la situación de golpe cívico-militar en Honduras, cuyo objetivo fundamental es la contención del proyecto popular constituyente.
Los gobiernos de centro-izquierda han quedado por ahora paralizados y toda la parafernalia retórica de la OEA y de la ONU ha sido neutralizada. La movilización obviamente, debe rebasar a los gobiernos y los espacios diplomáticos. Es cuestión de los pueblos, sus movimientos sociales y populares. El conserje Obama no va a hacer sino ganar tiempo para favorecer los intereses geoestratégicos del Imperio. Los verdaderos dueños del edificio imperial, hablan entrelineas en las declaraciones de la Secretaria de Estado: Hilary Clinton, que es la que representa la mediación entre los halcones y las palomas. Lo demás son mascaradas y fantasías sobre el presunto “Presidente del cambio y de la esperanza”.
Mientras se le piden explicaciones sobre las bases militares estadounidenses a Colombia en UNASUR, la verdadera gravedad de la situación es el avance del Imperio. Los pueblos, sus movimientos sociales y organizaciones políticas revolucionarias y antiimperialistas deben recuperar la iniciativa y el rumbo estratégico, para enfrentar a Washington, desarticulando su estrategia de maquillaje imperial en el terreno mediático y político.
No es momento para picarle el ojo al conserje del imperio, creyendo en los poderes seductores de los buenos modales y en la nueva política del “buen vecino”. Los gobiernos del ALBA y de UNASUR se enfrentan a una verdadera prueba antiimperialista. Veremos si los gobiernos con discursos latinoamericanistas, democrático y populares están a la altura de las circunstancias, o si no entraremos a un nuevo ciclo de luchas revolucionarias y antiimperialistas.
III.- ¿Recrudece la guerra de IV generación?
Uno de los analistas más certeros sobre la real amenaza que se mueve hacia Venezuela es Carlos Lanz Rodríguez, quién ha venido desentrañando la madeja de las operaciones psicológicas y encubiertas que se ciñen sobre Venezuela. Con motivo del proceso investigativo sobre la Guerra de IV Generación y las Operaciones Psicológicas impulsadas en nuestro contexto por The Rendón Group, (concretamente en Colombia en el “Plan Seguridad Democrática” donde se ha implementado un outsourcing de inteligencia con la Fundación Seguridad y Democracia bajo el patrocinio del Clan Santos). Lanz ha encontrado numerosas evidencias e indicios, sobre el plan de avanzada geoestratégica imperial sobre América Latina, en particular, sobre al área andina.
Carlos Lanz ha investigado, analizando el rol jugado por la fundación “Seguridad y Democracia en Colombia”, sus actuales sus conexiones con el entramado político-miliytar del gobierno de Uribe, aspectos de la agenda de la reforma militar que están directamente articulados a la localización de equipamiento y tropas militares norteamericanas, repetimos en cualquier ubicación estratégica del territorio colombiano (y no solo en los 7 puntos de comando que aparecen en el convenio).
Las Fuerzas Militares de Colombia han avanzado considerablemente en el campo de la tecnología aplicada a la planeación y conducción de las operaciones militares. Se ha incrementado la movilidad aérea y el apoyo de fuego desde el aire, la capacidad de operar en ambiente nocturno, las mejoras en la inteligencia técnica y las estructuras de comando, control y comunicaciones. El incremento de la movilidad aérea ha permitido asegurar: i) el control del espacio aéreo, es decir, garantizar la soberanía; ii) aplicar la fuerza, lo cual implica utilizar las capacidades inherentes al poder aéreo militar en desarrollo de las operaciones militares como pueden ser los bombardeos a blancos en tierra o los combates aire-aire; iii) multiplicar la fuerza, lo que significa aumentar la capacidad militar terrestre o marítima a través del uso de aeronaves, por ejemplo con el apoyo de fuego a las tropas terrestres; y, finalmente, iv) apoyar la fuerza, la cual incluye el abastecimiento logístico necesario para adelantar operaciones prolongadas. En las misiones de multiplicar la fuerza, se incluye el asalto aéreo, es decir, transportar por vía helitransportada unidades terrestres al campo de batalla.
Las fuerzas de asalto aéreo son capaces de proyectar poder de combate sin la limitación impuesta por el terreno o los accidentes geográficos. La versatilidad y fuerza de este tipo de operaciones se logra al combinar las capacidades de las aeronaves modernas de ala rotatoria, velocidad, agilidad y capacidad de fuego con las de las tropas terrestres. Se debe resaltar el enorme incremento de la capacidad aérea de las Fuerzas Militares colombianas, tanto en el transporte de tropa como en el apoyo de fuego cercano, es decir, el apoyo de fuego que los helicópteros o aviones brindan a las tropas terrestres, volando muy cerca de la tierra y a una relativa baja velocidad. Este apoyo es crucial pues representa una ventaja muy significativa a la hora de enfrentar a los grupos armados ilegales.
El apoyo de fuego cercano es provisto por los helicópteros artillados, los cuales acompañan y escoltan las aeronaves de transporte en el desarrollo de las operaciones de asalto aéreo. Adicionalmente, es muy importante contar con aviones que sirvan como plataforma de apoyo de fuego prolongado, papel que en Colombia desempeña de manera muy efectiva la flota de aviones AC-47, mejor conocido como el “avión fantasma”. Colombia triplicó su flota de aviones fantasma al pasar de dos en 1996 a seis en la actualidad. Igualmente, Colombia pasó de tener una flotilla de helicópteros muy limitada, a tener la tercera fuerza del hemisferio. Cabe añadir que la colombiana es la tercera flota de helicópteros UH-60 o Blackhawk más numerosa del mundo, superada solamente por las de Estados Unidos e Israel.
Así mismo, las Fuerzas Militares colombianas han fortalecido considerablemente sus capacidades de inteligencia técnica, entendida esta como la recolección de información por medios distintos a las fuentes humanas. Incluye la capacidad de interceptar señales, comunicaciones y de tomar aerofotografías, entre otras. Un componente fundamental de estas capacidades son los llamados rastreadores o trackers y las plataformas de inteligencia. Estos aviones están equipados con sofisticada tecnología de interceptación de comunicaciones, fotografía aérea y radiogoniometría. Estas aeronaves, en conjunto con los radares de base en tierra (GBR) y la Central de Inteligencia Conjunta (CIC), conforman el sistema de inteligencia técnica que le permite a las Fuerzas Militares obtener, procesar y analizar información utilizada en la lucha contra el narcotráfico y, más recientemente, contra los llamados “grupos armados ilegales”.
Las Fuerzas Armadas colombianas han desarrollado un moderno sistema de comando, control y comunicaciones que incluye el Centro de Operaciones Conjuntas (COC) del Comando General de las Fuerzas Militares, así como centros equivalentes en cada uno de los Comandos de Fuerza. Estos centros están enlazados con las unidades operativas, lo que le permite a los comandantes militares coordinar y comandar las acciones en el campo de batalla. En el área de las telecomunicaciones se han dado algunos avances en sustituir el anacrónico sistema de repetidoras por el de comunicaciones satelitales”
Todos estos avances de la Fuerza Armada Colombiana se relacionan con el actual convenio para modernizar bases, trasladar equipamientos y tropas norteamericanas en territorio norteamericano. Todo esto no es solo para “luchar contra el narcotráfico y el terrorismo”, sino para recrudecer la guerra de IV generación hacia Venezuela, e incluso para disponer de una fuerza de reacción rápida en la frontera sur como base de apoyo para una intervención en profundidad en el territorio venezolano, proyectándose estratégicamente sobre la faja petrolífera del Orinoco, la infraestructura eléctrica, y los recursos estratégicos de la amazonia venezolana. De allí la importancia de la bases de Marandúa, Apiay, en primer lugar, y de Yopal y Saravena.
De acuerdo a analistas colombianos en Seguridad y Defensa cercanos al gobierno de Uribe:
"El bloque oriental, que reúne el mayor numero de frentes, abarca parte de los departamentos del Meta, Guaviare, Casanare, Arauca, Boyacá, Cundinamarca, Guainía,Vaupés y Vichada. En el Meta se ubican al menos nueve frentes (7, 17, 26, 27, 31, 40, 42, 43 y 44). En el Guaviare se encuentra el frente (1) y recibe desplazamientos del frente (7) desde el Meta. En los límites entre Boyacá y Casanare operan los frentes (28, 38, 39 y 56). En Arauca se asientan los frentes (10 y 45), este último de desplaza también hacia Boyacá y Norte de Santander, abarcando la denominada zona del Sarare. El frente (16) opera principalmente en Vichada. Hay que considerar adicionalmente que el oriente de Cundinamarca recibe el desplazamiento de los frentes (27) desde el Meta y (38) desde Casanare y Boyacá. Con la localización que hoy tiene sobre la Cordillera Oriental, la organización logró lo que desde comienzos de la década del ochenta identificó como eje de su despliegue para aislar el país andino y costero del amazónico y llanero. Esta zona es igualmente estratégica por cuanto se constituye en corredor de acceso al centro del país, permitiendo de la misma manera el repliegue de los grupos armados hacia el interior del país en momentos de ofensivas militares."
Sabemos que el enfrentamiento a la insurgencia Colombiana hace parte de un combate global a la las diferentes fuerzas revolucionarias en la región. Los EE.UU han demostrado no tener interés alguno en la solución política negociada del conflicto colombiano, y la solución militar implica desconocer la soberanía nacional de los países vecinos y el desarrollo de “operaciones extraterritoriales”. Además del espectro de operaciones militares directas, se avanza en el uso de operaciones militares indirectas, fundamentalmente la guerra comunicacional, electrónica y psicológica. En tal sentido, no es un hecho fortuito que Enrique Santos directos de la Fundación Seguridad y Democracia sea presidente de la SIP y dueño de un emporio comunicacional. Tampoco es mera coincidencia la presencia reiterada en los últimos meses en Bogotá de los principales operadores de The Rendón Group en Venezuela. El segundo gran aspecto es la guerra mediática contra la revolución bolivariana. Se trata, como ha reconocido la Revista SEMANA de un tema de percepción y comunicación.
Con relación a las bases militares, la Revista SEMANA ha dicho que “el concepto de bases que tiene el gobierno colombiano es muy distinto al que tienen los demás países de la región. Para Colombia, en estricto sentido, no es una base militar gringa en territorio colombiano, sino que se trata de una cooperación militar extranjera que utiliza bases colombianas. Para los vecinos se trata de bases militares gringas en territorio colombiano con proyección en el resto de la región, es decir, una especie de cabeza de playa del engranaje militar del imperio en Latinoamérica.”
También la Revista SEMANA abunda en la gestión de las percepciones y mensajes: “Mientras para Colombia y Estados Unidos se trata de un pacto entre amigos, que les brinda una plataforma de inteligencia crucial para luchar contra el narcotráfico y los actores armados, para los países de la región se trata de un espionaje del Tío Sam, anclado en Colombia, que vulnera la seguridad nacional de cada país. Un gesto hostil.”
SEMANA revela que “el gobierno se equivocó en su estrategia de comunicación. Primero negó cualquier posibilidad de que hubiese bases en Colombia. Luego, cuando el acuerdo se filtró a la prensa, hizo una audiencia pública que sembró aún más dudas, porque no había documento sobre el cual discutir, y el acuerdo ni siquiera está firmado. La información ha sido inexacta y fragmentaria. Primero se dijo que eran tres bases; después, que cinco, y luego que siete. Total, el propio Presiente ha tenido que ir de país en país, para no tener que sentarse en el banquillo en una reunión como la de Unasur, donde iba a ser visto como una especie de patito feo.”
También SEMANA reconoce que el pulso de poder en América Latina depende de un solo nombre: Brasil: “Todo el mundo esperaba que Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa salieran con un discurso antiimperialista y que señalaran a Colombia como el aguafiestas de las corrientes progresistas del continente. Y aunque el gobierno no esperaba propiamente aplausos de Brasil, tampoco esperaba una reacción tan adversa.”
Para SEMANA Brasil esperaba que con el fin de Manta, la presencia norteamericana menguara en la región. Y utilizando el viejo recurso de la atribución del mal propio al adversario, acusan a Brasil de carrera Armamentista: “Mientras tanto este país, considerado una potencia emergente, ha fortalecido su aparato militar sin precedentes. Busca un submarino nuclear y comprar varias decenas de cazabombarderos de última generación. Además, en 2005 el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva aprobó una política de defensa con ambiciones regionales, que parte de la hipótesis de proteger la Amazonía, para lo que busca construir alianzas militares en Suramérica. Las bases de Colombia son, como dijo Amorin, algo que no esperaban y que, saben muy bien, cambia el equilibrio de la región.”
Para SEMANA, el asunto no es solo contra el ALBA, sino contra UNASUR.
Finalmente SEMANA revela: “Es obvio que Estados Unidos tiene intereses geopolíticos globales. Así quedó consignado en un documento del Comando de Movilidad Aérea del Pentágono de este año titulado Global en Route Strategy, en el que llaman la atención dos datos. El primero, que los norteamericanos quieren cambiar el modelo de bases (más de cien en todo el mundo) que desplegaron durante la Guerra Fría, y cuyo concepto es fijo e inmóvil. Ahora buscan modelos más flexibles, basados en la cooperación con los gobiernos más que en tener hombres y aparatos en tierra. Lo otro que dejan claro en este documento es que quieren monitorear las rutas que van hacia África. Textualmente, Palanquero aparece como parte de ese modelo de control de rutas de narcotráfico en Suramérica. La palabra clave en todo esto es disuasión. Es obvio que Colombia, además de fortalecer su lucha interna, también busca disuadir a los vecinos que son laxos con las Farc para que no sigan siéndolo. El tema de la guerrilla se ha convertido en fuente de conflicto permanente con Ecuador y Venezuela. Colombia no tiene cómo hacerle frente a la carrera armamentista de Venezuela, pero sí como enviar un mensaje disuasivo con el respaldo de Estados Unidos. Al tiempo, los gringos quieren disuadir a los gobiernos que están haciendo entusiastas acuerdos militares con Rusia, Irán o China. Y Brasil, a su tiempo, cómo líder de Unasur, quiere disuadir a la inefable potencia estadounidense de no seguir tomando a América Latina como su patio trasero. Por eso, aunque en el corto plazo, para Colombia casi nada cambia con las bases y este puede ser considerado de puertas para adentro, un escándalo chimbo, para otros países si hay un nuevo escenario. Y en el largo plazo nadie sabe cómo se configurará el rompecabezas. Lo que sí está claro es que las bases constituyen una ficha clave en todo el juego.”
¡Alerta con Palanquero-Apiay-Marandúa! ¡Como para que no quede ninguna duda de la amenaza a Nuestra América!