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martes, 8 de marzo de 2011

SACUDIR EL "MARXISMO" DE LAS CARABELAS

Javier Biardeau R.
Observado los impasses del actual proceso de transformación y el bloqueo teórico (epistemológico y hermenéutico) del llamado “Socialismo del siglo XXI”, así como de los “marxismos burocráticos”, legados por el seguidismo ideológico a la revolución bolchevique (el marxismo soviético) ó incluso al “marxismo-leninismo” de la revolución cubana, son cada vez más necesarias prácticas interpretativas (ideológicas y teóricas) radicalmente críticas y creativas (pues con esa teoría “revolucionaria” disponible, no habrá actividad revolucionaria alguna); que vayan más allá de prácticas de re-apropiación crítica y selectiva del pensamiento marxiano, que hundan su esclarecimiento a la raíz de los problemas y desmonten los prejuicios de la modernidad euro-céntrica, del colonialismo interno e intelectual.
¿En función de que? De sustentar programas de investigación-acción para la transformación de la sociedad hegemónica. No basta con criticar al neoliberalismo ni al capitalismo en sentido restringido, si no se profundiza en la crítica de la modernidad-colonialidad.
El “marxismo de las carabelas” es un marxismo colonizador, un marxismo que reproduce los mitos del progreso, del desarrollismo, de la neutralidad ideológica de las fuerzas productivas, del productivismo y el consumismo, del occidentalismo e incluso de la lógica de la sociedad adquisitiva.
Además ha sido un fracaso con relación a las proyectos para sustituir formas de dominación estatal, distribuir y organizar las relaciones de poder de manera radicalmente democrática, calcando los mitos hegemónicos que son parte del problema civilizatorio, y que no despejan los caminos para construir vías de solución de los problemas.
Hay quienes suponen que no es necesario ningún debate teórico, que las recetas están hechas para ser aplicadas. Basta repetir a Lenin, glosar al Che, gritar: ¡que viva Fidel!, darle un toque espiritual con una dosis de “teología de la liberación”, colocar algunos aliños para reconocer cierto indo-socialismo ó la llamada afro-descendencia, reivindicar el feminismo de palabra y la ecología del “desarrollo sustentable”, pero manteniendo intacta la falacia desarrollista, sin cuestionar los dispositivos de poder y las estructuras de dominación capitalistas, ni las prácticas que prefiguran la burocracia socialista derivadas de la vanguardia del aparato, del mito del partido-único/capitalismo de Estado, o confundir la contra-hegemonía con la mas burda sumisión ideológica, desechar la ética de la liberación (basta revisar algún trabajo de Sánchez Vázquez o de Dussel) y reducirla a la criatura ideológica del partido comunista de la URSS en tiempos de Kruschev (¿sabe usted que era el código del constructor del comunismo científico?): “conciencia del deber social”.
El cerebro de los vivos sigue aprisionado por las vestimentas ideológicas de tradiciones veneradas como dogmas sacrosantos. Se repiten cuentos, narrativas, argumentos y descripciones que corresponde a las inercias ideológicas de la vieja izquierda despótica (con la bandera imaginaria: rostros épicos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, mirando todos a la izquierda), con su sacrosanto cuento de los manuales soviéticos, las codificaciones del partido-aparato, los rituales, la liturgia de los textos y estribillos sagrados, la escolástica de los “profesionales de la revolución”, la repetición de la amalgama de una singular lectura de Marx, los hábitus, en fin: alabado sea el dogma.
La crisis y el bloqueo del socialismo del siglo XXI no solo es práctico, es además teórico. No hay salidas fáciles, no hay populismos que disfracen las debilidades del pensamiento revolucionario, ni hay mesianismos que sustituyan la formación política para el autogobierno de la ciudadanía republicana, no hay estructuras políticas que funcionen como cascarones carentes de concepciones ideológicas renovadas.
Sin sacudir el pensamiento tradicional de la izquierda cavernaria, la revolución se hunde por efecto de sus lastres ideológicos. El agotamiento es parte no solo del reflujo del poder constituyente como multitud movilizada, sino como vacio de tareas del intelectual colectivo.
He allí un grave asunto a ser asumido: sin pensamiento colectivo insurgente no habrá revolución. Con el “marxismo de las carabelas” se la da una nueva vuelta de tuerca al colonialismo interno y al colonialismo intelectual.
¿Se habrán dado cuenta de este pequeño detalle los colectivos de propaganda bancaria y “revolucionaria”, las escuelas de los Partidos-maquinaria, los responsables de construir referentes ideológicos para la transformación? Por ahora, se reproduce el círculo vicioso del apagón revolucionario.
Se requieren varios sacudones. Entre estos, hay uno del que nadie dice sino poco: el sacudón del pensamiento colectivo insurgente.
La burocracia huele que se ha quedado sin coartadas. ¿Dijo usted “militancia socialista” en la primera línea estratégica del PSUV?
Comencemos por limpiar el jardín socialista de toda su basura ideológica. Hay que sacudir el colonialismo intelectual, dejar bién lejos al "marxismo" de las carabelas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

¿REVOLUCIÓN Ó REPRODUCCIÓN?

Javier Biardeau R.
El Nuevo Socialismo implica, repetimos, una tarea de desbrozar la maleza del Socialismo Burocrático-Despótico, para dar espacio conceptual a las pasiones libertarias de la multitud popular: lucha contra la explotación económica, la coerción política, la hegemonía ideológica, la exclusión social y la negación cultural.
Un balance crítico de inventario teórico e histórico para superar el capitalismo y las fracasadas experiencias del socialismo histórico, no puede ser sustituido por un catálogo de consignas, ni por una identificación al “momento del líder” ni por una sumisión al “aparato-maquinaria”.
Los viejos mapas teóricos del socialismo real, sencillamente no funcionan ni siquiera en donde se han convertido en “ideología de justificación del Estado Socialista”.
La bancarrota de aquella entelequia pasada por “doctrina marxista revolucionaria”, llamada “marxismo-leninismo ortodoxo” por Bujarin o Stalin, es parte de la fenomenología de la crisis del pensamiento revolucionario.
Pero además, la desarticulación y cooptación del Socialismo Democrático, en su vertiente de reformas sociales en el capitalismo y para la administración “progre” del Capital, por parte de la agenda neoliberal/neoconservadora, tampoco escapa a la crisis de las alternativas históricas.
Izquierda que no se reformula, que no se renueva, que no se recrea, sencillamente fracasa, como está ocurriendo actualmente en las fracciones políticas más anquilosadas de Cuba, ó en el otrora milagro social-demócrata Sueco.
Una revolución democrática, eco-política, descolonizadora, trans-moderna está en la base de los esfuerzos para re-pensarlo (si es necesario todo), para reinventar el imaginario de socialización radical del poder social: económico, tecno-científico, político, jurídico, cultural, ideológico y militar. Incluso, los términos socialista y comunista están dando paso a una figura no menos problemática a escala global: movimientos anti-capitalistas.
Los antiguos socialistas, comunistas y anarquistas (aquella ideología radical de la geo-cultura moderna según Wallerstein), ó animan la criticidad radical y la creatividad histórica en el terreno de sus registros epistémicos, estéticos, éticos, afectivos de un modelo civilizatorio (de lo que nunca se hablará en un parlamento burgués, un ministerio burgués ni en un tribunal burgués), en ruptura con toda la “tradición de los muertos”, convertido para decirlo con palabras de Sartre, en un pesado legado de lo “práctico-inerte”, de lo instituido históricamente, ó sencillamente fracasaran en el intento de construir alternativas post-capitalistas.
Insistimos en la necesidad de un análisis crítico en profundidad de la teoría y practica de los procesos de transición al socialismo. Sin programas de investigación-acción sobre las transiciones históricas al socialismo, no existirá ni direccionalidad, ni construcción de contenidos, ni animación de nuevos estilos de acción política, de gestión pública, de formación, comunicación, organización, movilización y lucha para una plataforma teórica revolucionaria de la multitud popular.
La democracia socialista y la igualdad sustantiva constituyen efectivamente algunos de los ejes del programa de transición, los consejos del poder popular, asumen un horizonte más amplio de que su arraigo en pequeñas comunidades y escalas territoriales (consejos comunales). Una Asamblea Nacional de Comunas prefiguraría el germen de cualquier doble poder que genere las condiciones de posibilidad de una transformación revolucionaria del Estado, en función del autogobierno y la autogestión del pueblo trabajador.
Pero todo esto parte de la premisa de sacudir de raíz las estructuras heredadas desde una lógica de ejercicio del poder, que simplemente reproduce al principio, en el medio y en el desenlace de cada episodio de lucha, la lógica de la separación fetichizada entre gobernantes y gobernados: la racionalidad burocrático-instrumental en el campo político.
Mientras la multitud popular sea convertida por acción de aparatos-maquinarias en “masa de maniobra”, “rebaño electoral”, “clientela”, o “masa cosificada” por la acción de cuño jacobino-blanquista (el elitismo de derecha en clave de “vanguardismo de izquierda”), la mutación de las relaciones de dominación no será sino puro simulacro; es decir, simple reproducción: “circulación de elites”.
Cuando uno escucha la expresión “Ministerio del Poder Popular para…” uno espera que el énfasis en lo instituido, en lo “practico-inerte” (para insistir en los fetiches instalados): Ministerio, no se devore la dinámica de las prácticas instituyentes: el Poder Popular. La lógica burocrático-instrumental, sus rutinas, sus costumbres heredadas, sus mentalidades, hace todo lo necesario para asentar la “ideología del cargo”, la “carrera ascendente” en el aparato-maquinaria, la búsqueda de un “lugarcito” en el centro político burocratico, en una “nomenclatura” ó “nueva clase”; en fin, convertirse en nuevo privilegiado, "cachetón y regordete, con camionetas y escoltas". Pero por ese camino se edifican todas las condiciones para repetir la tragicómica queja del “Estado Revolucionario con deformaciones burocráticas”.
Hay precondiciones políticas para que una revolución sea tal cosa, las más elemental es que unas emergentes prácticas del ejercicio del poder por parte del pueblo trabajador convertido en nuevo bloque político dominante, no se parezcan en casi nada a los estilos políticos del “ancien regime”; es decir, que exista la experiencia sentida en el pueblo de una “ruptura histórica” con la Cuarta República, si prefieren.
Sin esta elemental vivencia, el entusiasmo para cambiar el resto de la vida, en fin para repensar desde la raíz las prácticas dominantes: las formas de decir-hacer económicas, jurídicas, comunicacionales, culturales o militares, sólo deja la sensación que se reproduce el mismo modo de sentir, de pensar y de actuar; en fín, más de lo Mismo.
Si el baremo de evaluación histórica comparativa, lanzara como señal de alerta, que nos parecemos en la Revolución y en el Gobierno, más y más a los adecos, a los copeyanos, o sus derivados, es que no se despliega proceso revolucionario alguno. La conclusión se las dejo a ustedes, estimados y estimadas lectoras.

lunes, 16 de noviembre de 2009

IMAGINARIO SOCIALISTA Y DESCOLONIZACIÓN TRANSMODERNA



Javier Biardeau R.
En momentos en que se debate el quiebre de los grandes relatos de la modernidad euro-céntrica y del globalismo neoliberal, es conveniente pasearse por una revisión radical del Imaginario socialista hegemónico, tributario de la polémica de las mayores formaciones ideológicas del sistema mundo, de acuerdo al científico social Inmanuel Wallerstein: a) el conservadurismo, b) el liberalismo, y c) el marxismo. Pero así mismo, habrá que comprender el papel de la cuarta constelación discursiva del sistema capitalista moderno-occidental: d) el colonialismo (Mignolo dixit).
Hay que ir más allá de Marx y de los doctrinarismos marxistas si se pretenden construir imaginarios críticos de justicia social, alteridad, democracia y emancipación. Cuando se habla de Socialismo-siglo XXI, ¿cual es su relación con el debate sobre la crisis de la modernidad euro-céntrica?
Las codificaciones marxistas fueron en gran medida tributarias del horizonte de comprensión europeo y moderno de las sociedades. El productivismo y el consumismo son parte del utilitarismo presente en el propio Karl Marx, y en la cuestionable creencia en el papel unilateralmente positivo de la relación entre tecno-ciencia y fuerzas productivas. Es imprescindible una desconexión selectiva de la visión laminada del progreso occidental, si se quiere plantear proyectos políticos ecológicamente viables.
Ludovico Silva llego a decirlo con extrema claridad: el capitalismo tardo-moderno también desarrolla “fuerzas destructivas” (tema afín a la reflexión crítica del industrialismo y de la racionalidad instrumental de la teoría crítica alemana) Ir más allá de la modernidad euro-céntrica, implica dejar atrás las escatologías marxista-leninistas y sus gramáticas político-culturales (lo que significó realmente la fórmula “soviets más electrificación”, fue el “régimen de partido único” más la “destrucción ambiental”).
No hay nuevo socialismo desde el neo-desarrollismo, pues la catástrofe ecológica está directamente vinculada a esta visión hegemónica. Criticar los riesgos del industrialismo o la explotación intensiva de materias primas, no implica evocar pasados idílicos, sino desmontar la falacia desarrollista; es decir, que más bienes y servicios no equivalen a una mejor calidad de vida, a la buena-vida.
Así mismo, los debates sobre eco-política y sobre la modernidad/colonialidad, permiten complejizar la polémica acerca de la modernidad/posmodernidad. El asunto queda re-significado, pues las teorías críticas de la liberación (diversidad de nodos teóricos críticos) no podrían ser simplemente anti-modernas, buscando la restauración del pasado pre-hispánico y pre-industrial. Tampoco podrán adoptar acríticamente la propuesta de consumación del proyecto de la Modernidad (Habermas, Giddens y demás modernizadores), porque presupondría la adopción del modelo de desarrollo de los países de capitalismo tardo-moderno; es decir, el desarrollismo más el euro-centrismo. En tercer lugar, no podría adoptar las actitudes nihilistas, escépticas y relativistas de la postmodernidad, de la sociedad del hiper-consumo y sus simulacros mediáticos, en un contexto histórico caracterizado por el hambre, exclusión y miseria.
No hay opciones dentro del callejón modernidad/posmodernidad en clave euro-céntrica. La proyección de la transmodernidad abriría el espacio para articular lo excluido, reivindicar lo oprimido, revelar y reconocer al Otro, pensar la alteridad que realice las potencialidades ocultas, negadas y reprimidas en la Modernidad occidental, a fin de liberar la vida de la humanidad como comunidad política planetaria.
El planteo de la transmodernidad se inscribiría en una ana-dialéctica (Dussel) o en nuevas hermeneúticas (Boaventura dos Santos , Mignolo) de estos espacios, como superación y síntesis, desacoplándose de la matriz epistémica de la racionalidad moderna-colonial. Por tanto, superar el imaginario socialista euro-céntrico implica reconocer que la colonialidad es constitutiva de la modernidad occidental, que conservadurismo, liberalismo, marxismo y colonialismo son parte del problema y no de la solución.
Implica entonces descolonizar el pensamiento crítico socialista. Para superar el racismo, el sexismo, el clasismo y el etnocentrismo. Para además comprender que sin eco-política cualquier socialismo será un nuevo desarrollismo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

PLURIVERSO SOCIALISTA DESCOLONIZADOR: CRITICA RADICAL Y NUEVO PROYECTO HISTORICO

Quetzalcóatl

Javier Biardeau R.
“Ahí está Bolívar en el cielo de América, sentado aún en la Roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies. Ahí está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hoy. Porque Bolívar tiene que hacer en América todavía” (José Martí)
¿Qué tiene que hacer la figura histórica de Bolívar en la América todavía? Una respuesta tentativa: apuntalar la ética de la liberación, de la justicia, de la alteridad, para la “patria grande”. Pero a la vez, asumir la radicalidad del pensamiento crítico, para no recaer en ninguna de las figuras históricas del despotismo político, intelectual y moral.
No hay oportunidad para el nuevo socialismo descolonizador sin una revolución democrática permanente, sin un proyecto de democracia participativa ejercido por las multitudes nacional-populares de Nuestra América, cuyo soporte sea una ética de la emancipación, de la justicia y de la alteridad.
Proyecto de pueblos-naciones que más allá de los dispositivos de los Estados, de sus encuadramientos y cortapisas, contribuyan al proyecto cosmopolita de la multitud emancipada contra el Imperio, de la democracia absoluta contra el despotismo oligárquico y plutocrático, reconociendo las singularidades históricas, culturales y revolucionarias.
Un llamado a la creación heroica desde múltiples voces, modelando nuevos lenguajes para la emancipación. Sin “calcos y copias” monocolores, ni “calcos y copias” de pensamientos únicos, sin “calcos y copias” del “marxismo en singular”, sin “calcos y copias” de la única voz impuesta, no solo en sus expresiones, sino es sus contenidos más profundos, desgarrando la experiencia por la intervención de la voz geocultural que bajó de las carabelas.
De allí, la radicalidad del nuevo pensamiento crítico socialista y descolonizador. Para asumir la polémica dialógica de saberes y conocimientos, la necesidad de argumentar, de comprender las diversas posiciones de las ciencias sociales e históricas críticas, de las diversas teorías contra-hegemónicas; es decir, elaboradas desde el punto de vista de las clases, grupos, sectores y etnias oprimidas.
Perspectivas contrahegemonicas que cuestionan las multiples lógicas de la dominación social, sus registros imaginarios y simbólicos. Pluralidad de voces y polifonía de la impugnacion político-cultural. Diversidad de cuerpos, pasiones y afectos.
Se requiere entonces de un pluriverso liberador para asumir una pluralidad socialista descolonizadora. Para superar el discurso moral geo-históricamente limitado de la Modernidad euro-céntrica. Bolívar en su “Carta de Jamaica”, representa un pasaje, un símbolo de las encrucijadas y tensiones de un proyecto de autoafirmación geo-histórica, en medio de incertidumbres y conjeturas. Eso lo sabe el Imperio, quién pretende desarticular día a día su potencia constituyente, intentando desfigurar, desarticular y neutralizar la memoria y esperanza de la emancipación.
Bolívar, el Libertador también exprimentó la cárcel de las redes imaginarias y simbólicas del imaginario colonial-moderno, de su situación no solo de clase, género, color de piel, sino de su posición en las encrucijadas de la geo-históricas de la política-cultura:
“Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que cuando Quetzalcóatl, el Hermes o Buda de la América del Sur, resignó su administración y los abandonó, les prometió que volvería después que los siglos desiguales hubiesen pasado, y que él restablecería su gobierno y renovaría su felicidad. ¿Esta tradición no opera y excita una convicción de que muy pronto debe volver? ¿Concibe Vd. cuál será el efecto que producirá si un individuo, apareciendo entre ellos, demostrase los caracteres de Quetzalcóatl, el Buda del bosque, o Mercurio, del cual han hablado tanto las otras naciones? ¿No es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado de expulsar a los españoles, sus tropas y los partidarios de la corrompida España para hacerlos capaces de establecer un imperio poderoso, con un gobierno libre y leyes benévolas?
Intuía Bolívar el papel del mito movilizador, pero aún desde la visión instrumental de un criollo que le hablaba a un interlocutor que representaba la autoridad político-cultural de Inglaterra. Bolívar desconocia la profundidad de los valores, ideales e imaginarios que han servido como memoria y esperanza de resistencia, custionamiento, de refugio espiritual de los pueblos-cultura oprimidos de nuestra América, cuya profundidad es Abya-Yala. Decía Mariategui:
"La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito."
Pues la emoción revolucionaria es una emoción que religa las experiencias desde motivos que son humanos, que son sociales. Siguiendo George Sorel, Mariategui reconocía una analogía entre la religión y el socialismo revolucionario, que se propone la preparación y aún la reconstrucción del individuo para una obra gigantesca. Son los mitos revolucionarios los que mantienen la inexpugnabilidad a todo desaliento. Los "profesionales de la Inteligencia" no encontrarán el camino de la fe; lo encontrarán las multitudes. A los filósofos les tocará, más tarde, codificar el pensamiento que emerja de la gran gesta multitudinaria. ¿Supieron acaso los filósofos de la decadencia romana comprender el lenguaje del cristianismo? La filosofía de la decadencia burguesa no puede tener mejor destino, jamas comprenderán los los registros de sentido que movilizan una gesta emancipatoria. Lo que mueve a las multitudes a la espera de las nuevas situaciones, que les permitiran avanzar aunque sea un solo paso en la superación de las multiples opresiones. Decía el Bolivar criollo:
“Pero no es el héroe, gran profeta, o Dios del Anahuac, Quetzalcóatl el que es capaz de operar los prodigiosos beneficios que Vd. propone. Este personaje es apenas conocido del pueblo mexicano, y no ventajosamente, porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean dioses. Sólo los historiadores y literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen, verdadera o falsa misión, sus profecías y el término de su carrera. Se disputa si fue un apóstol de Cristo o bien pagano. Unos suponen que su nombre quiere decir Santo Tomás; otros que Culebra Emplumajada; y otros dicen que es el famoso profeta de Yucatán, Chilam-Balam. En una palabra, los más de los autores mexicanos, polémicos e historiadores profanos, han tratado, con más o menos extensión, la cuestión sobre el verdadero carácter de Quetzalcóatl. El hecho es, según dice Acosta, que él estableció una religión cuyos ritos, dogmas y misterios tenían una admirable afinidad con la de Jesús, y que quizás es la más semejante a ella. No obstante esto, muchos escritores católicos han procurado alejar la idea de que este profeta fuese verdadero, sin querer reconocer en él a un Santo Tomás, como lo afirman otros célebres autores. La opinión general es que Quetzalcóatl es un legislador divino entre los pueblos paganos del Anahuac, del cual era lugarteniente el gran Montezuma, derivando de él su autoridad. De aquí se infiere que nuestros mexicanos no seguirían al gentil Quetzalcóatl, aunque apareciese bajo las formas más idénticas y favorables, pues que profesan una religión la más intolerante y exclusiva de las otras.”
En la Carta de Bolívar a Henry Cullen, aparecen los efectos de superficie de las realidades geohistóricas de la “América Meridional”. Huellas del colonialismo propio, que sufrirá una fáctica desgarradura en próximos eventos, pues no fue la "liberal", "moderna" y “civilizada” Inglaterra, sino Alexander Petión Papá Bon-Kè, hijo de padre francés y madre mulata, ahora Presidente de Haití, quién le prestará por segunda vez a Simón Bolívar, la colaboración necesaria para luchar contra el Imperio español. Una solidaridad con las gestas anticolonialistas y libertarias que el pueblo-nación haitiano aportó no solo los recursos financieros, sino la fuerza moral que necesitaba el Libertador para emprender la nueva batalla, no sin antes comprender que la causa no es exclusivamente la libertad de unos pocos mantuanos, sino la prefiguración de la libertad de todo un pueblo.
Se relata que Alexander Petión despide a Simón Bolívar en el puerto de Jacmel con estas palabras:
“Pido a Usted, que cuando llegue a Venezuela, su primera orden sea la Declaración de los Derechos del Hombre y la libertad de los esclavos”.
Le entrega la “Espada Libertadora de Haití”, una espada que no era de oro ni llevaba piedras preciosas, como la que la municipalidad de Lima obsequió a Bolívar a raíz de la victoria de Ayacucho, y conocida desde entonces como la “Espada del Perú” y más tarde “Espada del Libertador”. No, era una espada de un metal de excelente filo y calibrado peso, con su empuñadura de bronce que ostentaba el escudo de Haití, y que acompañó a Simón Bolívar durante toda su Gesta Libertadora. Es ésta la espada temible de Bolívar que pondrá de rodillas al Imperio Colonial de España y hará correr despavorido a los más aguerridos ejércitos. Una espada cargada de afecto negro, mestizo e indianidad. Es esta la carga histórica de la espada libertadora que quiere ser neutralizada por el Imperio.
Se trata por tanto de reconocer que el nuevo proyecto histórico socialista puede ir más allá del “Marx de las Carabelas”, del Marx incorporado y desfigurado como prótesis espiritual del mismo movimiento de coloniaje intelectual que definió los campos de la política en Nuestra América, de “marxismos históricos” cargados de voces euro-céntricas y falacias desarrollistas.
Hoy sabemos que la “falacia desarrollista” se sustenta en la creencia en la superioridad unilateral de Euronorteamérica, en considerar las trayectorias de cambio como mimetismos espirituales y caligrafías mentales, como “modernizaciones reflejas”, pues es desde el Norte, desde donde se define las significaciones imaginarias del progreso, como “destino manifiesto”, como único camino posible y deseable. Necesidad de apertura y desprendimiento del “imaginario socialista de las carabelas”, propio de un eurocentrismo excluyente, re-significado en una farsa de emancipación a través de nuevos despotismos: el estalinismo tropical del “marxismo-leninismo ortodoxo”, aquella criatura ideológica inventada en los entretelones de la realidad política del cuerpo enfermizo de Lenin, de la mano de Bujarin, Stalin, Deborín y tantos otros, tan tentados a reconvertir la dialéctica abierta en un positivismo reductor, a la multitud nacional-popular en una cifra de cálculo político para una organización única, centralizada, burocrática, vertical e impositiva, fungiendo como nuevos capataces de las haciendas esclavistas, como nuevos encomenderos que salvarán el alma popular, con su voz de mando y su látigo, para hacer trabajar y rendir utilidades en beneficio de una nueva burocracia política; otra más, luego de las anteriores conquistas y colonizaciones.
Un proyecto alienante de cabo a rabo, para hacernos creer en fin, que el tránsito al socialismo del siglo XXI debe pasar inevitablemente por una etapa de deformación burocrática del Estado obrero, por una fortaleza asediada, por una degeneración que se hará eterna y cada vez más despótica, que impide construir el movimiento comunero y subordinarlo a la máquina del Estado:
“Engels decía en su «Anti-Dühring» que, después del triunfo de la revolución socialista, el Estado había de extinguirse. Sobre esta base, después del triunfo de la Revolución Socialista en nuestro país, los dogmáticos y los talmudistas en nuestro Partido exigían que el Partido tomase medidas para acelerar la extinción de nuestro Estado, para disolver los organismos del Estado, para renunciar al ejército permanente. Sin embargo, el estudio de la situación mundial en nuestra época llevó a los marxistas soviéticos a la conclusión de que en las condiciones de cerco capitalista, cuando la revolución socialista ha triunfado en un solo país y en todos los demás domina el capitalismo, el país de la revolución triunfante no debe debilitar, sino reforzar por todos los medios su estado, los organismos del Estado, el servicio de inteligencia y el ejército, si no quiere ser aplastado por el cerco capitalista. Los marxistas rusos llegaron a la conclusión de que la fórmula de Engels se refiere al triunfo del socialismo en todos los países o en la mayoría de los países y es inaplicable cuando el socialismo triunfa en un solo país, mientras en todos los demás países domina el capitalismo. Como se ve, tenemos aquí dos diferentes fórmulas relativas a los destinos del Estado socialista, dos fórmulas que se excluyen mutuamente. Los dogmáticos y los talmudistas pueden decir que esta circunstancia crea una situación insoportable, que hay que rechazar una fórmula, por ser absolutamente errónea, y extender la otra, por ser absolutamente justa, a todos los períodos del desarrollo del Estado socialista. Pero los marxistas no pueden ignorar que los dogmáticos y los talmudistas se equivocan, pues ambas fórmulas son justas, pero no de manera incondicional, sino cada una para su época: la de los marxistas soviéticos para el período del triunfo del socialismo en uno o en varios países, y la de Engels para el período en que el triunfo consecutivo del socialismo en distintos países conduzca al triunfo del socialismo en la mayoría de los países y se creen, por tanto, las condiciones necesarias para la aplicación de la fórmula de Engels.” (Stalin; Al camarada A. Jolópov, 1950)
Cuando en la América profunda existen semillas del ethos comunitario, de la colectividad cooperante, no necesitamos de Estatismos Autoritarios, sino de Comunas liberadoras. Es en la propiedad común, social, autogestionaria de los colectivos cooperantes donde reposa la autoridad pública del socialismo libertario. En donde el socialismo desde abajo debilita la creación política de la Modernidad colonial-moderna, la maquinaria despótica del Estado, para dar paso a una transición que no puede ser sino una República Social y Democratica; nada en principio que desmejore los principios y derechos democráticos de un Estado democrático y social, participativo y protagónico, de derecho y de justicia.
Por tal razón me he opuesto a cualquier idea de “calco y copia” de la doctrina del Estado Socialista de cuño soviético, doctrina sostenida por quienes se hacen portavoces de la burocracia, y por quienes pretenden administrar las pasiones y demandas del movimiento nacional-popular.
Con partidos únicos o hegemónicos, alejados del sentimiento cimarrón de una suerte de cayapa política contra el colono o contra el imperio, alejados de la construcción democrática “desde abajo y por abajo”, de los acuerdos entre múltiples voces de emancipación, no se construye ningún nuevo socialismo.
Con centralismos burocráticos, verticales, impositivos, solo se plantean reminiscencias de la espada y a la cruz, del látigo y la evangelización forzada. Las palabras de todo discurso colonial, sea de derecha o de izquierda (ambos criados de la Modernidad política) son símbolos de grillos, cadenas, yugos, hachas, cuchillos, azotes y vergas de hierro, todos instrumentos de martirio y sujeción en el mundo colonial. Discursos intelectuales y morales geo-históricamente limitados para animar una revuelta, una contestación, una revolución permanente que supere el racismo, la discriminación y el colonialismo oculto de las emancipaciones del siglo XX.
Simón Rodríguez reconocía los entre-lugares del un nuevo pensamiento de la emancipación: no hay que “copiar modelos”, necesario es comprender las voces de la emancipaciones singulares, en el cruce muchas veces tensionado de las matrices simbólicas de los mundos nacional-populares.
“Las costumbres que forma una Educación Social producen una autoridad pública no una autoridad personal; una autoridad sostenida por la voluntad de todos, no la Voluntad de uno solo, convertida en Autoridad o de otro modo, la autoridad se forma en la educación porque educar es crear voluntades. Se desarrolla en las costumbres que son efectos necesarios de la educación y vuelve a la educación por la tendencia de los efectos a reproducir la autoridad. Es una circulación del espíritu de Unión entre socios, como lo es la de la sangre en el cuerpo de cada individuo asociado pero la circulación empieza por la vida” (Obras Completas de Simón Rodríguez, Tomo I, 1975, pág. 383)
¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y Gobierno. Y originales los medios de fundar otras. O inventamos o erramos”.
Napoleón quería gobernar al género humano, Bolívar quería que se gobernara por si, y Yo quiero que aprendan a gobernarse.” (Simón Rodríguez-Sociedades Americanas)
¿Cómo quería Simón Rodríguez que el pueblo aprendiera a gobernarse? En la Educación Republicana. Dar movimiento a las “ideas sociales” (Simón Rodríguez), ir más allá de los manuales de “marxismo-leninismo ortodoxo”, más allá del colonialismo intelectual, para comprender que no se trata de viejas distinciones entre “socialismo utópico” y “socialismo científico”, sino entre tal vez entre “socialismo burocrático-autoritario” y “socialismo democratico y libertario”.
“Dénseme los muchachos pobres”, decía Simón Rodríguez, y verán “que es un hombre que conoce sus derechos cumpliendo con sus deberes, sin que sea menester forzarlo o engañarlo”. Una pedagogía de la liberación que no manipula, engaña o trata de forzar los espíritus.
Romper con siglos de dominación cultural es mucho más complejo que masticar las citas de las manuales marxista-leninistas, como si fueran inventos propios, con contrabandos ideológicos. El autogobierno popular en una república social y democrática, necesariamente pluri-cultural por la condición singular de nuestra indianidad y cimarronaje constitutivo, un autogobierno comunal y popular mucho más fecundo que la construcción de un Estado Despótico-Burocrático que explote, oprima y enajene políticamente a la multitud popular en nombre de las banderas de Marx y Engels. ¡Basta de estupideces! Es imprescindible comprender las fuerzas geo-culturales de Nuestra América.
Aimé Cesaire nos ha planteado, desde el Caribe negro, como sujeto en proceso de descolonización, el desprendernos del reduccionismo y el falso universalismo europeo. Desde allí, el sujeto nacional-popular será también indo-afro-mestizo, no un “proletariado” de “calco y copia”, un “proletariado de carabelas”. También sabemos, que el nuevo proyecto histórico no puede encallar, en un particularismo estrecho, que es funcional a la domesticación imperial (como lo demostró el uso del integrismo islámico por parte de Reagan y los neocons), pero menos la farsa del universalismo abstracto de una totalidad cerrada, producto de una voz geo-histórica específica llamada Modernidad occidental. Pluriverso y descolonización, premisas geo-culturales para abordar la pertinencia del “Socialismo del siglo XXI”.
No hay nuevo socialismo sin crítica radical al colonialismo material, intelectual y moral, a sus redes imaginarias y simbólicas. Si no queremos reproducir la moral compulsiva, la voz de los amos, y la espiritualidad de los conquistadores, desprendámonos de catequizar a las multitudes desde arriba, con una propaganda alienante y calcada de las técnicas de manipulación del estalinismo, comencemos a dialogar críticamente desde abajo y desde las singularidades nuestro-americanas, no por culto fascistoide a la “tierra y a la sangre”, sino para desarmar el jeroglífico de la dominación político-cultural profundamente arraigado, sedimentado por siglos de hegemonía ideológica colonial, liberal-criolla y, en gran parte, por una izquierda colonial.
El nuevo socialismo pasará a construirse desde múltiples voces, desde múltiples cuerpos y pasiones, desde múltiples singularidades históricas y culturales. Allí comprenderemos las razones por las cuales la mayor parte de las zonas de valor biológico del planeta, de gran biodiversidad, coinciden con la presencia de pueblos indígenas y cumbes que resisten desde la autoafirmación de las memorias africanas o desde la lucha contra la discriminación, el racismo y la negación cultural.
Si de verdad se lucha por un mundo multipolar, entonces no perdamos de vista que el camino hacia la consecución de este fin es un mundo sin colonialismo, sin discriminación y sin racismo, en fin, muchos mundos basados en el diálogo pluri-cultural e intercultural.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿TIENE RAZON DIETERICH?

Javier Biardeau R.
Llama la atención la descalificación superficial que se realiza a algunos de los planteamientos y escenarios que construye el científico social mexicano-alemán Heinz Dieterich sobre el proceso político latinoamericano, y sobre el venezolano en particular. Más allá de diferencias y matices, de desencuentros y distanciamientos con tesis, ideas o planteamientos de Dieterich, éste ha venido advirtiendo en sus análisis situacionales y de coyuntura, algunas de los riesgos, amenazas y obstáculos que configuran una auténtica encrucijada crítica para la revolución bolivariana.
Dieterich ha estado analizando la contraofensiva oligárquica-imperial contra los gobiernos desarrollistas latinoamericanos desde el año 2007 hasta la actualidad. Así mismo, diversos intelectuales reconocidos por su compromiso con una política socialista, como el argentino Claudio Katz, han analizado en profundidad los dilemas que afrontan los gobiernos nacionalistas radicales de Sudamérica. Katz ha afirmado sin ambigüedades como el antecedente de Salvador Allende recuerda que las fuerzas de la derecha, de la reacción o de la restauración demo-liberal, siempre tienen en su carpeta, en sus “hoja de ruta, el escenario de un golpe, el inducir desestabilización y crear condiciones para la crisis políticas, avalando intervenciones extranjeras e incluso magnicidios.
Honduras es el mejor ejemplo de un plan de “democracia escarmentada”. Al atreverse a invocar un proceso popular constituyente, bajo parámetros electorales, de inmediato el pentagonismo y sus tentáculos políticos hemisféricos intervinieron, apoyando y avalando el golpe militar, bajo la tesis de la “sucesión constitucional forzada”. Son las fuerzas del capital las que aún mantienen el dominio de las economías en Latinoamérica y el Caribe, incluidas Venezuela, Bolivia y Ecuador. Katz plantea: si no se avanza en la construcción del poder popular y la democracia socialista, reaparece el fantasma de la contra-revolución como sucedió en la experiencia chilena.
La revolución mexicana iniciada en 1910 ilustró cómo puede gestarse nuevas fracciones de clase capitalistas desde la cúspide del estado (¿Dijo usted franquicia boliburguesa?). La repetición de este precedente, para Katz, es el principal peligro que afrontan los nuevos gobiernos nacionalistas, populares y radicales. Contrastando experiencias históricas, plantea Katz que el nacionalismo militar no puede desenvolver por sí mismo un proceso de emancipación. Que la iniciativa y el poder popular son imprescindibles.
La experiencia de la Unidad Popular chilena demuestra que es posible que fuerzas aparentemente democráticas (radicales, socialcristianas o liberales) se inclinen a apoyar en momentos cruciales una alternativa que ahogue con sangre si es preciso, cualquier ensayo de transformación socialista, democrática y revolucionaria. El Pentágono, el Departamento de Estado, la Casa Blanca y sus socios oligárquicos locales han recurrido repetidamente a la ferocidad fascista, para doblegar a los gobiernos que afectan los intereses del Imperio. También la experiencia de Indonesia en los años 60 muestra como la intervención imperial es capaz de avalar un genocidio, bajo el pretexto de luchar contra el avance del “comunismo”.
Suharto y Pinochet concentran un modelo clásico de contrarrevolución fascista que la derecha siempre tiene en su agenda para contener cualquier avance de las fuerzas de izquierda revolucionaria en la periferia del sistema capitalista. Como han dicho los análisis clásicos, la ferocidad de la contra-revolución depende de la profundidad de las demandas populares, de sus prácticas y de las políticas de los gobiernos progresistas.
Actualmente se ensayan golpes preventivos para desplazar a gobiernos reformistas antes de que se radicalicen, sin la intención de reimplantar dictaduras clásicas de mediano plazo. Se busca así una restauración conservadora bajo un aparente respeto del marco constitucional. El ensayo hondureño es una prueba crucial para el imperialismo norteamericano con el fin de calibrar las respuestas de los gobiernos y pueblos del continente latinoamericano, y para determinar las condiciones que permiten sostener a un generalato reaccionario como factor de estabilidad política e institucional. A través de diversas fachadas constitucionales, ejercen variaciones más abiertas o veladas de terrorismo de estado (Colombia-Uribe) o de represión salvaje.
Pero Katz apunta a un asunto medular: ¿Cuáles son las debilidades y los obstáculos que interponen las propias fuerzas sociales y políticas revolucionarias para gestionar la viabilidad de un tránsito hacia el socialismo? Los errores de los actores, movimientos y fuerzas del propio campo revolucionario son parte del tablero estratégico. Llegar al gobierno a través del voto no equivale a ejercer el poder social. El manejo de la gestión administrativa del estado no otorga el control ni de los resortes de la economía ni de otros recursos estratégicos de poder que detentan los capitalistas. Es conocido que uno de los aspectos trágicos del Gobierno de Allende fue su confianza excesiva sobre el compromiso constitucional de los sectores militares. Chávez rememora este precedente y recurre a su propia experiencia en el ejército para afirmar que “la revolución bolivariana es pacífica, pero no desarmada”.
Sin embargo, en la próxima reunión del Consejo de Seguridad de UNASUR, quedara patentemente explícito hasta que punto giro hacia la izquierda por procesos electorales, puede contener las estrategias del pentágono sobre América Latina y el Caribe. Y cada día más se viene afinando la estrategia pentagonista sobre las fuerzas armadas del continente latinoamericano. Al control capilar de las Fuerzas Armadas le sigue el control capital de la dirección de los aparatos judiciales y de los tribunales constitucionales, así como de los espacios de poder parlamentarios. En este triángulo institucional se fraguó el golpe cívico-militar en Honduras, monitoreado desde el Pentágono.
Por tanto, sin la edificación de un vasto movimiento del poder popular extra-parlamentario, el tránsito hacia el reformas democratizadoras, para no hablar ni siquiera del socialismo democrático, permanece bloqueado en la práctica, y cualquier ensayo unilateral por una vía exclusivamente parlamentaria, genera leyes sin fuerza popular efectiva. Desmovilizar el poder popular y radicalizar la retórica de una agenda legislativa, son movimientos erráticos si no se llenan de fuerza popular, de multitud, pues ningún socialismo se construye por decreto, o colocando a la legalidad emergente por delante de la acumulación de fuerzas reales del pueblo.
Eso constituye una ceguera parlamentarista de cualquier “revolución desde arriba”. Parlamento sin movimiento popular extra-parlamentario, sin una autentica acumulación de fuerzas, sin un proceso de ascenso revolucionario, se convierte en un boomerang que retroalimenta de manera positiva un clima de reflujo revolucionario. Y esto es lo que esta ocurriendo precisamente en Venezuela, así la dirigencia revolucionario lo quiera ver o analizar. En Venezuela hay estancamiento político del poder popular, y cualquier avance desde esta condición es una decisión temeraria. Pero hay otros problemas.
Si se sigue ocultando que existe una “Boli-burguesía”, es decir sectores que han aprovechado el boom petrolero de los últimos años para enriquecerse, no podrá entenderse la encrucijada crítica de la revolución bolivariana: sus actores, movimientos y fuerzas.. No es posible compatibilizar en medio de un estridente discurso de radicalización revolucionaria de Chávez, el estancamiento de los programas sociales y de políticas redistributivas con las super-ganancias de banqueros que lucran con la intermediación de títulos públicos, con contratistas que obtienen jugosas licitaciones, con importadores que aprovechan la fiebre de consumo ostentoso, con empresarios que no invierten pero especulan, generando un círculo vicioso de baja oferta y alta inflación. No es posible hablar de socialismo en medio de prebendas, privilegios y meteóricos patrimonios de altos funcionarios del Estado. Y esa acumulación voraz ha generado sus propias fracciones de clase, sus grupos económicos y sus personeros políticos. Y se presentan como “rojo, rojitos”.
Katz ha dicho que la expansión de las nacionalizaciones que caracteriza al proceso bolivariano -no solo en el área petrolera, sino también en telefonía, electricidad o agua- así como la anulación de la autonomía del Banco Central podrían llegar a ser funcionales a este proceso de reorganización de la acumulación de fracciones capitalistas. Cómo se demostró en la era del PRI mexicano, las estatizaciones pueden ser orientadas al servicio de clanes poderosos. Cuándo un gobierno apoyado por las masas refuerza a nuevos grupos empresariales, deja de expresar los intereses de los movimientos sociales y populares. Simplemente convalida una variante del capitalismo, que el científico social argentino Atilio Boron ha analizado crudamente en su trabajo: “Duro de matar: el mito del desarrollo capitalista nacional en la actual coyuntura política latinoamericana (http://www.ejournal.unam.mx/pde/pde151/PDE151000410.pdf)
En un esquema que refuerza el rentismo, el patrimonialismo y las prebendas, los ingresos por exportación de hidrocarburos tendería a financiar la acumulación y no una profunda reforma agraria, los aumentos de salarios reales o las mejoras en las condiciones sociales. Los proyectos de capitalismo de estado están a la orden del día, y puede arrastrar a una verdadera oleada de frustración popular. Sin claridad alguna sobre la reinvención de un proyecto socialista, democrático y revolucionario, la presión dominante es un nuevo ensayo de capitalismo regulado, maquillado por un costoso aparato propagandístico de “socialismo bolivariano del siglo XXI”. Esto genera descontento, desconcierto y desencanto (las 3D de la derrota). Pero la realidad termina revelándose en los altos costos de la canasta alimentaria, en el deterioro de servicios de salud y educación, en la inseguridad, en los problemas de vivienda y subempleo para los sectores populares. No hay maquillaje posible ni cuerpo que lo resista. Hay que analizar la cruda realidad del estancamiento y el reflujo revolucionario en Venezuela.
Katz ha apuntado desde hace ya varios años que los proyectos de capitalismo de estado actual nutren la tendencia neo-desarrollista, que emergió en América Latina como resultado de la crisis neoliberal. Este giro es propiciado por los sectores de la burguesía que han tomado distancia de la ortodoxia monetarista, luego de un período de fuerte concurrencia extra-regional, desnacionalización del aparato productivo y pérdida de la competitividad internacional. Manteniendo aceitados vínculos con el capital financiero, promueven cursos más industrialistas para favorecer el desarrollo de las nuevas transnacionales “Multilatinas” (como Slim, Odebrecht, Techint). Estas compañías lucraron con las privatizaciones, pero ahora priorizan los negocios industriales y jerarquizan el mercado regional. Algunos teóricos de izquierda aprueban el rumbo neo-desarrollista, presentándolo como un paso intermedio al socialismo. Pero olvidan que la estabilización de ese curso bloqueará cualquier evolución anticapitalista. El etapismo implícito genera una extraña mezcla de capitalismo de estado aliado a nuevos grupos económicos de poder. Una historia nada novedosa que rememora al Carlos Andrés Pérez de la Gran Venezuela, pero ahora bajo una retórica neo-socialista. Este cuadro dista mucho de los discursos del Presidente Chávez. Pero, ¿hasta que punto se distancia de aspectos de la realidad nacional?
El problema crucial es que en la actual coyuntura de los años 2009-2010 parecen articularse de manera extremadamente complicada variables críticas de orden nacional e internacional para las experiencias neo-desarrollistas o nacionalistas populares en América Latina. La ilusión-Obama encubre una reorganización imperial-pentagonista que comienza a sorprender a quienes presumen que los gobiernos demócratas son benevolentes con las reformas radicales en América Latina. Ha llegado la hora de bajarse de las nubes.
La evolución política, no solo es un fenómeno complejo en fases de relativo equilibrio dinámico, sino que puede tornarse extremadamente turbulenta, caótica y hasta catastrófica en situaciones de inestabilidad y crisis. En estas condiciones, las decisiones y la praxis política son determinantes. Sin analizar la correlación de poder entre las fuerzas imperial-oligárquicas latinoamericanas, los gobiernos desarrollistas y los nacionalistas populares de izquierda, no se entenderá el carácter de la encrucijada crítica para toda la región.
Dieterich pronostica que el epicentro del conflicto por la hegemonía latinoamericana será Venezuela, con frentes secundarios en Centroamérica (El Salvador, Honduras, Nicaragua), y que la posibilidad de que el Bolivarianismo venezolano se debilite seriamente, incluso con probabilidad de perder espacios de poder en el año 2010, es muy real.
No hay que subestimar sus observaciones pues tienen cierto fundamento. Descalificar a Dieterich, a Katz, o a Boron es una estupidez y demuestra ceguera estratégica. Pero Dieterich también se ha equivocado. Dijo, por ejemplo que el golpe militar en Honduras no tenía mayores perspectivas de consolidarse. Y sin embargo, allí aparece la maniobra Pentagonista y del Departamento de Estado, de darle un oxigeno electoral, que coloca en un dilema a las fuerzas populares hondureñas. Dieterich se equivoca y el desenlace más probable no es que las fuerzas golpistas corran el destino del golpe separatista de Bolivia, sino que logren organizar un fraudulento proceso electoral. Por tal razón, hasta ahora la tendencia es que EE.UU controla la situación política, así como los posibles escenarios de crisis en Honduras.
Pero lo que no está claro aún es si Dieterich se equivoca sobre los futuribles de Venezuela. Dieterich habla de creciente disfuncionalidad del modelo de gobierno con tres déficits estructurales: el económico, el político y el discursivo. Para Dieterich, el problema principal en lo económico es la inflación que hará crisis antes de las elecciones del 2010. Sin embargo, este es uno de los aspectos del problema, si no se observa el subempleo, la caída del ingreso real, el deterioro de las Misiones, y la más terrible de las convergencias en el plano ideológico: el descontento, el desencanto y el desconcierto.
En opinión de Dieterich, Venezuela experimenta una política económica desintegrada, con ensayos populistas (“comunas”) que tienen tanto que ver con el “Socialismo del Siglo XXI”, como los animal spirits de Keynes con los dogmas racionalistas de los neoclásicos. Malos pronósticos para Venezuela, según Dieterich. Un modo de caracterización que no podría ser compartido por el Ministerio del Poder Popular para las Comunas. Aquí Dieterich muestra cierto desprecio por la experiencia popular de base. Esto es comprensible, si se parte de la premisa de que Dieterich cree saber cómo es el modelo del socialismo del siglo XXI, pues el ha sido un activo participante de su invención. Se trata en parte de defender su “narrativa de marca”, pero el asunto de los modelos de socialismo es mucho más diverso y complejo que una solución a la carta.
Así mismo, Dieterich ha analizado la declaración del vocero del Departamento de Estado, P.J. Crowley, de que la lección del golpe militar para Manuel Zelaya es que debe alejarse del “liderazgo actual en Venezuela”, y que ”los países de la región” deben seguir un gobierno modelo y un líder modelo” que no sea Chávez. También ha analizado la revelación del fiscal militar del ejército hondureño, Coronel Herberth Bayardo Inestroza, de que la decisión del coup d´etat se tomó por la integración de Honduras al eje bolivariano, y el abierto apoyo de Washington a los putschistas, con ayuda de la Unión Europea, manifiestan la decidida voluntad del establishment estadounidense, de re-establecer las reglas monroeistas de dominación en su “patio trasero”. El Imperio quiere acabar con el interregno bolivariano durante el 2009-12, “enterrando” la presidencia de Hugo Chávez.
También Dieterich ha alertado sobre la militarización del planeta por Washington muestra que el imperialismo sí sabe diferenciar entre el poder real y los poderes fantasiosos. Las enormes bases militares permanentes en Irak y Afganistán, para dominar el Medio Oriente y Asia Central, tienen su equivalente funcional latinoamericano en Centroamérica y Colombia. Venezuela queda prácticamente cercada. Para Dieterich, se trata de la misma silenciosa preparación logística ofensiva para dar el jaque mate que llevó a cabo el criminal Ronald Reagan para destruir a la Revolución Sandinista. Es decir, las bases o CSL en Colombia confirman nuevas jugadas en el tablero estratégico regional. ¿Estarán mirando los actores el mismo tablero? Hay que tomar en serio en este punto a Dieterich.
También ha alertado acerca de la ceguera de la alta dirección revolucionaria del Bolivarianismo. Dice: “Ningún servicio de inteligencia, ningún Ministerio de Relaciones Exteriores, ningún centro de investigación académico estaba al tanto. En diez años de Bolivarianismo no se ha creado ni un solo Centro de Investigación en América Latina capaz de detectar la penetración enemiga, para abortarla, pese a que el dinero abunda. ¿Cómo se pretende, con esta ceguera estratégica y táctica, defenderse de la potencia más poderosa del mundo?”
Hay cegueras mutuas. Ni el gobierno bolivariano acierta ni Dieterich tampoco. Lo cierto es que no hay simetría de información entre el imperio, sus planes de cerco y aniquilamiento y las capacidades de la alta dirección estratégica de la revolución bolivariana. Pero hay muchos flancos débiles, frentes de batalla innecesarios y campos minados no detectados. Tal vez, la experticia de un tanquista, como Chávez, debe buscar apoyo en otras habilidades, experticias y competencias no solo de otros roles o ramas militares, sino del propio mundo popular y de los trabajadores intelectuales. Sin organizaciones, equipos y múltiples contribuciones críticas será difícil atender una coyuntura compleja, conflictiva y cargada de incertidumbres. Pues la variable fundamental, incluso de una hipótesis de guerra de resistencia, sigue siendo la articulación de una multitud popular organizada y movilizada, dirigida desde un frente único revolucionario que sea capaz de no perder la batalla moral y material.
Dieterich enumera las amenazas a la revolución bolivariana: deterioro de la posición presidencial internacional; avance militar uribista-yanqui; inflación incontrolable y política económica disfuncional; bloque opositor electoral con alrededor del 40% de la población; poderosos medios de manipulación de la derecha; agotamiento del discurso bolivariano, ético y del Socialismo del Siglo XXI, y una retórica de amenazas a la cual no siguen acciones (Globovisión); alejamiento de los intelectuales y cuadros críticos; todo esto genera condiciones idóneas para facciones opositoras dentro de las Fuerzas Armadas. ¿Como transformar estas amenazas en oportunidades?
Si se sigue perdiendo la oportunidad abierta por la real asunción de las llamadas tres R: revisión, rectificación y reimpulso, agregándole desde mi modesto punto de vista, una cuarta R: la renovación del proyecto socialista y del discurso de la revolución democrática, será muy difícil superar la parálisis estratégica de la dirección política del PSUV y de cuadros de la alta dirección del Estado, incluido un Chávez que luce perdiendo reflejos para sintonizarse con las demandas, aspiraciones y luchas populares cotidianas.
Incluso Dieterich sobrestima las capacidades y recursos de los campos que se enfrentaran en septiembre en la próxima reunión de UNASUR. No hay dos ejércitos, el imperial-colonialista y el patriótico-libertador, pues en realidad no hay ningún ejército patriótico-liberador efectivo en América Latina, y esto lo sabe con precisión Washington. El pentágono se encarga precisamente del análisis de la correlación del poder militar en el mundo, y cuando lean a Dieterich, soltrarán alguna que otra carcajada.
Lo que existe efectivamente es la posibilidad de acumular fuerzas de resistencia nacional-popular para confrontar la tendencia de recuperación de la gobernabilidad imperial sobre América Latina, saliendo de la narcosis electoral en la visión de los pueblos del continente. Hay que ir más allá de ganar elecciones. Los gobiernos de centro-izquierda no quieren pleitos con Washington, y siguen la senda del capitalismo regulado. Los nacionalismos populares antiimperialistas no controlan efectivamente la totalidad de sus fuerzas armadas, y saben que no son orgánicamente antiimperialistas. Solo la organización de fuerzas nacional-populares puede equilibrar las correlaciones de fuerzas.
Si nadie prende las alarmas a tiempo, si se mantiene el entumecimiento de la estrategia revolucionaria innovadora, lo que habrá es un nueva ciclo de resistencia popular, similar a las luchas contra el neoliberalismo, o contra las dictaduras de seguridad nacional, desde una posición de desventaja estratégica inicial, pero que puede favorecer un nuevo ascenso revolucionario. Si no es así, la estrategia tentacular del pentágono de apoderará de los espacios de poder claves para contener la llamada “marea rosa” en América Latina.
Finalmente, llama poderosamente la atención lo planteado por Dieterich, una suerte de “solución Suharto” para Venezuela, que no aparece en el foco de percepción de la alta dirección estratégica de la revolución. Sobre la confección de largas listas por parte de NSA, la CIA y el Pentágono con decenas de miles de bolivarianos que aparecen como objetivos si regresa al poder la oposición hay absoluto silencio. Habrá que recordarle a muchos dirigentes bolivarianos como Suharto en Indonesia dio un golpe de estado con el apoyo de la CIA, seguido de una represión que asesinó entre medio millón y un millón de militantes comunistas, en lo que se convirtió en uno de los más grandes genocidios del siglo XX.
Un genocidio invisible para las estructuras mediáticas imperiales, por cierto, que lo revisten de una suerte de aura civilizadora. También las fuerzas de izquierda, lideradas por el maoista PC indonesio (PKI), consideraban al Estado como "semi-burgués y semi-proletario", y se alineará totalmente detrás del nacionalismo burgués de Sukarno, a quien incluyó en sus estatutos partidarios como fuente de enseñanzas, a la par con el ‘marxismo-leninismo’ (o lo que Mao entendía por tal). Una política de colaboración de clases, de acuerdo con la cual se debía "supeditar los intereses de clase a los intereses nacionales" implicaba para el PKI distraer al campesinado que se levantaba contra los terratenientes; implicaba llamar a "elevar la eficiencia y la productividad" de los mismos obreros que ocupaban las empresas nacionalizadas. La llamada etapa de liberación nacional se convirtió en el anzuelo, que impidió ejercitar la revolución ininterrumpida. El ala derecha del gobernante Partido Nacional veía con pavor el crecimiento de la influencia revolucionaria, ciertamente. Y un fallido golpe “progresista” contra el Ejército y el ala derecha del Partido Nacional (Suharto), generó una respuesta anti-insurgente. Las fuerzas armadas activan una feroz oleada anti-comunista que azotará Indonesia.
La tragedia de Indonesia es que la confección de las listas de los blancos a ser aniquilados había utilizado como fuente, a los propios registros de militantes del propio Partido Comunista de Indonesia. Unas misteriosas manos habían puesto a la disposición del Imperio, una vasta “lista de blancos a ser neutralizados”. Lo mismo ocurrió en el Chile de Allende, en la UP Colombiana, y en casi la totalidad de organizaciones revolucionarias de izquierda del mundo que fueron diezmadas por las llamadas dictaduras de seguridad nacional. La ilusión-Obama impide ver el monstruo-Pentágono. Por tanto, no es momento para ilusionismos, la realidad esta allí y se llama el Imperio. Un extraño “principio de realidad” pretende imponerse al mundo entero, y se llama “sumisión a Washington”.

jueves, 4 de junio de 2009

EL COLONIALISMO ES EL TOTALITARISMO

Javier Biardeau R.

Ciertamente, no hay nada original en las experiencias totalitaria, fascistas o estalinistas, que no hubiese sido implementado ya por el colonialismo contra los pueblos no europeos.
Aun así, existe una intelectualidad tradicional que defiende los valores superiores y permanentes de la modernidad liberal, siendo ciega, sorda y muda frente al racismo y la negación cultural de la “modernización”, el “desarrollo” y la “asimilación cultural”.
También existe una intelectualidad de izquierda deudora de una mentalidad colonial euro-céntrica, que somete el imaginario emancipador a la plantilla conceptual de los saberes teórico-prácticos de las luchas europeas, marcada por una narrativa de trasfondo, el tránsito evolutivo desde el salvajismo y la barbarie, hasta la civilización.
No hemos analizado a fondo como esa filosofía de la historia sigue marcando la falacia desarrollista presente en algunas formulaciones del “Socialismo del siglo XXI”. No basta una crítica posmoderna, es preciso avanzar a una crítica descolonizadora.
Colonialismo, productivismo y consumismo van de la mano en la falacia desarrollista. Construir un “modelo productivo socialista” para satisfacer las “necesidades inducidas” por el troquelado de la mercadeo y la publicidad capitalista es un contrasentido. Sin socavar la “lógica de las necesidades” que opera en los ideólogos del socialismo del siglo XXI no habrá revolución alguna. Lo que se configurará es la reproducción ampliada del modelo de la ideología-cultura del consumismo.
El mundo de vida cotidiana nos habla del patrón de necesidades y aspiraciones de la tecno-burocracia bolivariana: tener más, alcanzar el status de la burguesía tradicional y un estilo consumista-derrochador. Genera perplejidad observar multimillonarios vehículos de altos funcionarios que tienen el cinismo de colocar en sus vidrios, gigantescas calcomanías que dicen “Patria, socialismo o muerte. Venceremos”. De allí uno explica el descontento, el desconcierto y el desencanto de las bases sociales de la revolución. Ese no es el camino de transición al socialismo. de este modo, el capitalismo de estado se vuelve mafioso y arrogante.
En terminos generales, hoy sabemos lo que podemos esperar de la tesis unilateral del “desarrollo de las fuerzas productivas”, si no observamos las graves implicaciones del dominio de la racionalidad burocrático-instrumental. Socialismo no es emular lo peor del capitalismo. Socialismo implica una revolución cultural descolonizadora.
Por otra parte, tampoco olvidemos los emblemas civilizatorios de “libertad, igualdad y fraternidad”. Así como la “carta de derechos del hombre y del ciudadano”, fue una conquista del universalismo abstracto que marco el despligue de los dispositivos del derecho liberal moderno, poco se habla de esta dimensión como procedimiento que encubre y legitima el racismo, así como la arrogancia del proyecto imperial euronorteamericano.
Racismo, sexismo y etnocentrismo se anudan estrechamente a la explotación clasista. El referente y destinatario de tales discursos es el “hombre europeo, blanco, propietario y heterosexual”. Lo que Marx llamo, la “burguesía moderna europea”.
Habría que aprender de Aimé Cesaire y Frantz Fanon a descolonizar el propio imaginario socialista, comprender la crisis del humanismo europeo, de su principio de razón suficiente, el mito del heleno-centrismo, un proyecto civilizatorio que ha deshecho principios, valores e ideales a través de su hipocresía, cinismo, arrogancia y mentiras frente a la situación colonial, frente a la problemática del proletariado interno y externo.
Europa y occidente muestran una cruda incapacidad para comprender y encarnar el respeto a la dignidad humana, en tanto que dignidad de una humanidad culturalmente diversa, en tanto diálogo simétrico de civilizaciones, culturas y naciones. En este contexto, el llamado “progresismo” de la izquierda occidental también debe mirarse con pinzas.
La ceguera a la opresión, el racismo y la alienación cultural sigue siendo parte de las relaciones entre el Norte y el Sur. No basta el reduccionismo de clase, ni ningún doctrinarismo marxista. El trabajo alienado a la cosificación economicista, la depredación ecológica y la polarización norte sur siguen marcando la trayectoria civilizatoria dominante.
Entonces, hay que liberar a Marx y a los marxismos históricos del eurocentrismo y del desarrollismo. La falacia desarrollista se sustenta en la creencia en la superioridad unilateral de Europa, en que las trayectorias del cambio tienen que seguir el curso de la “modernización refleja”, pues este Progreso con mayúsculas es el único posible y el único deseable. Hay que comprender también, lo que del imaginario socialista es producto de un eurocentrismo excluyente.
Cesaire nos plantea desprendernos del reduccionismo europeo. Desde allí, el sujeto popular será también indo-afro-mestizo, y no solo un “proletariado” de “calco y copia” europeo. El proyecto a alcanzar no puede encallar ni en el particularismo estrecho ni en el universalismo imperial, se trata de construir vías para el “pluriverso radical descolonizador”, como premisa de problematización del “socialismo del siglo XXI”. Pluriverso significa reconocimiento y asunción de diferencias para la fecundación e intercomprensión de multiples mundos de vida.
Mientras la tecno-burocracia revolucionaria aspira a alcanzar el nivel de vida, consumo y ostentación de la burguesía compradora, es preciso proyectar el despliegue de experiencias de empoderamiento popular para otro desarrollo humano. Ante la patética conducta de imitación servil a la psicología social del colonizador de unos, hay que afirmar el depliegue del poder popular constituyente.
Sabemos que el socialismo burocrático del siglo XX encierra una pretensión de universalidad, de autoritarismo epistémico, de racismo que encubre el provincialismo de sus estructuras de conocimiento, sensibilidad, estética y afectividad. Los "intelectuales revolucionarios" aliados a la tecnoburocracia de estado se parecen en muchos casos a los evangelizadores europeos.
Por tanto, se requiere de una contra-hegemonía cultural liberadora, no de la hegemonía ideológica, comunicacional o epistémica calcadas de prácticas euro-centradas, desarrollista y manipuladoras.
Hay que descolonizar no solo a Marx y a Gramsci, sino a los “marxistas” y “gramscianos”. Quizas comprender más a Simón Rodríguez, a Tupac Katari, a Cesaire, a Mariategui y a Fanon. La descolonización del socialismo del siglo XXI es un reto pendiente. No basta disfrazarse de rojo rojitos. Podría ser una degradada muestra de “piel negra y máscara roja”.
Aunque el socialismo puede ser presentado como espectáculo, mascarada, como impostura, como existencia in-auténtica, hay que luchar por otras experiencias, formas y contenidos del nuevo socialismo. Existen múltiples maneras de estar y darle sentido a lugares, mundos y experiencias, para construir subjetividades desde la diferencia reconocida. Más allá del mundo occidental, hay policronías y polifonías de enunciación, hay nuevos territorios existenciales. Un socialismo de policronias y polifonias debe contrastar con el socialismo gris y monológico de la burocracia del siglo XX.
Socialismo no es burocracia sin fin, no cae del cielo ni brota de los infiernos del colonialismo, es además de democracia sin fin, aquel mundo donde caben múltiples mundos.
Sabemos entonces, que el totalitarismo tiene una genealogía distinta a la que nos pintan algunos malos lectores de Hanna Arendt. Comienza en el colonialismo.

sábado, 11 de octubre de 2008

EL COLONIALISMO EURONORTEAMERICANO TIENE UNA DEUDA CON LOS PUEBLOS DEL MUNDO

Pachamama

Javier Biardeau R.

Basta leer la “Declaración de los hijos de la Tierra” del 13 de Mayo 2008 para reimpulsar el debate sobre la descolonización y la decolonialidad del poder, el saber y los conocimientos. De este proceso de descolonización de los horizontes mentales no queda exento el pensamiento socialista, sobre todo el impulsado por las variantes burocrático-despóticas del marxismo, quién ha sido cómplice de la negación cultural y del silenciamiento de la inter-culturalidad. El Socialismo indoamericano de Mariategui se enfrentó al terrible dilema de considerar la explotación económica o la negación-discriminación étnico-racial, y su salida fue romper la disyunción, construyendo y de-construyendo a la vez el imaginario occidentalista del marxismo europeo, camino que quedo inconcluso. Sin embargo, reconoció que la comunalidad es la base moral de nuestro socialismo, y que los pueblos originarios enseñan a través de sus cosmovisiones formas de relación social y de vida espiritual que superan en múltiples aspectos a las tradiciones colonial-modernas que los criollos asumieron como cultura hegemónica.

Ciertamente en el siglo XV las grandes civilizaciones del Tawantinsuyo, Mayas, Mapuches y otras del Abya Yala, fueron cortadas y dislocadas violentamente en sus modalidades de desarrollo histórico autónomo, por los ejércitos feudales de Castilla, imponiendo el genocidio, etnocidio, fanatismo católico y destrucción de la madre tierra a través de la colonización y evangelización forzada. Esta verdad histórica, por supuesto, no es la verdad de los colonizadores, sino que emerge del proceso de decolonialidad del saber. La destrucción ambiental, social, cultural y hasta espiritual, sigue pendiente para los pueblos originarios, y no ha sido reparada. Es clave reconocer que no ha existido “justicia intercultural”, pues se mantienen los prejuicios coloniales y el racismo en las relaciones Norte/Sur. No hay nada que celebrar el llamado 12 de Octubre, y si mucho que rememorar en las historias no oficiales. Hay demasiado que autodescubrir en lo que bajo eufemismos llamamos “encuentro”. La resistencia e insurgencia contra-hegemónica de los pueblos y culturas negadas es parte de una de-construcción del imaginario occidentalista del Socialismo, con sus prejuicios productivistas, su evolucionismo, su racionalidad burocrático-instrumental y su liquidación de las identidades ético-raciales, en su aproximación a las complejas clasificaciones sociales de la heterogeneidad estructural, social y cultural de nuestros territorios. La superposición de sistemas heterogéneos de dominación, desigualdad y exclusión social marcan las luchas de los pueblos originarios de Abya-Yala.


Seis siglos después, la actitud colonial y endo-colonial no ha terminado. La declaración de los hijos de la tierra denuncia que “aún la herida de los Pueblos Arawak sometidos como Colonia en la Guyana Francesa, y a través de las negociaciones del AA UE – CAN se pretende volver a reforzar esas viejas cadenas, bajo el comando de las Corporaciones Transnacionales y sus intereses de profundizar su enriquecimiento a través de sus negocios en la minería, petróleo, madereras, agro-combustibles, turismo, pesca, bioprospección y hasta de los servicios públicos y financieros.” También afirma que la “modernidad capitalista” nos ha llevado como humanidad diversa al límite. La dictadura global de las transnacionales (privadas o estatales) avalada por sus estados centrales, ha impuesto la mercantilización de toda forma de vida y el consumismo desenfrenado y sus adicciones energéticas, tanto de hidrocarburos y ahora de agro-combustibles, que producen en forma combinada, el calentamiento global y ahora la hambruna. Asistimos a una crisis civilizatoria, no simplemente a la “turbulencia financiera” de Wall Strett, y falta muy poco para llegar a los fatídicos dos grados centígrados de calentamiento global donde el suicidio planetario y humano será indetenible. Estamos ante el fracasó de la razón occidental/imperial/colonial de “explotación de la naturaleza” y el mundo necesita aprender que los humanos somos hijos de la tierra, que ella nos cría y nosotros a ella. Sin una etno-eco-antro-política, la humanidad diversa puede perecer. La crisis en la naturaleza va de la mano con la crisis del Estado mono-cultural y uni-nacional, impuesto como modelo para la humanidad, por la misma soberbia eurocéntrica. Las Constituciones políticas de los Estados se han hecho en términos generales sin participación ni protagonismo de los pueblos indígenas originarios ni afro-descendientes. Este orden hegemónico desconoce y se impone a la diversidad de pueblos, culturas, ecosistemas, saberes y espiritualidades del Abya Yala. Es la hora de nuevas alternativas : Estados Pluri Nacionales, pluri-culturales y modelos de Buen-Vivir/ Mejor-Vivir, para incorporar y proteger la inmensa diversidad natural, social y cultural en que habitamos. Sin embargo, para esto, es imprescindible no solo des-dogmatizar el pensamiento crítico “latinoamericano” sino descolonizarlo.

Pues desde el 12 de Octubre, el sistema de Saber y conocimientos traduce el sistema de poder no solo político sino cultural. Es tiempo de imaginar nuevos tiempos, para romper con la huella colonial.

miércoles, 25 de junio de 2008

DIRECTIVA DE RETORNO: NEOCOLONIALISMO Y EUROCENTRISMO DEL SIGLO XXI


Javier Biardeau R.
Lo que aparenta ser una política contra la “inmigración ilegal” (“la migración es un delito”) es solo un elemento más, un efecto de superficie, de una agenda político-cultural neoconservadora, racista, clasista y neo-colonial, que pone sobre la mesa el agotamiento del occidentalismo colonial-moderno, no solo en su ofensiva contra el proletariado externo (utilizando la terminología de Toynbee), sino contra los derechos laborales conquistados en el Estado Social (contra las garantías sociales del proletariado interno); e incluso, bajo el pretexto del “terrorismo”, contra los más elementales derechos humanos. La agenda de derecha en Europa pretende llevar la semana laboral hasta las 78 horas semanales, y plantea nada más y nada menos que encarcelar a los inmigrantes sin papeles durante 18 meses antes de expulsarlos. Plusvalía absoluta y restricción de la libertad de los super-explotados y supernumerarios. ¡La derecha enseña sus dientes! En algunas zonas de Europa, la policía tiene derecho de detener a cualquier persona 42 días sin cargos. En otras, los servicios secretos cuentan con autorización para espiar e invadir en los correos electrónicos sin mandato judicial. Y aún así, la agenda de derecha europea pretende dictaminar quiénes son los gobiernos auténticamente democráticos y quienes no lo son a lo largo y ancho del mundo ¿Arrogancia civilizatoria? El “efecto demostración” euro-céntrico hace mucho que ha muerto, en muchos terrenos. Lo que Lanz ha denominado los “arquetipos” de la Modernidad, su gramática de sentido y significación solo convocan a actores de segunda, en el simulado teatro de la “modernización”, del “progreso” y del “desarrollo”. No olvidemos que el fascismo, el nazismo, y que el colonialismo histórico, son manchones del “espacio de racionalidad” y del “humanismo europeo”, manchones del falso universalismo de la modernidad/colonialidad. El ego cartesiano se funda en el “ego conquistador” (Dussel). La ilustración tiene una contra-cara de despotismo, no solo en las disciplinas, la normalización y la vigilancia (Foucault), sino en la propia opresión colonial (Fanon, Césaire). Fanon decía: “Compañeros, el juego europeo ha terminado definitivamente, hay que encontrar otra cosa […] Hace siglos que Europa ha detenido el progreso de los demás hombres y los ha tenido a sus designios y a su gloria; hace siglos que, en nombre de una pretendida «aventura espiritual» ahoga a casi toda la humanidad. Véanla ahora oscilar entre la desintegración atómica y la desintegración espiritual […] Europa ha adquirido tal velocidad, loca y desordenada, que escapa ahora a todo conductor, a toda razón y va con un vértigo terrible hacia un abismo del que vale más alejarse lo más pronto posible […] Y en nombre del Espíritu, del espíritu europeo por supuesto, Europa ha justificado sus crímenes y ha legitimado la esclavitud en la que mantiene a las cuatro quintas partes de la humanidad. Sí, el espíritu europeo ha tenido fundamentos singulares”. Césaire abre el Discurso sobre el colonialismo describiendo a Europa como una “civilización decadente”, no meramente porque sirvió como cuna del fascismo, sino por que “ha probado ser incapaz de solucionar los problemas que ella misma crea”. Para Césaire tales problemas son el del proletariado y el problema colonial. Europa conoce el problema del proletariado de cerca, pues ocurre en su seno, pero se ha mantenido más ciega con respecto al problema colonial. Pues ahora, Europa trata a la migración como trató al “indígena”, al “negro”, al “amarillo”, al “magreb colonizado”, pero en una suerte de “colonialismo interno” a sus fronteras territoriales. Tenemos dos ataques a la clase trabajadora mundializada: la directiva para que la jornada laboral máxima pase de 48 a 60 horas, e incluso a 78 horas, y la que ataca a la inmigración como un delito con una dureza que traduce la agenda político-cultural de la extrema derecha. Cualquiera reconoce el retroceso clarísimo de los tan cacareados derechos sociales y humanos de los cuales Europa hace gala de ostentación político-cultural. La "guerra contra el terrorismo" cierra el círculo de la agenda político-cultural de derecha: el estado militar-policial suburbano (Castells) hace de las suyas, y se ha convertido en el último pretexto para justificar una posición que del “centro radical”(Blair-Giddens) pasó a la derecha imperial y neo-colonial (la patota Bush, Aznar, Merkel, Sarkozy y Berlusconi). No olvidemos tampoco que históricamente, la socialdemocracia reformista y los gobiernos laboristas europeos mantuvieron un apoyo a la política colonialista y a la “misión civilizadora” de Occidente (en esto no se diferencian mucho de la patota imperial). Incluso, en el presunto “milagro escandinavo”, en Suecia, se acaba de aprobar una ley que parece sacada del 1984 Orwelliano: el Estado podrá espiar el contenido de los correos electrónicos por razones de seguridad nacional. Tratemos de rastrear mas hondo en la crisis del occidentalismo colonial-moderno, y tal vez llegaremos a las figuras de la crisis de las ciencias europeas (Husserl) y del humanismo europeo (Heiddeger). El legado de Europa ha sido liquidado, y lo ha hecho desde la agenda político-cultural de la derecha. Si Europa quiere fecundar algo en medio del diálogo de civilizaciones, culturas y pueblos-nación, tendrá irremediablemente que renovar el aliento emancipatorio de otro horizonte descolonizador. Si no, su último aliento será de derecha, o mejor dicho, otro aliento de barbarie.

lunes, 31 de marzo de 2008

DESCOLONIZAR EL IMAGINARIO DE LA MODERNIDAD




Javier Biardeau R.

Considero fundamentales las contribuciones a una comprensión de las críticas de la Modernidad, impulsada desde diversos espacios de pensamiento crítico. Sin embargo, algunas de ellas adolecen de un punto ciego en su postulados: la reproducción del sesgo colonial/euro/céntrico. No existe una auto-reflexión crítica sobre este sesgo, que implique superar la mirada mutilada. Se asume de manera modélica la propia crítica intra-europea de la Modernidad, continuada en muchas de las llamadas perspectivas postmodernas. Las diferentes vertientes principales del pensamiento históricamente hegemónico a escala planetaria pueden ser caracterizadas como colonial/euro-céntricas. Sus efectos en “Nuestra América”, utilizando la denominación de José Martí, son harto conocidos. El mimetismo colonizante va desde las crónicas de indias, el pensamiento liberal de la independencia, el positivismo y el pensamiento conservador del siglo XIX, la sociología de la modernización, el desarrollismo en sus diversas versiones durante el siglo XX, el neoliberalismo y las disciplinas académicas institucionalizadas en las universidades del continente. También el imaginario radical, en sus variantes socialistas, marxistas y comunistas, no escapa al mimetismo colonizante. Más allá de la multiplicidad de orientaciones, de sus contextos históricos, es posible identificar una modalidad interpretativa hegemónica que mutila los regímenes de percepción y saber, configurando una lectura de estas sociedades a partir de la cosmovisión europea, prolongada luego por la academia modernizadora norteamericana. Las políticas de transformación, se hacen fundamentalmente a imagen y semejanza de las sociedades del Norte generando tanto la falacia desarrollista como la desvalorización de modelos culturales socio-diversos, que reconozcan la vitalidad de matrices culturales más amplias. La crisis civilizatoria tiene mucho que ver con la reproducción de una autoridad geocultural en la definición de los modelos sociales legítimos. No significa esto, desconocer los aportes al conocimiento de las culturas hegemónicas, sino reconocer sus límites, sus premisas, problemas y consecuencias. La construcción del imaginario sobre lo que se puede llegar a ser como pueblos, lejos de constituir un asunto de expertos en epistemología, de ingeniería social o de cuadros intelectuales, es una cuestión de importancia política y cultural para la esfera pública. En la medida en que reconocemos que las formas hegemónicas del conocimiento sobre estas sociedades, contribuyen en los procesos de legitimación y naturalización de las formas de dominación, desigualdad y exclusión social que han prevalecido históricamente, podemos asumir con claridad nuestros distanciamientos y compromisos. Reconocidos pensadores venezolanos como Esteban Emilio Monsonyi, Edgardo Lander y Fernando Coronil han planteado en diversos textos y conferencias, la necesidad de examinar las políticas del conocimiento en Occidente, a explorar las maneras como estas teorías particulares se difunden, como los localismos se globalizan, a discernir cómo se establecen las nuevas modalidades colonizantes de influencia en diferentes regiones y disciplinas académicas. Desde la filosofía intercultural de la liberación, Enrique Dussel ha planteado desmontar el mito euro-céntrico de la Modernidad. El concepto hegemónico de Modernidad es euro-céntrico, provinciano, regional. La Modernidad, en esta visión, sería una emancipación, una "salida" de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano (Kant). Su contra-cara despótica, disciplinaria y colonial se invisibiliza. Este proceso se cumpliría en Europa, esencialmente en el siglo XVIII. El tiempo y el espacio de este fenómeno lo describe Hegel, y lo comenta Habermas en su conocida obra sobre el tema -y es unánimemente aceptado por toda la tradición europea actual. Esta filosofía ha sido fundamento de las ciencias sociales y políticas de la modernización, las cuales han definido la agenda pública de las sociedades. Otro concepto implicaría asumir una visión mundial, reconociendo como determinación fundamental del mundo moderno el hecho de ser "centro" de la Historia Mundial. Es decir, hubo Historia Mundial desde 1492, desde la expansión portuguesa en el siglo XV, que llega al Extremo Oriente en el siglo XVI, y con el descubrimiento de América hispánica. Desde entonces, todo el planeta se torna el "lugar" de "una sola" Historia Mundial. El ego cogito moderno (Descartes) fue antecedido en más de un siglo por el ego conquiro (Yo conquisto-la razón del mas fuerte), que impuso su voluntad (la primera "Voluntad-de-Poder" moderna) al indio americano, y luego al esclavo africano. Esta voluntad de poder es condición de posibilidad del “mito” de la modernidad: a) La civilización moderna sería más desarrollada, superior. b) La superioridad obliga a desarrollar a los más primitivos, rudos, bárbaros, como exigencia moral. c) El camino de dicho proceso educativo de desarrollo debe ser el seguido por Europa. d) Como el bárbaro se opone al proceso civilizador, se debe ejercer en último caso la violencia, para destruir los obstáculos a tal modernización (la guerra justa colonial). e) El carácter "civilizatorio" de la "Modernidad", hace inevitables los sufrimientos o sacrificios (los costos) de la "modernización" de los otros pueblos "atrasados" (inmaduros), de las otras razas esclavizables, del otro sexo por débil, etcétera. Frente al dilema intra-europeo entre modernidad/post-modernidad, hay que abrir el horizonte a otras racionalidades, a otras opciones político-culturales. Capitalismo y Socialismo, sean modernos o postmodernos, tienen un profundo sello coloniales/euro-céntrico. Es necesario abrir espacios de descolonización, de recomposición y reorganización del poder del saber y los conocimientos. Hay un mas allá de la modernidad/post-modernidad en clave euro-céntrica.

sábado, 16 de febrero de 2008

Desdogmatización y descolonización: tareas indispensables para la re-invención del imaginario socialista



Frida Kahlo, Raíces

Javier Biardeau R.
jbiardeau@gmail.com

Las tareas de reinvención del imaginario crítico socialista, del pensamiento crítico de izquierdas y de los enfoques teóricos contra-hegemónicos están estrechamente interrelacionadas en la revolución bolivariana. Podríamos decir, que aquellos que esperan ver un marxismo 'puro' le hacen un flaco servicio a la revolución socialista, al no comprender qué puede llegar a ser el marxismo, parafraseando a Lenin cuando cuestionaba a su manera figuras del platonismo y actitudes fetichistas hacia los modelos revolucionarios. Hay que liberar al marxismo de muchos marxistas.

No confundamos las cartografías revolucionarias con los procesos revolucionarios, ni proyectemos sobre lo real, sin una actitud de reflexividad crítica, nuestros esquemas deterministas, mecanicistas, reduccionistas, simplificadores y teleológicos. El marxismo no es una teoría pura, es una constelación narrativa abierta, un programa de investigación-acción, y por cierto, no es la única y exclusiva referencia teórico-crítica posible de un proyecto socialista para Nuestra América.

El marxismo es solo una de las singulares formaciones de discurso, saber y verdad que movilizan la potencia de la revolución bolivariana, pero no la única. Muchos "marxistas platónicos" se sienten portadores de una idea esencial, universal y necesaria del marxismo, propietarios exclusivos de una clave de bóveda de lo que realmente dijo y pensó Marx, realizando exégesis tras exégesis, pero evitando contrastar sus interpretaciones de los procesos de elaboración teórico-crítica del Marx-siglo XIX, con las realidades y procesos del capitalismo global en su fase imperial-neoliberal en el siglo XXI. Lo mismo pudiéramos decir para Engels, Lenin o cualquier otra figura del pensamiento socialista de inspiración marxista.

Las exégesis históricas son adecuadas para una clarificación y comprensión conceptual, para el manejo terminológico en su dimensión tanto lógico-semántica como pragmático-contextual de una teoría, pero no dicen nada sobre las complicadas correlaciones entre la teoría crítica y los fenómenos concretos, y mucho menos sobre la validez de los enunciados teóricos como guías de referencia para la acción revolucionaria en el presente histórico. Por estas razones hay que evitar dogmatizar, y mucho menos fetichizar un determinado momentum de la cartografía de orientación para la acción revolucionaria.

Esto no significa por supuesto renegar del programa teórico marxista y de su innegable contribución a las luchas por el socialismo a lo largo de la historia, pero si de afirmar que son insuficientes las proposiciones de Marx, Lenin y tantas otras figuras, que en ellos hay importantes contribuciones, pero también significativos desaciertos. Que incluso hay problemáticas que ni siquiera se imaginaron, y que como generalmente ocurre con un horizonte teórico, mostró cegueras a sus propios presupuestos epistemológicos y gnoseológicos, a su adscripción a determinado episteme, a los núcleos ético-míticos correspondientes a determinados círculos civilizatorios, nacionales y culturales.

De allí, la necesidad de superar el dogmatismo, que es un esfuerzo permanente de cualquier teoría crítica, para pasar a abordar el imprescindible asunto de la descolonización epistémica del imaginario socialista, del pensamiento crítico y de las teorías revolucionarias. Esta segunda tarea de la reflexividad crítica en Nuestra América, es menos visible que la primera, y es incluso mas importante ya que la subsume como un momento particular, sobre la cual hay una literatura exuberante y una polémica fecunda, que va incluso a las propias clarificaciones de Marx y Engels en los documentos epistolares sobre el punto clave de las deformaciones y falsificaciones tempranas de sus elaboraciones teóricas. Desde que Marx y Engels comenzaron a proponer sus enfoques, comenzaron los malentendidos, las clarificaciones, las correcciones y auto-correcciones; en fin también hay que constatar la existencia de un movimiento de transformación en el seno de las propias teorías. No perdamos de vista los movimientos de transformación de la realidad, de la teoría y de la propia subjetividad.

Partiendo de esta ultima observación, es pertinente preguntarse si la polémica que emerge es una polémica teórico-política, o si no encierran ésta, otros aspectos vinculados con los procesos de identificación/identidad subjetiva de proyecto-movimiento revolucionario. Al parecer, hay algo referido a los modos de subjetivación de la revolución bolivariana, de una anhelada búsqueda de certezas sobre la identidad simbólica-ideológica del proyecto socialista bolivariano, y un supuesto no tematizado que plantearía que si se asumiera como marxista-leninista, o marxista, las cosas serian más sencillas.

Aquí también es relevante plantear el asunto de la descolonización ya no solo epistémico, sino de la descolonización de los modos de subjetivación de un proceso de transformación revolucionaria. Y los modos de subjetivación tienen que ver no sólo con el logos, sino con el ethos, el pathos y el mithos de la política intersubjetiva. Para comprender esto, es indispensable pensar más allá de las teorías, y comprender sus articulaciones a narraciones histórico-culturales y tradiciones más amplias, a procesos de semiosis ideológico-culturales, a registros simbólicos e imaginarios, que colocan a la teoría como un diminuto átomo en complejas redes de constelación de sentido y significación.

Entramos en el tema no del dogmatismo de la teoría marxista, sino de la cosmovisión eurocéntrica del marxismo, de su adscripción a núcleos ético-míticos que corresponden a la dinámica histórico-cultural de civilizaciones, naciones y formaciones ideológicas cuyo contexto es condicionante de los actos de interpretación y construcción teórica. Este asunto, obviamente tiene implicaciones directas con el tema de la construcción de identidades políticas e ideológicas, y es parte de la polémica abordar esta dimensión como un aspecto intersubjetivo de los agenciamientos transformadores.

No es lo mismo suponer que el marxismo es un método crítico de interpretación histórica (Mariategui) y una guía de acción revolucionaria (Lenin), que suponer que uno-mismo es marxista, y que si no se es marxista no se podrá ser revolucionario y socialista. Aquí pasamos de los modos de objetivación a los modos de subjetivación, y ambos dependen de relaciones intersubjetivas; es decir, de relaciones sociales históricos-culturales determinadas. Ser marxista, este parecer el problema para algunos. Obviamente aquí Chávez ha sido completamente sincero: "yo no soy marxista, respeto a los marxistas, soy cristiano, soy humanista, etc, etc". Como fenómeno de singularización es completamente legítimo que Chávez se identifique como cristiano, el problema es que es evidente que hace cortocircuito con otros modos de identificación y subjetivación que esperan que él se identifique como marxista o como marxista-leninista. Al parecer, el asunto de los discursos y objetos de identificación es parte del problema, y la solución es comprender que la unidad del proyecto revolucionario no depende de ser cristiano o marxista, sino de comprender que además de cristianos y marxistas, el imaginario crítico socialista incluye otras formaciones de discurso, saber y verdad en la construcción de la revolución.

Esta dimensión intersubjetiva de los modos de construcción de identidades es cada vez más relevante, ya que pone al descubierto que tanto la objetivación como la subjetivación son construcciones histórico-culturales, que estos procesos no son equivalentes pero son co-dependientes, y que la producción de teorías, enfoques y cartografías es al mismo tiempo un aspecto de la producción de subjetividad; que es simultáneamente, una puesta al desnudo de las dependencias de la formación de identidades subjetivas con fenómenos de relación social y marcos culturales.

De allí la importancia de la descolonización del imaginario crítico socialista, de poner entre-comillas a la actitud histórica de "calco y copia" que ha marcado la existencia de estratificaciones ideológico-culturales disímiles en la conformación de la identidad socialista en Nuestra América. Si no comprendemos que el cristianismo, el liberalismo y el marxismo son formaciones de discurso que responden a la expansión del sistema mundo moderno/colonial sobre estos territorios existenciales, que comenzamos a llamar "América Latina" por circunstancias y convenciones específicas, no podremos comprender los otros discursos no cristianos, no liberales y no marxistas que forman parte de Nuestra América, y que podrían fecundar la descolonización del imaginario crítico socialista.

Para que el socialismo indo-afro-latinoamericano sea algo más que calco y copia de la versión euro-céntrica del imaginario socialista hay que entrar en profunda relación (in-vivencia) con las narraciones y las experiencias existenciales distintas, con la alteridad y exterioridad de voces que no pueden ser tamizadas por el discurso cristiano, liberal o marxista. La gran riqueza existencial de Nuestra América multiétnica y pluricultural es que somos mucho más que la cristianización, que el liberalismo y que el marxismo. La construcción de identidades nacional-populares en Nuestra América ha pretendido si, ser traducida exclusivamente por cristianos, liberales y marxistas, a través del dominio de la letra y del control del monopolio de la violencia simbólica legítima, pero estas traducciones han sido inevitablemente traiciones e imposiciones simbólicas. Para no ser así, cristianos, liberales y marxistas, deben abrirse a la doble traducción; es decir, ser capaces de comprender que hay otras voces y marcos culturales con igual dignidad de ser escuchadas y traducidas en la deliberación social.

Nadie duda que puedan existir contribuciones al nuevo socialismo, al nuevo imaginario radical socialista, desde ciertas vertientes del cristianismo, del liberalismo y del marxismo, pero es imprescindible la condición de apertura al movimiento indígena (que es diversidad interna por cierto), por ejemplo, al movimiento afro-americano y caribeño (que tiene expresiones plurales), al campo cultural de lo popular-subalterno, a la interculturalidad como horizonte.

Ratificar el marxismo, o pero aún, el marxismo-leninismo, como seña de identidad es obviar toda esta realidad pluricultural y multiétnica de la resistencia y de la insurgencia contra la globalización del capitalismo imperial-neoliberal, reproduciendo la negación racista y cultural en el seno de la propia teoría revolucionaria. Mas que de la dialéctica de lo Mismo, el imaginario crítico socialista requiere de su apertura a la alteridad y a la diferencia, a las voces pluri-tópicas, a lugares de enunciación como las pequeñas voces de la historia, a los testimonios de los hasta ahora vencidos, de los hasta ahora silenciados e invisibilizados, incluso por el marxismo y el cristianismo. El Cristianismo, el Liberalismo y el Marxismo, ciertamente, nunca han negado el papel del "individuo" en la historia, porque es la historia de la persona cristiana, del individuo-propietario abstracto o del individuo social eurocéntrico. Lo que ocurre es que todos ellos han ignorado que el "individuo" es una construcción geo-cultural que responde a historias que no agotan la historia por construirse. Que los seres humanos somos mucho más que las marcas de humanidad legítima que ha instituido el occidentalismo colonial-moderno.

Cuando un marxista como Allan Woods dice: "El factor más importante hoy en día a escala mundial es la ausencia de una dirección marxista fuerte y con autoridad. La tendencia del genuino Marxismo ha retrocedido décadas y actualmente representa una pequeña minoría. Todavía no puede llevar a las masas a la victoria. Pero los problemas de las masas son atroces. No pueden esperar hasta que estemos preparados para dirigirlas. Intentarán por todos los medios cambiar la sociedad, lucharán por encontrar una escapatoria al callejón sin salida. Esto es particularmente cierto en los países ex-coloniales de África, Asia y América Latina, donde sobre bases capitalistas la sociedad no tiene ninguna posibilidad de avanzar."(Los marxistas y la revolución bolivariana), podemos observar los prejuicios que una cultura de supremacía cultural ha generado en las propias filas del campo socialista, donde la "dirección marxista fuerte y con autoridad", aquella que debe estar preparada para "dirigir" y "llevar a las masas a la victoria", todavía no entienden que las formas de lucha para encontrar escapatoria al callejón sin salida, será obra de los sujetos nacional-populares mismos, y que las ex colonias son todavía blanco del colonialismo de derechas y de izquierdas.

Este es solo un síntoma de lo que abunda como colonialismo de izquierda. Desde allí las pequeñas voces de la historia están condenadas a ser masas de maniobra de vanguardias esclarecidas, los rostros del indio marginado, del negro discriminado, del mestizo que lucha por el blanqueamiento, de la mujer negada, de la pedagogía castradora, desaparecen.

El Imaginario crítico socialista debe asumir los retos de la interculturalidad y la pluriculturalidad revolucionaria, debe asumirse como constelación abierta, y no como una ciudadela sitiada, letrada y amurallada de dogmas. Los cristianos y marxistas que hablan de liberación, deben enfrentar sus prejuicios contra las otras voces que no hablan exclusivamente de una mono-cultura religiosa, de una onto-teo-logía de la liberación, o de una razón revolucionaria euro-céntrica, que exalta a la clase obrera-urbana y todo "el resto", lo etiqueta de "masas", que denigra de los pueblos indígenas como estadios primitivos del desarrollo histórico, de los campesinos (que siempre son pequeño burgueses), ignora el racismo hacia lo popular-subalterno o coloca a los sectores medios como antesalas automáticas del fascismo.

Habría que recordar que José Gabriel Condorcanqui Tupac-Amarú II, ya antes de la Revolución Francesa, recorrió con otros hermanos y otras hermanas, Nuestra América, con su grito de justicia, alteridad y liberación.

Sólo la visión hegemónica de la historiografía y sociología latinoamericanas, basada en el racismo de nuestras sociedades, sustentadas en la supremacía racial blanca-criolla-europea, impuesta por la invasión europea y la derrota de las naciones indias, racismo expresado sin ambages en las genocidas consignas tales como ‘civilización o barbarie' u ‘orden y progreso'- sólo desde esa visión se puede intentar ocultar que mientras la Revolución Norteamericana estalló en 1774 y la Revolución Francesa en 1789, en medio de ambas la historiografía liberal o la católico-nacionalista, no ubican absolutamente nada.

Este régimen de invisibilidad se extiende a la mayoría de la historiografía occidental, con honrosas excepciones como las de Boleslao Lewin, Eduardo Astesano, Rodolfo Kusch, José Carlos Mariátegui, Alcira Argumedo, Ernesto Giúdici, Gabriela Mistral, César vallejo, Pablo Neruda, Osvaldo Bayer, Felipe Pigna y Enrique Dussel entre otros. El período comprendido entre la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa, estalló una insurrección popular que conmovió el corazón estratégico del imperio español en América, y que a punto estuvo de liberar los inmensos territorios del Incanato.

La historiografía liberal y católica ocultan que las proclamas de Túpac Amaru, de abolición de la esclavitud, la encomienda y la servidumbre indias, y de toda dominación sobre otras personas, así como de todo poder colonial sobre los pueblos americanos, eran mucho más avanzados que los principios de supremacía blanca de las revoluciones Norteamericana y Francesa. Como señalara Boleslao Lewin, en la América del sur se llevaban a cabo simultáneamente una revolución popular-subalterna, de indios, mulatos, zambos y negros y una revolución criolla, que maduran a veces en contacto pero en general enfrentadas a todo lo largo del siglo XVIII. Una radical, india y popular en su composición étnica mayoritaria y otra criolla, atada básicamente al occidentalismo colonial-moderno. Una obligatoriamente destinada a borrar de raíz todas las formas de explotación, incluidas la Mita, la Encomienda, la Servidumbre, los Obrajes, los Repartos y la esclavitud tal cual entendió y proclamó Túpac Amaru II, eliminando también por lo tanto el dominio colonial.

Es necesario ubicar en su justo lugar la insurrección indígena-popular de Tupac Amaru II en todo este debate. Los revolucionarios que en 1774 levantaron el estandarte de la libertad, para los blancos poseedores en las colonias inglesas del Norte de América y en 1789, proclamaron los Derechos del Hombre -blanco y poseedor- y del Ciudadano Francés, no lo hicieron para las mujeres europeas, ni para las colonias de Francia, ni sus esclavos y pobladores originarios- en París en 1789.

Condorcanqui proclamó por primera vez, en las revoluciones de finales del siglo XVIII, la igualdad y la libertad real y efectiva para quienes poblaban la América española, suprimiendo toda forma de esclavitud y servidumbre. Cuestión que, ni Washington, ni Paine, ni Jefferson, ni Laffayette, ni Danton, ni Napoleón se atrevieron a plantear. Luego del triunfo de Sangarará, Túpac Amaru expidió un mensaje a los pueblos del Perú, volviendo a convocar a los criollos a la unidad con la causa india:

‘Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles; criollos, mestizos, zambos e indios por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.'

Es hora ya de quitarse las anteojeras que fueron colocadas por siglos de colonialidad, y re-montarse desde las profundidades de las experiencias existenciales de las múltiples opresiones, para inventar y afirmar un nuevo imaginario crítico socialista, sin el culto a dogmas, a fetiches, sin eurocentrismo, ni modos de subjetivación que truncan la posibilidad de construir diferencias en las diferencias. Porque más que de igualdad, libertad y fraternidad, siguiendo el cancionero de la Revolución Francesa (¡Hasta cuando la Revolución Francesa!), se trata ahora de una nueva democracia participativa post-occidentalista...Para conquistar la justicia, la alteridad y la liberación.