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sábado, 24 de septiembre de 2011

DISTORSIÓN BUROCRATICA DE LAS LÌNEAS ESTRATEGICAS DEL PSUV: ¿ES EL PARTIDO-MOVIMIENTO UNA "MAQUINARIA EN MOVIMIENTO"?

Javier Biardeau R

Dadas las expectativas que aun existen por analizar los resultados de las asambleas de discusión de las llamadas cinco líneas estratégicas de acción política del PSUV (que ahora serán seis), es preciso salirle al paso a los síntomas más evidentes de asimilación y neutralización burocrática de la crítica radical a la lógica del partido-maquinaria, que se realizó luego de los problemáticos resultados del septiembre del año 2010.

El 20 de diciembre de 2010, el propio Chávez en encuentro con la Dirección Nacional del PSUV, hizo un primer debate sobre las “Líneas Estratégicas de Acción Política” 2011-2012. Allí en presencia de Cilia Flores (primera vicepresidenta del PSUV), Elías Jaua Milano (vicepresidente Región Los Llanos), Nicolás Maduro (vicepresidente Región Sur), Francisco Ameliach (vicepresidente Región Centro Occidental); Aristóbulo Istúriz (vicepresidente Región Oriental), Diosdado Cabello (vicepresidente Región Central), Héctor Rodríguez, Carlos Escarrá, Jorge Rodríguez, Darío Vivas, Érika Farías, Freddy Bernal, Héctor Navarro, Jacqueline Faria, Luis Reyes, María Cristina Iglesías, Alí Rodríguez Araque, Ana Elisa Osorio, Antonia Muñoz, Noelí Pocaterra, Ramón Rodríguez Chacín, Tarek El Aissami, Yelitze Santaella y Rodrigo Cabezas, entre otros integrantes, Chávez señaló las razones por las cuales los años 2011 y 2012 serían cruciales para la Revolución Bolivariana:

La razón central de esta reunión es comenzar la discusión del contenido del documento denominado “Líneas Estratégicas de Acción Política” que es un borrador. Le hemos puesto atención e interés a un conjunto de ideas constructivas. Somos nosotros, desde la Dirección Nacional, con las bases del partido, constructores de una nueva realidad”.

Indicó Chávez que el documento contenía ideas fundamentales para acometer las tareas por llevar a cabo, entre 2011 y 2012, sobre la continuidad política de la Revolución Bolivariana:

Los próximos dos años serán cruciales para la Revolución Bolivariana. Así debe asumirlo la militancia y la directiva del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)”.

Chávez planteó con claridad en aquellos momentos que “más allá del PSUV, tenemos que incrementar esfuerzos de reunificación de las fuerzas patrióticas, nacionalistas, rumbo al Polo Patriótico”. La interpretación del “más allá del PSUV” implicaba deslastrarse de la lógica del partido-maquinaria, superar cualquier tentativa impositiva del PSUV o de cualquiera de las organizaciones políticas que apoyan la revolución bolivariana, dejando atrás el sectarismo, el dogmatismo y el burocratismo, que tanto daño le han hecho históricamente a la construcción de esfuerzos unitarios para una gran plataforma de partidos revolucionarios, movimientos sociales, frentes, colectivos e individualidades denominado ahora “gran polo patriótico”, pero similar a otras experiencias continentales denominadas como “frente amplio revolucionario”.

De alguna manera, la conformación del “gran polo patriótico” es un objetivo superior y principal para abordar las tareas político-estratégicas del año 2012, que el mismo permite avanzar en la “profundización democrática” de la sociedad venezolana, para asegurar el “horizonte socialista”; puesto que de no hacerlo, sería retroceder no sólo al oscurantismo cavernario de la Cuarta República, sino incluso a una “democracia de baja intensidad”, controlada como protectorado neo-colonial de Washington.

Así mismo, Chávez en aquellos días de 2010 reiteró lo fundamental de realizar esfuerzos de “crítica y autocrítica”, de “debatir” sin perder de vista del objetivo superior y prioritario; en fin, llamó a un debate constructivo y con propuestas, que sume y multiplique en el proceso de acumulación de fuerzas revolucionarias, no que reste y divida a las mismas en un proceso suicida de debilitamiento.

Si hay un elemento ético-político que define la “militancia socialista”, es justamente la necesidad de debates honestos de ideas (no de descalificación entre personas, grupos o corrientes), entre quienes consideran el horizonte socialista como un gran proyecto de liberación, democratización, justicia sustantiva e inclusión social. La transición de la cultura política capitalista a la militancia socialista implicaría necesariamente, desde nuestro punto de vista, una sostenida y consistente “reforma intelectual y moral”, una asimilación activa y resignificación de las enseñanzas de Gramsci sobre la construcción de una contra-hegemonía cultural desde el horizonte de lucha y de vida de las clases populares y subalternas, que implicaría una superación de toda una concepción del mundo hegemónica hasta hoy, de sus sistemas de valores, de sus códigos ético-culturales y de sus máximas de conducta.

Desde otro punto de vista, implicaría un vasto esfuerzo de revolución cultural permanente, de contestación radical a los aparatos de hegemonía locales y mundiales, que reproducen día a día la dominación espiritual de las clases dominantes transnacionales a escala del sistema-mundo moderno-colonial; y no sólo enfrentar elementos puntuales de las formaciones ideológicas de los sectores dominantes locales y de sus representantes políticos, retomando el diagnóstico necesario sobre el nuevo carácter del sistema de dominación mundial, su papel en la definición de posiciones y funciones de cada uno de los países, grupos, sectores y clases, en procesos aún visiblemente controlados por el espíritu imperial de re-estructuración funcional al “globalismo neoliberal”. Cambiar la cultura política capitalista es una tarea revolucionaria de profundo calado, con avances y retrocesos, con emboscadas y con inconsecuencias propias, que no debe analizarse de manera superficial.

“Esta primera línea es la esencia del la batalla. Ese el cambio de costumbre y de cultura. Es el más grande de todos los retos de una revolución. Hay que desarrollarlo a partir de la conciencia y los valores. Ahí tenemos que hacer un esfuerzo muy grande. Esa cultura capitalista del egoísmo, del individualismo. Eso hay que combatirlo y desplazarlo con nuevos valores” (Chávez: 20 de diciembre de 2010).

Este cambio de costumbres, hábitos, usos e imaginarios no se decreta ni se impone desde “concepciones bancarias” (Freire dixit) que reproducen la acción cultural de las clases dominantes transnacionales o locales. Implica poner en la escena una contracultura insurgente como clima espiritual de la potencia plebeya, proyectar todo un nuevo modo de vida, relación y convivencia, que pasa inevitablemente por superar el profundo troquelado de nuestra específica cultura capitalista (rentista pero capitalista), fuertemente enquistada y sedimentada en nuestras relaciones, prácticas, hábitos, representaciones, actitudes y discursos.

El espíritu del capitalismo (con su búsqueda incesante de acumulación de Capital con base a la explotación y la dominación de otros seres humanos) debe reconocerse en primer lugar encarnado en nuestra vida cotidiana, en nuestras prácticas, en nuestras instituciones, en nuestras lógicas de vida, incluso en nuestras instituciones políticas.

Por tanto, superar la cultura política capitalista implica superar también la estructura de mando político que la reproduce, concebir la política mucho más allá del cálculo de cuotas de poder y privilegios, superar las lacras de la corrupción de lo político, como las denomina Enrique Dussel, cultor latinoamericano de la Filosofía de la Liberación, bastante alejado por ciertos de muchos dogmas y razonamientos de la vieja izquierda de aparato latinoamericana:

“Habría que intentar en primer lugar debatir sobre lo que lo político “no es”, para despejar el campo positivo. Lo político no es exclusivamente ninguno de sus componentes, sino todos en conjunto (…).Hay que saber describirla como totalidad. (…) Lo político como tal se corrompe como totalidad, cuando su función esencial queda distorsionada, destruida en su origen, en su fuente.” (Dussel: 20 tesis de política)

“La corrupción originaria de lo político, que denominaremos el fetichismo del poder, consiste en que el actor político (los miembros de la comunidad política, sea ciudadano o representante) cree poder afirmar a su propia subjetividad o a la institución en la que cumple alguna función (de allí que pueda denominarse “funcionario”), sea presidente, diputado, juez, gobernador, militar, policía, como la sede o la fuente del poder político. De esta manera, por ejemplo, el Estado se afirma como soberano, última instancia del poder; en esto consistiría el fetichismo del poder del Estado y la corrupción de todos aquellos que pretendan ejercer el poder estatal así definido. Si los miembros del gobierno, por ejemplo, creen que ejercen el poder desde su autoridad auto-referente (es decir, referida a sí mismos), su poder se ha corrompido.” (ibid)

Olvido, encubrimiento u ocultamiento de la fuente del poder: el poder constituyente o instituyente del pueblo o la comunidad. Aquí Dussel nos propone asumir una crítica radical de la cultura política del capitalismo (y de los socialismos burocráticos), comprendiéndola como crítica radical al fetichismo del poder, crítica radical al fetichismo de la representación, como crítica de aquellos que creen ejercer el poder desde la auto-referencia de su autoridad.

Continua Dussel: “¿Por qué? Porque todo ejercicio del poder de toda institución (desde el presidente hasta el policía) o de toda función política (cuando, por ejemplo, el ciudadano se reúne en cabildo abierto o elige un representante) tiene como referencia primera y última al poder de la comunidad política (o del pueblo, en sentido estricto). El no referir, el aislar, el cortar la relación del ejercicio delegado del poder determinado de cada institución política con el poder político de la comunidad (o pueblo) absolutiza, fetichiza, corrompe el ejercicio del poder del representante en cualquier función.”(ibid)

En palabras más llanas: ejercicio del poder como privilegio, como cuota de poder, como autoridad no sometida a legitimación popular, no como servicio o ejercicio delegado por la comunidad o por el pueblo:

“La corrupción es doble: del gobernante que se cree sede soberana del poder y de la comunidad política que se lo permite, que lo consiente, que se torna servil en vez de ser actora de la construcción de lo político.” Doble responsabilidad que pasa por una doble interpelación y control del poder:

“El representante corrompido puede usar un poder fetichizado por el placer de ejercer su voluntad, como vanagloria ostentosa, como prepotencia despótica, como sadismo ante sus enemigos, como apropiación indebida de bienes y riquezas. No importa cuáles aparentes beneficios se le otorguen al gobernante corrompido, lo peor no son los bienes mal habidos, sino el desvío de su atención como representante: de servidor o del ejercicio obediencial del poder a favor de la comunidad se ha transformado en su esquilmador, su “chupasangre”, su parásito, su debilitamiento, y hasta extinción como comunidad política.” (ibid)

La corrupción de lo político se transforma en proceso de extinción de la comunidad política. En esto consiste a largo plazo, sin duda, la “profesionalización” de la política, lo que llamamos la “representación” en la cultura política capitalista: “corrupción política profesionalizada”: lucha por sus propios intereses, por sus propias siglas, por sus propias cuotas de poder, por sus propios espacios de control de recursos y decisiones, ya sea de un individuo (el dictador), de una clase (como la burguesa), de una élite (como los criollos), de una “tribu” (herederos de antiguos compromisos políticos), de unos representantes sin mandato imperativo de sus bases sociales, son todos corrupción política.

Bajo este prisma conceptual de Dussel, resulta incongruente ponerse a debatir sobre cambios en la cultura política capitalista, criticar la democracia representativa, criticar las cúpulas o cogollos cuarto-republicanos, para terminar ahogándose en la orilla de procedimientos tan burdos como la “cooptación”, método de “democracia interna”. Para que esto sea aceptado se ha consumado lo que Dussel denomina doble corrupción. Termina siendo una contrasentido de aquella frase: “Con las bases me resteo”. Por cierto, no se trata de invocar elecciones primarias para cualquier cosa, sino de poner en cuestión el acto de desechar la interpelación cara a cara de una asamblea comunitaria, de una asamblea popular, de una política (al menos) de consulta abierta con las bases populares. Entonces, el primer síntoma de neutralización burocrática de las llamadas líneas estratégicas de acción política, ha sido un acto de maquinaria avalado por el propio Chávez (de acuerdo a la evaluación de circunstancias), se llama cooptación.

¿Cómo transformar la lógica del partido-maquinaria en partido-movimiento, si comenzamos por utilizar las peores artimañas de un partido-maquinaria, si el primer acto de “cuestionamiento” de la cultura política capitalista es su reproducción ampliada? Si sabemos lo que es una asintota, mientras luchemos con las armas melladas de la cultura política capitalista, nuestra aproximación a la militancia socialista será igual a cero: sólo espejismo, ficción y simulacro.

Pero adelante, supongamos de buena fe que (producto de una evaluación sopesada de circunstancias) un estrato de virtuosos no contaminados por el “fetichismo del poder” en la dirección del partido, van a utilizar adecuadamente el procedimiento de cooptación para beneficio del colectivo, de la comunidad y del pueblo. Sigamos adelante: ¿Estamos transformando acaso la concepción del poder como fetiche, como elemento de dominación, para crear instituciones (la potestas) al frente de las cuales surgirán unas autoridades relativas, que administren ese poder mandando en obediencia con los designios del pueblo (poder obedencial) y no mandando, afirmándose en sí mismos como origen soberano del poder?

Si la respuesta es afirmativa, creo que estaríamos avanzando en transitar de la cultura política capitalista a la militancia socialista; si no es así, estamos chapoteando en pleno charco de la “cultura política capitalista”. Al menos, dentro de la interpretación de Dussel. Obviamente, Dussel también se puede equivocar.

Pero también hay corrupción de lo político cuando desconocemos el principio de la soberanía popular directa en nuestra carta magna (art.5), cuando ya no tenemos un apego apasionado a los mas hermosos valores, principios y normas que sellaron nuestro compromiso con el proceso popular constituyente activado en 1998, cuando hacemos trizas la democracia participativa, cuando la llamada “democracia protagónica revolucionaria” (Plan Nacional Simón Bolivar) deriva en “mandar obedeciendo al poder constituido”, al poder auto-referente, cuando la política revolucionaria, al burocratizarse, es síntoma de conversión de sus autoridades en “oligarquías”.

La mejor manera de mirar la decadencia de una revolución con bases plebeyas y populares, es mirarse en el espejo histórico de aquella tan olvidada y tan citada “Revolución Mexicana”, observar paso a paso en que consiste la institucionalización de una revolución: experimentar en todos sus detalles la película de su corrupción.

El Partido Socialista Unido de Venezuela podría evitar este trágico trayecto y desenlace, podría ser aun propulsor de la participación directa del pueblo y un instrumento amplio, eficaz y certero para la construcción de la democracia socialista y participativa. Podría ser uno de los ejes organizativos ejemplares en la conformación de una nueva cultura política socialista, nacionalista, antiimperialista y revolucionaria en el “gran polo patriótico”, si asume con honestidad (sacudiéndose el letargo y muchos auto-engaños) no a una “retórica de auto-crítica”, sino de una vasta campaña de rectificación y reimpulso de arriba-abajo: desde su presidente; es decir, Chávez en plena recuperación, pasando por todos los órganos de dirección, hasta llegar a los llamados órganos de base, como lo son las patrullas, ahora nuevamente alistadas, registradas y llevadas a un plan de etapas de activación política similar al conducido por el “Comando Bolivar-200”.

Esa rectificación y reimpulso podría ser el motor de una vasta participación, que podría ser democrática y plena, de trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, jóvenes, intelectuales, profesionales, artistas, mujeres, pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad, pueblos indígenas y negritudes insumisas, si el esfuerzo por incluir, reunificar, reagrupar no reproduce los vicios de la lógica del partido-maquinaria en la conformación y funcionamiento de todos sus órganos del poder, en la elaboración, discusión y resolución de programas y estrategias, en la promoción y elección de sus voceros, delegados y direcciones, en igualdad de condiciones, para lograr conformar una dirección colectiva del proceso revolucionario condensada en la conformación del gran polo patriótico. ¿Podría serlo?

Digamos que si, a condición de tomarse en serio las propias líneas estratégicas de acción política, no en convertirlas en un documento de “acato pero no se cumple”. Sobremanera cuando se habla de convertir la maquinaria del PSUV en un partido-movimiento, es decir, al servicio diario del pueblo. Estamos casi convencidos de que se está haciendo todo lo necesario para crear las condiciones de una derrota estratégica de la revolución, si en vez de alinear todos los esfuerzos en la dirección de la conformación del gran polo patriótico, se pretende priorizar y consolidar la lógica del aparato-vanguardista y de la maquinaria electoral en el seno del PSUV.

Si las anunciadas transformaciones del documento de las líneas estratégicas de acción política apuntan a debilitar una cada vez más necesaria y profunda política de alianzas entre partidos revolucionarios, movimientos sociales, colectivos e individualidades, fortaleciendo en cambio el horizonte exclusivo de un partido-maquinaria, entonces tendremos un escenario desfavorable para una victoria contundente en el año 2012.

Cuando Chávez ha hablado de la segunda línea para convertir la maquinaria del PSUV en un partido-movimiento, al servicio de las luchas populares por satisfacer las necesidades humanas y no sólo para enfrentar eventos electorales, al menos ha quedado claro que: “Esto es muy importante porque ahí está el MVR (Movimiento Quinta República) que terminó siendo una maquinaria sólo electoral. Es una derivación peligrosa, porque el MVR se alejó de las luchas cotidianas del pueblo. Eso no podemos permitir que suceda con el PSUV. Hay que atacarlo desde ahora mismo”.

¿Acaso se esta atacando? La constitución del gran polo patriótico, como una audaz política de reunificación, re-politización y re-polarización implica contar con organizaciones políticas que sean algo más que aparatos vanguardistas o maquinarias electorales. El llamado a las corrientes, a movimientos sociales, a fuerzas patrióticas y nacionalistas a sumarse con aportes a un gran polo patriótico debe pasar por el prestigio y la credibilidad de sus impulsores, implica asumir que los vicios del sectarismo, el oportunismo, el burocratismo y el dogmatismo están siendo efectivamente erradicados. Esto implica crear espacios e instancias para apalancar una crítica construyendo alternativas, en la onda incluso de un Chávez abierto a voces críticas:

“Le hago un llamado a todas las corrientes y movimientos. Mientras más críticos, más me gusta. El llamado a todos los sectores de la vida nacional. Sin sectarismos. Vistámonos de humildad. Se lo digo a todos los militantes del partido. El partido no puede tomar la actitud del mandamás. Es partido es un sistema abierto re-unificador y potenciador. Aquí hay dos caminos: Este que llevamos (socialismo) o retrogradar y sería una catástrofe que nos lleven al pasado”.

Si con honestidad, se esta re-pensando el nuevo mapa estratégico: ventana táctica”, es importante salirle al paso a visiones tan estrechas como concebir el “partido-movimiento” como si se tratara de una “maquinaria en movimiento”. ¿Será acaso el gran polo patriótico una gran aglomeración de “maquinarias en movimiento”?

Seria una gran irresponsabilidad política (nuestra historia ha demostrado que si son posibles grandes irresponsabilidades políticas en el seno de la izquierda en el siglo XX), despachar bajo la lógica del partido-maquinaria los inmensos retos estratégicos de la reunificación de las fuerzas patrióticas, democráticas y revolucionarias, con mira a la conformación del gran “Polo Patriótico”.

Sin autocrítica socialista, no podrá colocarse la revolución al lado de la gente, en acompañamiento espiritual “para sufrir y ser interpelado por el pueblo, que es el dueño del poder verdadero”. Y esto lo decimos por las siguientes razones:

  1. Se enumeran constantemente las fallas: burocratismo, oportunismo, sectarismo, nepotismo, gradual alejamiento de la base bolivariana, imposición de los dirigentes, falta de compromiso, pasividad de la militancia, protagonismo individualista, elitismo, corrupción, desinformación, exclusión, deslealtad, falta de formación ideológica, pero, ¿cuáles son las medidas concretas de corrección, sus responsables, su plan de acción, su cronograma de ejecución, sus resultados?
  2. Se prioriza actualmente la tesis del “desarrollo orgánico del partido”, suponiendo que la formación ideológica en cursos y talleres a cuadros medios y de base es condición suficiente para el trabajo político de masas, además de lograr los correctivos y la vinculación social directa con las diversas instancias del poder popular, cuando han sido las instancias de dirección del partido las que hacen gala del mayor distanciamiento y desvinculación con los problemas de las comunidades y las demandas populares.
  3. La conducta ejemplar, la alta moral, la inserción activa en la agenda de luchas populares y la ética del compromiso de las instancias de dirección del partido, es una condición necesaria para reimpulsar, re-politizar, re-unificar y re-polarizar con base a la construcción de mayorías en la actual coyuntura.
  4. El debate ideológico y la atención a los problemas, necesidades y demandas sentidas del pueblo no son dos aspectos separados del trabajo político. Conocer y aplicar estatutos, declaración de principios, bases programáticas del partido, preocupados por el “funcionamiento orgánico del partido”, no es excusa para abandonar el trabajo político con aquellos sectores que no siendo “militantes orgánicos” del PSUV, forman las grandes mayorías del pueblo, incluyendo sectores, colectivos y movimientos con organización social de base, pero además con los que aun siguen siendo vistos como “beneficiarios” de políticas y no como “protagonistas de las transformaciones”.
  5. La preocupación soterrada por activar “tribunales disciplinarios” puede ser un síntoma de perdida de capacidad para articular voces descontentas, procesar diferencias, articular demandas insatisfechas, buscar “chivos expiatorios” ante la perdida de conexión entre las estructuras orgánicas del partido con las problemáticas populares, acusando cualquier manifestación de malestar como casos o eventos de indisciplina, deslealtad, e incluso traición.
  6. Se presupone que la transformación socialista depende casi exclusivamente del instrumento-partido, sin tomar en consideración la significación y autonomía de los movimientos sociales, las organizaciones populares de base, las formas organizativas propias de los trabajadores, campesinos, profesionales, pobladores, estudiantes, mujeres, indígenas y otros colectivos de lucha. Volvemos a la vieja tesis de que el partido-aparato que dirige y coloniza todo un correaje de organizaciones de la sociedad, que fungen de “masa de maniobra”.
  7. El control de manera continua en el tiempo de cargos de dirección o de gobierno por las mismas personas ha generado cuotas de poder y control de recursos, que imponiendo lealtades personales han impedido el ejercicio efectivo de la democracia interna del partido, limitando la actuación y promoción de liderazgos naturales de base, generando un sistema de clanes y caudillos internos con cargos casi vitalicios en el partido, gobernaciones, alcaldías y órganos del poder nacional.
  8. La dinámica del partido se agota en su funcionamiento interno, en sus estructuras orgánicas, en la gestionalización de lo político, en reuniones de información y coordinación internas, en vez del trabajo político con las comunidades y frentes sectoriales de lucha del pueblo. El partido se va auto-confinando, se aleja de las demandas populares, se concibe a sí mismo como ente separado y superior al pueblo, que se impone sobre “masas sin conciencia ideológica”. Se concibe al pueblo como clientela-beneficiaria y no como protagonista del cambio, y al partido como alcabala de favores y prebendas.
  9. Se omite cualquier tesis del partido como escuela para el servicio público, para desplegar una permanente política de alianzas y relaciones de mutuo apalancamiento y respeto con los movimientos sociales, con las comunidades, con las organizaciones reivindicativas de los trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, estudiantes, empleados públicos, profesionales, pueblos indígenas, mujeres y todo el conjunto de organizaciones de ciudadanos y ciudadanas. Sin esta política de animación y apalancamiento popular, la lucha cotidiana por transformar las condiciones de vida, satisfacer necesidades humanas, canalizar respuestas institucionales y de corresponsabilidad social, convierten al partido en una suerte de peaje o alcabala de la relación entre pueblo y gobierno.
  10. El partido es percibido como un ente que no incluye, que no convoca, que no incorpora, que no suma a la causa revolucionaria a movimientos y sectores de la población que se mantienen al margen de la política, que están hastiados o desilusionados por ser tratados como “beneficiarios” o “rebaño electoral”; y no como protagonistas de la “profundización democrática de la sociedad”.
  11. El partido no visibiliza, ni se hace eco ni canaliza las demandas insatisfechas del pueblo, pues se auto-representa como partido de gobierno, no interpela críticamente a los órganos del estado ni a sus responsables por obstaculizar el acceso a la satisfacción de demandas o necesidades sociales.

Estas y otras razones están bloqueando tanto una rectificación interna del PSUV como el avance en la constitución de un Gran Polo Patriótico, hecho que trasciende por mucho las instancias partidistas, ya que de hecho implica el despliegue de una política revolucionaria (de alianzas y articulaciones de fuerzas, movimientos sociales, grupos e individualidades) más allá de los partidos políticos revolucionarios.

Si el gran polo patriótico no se concibe más allá de los cálculos electorales, y se inscribe en un proyecto articulador de contenido estratégico para la construcción del socialismo bolivariano, democrático y revolucionario, construyendo aceleradamente espacios e instancias del poder popular, así como de defensa de la soberanía nacional y de radicalización democrática de la sociedad venezolana, entonces el futuro del avance revolucionario quedará confinado a la defensa y preservación de las conquistas sociales logradas hasta la actualidad. Para salir de estos estancamientos que le sirven la mesa al avance de la derecha y los intereses imperiales, es preciso salir del charco de la lógica del partido-maquinaria, conjurar el vanguardismo, acumular fuerzas para un frente amplio revolucionario que se inspire de nuevo en la potencia plebeya de diferentes frentes sociales, de carácter sectorial y territorial, que en su capacidad constituyente puedan crear nuevas situaciones que consoliden un auténtico horizonte socialista renovado.

martes, 1 de diciembre de 2009

DEMOCRACIA SOCIALISTA CONTRA EL SECTARISMO



Javier Biardeau R.
“Napoleón quería gobernar al género humano, Bolívar quería que se gobernara por sí, y yo quiero que aprenda a gobernarse.” (Simón Rodriguez. Sociedades Americanas)
Que el género humano aprenda a gobernarse. Esta idea-fuerza emancipadora de auto-gobierno de Simón Rodriguez es mucho más subversiva y contestataria, que la de todos aquellos malos aprendices, sicofantes y sinecuristas de la tesis del “culto a la personalidad”, tan prestos al mito cesarista en el campo ideológico del proceso bolivariano.
Lo sugerente del debate reside en que, pretendiendo trasplantar mecánicamente el esquema político “jefe-partido único-clase-masas”, cuya genealogía es propia del imaginario jacobino-blanquista de la revolución (tan cuestionado por voces como Luxemburgo, Pannekoek y el mismo Trotsky a principios de la revolución Rusa), pierdan de vista que en debates posteriores; en la propia Revolución Cubana, fueron Fidel y el Che quienes intentaron tomar posiciones “heréticas” frente a la posición “ortodoxa” del estalinismo, tanto que promovieron un camino propio del socialismo (léase bien: “camino propio de socialismo”), no calco y copia, luchando contra aquellos que justificaban repetir el camino ya previamente trazado por el “marxismo soviético”.
En palabras llanas, no hay que ser sumisos ni con el “marxismo soviético” ni apelar a “calcos y copias” hacia la “revolución cubana”. En este contexto, seria conveniente asimilar en su profundidad didáctica la frase del argentino José Ingenieros: “La revolución socialista rusa es un experimento cuyas enseñanzas deben ser aprovechadas, sin que ello importe creer que es un modelo cuyos detalles convenga reproducir servilmente en cualquier otro país.” Lo mismo diremos sin ambigüedades sobre la “revolución cubana”, pues no creemos que una revolución democrática, descolonizadora y eco-socialista para el siglo XXI, analizada desde enfoques teóricos contra-hegemónicos, deba caer en seguidismos ideológicos de ningún tipo.
Una cosa es aprovechar las enseñanzas de la revolución cubana, sus logros, afirmar la solidaridad contra el bloqueo imperialista hacia Cuba, otra cosa creer que es un “modelo cuyos detalles convenga reproducir servilmente”; sobre todo, cuando el potencial revolucionario de la democracia participativa y protagónica, basado en un régimen de plenas libertades políticas y sociales, con presencia de diversas organizaciones con fines políticos, con un Estado Democrático y Social de Derecho y Justicia consagrado en la Constitución de 1999, es muy superior a las imposturas sectarias, por ejemplo, del X Congreso del PC soviético de la era leninista, cuando se suprimieron las tendencias y fracciones, prefigurando el colectivismo oligárquico que constitucionalizará Stalin a partir de 1936. Si usted quiere evitar el Estalinismo, analice los pormenores de la democracia socialista, del protagonismo desde abajo, desde el pueblo organizado, consciente de sus derechos y de su poder transformador.
Hoy sabemos que el estalinismo fue prefigurado en la propia política leninista, y esto no es nada casual, sino una procedencia que remite a la “democracia de la minoría revolucionaria” que data del imaginario jacobino-blanquista. Contra esto, basta leer el Manifiesto Comunista de Marx y Engels:
“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.” (Manifiesto Comunista-1848).
Aquellos que defendieron en su momento la tesis del “partido único” (léase bien: único), y que aún no plantean abiertamente la defensa del “régimen político de partido-único”, les molesta la existencia de una diversidad de tendencias revolucionarias, así como la necesidad de una alianza amplia de partidos y movimientos (Frente Único Revolucionario-Mariategui, que no es lo mismo que plantear “Partido único”).
Podrían aprender mucho del Frente amplio de Uruguay, de las palabras del ahora Presidente montonero uruguayo Pepe Mujica, en entrevista concedida a Walter Martínez, pues compartimos con Mujica que la enfermedad de la izquierda es el “sectarismo”. Nada mejor entonces, que aquella frase del cubano Jorge Fraga en plena efervescencia revolucionaria, cuando señaló que: “El ‘culto a la personalidad’ no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”.
Bastaría explorar en el DRAE para recoger la memoria ideológica y semántica de un concepto, leer literalmente y entrelineas para explorar los campos connotativos del sectarismo: secuaz, fanático e intransigente de un partido o de una idea: más aún de “una idea de otro”; es decir, y en el estricto sentido del movimiento de la Ilustración: no ser capaz de salir de la propia inmadurez intelectual, política y ético-cultural, a través del ejercicio autónomo de la facultades sensoriales, estéticas, afectivas o intelectuales. Porque ser sectario es vivir bajo un complejo psicológico de dependencia y sumisión con Otro, abdicar al ejercicio y los riesgos de la autonomía intelectual, política y ético-cultural, de la soberanía cognitiva (Morin dixit).
Aquí retomaremos a Gramsci, quien más ha enfatizado el proceso de escisión ideológica que requieren realizar los grupos y clases subalternas para lograr su autonomía política y espiritual frente a las clases dominantes, superando la barra entre gobernantes y gobernados:
“Para formar los dirigentes es fundamental partir de la siguiente premisa: ¿Se quiere que existan siempre gobernados y gobernantes, o por el contrario, se desean crear las condiciones bajo las cuales desaparezca la necesidad de la existencia de esta división?, o sea, ¿Se parte de la premisa de la perpetua división del género humano o se cree que tal vez tal división es solo un hecho histórico, que responde a determinadas condiciones?”(Elementos de política).
¿Qué nos enseña Gramsci? Una vía para la crítica radical de la separación entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados. Así mismo, una crítica al “cadornismo”: el término proviene del General Luigi Cadorna, jefe del estado mayor del ejército italiano durante la retirada de Caporetto (1917), de la cual fue el principal responsable. El “cadornismo” simboliza aquí el burocratismo o el autoritarismo de los dirigentes que consideraban como superfluo el trabajo de persuasión de los “dirigidos” para obtener su adhesión voluntaria mediante argumentos, y no solo por arengas temerarias. En fin, la sustitución del mando vertical por el diálogo persuasivo, pedagógico y liberador. Gramsci continua:
“(…) la mayor parte de los desastres colectivos (políticos) ocurren porque no se ha tratado de evitar el sacrifico inútil, o se ha demostrado no tener en cuenta el sacrificio ajeno y se jugó con la piel de los demás. Cada uno habrá oído narrar a los oficiales del frente cómo los soldados arriesgaban realmente la vida cuando realmente era necesario, pero cómo en cambio se rebelaban cuando eran descuidados. Una compañía era capaz de ayunar varios días si veía que los víveres no alcanzaban por razones de fuerza mayor, pero se amotinaba si por descuido o burocratismo se omitía una sola comida. Este principio se extiende a todas las acciones que exigen sacrificio. Por lo cual siempre, luego de todo acontecimiento, es necesario ante todo buscar la responsabilidad de los dirigentes (…)”
Decía Paulo Freire, que la acción política junto a los oprimidos debe ser una acción cultural para la libertad, rompiendo con la visión de los opresores que refuerzan los vínculos de dependencia y sumisión hacia las relaciones de poder. Por tanto, el método del liderazgo revolucionario no puede reproducir los métodos del opresor. El liderazgo revolucionario que no sea dialógico con la multitud, mantiene la “sombra” del dominador dentro de si, y es presa de un sectarismo que conlleva a reforzar la lógica del opresor.
El diálogo revolucionario se opone a la “propaganda bancaria”, al discurso vertical, a la transformación de la pronunciación del mundo en intercomunicación por la consigna burocrática. Del diálogo revolucionario nace la intersubjetividad, la intercomunicación liberadora, no la palabra hueca. Se trata de comunión con el pueblo, para superar el dirigismo y el mesianismo.
Por tanto, el liderazgo revolucionario no aliena las pasiones revolucionarias con los mitos utilizados por las elites opresoras, como aquel culto a los héroes y jefes, planteando, por ejemplo, que “Las revoluciones siempre se resumen en un Líder”.
No, la revolución democrática y socialista no tiene estos resúmenes, es un acontecimiento de multitudes populares, organizada y guiadas sí, por sus centros colectivos de dirección política, que deben “mandar obedeciendo al pueblo”, ser sus servidores públicos. Sin necesidad de recurrir a los mitos de las “revoluciones conservadoras” o del propio fascismo: al “principio del caudillo” (Mussolini-Hitler-Franco dixit).
Lo que muestra la historia es que las revoluciones son débiles cuando dependen de una sola figura o rostro (Grenada-Chile), pero fuertes cuando se apoyan en un pueblo movilizado, organizado y consciente de su proyecto-liberación.
No solo hay que cerrar filas por arriba, sino cerrar filas por abajo, pues hay revoluciones con pueden llegar a ser gigantes con píes de barro.
Defender el autogobierno popular implica que hay un abismo entre la democracia socialista y el sectarismo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

FORMA/PARTIDO:HERRAMIENTA AUXILIAR DE LA MULTITUD POPULAR CONSTITUYENTE



Javier Biardeau R.
Desde que el termino izquierda se posicionó en la agenda política de la Modernidad Occidental, luego de la Revolución Francesa, se ha partido del supuesto que ser de “izquierda” es ser “socialista”. Pero el asunto no es tan simple. Es una confusión similar a aquella que plantea que ser “socialista” es ser “marxista”, o que ser “marxista” es ser “leninista”.
Hay que romper con pesados estereotipos para repensar radicalmente el imaginario crítico socialista y sus instrumentos auxiliares, sus máquinas de lucha. Así como hay múltiples izquierdas, hay diversos socialismos, así como diversos instrumentos de lucha, movilización, organización y catalizadores de nuevas formas de conciencia. No se trata, por cierto, de la falacia maniquea entre partido/anti-partido ni de las “dos izquierdas”.
Se trata de repensar la genealogía histórica de las constelaciones socialistas, revolucionarias y democráticas de cara a los retos, escenarios y problemas previsibles en el siglo XXI. El debate y desafío que ha lanzado Chávez en Venezuela sobre el “socialismo bolivariano del siglo XXI”, no puede encallar en la idea de que “otro gobierno es posible”. Que se trata solo de “gobierno” y de “partido”.
Se trata más bien de la construcción de la voluntad colectiva, a escala local, nacional, continental y mundial, de las fuerzas político-culturales para una vasta iniciativa de transformación de las estructuras históricas de dominación, injusticia, explotación y exclusión.
Llámese “Socialismo del siglo XXI”, “Socialismo en el siglo XXI”, “Socialismo para el siglo XXI” o simplemente “Socialismo. Siglo XXI”, el asunto remite a la actualidad, vigencia y relevancia del imaginario socialista para superar la crisis civilizatoria del régimen del capital.
Ante esta ambiciosa idea-fuerza, hay que pasearse por las mediaciones históricas y teóricas concretas para llegar a tal horizonte (no se trata de ideas mágicas, ni se “soplar y hacer botellas”), sino de referirse a las condiciones, circunstancias, fuerzas sociales, ético-culturales y políticas que pudieran encarnar tal posibilidad.
Desde nuestro punto de vista, cualquier ruptura o desconexión entre el modelo socialista posible y la revolución democrática, anti-imperialista, ecológica y descolonizadora conduciría a una repetición de modelos análogos al socialismo burocrático, del colectivismo despótico o del estatismo autoritario, a los regímenes de partido único y a las economías estatizadas del siglo XX.
Cuando hablamos de revolución democrática hablamos de la centralidad del proceso popular constituyente, que genera novedosas formas de democracia participativa y protagonismo popular; es decir, que no enquistan cogollos ni instituciones que suplantan el ejercicio participativo del autogobierno.
Cuando hablamos de antiimperialismo hablamos de considerar el necesario debate sobre imperio/imperialismo en el siglo XXI, así como el papel de la hegemonía norteamericana y del G-8 en este asunto.
Cuando hablamos de descolonización, planteamos que mientras las codificaciones marxistas y socialistas del siglo XX fueron fundamentalmente tributarias de la modernidad euro-céntrica, será imprescindible superar el colonialismo intelectual en los propios esquemas, teorías y marcos ideológicos disponibles.
Un diálogo polémico entre marxismos heterodoxos, teorías críticas, estudios culturales y subalternos, posmodernismos oposicionales, corrientes de descolonización intelectual, teologías liberadores y ciencias sociales emancipadoras ofrecen un panorama más alentador que cualquier doctrinarismo de aparato, que el monolitismo ideológico derivado de la clausuras dogmática de la revolución teórica inconclusa de Marx. Allí reside el núcleo profundo cuando dijo: “yo no soy marxista”.
Liberar el pensamiento crítico socialista de las “revoluciones desde arriba”, de los “decisionismos de aparato”, que como plantearía Guattari, son verdaderas contra-revoluciones moleculares.
Los partidos pueden ayudar, pero más ayuda al cambio de vida sustantivo, la construcción de la multitud popular como permanente potencia constituyente.

viernes, 31 de julio de 2009

CRITICA RADICAL Y PROYECTO SOCIALISTA


Javier Biardeau R.

Más allá de los manidos recursos de la descalificación, la rotulación y la estigmatización que encarnan las vías del dogmatismo y el doctrinarismo ideológico, hay que ejercitar el indeclinable principio de la criticidad radical en la construcción de alternativas socialistas basadas en la radicalización de la democracia, y no en su liquidación.
Decía Henry Lefevbre, que los intelectuales no han hecho sino interpretar el marxismo, que de lo que se trataba era de transformarlo. Pero Lefebvre tal vez omitía que a través de determinadas prácticas históricamente analizables, la transformación del marxismo derivaba en una doctrina de justificación del estatismo autoritario, y no en una teoría crítica radical.
En el texto de Cesario R. Aguilera de Prat: “La teoría bolchevique del Estado socialista”, quedan expuestas las sutiles distorsiones y re-significaciones que explican el pasaje de una teoría de la “extinción del Estado” (Lenin), como encarnación institucional de la lógica de la dominación, a su inversión ideológica en la tesis del “fortalecimiento del Estado Socialista” (Stalin), en abismal contraposición de los planteamientos tanto de Marx como de Engels. Una lectura obligada para quiénes barren bajo la alfombra tres debates claves de cualquier revolución: la posibilidad de “construcción del socialismo en un solo país”, el debate sobre la cuestión sindical y los consejos obreros, el reconocimiento de tendencias en los partidos revolucionarios y el multipartidismo en la sociedad política.
¿Y que tiene esto que ver con lo que en Venezuela ocurre? Pues mucho. Ni los espejismos del estalinismo ni del estatismo autoritario edulcorados con la retórica del nacionalismo popular revolucionario, ofrecen atractivo para encauzar las esperanzas democratizadoras de una emancipación radical para el siglo XXI.
El giro hacia la izquierda en América Latina y el Caribe no puede encallar en las viejas rocas doctrinarias del socialismo burocrático del siglo XX. La discusión, el debate, la polémica en un clima de libre expresión de las ideas y pensamientos son elementos constituyentes del propio carácter democrático de una revolución, construida a múltiples voces, desde múltiples corrientes, articulando la unidad para la acción transformadora desde la propia democracia interna del campo revolucionario.
Las páginas finales de Nicos Poulantzas en su obra: “Poder, Estado y Socialismo”, permiten reflexionar críticamente sobre la transición hacia un socialismo democrático, comprendiendo los callejones sin salida tanto de la socialdemocracia reformista como del llamado “socialismo real”. Para Poulantzas la problemática consiste en encarar una transformación radical del Estado articulando una ampliación y profundización de las instituciones de la democracia representativa y de las libertades (que fueron también conquista de las fuerzas populares) con el despliegue de las formas de la democracia directa de base y el enjambre de focos autogestionarios. Obviamente, se trata de una revolución democratizadora, no de afirmar la doctrina del “Estado socialista”, que administra los “intereses generales” de la sociedad a través del cuerpo burocrático. Estas fantasías del “Estado de todo el pueblo” son las mismas que se cristalizaban en las apariencias jurídico-constitucionales de la Constitución soviética de 1936.
Falso, se oculta el carácter clasista y de dominación de unas fracciones sociales sobre otras de toda forma/Estado. El asunto es que la única formula limitante de los desvaríos de la estadolatría residen en la ampliación y radicalización de la democracia, en el control social y político de los poderes del Estado, en la democratización de la esfera pública estatal.
Poulantzas apunta a los problemas identificados ya por Rosa Luxemburgo en su crítica a la revolución rusa: una interpretación del marxismo que amputa las libertades civiles y políticas, termina por condenar la revolución en el cadalso de la burocracia. Un partido dominante que funciona como partido único, la burocratización interna de este partido, la confusión entre partido y Estado, el fin de todas las manifestaciones de democracia de base, y peor aún, el encapsulamiento corporativo de las iniciativas populares, llevan al socialismo al mismo callejón sin salida: Estadolatría. Siendo la sociedad política y el Estado el centro del ejercicio del poder político, la lucha de multitudes tiene que modificar las relaciones de fuerzas en el interior de los propios aparatos de estado y en la sociedad política a favor del poder popular. Nada de sustituciones que infantilizan y encuadran desde arriba el poder popular.
La democracia participativa y protagónica no es la democracia jacobina. No se trata de la deificación del hombre idealizado unida al desprecio profundo por las personas reales; un “hombre nuevo” que reclama su sumisión ante una minoría virtuosa, que le promete su redención mediante una dictadura, justificando incluso el terror. La moral compulsiva transplantada a la clase y al partido, hizo organizar la sociedad soviética según el modelo de la fábrica despótica, donde el Estado y las demás organizaciones sociales fungen como “látigos” o “correas de transmisión”.
Este espíritu tecno-burocrático, estatista, tuvo como consecuencia la negación de los valores del proyecto socialista, la negación de la emancipación social, cultural y política del las mayorías sociales.
Pues sin democracia radical, sin socialización del poder no hay Nuevo Socialismo.

miércoles, 1 de julio de 2009

¿SUCESIÓN CONSTITUCIONAL FORZADA?

Javier Biardeau R.

“Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, “significa lo que yo decido que significa – ni más, ni menos.” “La cuestión es”, dijo Alicia, “si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.” “La cuestión es” dijo Humpty Dumpty, “quién es el amo, eso es todo.”
Lewis Carroll. Alicia a través del espejo.

¿Sucesión Constitucional Forzada? Así llaman los afectados por el síndrome del “delirium extremis” antichávez en Venezuela, a los acontecimientos de ruptura del hilo constitucional en Honduras. Ignoran obviamente que nada de esto existe en la Constitución, y que no hay renuncias forzadas ni inventadas. Tampoco militares que emergen de la providencia, interpretando a gusto las leyes, y sus efectos. Este espectáculo no es más que una simple contra-revolución preventiva, cuyo guión esta en el Pentágono, y dice: bloqueo de “revoluciones democráticas y pacíficas”. Ya basta que la soberanía popular ponga o quite. Ha llegado el tiempo del poder constituido diga adiós al poder constituyente.

El antagonismo extremo hacia Chávez, y los procesos de polarización generan algo más que el llamado (por Rigoberto Lanz), “síndrome de la realidad invertida” (de la “perspectiva invertida”, he acotado por mi parte). Este algo más es propio de comunicaciones políticas claramente distorsionadas, de fenómenos patológicos de grupo. Anthony Wilden en su conocido texto “Sistema y estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio” enfatizaba que la ideología dominante del capitalismo, al sobredimensionar las relaciones de oposición entre “humanidad” y la “naturaleza”, y entre los miembros de las comunidades humanas, sustituía un valor de supervivencia de corto plazo (la competición) por un valor de supervivencia a largo plazo (la cooperación). La “información” tiene un valor de supervivencia, la “desinformación”, un valor de entropía, desorganización y muerte.

Anclas y empresas de difusión masiva están a la carga: desinformen ¿Gorilas mediáticos? Parece que en Venezuela están sueltos hace ya mucho rato. Exaltan la barbarie golpista, entrelineas como siempre: “restablecimiento del orden constitucional”, “vacio de poder” o “sucesión constitucional forzada” ¡Simples eufemismos! Por puro fanatismo y capricho antichavista, por supuesto. Se trata de una estupidez con parámetros claramente definidos: si se asocia positivamente a Chávez es malo, muy malo-malo. Si se asocia negativamente a Chávez es bueno, muy bueno-bueno. Lamentablemente, gente que se dice muy inteligente, caen en este estado. Un mundo empobrecido, sin matices ni profundidad, de ataque-defensa. Todo esto nos lleva a una conclusión: estamos ante climas de opinión prebélicos. No nos quejemos al tener que recoger los vidrios rotos de un país en guerra civil.




El Sociólogo Jesús Ibáñez enseñaba que la información, en la acepción más usual del término, no es algo que nos permita meramente elegir entre opciones ya predefinidas. En un sentido más profundo, nos permite constituir tales opciones, construir las alternativas. ¿Qué opciones estamos construyendo día a día, cotidianamente, en nuestras “guerras de información”? En sentido de la pragmática de la comunicación, considero indispensable sustituir los espacios de opinión homogeneizados por la línea política editorial de los Amos oficiales o privados, por paneles plurales, heterogéneos, con gente que piense y opine distinto, que logre respetarse, tolerarse, reconocerse, sobre todo que humanice al adversario político. ¿Ingenuidad? Tal vez.




La dictadura mediática de un lado no se combate con la dictadura mediática del otro. Eso no es hegemonía democrática en el terreno de la comunicación-cultura. Esto es hegemonía autoritaria de ambos lados. Clausewitz sabía lo que significaba “del ascenso hacia los extremos”. Y usted, ¿Lo sabe?




El golpe de Estado en Honduras puede ser un pretexto para enderezarnos, o para curvar aún más las contradicciones. El asunto es si la oposición democrática a Chávez, y las fuerzas socialistas realmente democráticas en el campo del chavismo comparten reglas mínimas comunes principios, valores y procedimientos que definan un terreno común para la política. Lo otro es guerra. No son cuestiones semánticas menores, lo enseña la actual experiencia Hondureña.




La violencia contra la Constitución en Honduras muestra la caverna que amenaza las frágiles culturas democráticas. Hay tanto revolucionarios “puros” como nostálgicos del 11 de abril que desconocen el ABC de un terreno mínimo para la democracia. Wilden nos enseña: “Quienquiera que defina el código o el contexto, tiene el control (…) y todas las respuestas que acepten ese contexto renuncian a la posibilidad de redefinirlo.” Algunos quieren ser Amos absolutos, para controlar códigos y contextos, imposibilidad de redefiniciones. ¡Cuidado con los que nos hablan de “pureza moral e intelectual” en el debate revolucionario y político! No quieren que pensemos con cabeza propia.




Luego de la actitud del Congreso Hondureño, hay que poner las barbas en remojo para el 2010 en Venezuela. La AN será convertida en caja de resonancia de la estrategia del Pentágono, a pesar de la proyección de una línea blanda de la Casa Blanca. Quien quiera oír que oiga, quien quiera ver que vea. No son casuales los tímidos rechazos al golpe en sectores de la oposición, y las defensas al mismo en los aparatos mediáticos. El test democrático hacia todo el espectro político e ideológico en América Latina y el Caribe ya ha comenzado. La contra-revolución preventiva hace tiempo que comenzó.




Dicta la Constitución de Honduras (art.2): “La suplantación de la soberanía popular y la usurpación de los poderes constituidos se tipifican como delitos de traición a la patria”. También dice (art 3): “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional”. El numeral 12 del artículo 205 dicta entre las atribuciones del Congreso hondureño, admitir o no la renuncia del Presidente. Faltaría decir: “la cual aceptó…” Pobre oposición venezolana.



Cuidado entonces, los Goriletis andan sueltos.

martes, 16 de junio de 2009

IDEAS PARA EL DEBATE: PLANTEAMIENTOS PARA EL SEMINARIO: "INTELECTUALES, DEMOCRACIA Y SOCIALISMO", DEL CENTRO INTERNACIONAL MIRANDA



Javier Biardeau R.
Yo quisiera comenzar mi intervención rápidamente con una pequeña cita del actual embajador en Argelia, Michel Mujica:

“Aquí se nos plantea un dilema. La alternativa no reside entre un capitalismo consustanciado en al desigualdad o en un socialismo privado de democracia. Si nos resignamos ante una de las dos posibilidades anteriormente mencionadas, ahogaremos las posibilidades de la democracia socialista.” (Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci; 1994, p. 51)

Michel Mujica escribió un texto que no debería estar durmiendo en silencio de las bibliotecas, sino que debería estar habitando justamente los debates de lo que llamamos acá el “proceso popular constituyente”. Se llama “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci”. Yo quisiera hacer de alguna manera hoy una suerte de homenaje a unas tesis de este libro, porque son muy pertinente para lo que estamos discutiendo hoy, sobre todo para una discusión que yo no la percibo desde la perspectiva de un “moralismo optimista”, desde la “profecía auto cumplida” que proyecta que en el 2021 veremos el cielo y llegaremos al paraíso socialista; sino justamente observando y planteando que los procesos históricos están sometidos a las luchas sociales y políticas, que las luchas históricas dependen de una composición social y de clases específica y que, como decimos nosotros en términos de sentido común, los “deseos no preñan”.
I.- Estamos en una encrucijada crítica

Si en física casi todos los “modelos teóricos” están construidos a partir del supuesto del “vacío”, de un “espacio sin fricciones”, en el proceso histórico, social y político nosotros tenemos fricciones, luchas, conflictos, antagonismos, avances, retrocesos, flujos y reflujos. Y creo que la revolución bolivariana esta viviendo un momento que el intelectual Edgardo Lander calificó como encrucijada crítica (Ver: http://www.aporrea.org/actualidad/a47861.html).
II.- ¿Se ha hecho un balance del socialismo real?
Una encrucijada, y por eso hay caminos que no deberían seguirse si no se quieren repetir errores que ya se conocen en las experiencias del llamado “socialismo realmente existente”, sobre todo ya que desde Venezuela no se ha hecho balance de inventario de la experiencia de transición al socialismo del socialismo burocrático, o como deseen llamarlo, esa sería la primera inquietud. ¿Hasta que punto, en Venezuela, se ha metabolizado, desde un punto de vista de la estructura política y intelectual, el balance e inventario de las experiencias de socialismo real? ¿Que conclusiones surgen de este balance de inventario para la praxis política?
III.- Muchas dudas sobre el Primer Plan Socialista
Creo que hay múltiples guiones de referencia presentes en las políticas públicas de la revolución bolivariana. En Venezuela hemos logrados que la Agenda Alternativa Bolivariana cumpla todos sus objetivos. Pero si analizamos los planes posteriores, y sobre todo esto que llamamos el Primer Plan Socialista, la pregunta que nos debemos hacer es ¿Hasta que punto el proceso popular, nacional, revolucionario tiene la capacidad efectiva de lograr, concretar, las ambiciones y aspiraciones que allí están contenidas? ¿En que condiciones políticas? ¿En que condiciones institucionales? ¿Con cuales fuerzas motrices, dirigentes y de apoyo nacionales e internacionales? ¿En que contexto de fuerzas internacionales? ¿En que contexto económico? Hay que evitar, desde mi punto de vista, una invariante histórica, algo que ha sucedido reiteradamente en la experiencia del socialismo real: el tema de la “fortaleza asediada”. Es decir, ¿La revolución venezolana va a justificar permanentemente un debate marcado por una transición al socialismo en el contexto de convertirse en una “fortaleza revolucionaria asediada”?
Tenemos por ejemplo, un caso específico: el caso chileno. Una revolución democrática, pacifica, legal, constitucional, una transición democrática al socialismo, que no contaba justamente entre sus fortalezas con aquella que suponemos todos los aquí presentes con que contamos: con la “base de sustentación” de unas fuerzas armadas comprometidas con la estabilización del proceso popular constituyente, con el proceso revolucionario, pero justamente ¿cuál fue el devenir y destino del caso Chileno a partir de las fricciones del campo político? No fue simplemente un “golpe seco y frío”. Nosotros pudimos observar en el caso chileno —que fue emblemático— cómo la fluidez e inestabilidad de las correlaciones de fuerzas en el parlamento chileno generaron una precondición para el golpe de estado de Pinochet. Es decir, el propio parlamento chileno le abrió la puerta al golpe militar. Y a veces nosotros perdemos de vista estos pequeños detalles históricos.
IV.- Hay un campo minado que debemos desarmar para el 2010
Eso lo digo a propósito de la prospectiva política inmediata para el año que viene. A veces nosotros pensamos que lo que se esta discutiendo en la coyuntura y la situación presente, la ley electoral, las elecciones de este año, las elecciones que vienen, se movilizan como si el carril donde va el “tren revolucionario” estuviese completamente aceitado. Yo creo que hay piedras en el camino, que hay un campo minado que debemos desarmar, y eso creo que es la tarea de los intelectuales: prever y analizar en detalle ese campo minado.
Un campo geopolíticamente minado por la administración norteamericana y sus aliados, y geopolíticamente minado por la derecha venezolana, que ha ido labrando, tejiendo una estructura de apoyos, en eso que llaman “sociedad civil organizada”, que ellos la denominan como “sociedad democrática”. Ellos se asumen como monopolizadores de la “sociedad democrática”. Intentan volver a revitalizar los llamados “programas de transición”, lo que llaman en los Estados-Unidos la oficina de transición democrática, con sus “revoluciones de colores”.
V.- La oposición puede llegar a ganar no menos del 30 a 35% del parlamento nacional
Yo no preveo un 2021 como le proyecta Luis Britto Garcia. Yo preveo unos años por venir en los cuales se va a tratar de nuevo de montar una “oficina de transición democrática” en Venezuela, donde el parlamento se va convertir en una fundamental “caja de resonancia” para una ofensiva de la derecha venezolana, tratando de capitalizar el poco espacio político-institucional que controlan. Tratarán de generar un 30 o 35% mínimo de espacio parlamentario a partir de una coalición perfecta que les permita a ellos controlar este espacio. Tratando simultáneamente de dividir la alianza política y social que apoya la revolución bolivariana (PPT, PCV, PSUV y movimientos sociales), tratando de causar fricciones, tratando de seducir algunos sectores de la alianza política revolucionaria desde Washington, para tratar de generar un escenario si no de división, por lo menos de debilitamiento de las fuerzas que apoyan la revolución y de crecimiento y avance de la derecha en el parlamento venezolano.
Entonces en ese contexto que no es de 2021 sino de 2010 yo planteo lo que para mi son, retos fundamentales que nosotros debemos abordar y entre ellos la relación entre democracia y transición al socialismo.
VI.- Chávez ha ocupado un vacío político y si sigue haciéndolo eso puede generar problemas
Una de las observaciones que se hacía al principio es el tema del llamado “hiper-liderazgo”. Otros le hemos llamado el “bonapartismo progresivo”, otros el cesarismoa secas, algunos han confundido la terminología de Gramsci sobre el cesarismo progresivo, con la lectura positivista de Vallenilla Lanz sobre el cesarismo democrático. Aquí conviene recordar que para Gramsci el Cesarismo tiene como trasfondo una situación de equilibrio catastrófico de fuerzas en conflicto, lo que lo lleva a asumir compromisos con sectores no comprometidos con la revolución para alcanzar ventaja relativa en el equilibrio de poder. Creo que este esquema de poder es un gran error, y no permite avanzar en la revolución desde la perspectiva de la construcción de una contra-hegemonía democrática y socialista. Lo que Gramsci plantea es básicamente que en momentos en los cuales una estructura de dirección política colectiva no esta bien asentada, una “gran personalidad” política toma, bajo su peso, la dialéctica de la revolución o la dialéctica de la restauración. Y creo que Chávez ha ocupado un vacío político, un vacío de mediación e interlocución político importante que si sigue ocupándolo puede generar “cuchillos para la propia garganta de la revolución bolivariana”: la indispensabilidad del Líder, la fragilidad de la conducción revolucionaria. Aquí el “momento del Líder” se traga al “momento popular protagónico y organizado”, que es que debe garantizar la continuidad del proceso popular constituyente.
Para las tareas, para las funciones, para el avance de la revolución bolivariana se requiere una estructura política, vamos a llamarla, un intelectual colectivo, no solo una estructura administrativa y electoral, como la ha denominado Vladimir Acosta. No se requieren solamente intelectuales individuales, notables o personalidades destacadas, se requiere un pensamiento crítico orgánico al movimiento revolucionario, se requiere una recuperación del vínculo entre socialismo y democracia, que la derecha ideológica ha tratado constantemente de opacar, para generar una suerte de disyuntiva en la cual el socialismo es el “totalitarismo”, y la democracia representativa es justamente el modelo político del “fin de la historia”, la estación de llegada y el último camino que nos queda.
VII.- Replantear la relación entre socialismo y democracia
Yo creo que una de las tareas fundamentales, si es por asignarnos tareas, es justamente volver a replantear la relación entre socialismo y democracia, superando los hábitos mentales que ha dejado el guión leninista, el guión de la ortodoxia bolchevique sobre una izquierda, que en Venezuela, ha sido troquelada por la pregnancia, por el papel que jugó la influencia de la Tercera Internacional sobre el socialismo revolucionario en América Latina; y por la función de esa intelectualidad vehiculada a la Tercera Internacional, al modelo de los Estados socialistas, y al marxismo-leninismo como guión, como hábitos, como reflejo condicionado para pensar e imaginar la transición al socialismo. El estalinismo jugo un papel castrante en la conformación de un pensamiento crítico y revolucionario nuestro-americano.
VIII. Vía venezolana y vía cubana al socialismo
Yo veo con preocupación que en Venezuela no hay una repuesta contundente sobre la significación de la vía nacional y especifica de la revolución bolivariana, con relación a la experiencia cubana. Veo con sorpresa como la actitud básicamente es defender sin diferenciar, sin matizar, el devenir político de la revolución cubana, sin comprender las singularidades diferencias y especificidades del proceso popular constituyente de cada país. Cada país sigue una experiencia histórica singular y específica, construye su propio camino, pero no copia ni trasplanta “modelos de socialismo”. No creo que sea necesario que nosotros carguemos con la defensa del legado histórico de la revolución cubana. Podemos apoyar la experiencia, pero esa es tarea fundamental que le corresponde al pueblo cubano y sus corrientes revolucionarias, sus fallas o debilidades no deben convertirse en “hándicaps” de la revolución venezolana.
IX. Crece el sector capitalista pero se radicaliza el discurso anticapitalista
Me parece que durante la transición al socialismo, como ha dicho Víctor Álvarez, resulta bastante sugerente pensar, que al tiempo que se fortalece una economía mixta de signo aún capitalista, donde se fortalece fracciones específicas del sector privado, el discurso presidencial plantea un discurso de radicalización socialista. Entonces ¿cómo se compaginan los datos de la evolución sobre el crecimiento de la matriz productiva capitalista con una radicalización del discurso presidencial? ¿Cómo nosotros asimilamos estas dos tendencias? ¿Qué es lo que sucede allí?
X. No tenemos un espacio donde se discutan a fondo los dilemas de la construcción socialista
Creo que hay un segundo tema de fondo. A propósito de que Eva Golinger plantea la necesidad de crear centros de pensamiento socialista, por ejemplo, observo con preocupación que nosotros no tengamos en las estructuras de pensamiento revolucionario, un balance o inventario de todas esas discusiones teóricas sobre la transición desde el punto de vista de la economía socialista. Es decir, ¿Dónde en Venezuela se discute por ejemplo a Oscar Lange, a Kalecki? ¿Donde se discute el debate de Mandel, de Bettelheim, sobre la ley de valor, sobre la acumulación socialista, con Guevara en la propia Cuba? ¿Dónde se esta discutiendo eso para informar al movimiento, al poder popular constituyente sobre el tránsito de la “propiedad privada de los grandes medios de producción” a las diferentes modalidades de propiedad social (distinguiendo que “nacionalizaciones” no son “socializaciones”) y sobre la dinámica de la economía de mercado en condiciones de Planificación socialista? ¿Dónde se esta discutiendo el tema de la acumulación capitalista y socialista en Venezuela?
XI. El socialismo y las correlaciones de fuerza
Samir Amin ha escrito recientemente que el tema de las transiciones en el siglo XXI no podrá verse con la facilidad, como se pensó en el imaginario revolucionario del siglo XIX y XX. Marx suponía, escribiendo el Manifiesto Comunista, que la revolución estaba bastante cerca, muy cerca. La experiencia de 1871 le hizo pensar que no estaba tan cerca y se replegó en su critica d ela economía política burguesa en el museo británico. Engels escribió un prólogo con relación a la lucha de clases en Francia donde se plantea un viraje desde la perspectiva insurreccional al avance paulatino a través de una revolución de la mayoría, utilizando los parlamentos en la social-democracia alemana. Luego, el mismo partido socialdemócrata alemana —concentrada en la primera guerra mundial y la aprobación a los créditos de guerra— echó por tierra toda la polémica en Europa sobre la posibilidad de una alianza amplia de las fuerzas del socialismo revolucionario.
Eso terminó en la división de aguas entre lo que fue la Internacional Socialista de la época y la Tercera Internacional leninista. En cuanto al socialismo revolucionario podemos observar como Stalin participó en el llamado “tercer período”, en una cuña que profundizó la división entre social-demócratas y comunistas en el propio partido alemán, en el cual había expectativas de continuar la revolución. Stalin llego a plantear que la izquierda socialdemócrata era lo peor del “social-fascismo”, como lo denominó. Mas tarde se trata de enmendar con los llamados “frentes populares”, pero la contra-revolución estalinista ya había avanzado. También tenemos la polémica, luego de la muerte de Lenin, en relación con la sucesión en el partido bolchevique, en relación con las diferentes alas ideológicas, luego tenemos al conflicto chino-soviético y paremos de contar. Luego de la muerte de Lenin, ya se prefiguraban tendencias despóticas y contra-revolucionarias en el seno de la tradición bolchevique.
Es decir que el camino del balance e inventario del socialismo real, del socialismo burocrático, no es simplemente una profecía optimista donde nosotros lo vamos a llenar de flores por simple voluntad o por simple moralización o por una simple psicología optimista de autoayuda, sino que tenemos que enfrentar, precisamente, las dificultades reales de cualquier transición al socialismo de acuerdo a las correlaciones de fuerzas que están allí. Es decir, donde el optimismo depende no de simples ensoñaciones sino de la composición de clases y la composición social de las luchas.
XII.- Las diferentes miradas sobre la revolución
Aquí Roland Denis nos está diciendo que el movimiento popular luce parcialmente administrado, donde hay una suerte de república militar, corporativo, burocrática en interpretación de Roland y, al mismo tiempo, escucho voces que dicen que este socialismo camina aceleradamente hacia la conquista justamente de una sociedad de igualdad, libertad y justicia. ¿Como es posible que dos personas que habiten en el mismo espacio social, tengan percepciones tan radicalmente disímiles del “proceso” formando parte del campo de izquierda?
Por eso a mí me parece importante reflexionar de manera profunda sobre la transición al socialismo. Recuperar por ejemplo, a Samir Amin, cuando dice: ¿es posible mantener el paradigma del sovietismo, del desarrollo que iniciaba el Estado de bienestar o del desarrollo nacional de los países del Tercer-mundo, para mantener la ilusión de la transición post capitalista? La repuesta de él es no. Incluso él dice cómo enfrentar las tres contradicciones fundamentales del capitalismo en términos estructurales, no en términos de gobierno revolucionario o de proyecto revolucionario de coyuntura.
La primera es la alineación económica, es decir pensar la sustitución de una sociedad montada sobre la economía de propiedad privada y de mercado, sobre la alineación mercantil que sigue presente a escala mundial. Cuando habla por ejemplo de China: un país, dos sistemas, que no es un país, dos sistemas, sino la expansión justamente regulada y controlada ciertamente por la planificación estatal de la mercantilización de grandes sectores de la actividad económica de China.
En segundo lugar, Samin Amir nos plantea ¿que vamos a hacer nosotros con la destrucción de la naturaleza? ¿Hasta que punto nuestros proyectos políticos y nuestras políticas públicas abordan efectivamente la critica al productivismo y el desarrollismo para abordar, no en términos retóricos sino prácticos, el tema de desarrollo sustentable, del crecimiento y la acumulación en condiciones de las cuales la ecología esta diciendo que productivismo, crecimiento y acumulación son problemáticas?.
XIII.- El hiper-consumismo, la contracara del rentismo
En tercer lugar y correlativo con este segundo punto, el tema del consumismo. A mí me parece que los centros comerciales en Venezuela son emblemáticos como polos de referencias frente a las reuniones que realiza el PSUV algunos sábados o domingos. Yo he participado en las reuniones de mi batallón del PSUV, pero me sorprende llamativamente la capacidad de atracción, de movilización de los Centros Comerciales, frente la movilización que tiene actualmente los batallones del PSUV. Yo veo a los Centros Comerciales llenos de racionalidad y deseo mercantil. Yo veo la lógica de la alienación mercantil, en una sociedad de transición al socialismo, operando con toda la facilidad del mundo. Y veo que no hay discusión sobre este punto en los batallones socialistas. Entonces que a mí me digan ¿en qué mundo de flores y de ángeles socialistas estamos? Creo que estamos ante una sociedad capitalista de consumo, sin tener una estructura productiva capitalista que soporte este patrón de necesidades y aspiraciones inducidas por la industria cultural, publicitaria y mediática.
Y finalmente, para cerrar, Samin Amin nos plantea el tema del desarrollo desigual Norte-Sur. A mí me parece que Venezuela cumple una función fundamental —con todos los errores y logros— como vanguardia de la internacionalización para reorganizar los movimientos de izquierda revolucionaria del mundo. Y creo que Venezuela, cumpliendo esa labor, ha ido gastando fuerzas que deben dedicarse al fortalecimiento interno del proceso revolucionario en una proyección fundamental propagandística de los logros de la revolución bolivariana.
XIV.- El papel de Venezuela y el de los intelectuales
Es necesario, desde mi punto de vista, que Venezuela entienda su papel en las luchas de los movimientos alter-mundialistas, en las luchas de los países del Sur en relación con los nuevos esquemas de integración multipolar, pero que sea humilde también con relación a la presentación de sus avances. Porque si nosotros hacemos propaganda excesiva sobre logros de la revolución que no son tales, y se hace un balance crudo, un inventario descarnado sobre el avance efectivo de la revolución en diversos campos, podemos quedar muy mal. Podemos quedar muy mal, por ejemplo, en la dificultad para pasar efectivamente de los logros de Barrio Adentro I a los demás niveles del sistema publico nacional de Salud, como los Hospitales públicos. Podemos quedar muy mal si observamos que la mayor parte de los mercales no son fortalecidos por la producción o la oferta interna sino por la importación, por la dependencia alimentaria. Podemos quedar muy mal si, como decía Víctor Álvarez, analizamos cómo los incentivos fiscales y financieros están siendo capitalizados por una burguesía emergente o por sectores económicos que pueden hacer como aquél que volteaba el cuadro y tenía en una faz a Hugo Rafael Chávez Frías y a la otra faz, a la oposición.
XV.- Ser mucho menos complacientes en este momento con la revolución
Es decir, creo que nosotros tenemos que ser mucho menos complacientes en este momento con la revolución bolivariana y exigirle a la estructura de liderazgo político que no convierta a los intelectuales como ha sido historia conocida en maleteros del poder. Si Rómulo Betancourt decía que las fuerzas armadas se compraban con prostitutas y con whisky, creo que también decía y si no lo decía uno lo pensaba, que los intelectuales se “cocinaban en su propia salsa”. Es decir, Betancourt “decapitó” o neutralizó en la práctica a fracciones importante de la intelectualidad revolucionaria: ¿Que hizo Betancourt de Acción Democrática, que hizo magistralmente y maquiavélicamente para impedir justamente la posibilidad de la radicalización de izquierda? En este movimiento nacional popular revolucionario, si nosotros no observamos que fue lo que hizo Betancourt, no vamos a observar lo que esta tratando de hacer la derecha con los jóvenes venezolanos.
XVI. Están recuperando el mito Betancourt como un liderazgo democrático alternativo
Para finalizar, solamente un detalle. Revisen en bibliotecas y librerías la gran ofensiva con relación a la mitología del “padre de la democracia”. Jóvenes repitiendo las consignas de Acción Democrática y volviendo a pensar que Rómulo Betancourt es el modelo a seguir como liderazgo. Jóvenes que se entrenan, que son pagados para ir a cursos internacionales y nacionales para recibir el guión del anticomunismo, elaborado justamente por esa bisagra que se conformó en el seno de un partido que también fue un partido nacionalista popular y revolucionario y que terminó siendo justamente la cabeza de playa para impedir un proceso socialista en Venezuela. No lo olvidemos, Betancourt derrotó política y militarmente a la izquierda revolucionaria venezolana. Y la izquierda contribuyó con muchos errores ideológicos y políticos. Entre ellos, asumir dogmáticamente el marxismo-leninismo y descuidar las relaciones entre socialismo y democracia.

miércoles, 3 de junio de 2009

REINVENCIÓN SOCIALISTA Y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

Javier Biardeau R.

Sería conveniente que los portavoces de la “vieja izquierda” se paseara por la polémica que emerge del artículo de Boaventura de Sousa Santos titulado: ¿Por qué Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda? (disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-ha-vuelto-problema-dificil-para-izquierda). Sería un excelente pretexto para repensar las relaciones entre democracia y socialismo en las tradiciones de izquierda.
La democracia socialista no puede ser un tabú. Lo que ocurre con las tradiciones de izquierda en el mundo y en nuestra América no puede ser un tabú. A pesar del pertinente seminario sobre “Intelectuales, Democracia y Socialismo” en el Centro Internacional Miranda, el debate no se focalizó suficientemente en este tópico, profundizando en una agenda imprescindible. Se inició un debate y el debate debe continuar.
¿Puede existir transición al socialismo sin pensamiento crítico de izquierda? La respuesta es negativa. No hay cesarismo progresivo, directriz ideológica, decisionismo político o replica de modelos de “calco y copia”, que pueda sustituir instancias de debate que fecunden el pensamiento crítico socialista.
Desde nuestro punto de vista, el nuevo socialismo del siglo XXI implica una reinvención radical del imaginario socialista, más allá de los callejones agotados de las dos izquierdas, tanto la socialdemocracia reformista (Bernstein y sus derivados) como del marxismo-leninismo (Stalin y sus derivados).
La vía venezolana al socialismo democrático y revolucionario (denominación acertada del historiador británico Thompson) ganaría mucho en densidad teórica, en apalancamiento de la praxis de los movimientos sociales y de las políticas del gobierno bolivariano si asumiera la relevancia del debate, un auténtico balance crítico de inventario de las experiencias históricas de transición en el socialismo burocrático del siglo XX, para comprender los retos singulares y específicos de la propia transformación venezolana. Ganaría mucho si por ejemplo, superase la colonización de la mentalidad revolucionaria por la idiotización del dogma.
No existe posibilidad de apelar a un “socialismo científico” de cuño euro-céntrico, positivista y determinista, frente a las realidades del post-cientificismo, de crisis de la modernidad, del post-racionalismo, como lo denominó en su momento José Carlos Mariátegui (Defensa del marxismo), recolocando el lugar de la revolución teórica inconclusa de Marx, entre los programa de investigación-transformación que fecundan nuevos modos de reflexión crítica y revolucionaria para un nuevo socialismo. Ya no hay “gran teoría” revolucionaria, hay múltiples nodos de pensamiento crítico que pueden reinventar nuevos socialismos.
Aunque muchos repiten como loros que el socialismo debe ser “creación heroica”, sin especificar los lugares epistémicos, teóricos, metódicos, de intervención social de esta “creación heroica”, es imprescindible exigir a los loros dogmáticos que dejen de errar. Crear es configurar nuevas expresiones, formas, contenidos y experiencias. Nuevas prácticas, discursos y agenciamientos.
Doctrinarismo, calco y copia, liturgias, colonialidad del saber, consignismo y empirismo dominan aun el clima del “Socialismo del siglo XXI”. El asunto vital es reconocer qué territorios existenciales son novedosos para hablar del “socialismo del siglo XXI”, demarcarse efectivamente del socialismo burocrático del siglo XX en diferentes ámbitos interdependientes: económicos, sociales, políticos, militares, culturales, territoriales, ambientales e internacionales.
Es imprescindible la transición, pero no al viejo proyecto socialista estatista del siglo XX, al sovietismo tropical. Hay quienes quedan encallados en la polémica Kaustky-Lenin al abordar la democracia socialista. Este es el guión de la vieja izquierda, tanto reformista como marxista-leninista.
El asunto está en si se asume o no la democracia radical, la democracia participativa como nuevo paradigma de la democracia socialista. Demasiada evidencias teórica e histórica permitiría una relectura de Marx desde la idea de democracia radical, no desde el estatismo autoritario ni desde la el fin de la historia de la democracia liberal.
Hay planos de consistencia que permiten repensar el socialismo como democracia sustantiva, más allá del elitismo liberal-conservador y del arquetipo de la “nueva clase”. Existe un campo posible para repensar la democracia económica y social, más allá del fundamentalismo de mercado o de la planificación burocrático-centralista, que no confundan “nacionalizaciones” con “socializaciones”, ni “corporativismo estatista” con la “autogestión” y “control obrero de la producción”.
No es posible confundir hoy la contra-hegemonía cultural liberadora con el monopolio de la información-comunicación, con el despotismo del “gran hermano ideológico, cultural y comunicacional”.
Marx planteó convertir la democracia de “instrumento de engaño en medio de emancipación” (Maximilien Rubel investigó este matiz fundamental). En la actualidad, trabajos de D. Held, C.P. Mcpherson, Toni Negri, Frank Cunnigham, Ellen Meiksings Wood, Chantal Mouffe permiten el reconocimiento de las insuficiencias del liberalismo político para repensar la democracia radical. Es necesario imaginar opciones distintas a la sumisión al modelo Rawls, Bobbio, Arendt o Habermas desde lugares, mundos y subjetividades de Nuestra América, sin necesidad de empantanarse con un remix de la ortodoxia bolchevique ni del eurocentrismo.
Creación heroica es potenciar a fondo la democracia participativa, exigirle al socialismo burocrático que “descanse en paz”, para hacer y decir nuevas formas, expresiones, contenidos y experiencias socialistas, hechura de un proceso popular constituyente.
Pues burocratismo es la expresión concentrada del hábito constituido.