miércoles, 12 de agosto de 2009

EXTRAVÍOS REVOLUCIONARIOS EN VENEZUELA

Javier Biardeau R.

Las acepciones y connotaciones de la palabra “extraviar” son un pretexto para debatir polémicamente el presente histórico. Una revolución puede “perder el camino”. También puede “colocar en otro lugar, una cosa distinta a la que debía ocupar ese espacio”. También puede “perder el horizonte, el objetivo, la meta”. También “los sujetos se extravían, se pierden, ignorándose su paradero”. Finalmente hay una forma afín del extraviarse, que es el “desvarío”, acontecimiento articulado a signos, a la palabra, al discurso.
Desvarío político implica fenómenos delirantes, llenos de despropósito, una performance política desordenada y catastrófica, que no llega a construir respuestas satisfactorias a demandas sociales, con debida eficiencia, eficacia y calidad revolucionaria, a decir de Alfredo Maneiro. Las revoluciones atroces, despóticas, terribles, forman parte de los monstruos políticos de la Modernidad. Revelan que existe una conexión oculta entre desmesura y lo monstruoso.
La atrocidad, el exceso de fuerza, lo contrario a lo razonable, el abuso de poder, la perdida de medida y sensatez, son invariantes de las revoluciones extraviadas. En este punto, podríamos anticiparnos a algunas críticas, ya que conservadores y reformadores, plantean que cualquier revolución es un extravío, una insensatez. Evidentemente, no compartimos este juicio. Es posible llevar a cabo cambios radicales sin necesidad de reiterar despotismos, aunque reconocemos que algunos de estos argumentos contrarios esconden elementos razonables.
Algunos tratan de distinguir, por ejemplo, entre una “izquierda moderada” y una “izquierda radical”. Esta es una viejísima fórmula. Desde nuestro punto de vista, la distinción es otra. Es entre una izquierda democrático-radical, y a la vez revolucionaria; frente a las dos viejas izquierdas del siglo XX: a) la reformista, pro-capitalista y socialdemócrata solo de nombre; b) la revolucionaria ortodoxa, bolchevique, con sus ideologías voluntaristas en el mal-llamado “tercer mundo”.
Una revolución democrática y socialista sui generis implica romper viejos esquemas de pensamiento y dicotomías heredadas. Si se hubiese seguido el guión leninista o guevarista en Venezuela, en la década de los 90, no tendríamos el proceso constituyente que tenemos. El asunto crucial es entonces, avanzar a partir de las disposiciones, principios y derechos fundamentales recogidos en la Constitución de 1999, en una estrategia socialista democrática innovadora, que logre distanciarse efectivamente de las ortodoxias del siglo XX.
Si se tratara de replicar ortodoxias revolucionarias, no hay otro camino que convocar a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, o pasar a hechos constituyentes que encuadran en la manida tesis de que “la violencia es la comadrona de la historia”. Por tanto, es cada vez más necesario discutir el camino, el rumbo, las metas, los sujetos y el discurso de la revolución democrática y socialista en Venezuela. Ni el PSUV, ni el PPT, ni el PCV han abierto instancias de debate público sobre estos tópicos.
Es positivo que cada quien asuma su perfil en el debate, su tónica distintiva, su voz diferencial; en fin, que ubique su tendencia en un proceso que asume su carácter contradictorio, complejo y diverso. Si algo puede aprenderse es un manejo diferente de la existencia de tendencias, de opiniones diferentes, conflictivas y contradictorias. Asumirlas democráticamente, sin las viejas etiquetas estalinistas que estigmatizaban toda voz diferencial, endilgándole adjetivaciones de “enemigos del pueblo”, “traidores” o “contra-revolucionarios”. Esto demuestra estupidez, autoritarismo y pobreza de argumentos.
Lo distintivo del siglo XXI es que no hay solo dos polos de referencia (capitalismo-socialismo) en el espectro político, sino múltiples nodos de articulación, en campos mucho más fluidos y heterogéneos, que los presentes en el siglo XIX y XX. ¿Acaso para el pueblo y demás sectores sociales, es igual una política keynesiana que una política neoliberal? ¿Acaso es igual el comunismo de guerra que la NEP?¿Acaso es igual la democracia de consejos que la dictadura de la burocracia de estado? Abandonar el espacio de la revolución democrática y socialista implica asumir un discurso doctrinario de la vieja ortodoxía marxista soviética. Por tanto, hay que discutir matices, no brochazos de pintores mediocres (¡con el perdón de Hitler!).
No es suficiente decir: Allá, los capitalistas; aquí, los socialistas. Los matices son el verdadero problema de una estrategia socialista democrática innovadora: ¿Cuál socialismo? ¿Cuál capitalismo? ¿Cual democracia? ¿Cual civilización? ¿Cuál estilo de Desarrollo? ¿Cuál modelo cultural? ¿Cuál sistema político y electoral? ¿Cuáles fuerxas sociales, políticas y culturales del cambio? ¿Cuál política pública con cuál participación y control popular?
Pintar con brocha gruesa y en un solo color grandes extensiones de problemas del espectro social y político se llama pensamiento monocolor (¿único?). Es frente a estos problemas que ni la ortodoxia leninista, ni el estalinismo ni el guevarismo tienen ya respuestas. La articulación política del siglo XXI pasa por mediaciones distintas a las del siglo XX. ¿Pueblo? ¿Multitud? ¿Nación? ¿Clase?, estas referencias no significan ya lo que significaron para los actores revolucionarios del siglo XIX y XX.
El “sujeto” de la revolución se escribe en plural, en forma de movimientos sociales y populares, de actores articulados en redes y bloques de lucha, cruzados no solo por determinaciones económicas y sociales (¡los analisis sociológicos de la composición de clase y sus estratos!), sino sobre todo culturales y políticas (¡los actores en lucha y sus modelos de referencia!), sin dejar de lado articulaciones ambientales (nueva Civilización ecológica).
En este contexto, una retórica de radicalización revolucionaria que no radicalice de hecho la democracia, que la encuadre en la dirección conocida por el socialismo burocrático del siglo XX, por el jacobinismo, o el blanquismo del siglo XIX, es simplemente inviable. Terminará chocando contra una montaña de demandas democráticas, y reforzando una revolución pasiva de la derecha.
Llámese ortodoxia bolchevique, guevarismo o marxismo-leninismo, estas visiones constituyen extravíos para el siglo XXI. Su elemental incompetencia para abordar las demandas democráticas del siglo XXI, las descarta como opciones. El elitismo capitalista está en crisis ( esto lo ha denunciado el enfoque pluralista desde hace tiempo), pero el elitismo revolucionario también (aunque algunos sigan sin enterarse). Se requiere un enfoque que reconozca la pluralidad socialista revolucionaria, su pluriverso.
No hay chance para trampear o salir del atolladero con discursos y prácticas revolucionarios caducas. El tan citado Che Guevara, traído a debates en la actualidad en Venezuela, sostuvo luego de los acontecimientos del 23 de enero de 1958 que había que agotar las luchas cívicas. Que no todas las condiciones empujaban hacia revoluciones violentas en América Latina. ¡Que era un error plantear la lucha armada en Venezuela!
En la “Guerra de guerrillas” dijo (aunque sus lectores desprevenidos no lo asimilen): “Donde un gobierno haya subido al poder por alguna forma de consulta popular, fraudulenta o no, y se mantenga al menos una apariencia de legalidad constitucional, el brote guerrillero es imposible de producir por no haberse agotado las posibilidades de la lucha cívica”. Nuevos y viejos guevaristas podrían detenerse a analizar estos textos. Ya los viejos se extraviaron en una oportunidad, y se sabe cual fue el saldo de aquella aventura.
Finalmente, Guevara poco aportó teóricamente para la construcción de una democracia distinta a la planteada por el canon de la ortodoxia bolchevique. Guevara hablaba en nombre del "marxismo-leninismo", así discrepara puntualmente con el dictat del marxismo soviético.
¿Volveremos a desempolvar la derruida tesis de la “Dictadura del proletariado”? Mejor construyamos definitivamente la democracia participativa y protagónica, una sociedad justa y de bienestar, así como el Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia. Pues, todavía falta demasiado. ¡No es momento para extravíos!

martes, 11 de agosto de 2009

¡COMANDO SUR: GO HOME!

Von Giap. Guerra de todo el pueblo

Javier Biardeau R

1.- La “Conferencia de Seguridad de Suramérica” en Cartagena:
No debe pasar por desapercibida la gravedad de la instalación de una plataforma de bases norteamericanas en Colombia. El anuncio del Presidente Uribe y lo tratado en la “Conferencia de Seguridad de Suramerica” en Cartagena, con el apoyo del Comando Sur, debe prender todas las señales de alerta del gobierno bolivariano, de la alianza política de los partidos políticos, de los movimientos sociales y populares que impulsan la revolución pacífica, democrática y constituyente en Nuestra América, de todos los miembros del ALBA, de UNASUR y de todos los pueblos del mundo, justamente, en pleno contexto de ofensiva golpista contra el pueblo de Honduras, y en medio de la crisis económica, social y política interna de la propia Colombia.
Hay que analizar con atención lo acordado en la llamada "Conferencia de Seguridad de Suramérica", organizada por las Fuerzas Militares de Colombia y el Comando Sur de Estados Unidos. El espacio era “propicio” para que los jefes militares de algunos países de Suramérica, analizaran "temas estratégicos", que para ellos tiene impacto regional. ¿Se habra analizado el recisnte golpe militar contra Zelaya el pueblo Hondureño?
Para el General Colombiano y Ministro de la Defensa (e) Freddy Padilla de León, el propósito de la conferencia fue “estrechar lazos de confianza, cooperación y amistad de las Fuerzas Armadas, y de los comandantes de las Fuerzas Militares de América del Sur y del Comando Sur de Estados Unidos". Sabemos lo que esto significa.
La reunión fue titulada: "Futuros retos y misiones de las Fuerzas Armadas de Suramérica", se celebró en Cartagena (por razones de seguridad, dada su localización geográfica). Participaron el jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, general Douglas Fraser, el comandante en Jefe del Ejército de Uruguay, general Jorge Washington Rosales, el ministro de Defensa de Uruguay, José Arturo Ballardi Lozano; el jefe del estado mayor conjunto de las Fuerzas Armadas de Argentina, Brigadier General Jorge Alberto Chevalier, y el jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Paraguay, Brigadier General Rogelio Torales. También el secretario de Defensa de México, general Guillermo Galván; el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de Perú, general de Ejército Francisco Javier Contreras Rivas; el Jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional de Chile, Teniente General Alfredo Ewing Pinochet, y el viceministro de Seguridad Pública del Ministerio de Gobierno y Justicia de Panamá, Alejandro Garuz.
Dadas las suspicacias inevitables que generó esta cita, el comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, el general Freddy Padilla, afirmó que nadie, salvo "los terroristas y narcotraficantes", debe temer por el acuerdo que Colombia negocia con EE.UU., al tiempo que llamó a sus pares militares de Argentina, Brasil, Chile, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay a cooperar en la “lucha al terrorismo”.
En el inicio de la Conferencia, el Jefe del Comando Sur de EE.UU., general Douglas Fraser, señaló que el acuerdo sobre uso de bases militares de Colombia, como ya lo había anunciado antes Uribe, aún no estaba finiquitado, y que era para combatir el tráfico de drogas y la subversión. Dijo: “(…) el tipo de material que va a estar ahí depende de Colombia”.
Padilla adelantaba que nadie debe temer "por este acuerdo transparente, respetuoso en soberanías, de los acuerdos internacionales y que busca fortalecer nuestra capacidad en la lucha contra las drogas.” Siguiendo una máxima de sano escepticismo, frente a las declaraciones de cualquier cúpula militar represiva, es posible que estemos frente a un acuerdo poco transparente, no respetuoso de las soberanías nacionales ni de Colombia ni de los países afectados, ni respetuoso de acuerdos internacionales, y que el propósito no sea luchar contra las drogas.
Un pequeño detalle: la “Conferencia de Seguridad de Suramérica” no la organizó UNASUR, sino el mismísimo Comando Sur de los EE.UU… ¡solo detalles!
2.- El propósito no es el “narcotráfico y el terrorismo”, sino el control de recursos estratégicos, el quiebre del alba y fortalecer estrategia de contención de las revoluciones pacíficas , democráticas y constituyentes en Nuestra America.
No hay que perder de vista la declaración del candidato preferido por Uribe para su propia sucesión, el ex ministro Óscar Felipe Arias, apodado Uribito, quién señaló que las nuevas bases estadounidenses servirán "para defender a los colombianos de su vecindario". Tampoco el respaldo que recibió inmediatamente Uribe de su par peruano Alan García, ni dejar de ver el tablero de conjunto. Bolivia en cambio, rechazó “la utilización” (eufemismo que maneja el actual gobierno colombiano) o instalación de bases militares que se desprendería del nuevo acuerdo entre su Colombia y los EE.UU.
Alan García, Presidente Constitucional del Perú, llego a declarar la admiración por "el esfuerzo desplegado por el presidente Uribe" que dijo no solo favorece a Colombia sino al modelo democrático en el continente. "Siempre estaremos respaldando ese trabajo fundamental que ha hecho usted".
Como vemos, no se trata de narcotráfico y de la lucha contra la subversión en Colombia. Se trata de una estrategia contra la insurgencia nacional-popular continental de Nuestra América.
Llama la atención, en este contexto, las declaraciones de la sutil cancillería brasileña. Marco Aurelio García, dijo que Brasil respeta las decisiones soberanas de cada gobierno, pero sostuvo que un eventual acuerdo colombo-estadounidense no deja de preocuparles. "Esas bases se sitúan en una región que tiene interés muy grande para nosotros, que es el Amazonas".
Esta declaración fue dada tras reunirse con James Jones, Consejero de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama, quién estuvo paralelamente en Brasil.
Al parecer, toda la lucha que despliega el imperio contra el llamado “terrorismo” en el Medio Oriente, y desde el Cáucaso hasta Afghanistan y Paquistán, comienza a trasplantarse hacia Nuestra América. Como dicen algunos, en el fondo de la lucha contra el “terrorismo” opera la tesis guerra infinita, planteada por Samuel P. Huntington, como lo es la del “Choque de Civilizaciones”.
Uribe lucha en los frentes interno y externo apoyado por los EE.UU y el Comando Sur. Internamente vulnera la Constitución Colombiana, cuando acepta la instalación de bases militares extranjeras, hablando siempre de “utilización de bases colombianas y del paso de tropas extranjeras por territorio colombiano”, hechos que tienen que ser autorizado previamente por el Senado de la República. Y a las nuevas fuerzas norteamericanas y los llamados contratistas se le suman a las Fuerzas Armadas Colombianas, las mayores de Suramérica, y como se ha señalado superiores a las del Brasil, que tienen un territorio 7 veces mayor y una población 5 veces superior. Colombia gasta porcentajes del PIB mayores que los erogados por el propio Ejército de los Estados Unidos. Se trata, como Israel, de un prototipo de Estado guerrerista y por su ubicación geográfica, cabeza de playa y plataforma del Comando Sur.
Hasta ahora se habla de 7 bases militares, que conforman abanicos estratégicos hacia Venezuela: Base naval de Cartagena y aérea de Malambo-Departamento Atlántico, Bases de Palanquero-Cundinamarca, Apiay-Meta, y para completar, se incluye en fuentes no oficiales colombianas informaciones estrategicas que aún no se han dado a la luz pública sobre la apetecible base aérea de Marandúa para el Comando Sur, en el Vichada; posición estratégica enclavado frente a la Faja petrolífera del Orinoco y la Amazonía Venezolana.
Bajo el pretexto de la “modernización de Marandúa” y su planificada conversión de Grupo Aéreo de Oriente a Comando Aéreo de Combate N ° 7, junto a las bases de operaciones de Apiay, Yopal y Saravena, cualquiera tendría extrema atención de los movimientos geoestratégico, que amenazan directamente a los Venezuela (sin tomar en consideración el cerco militar que se cierra con las bases de Aruba y Curazao, además de Guantánamo, Panama más la IV Flota).
Ecuador también se ve gravemente amenazado. Se trata de un abanico que se proyecta hacia Ecuador desde Palanquero, en Cundinamarca (centro) y Apiay en Meta (centro), junto a las bases de Tolemaida, en Cundinamarca, Larandia, en Caquetá (sur); y de Bahía Málaga, en Valle del Cauca (centro-oeste, sobre la costa Pacífica). Dos abanicos de proyección que colocan una cuña entre Venezuela y Ecuador. Imaginémonos por un momento, si en este cuadro se agregan, las posibles bases militares norteamericanas en el Perú de Alan García, amenazando a Bolivia. La conclusión es que la planificación estratégica del Comando Sur no puede ser subestimada por nadie, pues se trata de la fuerza armada imperial más poderosa del mundo.
Mientras el gobierno de Uribe afirma reiteradamente que la política de seguridad democrática es exitosa, negando la existencia del conflicto interno, afirmando el desmantelamiento del paramilitarismo y que tiene a la guerrilla de rodillas, que avanza exitosamente en la lucha contra los carteles de la droga, entonces le da la buena nueva al vecindario latinoamericano (entremezclándose sus negociaciones sobre el TLC con los EE.UU, esta graciosa concesión al Comando Sur. Existen sospechas fundadas de que la instalación de nuevas bases militares norteamericanas, son parte de un plan de despliegue contra Venezuela y Ecuador, para derrocar el proceso revolucionario que lidera el Presidente Chávez y Correa.
3.- ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Algunos detalles del preacuerdo han comenzado a circular: Las autoridades colombianas aseguran que solamente autorizarán la movilización de 1.400 hombres (800 militares y 600 “contratistas”). Actualmente se calcula que aproximadamente hay mas de 250 militares de Estados Unidos, mientras se estima según fuentes oficiales que hay 90 “contratistas”. Esto sin agregar el llamado flujo o transito de militares de Estados Unidos que visitan el país, que hace que en promedio siempre haya 400 uniformados estadounidenses.
Por otra parte, se plantea que los equipos que llegarán “deberán ser utilizados por la Fuerza Pública colombiana, a través de los acuerdos que se basan en tácticas de inteligencia para brindarles mayor seguridad a los colombianos”, manifestó El General Padilla. Esto significa que EE.UU adiestra en el uso de equipos norteamericanos de alta tecnología a las fuerzas armadas colombianas.
Así mismo, se habla de que en el momento que se firme el convenio con los Estados Unidos el Gobierno Nacional, representado por el Ministro de Relaciones Exteriores, y el Gobierno de los Estados Unidos acordarán prorrogar la permanencia de las Misiones del Ejército, La Armada y la Fuerza Aérea. Por si fuera poco, se está negociando la presencia de embarcaciones con radares en Málaga (Pacífico) y Cartagena (Caribe), para supuestamente controlar el tráfico de droga que circula por esas aguas y que va dirigido hacia Centroamérica y Europa. Es decir, se están instalando Radares Norteamericanos.
Para fines de mando, control, coordinación y administración, el convenio operativo sería conformado por algunos generales de la Fuerza Aérea Colombiana, así como las actividades de Inteligencia, de de manera que “pueda proteger la información confidencial e implementar los procedimientos y métodos necesarios para protegerla”. En el terreno de las operaciones, “serán de exclusiva responsabilidad de la Fuerza Aérea Colombiana -FAC-, con el apoyo logístico de Estados Unidos”.
Si lo que comienza a circular es cierto, la UNASUR y una necesaria Cumbre de seguridad del ALBA deberán exigir total transparencia, respeto absoluto de Colombia a la soberanía de Venezuela, Ecuador y Nicaragua, y sobre todo, cerrar filas los gobiernos y pueblos de Nuestra América para en una sola voz decir:
Bases y tropas gringas del Comando Sur:
¡Go Home!.

lunes, 10 de agosto de 2009

ONCE TESIS CONTRAHEGEMONICAS SOBRE EL NUEVO SOCIALISMO




Javier Biardeau R.

Advertencia:

Dado que se trata de pastillas, no se las trague todas, ni cada una, sin analizarlas cuidadosamente, sin desmenuzarlas y someterlas a la mayor crítica posible. No crea, no acepte, no se identifique, no asuma ninguna de ellas. Construya sus propias tesis. No sea arrastrado por el automatismo psíquico.

Es momento de apropiarse críticamente de las herramientas de lucha, no permita que lo gobiernen mentalmente, luche por auto-gobernarse. Es posible construir sus propias tesis, a nivel individual o en un espacio colectivo, a través de un sencillo ejercicio: responda la siguiente pregunta: ¿Cómo se imagina usted el socialismo democrático para el siglo XXI? Discuta, examine, proponga, trate de llegar a acuerdos mínimos, construya su propio perfil.

La emancipación social comienza solo si usted ya ha comenzado a pensar con cabeza propia, poner entre paréntesis, analizar toda la tradición de las generaciones muertas, analizar y desmontar el bombardeo mediático, colocando todos esos mensajes, esos espíritus y lenguajes que piensan por usted y sobre usted, al frente de usted, para lograr examinarlos bajo el más potente microscopio, utilizando la mayor conquista de la humanidad: la razón crítica.

TESIS 1: El Nuevo Socialismo no es ni reformista, ni populista, ni burocrático ni cesarista. No renuncia a una interpretación crítica y abierta del “pensamiento revolucionario” construido en específicos tiempos y lugares, no reproduce una relación demagógica, manipuladora y clientelar con el pueblo, no justifica estructuras partidarias monolíticas, ni el estatismo autoritario, ni el culto a ninguna personalidad; porque no hay liderazgo político revolucionario infalible ni incuestionable.

TESIS 2: El Nuevo Socialismo es una plataforma de perspectivas teóricas diversas, de prácticas socialistas innovadoras, que plantea una ruptura paradigmática radical sustentada en:

a) lucha contra las codificaciones dogmáticas del pensamiento socialista,
b) des-colonización del imaginario socialista,
c) critica radical (teórico-práctica) a la explotación, coerción, hegemonía ideológica, exclusión social, discriminación y negación cultural.

Ni dogmas, ni colonialismo mental ni dominación. Allí comienza el territorio de nuevos sentidos para cambiar la vida misma.

TESIS 3: El Nuevo Socialismo reconoce que han existido históricamente socialismos doctrinarios, burocráticos, estatistas, antidemocráticos, sectarios y despóticos. Que es indispensable un balance de inventario de todas estas deformaciones burocráticas de la experiencia socialista. Este reconocimiento no implica abandonar la lucha socialista, o la posibilidad de una sociedad sin explotación ni injusticia, ni dejar de luchar por una democracia de consejos, de amplia participación y protagonismo revolucionario, basada en el Poder Popular, bajo la forma de la Comuna Socialista.

TESIS 4: El Nuevo Socialismo es un Socialismo desde abajo (de los de abajo, por los de abajo, para romper los espacios arriba / abajo), no se confunde con una “Revolución desde arriba”, “desde ministerios, oficinas publicas y escritorios”, no se pliega a una revolución de una elite revolucionaria, que pretende sustituir la participación protagónica del “pueblo concreto”, de personas de carne, hueso y voz, en nombre del “pueblo abstracto”; sustituyendo la auto-emancipación social de la mayoría social por órganos que se colocan por encima del pueblo, controlándolo, dominándolo. La política contra-hegemónica es la lucha contra cualquier consagración de la separación entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados, entre mandantes y obedientes; pues en definitiva, la dirección política revolucionaria se define por “mandar obedeciendo al pueblo”.

TESIS 5: El Nuevo Socialismo identifica claramente quienes promueven relaciones de explotación, coerción, manipulación, discriminación de unos grupos sociales sobre otros grupos, de unas clases sociales sobre otras, de una culturas sobre otras; y reconoce quienes promueven que los seres humanos logren la plena existencia humana, para vivir libremente asociados en comunidades de trabajo y estudio. Así mismo, desenmascara a quienes destruyen los patrimonios ambientales y lucha por el eco-socialismo.

TESIS 6: El Nuevo Socialismo no promueve otra hegemonía que no sea la ampliación y radicalización de la democracia participativa y el protagonismo popular. No impulsa ni la hegemonía del mercado, ni de la propiedad privada capitalista, ni la hegemonía de la burocracia del Estado, en cualquier ámbito: económico, social, político, mediático, cultural o ambiental.

TESIS 7: El Nuevo Socialismo promueve el liderazgo colectivo, democrático y participativo. Desmonta desde su raíz la ambición de poder, la motivación de ser "ser jefe", "comandar sobre otros", "gobernar sobre otros", tratar a otros como “masas” por considerase un “cuadro político”. Cuestiona, por tanto, la figura del caudillo, el personalismo, el dirigismo y el autoritarismo; ya que una sociedad de iguales es una sociedad de seres humanos libres, sin dominación ni explotación de unos sobre otros.

TESIS 8: El Nuevo Socialismo aprende de la matriz nacional-popular liberadora, sin separar la cultura socialista de la llamada ciencia socialista, pues como ha planteado Simón Rodríguez, lo fundamental es que el “pueblo aprenda a gobernarse”, no que se “acostumbre a que lo gobiernen”. Actualmente, la tecno-ciencia no es solo una “fuerza productiva”, sino una “fuerza destructiva”. Por tanto, la sabiduría del pueblo no se subordina a ninguna “ciencia socialista” de cuadros-expertos, sino que busca el dialogo crítico de saberes, la construcción compartida de informaciones y conocimientos relevantes para el logro del proyecto de emancipación social y cultural.

TESIS 9: El Nuevo Socialismo es la hegemonía de los poderes creadores del pueblo, reconociendo que en una democracia integral hay multiplicidad de visiones, necesidades y demandas, pero quién decide es la decisión acordada por la libre voluntad de las mayorías, respetando siempre los derechos humanos de las minorías, buscando de forma permanente el mayor consenso posible y respetando la diversidad de corrientes de pensamiento.

TESIS 10: El Nuevo Socialismo responde NEGATIVAMENTE a la siguiente interrogante: ¿Se quiere que existan siempre gobernados y gobernantes? Responde AFIRMATIVAMENTE al siguiente interrogante: ¿Se desean crear las condiciones bajo las cuales, desaparezca la necesidad de la existencia de la división entre gobernantes y gobernados? Gramsci ha dejado como legado nuevas bases para una teoría política radical del socialismo, para colocar el acento en la construcción del convencimiento, el consenso y la adhesión voluntaria de las mayorías populares, desde una pedagogía liberadora, dialógico-crítica, responsable y persuasiva.

TESIS 11: El Nuevo Socialismo aspira al autogobierno popular desde múltiples voces, en asamblea de hombres y mujeres libremente asociados. Allí reside el núcleo central de la perspectiva contra-hegemónica: ¿Se construyen teorías críticas para la emancipación o se elaboran teorías funcionales a la dominación? ¿Se prefiguran nuevas formas de cooperación, sociabilidad y asociación humana, o se reproducen el despotismo y la dominación en las relaciones humanas? ¿Se lucha a favor de la plena existencia humana para todos, o se lucha a favor de la explotación, la injusticia y la destrucción de la vida sobre la tierra?

El enfasis en la democracia socialista no es accidental, pues sin democracia socialista no hay revolución socialista, ni ecopolítica ni interculturalidad.

sábado, 8 de agosto de 2009

¡RESUCITA RIAZANOV!


Javier Biardeau R.

El título es un recurso retórico. Marx, sigue siendo: “Ese desconocido” Pero, ¿que podemos decir de Riazanov? Que es uno de lo insumisos de la tradición revolucionaria marxista, un auténtico espíritu crítico. El gran biógrafo de Marx, Boris Nicolaïevski, reconocía en 1937 que de cada mil socialistas, tal vez sólo uno haya leído una obra de Marx; y de cada mil antimarxistas, ni uno. En Venezuela, es posible que lo datos puedan multiplicarse por mil. Pero, ¡si existiera al menos un Riazanov en Venezuela!
A Marx le esperaría siempre un destino de malas lecturas, la infinidad de los equívocos, las pésimas exégesis, las máscaras extrañas y las deformaciones gratuitas. También a Marx le aguardaba un peor destino: convertirse en ortodoxia de partidos o futuros Estados que hablarían en su nombre. ¡Pobre Marx!
En algún momento, Labriola planteó: “No hay elección que hacer: hay que poner al alcance de los lectores toda la obra científica y política, toda la producción literaria de los dos fundadores… incluso la ocasional”. En tiempos de modernidad tardía, del príncipe posmoderno mass-mediático: ¿Cambiaría algo publicar a Marx? En absoluto. Ya no hay receptores activos ni lecturas críticas, no por ahora.
En Venezuela muchos dicen ser “marxistas”; otros hablan de “ex marxismo”, pero ambas son etiquetas vaciadas de Marx. Se ha transformado la obra abierta, crítica, el sistema abierto en una doctrina, en un estereotipo o en un perro muerto. Sabemos que tal vez han paseado sus ojos por algunas líneas de Marx, pero como diría Piaget, ni se lo ha asimilado, ni se lo ha acomodado. Una visión doctrinaria de Marx apalancaría una pasiva interiorización.
Pero lo que se requiere es una apropiación activa, significativa y participativa. No se trata de trasvasar el conocimiento de lo externo a lo interno, ya que como señala Bajtin “las palabras que proferimos pertenecen parcialmente a otros, de ahí que de alguna manera, en nuestro discurso, nos apropiamos de ellas. Este proceso implica "alguien que toma algo que pertenece a otro y lo hace suyo". Dewey, Leontiev y por supuesto Vygotski podrían ayudar, pues un proceso de apropiación activa, significativa y participativa, implica también transformación, evaluación de su relevancia o pertinencia en el contexto.
Una lectura política de Marx no puede partir de una visión estática y pasiva en la adquisición de nociones, conceptos, categorías, destrezas, conocimientos. Tampoco se asimila desde lecturas filtradas por la mentalidad de aparato, y no se acomoda desde estructuras profundamente reaccionarias. Son simples gestos de barbarie.
Fue Riazanov o David B. Goldendach, no solo el encargado del Instituto Marx-Engels sino un insumiso ejemplar. Nacido en Odessa, una gran ciudad cosmopolita Ucraniana, un 10 de marzo de 1870. Trotsky lo definió: “orgánicamente incapaz de cobardía, o de Perogrullo”. Opositor frecuente de las posiciones de Lenin (Riazanov se consideraba un bolchevique no-leninista). Narran que en plena campaña contra Trotsky por Stalin, lo interrumpió en un Congreso: “¡Déjalo, Koba (Stalin)! No te pongas en ridículo. Todo el mundo sabe muy bien que la teoría no es tu fuerte”.
En plena revolución bolchevique (1922), se opone públicamente a la “pena de muerte”, a la ejecución sumaria de militantes social-revolucionarios o socialistas mencheviques. En el congreso del POSDR de 1903 en Bélgica, donde se produce la escisión entre bolcheviques y mencheviques, Riazanov critica el nuevo sectarismo de Lenin y el fetiche antidemocrático del “centralismo democrático”. El espíritu revolucionario y democrático de Riazanov anticipaba importantes derivas hacia lo peor.
Riazanov es uno de los más prominentes oradores y activistas sindicales antes de octubre de 1917. Es elegido para la presidencia del IIº Congreso de todos los Soviets y miembro ejecutivo del Consejo Central Sindical de Rusia. En octubre se opone al “putsch” y la insurrección armada propuesta por Lenin. Después defiende un sistema político soviético pluripartidista, y no deja de llamar a mencheviques y social-revolucionarios “camaradas”. Se opone a la dictadura del “comité central”, a las cooptaciones a dedo, al uso de la fuerza y a la represión contra partidos obreros, a la dispersión de la Asamblea Constituyente (dominada por mencheviques y S-R’s) electa por sufragio universal, a la represión contra los social-revolucionarios, al Tratado de Brest-Litovsk.
Por si fuera poco, en el debate sobre la “cuestión sindical” se enfrenta a Trotsky y a Lenin, defendiendo la independencia y la autonomía de los sindicatos. Lucha por la libre expresión dentro del partido, por la legalidad de tendencias internas, por la genuina democracia socialista. Una quijotesca campaña contra la burocracia. Su prestigio, intelectual y militante, hace que nadie ostente autoridad para callarlo o intentar expulsarlo (ni siquiera Lenin).
Sin embargo, poco a poco fue neutralizada su influencia. Muerto Lenin, durante el Congreso del partido en 1924 declara: “sin derecho y responsabilidad a expresar nuestras opiniones, esto no puede llamarse Partido Comunista”. En un discurso en la Academia de los profesores rojos creada en 1918 declara: “No soy bolchevique, no soy menchevique; y no soy leninista. Sólo soy un marxista, y como marxista soy comunista”.
A fines de 1920 el Comité Central promueve la idea de fundar un “Museo del Marxismo”, idea que Riazanov transforma en un Instituto en el cual historiadores y militantes puedan estudiar, en las más favorables condiciones, la teoría y la práctica del socialismo. Riazanov no sucumbe a la mentalidad de partido. Seguía siendo el hombre que había dicho en plena conferencia: ‘No soy de esos viejos bolcheviques a los que durante veinte años Lenin trató de viejos imbéciles”.
Relatan que Stalin visita el IME en 1927 y al ver los retratos de Marx, Engels y Lenin, pregunta a Riazanov: “¿Dónde está mi retrato?”. Riazanov replica: “Marx y Engels son mis maestros; Lenin fue mi camarada. ¿Pero qué eres tú para mí?”.
Se niega a participar en el culto a la personalidad, en la fase superior del sectarismo. Riazanov es arrestado, puesto en prisión, exiliado y expulsado no sólo del instituto sino del partido comunista. La GPU lo detiene. Riazanov se niega a representar el papel de arrepentido, ni entra en ningún juego de delación. Niega una y otra vez las delirantes acusaciones.
El Procurador general de Saratov le dirige una larga acusación de seis páginas, donde entre otras denuncias señala “la extrema hostilidad personal de Riazanov con respecto al camarada Stalin”. El 21 de enero de 1938 es condena a muerte por pertenecer a una “organización terrorista trotskista” y “la difusión de invenciones calumniosas sobre el partido y el poder soviético”.
Cuanto podría cambiar el mundo con la sola presencia de Riazanov. Pero sabemos que esto es imposible.
Pero por Riazanov, hay que mantener su testimonio, para hacer posible lo imposible.

MARX-ENGELS: ¡COMUNISMO DEMOCRATICO!


Javier Biardeau R.

Analizando el talante ético-cultural de los espíritus anti-comunistas venezolanos, uno se da cuenta con facilidad de sus reacciones histéricas, del automatismo psíquico, del reflejo condicionado de sus políticas, sus estrategias y tácticas, de sus “maccartismo tropical”.
Desde nuestro punto de vista, una cosa es cuestionar el colectivismo burocrático que habló en nombre del comunismo planteado por Marx y Engels; y otra cosa, es pasar por contrabando la tesis de que todo comunismo es totalitario y antidemocrático. Usted puede apelar a la obra completa de Marx-Engels. Allí encontrará más apoyo a la tesis de la República Social y Democrática, que a la manida tesis de que la “forma de gobierno” establecida por Marx y Engels era la “Dictadura del proletariado”: un puño de hierro sobre la sociedad democrática.
La distinción entre contenido del Estado (¿Quién gobierna?) y forma de gobierno (¿Cómo gobierna?) ha sido suficientemente trabajada, así como la noción de Dictadura y Democracia en Marx, como para seguir reiterando la retórica anti-marxista de la “guerra fría político-cultural”. Ciertamente la democracia en Marx no se limita a la democracia representativa ni defiende la propiedad privada burguesa, incluso para Marx es la Comuna la superación de ambas; y por tanto, tampoco puede confundirse con las dictaduras militares, bonapartistas o cívico-militares típicas de la derecha, ni con ningún contrabando ideológico estalinista.
Decir que Marx apoyó la “Dictadura revolucionaria del proletariado” significa nada más y nada menos que apoyaba la “libre voluntad de la mayoría de la población” en las circunstancias históricas del siglo XIX. Decirlo en aquel entonces era una revolución de la vida cotidiana.
Ahora bien, que unos personajes históricamente analizables, se apropien a conveniencia de una frase de Marx (Crítica al programa de Gotha-1875): “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.”; para sustentar una “Teoría de la dictadura del proletariado” eso es otra iniciativa teórico-política. Y si se deriva de allí una justificación de una forma de gobierno autoritaria-burocrática estamos ante una impostura. Esto es lo que hay que explicar sin pelos en la lengua.
Engels (1874) critica a los blanquistas de la siguiente forma: “De la idea blanquista de que toda revolución es obra de una pequeña minoría revolucionaria se desprende automáticamente la necesidad de una dictadura inmediatamente después del éxito de la insurrección, de una dictadura no de toda la clase revolucionaria, del proletariado, como es lógico, sino del contado número de personas que han llevado a cabo el golpe y que, a su vez, se hallan ya de antemano sometidas a la dictadura de una o de varias personas”.
Engels sabía exactamente lo que significaba una Dictadura de una minoría sobre la clase revolucionaria del proletariado, llámese una persona, un comité central, un buro político, un partido completo o una clase social minoritaria. Obviamente la “Dictadura revolucionaria del proletariado” no era la “Dictadura contra-revolucionaria sobre el proletariado”.
Podemos anticipar que muchos ex marxistas y anti-marxistas, podrán sentir preludios epilépticos y ansiedades estomacales con estas ideas, pero dado el diseminado macartismo tropical, hay que poner algunas palabras en su lugar.
Engels (Contribución a la crítica al proyecto del programa socialdemócrata-1891) planteó: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como lo ha mostrado ya la Gran Revolución Francesa”.
Adam Schaff ha denunciado en sus textos como Lenin deformó completamente el párrafo de Engels, en la obra “El Estado y la Revolución”, considerada documento fundacional de la “teoría revolucionaria del Estado Socialista”. Dice Lenin: "Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la República democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado.”(Lenin-cap IV).
Cualquier lector atento reconoce que no es lo mismo decir que la República Democrática “es la forma específica”, que decir que “es el acceso más próximo”. Saquen sus conclusiones. En el “Manifiesto Comunista” no aparece por ningún lado la palabra “Dictadura”, tomando en consideración lo siguiente: “es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido”. Además señalan: “Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial”. Y más adelante: “el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia.”
Los que plantean la equivalencia Marx=totalitarismo saben que mienten. La democracia de Marx-Engels es la democracia de las mayorías explotadas y dominadas no la democracia burguesa.
En sus principios del comunismo (1847), texto preparatorio al Manifiesto, Marx-Engels plantean: “La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que afectasen directamente la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado”.

viernes, 7 de agosto de 2009

¿EL IMPERIO SE VOLVIO GRAMSCIANO?


Javier Biardeau R.

"El término hegemonía deriva del griego eghestai, que significa 'conducir', 'ser guía', 'ser líder'; o también del verbo eghemoneuo, que significa 'ser guía', 'preceder', 'conducir', y del cual deriva 'estar en el frente', 'comandar', 'ser el señor'. Por hegemonía, el antiguo griego entendía la dirección suprema del ejército. Tratase, por tanto, de un término militar. Hegemónico era el jefe militar, el guía y también el comandante del ejército. En la época de las guerras de Peloponeso, se hablaba de ciudad hegemónica para indicar la ciudad que dirigía la alianza de las ciudades griegas en lucha entre sí". (Gruppi: Gruppi, L (1978) Il concetto di egemonia in Gramsci. Roma. Editori Riuniti. [O conceito de hegemonia em Gramsci. Traduçâo de Carlos Nelson Coutinho. Rio de Janeiro, pag.1)
Las palabras no son neutras. Gramsci realizó una trasmutación del termino "hegemonía política" como supremacía, resignificando la problemática de las alianzas sociales y políticas, en la articulación ético-cultural de una voluntad colectiva nacional-popular a partir de la construcción de un liderazgo no solo político, sino intelectual y moral, para la construcción de un nuevo bloque histórico. Sin embargo, en Venezuela, el uso del termino hegemonía aun significa para diversas capas, sectores y clases supremacía política. En los sentidos más burdos, se trata de la imposición, del uso de medios de fuerza. En los sentidos más sofisticados: uso de estrategias de presiones directas o indirectas, de coacciones veladas o encubiertas, de manipulación, fraude y engaño. Sin embargo, hegemonía no es simple supremacia o persuasión coactiva. Gramsci trabajaba sobre el terreno del convencimiento, la construcción de consensos, la organización de una nueva concepción del mundo, de máximas de conducta, de la relación entre intelectuales y cultura. Por tanto, hay diferencias con el uso que le daba la socialdemocracia rusa en el proceso revolucionario. No solo hay coacción en los procesos de dominación/subordinación, también hay construcción de consenso vía persuasión y articulación de demandas en cadenas de equivalencia.
Pero en Venezuela, Gramsci fue solo una seña tardía de algunos núcleos intelectuales y políticos, sobre todo del emergente Movimiento al Socialismo (1971) desde una recepción de su obra a finales de los 60 hasta principios del los 70, muy marcada incluso por la la aparcición del llamado eurocomunismo. Pero aún considerando el debil impacto del "gramscismo" en la cultura política Venezolana, el uso político predominante, los sentidos y significaciones del término hegemonía fueron fijados por la “subcultura de la adequidad”.
Son historia conocida los pactos y compromisos de Romulo Betancourt, cuya huella en la cultura política venezolana es fundamental, para facilitar la penetración de la dominación norteamericana sobre Venezuela. Rómulo Betancourt fue un gran lector del marxismo soviético, sobre todo un gran conocedor del leninismo. Manejaba a la perfección la máxima de Sun Tzu referida en el capitulo sobre la “estrategia ofensiva”: “Por tanto os digo: Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.” Rómulo Betancourt se dedicó a aprender todo lo que pudo del marxismo, simuló ser “marxista de tierra caliente” (calificativo que le dio Mariano Picón Salas); en algunas ocasiones, como sofisticado actor de la historia, realizó acciones que lo acercaban al “marxismo heterodoxo”. de hecho Romulo Betancourt fue el ejector de una política de transformismo sobre la izquierda revolucionaria Venezolana, disgregandola, absorbiéndola, debilitandola, dividiendola con la finalidad de neutralizar su potencialidad constituyente. Esto confundió a más de uno, que todavía vive una actitud de “resentimiento” por la victoria de Betancourt sobre la izquierda histórica venezolana. Pero no es desde el “resentimiento” que se superará la actitud de derrota que todavía habita en las mentalidades de la vieja izquierda.
Rómulo Betancourt fue un habilidoso constructor de los limites de lo posible tanto en cuestiones democráticas como frente al socialismo. Supo maniobrar del antiimperialismo popular/democrático hacia la socialdemocracia reformista, en alianza con los EE.UU. Betancourt tuvo la habilidad de derrotar a una izquierda doctrinaria, que anticipaba mecánicamente sus maniobras y estrategias
Definitivamente, hay que aprender de Sun Tzu. Muchos olvidan que lo más importante de esta máxima de conocer al enemigo se desprende de la lectura de la totalidad del capítulo y de la obra de Sun Tzu, sobre todo cuando dice:
Someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia. De este modo, lo que es de máxima importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo mejor es romper sus alianzas mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejército. Y la peor de todas las estrategias es atacar ciudades”.
Difícil de comprender y utilizar el arte de la estrategia de desarticular la estrategia del enemigo. Cuando Sun Tzu dice “vencer sin luchar” no implica pasividad alguna, simplemente se trata de no llegar a inútiles “derramamientos de sangre”. Desmantelar, desmontar, desarmar, desarticular por tanto la iniciativa estratégica del enemigo, a través del máximo conocimiento de su estrategia.
Allí comienza también el juego entre hegemonía y contra-hegemonía, allí comienza el pensamiento estratégico, un saber de interdependencias tácticas, de acciones reciprocas, de secuencia de encuentros, de aproximaciones directas e indirectas, de ofensivas y defensivas, de maniobras y engaños, un juegos complejo donde interactuan condiciones, causas, accione, azares e incertidumbres.
El pensamiento estratégico del Imperio ha identificado como enemigo a Gramsci. Mas bién ha reconocido su importancia, y se dedican a neutralizar su potencia insurgente. Como buenos estrategas, han re-utilizado los instrumentos teóricos elaborados por Gramsci para su propio beneficio e intereses estratégicos. Se trata de una estrategia de recuperación. En la memoria histórica revisemos el documento conocido como Santa Fe II. Una estrategia para América Latina en la década de 1990, elaborado por llamado Comité de Santa Fe (Sr. L.Francis Bouchey, Dr. Roger Fontaine, Dr. David C. Jordan, y el Tte. Gral. Gordon Summer, hijo).
Este documento de Santa Fe II planteó identificar y neutralizar la llamada “ofensiva cultural marxista”:
El importante e innovador teórico marxista que reconoció la relación de los valores que la gente observa en la creación del régimen estatista fue Antonio Gramsci (1881-1937). Gramsci afirmaba que la cultura o el conjunto de valores de la sociedad mantienen primacía sobre la economía. Según Gramsci, los trabajadores no conquistarían el régimen democrático, pero los intelectuales sí. Para Gramsci, la mayoría de los hombres tiene los valores comunes de su sociedad, pero no están conscientes de por qué sostienen sus puntos de vista o de cómo los adquirieron en primera instancia. Del este análisis se desprendía que era posible controlar o dar forma al régimen a través del proceso democrático si los marxistas podían crear los valores comunes dominantes de la nación. Los métodos marxistas y los intelectuales marxistas podían lograrlo mediante la dominación de la cultura de la nación, un proceso que requería una fuerte influencia en su religión, escuelas, medios de difusión masiva y universidades. Para los teóricos marxistas, el método más prometedor para crear un régimen estatista en un ambiente democrático era a través de la conquista de la cultura de la nación. Conforme a este patrón, los movimientos marxistas en América Latina han sido encabezados por intelectuales y estudiantes y no por trabajadores Es en este contexto que debe entenderse la Teología de la Liberación: es una doctrina política disfrazada de creencia religiosa con un significado anti-libre-empresa y anti-papal, para debilitar la independencia de la sociedad del control estatista. Es un retroceso al galicanismo del Siglo XVII donde los reyes que gobernaban según los derechos divinos, trataban de subordinar a la Iglesia tradicionalmente independiente. Así vemos la innovación de la doctrina marxista vinculada a un viejo fenómeno religioso y cultural. El ataque no abarca solamente uno o dos componentes de la cultura. Es efectivo en un amplio frente que trata de redefinir toda la cultura en una nueva terminología, de manera que, de la misma forma que el catolicismo es redefinido por los teólogos de la liberación, se transforma el arte, los libros son reinterpretados y los curriculums son reacondicionados. El impulso de la penetración cultural en América Latina es seguido por diferentes teóricos educacionales marxistas en escuelas y universidades. El control del Estado sobre la educación está aumentando a través de los libros de texto y manuales y las burocracias educacionales exigen más. Un ejemplo típico fue expresado verbalmente en el gobierno de Lázaro Cárdenas en México, en la década de 1930. González Vázquez Vela, ministro de educación del gobierno de Cárdenas afirmó que el "materialismo dialéctico era la base filosófica de la educación mexicana". El predominio de la izquierda en gran parte de los medios de difusión en toda América Latina, también debe entenderse en este contexto. Ningunas elecciones democráticas pueden modificar la continua inclinación hacia el régimen estatista, si la "industria de elevación de la conciencia" está en manos de intelectuales estatistas. Los medios de difusión, las iglesias y las escuelas continuarán desviando las formas democráticas hacia el estatismo si EEUU y los nuevos gobiernos democráticos no reconocen esto como una lucha del régimen. La cultura social y el régimen deben estar concebidos para proteger una sociedad democrática.”
Una retórica imbuida por el establishment neoliberal/neoconservador norteamericano, que inicio vastas estrategias de “guerra fría cultural”. Las medidas más extremas implicaban “neutralizar de la influencia de intelectuales de izquierda” a los aparatos educativos, religiosos, culturales y comunicacionales de la “sociedad civil democrática”. Una suerte de “higiene ideológica”, muy similar a la campaña de “purificación ideológica” Pinochetista. Sus medidas implicaron “aumentar el presupuesto de la USIA (Agencia de Información de Estados Unidos) y fortalecer la Oficina de Diplomacia Pública. De allí surgieron las tesis para crear la NED y otros organismos similares:
Estados Unidos tiene que mantener y desarrollar programas que cultiven los valores democráticos dentro del gobierno permanente. En este sentido, el programa IMET es de extraordinario valor en cuanto a dar forma al régimen democrático, haciendo que los militares norteamericanos compartan sus conocimientos sobre la democracia. El impacto de este programa, por tanto, no puede verse exclusivamente en términos de sus beneficios militares, sino también en cuanto a su contribución a los esfuerzos por la democratización.
También propusieron:
El desarrollo de una política cultural es decisivo para el apoyo de EEUU a la gestión latinoamericana encaminada a mejorar la cultura democrática. El esfuerzo gramsciano por socavar y destruir la tradición democrática mediante la subversión o corrupción de las instituciones que contienen o mantienen esa tradición debe ser combatido. El aumento del presupuesto de la USIA con este problema particular en mente, debe tener la prioridad número uno. La USÍA es nuestra agencia para llevar a cabo la guerra cultural.
De nuevo es conveniente regresar a Sun Tzu: desarticular la iniciativa estratégica del enemigo. ¿Guerra fría cultural? Es ante este fenómeno que la revolución democratica y socialista para el siglo XXI se enfrenta, ya que al parecer solo el pensamiento político del imperio es portador del canon democrático. Todo se reduce a lo siguiente: “No hay más modelo de democracia que la democracia de los EE.UU”. Obviamente, quienes se acerquen al modelo norteamericano serán “democráticos”, quienes se alejen “estatistas” y enemigos” de los EE.UU.
El pensamiento neoconservador/neoliberal se pretende proyectar hacia todo el globo como el pensamiento único sobre la democracia. Suponer, desde la izquierda, que hay que abandonar el terreno hegemónico de la democracia, que ésta es burguesa, liberal y capitalista, es entregarse justamente a la estrategia del Imperio. Así mismo, copiar el guión gramsciano de la guerra de posiciones, sin crear estrategias innovadoras, flexibles, que anticipen el escenario donde se mueve el Imperio, es cederle la iniciativa estratégica. Ir mas allá de Gramsci, implica pesnar en estrategias contra-hegemónicas. Recuperar la veta más libertaria del pensamiento gramsciano, desarticular la recuperación del Imperio. La conclusión es que no hay que volverse dogmáticamente Gramscianos, hay que leer críticamente a Gramsci. El núcleo del mensaje es que cualquier pensamiento crítico socialista debe ser un pensamiento estratégico, no un pensamiento doctrinario.
Por otra parte, el documento de Santa Fe IV insiste en esta línea de atención sobre Gramsci. El futuro de las Américas para el Nuevo Milenio: temas para el nuevo milenio (2000). Lewis Arthur Tambs. Diplomático. Historiador. Profesor en Arizona State University. Nacido en San Diego, Estados Unidos, en julio de 1927. Ph. D. En San Francisco, Standart Brands (1953-1954). Profesor en Caracas – Maracaibo, Venezuela (1954-1957). Director del Centro de Estudios Latinoamericanos (1972-1976). Embajador en Costa Rica (1985-1987). Autor de Europa del Este y Economía Soviética (1975). Política Interamericana de los ´80, publicado en Police Counsel, spring 1997, Estados Unidos. Como colaboradores aparecen Rachel Ehrenfeld, David Foster, Sol Sanders, Gordon Summer Jr., Lewis Tambs. En este documento Santa Fe IV se plantea:
Al mismo tiempo, los comunistas e izquierdistas de Estados Unidos están en pleno avance. Siguen la agenda establecida hace muchas décadas por Antonio Gramsci (1891-1937) y otros para traer el comunismo a este hemisferio a través de los muchos canales: la religión (la teología de la liberación), la prensa, las instituciones educativas en su relación con la cultura (el comunismo está vivito y coleando en las universidades del hemisferio) y el sistema judicial. (…)En este momento de la historia, Estados Unidos se encuentra en los primeros estadios de un desafío mayor a nuestro sistema político, concretado en la penetración de nuestro hemisferio. No está usando necesariamente medios militares tradicionales. Por el contrario, están comprometidos en esfuerzos no convencionales, que son difíciles de enfrentar para nuestro país, sobre todo cuando se entra en la zona de los derechos humanos, que ha sido el bastión de los intentos de la izquierda para abortar todos los esfuerzos tendientes a proteger la libertad del individuo en esta parte del mundo.
Al convertir a la cultura en "ámbito de guerra", se comenzaban a prefigurar las llamadas doctrinas de las Guerras de IV Generación: guerras de información, guerras mediáticas, guerras psicológicas y guerras culturales. La propia producción de sentido y significación se ha convertido en terreno de estrategias imperiales y militares. Se han actualizado los paradigmas de Gramsci sobre la hegemonía ético-cultural. Existe una vasta escuela de persuasión, comunicación política y manipulación de imaginarios por parte del Imperio. Ya no se trata de controlar y neutralizar "ideologias" sino de "recolonizar imaginarios".
Luchar en el terreno de valores, creencias, ideales e imaginarios que configuran y sostienen el "sistema mayoritario" es parte de la batalla mediática y telemática de todos los días. Perseguir la organización de un modo de conformismo ideológico en el pensamiento y acción es lo que comúnmente la oposición venezolana denuncia como “ideologización”, una verdadera impostura que encubre su propia proyección y posición ideológica. Ideologización es justamente controlar la producción de ligaciones sociales y sus referencias identificatorias. Ideologización es proyectar como universales y generales, intereses sociales, políticos y económicos particulares. Ideologización es la expresión de la dominación en las relaciones de significación. Y es desde el terreno de las ideologías y sus luchas, que los seres humanos toman conciencia de su posición en la historia. “A la Guerra Cultural de la CIA, del Imperio y de los tanques pensantes de Santa Fe hemos llegado”, podría decir Don Quijote, a Sancho…y ladran los perros.

CONTRAHEGEMONIA:PLATAFORMA TEÓRICA REVOLUCIONARIA

Frida Kahlo
Javier Biardeau R.

No basta luchar contra el neoliberalismo. Esto es indispensable y urgente. Tampoco basta luchar contra el imperialismo y el colonialismo. Esto es todavía más indispensable y urgente. Pero hay actividades que además de urgentes, son fundamentales. Luchar contra el capitalismo moderno-colonial, por ejemplo.
Se escuchan voces que demandan una “teoría” y una “práctica” revolucionarias. Por cierto, esta demanda tiene un grano de validez. Cada vez es más necesaria una praxis revolucionaria consistente para el siglo XXI.
Pero el asunto es que la vieja teoría revolucionaria no es ni deseable ni adecuada para enfrentar los retos revolucionarios del siglo XXI. Tampoco podemos esperar un nuevo socialismo factible desde una voz profética que genere una amalgama o bricolaje revolucionario. Puede llegar a ser eficaz como mito movilizador, pero no como programa teórico revolucionario. Ningún líder, por mayores cualidades que tenga, sustituye la responsabilidad colectiva de construir una plataforma teórica revolucionaria. Más aún cuando el gran relato teórico que articulaba la emancipación social en el siglo XX luce derruido.
Ya no es posible esperar de estas ruinas ideológicas un catálogo de dogmas a ser aplicados. Ninguna impostura revolucionaria, como la mitología marxista-leninista (Diamat/Hismat), puede ser ya resucitada, sin prefigurar un terrible fracaso colectivo. No hay ni pre-diseño ni prefabricación, no hay teoría disponible para ser ensamblada y aplicada, no hay “cadena de montaje en el terreno teórico (metáfora del fordismo periférico o ensamblaje descalificado, una suerte de trasvase de teoría revolucionaria por “sustitución de importaciones”).
Se requiere de un esfuerzo de originalidad, creatividad y cualificación, de potencia intelectual colectiva, para construir la plataforma teórica revolucionaria. Cualquier escuela de cuadros debe darse por enterada.
La historia de la izquierda venezolana muestra en el ámbito de sus organizaciones políticas, con notables excepciones de intelectuales, que la problemática teórica ha jugado el papel de vagón de cola de la revolución venezolana. No son casuales sus resultados prácticos para proponer alternativas históricas deseables, factibles y posibles. Desde la recepción más o menos refleja de la codificación bolchevique del pensamiento socialista revolucionario a principios del siglo XX, hasta el revisionismo marxista venezolano, producto del desprendimiento crítico de la tutela del marxismo soviético, no existen bloques intelectuales orgánicos que prefiguren un programa teórico-revolucionario para Venezuela.
Hay marxistas críticos notables, pensadores socialistas realengos, trabajos puntuales de alto valor intelectual y político, pero no existe una red de trabajo intelectual orgánico al bloque nacional-popular que esté prefigurando una agenda teórica revolucionaria con incidencia estratégica.
En Venezuela la consigna ha sido: “sin teoría revolucionaria, échele bolas a la praxis revolucionaria”. Los resultados son evidentes.
Ojo, no se esta llamando a la resurrección de desgastadas fórmulas de divertimiento académico. Una praxis revolucionaria vaciada de planos teóricos mínimos se vacía del espíritu crítico que condensa y hace posible condiciones prácticas para una sociedad-otra frente al capital. No hay carta teórico-revolucionaria bajo la manga. No hay doctrina filosófica-política, ni a la derecha ni a la izquierda, ni en las academias del Norte o del Sur, que no esté sufriendo los demoledores síntomas de las crisis de fundamentos de la modernidad occidental. La ciencia del siglo XIX ha sufrido una conmoción de sus cimientos epistémicos, dando lugar a formas de pensamiento complejo que luchan contra los dispositivos tecno-científicos que domina la producción oligopolica de conocimientos. En esos escenarios de lucha, no juega un pito el llamado “socialismo científico”.
Por tanto, el escenario es otro y las soluciones requieren algo distinto a guiones prefabricados. Se requiere una plataforma de diálogo, conjunción e inclusión de pensamientos revolucionarios, sin mayor exigencia que el rigor, la consistencia, la criticidad de los saberes. Nada de jerarquías ni argumentos de autoridad. Las corrientes que se reclaman de un marxismo crítico y revolucionario son un legado ineludible. Las ciencias sociales e históricas críticas, desde opciones epistemológicas, teóricas y metodológicas que cuestionan el modo dominante de producción de conocimientos son fundamentales. La teoría crítica radical, moderna o posmoderna, cuestionando las bases burocrático-instrumentales de las ciencias funcionales a la dominación es indispensable. Las ciencias llamadas “duras”, formales y fácticas, apropiadas desde una racionalidad crítico-dialógica cumplen un papel privilegiado en tiempos crisis ecológica. Las diferentes legados y herramientas teóricas que construyen los movimientos sociales y nacional-populares desde sectores estudiantiles, campesinos, obreros, indígenas, ecologistas, religiosos, militares o profesionales críticos son mucho mas que necesarias. Finalmente, el legado de los saberes populares, las etnociencias, los conocimientos milenarios descalificados en la clasificación dominante del saber, requieren inclusión, reconocimiento y valorización en una plataforma teórica revolucionaria que asume abiertamente la interculturalidad.
Se trata de la articulación de actividades práctico-sensibles e intelectuales, nodos de diálogo crítico, conjunción e inclusión de saberes, conocimientos y teorías de resistencia e insurgencia contra-hegemónica. Allí se juega la posibilidad y viabilidad de la plataforma teórica revolucionaria, la posibilidad misma de socavar el saber-conocimiento hegemónico, de la crítica-dialógica del pensamiento orgánico socialista, democrático, intercultural y ecológico para el siglo XXI.

miércoles, 5 de agosto de 2009

¿SOCIALISMO-TIPS?

Javier Biardeau R.

“Enarbolar hoy como bandera supuestamente “revolucionaria” la consigna del “socialismo científico” sería un anacronismo insoportable. No solo porque la idea misma del “socialismo” ha quedado enteramente desdibujada por la tragedia del stalinismo y la crisis profunda del marxismo de manual, sino porque el concepto de “ciencia” ha sido severamente deconstruido para develar sus trampas y sus secretas conexiones con las tramas del poder. Tanto “socialismo” como “científico” son denominaciones altamente discutibles que no pueden ser asumidas ingenuamente como categorías universales” (R. Lanz)

Los debates intelectuales se asemejan muchas veces a lanzar piedras a pozos sin fondo. Simplemente no hay sonido de respuesta, no hay retorno, ni siquiera ecos. Mucho más si se trata de debatir presupuestos. Entrecomillar premisas, conduce a tematizar voces de trasfondo, voces que marcan contextos, pesadas sedimentaciones imaginarias, verdaderas gramáticas culturales, paradigmas, tradiciones, o como quieran llamarlas.

“Socialismo científico”, un sintagma problemático de cabo a rabo. ¿Que significa hoy hablar de “Socialismo”? ¿Qué significa hoy hablar de Ciencia? Lo menos que podemos sugerir es que ambos términos son problemáticos. En próximas entregas trataremos de analizar estos problemas. Pero antes, hay que despejar ciertos senderos.
La emergencia en la semioesfera de la palabra “socialismo” generó una seña de identidad para variados movimientos políticos. Basta leer el “Manifiesto Comunista” y algunas declaraciones de Engels, para saber lo que estaba en juego entre diferentes tendencias. No ha existido “el” socialismo, como ha afirmado Lanz, sino variadísimas corrientes. Se desprende de este hecho la necesidad de distinguir entonces: ¿Cuál socialismo? ¿Cuál perfil o variedad de socialismo? Esto implica comprender las distintas voces del Socialismo, más allá de una fenomenología que recupere el registro verbal o textual de tal palabra.
No es cierto que socialismo signifique automáticamente democracia, como tampoco dictadura, pues hay tanto socialismos autoritarios, despóticos y profundamente reaccionarios, como democráticos, libertarios y participativos. Así como tampoco sea cierto que democracia y liberalismo sean la misma y única cosa. Hace falta hacer explícito, en que sentidos los socialismos se relaciona con experiencias políticas democráticas o autoritarias. Este debate pretende ser bloqueado. Y por diversas razones.
En primer lugar, no le conviene a cierta derecha reconocer que existen socialismos democráticos. Demonizar el socialismo es parte del anticomunismo ramplón propio del capitalismo neoliberal. Tampoco le conviene a cierta izquierda, porque implica demarcarse abiertamente de las experiencias del despotismo burocrático, lo cual supone dejar de barrer bajo la alfombra la pesadilla del socialismo burocrático. En ambos casos, se trata de jugar a los extremos, ya que en el fondo habitan pasiones anti-democráticas simétricas. Allí la cultura democrática permanece en vilo, en suspenso, en permanente estado de excepción. Sacrificar el reconocimiento del adversario legítimo en el juego democrático, este es el objetivo del extremismo ideológico. Una suerte de manipulación del repudio, desde simétricas morales de la pureza ideológica.
Y si faltara poco, en tercer lugar, vivimos un defecto epocal de la modernidad tardía: la idiotización telemática. Cuando a las morales de pureza ideológica se le agrega la idiotización telemática, no hay mejor fruto que el fanatismo. Bajo el imperio de la video-política, se opta por la nueva idiotización del siglo XXI: el “pensamiento-tips”. Ya ni siquiera son “consignas” (que encerraban alguna referencia a una “demanda justa” para la explosividad pasional), ahora son simples tips.
Los idiotas del siglo XXI consideran que basta una proyección en pantalla, en formato power point, Arial 16 “que se lea bien”, para estar frente a un “pensamiento”. Si a los extremismos del siglo XX, de derecha y de izquierda, los articulamos a la idiotización, el efecto es completamente devastador. No es la inconmensurabilidad de paradigmas de las comunidades científicas, sino los nuevos telefanatismos del siglo XXI. Falta combinar esta situación, con la presencia de “cartillas medianamente elocuentes”, además de figuras más o menos “atractivas”, que manipulan “efectos de credibilidad”, para llegar a una monstruosa muestra de post-ilustración política.
Frente a este contexto, me parece relevante el siguiente enunciado: “No se trata de ejercitar el ingenio en un laboratorio publicitario para atinar con un nombre simpático. El empeño debe más bien colocarse en otro lado: en la caracterización de los vectores sustantivos que definen los contenidos de las relaciones sociales, de las prácticas en todos los terrenos, de las lógicas de sentido que van a expresarse en los tejidos intersubjetivos de la gente de carne y hueso. Es allí donde se juega lo que es una sociedad (no importa como se llame). Es en la racionalidad de las prácticas (políticas, económicas, culturales, etc.) donde se afincan los contenidos que caracterizan a una sociedad concreta. Es en la médula de las relaciones sociales donde se condensa la naturaleza de un modo de producir la vida en sociedad.”
En estos parámetros, la exigencia de profundizar el pensamiento crítico para que el debate adquiera densidad adquiere claro contraste: “El debate que hoy se libra debe hacerse cargo de las lecciones que arroja esta pesadilla (la del socialismo burocrático). No hay manera de contorsionar este pedazo de la historia haciéndose el distraído con sus terribles consecuencias en el terreno teórico o en la dimensión ético-política. (…) Este no puede ser un ejercicio terapéutico para tranquilizar la conciencia; tampoco el taparrabos con el que una izquierda perezosa intenta demarcarse de un pasado poco glorioso. Se trata más bien de un talante intelectual que asume el reto de comprender las causas profundas de los desastres del socialismo stalinista.”
Bueno sería ver si el próximo Congreso Ideológico del PSUV, va ir más allá de consignas y tips, para profundizar en el debate. Sin quedar atrapados en la cárcel del lenguaje del llamado “socialismo científico”, en los estertores del “marxismo soviético”; o peor, en un socialismo-tips.

martes, 4 de agosto de 2009

¿CONTRA-HEGEMONIA COMUNICACIONAL?

Javier Biardeau R
¡Democratización de la información y la comunicación!: es una hermosa consigna. Casi puso en el cadalso institucional a la UNESCO. Sin embargo, se trata de plantear una formulación que elude dos opciones negativas: el control del pensamiento por parte de los oligopolios empresariales, con su cacareada “libertad de prensa”, así como el control del pensamiento por parte de monopolios estatales, encarnando “razones de Estado”.
Ni la “dictadura mediática” privada ni la “monopolio mediático” estatal, por allí van los tiros, para quienes consideramos que cualquier monopolio de poder sobre la información-comunicación reduce las posibilidades de una democracia socialista.
La comunicación bajo control democrático de los movimientos sociales y populares, sigue hundida en el espiral del silencio, régimen de visibilidad y atrapada en un falso debate entre Capitalismo Liberal y Socialismo de Estado. Lo cierto es que no habrá hegemonía democrática y socialista sin que el peso específico del debate se desplace hacia el fortalecimiento de una esfera pública democrática-radical, construida desde la potencia de prácticas de comunicación popular, alternativa y comunitaria. La contra-hegemonía comunicacional no propone otra cosa que disolver los monopolios de poder en el terreno de la información comunicación. Desmontar no solo grandes relatos y voces, sino grandes poderes sin control ni regulación democrática de base.
La filosofía de la ciencia y la epistemología contemporáneas indican que las representaciones y cogniciones sociales de “sentido común”, como las representaciones y cogniciones científicas, son configuradas desde “comunidades de comunicación”. Redes, colegios invisibles, comunidades científicas, climas de opinión, tribus de sentido, todos los ambientes donde se configuran y circulan cogniciones, significaciones e informaciones, están atravesadas por relaciones de poder y control.
Desde que la cibernética apoyó la fantasía del poder, se pretende generalizar una ciencia del control político, manufacturando el consenso activo o pasivo de masas. La manipulación del lenguaje, cogniciones, actitudes y pensamientos ha sido tópico de análisis exhaustivo. No por casualidad, hay conexiones ocultas entre quienes ejercen el marketing político, la publicidad comercial, la persuasión de masas, la guerra psicológica, y las “ciencias sociales y de la conducta”. Todo un conjunto de dispositivos y tecnología sociales se cruza con técnicas de gobierno, en función de la conquista de “mentes y los corazones”.
Chomsky lo resume con facilidad: ambición por controlar el pensamiento. De allí que Chomsky se incline por una organización de los medios de carácter democrático-radical. Se trata de defender la posibilidad misma del pensamiento crítico. Como lingüista sabe, como una pléyade de investigadores, que si es posible alterar los filtros y contextos comunicativos para manipular percepciones, cogniciones, actitudes y conductas. Orwell y el “gran hermano” son transfigurados por sistemas de poder y dinero, desde cadenas transnacionales hasta los amos locales. El asunto ha adquirido complejidad y sofisticación.
Hoy sabemos que quienes controlan la comunicación, controla una herramienta fundamental de poder, así de sencillo. Detrás de cualquier aparente ingenuidad socio-lingüística, se encubren intereses, tácticas de poder y conflictos ideológicos fundamentales, que atraviesan a sociedades marcadas por diferencias, contradicciones y antagonismos. No hay que hacerse expertos en la teoría de la “percepción selectiva”, “disonancia congnitiva”, “agenda-setting”, “teoría del cultivo”, o en comprender el papel de los periodistas como “gatekeepers”; es decir, individuos o grupos que tiene el poder de decidir si dejan pasar o bloquean la información; para comprender que existen filtros de selección ideológica hacia determinadas prácticas de comunicación (no solo contenidos y mensajes). Hay espirales de silencio y regímenes de visibilidad, la comunicación no es neutra, como tampoco lo son las palabras, contenidos y mensajes.
El tema es altamente sensible, ya que desmonta prejuicios acerca de la “capacidad de libertad, elección y decisión” del “individuo social”. Pone en juego visiones contrapuestas de la condición humana, y del papel de condicionamientos históricos, culturales e ideológicos.
Las democracias capitalistas tienen poderosos filtros de selección ideológica e inducción de marcos de pensamiento: 1. La “magnitud, propiedad y orientación de los medios de comunicación”, un ámbito de oligopolios por excelencia, basado en concentraciones empresariales; 2. El beneplácito de los anunciantes y la publicidad como determinante de la rentabilidad económica de estas empresas. Las elecciones de los anunciantes influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios”. Si alguna información agrede a poderosos anunciantes, desaparece; 3. La fuente de suministro de noticias por parte de la publicidad política y las relaciones públicas empresariales. La información que reciben los periodistas está pre-diseñada por burocracias o empresas. A través de la manipulación de los medios se manipula a los públicos. Se financian “expertos” que se pronuncian sobre diversos temas, para justificar intereses de elites; 4. El silenciamiento de críticas orquestadas para eliminar cualquier información que suponga una oposición a los intereses dominantes. 5. El reciclaje del viejo anticomunismo asociado actualmente con “nuevas amenazas”: terrorismo, narcotráfico, antiglobalizadores y fundamentalistas, centrada en la “regla de la simplificación y del enemigo único”, edulcorada por la creencia en el ``milagroso mercado´´ (Reagan).
Y por si fuera poco, el control estatal implicaría que aquellos grupos políticos con control de los centros estratégicos del Estado monopolizarán las comunicaciones, controlando marcos de pensamiento.
Como vemos, contra-hegemonía y democratización pasa por dos orientaciones: luchar contra los poderes monopólicos de la información-comunicación, privados y estatales. Hacer posible lo imposible:
Comunicación Contrahegemónica.

lunes, 3 de agosto de 2009

TEORIA CRITICA CONTRAHEGEMONICA, TRANSMODERNIDAD Y NUEVO SOCIALISMO

Javier Biardeau R

El ABC de la contra-hegemonía es la insumisión. Una insumisión basada en la criticidad radical, crítica teórica y crítica práctica, inspiradas parcialmente en las tesis marxianas sobre Feuerbach, pero además en la des-dogmatización y des-colonización del imaginario socialista.
Es la crisis de la Modernidad Occidental, el trasfondo de posibilidad de nuevas insurgencias contra-hegemónicas. Reconociendo que la modernidad política occidental ha generado sus terrores, monstruos y despotismos. Ya lo decía Goya: “El sueño de la razón produce Monstruos”, y Nietszche (1886): “luchando contra monstruos hay que cuidarse de no convertirse en monstruo” (Más allá del bien y del mal).
La lucha contra el capitalismo, contra el colonialismo y contra el imperialismo, no debe descuidar la lucha contra el despotismo de izquierda. Stalin es su símbolo. El estalinismo, su práctica. Conceptualmente, el Socialismo Burocrático es un “Socialismo realmente inexistente”.
La paradoja consiste en comprender como su inexistencia generó una poderosa pantalla ideológica, con sus proyecciones, identificaciones, narrativas, leyendas e imaginarios dominantes, que penetraron profundamente en la recepción hegemónica y en la mentalidad de lo que en América Latina y el Caribe se consideró como “auténtico socialismo” y “auténtico marxismo” desde los albores del siglo XX.
El principal obstáculo para el nuevo socialismo para el siglo XXI es atravesar con éxito, desde la criticidad radical, este fantasma del “socialismo real”. Superar el imaginario jacobino-burgués de la revolución, bucear en la historia desde abajo, a contrapelo.
Babeuf decía: la pobre especie humana “ha servido de juguete a todas las ambiciones, de pasto a todas las tiranías”, “siempre y por doquier se arrulló a los hombres con bellas palabras, jamás ni en ninguna otra parte ha obtenido otra cosa que palabras”. Babeuf era gillotinado por el directorio en 1797.
La nueva constitución termidoriana de 1795 eliminaba el enunciado proclamado en 1789: “Todos los hombre nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. En vez de derechos, comenzaron a imponerse deberes (Declaración de derechos y deberes), y como señaló Andreu Nin (Las Dictaduras de nuestro tiempo-1930), la oleada reaccionaria y conservadora que desencadenó la revolución francesa consagró finalmente que “los derechos del hombre fueron los derechos del propietario”.
Kautsky planteó en su interpretación de la revolución francesa, que la Dictadura jacobina preparó el terreno de la Dictadura conservadora. Una lección para no entremezclar las cartas del imaginario de la dictadura jacobina, con el pensamiento crítico socialista. Pues el pensamiento único es propio del despotismo, sea de izquierda o de derecha.
La ignorancia de los acontecimientos de la revolución francesa, pueden condenarnos a repetir sus tragedias. Lo mismo ocurre con la revolución rusa. Hoy sabemos del debate que ha girado en torno al concepto de “dictadura revolucionaria del proletariado”. ¿Se habrán extraído sus lecciones para transitar a un socialismo democrático?
La tarea es salir de la arena movediza de la ortodoxia bolchevique tomando el hilo de Ariadna de la memoria radical-democrática marxiana (que no carece de ambivalencias y contradicciones), además de la pasión descolonizadora que comprende los límites de la razón colonial-moderna. Hoy por hoy, el despotismo de izquierda y la razón colonial-moderna son obstáculos para imaginar y pensar un nuevo socialismo.
La descolonización cultural da paso a un horizonte transmoderno, que ha aligerado la carga mono-lógica del pensamiento dialéctico, habla de ana-dialéctica, una hermenéutica dialógico-crítica junto a la voz de los otros, los excluidos, las periferias, el pueblo, las mujeres, los indígenas.
Un aprendizaje ético y epistémico, que es desprendimiento y apertura a través del principio dialógico, reconociendo la existencia de la alteridad en las comunidades hegemónicas de comunicación. Interpelando la crisis de la modernidad occidental, no exclusivamente desde dentro de ella (posmodernidad), sino desde su exterioridad (trans-modernidad). No basta quedar atrapados en el heleno-centrismo. No basta desplazarse desde Kant y Hegel, hacia Nietszche y Heiddeger.
Sin una insumisión permanente frente al discurso hegemónico, no será posible avanzar en la revolución democrática, socialista, intercultural y ecológica. Hay que plantear un imaginario radical emergente que haya metabolizado con éxito la pesadilla del Socialismo burocrático, sin necesidad de claudicar ante el capitalismo mundial hegemónico y el canon democrático representativo.
Se ha escrito recientemente un tratado sobre la servidumbre liberal (Jean-Léon Beauvois). La lucha por la alter-mundialización tiene cartas de navegación que eluden los faros ideológicos del capitalismo liberal, la socialdemocracia reformista y el socialismo burocrático.
De allí la importancia de una teoría crítica contra-hegemónica. Recuperando el legado de la teoría crítica radical, superando la matriz estado-céntrica de la política hegemónica tradicional del socialismo, interpelando críticamente el discurso hegemónico de la modernidad occidental.
Eludiendo estos falsos faros de emancipación, es posible revocar las relaciones de fuerza y las significaciones imaginarias que han sedimentado las estructuras de control y mando (económico, político, cultural, mediático, científico, familiar, ambiental) del capitalismo mundial hegemónico. Es allí donde se juega la posibilidad del Nuevo Socialismo, en una epoca cuya carga histórica es la eco-política, la descolonización y la radicalización de la democracia.

sábado, 1 de agosto de 2009

ROSA LUXEMBURGO:DEMOCRACIA SOCIALISTA

Javier Biardeau R.

No se puede arrojar contra los obreros insulto más grosero ni calumnia más
indigna que la frase “las polémicas teóricas son sólo para los académicos”.
Rosa Luxemburgo: Reforma o revolución

¿Es el proyecto socialista la mayor ampliación de la hegemonía democrática, o es la liquidación de toda democracia, en manos de una hegemonía autoritaria y burocrática? Esta pregunta encierra una polémica teórica con profundas consecuencias en la praxis política de cualquier proceso revolucionario.
Los doctrinarismos llevan agua al molino de la disciplina compulsiva y de los estereotipos negativos, al descalificar a quienes osen con problematizar, preguntar y cuestionar sobre aspectos del proceso de transformación. Olvidan aquella frase del cubano Jorge Fraga en su polémica de 1963 contra la ortodoxia en el terreno de las formas ideológicas y expresiones culturales: “El «culto a la personalidad» no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”.
Una cosa es el apoyo crítico al liderazgo político (si es amplio, crítico-dialógico y colectivo, mejor), otra el fanatismo y el establecimiento del culto a la infalibilidad del liderazgo político, mucho más si se concentra en un sola persona. Tal vez omite esta “fase superior del sectarismo”, que todas las expresiones del marxismo crítico destacaron la impugnación al personalismo, al bonapartismo y a cualquier culto del “principio del líder”, de cuño populista, despótico y fascistoide.
Lo hemos planteado reiteradamente: la exaltación ideológica de cualquier mito cesarista es un componente central de una tendencia de pensamiento reaccionario. El estalinismo puede transfigurarse en cualquier figura de “grandes timoneles” y “padres providenciales”, reposando en el desconocimiento de una teoría crítica de la subjetividad social, reforzando la profunda debilidad de un proceso revolucionario que no se sustente en el protagonismo popular, organizado, movilizado y con conciencia crítica del proyecto de emancipación social, articulado a centros de dirección política y liderazgo ético-cultural, incluso encarnado en rostros visibles, pero no a “personajes totémicos”, que se proyectan “más allá de lo humano y lo divino”.
No hacemos concesiones a la adulancia, ni a la sumisión ni a los promotores de un mito reaccionario. Una revolución socialista es un inédito acto de liberación del cuerpo y la palabra, de la subjetividad y de la intersubjetividad histórica, de multitudes en movimiento. Es la más profunda subversión de las cadenas de la dominación, la represión y la opresión social, sedimentadas en la memoria de los cuerpos: “La vida socialista exige una completa transformación espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio de la clase burguesa. Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento.”
Que todo esto encalle en formas de estadolatría o en cultos a la personalidad, constituyen tragedias no ausentes de la experiencia histórica. De allí la importancia del pensamiento crítico de Rosa Luxemburgo como aporte para animar una cultura socialista democrática. Sin una amplia democracia socialista, como base de la vida política creciente de las masas trabajadoras, sólo resta la consolidación de una burocracia estatal. Esa democracia socialista no es algo que comienza después de construidas las bases de la economía socialista, sino que se desarrolla simultáneamente en la construcción del socialismo.
Decía Luxemburgo: “[...] la democracia socialista no es algo que recién comienza en la tierra prometida después de creados los fundamentos de la economía socialista, no llega como una suerte de regalo de Navidad para los ricos... La democracia socialista comienza simultáneamente con la destrucción del dominio de clase y la construcción del socialismo. Comienza en el momento mismo de la toma del poder por el partido socialista. Es lo mismo que la dictadura del proletariado.”
Confiaba Luxemburgo en aquel momento, que la “dictadura revolucionaria del proletariado”, como la denominó en una ocasión Marx, no se transformaría en una dictadura sobre el proletariado. Muchas lecciones se han acumulado desde aquel momento. A diferencia de quienes contraponían con simpleza la dictadura del proletariado a la democracia liberal-burguesa (Lenin contra Kautsky, y viceversa), Luxemburgo planteó:
“[...] siempre hemos diferenciado el contenido social de la forma política de la democracia burguesa; siempre hemos denunciado el duro contenido de desigualdad social y falta de libertad que se esconde bajo la dulce cobertura de la igualdad y la libertad formales. Y no lo hicimos para repudiar a éstas sino para impulsar a la clase obrera a no contentarse con la cobertura sino a conquistar el poder político, para crear una democracia socialista en reemplazo de la democracia burguesa, no para eliminar la democracia.”
Para Luxemburgo, la democracia es un valor sustancial que no puede comprenderse en el sentido abstracto de la tradición liberal, en el que la universalización de la ciudadanía y el voto bastarían para constituir una entidad política en “democrática”. La crítica de Rosa está configurada como advertencia a los riesgos derivados de una revolución que suprime derechos y libertades, no ya para los restos de la burguesía, sino incluso para los miembros de las clases subalternas que esa revolución encarna:
“La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial.”
¿Cómo debe desenvolverse, entonces, la vida pública en el socialismo? Elecciones generales, irrestricta libertad de prensa y reunión, libre debate de opiniones... Lo contrario es la muerte de la vida política y la entrega del poder, por omisión, a una burocracia formada por unos pocos dirigentes, con una parte de la clase obrera sometida al rol de “órgano de aclamación”, habilitado únicamente para aprobar por unanimidad las decisiones de los jefes.
Para Luxemburgo, se trataría de una dictadura de un grupo de políticos, es decir una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos...
Democracia socialista es construcción de una economía socialista junto al gobierno de multitudes, gobierno de mayorías populares, con pleno ejercicio de garantías, libertades políticas y derechos democráticos.