Javier Biardeau R. martes, 8 de marzo de 2011
SACUDIR EL "MARXISMO" DE LAS CARABELAS
Javier Biardeau R. viernes, 24 de septiembre de 2010
¿REVOLUCIÓN Ó REPRODUCCIÓN?
lunes, 16 de noviembre de 2009
IMAGINARIO SOCIALISTA Y DESCOLONIZACIÓN TRANSMODERNA

Javier Biardeau R.
lunes, 7 de septiembre de 2009
PLURIVERSO SOCIALISTA DESCOLONIZADOR: CRITICA RADICAL Y NUEVO PROYECTO HISTORICO
Quetzalcóatlmiércoles, 2 de septiembre de 2009
¿TIENE RAZON DIETERICH?
No hay que subestimar sus observaciones pues tienen cierto fundamento. Descalificar a Dieterich, a Katz, o a Boron es una estupidez y demuestra ceguera estratégica. Pero Dieterich también se ha equivocado. Dijo, por ejemplo que el golpe militar en Honduras no tenía mayores perspectivas de consolidarse. Y sin embargo, allí aparece la maniobra Pentagonista y del Departamento de Estado, de darle un oxigeno electoral, que coloca en un dilema a las fuerzas populares hondureñas. Dieterich se equivoca y el desenlace más probable no es que las fuerzas golpistas corran el destino del golpe separatista de Bolivia, sino que logren organizar un fraudulento proceso electoral. Por tal razón, hasta ahora la tendencia es que EE.UU controla la situación política, así como los posibles escenarios de crisis en Honduras.
jueves, 4 de junio de 2009
EL COLONIALISMO ES EL TOTALITARISMO
Javier Biardeau R.Ciertamente, no hay nada original en las experiencias totalitaria, fascistas o estalinistas, que no hubiese sido implementado ya por el colonialismo contra los pueblos no europeos.
sábado, 11 de octubre de 2008
EL COLONIALISMO EURONORTEAMERICANO TIENE UNA DEUDA CON LOS PUEBLOS DEL MUNDO
PachamamaJavier Biardeau R.
Basta leer la “Declaración de los hijos de la Tierra” del 13 de Mayo 2008 para reimpulsar el debate sobre la descolonización y la decolonialidad del poder, el saber y los conocimientos. De este proceso de descolonización de los horizontes mentales no queda exento el pensamiento socialista, sobre todo el impulsado por las variantes burocrático-despóticas del marxismo, quién ha sido cómplice de la negación cultural y del silenciamiento de la inter-culturalidad. El Socialismo indoamericano de Mariategui se enfrentó al terrible dilema de considerar la explotación económica o la negación-discriminación étnico-racial, y su salida fue romper la disyunción, construyendo y de-construyendo a la vez el imaginario occidentalista del marxismo europeo, camino que quedo inconcluso. Sin embargo, reconoció que la comunalidad es la base moral de nuestro socialismo, y que los pueblos originarios enseñan a través de sus cosmovisiones formas de relación social y de vida espiritual que superan en múltiples aspectos a las tradiciones colonial-modernas que los criollos asumieron como cultura hegemónica.
Ciertamente en el siglo XV las grandes civilizaciones del Tawantinsuyo, Mayas, Mapuches y otras del Abya Yala, fueron cortadas y dislocadas violentamente en sus modalidades de desarrollo histórico autónomo, por los ejércitos feudales de Castilla, imponiendo el genocidio, etnocidio, fanatismo católico y destrucción de la madre tierra a través de la colonización y evangelización forzada. Esta verdad histórica, por supuesto, no es la verdad de los colonizadores, sino que emerge del proceso de decolonialidad del saber. La destrucción ambiental, social, cultural y hasta espiritual, sigue pendiente para los pueblos originarios, y no ha sido reparada. Es clave reconocer que no ha existido “justicia intercultural”, pues se mantienen los prejuicios coloniales y el racismo en las relaciones Norte/Sur. No hay nada que celebrar el llamado 12 de Octubre, y si mucho que rememorar en las historias no oficiales. Hay demasiado que autodescubrir en lo que bajo eufemismos llamamos “encuentro”. La resistencia e insurgencia contra-hegemónica de los pueblos y culturas negadas es parte de una de-construcción del imaginario occidentalista del Socialismo, con sus prejuicios productivistas, su evolucionismo, su racionalidad burocrático-instrumental y su liquidación de las identidades ético-raciales, en su aproximación a las complejas clasificaciones sociales de la heterogeneidad estructural, social y cultural de nuestros territorios. La superposición de sistemas heterogéneos de dominación, desigualdad y exclusión social marcan las luchas de los pueblos originarios de Abya-Yala.
Seis siglos después, la actitud colonial y endo-colonial no ha terminado. La declaración de los hijos de la tierra denuncia que “aún la herida de los Pueblos Arawak sometidos como Colonia en la Guyana Francesa, y a través de las negociaciones del AA UE – CAN se pretende volver a reforzar esas viejas cadenas, bajo el comando de las Corporaciones Transnacionales y sus intereses de profundizar su enriquecimiento a través de sus negocios en la minería, petróleo, madereras, agro-combustibles, turismo, pesca, bioprospección y hasta de los servicios públicos y financieros.” También afirma que la “modernidad capitalista” nos ha llevado como humanidad diversa al límite. La dictadura global de las transnacionales (privadas o estatales) avalada por sus estados centrales, ha impuesto la mercantilización de toda forma de vida y el consumismo desenfrenado y sus adicciones energéticas, tanto de hidrocarburos y ahora de agro-combustibles, que producen en forma combinada, el calentamiento global y ahora la hambruna. Asistimos a una crisis civilizatoria, no simplemente a la “turbulencia financiera” de Wall Strett, y falta muy poco para llegar a los fatídicos dos grados centígrados de calentamiento global donde el suicidio planetario y humano será indetenible. Estamos ante el fracasó de la razón occidental/imperial/colonial de “explotación de la naturaleza” y el mundo necesita aprender que los humanos somos hijos de la tierra, que ella nos cría y nosotros a ella. Sin una etno-eco-antro-política, la humanidad diversa puede perecer. La crisis en la naturaleza va de la mano con la crisis del Estado mono-cultural y uni-nacional, impuesto como modelo para la humanidad, por la misma soberbia eurocéntrica. Las Constituciones políticas de los Estados se han hecho en términos generales sin participación ni protagonismo de los pueblos indígenas originarios ni afro-descendientes. Este orden hegemónico desconoce y se impone a la diversidad de pueblos, culturas, ecosistemas, saberes y espiritualidades del Abya Yala. Es la hora de nuevas alternativas : Estados Pluri Nacionales, pluri-culturales y modelos de Buen-Vivir/ Mejor-Vivir, para incorporar y proteger la inmensa diversidad natural, social y cultural en que habitamos. Sin embargo, para esto, es imprescindible no solo des-dogmatizar el pensamiento crítico “latinoamericano” sino descolonizarlo.
Pues desde el 12 de Octubre, el sistema de Saber y conocimientos traduce el sistema de poder no solo político sino cultural. Es tiempo de imaginar nuevos tiempos, para romper con la huella colonial.
miércoles, 25 de junio de 2008
DIRECTIVA DE RETORNO: NEOCOLONIALISMO Y EUROCENTRISMO DEL SIGLO XXI

lunes, 31 de marzo de 2008
DESCOLONIZAR EL IMAGINARIO DE LA MODERNIDAD



Javier Biardeau R.
Considero fundamentales las contribuciones a una comprensión de las críticas de la Modernidad, impulsada desde diversos espacios de pensamiento crítico. Sin embargo, algunas de ellas adolecen de un punto ciego en su postulados: la reproducción del sesgo colonial/euro/céntrico. No existe una auto-reflexión crítica sobre este sesgo, que implique superar la mirada mutilada. Se asume de manera modélica la propia crítica intra-europea de la Modernidad, continuada en muchas de las llamadas perspectivas postmodernas. Las diferentes vertientes principales del pensamiento históricamente hegemónico a escala planetaria pueden ser caracterizadas como colonial/euro-céntricas. Sus efectos en “Nuestra América”, utilizando la denominación de José Martí, son harto conocidos. El mimetismo colonizante va desde las crónicas de indias, el pensamiento liberal de la independencia, el positivismo y el pensamiento conservador del siglo XIX, la sociología de la modernización, el desarrollismo en sus diversas versiones durante el siglo XX, el neoliberalismo y las disciplinas académicas institucionalizadas en las universidades del continente. También el imaginario radical, en sus variantes socialistas, marxistas y comunistas, no escapa al mimetismo colonizante. Más allá de la multiplicidad de orientaciones, de sus contextos históricos, es posible identificar una modalidad interpretativa hegemónica que mutila los regímenes de percepción y saber, configurando una lectura de estas sociedades a partir de la cosmovisión europea, prolongada luego por la academia modernizadora norteamericana. Las políticas de transformación, se hacen fundamentalmente a imagen y semejanza de las sociedades del Norte generando tanto la falacia desarrollista como la desvalorización de modelos culturales socio-diversos, que reconozcan la vitalidad de matrices culturales más amplias. La crisis civilizatoria tiene mucho que ver con la reproducción de una autoridad geocultural en la definición de los modelos sociales legítimos. No significa esto, desconocer los aportes al conocimiento de las culturas hegemónicas, sino reconocer sus límites, sus premisas, problemas y consecuencias. La construcción del imaginario sobre lo que se puede llegar a ser como pueblos, lejos de constituir un asunto de expertos en epistemología, de ingeniería social o de cuadros intelectuales, es una cuestión de importancia política y cultural para la esfera pública. En la medida en que reconocemos que las formas hegemónicas del conocimiento sobre estas sociedades, contribuyen en los procesos de legitimación y naturalización de las formas de dominación, desigualdad y exclusión social que han prevalecido históricamente, podemos asumir con claridad nuestros distanciamientos y compromisos. Reconocidos pensadores venezolanos como Esteban Emilio Monsonyi, Edgardo Lander y Fernando Coronil han planteado en diversos textos y conferencias, la necesidad de examinar las políticas del conocimiento en Occidente, a explorar las maneras como estas teorías particulares se difunden, como los localismos se globalizan, a discernir cómo se establecen las nuevas modalidades colonizantes de influencia en diferentes regiones y disciplinas académicas. Desde la filosofía intercultural de la liberación, Enrique Dussel ha planteado desmontar el mito euro-céntrico de la Modernidad. El concepto hegemónico de Modernidad es euro-céntrico, provinciano, regional. La Modernidad, en esta visión, sería una emancipación, una "salida" de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano (Kant). Su contra-cara despótica, disciplinaria y colonial se invisibiliza. Este proceso se cumpliría en Europa, esencialmente en el siglo XVIII. El tiempo y el espacio de este fenómeno lo describe Hegel, y lo comenta Habermas en su conocida obra sobre el tema -y es unánimemente aceptado por toda la tradición europea actual. Esta filosofía ha sido fundamento de las ciencias sociales y políticas de la modernización, las cuales han definido la agenda pública de las sociedades. Otro concepto implicaría asumir una visión mundial, reconociendo como determinación fundamental del mundo moderno el hecho de ser "centro" de la Historia Mundial. Es decir, hubo Historia Mundial desde 1492, desde la expansión portuguesa en el siglo XV, que llega al Extremo Oriente en el siglo XVI, y con el descubrimiento de América hispánica. Desde entonces, todo el planeta se torna el "lugar" de "una sola" Historia Mundial. El ego cogito moderno (Descartes) fue antecedido en más de un siglo por el ego conquiro (Yo conquisto-la razón del mas fuerte), que impuso su voluntad (la primera "Voluntad-de-Poder" moderna) al indio americano, y luego al esclavo africano. Esta voluntad de poder es condición de posibilidad del “mito” de la modernidad: a) La civilización moderna sería más desarrollada, superior. b) La superioridad obliga a desarrollar a los más primitivos, rudos, bárbaros, como exigencia moral. c) El camino de dicho proceso educativo de desarrollo debe ser el seguido por Europa. d) Como el bárbaro se opone al proceso civilizador, se debe ejercer en último caso la violencia, para destruir los obstáculos a tal modernización (la guerra justa colonial). e) El carácter "civilizatorio" de la "Modernidad", hace inevitables los sufrimientos o sacrificios (los costos) de la "modernización" de los otros pueblos "atrasados" (inmaduros), de las otras razas esclavizables, del otro sexo por débil, etcétera. Frente al dilema intra-europeo entre modernidad/post-modernidad, hay que abrir el horizonte a otras racionalidades, a otras opciones político-culturales. Capitalismo y Socialismo, sean modernos o postmodernos, tienen un profundo sello coloniales/euro-céntrico. Es necesario abrir espacios de descolonización, de recomposición y reorganización del poder del saber y los conocimientos. Hay un mas allá de la modernidad/post-modernidad en clave euro-céntrica.
sábado, 16 de febrero de 2008
Desdogmatización y descolonización: tareas indispensables para la re-invención del imaginario socialista

Frida Kahlo, Raíces
Javier Biardeau R.
jbiardeau@gmail.com
Las tareas de reinvención del imaginario crítico socialista, del pensamiento crítico de izquierdas y de los enfoques teóricos contra-hegemónicos están estrechamente interrelacionadas en la revolución bolivariana. Podríamos decir, que aquellos que esperan ver un marxismo 'puro' le hacen un flaco servicio a la revolución socialista, al no comprender qué puede llegar a ser el marxismo, parafraseando a Lenin cuando cuestionaba a su manera figuras del platonismo y actitudes fetichistas hacia los modelos revolucionarios. Hay que liberar al marxismo de muchos marxistas.
No confundamos las cartografías revolucionarias con los procesos revolucionarios, ni proyectemos sobre lo real, sin una actitud de reflexividad crítica, nuestros esquemas deterministas, mecanicistas, reduccionistas, simplificadores y teleológicos. El marxismo no es una teoría pura, es una constelación narrativa abierta, un programa de investigación-acción, y por cierto, no es la única y exclusiva referencia teórico-crítica posible de un proyecto socialista para Nuestra América.
El marxismo es solo una de las singulares formaciones de discurso, saber y verdad que movilizan la potencia de la revolución bolivariana, pero no la única. Muchos "marxistas platónicos" se sienten portadores de una idea esencial, universal y necesaria del marxismo, propietarios exclusivos de una clave de bóveda de lo que realmente dijo y pensó Marx, realizando exégesis tras exégesis, pero evitando contrastar sus interpretaciones de los procesos de elaboración teórico-crítica del Marx-siglo XIX, con las realidades y procesos del capitalismo global en su fase imperial-neoliberal en el siglo XXI. Lo mismo pudiéramos decir para Engels, Lenin o cualquier otra figura del pensamiento socialista de inspiración marxista.
Las exégesis históricas son adecuadas para una clarificación y comprensión conceptual, para el manejo terminológico en su dimensión tanto lógico-semántica como pragmático-contextual de una teoría, pero no dicen nada sobre las complicadas correlaciones entre la teoría crítica y los fenómenos concretos, y mucho menos sobre la validez de los enunciados teóricos como guías de referencia para la acción revolucionaria en el presente histórico. Por estas razones hay que evitar dogmatizar, y mucho menos fetichizar un determinado momentum de la cartografía de orientación para la acción revolucionaria.
Esto no significa por supuesto renegar del programa teórico marxista y de su innegable contribución a las luchas por el socialismo a lo largo de la historia, pero si de afirmar que son insuficientes las proposiciones de Marx, Lenin y tantas otras figuras, que en ellos hay importantes contribuciones, pero también significativos desaciertos. Que incluso hay problemáticas que ni siquiera se imaginaron, y que como generalmente ocurre con un horizonte teórico, mostró cegueras a sus propios presupuestos epistemológicos y gnoseológicos, a su adscripción a determinado episteme, a los núcleos ético-míticos correspondientes a determinados círculos civilizatorios, nacionales y culturales.
De allí, la necesidad de superar el dogmatismo, que es un esfuerzo permanente de cualquier teoría crítica, para pasar a abordar el imprescindible asunto de la descolonización epistémica del imaginario socialista, del pensamiento crítico y de las teorías revolucionarias. Esta segunda tarea de la reflexividad crítica en Nuestra América, es menos visible que la primera, y es incluso mas importante ya que la subsume como un momento particular, sobre la cual hay una literatura exuberante y una polémica fecunda, que va incluso a las propias clarificaciones de Marx y Engels en los documentos epistolares sobre el punto clave de las deformaciones y falsificaciones tempranas de sus elaboraciones teóricas. Desde que Marx y Engels comenzaron a proponer sus enfoques, comenzaron los malentendidos, las clarificaciones, las correcciones y auto-correcciones; en fin también hay que constatar la existencia de un movimiento de transformación en el seno de las propias teorías. No perdamos de vista los movimientos de transformación de la realidad, de la teoría y de la propia subjetividad.
Partiendo de esta ultima observación, es pertinente preguntarse si la polémica que emerge es una polémica teórico-política, o si no encierran ésta, otros aspectos vinculados con los procesos de identificación/identidad subjetiva de proyecto-movimiento revolucionario. Al parecer, hay algo referido a los modos de subjetivación de la revolución bolivariana, de una anhelada búsqueda de certezas sobre la identidad simbólica-ideológica del proyecto socialista bolivariano, y un supuesto no tematizado que plantearía que si se asumiera como marxista-leninista, o marxista, las cosas serian más sencillas.
Aquí también es relevante plantear el asunto de la descolonización ya no solo epistémico, sino de la descolonización de los modos de subjetivación de un proceso de transformación revolucionaria. Y los modos de subjetivación tienen que ver no sólo con el logos, sino con el ethos, el pathos y el mithos de la política intersubjetiva. Para comprender esto, es indispensable pensar más allá de las teorías, y comprender sus articulaciones a narraciones histórico-culturales y tradiciones más amplias, a procesos de semiosis ideológico-culturales, a registros simbólicos e imaginarios, que colocan a la teoría como un diminuto átomo en complejas redes de constelación de sentido y significación.
Entramos en el tema no del dogmatismo de la teoría marxista, sino de la cosmovisión eurocéntrica del marxismo, de su adscripción a núcleos ético-míticos que corresponden a la dinámica histórico-cultural de civilizaciones, naciones y formaciones ideológicas cuyo contexto es condicionante de los actos de interpretación y construcción teórica. Este asunto, obviamente tiene implicaciones directas con el tema de la construcción de identidades políticas e ideológicas, y es parte de la polémica abordar esta dimensión como un aspecto intersubjetivo de los agenciamientos transformadores.
No es lo mismo suponer que el marxismo es un método crítico de interpretación histórica (Mariategui) y una guía de acción revolucionaria (Lenin), que suponer que uno-mismo es marxista, y que si no se es marxista no se podrá ser revolucionario y socialista. Aquí pasamos de los modos de objetivación a los modos de subjetivación, y ambos dependen de relaciones intersubjetivas; es decir, de relaciones sociales históricos-culturales determinadas. Ser marxista, este parecer el problema para algunos. Obviamente aquí Chávez ha sido completamente sincero: "yo no soy marxista, respeto a los marxistas, soy cristiano, soy humanista, etc, etc". Como fenómeno de singularización es completamente legítimo que Chávez se identifique como cristiano, el problema es que es evidente que hace cortocircuito con otros modos de identificación y subjetivación que esperan que él se identifique como marxista o como marxista-leninista. Al parecer, el asunto de los discursos y objetos de identificación es parte del problema, y la solución es comprender que la unidad del proyecto revolucionario no depende de ser cristiano o marxista, sino de comprender que además de cristianos y marxistas, el imaginario crítico socialista incluye otras formaciones de discurso, saber y verdad en la construcción de la revolución.
Esta dimensión intersubjetiva de los modos de construcción de identidades es cada vez más relevante, ya que pone al descubierto que tanto la objetivación como la subjetivación son construcciones histórico-culturales, que estos procesos no son equivalentes pero son co-dependientes, y que la producción de teorías, enfoques y cartografías es al mismo tiempo un aspecto de la producción de subjetividad; que es simultáneamente, una puesta al desnudo de las dependencias de la formación de identidades subjetivas con fenómenos de relación social y marcos culturales.
De allí la importancia de la descolonización del imaginario crítico socialista, de poner entre-comillas a la actitud histórica de "calco y copia" que ha marcado la existencia de estratificaciones ideológico-culturales disímiles en la conformación de la identidad socialista en Nuestra América. Si no comprendemos que el cristianismo, el liberalismo y el marxismo son formaciones de discurso que responden a la expansión del sistema mundo moderno/colonial sobre estos territorios existenciales, que comenzamos a llamar "América Latina" por circunstancias y convenciones específicas, no podremos comprender los otros discursos no cristianos, no liberales y no marxistas que forman parte de Nuestra América, y que podrían fecundar la descolonización del imaginario crítico socialista.
Para que el socialismo indo-afro-latinoamericano sea algo más que calco y copia de la versión euro-céntrica del imaginario socialista hay que entrar en profunda relación (in-vivencia) con las narraciones y las experiencias existenciales distintas, con la alteridad y exterioridad de voces que no pueden ser tamizadas por el discurso cristiano, liberal o marxista. La gran riqueza existencial de Nuestra América multiétnica y pluricultural es que somos mucho más que la cristianización, que el liberalismo y que el marxismo. La construcción de identidades nacional-populares en Nuestra América ha pretendido si, ser traducida exclusivamente por cristianos, liberales y marxistas, a través del dominio de la letra y del control del monopolio de la violencia simbólica legítima, pero estas traducciones han sido inevitablemente traiciones e imposiciones simbólicas. Para no ser así, cristianos, liberales y marxistas, deben abrirse a la doble traducción; es decir, ser capaces de comprender que hay otras voces y marcos culturales con igual dignidad de ser escuchadas y traducidas en la deliberación social.
Nadie duda que puedan existir contribuciones al nuevo socialismo, al nuevo imaginario radical socialista, desde ciertas vertientes del cristianismo, del liberalismo y del marxismo, pero es imprescindible la condición de apertura al movimiento indígena (que es diversidad interna por cierto), por ejemplo, al movimiento afro-americano y caribeño (que tiene expresiones plurales), al campo cultural de lo popular-subalterno, a la interculturalidad como horizonte.
Ratificar el marxismo, o pero aún, el marxismo-leninismo, como seña de identidad es obviar toda esta realidad pluricultural y multiétnica de la resistencia y de la insurgencia contra la globalización del capitalismo imperial-neoliberal, reproduciendo la negación racista y cultural en el seno de la propia teoría revolucionaria. Mas que de la dialéctica de lo Mismo, el imaginario crítico socialista requiere de su apertura a la alteridad y a la diferencia, a las voces pluri-tópicas, a lugares de enunciación como las pequeñas voces de la historia, a los testimonios de los hasta ahora vencidos, de los hasta ahora silenciados e invisibilizados, incluso por el marxismo y el cristianismo. El Cristianismo, el Liberalismo y el Marxismo, ciertamente, nunca han negado el papel del "individuo" en la historia, porque es la historia de la persona cristiana, del individuo-propietario abstracto o del individuo social eurocéntrico. Lo que ocurre es que todos ellos han ignorado que el "individuo" es una construcción geo-cultural que responde a historias que no agotan la historia por construirse. Que los seres humanos somos mucho más que las marcas de humanidad legítima que ha instituido el occidentalismo colonial-moderno.
Cuando un marxista como Allan Woods dice: "El factor más importante hoy en día a escala mundial es la ausencia de una dirección marxista fuerte y con autoridad. La tendencia del genuino Marxismo ha retrocedido décadas y actualmente representa una pequeña minoría. Todavía no puede llevar a las masas a la victoria. Pero los problemas de las masas son atroces. No pueden esperar hasta que estemos preparados para dirigirlas. Intentarán por todos los medios cambiar la sociedad, lucharán por encontrar una escapatoria al callejón sin salida. Esto es particularmente cierto en los países ex-coloniales de África, Asia y América Latina, donde sobre bases capitalistas la sociedad no tiene ninguna posibilidad de avanzar."(Los marxistas y la revolución bolivariana), podemos observar los prejuicios que una cultura de supremacía cultural ha generado en las propias filas del campo socialista, donde la "dirección marxista fuerte y con autoridad", aquella que debe estar preparada para "dirigir" y "llevar a las masas a la victoria", todavía no entienden que las formas de lucha para encontrar escapatoria al callejón sin salida, será obra de los sujetos nacional-populares mismos, y que las ex colonias son todavía blanco del colonialismo de derechas y de izquierdas.
Este es solo un síntoma de lo que abunda como colonialismo de izquierda. Desde allí las pequeñas voces de la historia están condenadas a ser masas de maniobra de vanguardias esclarecidas, los rostros del indio marginado, del negro discriminado, del mestizo que lucha por el blanqueamiento, de la mujer negada, de la pedagogía castradora, desaparecen.
El Imaginario crítico socialista debe asumir los retos de la interculturalidad y la pluriculturalidad revolucionaria, debe asumirse como constelación abierta, y no como una ciudadela sitiada, letrada y amurallada de dogmas. Los cristianos y marxistas que hablan de liberación, deben enfrentar sus prejuicios contra las otras voces que no hablan exclusivamente de una mono-cultura religiosa, de una onto-teo-logía de la liberación, o de una razón revolucionaria euro-céntrica, que exalta a la clase obrera-urbana y todo "el resto", lo etiqueta de "masas", que denigra de los pueblos indígenas como estadios primitivos del desarrollo histórico, de los campesinos (que siempre son pequeño burgueses), ignora el racismo hacia lo popular-subalterno o coloca a los sectores medios como antesalas automáticas del fascismo.
Habría que recordar que José Gabriel Condorcanqui Tupac-Amarú II, ya antes de la Revolución Francesa, recorrió con otros hermanos y otras hermanas, Nuestra América, con su grito de justicia, alteridad y liberación.
Sólo la visión hegemónica de la historiografía y sociología latinoamericanas, basada en el racismo de nuestras sociedades, sustentadas en la supremacía racial blanca-criolla-europea, impuesta por la invasión europea y la derrota de las naciones indias, racismo expresado sin ambages en las genocidas consignas tales como ‘civilización o barbarie' u ‘orden y progreso'- sólo desde esa visión se puede intentar ocultar que mientras la Revolución Norteamericana estalló en 1774 y la Revolución Francesa en 1789, en medio de ambas la historiografía liberal o la católico-nacionalista, no ubican absolutamente nada.
Este régimen de invisibilidad se extiende a la mayoría de la historiografía occidental, con honrosas excepciones como las de Boleslao Lewin, Eduardo Astesano, Rodolfo Kusch, José Carlos Mariátegui, Alcira Argumedo, Ernesto Giúdici, Gabriela Mistral, César vallejo, Pablo Neruda, Osvaldo Bayer, Felipe Pigna y Enrique Dussel entre otros. El período comprendido entre la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa, estalló una insurrección popular que conmovió el corazón estratégico del imperio español en América, y que a punto estuvo de liberar los inmensos territorios del Incanato.
La historiografía liberal y católica ocultan que las proclamas de Túpac Amaru, de abolición de la esclavitud, la encomienda y la servidumbre indias, y de toda dominación sobre otras personas, así como de todo poder colonial sobre los pueblos americanos, eran mucho más avanzados que los principios de supremacía blanca de las revoluciones Norteamericana y Francesa. Como señalara Boleslao Lewin, en la América del sur se llevaban a cabo simultáneamente una revolución popular-subalterna, de indios, mulatos, zambos y negros y una revolución criolla, que maduran a veces en contacto pero en general enfrentadas a todo lo largo del siglo XVIII. Una radical, india y popular en su composición étnica mayoritaria y otra criolla, atada básicamente al occidentalismo colonial-moderno. Una obligatoriamente destinada a borrar de raíz todas las formas de explotación, incluidas la Mita, la Encomienda, la Servidumbre, los Obrajes, los Repartos y la esclavitud tal cual entendió y proclamó Túpac Amaru II, eliminando también por lo tanto el dominio colonial.
Es necesario ubicar en su justo lugar la insurrección indígena-popular de Tupac Amaru II en todo este debate. Los revolucionarios que en 1774 levantaron el estandarte de la libertad, para los blancos poseedores en las colonias inglesas del Norte de América y en 1789, proclamaron los Derechos del Hombre -blanco y poseedor- y del Ciudadano Francés, no lo hicieron para las mujeres europeas, ni para las colonias de Francia, ni sus esclavos y pobladores originarios- en París en 1789.
Condorcanqui proclamó por primera vez, en las revoluciones de finales del siglo XVIII, la igualdad y la libertad real y efectiva para quienes poblaban la América española, suprimiendo toda forma de esclavitud y servidumbre. Cuestión que, ni Washington, ni Paine, ni Jefferson, ni Laffayette, ni Danton, ni Napoleón se atrevieron a plantear. Luego del triunfo de Sangarará, Túpac Amaru expidió un mensaje a los pueblos del Perú, volviendo a convocar a los criollos a la unidad con la causa india:
‘Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles; criollos, mestizos, zambos e indios por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.'
Es hora ya de quitarse las anteojeras que fueron colocadas por siglos de colonialidad, y re-montarse desde las profundidades de las experiencias existenciales de las múltiples opresiones, para inventar y afirmar un nuevo imaginario crítico socialista, sin el culto a dogmas, a fetiches, sin eurocentrismo, ni modos de subjetivación que truncan la posibilidad de construir diferencias en las diferencias. Porque más que de igualdad, libertad y fraternidad, siguiendo el cancionero de la Revolución Francesa (¡Hasta cuando la Revolución Francesa!), se trata ahora de una nueva democracia participativa post-occidentalista...Para conquistar la justicia, la alteridad y la liberación.
