Mostrando entradas con la etiqueta Frente revolucionario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frente revolucionario. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de octubre de 2011

EL "GRAN POLO" NACIONAL-POPULAR:

“Los pueblos miran a veces como su liberación a lo que suele no ser sino una disputa de reemplazo entre las estirpes de sus amos”

(Rene Zavaleta Mercado. Intelectual Boliviano)

1. El “Polo”: ¿La revolución que necesita la revolución?

He escuchado recientes comentarios críticos de colectivos feministas cuestionando el calificativo de “patriótico” al Gran Polo que ya comienza a animarse. Considero que hay que aprender a escuchar a profundidad las críticas, pués en ellas se animan nuevas maneras (bastante creativas por cierto) de interpretar y comprender la política y lo político en tiempos de inSURgencia que llamamos por convención “revolución”. ¿Habrá o no habrá revolución?

2. Ha llegado la hora de escuchar y asumir la critica de la potencia plebeya:

Las críticas son parte de la potencia de las voces insurgentes, subalternas y plebeyas que redefinen las reglas impuestas por las difentes formas de violencia simbólica y hegemonía cultural de la “Ciudad Letrada” (Angel Rama dixit), metáfora que utilizo para dar cuenta de las vicisitudes de la estructura de sentimientos y de pensamiento de las elites transculturadas, transnacionalizadas, mimetizadas, mediáticamente administradas, cuyas marcas racistas y clasistasson harto evidentes en sus discursos de autoverguenza étnica, desprecio y jerarquización simbólica frente al mundo popular subalterno.

Como ellos mismos lo plantean: se auto-describen como encarnaciones de la “sociedad decente”, de la “sociedad democrática” en clave (claro) liberal-moderna. Frente este complejo propio de la “cultura de la dependencia”, es preciso visibilizar y escuchar atentamente la expresión de las voces, cuerpos, sentidos, sígnos y símbolos de lo que llamaría como “potencia plebeya”, que no sólo agrupa al proletariat, sino además a los sectores medios que quieren ir más allá de una promesa de movilidad material ascendente, los sectores campesinos, estudiantes, mujeres que son mayoría, empleados públicos, a toda la masa popular urbana marginada, precarizadas o desempleadas, a la plebe, a pequeños y medianos productores de la ciudad y el campo, a los militares bolivarianos y progresistas, a comunidades de base cristianas, a los pueblos negros insumisos y a la resistencia indígena. Todos y todas están convocadas a no claudicar ante la posibilidad de concretar la esperanza tantas veces maltratada.

3. El sujeto popular subalterno. La diversidad y el multiverso son principios insobornables:

Aquí, no se trata de una diversidad o pluralidad de “marketing político”, sino un fenómeno producto de la sedimentación histórica de nuestra heterogeneidad social, política y cultural. El sujeto popular subalterno es el horizonte de confluencia ideológico-política, justamente de ésta multi-inserción social en relaciones sociales de producción, distribución y consumo derivadas de laheterogeneidad social, política y cultural, de las tensiones urbanas, de las relaciones ciudad-campo; y en ellas, de una territorialidad política de relaciones entre etnias, clases y regiones que constituyen nuestra realidad nacional-popular, como decimos ahora pluriétnica y pluricultural.

Esta debería ser una cualidad del “Grán Polo”, escuchar y recoger a fondo la crítica y la creatividad de todas éstas subjetividades populares subalternas, procesarlas sin grande complejos o rollos, sin caer en las diatribas que caracterizaron la “enfermedad infantil” de la izquierda grupuscular y sectaria en Venezuela: pelear y dividirse por pequeñeces, por caudillajes, por ego-políticas, por el control de cuotas de poder y por dogmatismos estériles.

4. Por un “Polo Nacional Popular”:

Sin necesidad de cambiar la codificación anunciada por el compañero Chávez, para fines de síntesis política basta hablar del “Gran Polo” o símplemente del “Polo”. El significante “Polo” ya rueda con su propia velocidad y vivirá su propio proceso de aceleración y crecimiento exponencial.

Lo fundamental será su potencia y capacidad de articulación de demandas deradicalización democrática, de profundización de la agenda de luchas populares y de recuperación plena de Centros Nacionales de Decisión sin los cuales no podran apalancar un Proyecto Estratégico Nacional para la edificación de un específico y particular proceso de transformación estructural bajo el horizonte de unaDemocracia Socialista, participativa y libertaria, con Desarrollo Humano y Buén Vivir, una revolución democrática, socialista, cultural, ecológica y descolonizadora que implica someter a de-construcción todos los supuestos revolucionarios acerca del socialismo del siglo XX, que son hoy completamente inviables (desarrollismo, despotismo burocrático, sistema de partido único, estatismo, dogmatismo, sectarismo, ausencia de conducción colectiva, precariedad de instancias de renovación interna permanente) en el proceso de reunificación de fuerzas sociales y políticas que construyen (repetimos) “mayorías nacional-populares”.

5. Contra la restauración del “pacto de elites”:

La re-politización y su re-polarización de las mayorías nacional-populares se plantea frente a la estrategia, tácticas y operaciones de restauración del “pacto de elites” que colapsó precisamente, con la entrega del país a la Agenda Neoliberal e Imperial por CAP (“El Gran Viraje”) y por Caldera (“La Agenda Venezuela”). ¿Qué hay de nuevo y auténticamente renovador en la MUD o en sus satelites ideológicos, que no sea reciclar las ideas-fuerza de estos proyectos pro-capitalistas y subordinados a Washington, apalancado los intereses de los sectores económicos dominantes del país y sus nomenclaturas politicas? En sustancia, nada. Ahora en tiempos de máscaras electorales, escuchamos sólo eufemismos, incluso bajo la ilusión Socialdemócrata Betancourista, o peor aún, del retorno del espejismo CAP: “El gran líder tercermundista”, “La Gran Venezuela” y el “Gran Viraje”, “Democracia con energía” y “Progreso para todos” con su inmediata consencuencia: la masacre popular en el llamado “Caracazo”.

6. Contra la trampa del socialismo burocrático:

Por el otro lado, hay que evitar a toda costa caer en la trampa del socialismo burocrático del siglo XX, que le da fuerza al viejo espantapajaros del “castro-comunismo”. Seguir con el calco y copia, con la nostalgia de la derrota de los años 60, implica quedarse empantanado en los sentimientos de fracaso. Hay que virar hacia delante, con critica y creación heroica, como diría Mariategui. Un nuevo socialismo indo-afro-latinoamericano espera por contenidos y formas radicalmente distintos, ciertamente con memoria de luchas, pero con balance de inventario para no repetir viejos errores.

7. El nuevo bloque histórico se llama popular-bolivariano:

Algunas corrientes socialistas, populares, nacionalistas le colocan sus propios aliños al “Polo”: “Polo patriótico-popular”, “Polo revolucionario”, “Polo bolivariano”, “Polo chavista”, “Polo socialista”, etc. Yo agregaré un aliño: “Polo nacional-popular”. Una caracterización adecuada de lo nacional-popular permite comprender el proceso de articulación y construcción de identidades, alianzas y reagrupamientos en la construcción del nuevo bloque histórico popular-bolivariano.

En primer lugar, la revolución bolivariana puede sintetizarse en un vasto esfuerzo de auto-afirmación colectiva. Autodeterminación como pueblo. Pués lo nacional-popular se opone a la construcción nacional de las elites, oligarquias y patronatos proclives a la negociación de la soberanía al mejor postor, también estructura de sentimientos y pensamientos en torno a la cultura popular, a las fuerzas de la nación profunda pensando su alteridad frente a la transculturización que se despliega desde la ciudad letrada y desde la virtualización transnacional-massmediática.

Búsqueda además de nuestra diferencia específica. Se trata de la politización delnacionalismo popular revolucionario, configurándose entonces una concepción de la historia en torno al antagonismo entre la nación-popular y la antinación cada vez mas cooptada por los vectores transnacionales de la globalización neoliberal, polos condensadores de la liberación y la alienación histórica.

8. ¿Y cual el es problema? Nacionalismo popular de izquierdas:

El espacio de recuperación nacional pasa por el horizonte de visibilidad de lacentralidad popular, proletaria, campesina, tanto mestiza, como negra e indígena. La categoría de Nación en términos abstractos o nacional-estatales, debe ser desplazada por la categoría del mundo de vida popular subalterno, reconociendo sus contenidos de clase, pero mucho más allá de las plantillas eurocéntricas de clase, para redefinir el Estado, el gobierno y la política desde lavoces y cuerpos plebeyos presente en el campo popular-subalterno. La nación ahora, no será punto de partida de un relato ya construido desde los vencedores, sino más bien el punto de llegada de una puesta en movimiento de las prácticas y voces de los vencidos, después de transitar por el reconocimiento e inclusión de étnias, clases sociales y regiones relegadas en las políticas del Estado.

9. El “marxismo crítico” aclara pero tambien oscurece:

La matriz teórica se sitúa entonces ahora en una apropiación selectiva de algunas de las voces del marxismo crítico, con la particularidad, además, de que la teoría no es utilizada simplemente para explicar o interpretar la historia o para estructurar un discurso político táctico. Necesidad de pasar pasar por unaespecificación radical de las teorias revolucionarias, una inculturación o interiorización de la teoría revolucionaria, siempre en referencia a las particularidades de la historia nacional y local.

La diferenciación, la diversidad, la especificación y la contextualización son herramientas ligadas a la descolocación de la homogeneización, la reducción y la mundialización, en función de construir saberes contra-hegemonicos y pensamientos críticos efectivamente localizados. Pues la historia de la construcción de sujetos políticos pasa por la historia de los movimientos como fuerzas de acción colectiva, no sólo como descripción de rasgos y atributos de estratos estadísticamente identificados, lo cual le resta la vitalidad de su construcción movilizadora.

10. Comprender lo específico en totalidades heterogeneas y contradictorias:

Así será posible comprender la crisis orgánica y la totalidad heterógenea y contradictoria. Es decir, comprender los desgarramientos, las posibilidades que se abren por propuestas alternativas. No se trata, eontonces, como plantea el revisionismo histórico nacionalista, de desarrollar una conciencia nacional de tipo mantuana-señorial, oligárquica, burguesa o desde arriba, sino que se trata de la desmistificación y la crítica de las ideologías colonialistas, modernas y capitalistas que se han apropiado de lo nacional-popular como resto, como voces y cuerpos subyugados.

Y esto es así por la estrecha solidaridad estre la historia nacional de los vencedores y la construcción de un Estado Aparente, pura formalidad jurídico-constitucional sin efectividad práctica en la intersubjetividad del pueblo, sin concreción político-normativa. Porque un Estado aparente es indicio de falta de nacionalización, de carencia del sentimiento de pertenencia al Estado nación, de asuencia de procesos de construcción de hegemonía, donde predomina aún la lógica de las “elites en el poder”.

11. El “Polo”: autodeterminación de multitudes:

Frente a la ciudad letrada y sus elites de poder, aparecen creo en los perfiles del “Polo” la potencia plebeya y la autodeterminación de las multitudes: fusión del pueblo, de la plebe en acción, de una sociedad civil no burguesa en la formación de un bloque histórico entre los sectores medios, las clases trabajadoras, el campesinado, el mundo popular-urbano, los pueblos indígenas y las comunidades negras.

Reconocer en nuestra sociedad la heterogeneidad, no suponer que somos sociedades homogeneas como lo plantea la proyección jurídica del Estado Aparente implica asumir que en Nuestra América, con todas sus particularidades, hay mucho de la “formación social abigarrada” (Zavaleta mercado dixit).

Formación social abigarrada: coexistencia de varios modos de producción, coexistencia de distintas temporalidades, de distintas formas políticas en un mismo espacio; además de la desarticulación que existe entre estos factores conformantes del entramado social. Por tanto, hay que especificar, bajar de las abstracciones unilaterales, para reconocer diferencias, alteridades y singularidades. En lugar de tomar una teoría, digamos el “marxismo soviético”, como una abstracción que subsume el caso a un modelo, a una explicación general preexistente, tratando de comprobar lo general borrando las particularidades; es preciso someter la abstracción para dar cuenta y para explicar el conjunto de las particularidades locales.

Es preciso no aplicar guiones sino producir conocimiento local a partir de las realidades específicas analizadas, proceso de apropiación de lo general para explicar el caso a partir de un desarrollo teórico propio, recolocando ahora lo general en un nuevo contexto específico. Sin necesidad ni imperativo por borrar las particularidades y especificidades, en los moldes de una teoría vacia convertida en esqueleto universal.

12. Lo “Hegemónico sobre la diversidad” o lo “Hegemónico de la diversidad”:

Allí surge no “lo hegemónico sobre la diversidad” sino “la hegemonía de la diversidad.” Pués lo múltiple tiene su(s) manera(s) de ser... en la diversidad. Sabemos que el concepto de “ hegemonía” (Gramsci) supone una articulación social e histórica a dominante. Generalmente, dicha articulación se entiende como la primacía de una (alguna) parte sobre el todo social, en este caso una de las clases fundamentales, interpretada luego por los cultores de las vanguardias a partir de la cadena de sustituciones; sustitución del pueblo por la clase, de la clase por el partido de vanguardia, del partido de vanguardia por el comité central, y del comité central por la voz infalible del Uno-Soberano.

Pero la hegemonía de la diversidad popular del mundo popular subalterno implica un esfuerzo por repensar a Gramsci. Se trata tanto de reconocer el antagonismo hacia el bloque social dominante, como la diversidad en juego en el campo nacional-popular; pués es esta diversidad social e histórica, la que produce las hegemonías nacional-populares.

13. El “Polo” como nueva intersubjetividad:

La potencia plebeya del “polo nacional popular consiste en la conformación de una forma de intersubjetividad, pues un sujeto colectivo (una clase, una masa) no sería, en rigor, un acuerdo entre individuos, sino una relación inter-subjetiva, un marco comunicativo estructurado donde los “actos de lenguaje” suponen códigos pragmáticos necesariamente comunes y a la vez abiertos a la crítica y la creación social.

El concepto de “potencia plebeya” supone una rebeldía cualitativa frente al Estado, aunque, ciertamente, tiende hacia él en función de transitar hacia el horizonte de la autodeterminación colectiva. Lo cual implica la plenitud de la “rebelión de las masas”.

Frente a la historia de los vencedores hay que afirmar otro principio: la autodeterminación de las masas como multitudes plebeyas es el principio de la historia, no sólo la constante referencia la lucha de clases, sino a prácticas de autoafirmación desde el mundo de vida de las clases, grupos y comunidades populares. Se trata de la autodeterminación de figuras de intersubjetividad y del cúmulo de momentos constitutivos que ahí concurren o se instituyen.

El acto nacional-revolucionario del 1998 instituye una nueva etapa en la historia de la sociedad venezolana con dos polos: la democracia representativa, por un lado y, por otro, su superación revolucionaria de la democracia participativa vivida como democracia radical

Aprendamos entonces de los silencios y voces de la historia de la matria grande indo-afro-latinoamericana, de la pachamama, de Abya-Yala para saldar cuentas con la historia de los vencedores, para que la inSURgencia continental no encalle en las calles ciegas del socialismo realmente inexistente del siglo XX.

14. ¡Cuidado!, si sigue por este camino se encontrará con el Socialismo Burocrático:

Una nueva izquierda plebeya, nacional-popular, tiene que re-armarse de argumentos y razones para entender la significación subterránea de los indignados de todos los lugares del mundo, para poner en evidencia las falacias con las que se manipulan las miserias de una sociedad insostenible.

El viejo socialismo burocrático no expresa ideas, valores ni ideales de “vanguardia”, sino lastres, inercias, residuos y pesados cultos que arrastran la potencia de la multitud plebeya hacia el campo minado labrado desde los intereses imperiales.

Tenemos nuevos desafíos políticos en los saberes contrahegemónicos, en el pensamiento crítico y en la praxis insurgente. Los discursos emancipatorios ya no pueden ser los mismos guiones de los manueles soviéticos, o sus traducciones tropicalizadas en la onda de la burocracia ideológica que administró la estela ideológica del “marxismo soviético”. Reconozcamos, si queremos avanzar, la crisis de los viejos paradigmas de la izquierda oficial.

15.- Sacudir a la vieja izquierda:

Hay que sacudir a la vieja izquierda, construir otra sensibilidad, remontar la crisis de voluntad que da cuentas de la fatiga histórica de esa idea tan burda de “vanguardia política”, que sigue sin realizar una auto-crítica del partido-aparato-maquinaria, de los “vanguardismos” sin “movimiento de masas”.

La vieja izquierda que busca aún al “Sujeto” de la revolución, que no cae en cuenta de que se trata de un vasto esfuerzo de construcción político-cultural, está condenada de antemano a pastar en el electoralismo, en la quejadumbre de la revolución que no llega o en la gestión social-liberal del sistema.

16. ¿Usted me reconoce?: el postergado “movimiento de movimientos”

La apuesta decisiva por el “Polo” es la apuesta radical por el movimiento. Cambiar de paradigma, de perspectiva, de enfoque no es tan sencillo como cambiarse de ropas. Hará falta pasar la prueba de un nuevo equipaje intelectual, ético-cultural y estético para encarar las realidades emergentes, para superar un “marxismo cavernario” que sólo sirve como pasto de dinosaurios y como pretexto de minotauros.

Los movimientos en la calle, en el campo en la selva, no tienen tiempo para “esperar” que la vieja izquierda aprenda a cambiar. El cambio ha comenzado ya desde hace mucho y de modo subterráneo. El mundo popular subalterno no quiere gringolas ni bozales para encauzar sus propias expresiones de lucha, sus voces inSURgentes ni su potencia libertaria.

El “Polo se mueve” para cerrarle el paso a la muerte de la revolución representada en el pragmatismo-oportunismo-dogmatismo-sectarismo que se legitiman por inercia. Y si se trata de reprimirlo, domesticarlo o canalizarlo hacia los objetivos de una nomenclatura oficiosa generará aún mayores contradicciones que podrían ser inmanejables para quines se acostumbraron a tener el “sarten por el mango”.

Los naufragios de la vieja izquierda venezolana tienen que mover cuerpos y voces inflexibles, superar la obesidad y los baustezos ideológicos por efecto de su incrustación en la vieja cultura clientelar y en el parasitismo de Estado.

Existe un nuevo dinamismo en el movimiento de masas, que ciertamente expresa ambivalencias en su horizonte ideológico. ¿Cómo esperar que esto no suceda luego de la crisis terminal del socialismo burocrático del siglo XX, cuando las grandes referencias ideológicas simplemente ya no soportaron la degradación del simulacro?

17. ¿Por qué le tienen tanto miedo a la palabra debate, a la toma de la palabra, a la puesta en escena de nuevas voces, rostros y cuerpos?

Lo que no podemos apalancar ahora es la clausura del debate, de la creación y la critica en todos los terrenos, de un nuevo ciclo de luchas de las multitudes plebeyas que ya no soportan el recetario de la “vieja guardia”, las concepciones cadúcas del mundo, una mentalidad que ha devenido en vagón de cola con expresiones reaccionarias.

El “gran polo nacional-popular puede ser la bisagra entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer. Una nueva potencia plebeya tiene por delante enormes retos, sus posibilidades no están en absoluto aseguradas. Décadas de postración e insignificancia ideológico-política de la vieja izquierda sólo aseguraron su estado de decadencia. Ello quiere decir que sólo existen posibilidades, nada más que eso. Aprovecharlas o desperdiciarlas depende en gran medida de sintonizar con los torrentes subterráneos de una era en transición.

18. La inSURgencia política-cultural pone en aprietos a la burocracia:

No habrá revolución política ni económica sin inSURgencia cultural. No hay que hacerse ilusiones cortoplacistas contando votos en cada centro electoral. El “gran polo patriótico” no puede sufrir una reconversión indolora en manos de la burocracia política.

La tiranía de las burocracias de Estado y de partido en nombre del "socialismo" y otras imposturas, tienen cada vez menos espacio. Imaginemonos por un momento las viejas voces llamado a la disciplina más patética y consolidadndo una lógica de representación que no tiene nada que ver con la soberanía popular directa y con la democracia participativa. El tumulto de voces hastiadas y descontentas podría pasarle por encima a estos dinosaurios de la política.

Con el “Polo”, todo entró en discusión. Nada se mantendrá en pie, a menos que una operación de emboscada burocrática apague todo esto y lo convierta en “masa de maniobra”, en una suerte de “rebaño electoral”.

Hay nuevos modos de pensar, otras sensibilidades, una nueva manera de "estar juntos" y de hacer transformaciones, pero cuidado, las miserias del poder no se esfumaron milagrosamente.

El barullo de voces que se activan pueden dar cuenta de los retos de una agenda de transformación radical del post-capitalismo. Mientras un buen pedazo de la vieja izquierda venezolana se quitó los disfraces y anda ahora encompinchada con la derecha, la otra parte parece quedar dividida en dos claras mitades: las que insisten en calcar y copiar las recetas del socialismo burocrático, y las que apuestan por renovar desde sus raices los fundamentos esprituales y materiales de los proyectos de emancipación.

El asunto será borrar de raíz tanto enamoramiento por prebendas, cargos y coutas de poder. El desafio hacia las subjetividades revolucionarias es enorme. La burocracia de todos los pelajes anda con “maletines de promesas” para seducir con nuevo-riquismos a los actores, movimientos y fuerzas que de veras quieren transformar de raíz las miseria del Estado rentista-clientelar y de la sociedad capitalista. La jugada es clara, la corrupción de lo político. Habrá que estar atentos a estos mascarones de proa.

19. Potencia constituyente: “Rap y Break” en el mar de contradicciones:

Ni el burocratismo de corte populista ni la vieja nomenclatura de estirpe soviético se quedarán tranquilas ante el tsunami que se avecina, tsunami que significa recuperación de la potencia constituyente que se ha dejado de lado en función de hacer morisquetas y maniobras políticas desde una forma-partido que dejó de lado erroneamente la tesis del “movimiento de movimientos”. El sello de la vieja sociedad sigue aún campante, como si aquí no hubiese existido una profunda “crisis de representación política”. Como diría Galileo: ¡Pero se mueve!

La tarea del “polo” será enfrentar las más variadas contradicciones y desafios. No sólo derrotar a la derecha y su proyecto de restauración, sino además situarse seriamente en el corazón de la crisis terminal del discurso político de la vieja izquierda. Esto implicará una extrema cautela en el procesamiento de diferencias y la gestión interna de contradiccones secundarias. Habrá muchos peines y conchas de mango. Garrotes y zanahorias.

El escenario interno del Polo pasa por encontrase a cada paso con trampillas de todo género para que nada cambie. Negociar las diferencias no implica claudicar en ciertos principios mínimos: asumir a fondo la diversidad, asumir a fondo la crítica radical, asumir a fondo la potencia de la creación, viabilizar los cambios con mano zurda, reconociendo que se trata de algo más que un momento electoral:está en juego quizas, la construcción desde abajo y desde dentro del nuevos pefiles de Socialismo y de radicalización democratica de la sociedad.

20. ¡Atreverse!: saber manejarse entre las apariencias del “charco del poder-sobre-otros y otras”:

En estos terrenos minados, hay que demostrar más inteligencia y creatividad que los adversarios, que no son ni pequeños ni débiles. Hay un camino plagado de contradicciones, donde se juega incluso el escenario puro y duro del poder. Transitar la coyuntura es una condición del proceso. El reto es romper la fatalidad de una izquierda que oscila entre la ensoñación abstracta de los dogmas estériles y la capitulación pragmática para hacer botin del mana del estado rentista. El “Polo” puede modificar completamente el escenario, los guiones y las tramoyas, la cuestión es atreverse…siempre con más inteligencia que todos sus oponentes.

21. La victoria será vivir algunos episodios de la Democracia Socialista: subvertir la lógica de la dominación.

Comienza la función…

sábado, 13 de noviembre de 2010

COMENTARIOS POSTERGADOSA LAS INQUIETUDES DE J.M. RODRÍGUEZ (CON COPIA A AMIGOS Y AMIGAS).

Javier Biardeau R.
Estimado, tus aportes en cada uno de los escritos titulados “Que tres erres y que ocho cuartos”, son fundamentales para fecundar el debate que se está dando en las páginas de este importante mural para la deliberación política del proceso bolivariano, lo que ha permitido apalancar la idea de la “Asamblea Popular Revolucionaria” gestionada por el portal Aporrea.
Sin lugar a dudas, hay que asumir la convocatoria de Aporrea, y de quienes quieren debatir e intervenir en el devenir de la Revolución Bolivariana.
1.- Hay que re-pensar las relaciones entre Constitución, Revolución y Transición post-capitalista:
El 14 de julio dirigiste tus inquietudes acerca del tema de la Constitución, la Revolución y la Transición al Socialismo. Luego del 26-S, estas inquietudes cobran mayor actualidad.
Sabemos que el debate sobre el papel protagónico o no, del Poder Popular en la transformación del Estado heredado de la IV República, y que continua en la V República, está la base de las llamadas “3R al cuadrado”.
Así mismo, es visible el debate entre re-polarizar y re-politizar la gestión pública ó des-polarizar y desempolvar una suerte de “democracia consensual”, que cruza las reflexiones de voces curtidas en las lides políticas, como José Vicente Rangel ó Eleazar Díaz Rangel (y de quienes han estado vinculados a intercambios de ideas, cuyo tratamiento de la des-polarización encuentra aproximaciones a las posturas del Centro Carter).
También tenemos las voces de aquellos otros activistas bolivarianos, que como Reinaldo Iturriza, proponen la recuperación de la fuerza originaria de la revolución bolivariana, bajo la idea de radicalización democrática, asumiendo el conflicto y el antagonismo que atraviesa a la política y la doble interpelación entre Chávez y el pueblo; ó distintas corrientes que llaman a crear un espacio para la “teoría y praxis revolucionaria”, ya sea en sus vertientes doctrinarias guevaristas y fidelistas (tomando como eje de sustentación la experiencia de la Revolución Cubana y del MIR Chileno), así como aquellas corrientes que llaman a consolidar un espacio revolucionario en el seno del PSUV, reagrupando diversas corrientes de izquierda en la construcción del llamado polo patriótico-popular.
Obviamente hay muchos más nodos de debate, muchas voces que deben ser visibilizadas en la reflexión-acción en los actuales momentos, como los compañeros y compañeras del CIM (Centro Internacional Miranda), que desde mi particular perspectiva, han sido injustamente “ninguneados” es sus apreciaciones, por parte de sectores de la alta dirección del proceso bolivariano; e incluso han sido descalificados por aquellos grupos que se auto-postulan como los “auténticos revolucionarios”, frente al etiquetado “reformismo” de personas que sin duda han apoyado el proceso bolivariano, como Marta Harnecker ó Juan Carlos Monedero, por ejemplo.
2.- Que sea el poder de las asambleas populares las que re-direccionen el proceso bolivariano, y no la burocracia que confisca el debate:
Sin embargo, no se trata en estas líneas de dar cuenta del mapa de nodos de reflexión-acción, que se han re-activado luego del 26-S; sobre todo la gran significación que vienen adquiriendo las diversas asambleas populares de base y círculos de reflexión, de trabajadores, estudiantes, de colectivos barriales, campesinos e indígenas, de militantes, activistas y simpatizantes políticos del proceso bolivariano, incluyendo a sectores medios progresistas, e intelectuales efectivamente inquietos por el rumbo y potencial derrotero de la Revolución Bolivariana, si ni siquiera se pasa la prueba de las primeras 3R (revisión, rectificación y reimpulso).
3.- La transición es con democracia participativa, y el socialismo radicaliza la democracia protagónica revolucionaria:
Por mi parte, asumo la responsabilidad de enfatizar tres aspectos en este debate, que llevan a plantear el asunto de las encrucijadas de la revolución democrática y socialista, asumiendo las tensiones inherentes a la defensa de las ideas que afirman:
1) el carácter progresivo de la Constitución de 1999 (que no es simple legalidad burguesa),
2) el carácter pacífico del proceso y de la transición post-capitalista (que no es una simple forma de lucha cívica, privada de cualidad ética y moral), y
3) la significación del terreno electoral (que asegura una carta de derechos de ciudadanía política, sin la cual la libertad política seria algo menos que consentir las imposiciones de un mandato despótico).
4.- Los errores más graves de la conducción chavista:
Por estas razones he cuestionado que la Revolución Bolivariana sea re-ciclada a un elemental “chavismo de lealtad primordial”, que la Revolución Democrática Constituyente haya sido re-convertida a una re-partidización y re-burocratización de la “política oficialista”, y que la Revolución Socialista sea re-absorbida por la Estatización típica de cualquiera de los Socialismos Reales.
En la base de estos gravísimos errores de conducción política opera la percepción masiva del arraigo de fenómenos tales como: personalismo, sectarismo, burocratismo, dogmatismo, seguidismo ideológico, corrupción, ineficiencia y reflujo popular.
En este cuadro de descomposición de muchas áreas de la “política oficial”, hay mucho más que aquello, que con una formación militar elemental se le llama “murmuración” en las bases sociales de la Revolución Bolivariana.
5.- "Que se abran cien Flores y que compitan cien escuelas" en el debate sobre la reconducción democrática y socialista de la revolución bolivariana:
Hay un intenso proceso de debate, que ninguna burocracia podrá administrar a estas alturas, sin realimentar la tendencia dominante al reflujo popular hacia la revolución bolivariana.
Hay un barullo de discusiones e inquietudes, una “masa crítica” que opina, que delibera, que critica, que se inquieta por la gravedad de la parálisis o desvarío estratégico en la estructura de dirección del PSUV, que demanda corregir a fondo y a tiempo el proceso revolucionario para no perderlo, que está proponiendo diversas opciones y políticas para avanzar en el mismo.
Sin embargo, no hay que dejar de prestarle atención a ideas y discursos que contribuyen a “organizar las condiciones necesarias para una futura derrota”, ni tampoco perder de vista la no-acción del “partido-maquinaria”, y sobre todo, la conducta sectaria de aquellos nodos de reflexión-acción, que estimulan una lealtad ciega y poco irreverente, un doctrinarismo ex temporáneo, así como la descalificación automática de las ideas diferentes a la de su “tribu doctrinaria”, con viejos expedientes del más rancio estalinismo y su catálogo de desviaciones: “reformistas”, “pequeño burgueses”, “anarquistas” y otros estribillos, como el putrefacto espectro estalinista de “Enemigos del Pueblo”.
6.- Cuestionar al putrefacto espectro del Estalinismo y derrotarlo en el campo de la hegemonía intelectual, ético-cultural, comunicacional y política:
No hay nada peor que actuar como estalinistas, como policías de cualquier pensamiento que fecunda la diversidad y la crítica necesaria, diciendo que no son tales estalinistas, pues se trata de una mentalidad arraigada como subcultura de izquierda, que se encarna en prácticas cotidianas (apalancada con abundantes recursos del ramas ejecutivas del Estado), parcialmente enmascarada en una fraseología chavista, pero cuyos ejes duros de reflexión no dejan de apelar a las tesis enmohecidas de cualquier “Manual de Comunismo Científico”, como aquella que postula que solo la propiedad estatal es la forma de propiedad socialista.
Lamento que no captes estos fenómenos, que constituyen lo que Carlos Enrique Dallmeier ha sintetizado con el ajustado nombre de “El putrefacto espectro del Stalinismo” (http://www.aporrea.org/ideologia/a112068.html).
Como Dallmeier lo ha dicho mucho mejor que yo, sintetizándolo didácticamente, lo considero una introducción indispensable para pasar a revisar los materiales que he elaborado acerca del Testamento de Lenin, y sus potenciales lecciones para la Revolución Bolivariana.
7.- La revolución bolchevique no es un paradigma revolucionario incuestionable:
Algunos propagarán tesis ya ex temporáneas, sin fisuras, monolíticas, de la recuperación a-crítica de la figura ideológica y política de Lenin, e incluso llegarán a la manida defensa de Stalin, como gran conductor militar durante la segunda guerra mundial. Pero pasan por debajo de la mesa un hecho harto evidente: que antes de la muerte de Lenin ya se habían incubado las semillas de la burocratización en la Revolución Rusa, que el propio pensamiento y acción de Lenin, contribuyó a tal burocratización.
¿Herejías? Como se le atribuyó decir a Galileo: “Eppur si muove”. Hay que evitar a toda costa que se naturalicen las actitudes de un santo tribunal de la inquisición revolucionaria. Hay que combatir a toda costa los “argumentos de autoridad”, y todas las epistemes autoritarias, así se llamen así mismas “revolucionarias”.
La fijación autoritaria de creencias es parte de la sedimentación de una conducta sumisa de ciudadanos y ciudadanas siervas. Hay que desafiar todas las convenciones de autoridad, pues sólo desde allí las revoluciones democráticas constituyentes, podrán superar sus bloqueos y limitaciones.
Se trata de apelar a la negatividad radical que solo una dialéctica sin dogmas puede proveer, para impedir la instalación de cualquier mito de reconciliación, que termina abonando el camino a las tentaciones despóticas del “buén orden” del "buén jefe", de la "buena jerarquía", con sus máquina de burócratas de turno administrando las opciones de vida para una muchedumbre solitaria.
Por tanto, no hay que reiterar posiciones a-críticas hacia la revolución rusa y la dirección bolchevique, pues esto es parte de las inercias ideológicas de nuestra izquierda cavernaria. Es importante enfatizarlo, es parte de “nuestra izquierda”. Es parte de “nuestra” imposibilidad e impotencia para asumir en profundidad las lecciones de las experiencias del socialismo real, sus sombras, errores, tragedias y desastres. Seguimos atados a viejas formaciones de discurso, a creencias vetustas, fantasías ideológicas y prejuicios inveterados.
Apelar imaginariamente a la sacralización ideológica de la revolución bolchevique, a estas alturas, es parte de un ritual para auto-confirmar presupuestos y creencias no discutibles, no para renovar los pensamientos críticos socialistas.
Si no ves estos nefatos fenómenos, te invitaría a recorrer el bosque de este “marxismo de derecha”, este fundamentalismo reaccionario que recorre espacios de radio, encartados de prensa, páginas web, señales en determinados espacios sindicales, donde es ostensible que el viejo socialismo burocrático está vivito y coleando como “fantasía ideológica”, como práctica política.
8.- No puede haber calco y copia del Socialismo Burocrático:
Por otra parte, existe una problemática de fondo que quiere soslayarse: las condiciones de la transición pacífica y democrática a un nuevo socialismo, que no puede ser “calco y copia” del “Socialismo Burocrático”. Es demasiado importante renovar el horizonte democrático y socialista del proyecto histórico que se pretende construir, si se quieren encontrar los mínimos de consistencia con el proyecto popular y democrático contenido en la Constitución de 1999.
Ni frente al Proyecto Histórico, ni frente al camino de transitar el cambio estructural, se han despejado las relaciones entre tareas democráticas y socialistas de la revolución bolivariana. Mucho menos las tareas eco-políticas y descolonizadoras, que pudieran llevar a des-dogmatizar el referente central de un “marxismo imaginario” en claves doctrinarias.
Mientras se habla de “Socialismo Científico”, son oportunas estas palabras de Carlos Frabetti:
El marxismo no es una ciencia, y el hecho de que muchos de sus seguidores atribuyeran a sus formulaciones el rango de leyes científicas ha sido una de las causas del fracaso del llamado “socialismo real”. El marxismo no es una ciencia, pero tiene una clara vocación científica y sabe que necesita de la ciencia. Tanto como la ciencia necesita del marxismo para dejar de ser esclava del capital.”(Frabetti; Socialismo Científico)
9.- Mucho menos doctrinarismo marxista, mucho más teorías críticas y revolucionarias:
Esta frase aparentemente problemática, lo que quiere enfatizar es la centralidad de teorías críticas para la praxis anticapitalista, antes que un cientificismo estéril. Del mismo modo que Galileo vio en la experimentación y el instrumental matemático, el método por excelencia ó la llave maestra de la ciencia, Marx vio en la praxis, la clave de nuevas teorías críticas cansadas de limitarse a interpretar-explicar el mundo y decididas a transformarlo desde su raíz.
No hay que apelar entonces a un gran Dogma o Código-Maestro, basta ser mínimamente consistentes con pensamientos críticos socialistas, con teorías críticas del metabolismo social del Capital, con saberes contra-hegemónicos que impugnan la lógica de la dominación social.
Incluso, desbordando las propias palabras de Frabetti, el marxismo merece algo más que el nombre de “Socialismo Científico”, para poder asimilar los logros teóricos y prácticos del feminismo, del ecologismo y de la descolonización del pensamiento, las tres principales fuerzas revolucionarias de nuestro tiempo. Y para eso debe dejar atrás un esquematismo marxista en clave burocrático-despótica, asimilando los logros teóricos y prácticos del imaginario libertario, del pacifismo, del indigenismo, de las espiritualidades para la insumisión, y de otras formas de oposición ética, estética, epistémica y afectiva a la barbarie capitalista.
Una dialéctica sin dogmas, hija del aquel marxismo abierto y crítico del siglo XIX, y de la nueva ciencia con conciencia de la complejidad que apareció a fines del siglo XX, tiene que ser el instrumento teórico del socialismo sin represión y sin fronteras para el siglo XXI.
Allí reside la importancia de fecundar pensamientos críticos socialistas, teorías críticas y saberes contra-hegemónicos. Y es desde allí, donde pueden nacer los verdaderos acontecimientos de invención democrático-socialistas para el siglo XXI.
10.- El clima de crítica democrática es ya una opción política revolucionaria contra el estalinismo:
No es casual entonces, que luego del 26-S, surjan voces que planteen que los procesos eleccionarios contemplados en nuestra Constitución (porque es fundamentalmente una Constitución político-normativa, casada con el Proyecto Bolivariano de recuperación de la soberanía nacional-popular), sea tachada de “Constitución demo-burguesa”. Que nuestra Constitución pueda desecharse como simple “legalidad burguesa”. Son este tipo de opiniones las que le entregan las banderas progresistas de la Constitución a las factores de oposición.
Cuando son estos argumentos los que operan, estamos ante “malos pintores de brocha gorda”, que no han comprendido justamente, ni las condiciones y reglas de la transición democrática y pacífica, ni las relaciones entre derecho y poder en las transiciones pacíficas.
No han comprendido el carácter de una Constitución abierta, flexible y reformable en la dialéctica entre el proceso constituyente y el proceso constituido, y prefieren repetir el guión de los clásicos del socialismo real.
Asumir la tarea de revalorizar la democracia socialista en el marco de la Constitución de 1999, implica más bien una lectura en reverso de las tradiciones social-demócratas originarias, mucho antes de que cayeran en manos de personajes que efectivamente optaron por reformar al capitalismo, para no superarlo jamás.
11.- Recuperar la memoria de luchas por el socialismo democrático y revolucionario de carácter no estalinista:
Así mismo, se requiere una lectura en reverso de la memoria de teorias revolucionarias y democráticas que se contraponen históricamente al futuro estalinismo. Hablo de voces como las de Rosa Luxemburgo, Labriola, Gramsci, Korsch, Pannekoek, Jaures, Lafarge, Gorter, Lukacs, los austro-marxistas y tantos otros y otras (las escuelas marxistas críticas de Budapest, Praga, Polonia y Yugoeslavia), que le han dado a la constelación teórica marxista, un aroma de fecundidad y de multiplicidad para imaginar y pensar opciones discutidas democráticamente.
Es decir, hablo de aquellas voces que más que amarrarse a la tradición jacobino-blanquista confundida con el pensamiento marxiano, trataron de articular las tradiciones de lucha democrático-radicales, sin ningún tapujo de impugnar la burocratización del marxismo, hecho sobre el cual algo tuvo que decir ya el viejo Trotsky, quien puede ser leído como un testimonio de un balance de inventario acerca de una “Revolución Traicionada”.
De ese marxismo crítico, abierto, libertario y contestatario, poco se habla. Y es justamente desde ese marxismo crítico, y desde el manantial vivo de la tradición socialdemócrata originaria, cuando aún Marx y Engels luchaban para separarla de cualquier tentativa de cooptación por parte del Socialismo de Estado de Lasalle, o la cooptación de un Bismark, donde se pueden hacer nuevas lecturas en reverso, para salir del “putrefacto espectro del Stalinismo” (gracias Dellmeier).
La desfiguración burocrático-despótica del pensamiento crítico marxiano viene de lejos. Y en gran medida somos herederos de ese proceso de burocratización del pensamiento crítico.
12.- Radicalizar la democracia del Estado social, mucho más justicia material y cultural que formas de derecho procedimental:
Por otra parte, aún asumiendo las mayores potencialidades progresistas del proceso constitucional, compartimos parte de las preocupaciones acerca de la confusión entre el Estado democrático y social de derecho y de justicia, y lo que posteriormente fue definido desde otro terreno como “Estado Socialista”.
De allí, mis recurrentes planteamientos acerca de los límites que impone la Constitución de 1999, a cualquier desvarío y extravió político-ideológico burocrático despótico, así se los califique de “Socialista”. Y no es que la Constitución de 1999 sea un libro sagrado (inflexible, pétreo, cerrado), pero si es la síntesis de un mandato constituyente y democrático-radical del pueblo venezolano, que aún es promesa y no obra cumplida.
No se trata de anteponer lo político a lo jurídico, pues lo jurídico es una codificación histórica normativa, una condensación de fuerzas y sentidos instituidos por el hecho político; y cualquier modificación constitucional o desarrollo legislativo “no se hace a trocha y mocha” (violentando formas para adulterar contenidos), sin contemplar un riguroso análisis de la consistencia sistemática entre la legislación constructiva, los parámetros constitucionales y el espíritu constituyente.
Y si se trata de abrir las compuertas al hecho constituyente en su sentido de camino amplio a la transformación sustantiva de la Constitución Política del Estado, de su forma, del sistema de gobierno, del sistema económico y social, hay procedimientos y canales para impulsarlas. No es a través de decretos unilaterales emanados del órgano ejecutivo, que se encarna la soberanía popular, pues esta no puede ser ni delegada, ni confiscada ni usurpada.
La democracia participativa y protagónica no puede ser confundida, de hecho ni de derecho, con una democracia por aclamación a favor de un líder plebiscitario. No es así que se contempla, ni en la memoria de las luchas socialistas ni en la memoria de las luchas democráticas.
El asunto reside no en concentrar y centralizar poder en el vértice de la rama ejecutiva del Estado, sino en democratizar el conjunto del Estado, abrir sus compuertas a la participación y contraloría social, impulsar una cultura de servicio al pueblo en la administración pública y despejar el asunto del privilegio burocrático por la ocupación de un cargo.
Para profundizar en un socialismo desde abajo, radicalmente democrático, el genio del Che debería pasar por lecturas críticas de su legado teórico, de su compromiso abierto con la variante marxista-leninista, de su compromiso por una pasión jacobina y vanguardista.
Hay severas limitaciones ideológicas en una visión del “hombre nuevo” que se configura desde mecanismos de compulsión moral y un nuevo conformismo ideológico de masas.
Ha sido Gramsci quien nos ha dejado una elemental lección de política, al cuestionar que se cosifique el vínculo entre dirigentes y dirigidos, dominantes y dominados, entre explotados y explotadores.
Mientras se discutan a fondo los planteamientos del Che en su tiempo y circunstancia, se fecundará el debate; pero cuando se asuma como única línea política a uno que otro dictado del Che, allí no habrá posibilidad de debate ni de construcción colectiva. Ya la verdad revelada habrá sido enunciada, y solo a los mortales les quedará aplicar su Mandato, una suerte de automatismo ideológico prediseñado.
13.- Es temerario auto-proclamar vanguardismos sin consolidar retaguardias y bases de apoyo que sustenten una lucha política prolongada:
Es hora de rebajar a estas “vanguardias auto-declaradas” al lugar que se merecen, un lugar más entre otros, en la asamblea popular revolucionaria que cada día se construye en el tejido de pensamientos socialista diversos.
No se trata de verdades a ser llevadas a la discusión en asambleas populares y propuestas para un referéndum aprobatorio, sino de verdades construidas en un prolongado diálogo polémico de saberes, pensamientos y teorías críticas, que no pueden ni alejarse de un balance crítico del pasado, ni de la mínima consistencia con un debate en curso experimentado dentro y en los márgenes de las ciencias sociales e históricas críticas de hoy.
Por otra parte, frente a los aventurerismos de derecha, la salida no son los aventurerismos de izquierda. A estos aventureros hay que recordarles la fábula de la liebre y la tortuga. En política no hay resultados mágicos e inmediatos, es el trabajo largo y permanente el que consolida logros.
El putrefacto espectro del estalinismo gravita efectivamente hoy sobre el hermoso proceso que se inicio el 27 de febrero de 1989, pero que debe reconocer a la luz de estos acontecimientos, que el saldo de los sectarismos y dispersiones anteriores llevaron a la izquierda a una situación de extrema debilidad orgánica y paupérrima disposición intelectual y moral para un re-impulso propositivo.
Es de esa situación, donde adquiere visibilidad, coraje y arraigo popular la convocatoria del MBR-200 y la rebelión militar del 4-F, sin la cuál Venezuela se acercaría a ser un vulgar Protectorado Petrolero Neo-colonial.
Pero la burocratización de la política revolucionaria es ostensible desde 2005, la sistemática política de inamovilidad o deterioro del salario real (compensada por el señuelo de una inamovilidad laboral, con aumentos nominales, cuyo sustento es la cruda "tercerización" dirigida por el patrono público y privado de amplios segmentos de la masa salarial), junto a la vertiginosa inflación que esta deteriorando gravemente la capacidad adquisitiva y su calidad de vida, no son cuentos desestabilizadores, son realidades de los trabajadores asalariados, de precarizados, de subempleados y sus familias.
Los sectores populares y medios lucharon para salir del pantano del neoliberalismo, y de su regresiva política en los salarios, niveles de empleos, convenciones colectivas y condiciones materiales de vida. No esperan lo mismo de una “economía política” revolucionaria.
14.- Ni burócratas ni capitalistas, ni señuelos de la oposición política punto-fijista:
La implantación de una sociedad socialista, sin dominadores y privilegiados, fue parte de legado marxiano. Si Lenin podía asegurar por su análisis histórico del proletariado inglés que había rasgos tradeunionista en sus luchas, hoy podemos afirmar que hay rasgos contra-revolucionarios en las “vanguardias auto-proclamadas”.
Hay que rehacer de abajo arriba el “que hacer” de Lenin. La llamada “toma del poder político” del proletariado, del pueblo trabajador, como objetivo no podía ser delegada a ningún partido de revolucionarios profesionales, que asumiera el monopolio de la conducción política de la emancipación de las multitudes.
Allí hay un elemental cuadro de alienación política que acompaña a todo esfuerzo de explotación de la masa salariada. Lo que llamamos históricamente cogollos y cúpulas podridas. Basta revisar la acumulación originaria del Capital de Marx, para reconocer las determinaciones de la estructura de mando político sobre las condiciones de explotación.
Cuando se lucha contra el patronato privado y público, contra la burocracia y los señuelos seudo-democráticos del antiguo punto-fijismo, se afirma que no se quiere regresar a la hegemonía de FEDECAMARAS, DE AD y COPEI, así sea bajo nuevas siglas.
15.- Hace falta colocar en la calle una agenda de democracia participativa y socialista:
Un saber de lucha y para la lucha, no coincide con un marxismo burocrático ni estructuralista en este aspecto. Las leyes de tendencia son tales porque están condicionadas por contra-tendencias, por contradicciones y antagonismos derivados de prácticas de clase, además de las opresiones múltiples: de género, edad, etno-raciales, frente a la autoridad política, conquistando la intersubjetividad, los códigos culturales y saber experto.
La muerte de Lenin en 1924 desató una lucha por el control de la estructura de mando en los dirigentes del Partido Comunista de la URSS. Stalin impuso luego de las primeras maniobras y coaliciones inestables la tesis de “un Líder único, un Partido único, un pensamiento único y una acción única”. Imagen del poder absoluto y monolítico.
Línea y cadena de mando alineada a una estructura de control político calcada de la organización militar-fabril jerárquica-burguesa. En nombre del socialismo de los soviets se construyó un tipo Socialismo de Estado como vía de modernización acelerada.
¿Es esta visión desarrollista, industrialista, productivista y luego de 1956 dispuesta a competir con el consumismo capitalista la que se pretende calcar y copiar?
Las Estatizaciones no pueden confundirse con las socializaciones de medios de producción a partir de la propiedad colectiva directa. Cancelar por decreto diversas formas y grados de socialización: cooperativas, cogestión, autogestión, pequeñas empresas familiares, control obrero, etc; y plantear que la única propiedad socialista es aquella administrada por el Estado es una impostura típica del socialismo real.
Además se desconocen las condiciones jurídicas y económicas reales desde donde parte un proceso de transición. En Venezuela se reconoce constitucionalmente a la economía mixta. El asunto es no confundirla, ni con el monopolio económico del capitalismo neoliberal, con el capitalismo de estado, o con el socialismo de estado.
Allí es donde está el verdadero reto productivo, transformador de las relaciones sociales y de las condiciones de vida asociadas a éstas, cuando se habla de economía social, popular, alternativa y autogestionaria.
16.- Un frente amplio para el desarrollo humano integral y la democracia socialista-participativa es el contenido real de cualquier polo patriótico:
No hay razones para festejar la inexistencia de un frente amplio revolucionario en el cual existan partidos revolucionarios de masas junto a movimientos sociales y populares. No hay motivos para no asumir la relación entre economía alternativa y desarrollo humano integral.
El PSUV ha podido convertirse en el eje promotor de tal tarea de recomposición social y política del campo revolucionario. El llamado “Polo Patriótico” parece padecer de reflejo tardíos, generado en una situación interna de “esclerosis múltiple”. Y lo mas grave es que ni siquiera parecer cobrar vida en momentos electorales. Ya hay quienes sienten nostalgia por el carcamán del MVR. Y no digamos por el esquema de movilización orgánica de la Batalla de Santa Inés.
Estimado amigo, ya basta de sentirnos a gusto con un “chavismo”convertido en “fraternal manera de apego político”. La “omnipotencia del partido-aparato” no se ve en su presencia permanente, sino en su patética ausencia, que ya ni siquiera copa titulares de prensa luego de aquellas reuniones de partido y declaraciones, cada día lunes.
Ya el PSUV ni siquiera cumple el mínimo rol de simulacro para dar la batalla en los medios ante la arremetida de una oposición envalentonada por los resultados del 26-S.
Por otra parte, la “resolución policial” de diferencias ha escogido un camino mucho más turbio que las sanciones y las expulsiones. Se trata de la política de declarar inexistente un problema, de pasar bajo la mesa, de invisibilidad temas, de silenciar actores y agendas.
¿Habrá que declarar a las bases del chavismo en “huelga de hambre”, para que sean medio escuchadas, más allá de los salarios de hambre que se institucionalizan aquí y allá, frente a los groseros privilegios de la boli-nomenclatura? ¿Como convivir en silencio con lo que tu señalas?: “el oportunismo, el arribismo, la ambición de posiciones, la ausencia de valores, el desapego ideológico, el voluntarismo inorgánico, la absoluta desarticulación y la enorme ineficacia.”
Además del “adequismo” que forjó la cultura política venezolana del “periodo democrático-burgués”, el asunto es la reproducción de este mismo patrón sub-cultural luego de 10 años de “revolución bonita”, que como tu reconoces, “ha impregnado, inclusive, a los revolucionarios”.
¿No ha pasado ya mucho tiempo para reconocer que hemos hecho muy poco para superar la adequidad, que no hay una revolución ético-cultural, intelectual que acompañe la revolución simplemente política del: quitate tu pa´ponerme yo?
El agotamiento de su esperanza bolivariana no nos va a llevar a un "cambio normal", sino a una retaliación de corte fascista, con apariencias paradójicas de “unidad democrática en defensa de la constitución”. ¿Qué les parece?
17.- En el 2012 se escoge entre profundizar el proyecto nacional, popular y democrático para profundizar los derechos políticos, sociales y culturales contenidos en la Constitución de 1999, bajo un proyecto viable de Democracia patriótica y socialista, ó se abre un peligroso cuadro de agudo antagonismo y represión de calle, por no haber reconducido el proceso, a fondo y a tiempo.
Sobre estas hipótesis no especularemos…por ahora.
Continuará...

sábado, 25 de septiembre de 2010

PRECONDICIÓN DE LA TRANSICIÓN A OTRO-SOCIALISMO: PENSAMIENTOS CRÍTICOS SOCIALISTAS-ELOGIO DE LA DIVERSIDAD

Javier Biardeau R.
El debate sobre la democracia socialista para el siglo XXI va definiendo diversas coordenadas y faros de referencia. El llamado “Socialismo del siglo XXI”, se ha planteado en muchos espacios y foros, aunque aún no traduce “conceptos claros y distintos”.
No hay una voz mono-lógica que defina lo que significa el término, ni en Venezuela ni en Nuestra América (no hay ni una autoridad geo-cultural, ni una personalidad intelectual ni política, que sustituya la construcción de figuras del “intelectual colectivo” necesarias para un nuevo “bloque histórico”).
Lo que se prepara día a día es el terreno de posibilidad de nodos de discusión colectiva, que se viene dando en la práctica. En los hechos, es el pueblo trabajador, la multitud plebeya, los movimientos sociales y populares, los que se van apropiando de formaciones de discurso sobre el Nuevo Socialismo: no hay una gran teoría mono-cultural y mono-lógica, ni una doctrina ortodoxa, como pensamiento único revolucionario sobre el Nuevo Socialismo, y lo que algunos perciben como una debilidad, es para otros una fuerza intelectual colectiva en proceso de elaboración, de construcción de la propia hegemonía ética, intelectual y política: construcción de una hegemonía popular-revolucionaria.
Viejos debates sobre “espontaneidad” y “dirección política consciente”, sobre “multitudes” y “vanguardias”, se reactivan y reeditan, lo cual es índice de cierta efervescencia en la construcción de núcleos intelectuales de referencia. Algunos apelan a una ciencia infalible de corte neopositivista (y por tanto, farsante de cabo a rabo); otros, a una dialéctica con dogmas (desde los marxismos-leninismo a los variados marxismos-revolucionarios), también aparecen corrientes que se aventuran en el ejercicio de una dialéctica sin dogmas (teoria crítica radical), y finalmente existe una pluralidad de singularidades revolucionarias que afirman sus saberes insurgentes, sin culto a ninguna gran teoría.
Las diversas e incluso contradictorias tendencias ideológicas, en gran medida de inspiración marxista y post-marxistas, entran en un juego de inter-fecundaciones, tensiones y bloqueos mutuos. Además, hay nuevos signos que inspiran rupturas epistémicas, éticas y estéticas: saberes ecologistas, críticas del desarrollismo, discursos feministas, espiritualidades liberadoras, pos-modernidades críticas y pos-colonialidades desde Nuestra América, pensamientos de la indianidad, de la afro-negritud y la sub-alternidad liberadora, que también pujan por su espacio de legitimidad político-cultural, modificando una percepción reduccionista sobre la “gran teoría revolucionaria”.
Los pensamientos creativos, críticos e insurgentes están a la orden del día. Así mismo, las ortodoxias de todo pelaje defienden sus trincheras y nichos terminológicos. Lo que efectivamente se está desplegando es una plataforma de nodos de pensamientos y saberes para la revolución posible, cada uno de los cuales reclama sus espacios, posiciones, tesis y afirmaciones. En algunos casos, colocando en la mesa de debate, uno que otro dogma, estereotipo o cliché como señal de identificación ideológica.
No hay que sorprenderse por estos hechos. Hay inercias y nuevos acontecimientos, hay continuidades y discontinuidades. Con luces y sombras, se asoma una polémica-dialógica de tipo socialista/comunista/post-capitalista, en el seno de la revolución.
De manera irregular, espasmódica, trenzada de una que otra emboscada, de una que otra referencia dura al “gran timonel” o al “gran partido”, con líneas de fugas, se despliegan condiciones para avanzar en la refinación de instrumentos teóricos, de cajas de herramientas para la lucha de carácter socialista/comunista/post-capitalista.
He allí una mutación, la otrora “teoría revolucionaria” se ha debilitado y diseminado en una multiplicidad de relatos, saberes y teorías de alcance limitado. Las grandes tendencias radicales del siglo 19: socialistas, comunistas y anarquistas, comienzan a tomar cierta conciencia de su dispersión e impotencia en el siglo 21, si se enfrentan desde los dogmas de siempre a la fuerza intelectual del Capital, ya sea desde la fragmentación o desde el sectarismo de sus credos infalibles.
Reconocen en cierta medida, que la unidad ni se decreta, ni se construye desde principios reduccionistas ni simplificadores, menos aún apelando a principios de autoridad o descalificaciones ad hominem. El debate para ser tal permanece abierto.
El asunto es abordar la complejidad de las tendencias en juego, establecer la trama de sus afinidades, el proceso de articulación política, intelectual y moral de las corrientes ideológicas y referencias revolucionarias. Reconocer el tejido de voces diferenciales en el proceso de transformación por su vocación anticapitalista efectiva.
Si es así, habrá precondiciones para pensamientos críticos y creativos en una revolución posible que sea radicalmente distinta de los socialismos reales y trágicamente fríos del pasado.
Si es así, poco a poco se reconocerá la pluralidad teórica en la construcción del Nuevo Socialismo, de Otro-Socialismo sin dogmatismos ni sectarismos, reducidos estos elementos a ser simples anécdotas o inercias de museo.
Se ha planteado que la biodiversidad es signo de vitalidad y renovación permanente en la bio-esfera. Análogamente, la diversidad teórica revolucionaria aumenta la variedad de lo posible, una adaptación más flexible, eficaz y multi-centrada a los retos que plantea los “saberes de lucha”, frente a las cuadrículas y dispositivos presentes, como formaciones discursivas y regímenes de signos, que reproducen el metabolismo social del Capital.
Más que “una teoría revolucionaria”, el asunto va por reconocer una plataforma de saberes, pensamientos y teorías de lucha, que tejen la unidad y diversidad del intelectual colectivo, del “General Intellect” presente en aquellos Grundrisse marxianos, nuevas figuras para la socialización radical del poder social, para la hegemonía de la multitud popular, reconociendo que la pluriculturalidad y multietnicidad, son parte central de una poliédrica condición humana, donde la multiplicidad, singularidad y heterogeneidad, está cargada de muchos mundos, perfiles, horizontes, utopías concretas y voces liberadoras.
Ciencias críticas y saberes insurgentes con afectos revolucionarios, he allí una de las clave de la transición para el Nuevo Socialismo, que no deja de ser una transición paradigmática.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¿REVOLUCIÓN Ó REPRODUCCIÓN?

Javier Biardeau R.
El Nuevo Socialismo implica, repetimos, una tarea de desbrozar la maleza del Socialismo Burocrático-Despótico, para dar espacio conceptual a las pasiones libertarias de la multitud popular: lucha contra la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la exclusión social y la negación cultural.
Un balance crítico de inventario teórico e histórico para superar el capitalismo y las fracasadas experiencias del socialismo histórico, no puede ser sustituido por un catálogo de consignas, ni por una identificación al “momento del líder” ni por una sumisión al “aparato-maquinaria”.
Los viejos mapas teóricos del socialismo real, sencillamente no funcionan ni siquiera en donde se han convertido en “ideología de justificación del Estado Socialista”.
La bancarrota de aquella entelequia pasada por “doctrina marxista revolucionaria”, llamada “marxismo-leninismo ortodoxo” por Bujarin o Stalin, es parte de la fenomenología de la crisis del pensamiento revolucionario.
Pero además, la desarticulación y cooptación del Socialismo Democrático, en su vertiente de reformas sociales en el capitalismo y para la administración “progre” del Capital, por parte de la agenda neoliberal/neoconservadora, tampoco escapa a la crisis de las alternativas históricas.
Izquierda que no se reformula, que no se renueva, que no se recrea, sencillamente fracasa, como está ocurriendo actualmente en las fracciones políticas más anquilosadas de Cuba, ó en el otrora milagro social-demócrata Sueco.
Una revolución democrática, eco-política, descolonizadora, trans-moderna está en la base de los esfuerzos para re-pensarlo (si es necesario todo), para reinventar el imaginario de socialización radical del poder social: económico, tecno-científico, político, jurídico, cultural, ideológico y militar. Incluso, los términos socialista y comunista están dando paso a una figura no menos problemática a escala global: movimientos anti-capitalistas.
Los antiguos socialistas, comunistas y anarquistas (aquella ideología radical de la geo-cultura moderna según Wallerstein), ó animan la criticidad radical y la creatividad histórica en el terreno de sus registros epistémicos, estéticos, éticos, afectivos de un modelo civilizatorio (de lo que nunca se hablará en un parlamento burgués, un ministerio burgués ni en un tribunal burgués), en ruptura con toda la “tradición de los muertos”, convertido para decirlo con palabras de Sartre, en un pesado legado de lo “práctico-inerte”, de lo instituido históricamente, ó sencillamente fracasaran en el intento de construir alternativas post-capitalistas.
Insistimos en la necesidad de un análisis crítico en profundidad de la teoría y practica de los procesos de transición al socialismo. Sin programas de investigación-acción sobre las transiciones históricas al socialismo, no existirá ni direccionalidad, ni construcción de contenidos, ni animación de nuevos estilos de acción política, de gestión pública, de formación, comunicación, organización, movilización y lucha para una plataforma teórica revolucionaria de la multitud popular.
La democracia socialista y la igualdad sustantiva constituyen efectivamente algunos de los ejes del programa de transición, los consejos del poder popular, asumen un horizonte más amplio de que su arraigo en pequeñas comunidades y escalas territoriales (consejos comunales). Una Asamblea Nacional de Comunas prefiguraría el germen de cualquier doble poder que genere las condiciones de posibilidad de una transformación revolucionaria del Estado, en función del autogobierno y la autogestión del pueblo trabajador.
Pero todo esto parte de la premisa de sacudir de raíz las estructuras heredadas desde una lógica de ejercicio del poder, que simplemente reproduce al principio, en el medio y en el desenlace de cada episodio de lucha, la lógica de la separación fetichizada entre gobernantes y gobernados: la racionalidad burocrático-instrumental en el campo político.
Mientras la multitud popular sea convertida por acción de aparatos-maquinarias en “masa de maniobra”, “rebaño electoral”, “clientela”, o “masa cosificada” por la acción de cuño jacobino-blanquista (el elitismo de derecha en clave de “vanguardismo de izquierda”), la mutación de las relaciones de dominación no será sino puro simulacro; es decir, simple reproducción: “circulación de elites”.
Cuando uno escucha la expresión “Ministerio del Poder Popular para…” uno espera que el énfasis en lo instituido, en lo “practico-inerte” (para insistir en los fetiches instalados): Ministerio, no se devore la dinámica de las prácticas instituyentes: el Poder Popular. La lógica burocrático-instrumental, sus rutinas, sus costumbres heredadas, sus mentalidades, hace todo lo necesario para asentar la “ideología del cargo”, la “carrera ascendente” en el aparato-maquinaria, la búsqueda de un “lugarcito” en el centro político burocratico, en una “nomenclatura” ó “nueva clase”; en fin, convertirse en nuevo privilegiado, "cachetón y regordete, con camionetas y escoltas". Pero por ese camino se edifican todas las condiciones para repetir la tragicómica queja del “Estado Revolucionario con deformaciones burocráticas”.
Hay precondiciones políticas para que una revolución sea tal cosa, las más elemental es que unas emergentes prácticas del ejercicio del poder por parte del pueblo trabajador convertido en nuevo bloque político dominante, no se parezcan en casi nada a los estilos políticos del “ancien regime”; es decir, que exista la experiencia sentida en el pueblo de una “ruptura histórica” con la Cuarta República, si prefieren.
Sin esta elemental vivencia, el entusiasmo para cambiar el resto de la vida, en fin para repensar desde la raíz las prácticas dominantes: las formas de decir-hacer económicas, jurídicas, comunicacionales, culturales o militares, sólo deja la sensación que se reproduce el mismo modo de sentir, de pensar y de actuar; en fín, más de lo Mismo.
Si el baremo de evaluación histórica comparativa, lanzara como señal de alerta, que nos parecemos en la Revolución y en el Gobierno, más y más a los adecos, a los copeyanos, o sus derivados, es que no se despliega proceso revolucionario alguno. La conclusión se las dejo a ustedes, estimados y estimadas lectoras.

jueves, 15 de julio de 2010

ESTADOLATRAS: ¿ME PERMITEN DISENTIR?


Javier Biardeau R.
"El Estado es un órgano de dominación de clases, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del orden que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando la lucha de clases. El proletariado sólo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida." (Lenin: la real polémica de Marx con los anarquistas)
I.- Momento del llamado “principio-esperanza” (Ernst Bloch):
Lo más elemental muchas veces se pierde de vista: no habrá nuevo socialismo fuera del espacio de la revolución democrática permanente e instituyente, lo cual implica diferenciarla de cualquier fe supersticiosa en los límites constitucionales y en la forma-Estado; fe heredada por prácticas, representaciones y discursos de 200 años de colonialismo interno, de modernización capitalista refleja, trunca y dependiente para Nuestra América; y en el caso de Venezuela, de sub-cultura del petróleo, de conformación del Estado populista clientelar, de patrimonios, prebendas y privilegios, producto de modalidades parasitarias de la acumulación delictiva de capitales.
A algunos intelectuales, funcionarios y políticos les da escozor que se plantee el debate entre la forma-Estado y la forma-Comuna. El realismo de “sentido común”, el pragmatismo, el oportunismo, las viejas estadolatrías de aparato, propias de una izquierda cargada de hábitos ideológicos, sean socialdemócratas o estalinistas, o el hecho mismo que se viven las tensiones, conflictos y antagonismos de una potencial transición post-capitalista, plantean que es “sensato” no debatir si el pensamiento crítico socialista, puede seguir encadenado al imaginario instituido de la forma-Estado: “En efecto, cada uno de nosotros lleva interiorizada, como la fe del creyente, esa certeza de que la sociedad es para el Estado (…) no se puede concebir sociedad sin Estado.” (Pierre Clastres).
Muchos malos lectores del llamado "autonomismo", o del "marxismo crítico, abierto y libertario", por ejemplo, extraen como consecuencia que la idea de revolución para estas corrientes, no puede consistir en una alteración radical de la relaciones de poder y en una toma del Estado. Mucho se hubiese evitado, si siguiendo a Foucault, se hicieran distinciones entre el concepto de relaciones de poder y sus efectos de conjunto: los estados de dominación. Gramsci tenía suficientemente claro, como el "poder de unas clases-sobre otras clases", es inmanente al campo de constitución de la separación entre gobernantes y gobernados. Y Marx tenía suficientemente claro que la forma-Estado era parte del complejo ensamblaje de la alienación política.
El Estado nacional (y cualquier forma-Estado) es una expresión concentrada de relaciones de dominación de una sociedad: de gobierno sobre las personas, de coloniaje sobre etnias subalternas, de imposición de un imaginario nacional, un órgano para el dominio de clases. Cuando la izquierda bien-pensante se queda en la mera lucha por la “toma de Estado”, dejan intactas muchas de las lógicas, prácticas, representaciones y discursos de la forma-Estado capitalista. “Cambian el mundo”, dicen, pero manteniendo el "poder concentrado" de la forma-Estado, en manos no de la “clase trabajadora revolucionaria”, ni del "pueblo organizado, movilizado y consciente", sino de la cadena de sustituciones (partidos-aparatos, gobiernos controlados básicamente por sectores medios radicalizados, o bajo el liderazgo de personalismos carismáticos).
El mando jerárquico, vertical y concentrado es justamente una condición de imposibilidad para una revolución democrática permanente, cuyos actores-sujetos populares comienzan a desplazarse desde la potencia constituyente del ejercicio directo del poder, hacia los vagones de cola de las revoluciones o del llamado “proceso”.
Se dice comúnmente que los gobiernos progresistas de América Latina se están valiendo del Estado para regular la economía (que sigue siendo básicamente capitalista), para inducir también el crecimiento económico (cuando lo hay, también de tipo capitalista), para desarrollar políticas sociales (favorables al orden, la seguridad, la ley y la paz capitalistas). De este modo, los gobiernos progresistas gestionan las funciones típicamente capitalistas de acumulación, regulación y legitimación funcionales al mantenimiento del dominio de los factores reales de poder.
El keynesianismo de izquierda y el populismo, anudan tanto un patrón de politización como una economía política progresista, se dan la mano para impedir imaginar y pensar alternativas radicales de reproducción material basadas en el socialismo radical, distintas a las prácticas de unidades de producción y distribución cuyo fundamento reproduce el antagonismo de clase, y formas de desigualdad sustantiva bajo la división jerárquica y vertical del trabajo.
En este contexto material, el tema de las funciones de la forma-Estado capitalista, se confunden con las funciones de un Estado de transición al post-capitalismo. Obviamente no son las mismas funciones, ni tareas, ni las mismas formas organizativas ni las mismas prácticas del Estado capitalista. ¿Acaso el llamado "Estado de transición" es una continuidad del Estado capitalista?
Transformar el Estado capitalista implica desmantelarlo, derrocarlo, destruirlo. No hay excusas ni retórica florida para suponer que se trata de reformas de fachada, de nombres sin cambiar lógicas, practicas y representaciones. Al desmantelarlo hay que crear nuevas instituciones, espacios, aparatos, nuevas prácticas, formas de organización que no reproduzcan en lo esencial las lógicas y practicas del gobierno sobre las personas, sobre los movimientos sociales y populares, sobre las clases subordinadas, sino todo lo contrario: un gobierno directo con las gentes y de las gentes, con los movimientos sociales y de los movimientos sociales, con las clases populares y del pueblo trabajador.
Se trata, como decía Lenin en sus mejores momentos, de un semi-Estado de transición. La izquierda bien-pensante, sin embargo opta por un Lenin -"hombre de Estado", edificador del "Estado socialista", un Lenin pues "realista". Pero seamos realistas, pidamos lo imposible: no quedemos encadenados al inconsciente político de la forma-Estado. Fue Lukacs el que alguna vez dijo que los puntos fuertes y débiles del Estado se hallan en la manera en que éste se refleja en la conciencia de los hombres. La forma-Estado es también una representación ideológica.
Los gobiernos progresistas de América Latina, sus dirigentes y funcionarios, comienzan a mostrar síntomas de desconexión y debilidad del apoyo popular, de identificación con las lógicas y prácticas del Estado capitalista. Si bien rescataron el papel de la política y del Estado frente al neoliberalismo, no han ofrecido algo distinto de las recetas keynesianas y del populismo histórico.
De allí que en plena coyuntura para transformaciones post-capitalistas, sea posible que la izquierda progresista, comience a experimentar una fatal carencia de potencia creativa para imaginar un mundo distinto de relaciones, prácticas e instituciones políticas y económicas, basadas en efectivamente en la igualdad sustantiva y en la superación del antagonismo de clases.
La edificación de las bases materiales del socialismo radical, implica inevitablemente la construcción de una economía social, popular, alternativa y comunal de propiedad social o colectiva, bajo modalidades auto-gestionadas de administración, así como con prácticas democráticas de planificación de conjunto, en articulación con la función de comando político-económico de un Estado de transición, sometido a un intenso y extenso proceso de democratización de funciones.
No es a través del cambio cosmético de la melodía dominante de políticas económicas, marcadas unas por el “go” (keynesiano-pro-cíclico), y otras por el “stop” (monetarismo-neoliberal), que se cambiara la “rocola” capitalista. La música capitalista sigue sonando y a gran volumen. No hay melodía socialista. Tampoco superará el capitalismo, la planificación burocrática al estilo del socialismo real, con su apego a la centralidad del estatismo autoritario y el fetichismo del partido-único. Hay que reconocer que todavía hay mucho de “desarrollismo” en la llamada izquierda progresista. El desarrollismo de izquierda sigue atado al mito de la neutralidad ideológica de las "fuerzas productivas".
En gobiernos progresistas hay muchas ganas de “gobernar-sobre”, pero pocas de “hacer efectivamente revoluciones democráticas y socialistas”. Se sueña con la elevación constante del “empleo formal” (pero con atributos reales de precarización, sean abiertos o velados), generalmente aumentado la nomina y la clientela del Estado, impulsando a veces el crédito a pequeñas y medianas empresas, y tratando de ampliar el poder adquisitivo de los salarios directos o indirectos. Sin embargo, los gobiernos progresistas mantienen toda la terminología heredada del neoliberalismo: hablan de "sector informal", de "pobreza crítica", de "programas sociales focalizados". Muestran una patética debilidad ideológica para avanzar en la construcción de otro mundo posible.
Obviamente, las medidas urgentes son aceptables en tiempos de desempleo crónico a corto plazo, no están mal para superar los "ciclos cortos" de coyuntura. Pero desde allí, no hay revolución productiva ni cambio estructural en el sentido de una transición post-capitalista. La responsabilidad no es exclusiva de los gobiernos progresistas. Bajemos un peldaño. ¿Qué ocurre con los partidos, o alianzas políticas progresistas que no impulsan revoluciones; es decir, cambios estructurales? ¿Que ocurre dentro de la "contra-elite" política que supuestamente conduce luchas anti-neoliberales y dibuja horizontes anti-capitalistas?
Los Gobiernos desean partidos dóciles. Los partidos dóciles desean militantes dóciles. Los partidos y militantes dóciles, desean movimientos sociales y populares dóciles. Pero los movimientos sociales y populares, se cansan de los gobiernos, de los partidos y de sus militantes dóciles. Los mandan muchas veces, como decimos coloquialmente "largo pal´carajo".
¿Es responsabilidad de quiénes, que se presenten esas fisuras o abismos entre la izquierda social y la izquierda política? ¿De los gobernantes o de los gobernados? Los movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, no es que abandonen la lucha por la construcción de hegemonías alternativas, es que el muro de los partidos de gobierno y de los gobiernos progresistas, se convierte injustamente en una condición de imposibilidad para las hegemonías alternativas.
La construcción de hegemonías alternativas implica bajarse del pedestal del poder-sobre, de la “mata de coco” de la arrogancia, de la corruptela del poder, de la sub-cultura del “cargo”, que se instala lamentablemente en el espacio de las “nuevas elites” de los partidos dóciles de izquierda y sus "gobiernos progresistas", e incluso como en sus portavoces intelectuales, ahora "intelectuales palaciegos".
Tal vez estos intelectuales palaciegos deban volver a leer “Miseria de la filosofía” de Marx, cuando dice, refiriéndose a las corrientes teóricas de economía:
Luego sigue la escuela humanitaria, que toma a pecho el lado malo de las relaciones de producción actuales. Para tranquilidad de conciencia se esfuerza en paliar todo lo posible los contrastes reales; deplora sinceramente las penalidades del proletariado y la desenfrenada competencia entre los burgueses; aconseja a los obreros que sean sobrios, trabajen bien y tengan pocos hijos; recomienda a los burgueses que moderen su ardor en la esfera de la producción. Toda la teoría de esta escuela se basa en distinciones interminables entre la teoría y la práctica, entre los principios y sus resultados, entre la idea y su aplicación, entre el contenido y la forma, entre la esencia y la realidad, entre el derecho y el hecho, entre el lado bueno y el malo. La escuela filantrópica es la escuela humanitaria perfeccionada. Niega la necesidad del antagonismo; quiere convertir a todos los hombres en burgueses; quiere realizar la teoría en tanto que se distinga de la práctica y no contenga antagonismo. Dicho se está que en la teoría es fácil hacer abstracción de las contradicciones que se encuentran a cada paso en la realidad. Esta teoría equivaldrá entonces a la realidad idealizada. Por consiguiente, los filántropos quieren conservar las categorías que expresan las relaciones burguesas, pero sin el antagonismo que constituye la esencia de estas categorías y que es inseparable de ellas. Los filántropos creen que combaten en serio la práctica burguesa, pero son más burgueses que nadie. Así como los economistas son los representantes científicos de la clase burguesa, los socialistas y los comunistas son los teóricos de la clase proletaria. Mientras el proletariado no está aún lo suficientemente desarrollado para constituirse como clase; mientras, por consiguiente, la lucha misma del proletariado contra la burguesía no reviste todavía carácter político, y mientras las fuerzas productivas no se han desarrollado en el seno de la propia burguesía hasta el grado de dejar entrever las condiciones materiales necesarias para la emancipación del proletariado y para la edificación de una sociedad nueva, estos teóricos son sólo utopistas que, para mitigar las penurias de las clases oprimidas, improvisan sistemas y andan entregados a la búsqueda de una ciencia regeneradora. Pero a medida que la historia avanza, y con ella empieza a destacarse, con trazos cada vez más claros, la lucha del proletariado, aquellos no tienen ya necesidad de buscar la ciencia en sus cabezas: les basta con darse cuenta de lo que se desarrolla ante sus ojos y convertirse en portavoces de esa realidad. Mientras se limitan a buscar la ciencia y a construir sistemas, mientras se encuentran en los umbrales de la lucha, no ven en la miseria más que la miseria, sin advertir su aspecto revolucionario, destructor, que terminara por derrocar a la vieja sociedad. Una vez advertido este aspecto, la ciencia, producto del movimiento histórico, en el que participa ya con pleno conocimiento de causa, deja de ser doctrinaria para convertirse en revolucionaria.”
Pasar a una “ciencia revolucionaria” (M. Löwy). Esta es la tarea de los portavoces intelectuales de los “gobiernos progresistas”, alejarse del palacio y sintonizarse con la multitud constituyente. Derrocar la vieja sociedad, el viejo Estado, la vieja economía política, sus viejas instituciones, sus doctrinas.
Obviamente, los movimientos sociales y populares contra-hegemónicos deben apoyar a los gobiernos progresistas, pero participar sin bozales en los bloques de fuerzas que apoyan aspectos, contenidos o medidas revolucionarias, no solo manteniendo su autonomía sino criticando desde la raíz, los aspectos de regulación social del antagonismo, sus timideces, sus inconsecuencias, y hasta sus perfiles reaccionarios y autoritarios, presentes en estos mismos gobiernos.
En esto consiste la construcción de una nueva hegemonía política democrática. Potenciar el espíritu crítico, contestatario, subversivo, rebelde de los movimientos sociales y populares contra-hegemónicos. Cuando los "gobiernos progresistas" acusan a los movimientos sociales y populares de "subvertir el orden", confiesan que han entrado en su etapa senil, muestran sus perfiles reaccionarios. Se muestran incapaces de avanzar en las transformaciones de fondo que exigen las clases trabajadoras y populares.
Postergar el espinoso asunto de las bases materiales de la transición post-capitalista es sencillamente una forma de escurrir el bulto, de intentar continuar una mascarada, un espectáculo-comandado por elaboradas estrategias de propaganda política. Nadie duda que se pre-figura una larga y profunda lucha económica, política, jurídica, ideológica y cultural, para volver a colocar el socialismo radical a la orden del día. Pero hay que comenzar con tener cierta fortaleza en las piernas, cierta consistencia entre el dicho y el hecho, para comenzar “la larga marcha”. Partiendo del populismo o del keynesianismo de izquierda no se llegará muy lejos. Incluso, ya se ha llegado al “llegadero”.
No hay que dividir fuerzas para reconocer que los llamados "gobiernos progresistas" tienen piernas flojas. Ciertamente, hay que mantener a toda costa el "mal menor" frente al "mal mayor", consolidar una amplia alianza de movimientos sociales y políticos de izquierda, acumular fuerzas para impedir que caigan por sus propias debilidades estos "gobiernos progresistas", pero clarificando el horizonte revolucionario, a la vez que estableciendo los programas mínimos comunes para avanzar, con piernas firmes, paso a paso.
La izquierda social de Nuestra América, ya no sólo es anti-neoliberal, sino que comienza a vislumbrar el horizonte anticapitalista como cuestión civilizatoria. Son palabras y desafíos mayores, donde su juega la posibilidad misma de la continuidad de la especie humana sobre este planeta. De allí que no pueden perderse los hilos que conectan las transformaciones de mediano plazo (pues ya el largo plazo es la muerte asegurada para las generaciones venideras, bajo las condiciones dominantes) con las transformaciones inmediatas.
Cuando se analicen los resultados electorales por-venir (En Brasil, Argentina o Venezuela), los "gobiernos progresistas" y sus "partidos en el gobierno", estarán tentados a echarle la culpa a la “inmadurez de las masas populares”, si los resultados les son adversos. Esto expresa que les cuesta mirarse en el espejo, mirar la paja de su propio ojo. En Venezuela se construyó una fórmula que nunca logró aplicarse a fondo: revisión, rectificación y reimpulso. Las llamadas 3R siguen siendo, como otras fórmulas innovadoras: letras muertas. La llamada "contraloría social" sigue atada de manos frente al poder de las burocracias recién instituidas. En algún momento, el pueblo organizado se sacudirá este yugo.
La gran victoria de los primeros años, fue construir formas de nacionalismo popular progresistas que podrían podría evaporarse, si las dirigencias no advierten que el burocratismo, la arrogancia, las corruptelas y su carencia de voluntad radical transformadora, son la condición de posibilidad para el reflujo revolucionario.
El nacionalismo popular progresista, puede devenir en mascarada de nacionalismo burgués, sin nada que ver con las luchas anti-capitalistas. Justamente, allí reside el impasse del análisis concreto de la realidad concreta de nuestro tiempo. El socialismo radical es incompatible con el mantenimiento de fórmulas cada vez mas desgastadas, como el keynesianismo de izquierda o el viejo guión populista.
Por tanto, el imaginario social radical puede postular la significación histórica de un retorno reflexivo y crítico a la democracia socialista de consejos del poder popular, acto pertinente para salir de este impasse, así sea como horizonte regulativo. Construir el "doble poder" junto y a pesar de algunas fracciones conservadoras de los "gobiernos progresistas".
Un retorno crítico (no religioso ni doctrinario) a Marx, puede despejar algunos principios del horizonte de libertad y liberación, para impulsar nuevas formas de pensamiento y acción contra-hegemónicas de signo claramente socialistas.
Incluso, un reconocimiento de las aristas libertarias del propio Marx, más allá de la primera división de aguas entre “marxismo” y “anarquismo”, podría revitalizar un horizonte utópico que es licuado en el seno de las representaciones dominantes de la burocracia gubernamental:
"El Estado es un órgano de dominación de clases, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del orden que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando la lucha de clases. El proletariado sólo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores. Para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida."
Tanto Marx como Engels fueron marcados por la posibilidad (de cuño Saint-simoniano) de pasar de una noción del Estado como gobierno sobre los hombres, a una posible “administración de las cosas”. Para ellos, el tránsito post-capitalista pasaba, en términos generales pero admitiendo algunas variaciones históricas, por un "pueblo trabajador en armas" y por una "dictadura temporal de la clase oprimida". Comparando estos enunciados, podemos analizar cuán lejos están las "nuevas elites progresistas" de la “vieja teoría revolucionaria”. En las actuales circunstancias, podríamos hablar de las implicaciones de semejante posición para referirnos al bio-poder y a la bio-política. Sin embargo, Marx expresó una vitalidad de la voluntad radical de la que carecen los "eunucos progresistas", incluso si asumimos cualquier sublimación mínima de las enunciados-consignas referidas, al "empleo temporal de las armas" y de "dictadura revolucionaria".
Por otra parte, la palabra “asociación” en Marx, aparece conjuntamente con la posibilidad de imaginar un entramado de “productores libremente asociados”. Así mismo, la crítica a la veneración supersticiosa del Estado, es justamente la raíz del problema de alienación política. En el fondo, En Marx y Engels hay analogías entre la alienación religiosa y la alienación política: "En el Estado toma cuerpo ante nosotros el primer poder ideológico sobre los seres humanos". A los estadolatras no les gusta que se les recuerde esta frase:
Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras que el proletariado necesite todavía del Estado no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos remplazar en todas partes la palabra Estado por la palabra “comunidad” (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana equivalente a la palabra francesa Comuna.”(Carta de Engels a Bebel-1875)
El poder popular y comunitario será uno de los eslabones claves para desplazar el énfasis desde la tesis de la lucha por los gobiernos progresistas, hacia las fuerzas sociales y políticas contra-hegemónicas. Desde allí, se construirán las bases materiales, institucionales y simbólicas de sociedades de transición al socialismo. Este giro radical exige replantear sí los marcos jurídicos e institucionales existentes, sólo permiten profundizar en un paradigma renovado de socialismo democrático, o incluso interrogarse si se desea luchar por algo más radical que esto, lo que implica analizar si el eslabón clave de un término que no entusiasma (socialismo democrático), es justamente una revolución permanente por la democracia socialista.
Marx y Engels, en el prólogo de la edición alemana de El Manifiesto, 24 de junio del 72, añadieron: "La Comuna ha demostrado, sobre todo, que la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines." También Marx y Engels escribieron en "El Manifiesto Comunista" en el contexto del siglo XIX europeo:
"Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la organización del proletariado como clase dominante, por la conquista de la democracia. El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción (...) Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté centrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político."
Sin una democracia de la multitud popular, del pueblo trabajador como composición de clase políticamente gobernante, para Marx y Engels, era poco probable transición alguna al post-capitalismo. En este punto quisiéramos aclarar que, en cuanto a la abolición de la organización de la sociedad en su forma jurídico-política, de lo que se trata (para Marx-Engels) es de superarla, ya que se intentaba establecer una forma de democracia acorde con la hegemonía de las clases populares.
En este sentido, la primera alusión a este tema se encuentra en el Miseria de la Filosofía: “(…) La clase trabajadora sustituirá, en el curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil, una asociación que excluirá las clases y su antagonismo, y no habrá más poder político propiamente dicho (…)”.
En el Manifiesto se encuentran los siguientes enunciados: “Si el proletariado, en la lucha contra la burguesía, se constituye necesariamente en clase, por medio de la revolución se transforma a sí mismo en clase dominante y, como tal, destruye violentamente las viejas relaciones de producción, suprime, junto con estas relaciones de producción, también las condiciones de existencia del antagonismo de clase y las clases en general, y por consiguiente también su propio dominio de clase.”
A mediados del siglo XIX, el “elan” revolucionario era la destrucción violenta, la supresión de las condiciones de existencia del antagonismo de clase. Las revoluciones pacíficas del siglo XXI parecen devoradas por la economía del humanitarismo filantrópico, ya mencionado en Miseria de la filosofía. Fue Kennedy el que colocó la guinda para comprender esa suerte de pasaje entre revoluciones pacíficas (comprendidas estrechamente como reformas tipo “alianza para el progreso”), y las revoluciones violentas (la vieja consigna de la “contención del comunismo”).
El asunto es más complejo. En la medida en que no se abran las compuertas a las revoluciones democráticas y socialistas, en medio de condiciones donde se hace patente el magma de la exclusión social, las opresiones múltiples y la negación cultural, se incubarán factores latentes de "violencia política". O se avanza en la democracia social de participación ampliada de las clases populares, o desde el mundo de vida de lo popular, se abrirán escenarios de lucha armada.
De allí que seguimos planteando como "horizonte regulativo", que se trata de superar esta forma de organización jurídico-política llamada forma-Estado capitalista, que la forma-Comuna puede ser una forma política expansiva e incluyente, mientras todas las precedentes formas de gobierno han sido unilateralmente represivas. Es decir, que las diferentes formas que puedan construir el socialismo, buscarán ser más democráticas que las actuales formas capitalistas de la organización de la sociedad. Allí se juega la posibilidad misma de la democracia socialista.
Karl Marx describió en su texto: “La Comuna de Paris”, los errores cometidos por la clase proletaria en su tarea de gobernar a los franceses y también cómo se debería haber actuado. Relató que tras conseguir el Poder, el proletariado no tuvo que dejar intacta la maquinaria del estado existente, sino que debió eliminar, sin pausas y a grandes pasos, las estructuras e instituciones de la burguesía; es decir llevar a cabo, desarrollar, el proceso político hasta su última instancia, alcanzando la "extinción del Estado burgués".
Justamente, es este horizonte de libertad y liberación, el que pretende enterrarse por parte de los nuevos “socialismos estado-céntricos” y sus "gobiernos progresistas". En vez de suponer la radical democratización del Estado, como precondición de la abolición futura del Estado, plantean tácitamente el fortalecimiento por la vía de la “concentración jerárquica y vertical del poder” en manos del aparatos-partidos-Estado. Un retorno a la falacia del populismo o del estalinismo en clave tropical.
Por tanto, ni el Estado ni la Constitución existente son más que variables, no axiomas inmodificables. Decía Rosa Luxemburgo:
Cada Constitución legal es producto de una revolución. En la historia de las clases, la revolución es un acto de creación política, mientras que la legislación es la expresión política de la vida de una sociedad que ya existe. La reforma no posee una fuerza propia, independiente de la revolución. En cada periodo histórico la obra reformista se realiza únicamente en la dirección que le imprime el ímpetu de la última revolución, y prosigue mientras el impulso de la última revolución se haga sentir. Más concretamente, la obra reformista de cada periodo histórico se realiza únicamente en el marco de la forma social creada por la revolución. He aquí el meollo del problema.”(Luxemburgo: Reforma o Revolución)
Sin embargo, en desacuerdo parcial con la Rosa Roja, no todas las Constituciones nacen de revoluciones. Sería necesario corregir la afirmación: nacen de actos de poder, tanto de revoluciones, golpes de timón como de contra-revoluciones. No existe una línea histórica progresiva de revoluciones triunfantes. Hay marchas y contra-marchas, hay flujos y reflujos, hay tendencias al Socialismo, pero hay contra-tendencias hacia la Barbarie (También el Pinochet paranoico-agresivo y su derecha histérica, hicieron su Constitución a la medida).
II.- Momento del llamado “principio de realidad” (Freud) o de rendimiento (Marcuse):
Marcuse diría que todo realismo encierra una claudicación de la Utopía. De allí que en Mayo 68 se planteaba: "seamos realistas, pidamos lo imposible". Sin embargo, exigir realismo es parte de una identificación con lo existente; es decir, con los que se ha hecho dominante. La conexión entre Reforma, Revolución y Constitución nos es útil para enfatizar en la siguiente idea: en cada período histórico la obra reformista se realiza únicamente en la dirección que le imprime el ímpetu de la última revolución, y prosigue mientras el impulso de la última revolución se haga sentir. Con un suplemento, cuando la Constitución es obra de un poder constituyente originario. El problema de la relación entre Socialismo, Revolución y Constitución se concentra allí.
¿Cuáles son los principios y disposiciones para la producción legislativa, que utilizando el impulso constituyente, pueden delinear o edificar en concreto las formas o modelos de socialismo democrático-radicales y participativos para Venezuela?
Cuando se habla, por ejemplo, de “pueblo legislador” se omite lo esencial: el “pueblo constituyente”, el pueblo que hace efectivamente revoluciones, no desde el parlamento burgués, sino desde la conjunción de fuerzas extraparlamentarias y parlamentarias, ejerciendo de manera directa la soberanía popular.
Soberanía popular que al mismo tiempo se enfrenta al reconocimiento de la diversidad popular, a la unidad y diversidad del pueblo-multitud. Democracia social y participativa, ciertamente, pero a la vez democracia sin liquidar diversidades. Sin concesiones con la derecha capitalista, ni al espíritu jacobino de la unificación despótica. Algunos observan, con cierta razón, que al constitucionalizarse la revolución se entró en un momento reformista. Se entró de lleno en el "principio de la realidad instituida", con un tácito repudio a la potencia constituyente. Continuemos.
El apego apasionado a la Constitución de 1999 en Venezuela, por ejemplo, conduce a varios horizontes, con límites claramente precisables. En el mejor de los casos: a construir instituciones para impulsar una mayor y mejor democracia participativa, así como formas de economía mixta con un fuerte sector de economía social, popular, alternativa y comunal. Es prácticamente imposible imaginarse esa tarea sin poder popular, sin protagonismo del pueblo trabajador y de las clases populares.
En el peor de los casos: puede darse alguna variante de socialdemocracia reformista con enclaves liberales; bajarle la mecha de intensidad a la democracia participativa, hasta convertirla en una vieja democracia de elites o cogollos. Esto lo puede hacer una coalición poli-clasista dirigida por sectores medios con una práctica reformista, acorde con el guion de "movilizar a los de abajo para tomar el poder, y conciliar a los de arriba para mantenerse en el mismo". Ambas opciones están presentes en la Constitución de 1999.
El apego apasionado a la Constitución de 1999 no permite ni una vuelta de tuerca hacia la derecha neoliberal, ni los saltos de garrocha del socialismo leninista, propio de los manuales con marca “URSS”. Menos aún, es posible la opción del “calco y copia” del Despotismo Burocrático con sus eufemismos: “Estado obrero con deformaciones burocráticas”. Aquí Bruno Rizzi tenía razón frente a Trotsky: Colectivismo Burocrático, algo no imaginado por Marx ni Engels.
La Constitución de 1999 no permite estos vuelos de la izquierda de tradición bolchevique. Pero abre otras compuertas. Quien olvide u omita deliberadamente el papel protagónico del espíritu constituyente, huele a reforma sin horizonte de revolución. La construcción del socialismo de la propiedad social, colectiva o comunitaria, de la democracia directa, en el caso de Venezuela, se encuentra frente a dilemas cargados de tensiones, confusiones y ambivalencias. Uno de sus dilemas es desenmascarar dimensiones de autoengaño: no hay líneas de tendencia dominantes que se muevan en la dirección de la democracia participativa de signo socialista, sino hacia viejos formatos de populismos de izquierda y/o socialismos de marca burocrática ya conocidos. Allí reside parte de la decepción y desaliento de algunos sectores.
Se ha instalado para algunos colectivos, una clásica situación de doble vínculo, que solo se puede romper, con la intervención de una multitud popular: movimientos sociales, populares, barriales y de los pueblos originarios, que derrumben los muros del burocratismo, la ineficiencia, la corruptela, el cogollo y la nomenclatura de privilegiados (de la revolución, obviamente). Los chantajes morales, la manipulación culposa o el uso político de miedos y vergüenzas, en estas circunstancias, están a la orden del día. - Pero, se mueve -, diría Galileo.
El gran drama existencial de los revolucionarios re-convertidos en altos funcionarios, es justamente un asunto de mantenerse en el poder-sobre-otros, amasando privilegios, y a la vez arengando para una revolución que termina siendo re-interpretada desde abajo como revolución truncada, traicionada o confiscada. Cuando se desenmascara el espectáculo-comandado desde arriba, la evaluación de tal revolución, interpela a quienes ocupan cargos de responsabilidad en la dirección política. La nomenclatura de privilegiados comienza a dudar si no será mejor, asumir el nuevo rol de clases económicamente ascendentes y políticamente conservadoras. ¿Dijo usted revolución? Llamémosla ahora: "revolución institucional" (PRI dixit). Se enfrentan a una clásica "incongruencia de roles y status" y a nuevas "posiciones de sujeto". Generalmente, terminan en las filas de la nueva clase dominante. ¿Como evitarlo?
Sabemos que el modelo de revolución leninista condujo desde temprano a la prefiguración del despotismo burocrático, primero en el partido-aparato, luego un Estado con deformaciones burocráticas, consolidó un régimen político-económico-cultural despótico, por múltiples condiciones, razones y decisiones que conviene dilucidar. Allí también surgió una “nueva capa dominante”. Se institucionalizó el partido-único, junto a un Estado muy poco democrático con exuberantes deformaciones burocráticas, dominado por un cogollo-camarilla, condiciones propicias para no hacer ningún modelo de socialismo basado en “todo el poder a los soviets”. De "todo el poder a los soviets" se pasó a "todo el privilegio a la nomenclatura".
Luego, eso de “Estado de todo el pueblo” de la Constitución de 1936, era el “Estado de la camarilla dócil del partido-único dominado por Stalin”: la famosa “nueva clase” y su a la postre tentacular “nomenclatura privilegiada”. Sabemos hoy que Trotsky se quedó corto en su crítica presente en “La Revolución Traicionada”, texto ejemplar para comprender engaños y auto-engaños. De nuevo, ¿cómo evitarlo?
Una solución ha sido dibujada en el texto de Marx: La Comuna de Paris. Si parece muy radical, habrá que inventar nuevas modalidades de control social y popular para evitar la institucionalización de nuevos privilegios (¿ustedes recuerdan aquella finta llamada "Ley de emolumentos?). Entre las 3R y la famosa "Ley de emolumentos" se puede trazar una balada de "pasos en falso". Mientras tanto, el espectáculo-comandado aparenta poder continuar ad infinitum.
En cambio, una transición democrática al socialismo en las actuales circunstancias, implica inevitablemente un contenido democrático del socialismo que concrete el control social y popular directo de muchas áreas que aparecían como cotos vedados de la forma-Estado capitalista (Algo que Allende sabía muy bien, y que fue aprovechado por una coalición de centro-derecha para preparar las condiciones del Golpe junto al imperialismo norteamericano).
Allí se abre otro dilema político para tareas mucho más sofisticadas y selectivas de neutralización política de los sectores golpistas, generalmente aliados a las conexiones del pentágono, junto a la neutralización de la desestabilización política, económica, jurídica y mediática de fachada democrática, que también saben utilizar el arte de las “formas combinadas de lucha”. Pero en el caso de los nuevos gobiernos progresistas o de socialismo "color rosa", el asunto es más complejo: quien conspira contra el propio gobierno, son sectores del propio gobierno. Los grupos privilegiados del propio gobierno progresista acumulan poder a la sombra de la arenga revolucionaria, y asumen cualquier táctica para reforzar la tesis de que entre el dicho revolucionario y el hecho revolucionario, tiene que haber mucho trecho. Sin embargo, se hacen cada vez más patéticas las costuras de esta táctica de confiscación o postergación de la revolución.
Una de las tácticas preferidas de estos grupos privilegiados es instigar a lo objetivamente imposible. Quemar a la revolución en su propia radicalización. Empujan leyes incoherentes e inviables y "cocinan en su propia salsa" a los ímpetus revolucionarios. De este modo, en vez de madurar condiciones, pudren la acumulación de fuerzas. ¿Habrá entonces que volver a plantear obviedades? ¿Que es útil o no para la acumulación de fuerzas de las actores-sujetos populares? Por allí va la elemental sensatez: en cada medida, en cada acto, en cada decisión, en cada declaración, evaluar si se acumula efectivamente fuerza en la red del actor-sujeto que llamamos multitud popular.
Para avanzar es preciso afinar y afirmar que los modelos de socialismo congruentes con las Constitución de 1999, son variaciones más moderadas o más radicalizadas del socialismo democrático, basado en una democracia participativa de alta intensidad. En vez de soñar con una repetición de la toma del palacio de invierno, el asunto es cómo mantener el espíritu constituyente vivo, avanzando en la acumulación de fuerzas alrededor de la democracia participativa de signo socialista.
¿Se trata de socialismo democrático, de democracia socialista? Muy bien, vamos a construir la red del actor-sujeto popular que encarne este proyecto de la multitud. En primer lugar, ¿donde se ha construido la mediación social-organizativa del pueblo trabajador? No se trata sólo de un "partido-plataforma de los trabajadores", de la lucha política del pueblo trabajador, que no puede sustituirse por ningún "partido poli-clasista de masas controlado por sectores medios más ó menos radicalizados". No confundamos un movimiento anticapitalista de multitudes con una organización tipo APRA. Se trata además de la unidad social-organizativa que lucha por los intereses económico-sociales del pueblo trabajador antagónico al metabolismo social del Capital. ¿Habla usted de una central unitaria revolucionaria como brazo industrial del mundo del trabajo? ¿Donde está? ¿Cuales sus actores, movimientos, corrientes?
En segundo lugar, ¿Donde está la coordinadora autónoma de movimientos sociales y populares, para acumular fuerzas sociales bajo el paraguas de un proyecto socialista en construcción? ¿Donde está? ¿Donde está una coordinadora de colectivos barriales, que aglutine las expresiones organizativas, que haga efectiva una plataforma de movimientos sociales y populares como frente único revolucionario? Y en ellas, que papel juegan los trabajadores intelectuales y de la cultura, los científicos y artistas, los técnicos y los promotores de los saberes populares. ¿Donde está la animación de revolución cultural más allá de cuatro paredes y del poder del escritorio; en sentido literal de la Burocracia que administra “políticas culturales”? ¿Donde están las expresiones autónomas de los pueblos originarios, donde están los colectivos afro-venezolanos, los colectivos estudiantiles, los movimientos campesinos, de mujeres, de diversidades sexuales?
La red del actor-sujeto que llamamos multitud popular para la democracia socialista no es una correa de transmisión política (en el mejor de los casos, como “frente de masas”), ni una correa de transmisión electoral (en el peor, ganado electoral activado para un ritual competitivo entre elites) por parte de un aparato-partido.
Es la multitud constituyente, el pueblo trabajador con sus expresiones organizativas autónomas, el acumulador de poder que encarna la posibilidad efectiva del socialismo democrático, entendiéndolo como ejercicio de la democracia de consejos del poder popular. Con centros de dirección política y social, con articulaciones necesarias para consolidar de modo estable una dirección colectiva de la revolución. De abajo hacia arriba. Sin tanto paracaidismo impositivo de la disciplina de cogollo.
Si se pierde esta posibilidad histórica, será por actos de poder de la derecha capitalista, o por la degeneración populista en una partidocracia clientelar de corte personalista. La Constitución de 1999 no permite ni nostalgias leninistas ni guevaristas, en función de edificar instituciones bajo sus parámetros ideológicos. Tampoco nada de Stalinismo ni de Maoismo. El socialismo democrático es su contenido y límite, guste o no guste. Cualquier otra opción pasa por activar el poder constituyente originario.
El impulso constituyente de 1999 no da sino para formas de socialdemocracia revolucionaria maximalista (socialista y democrática de verdad-verdad) o reformista-minimalista (el populismo de izquierda o el reformismo socialdemócrata). Basta leer la Constitución para reconocer hasta donde es posible estirar los términos. Si se desea otra cosa distinta al marco de las disposiciones fundamentales, habrá que re-posicionar la dialéctica constituyente-constituido. Pues cualquier lectura atenta del “Estado social y democrático de derecho y de justicia”, sabe lo que significan los límites políticos de esta forma-Estado. Obviamente desde allí, no es posible establecer ninguna mediación concreta para la fórmula marxiana de la "abolición del Estado". Desde allí, podremos hacer deconstrucciones, hermenéuticas, crítica de las ideologías, pero como ha planteado Eco, hay “límites en la interpretación”, donde se juegan agenciamientos sedimentados en tradiciones, y actos de poder, que pueden terminar en decodificaciones aberrantes. Ni la estrategia deconstructiva permite que la democracia social se confunda con el “Estado de todo el pueblo” a lo Stalin.
Por tanto, si se tratase de una revolución democrática y socialista, el asunto iría no por el sendero de un “pueblo legislador”, como consigna hueca de multitud popular, sino que iría a favor del viento de la Constituyente que se asoma. Pueblo-multitud constituyente de la democracia de consejos, comunas, propiedad colectiva, de efervescencia revolucionaria, de asambleas populares permanentes, de democracia directa, autogestión, radios prensas y medios alternativos-comunitarios, de contra-cultura, de movilización festiva para construir “otro mundo posible”, de revolución del cuerpo y la palabra, de tantos acontecimientos de enunciación y apasionamiento, que serian parte de un tiempo transformacional.
Pero nada de eso. Aterricemos. El espectáculo-comandado tiene dos grandes operadores: la derecha de siempre, y un movimiento nacional-popular progresista que se ha burocratizado en su cima, en “nuevo cogollo”, en “nueva clase”, en “nomenclatura” en sólo 10 años. Una "nueva clase boli-burguesa" que en medio de contradicciones con el movimiento popular, pretende controlar el nudo de las controversias en el seno de un partido calcado del “modelo leninista” (centralismo democrático que teje siempre el centro político burocrático) pero sin una clara dirección colectiva revolucionaria. Un cogollo de privilegios, de poder e influencia enorme. De allí muchas decepciones y malestares, que se manifiestan en cualquier registro de opiniones sobre el “partido de la revolución”. Se abandonó la potencia del movimiento-plataforma, y se recrean los encuadramientos sin mínimas auto-reflexiones críticas.
En este contexto, nos quieren convidar a votar. Honestamente, no entusiasman de alegría contagiosa, ni con el miedo a la amenaza real de la derecha histérica (que avanzará básicamente por los errores del “cogollo chavista”), ni con la esperanza vacía de casi todo (pues el cogollo no ofrece sino su descomposición grotesca, bloqueando mucho asociar los contenidos de la praxis socialista con algunas de las destacadas figuras de la dirección nacional, estadal y local del "proceso").
¿Hacia donde ira la transición al socialismo? Esto sólo lo decidirá el pueblo-multitud. El espectáculo centrado exclusivamente en el "mande-comandante" o en el partido vacio de democracia socialista y lleno de "disciplina de cogollo", en términos generales, ha terminado.
Cualquier otra cosa que una nueva constituyente creando sus condiciones de ventaja política para una revolución socialista, por ahora, sería una rectificación indispensable para aclarar los términos del “Socialismo Democrático” (Ahora Chávez habla de “socialismo democrático”, y la autodenominada “izquierda revolucionaria auténtica” en el seno del “chavismo”, los llamados “leninistas de partido-único”, no lo acusan de “reformista”. Para ellos sería sólo una inteligente “maniobra de distracción” del “Comandante-Presidente”). Cada grupúsculo tiene derecho a construir sus propios fantasmas colectivos.
Sin embargo, aparecen síntomas del reflujo revolucionario. Las palabras no son neutras. No se puede abusar de la confusión ideológica, combinada con la ineficiencia en la resolución de demandas sentidas del mundo popular, con una devaluación mucho peor que de la dimensión cambiaria, llamada devaluación de la pasión revolucionaria. Nadie ama por simple obligación o disposición administrativa. Esto termina significando aquella tesis que transfigura la pasión revolucionaria en “conciencia administrada del deber social”. Una ética, una estética, una afectividad para la liberación no se reduce a un simple dispositivo de moralina, calcada de los axiomas de los “pastores de rebaños”.
¿Cómo se junta el “socialismo democrático” enunciado por Chávez, por ejemplo, con el “guevarismo” de unos, con el estalinismo de otros, con el “populismo rampante”, con la decadencia de las corruptelas? Tal vez, “Antonio Aponte”, o directamente Valderrama, podría darnos la respuesta.
En algo estamos de acuerdo con nuestros ideólogos del “socialismo auténtico”. En el peor de los escenarios, la indefinición socialista podría entrampar interminablemente con elasticidades semánticas, con aberraciones interpretativas, generando más confusión ideológica en el terreno legislativo, apelando a recursos desgastados, a excesos de hermenéutica constitucional, o al patético tráfico de influencias y sentencias, que reforzará el devenir del proceso a la dependencia a judicializar la política, táctica que tenderá a agotarse por entropía de la semiótica jurídica (se les verá cada vez más el “mogote” a los “signos discordantes”), confundiendo “reforma” con “revolución”, y a ambas con “decadencia”.
También decía Luxemburgo: “Va en contra del proceso histórico presentar la obra reformista, como una revolución prolongada a largo plazo y la revolución como una serie condensada de reformas. La transformación social y la reforma legislativa no difieren por su duración sino por su contenido. El secreto del cambio histórico mediante la utilización del poder político reside precisamente en la transformación de la simple modificación cuantitativa en una nueva cualidad o, más concretamente, en el pasaje de un periodo histórico de una forma dada de sociedad a otra.”
Nuestro punto de vista es, no una afirmación de un proyecto deseado, sino un análisis de la posibilidad histórica objetiva: desde la Constitución de 1999 es posible construir por “variedad en los límites”, no cualquier modalidad de socialismo, sino aquellas basadas en la democracia social y participativa de profundo protagonismo popular; en fin, estilos de socialismos democráticos y participativos, de economía mixta con un fuerte sector de economía social, popular, alternativa y comunal, que tendrá relaciones con el sector público, con el sector privado, y con las intrusiones de la tendencias contradictorias de la economía mundial.
Obviamente, esto puede desilusionar a algunas inercias ideológicas: bolche-trotskistas, guevaristas a lo “MIR-histórico”, estalinistas o maoístas de cualquier ralea o pelaje. Pero la desilusión nace si la Constitución es un límite infranqueable, si lo jurídico se impone a lo político.
La otra vía son los poderes creadores del pueblo-multitud-constituyente; e incluso, otras opciones (para mí descartables), como re-activar el “leninismo insurreccional”, la “guerra popular prolongada” o la “mitología guerrillera”. Si este ultimo fuese el caso, se pasaría de facto de una “revolución democrática, electoral y pacífica”, a una revolución socialista en los términos más clásicos.
Hay que señalarlo sin pudores: las formulaciones contenidas en aquel impulso revolucionario (1999) no dan más allá que para formas de socialismo democrático renovados por la democracia participativa, radical y plural, una economía mixta que reconoce la coexistencia de la propiedad privada (art.115) con la propiedad colectiva (art. 308), pero que no confunde la economía social, popular, alternativa y comunal con una variante del estatismo autoritario. Una economía mixta de signo socialista que tendrá una compleja y tensa relación de antagonismo con los monopolios públicos, privados y transnacionales. En este marco jurídico-político, también la oposición capitalista, tratará de diluir los potenciales transformadores, optando por desempolvar el imaginario del capitalismo democrático de bienestar.
En este contexto, la tensión explosiva está presente en cada paso que se da, en cada declaración contradictoria, en cada medida ejecutiva, en cada iniciativa legislativa, en cada decisión jurisdiccional. Si se quiere agarrar el toro por la raíz, el asunto esta en clarificar sin medias tintas la relación entre Democracia y Socialismo en Venezuela. A los camaradas que descalifican esta posición llamándola reformista, no queda más que decirles: “no es posible meter el enorme genio del Che, de Lenin o Trotsky en los límites de ésta Constitución de 1999”.
El resto son puros actos de poder o constituyentes de facto. Pues son las propias contradicciones de la edificación del socialismo bolivariano las que están generando “problemas auto-inducidos”. Por ejemplo, ¿cómo se asimila eso de Socialismo “democratizando la propiedad privada”, pero a la vez se dice que se construye un partido “anticapitalista y marxista”? ¿Por que no avanzan las reformas de código de comercio, las leyes de propiedad social, de comunas, de economía social, popular, comunal o alternativa? Con alguna roca dura nos habremos topado. Por más recurso al argumento de las etapas. ¡Vaya usted a saber como se asimila el populismo con el guevarismo, un toque de keynesianismo, y cuando haga falta, una que otra devaluación de signo neoliberal, en nombre de Carlitos Marx!
A Carlos Andrés Pérez se le endosa la frase: “Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. Ya salimos del beso mortal del FMI. Triste y patético sería estar frente a un gran extravío de la revolución bolivariana, que culmine en un oxímoron todavía más patético: “lo uno y lo otro y todo lo contrario”. Sería el Beso mortal del estatismo autoritario. Seamos optimistas. Aquí en Venezuela sucede lo imposible: las cucarachas vuelan tan rápido como un colibrí. El debate sigue, pues, abierto.