sábado, 13 de marzo de 2010

MARX Y LA TRANSICIÓN SOCIALISTA-PARTE I

Javier Biardeau R
Gradualmente se vienen clarificando distintas posiciones, corrientes y tendencias acerca del debate sobre la “transición rumbo al Socialismo”. Algunas tendencias, como decimos coloquialmente, se “quedaron en el aparato” (en el doble sentido “hípico” y “político” de la frase), es decir, encallaron en el viejo Socialismo Burocrático del siglo XX, en sus dogmas, en sus afirmaciones apodícticas, en su incapacidad de renovación del pensamiento crítico socialista, en la imposibilidad para construir nuevos horizontes de revolución democrática, socialista, descolonizadora y ecológica para el siglo XXI.
Se trata nada más y nada menos que del viejo “Socialismo de Aparato”, completamente funcional al Capitalismo de Estado y a una revolución administrada “desde arriba” (recuerden el oxímoron del PRI: “Partido Revolucionario Institucional”), a la elevación como nueva capa dirigente y dominante a la tecno-burocrática del Estado (una suerte de “burguesía de estado”), quienes ejercen el verdadero control y apropiación del “excedente económico”. Aquí es fácilmente detectable la relación entre justificaciones doctrinarias, y el asegurarse una función dominante en la estructura de poder en “nombre de la revolución”. Básicamente, no han comprendido las discontinuidades entre el pensamiento crítico de Marx, y la interpretación sesgada, imparcial y doctrinaria de la ortodoxia bolchevique de la obra abierta y crítica de Marx.
Sin embargo, cabe advertir que no hay garantía absoluta para que una lectura más rigurosa, con mayor examen filológico de la obra abierta y crítica de Marx (algo que no hizo la dirigencia bolchevique), permita el éxito de las tareas en la construcción del Socialismo. Pero se trata al menos de clarificar, cómo ideas extraordinariamente significativas para debatir las transiciones al socialismo, que se cuelan en textos como los Manuscritos de Paris, la Ideología Alemana o los Grundrisse, son olímpicamente ignoradas, por quiénes repiten como una letanía dogmática, las frases extraídas de Lenin, o incluso más recientemente, del Che Guevara.
La temprana muerte de Guevara, prácticamente liquidó lo que se anunciaba como una crítica radical de la ortodoxia marxista-leninista en cuestiones teóricas, comenzando con su cuestionamiento del Manual de Economía Política de la URSS. Pero el voluntarismo blanquista de Guevara, ejemplar sin duda en cuestiones de coraje revolucionario (nadie lo duda), no opaca que su horizonte teórico de comprensión de la obra de Marx era parcial y limitado.
El asunto es más sencillo, en gran medida Lenin o el Che, no pueden llamarse a si mismos continuadores del pensamiento de Marx en sentido estricto, sino revisadores e intérpretes de un aspectos parciales de la obra crítica de Marx; aspectos que parecían ser, desde sus interpretaciones condicionadas históricamente, concluyentes en algunas de las tesis acerca de la transición al socialismo, pero que eran solo indicaciones parciales; es decir limitadas y fragmentarias.
En gran medida la dialéctica entre “heterodoxia” y “ortodoxia” en cuestiones de interpretación del pensamiento de Marx, parece haberle jugado una mala pasada a quienes partieron de la falsa premisa de extraer los núcleos esenciales del pensamiento marxiano en cuestiones de transición al socialismo, cuando sobre la obra abierta de Marx operaban índices muy graves de desconocimiento e incluso de censura oficial desde la propia URSS (No olvidemos el destino trágico de Riazanov).
Lo que Gramsci omitió cuando escribió aquel trabajo optimista sobre “La Revolución contra el Capital” (Un verdadero opúsculo de anti-dogmatismo pro-leninista), era que se trataba además, de una revolución contra los planteamientos marxianos de los Manuscritos, contra la Ideología Alemana, contra los Grundrisse; e incluso contra la crítica al Programa de Gotha. En fin, que era una revolución bastante alejada de los planteamientos de Marx.
El Socialismo para el siglo XXI, requiere entonces alejarse de formulas simples, de cánones recibidos y prefabricados, de “calcos y copias”, de letanías del “credo revolucionario”, que sencillamente ya no da para más. En fin, partir de una lectura religiosa del “marxismo burocrático heredado”, es simplemente una postura reaccionaria. En reconocer esta elemental situación, reside la verdadera irreverencia en la polémica revolucionaria para el siglo XXI.
Una primera consecuencia de este debate es clara. El primer eslabón de una revolución teórica que mantenga una filiación con la herencia del Marx revolucionario, si de verdad quieren escapar del impasse del socialismo burocrático, es romper con el Imaginario estatista-burocrático de la transición rumbo al socialismo; imaginario completamente ajeno a la tesis marxiana de la “economía social del trabajo libre asociado” (textos sobre la Comuna de París); enunciado que define con precisión, el horizonte de prefiguración de una economía socialista.
Se trata de comprender la elemental observación de Engels de que las nacionalizaciones y estatizaciones, no pueden confundirse con las “socializaciones” ni con la “propiedad social”; así como una formaulación cada vez mas olvidada, una precondición del Socialismo Revolucionario es que si y solo si la clase trabajadora, el proletariado como clase para sí, controla efectivamente los resortes estratégicos del Estado de transición (Manifiesto Comunista), puede generarse un pasaje desde las nacionalizaciones (que pueden caracterizar sin problemas una capitalismo de estado) hacia una “economía social del trabajo libre asociado”.
No se construyen espacios de economía socialista desde la propiedad estatal o desde la planificación burocrática de comando estatal. Los espacios de economía socialista deben coordinarse a partir de una estructura de dirección política, que asegure la integración del Plan social de “unidades económicas” basadas en el trabajo libre asociado; pero desde prácticas de planificación estratégica, democrática, desconcentrada y descentralizada, que no recaigan en los errores de las cibernéticas de primer orden (por tratar de controlar todos los detalles, terminan descontrolando todo el proceso).
Se requiere una ruptura de paradigmas en las visiones tanto de la “economía social”, que no es “colectivismo estatista”, como en la “planificación democrática y social estratégica”, que no es “planificación burocrática”. Confundir “plan social” con “plan estatal”, confundir “propiedad social” con “propiedad estatal”, confundir “capa burocracia en el poder” con “proletariado como clase para si” controlando el Estado de transición, es parte del legado del Socialismo Burocrático. Ni siquiera es eslabón leninista clave del “partido revolucionario de masas”, puede impedir que estas confusiones, no conduzcan a una “degeneración burocrática del Estado obrero” o a una deformación de la “dictadura obrera-campesina”, mientras el “partido revolucionario de masas”, como advirtió Rosa Luxemburgo, liquide la democracia socialista, en su seno y fuera de éste.
Por tanto, existe una considerable referencia a precondiciones políticas de una transición al socialismo, que definen justamente el espinoso asunto de la democracia socialista, que no pueden soslayarse para pasar directamente a aplicar las medidas canónicas de un “Socialismo Burocrático”. Sin democracia socialista, lo que implica democracia deliberativa, participativa y protagónica de la multitud popular (del proletariado en los términos marxianos), no hay construcción alguna de socialismo.
Si el bloque social de las clases, capas y sectores subalternos, no ha construido espacios de ejercicio participativo del poder (consejos autónomos del poder popular), no ha reconocido la democracia socialista en la inter-acción entre unidad y diversidad (la unidad no se decreta ni se impone) de actores, movimientos y fuerzas del campo popular-subalterno, no ha sedimentado una cultura democrática socialista en su espacio de contra-hegemonía (ruptura de la separación fetichizada entre gobernantes y gobernados), entonces existen las tentativas de construir una revolución administrada desde arriba, que rompe la palanca fundamental de una revolución: el poder constituyente de la movilización popular organizada desde las iniciativas del poder de base, articuladas en un frente amplio, democrático y revolucionario.
Nada más diferente, por otra parte, que la concepción política de alianzas entre partidos y movimientos que elaboró históricamente el pensamiento de Marx, de las tácticas sectarias de cooptación y control vertical del modelo de un “partido-único”. Lo que colapsó como horizonte de emancipación en 1989 con el derrumbe del socialismo real, ya estaba podrido en su semilla desde aproximadamente 1920, cuando ya se ha liquidado no solo la posibilidad de un pluripartidismo soviético (como tardíamente Trotsky lo reconoció), o de los espacios para libertades políticas elementales (como Luxemburgo lo remarcó), sino la liquidación de tendencias en el propio partido de Lenin (abriéndole las compuertas al espíritu estalinista).
Se trata de nada más y nada menos que abordar la siguiente cuestión: ¿Cómo pudo la revolución liberadora de 1917 haber creado una sociedad tan regresiva como la construida desde la contra-revolución burocrática estalinista, que permitió el control capilar del aparato del partido por Stalin, en vida del propio camarada Lenin? ¿Donde de rompe la filiación del pensamiento marxiano con el horizonte de emancipación social, económica, cultural y política en la revolución rusa? No son preguntas banales.
El asunto vital no se encuentra en las actuales experiencias de China, Viet-Nam, Corea del Norte o Cuba, sino en la capacidad de irradiación e influencia determinante de los dogmas consolidados por la experiencia bolchevique en la construcción del socialismo a lo largo y ancho del mundo (El comunismo de consejos había denunciado toda la parafernalia leninista mucho antes).
Sin romper con la pantalla auto-protectora sobre la memoria de la experiencia bolchevique (auto-engaño colectivo que le reduce muchas angustias y preguntas a algunos camaradas “bien-pensantes”), no hay posibilidad de avanzar en la construcción del nuevo socialismo para el siglo XXI. Pues el asunto de la degeneración burocrática de la revolución rusa, no está en la cosecha perdida, sino en el grano podrido.
Hay que pasearse por Marx y el legado del marxismo crítico, para salir del pantano del socialismo burocrático.

martes, 9 de marzo de 2010

RESPUESTA A MR. GERVER



Javier Biardeau R.
Hubo un tiempo en que los llamaban “Chicago Boy´s”, omitiendo que en la ciudad de Chicago, no solo se elaboran las versiones más pedestres de la teoría económica neo-liberal, sino obras más interesantes, como la teoría antropológica de Marshall Sahlins (La clásica obra: “La economía de la edad de piedra”, por ejemplo).
Fue Sahlins quién planteó algunos demoledores argumentos frente a la panoplia de supuestos de “naturaleza humana”, “individualismo posesivo”, "homo oeconomicus", “escasez”, “economía de tiempo capitalista"; y quien afirmaba que: “en la época del más grande poder tecnológico, el hambre es una institución".
Y es que los sicofantes neoliberales no les gusta que les hablen de la “institución capitalista del hambre”. No pasan de las primeras páginas de la “antropología económica”, pues se derrumban sus “sólidos fundamentos”; es decir, lo que la filosofía de Gadamer ha denominado “prejuicios”.
Y para colmo, esta cruzada de antenas repetidoras de la hegemonía ideológica de la era de Thatcher-Reagan-Bush, exigen responsabilidades a los presuntos “intelectuales chavistas”, por no enfrentar esta “gran estafa que nos arruina material y espiritualmente”, el llamado “Socialismo del siglo XXI”.
Sin embargo, nombraré sintéticamente el mantra de la gran estafa de la “década perdida” (¿Do you remember, Mr. Gerver?): a) privatizaciones, b) flexibilización laboral, c) desregulación, d) apertura comercial, f) liberalización de la economía y g) liquidación del Estado Social.
Ya se ha analizado suficientemente la relación entre éste mantra político-económico y la rea-parición de la nueva geografía del hambre, que responsabiliza directamente al BM y al FMI de la catastrofe humanitaria de la exclusión y la misería social.
Lo interesante es que se reactivan afectos e ideas (tal vez un “síndrome post-traumático” del 27-F de 1989) de revancha entre-líneas frente a la gran estafa del “chavismo”.
Esta revancha ("Vamos por ti", decía Pablo Medina) se mueve en el área no de la responsabilidad pública de los políticos, sino en el área de la irresponsabilidad de los llamados “tecnócratas”: los que nunca rinden cuentas de su responsabilidad de gestión de la política pública, encubiertos en el rigor de la “academia liberal norteamericana”.
Pero, la experiencia vivida por los trabajadores de la privatizada VIASA (linea aérea bandera de Venezuela), por ejemplo, será por mucho un argumento histórico de mayor peso que cualquier barniz teórico sobre el “bienestar subjetivo”.
Por eso los tecnócratas de derecha no tendrán jamás pueblo, aunque podrán apelar al recurso de las bayonetas, como el Pinochet de Hayek, claro... ¡si es necesario!
Pienso que la responsabilidad de estos engendros intelectuales no es de la ciudad de Chicago, ni de sus hijos e hijas (mucho menos de sus grandes equipos de baseball), sino de algo mucho más patético: yo lo denomino los “Babys Bush": los clones del TINA de Thatcher y Reagan (No hay alternativa al capitalismo).
Si, Margarita Thatcher, coloquialmente. Porque la Margarita fue también experta en privatizaciones de casi todo, enterrando las conquistas del laborismo británico, apelando por cierto a la vieja lucha de la libertad contra las servidumbres del Estado de Bienestar (Sociedad Mont Pelerin dixit).
Se trata entonces, no de la tecno-burocracia del Estado socialdemócrata europeo, como el Sueco o a la Noruega, sino de la tecno-burocracia de las agencias multilaterales (BM-FMI), y en consecuencia, de los nostálgicos del "paquete neoliberal" de CAP, ahora reconvertidos en filibusteros de las nuevas ONG´S, de la "sociedad civil democrática", financiadas por ese gran invento del “buen revolucionario-tercermundista” llamado: “imperialismo norteamericano” (de esos detalles se encarga por cierto, Eva Golinger).
Uno se pregunta: ¿Quién le tiene que explicar a quién en este caso? Uno no ha escrito libros tan reveladores de los prejuicios ideológicos como: “La tercera ola de las privatizaciones” (una mala copia del titulo de Huntington sobre la “tercera ola” de las democratizaciones) o “privatizaciones municipales”, publicados ambos por el Banco Mundial y cuya autoria es de Mr Gerver.
Claro, estos contenidos ideológicos se diluyen en los entretelones de títulos más inocentones del marketing que pretenden sedimentar un nuevo sentido común a la sombra de las mayorías silenciosas: “Un Sueño para Venezuela” (Fundación Liderazgo y Visión).
Quien haya caminado cierto trecho por la semiótica crítica, no dejará de llamarle la atención la afirmación de Mr. Gerver en su interpelación a Biardeau (en fín, a mí):
“Una de las preguntas que hace Biardeau me llamó particularmente la atención. Es la que dice ¿que “el socialismo es para los pendejos y el capitalismo es para los vivos”? A confesión de parte relevo de prueba. Lo que está implícito en la pregunta de Biardeau es que el socialismo es un castigo, que deberíamos sufrir todos por igual y no sólo los pendejos.”-Preguntas a Biardeau).
Nunca leyó ni el contexto ni las comillas Mr. Gerver. Tampoco parece haber leído a un autor de su gusto: Umberto Eco-“Interpretación y sobre-interpretación”. Cuando la “viveza criolla” se vincula al capitalismo rentistico, es precisamente para dar cuenta de la lumpen-burguesía, el capitalismo sui generis venezolano, y sus intelectuales orgánicos (reciclados o no por las Multilaterales).
Es decir, la historia de la burguesía parasitaria, la que ha succionado la renta petrolera, para reconvertirla en fuente de capitalización nacional, o de transferencia internacional, conformando los realmente existentes "grupos económicos de poder"; todo esto, a través de determinados circuitos de financiamiento, contratación y testaferrismo.
A esa conducta se le llama “viveza criolla”, legitimando la "acumulación delictiva de capital", como la llamo Brito Figueroa (desde cierto punto de vista de clase: ¡Cual acumulación de capital no comporta cierto delito históricamente legitimado!). Claro, existe otra viveza: la viveza de los operadores y circuitos transnacionales: liquidar activos nacionales a precio de "gallina flaca", llevando a los trabajadores a la institución del hambre.
Por eso, los apendejados fueron quienes compraron ese imaginario, ese sueño para Venezuela que se llamó “Paquete Miguel Rodríguez”; es decir: el “Gran Viraje” de CAP, elaborado por sus verdaderos mecenas: BM y el FMI.
No hay marketing que valga, la fórmula es la misma. Por alguna "razón inexplicable", las mayorías electorales prefieren el mal-llamado "populismo redistributivo" y piensan que desde allí, el socialismo del siglo XXI no está nada mal.
Entre el “hambre de hoy”, y la “soberanía del consumidor” de algún mañana, hay una pequeña diferencia.
¡Para males, el mal menor!.
Eso lo huele “el pueblo”.
Como el 27-F Mr Gerver.
Artículo de Gerver Torres:
Hace pocos días un intelectual chavista, Javier Biardeau, publicó un artículo titulado “¿Campanadas de Alerta?”. Se trata de una larga lista de preguntas que el autor le hace a los seguidores de la revolución.
Entre otras: “¿Ha escuchado usted qué las demandas, aspiraciones y necesidades sentidas del pueblo no son compatibles con el socialismo autoritario del siglo XX? ¿Que la política de las 3 R es una retórica vacía más que un efectivo re-impulso revolucionario? ¿Qué los llamados “frentes de masas” no existen, mientras las “masas lucen evaporadas”? ¿Qué hay parcelas burocráticas y partidistas que liquidan la causa de la democracia socialista? ¿Ha escuchado que las bases del PSUV están arrechas porque las “maquinarias internas” y los “padrinazgos de segunda línea”, terminan poniendo siempre a las mismas caras; es decir, a auto-designados o mampuestos? ¿Qué la famosa talanquera se pone bajita y el mal-llamado “ganado electoral” agarra monte? ¿Que las formas de asumir la gestión del “gobierno bolivariano” encapsulan, silencian y atrofian la potencia del proceso popular constituyente? ¿Que la crisis de la “banca de maletín” puso al descubierto los entretelones de la “Boli-burguesía”?
Estas angustiosas preguntas, son las que apagan el alma de la revolución bolivariana. Pero el pueblo chavista le podría preguntar a Biardeau: ¿Cómo es posible que los intelectuales de esta revolución, no hayan anticipado lo que estamos viviendo, con toda la experiencia de los regímenes socialistas en el mundo? ¿Cómo es posible que hayan apoyado la aventura de un tal socialismo del siglo XXI, sin haber jamás examinado a fondo por qué fracasó el del siglo XX? ¿Cómo es posible tanta irresponsabilidad intelectual? ¿Cómo salimos ahora de esta situación? ¿Hasta cuándo vamos a seguir oyendo campanadas de alerta y cuándo vamos a enfrentar abiertamente esta gran estafa que nos arruina material y espiritualmente?
PD. Una de las preguntas que hace Biardeau me llamó particularmente la atención. Es la que dice ¿que “el socialismo es para los pendejos y el capitalismo es para los vivos”? A confesión de parte relevo de prueba. Lo que está implícito en la pregunta de Biardeau es que el socialismo es un castigo, que deberíamos sufrir todos por igual y no sólo los pendejos.

sábado, 6 de marzo de 2010

DIRECCIÓN, FRENTE AMPLIO REVOLUCIONARIO Y PROCESO NACIONAL-POPULAR CONSTITUYENTE

Javier Biardeau R.
Hay quienes suponen que en pleno siglo XXI (lo cual supone que existe un balance de inventario crítico, una memoria histórica del siglo XIX y XX), la existencia de una “dirección unipersonal” y de una relación líder/masas arraigada en la relación carisma-pasión popular, es condición suficiente para llevar adelante la vasta acción colectiva de la revolución democrática, socialista, descolonizadora y ecológica en nuestro tiempo.
Sin embargo, el “momento del líder” puede ser condición necesaria, pero no suficiente, si carece del momento decisivo del “protagonismo popular”. Lo decisivo en una revolución consiste en superar el falso dilema entre un movimiento espontáneo de masas, despojado de centros de dirección e instrumentos teóricos de lucha; y una conciencia socialista convertida en doctrina, en estrecho dogma, enlazada a un aparato-único de mando, desencarnado y desconectado de la “fuerza material” de la multitud popular (En este punto, Lenin sigue preso del imaginario del “renegado” Kaustky: la “conciencia que viene desde afuera”, a pesar de lo que digan los “leninistas”).
Así mismo, hay quienes suponen (haciendo caso omiso al debate sobre el papel de los partidos, la representación política, los movimientos sociales y otras organizaciones de base de las clases subalternas) que la existencia de un “partido revolucionario” de corte leninista clásico, es la garantía definitiva de una revolución (Dijo usted: ¿Que Hacer?-1902), que el “Príncipe Moderno” (Gramsci) garantiza la construcción de una nueva hegemonía y un nuevo bloque histórico, modelo de partido que llegó a transformarse bajo determinadas circunstancias y condiciones que conviene comprender y explicar, de “partido-guía” (relación pedagógica entre dirección, cuadros intermedios y bases sociales de apoyo) en “partido-mando” (relación vertical-militar entre dirección, cuadros intermedios y bases sociales de apoyo), transformando el “movimiento comunista” (tesis originaria de Marx) en “comunismo de aparato” (tesis concluida de Stalin y sus derivados).
Este modelo de partido bolchevique es claramente insuficiente en las actuales condiciones de crisis de la “política de representación”; y diríamos, prefigura lo peor de la forma-despótica del Estado revolucionario de transición; es decir, del Estado Revolucionario en la transición al socialismo bajo “regímenes de partido-único”.
Pero, Lenin fue más claro y consecuente con la idea marxiana de superación de la forma-Estado, a pesar de sus ambigüedades: hablo de “semi-Estado” en la transición. ¿Y por que se omite deliberadamente lo del “semi-”?: “El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario” (Lenin dixit).
En Lenin existía una clara tensión entre una línea de fuga y ruptura del imaginario burgués del Estado-Leviathan, pero también un repliegue pragmático sobre la forma-Estado, para imaginar y pensar el análisis concreto de la situación concreta en una revolución.
Así, el poderoso imaginario estatista derivado del Leviathan seguía haciendo estragos en Lenin. Más claro en este tópico fue Stalin en su Carta al camarada Jalopov del 28 de julio de 1950 (http://www.eroj.org/biblio/stalin/linguist/linguist.htm.)
Decía Stalin en esta memorable carta que “el marxismo es enemigo de todo dogmatismo”; es decir, de verdades incondicionales no referidas a contextos históricos especificables (Cualquier desprevenido pudiera leer en esto, que Stalin es un consistente formulador del anti-dogmatismo, olvidando que el “camarada Stalin” definía como un “acróbata audaz”, los límites o parámetros de los contextos, circunstancias y condiciones, a través de un estilo apodíctico de argumentación).
Mientras Engels decía en su «Anti-Dühring» que, después del triunfo de la revolución socialista, el Estado había de extinguirse, Stalin planteaba que había que detenerse analizar qué significaba exactamente un “triunfo de la revolución socialista”. Para Stalin no debían tomarse medidas para “acelerar la extinción de nuestro Estado, disolver los organismos del Estado, o renunciar al ejército permanente” (así distorsionaba finos aspectos y elementos de la controversia); pues en las “condiciones de cerco capitalista, cuando la revolución socialista ha triunfado en un solo país (léase atentamente la argumentación) y en todos los demás domina el capitalismo, el país de la revolución triunfante no debe debilitar, sino reforzar por todos los medios su estado, los organismos del Estado, el servicio de inteligencia y el ejército, si no quiere ser aplastado por el cerco capitalista.”
Revolución triunfante, cerco capitalista. Se trata justamente del peor escenario para una transición al socialismo, el escenario de la fortaleza asediada, lo cual invalida hablar exactamente de una revolución triunfante, incluyendo la posibilidad de la tesis del socialismo en un solo país (que es lo que hace precisamente Stalin). En estas condiciones y contextos, ¿será una tal revolución, una “revolución triunfante”?
La tesis de Stalin es clara: es posible la revolución socialista en un solo país (¡pobre Marx, y su idea de modo de producción, división del trabajo y mercado capitalista mundial!). Queda clara la falsificación histórica de una línea de continuidad entre Marx y el Estalinismo, que tanto le gusta explotar a la ideología capitalista.
Para Stalin: “la fórmula de Engels se refiere al triunfo del socialismo en todos los países o en la mayoría de los países y es inaplicable cuando el socialismo triunfa en un solo país, mientras en todos los demás países domina el capitalismo.” Léase entonces con precisión que Stalin plantea su tesis: “cuando el socialismo triunfa en un solo país”.
Preguntamos: ¿Es posible el socialismo en un solo país?
Lo interesante es que a pesar de Marx, hay quienes siguen presos de la tesis del “socialismo que triunfa en un solo país”. Conviene preguntarse entonces, acerca de las deformaciones burocrático-despóticas de los procesos revolucionarios a lo largo del siglo XX, y la imposibilidad de articular los momentos de dirección, las alianzas de fuerzas políticas y sociales, y la multitud popular constituyente, que no confunda la idea de transición al socialismo con la tesis de la construcción del socialismo en un solo país.
¿Por qué las revoluciones precedentes iniciadas extensamente contra la opresión, animadas por el poderoso aliento de la igualdad, la justicia, la fraternidad y emancipación, degeneraron en una nueva dictadura de otras capas dominantes y privilegiadas, en una nueva sujeción del pueblo, en un Estado policial-militar de control social y vigilancia?
¿Cuáles serían las condiciones que permitirían a una revolución evitar tan deleznable resultado? ¿Sería este fin, todavía por mucho tiempo, una especie de fatalidad histórica o sería el efecto de factores accidentales, o sencillamente de errores y faltas que pueden corregirse en adelante? En este último caso, ¿qué medios podrían eliminar el peligro que amenaza ya a las revoluciones del presente y del futuro?
Luego de descarnados debates históricos en la izquierda revolucionaria nuestro-americana sobre la organización eficaz y con calidad revolucionaria (tanto en la izquierda teórica, como política y social) que no pueden simplemente ignorarse, ¿repetiremos acaso la invención del “agua tibia” o de la “rueda” en cuestiones de dirección, organización, movilización y lucha revolucionaria para impulsar procesos de transición al socialismo?; es decir, ¿repetiremos las “verdades eternas y universales” (y poco dialécticas en sus propios términos) de los manuales de estalinismo; como por ejemplo, el partido-único de vanguardia y el triunfo del socialismo en un solo país?
Las fórmulas del estalinismo (socialismo en un solo país, etapismo, partido-único, planificación burocrática, propiedad estatizada, deber de sumisión ideológica, táctica de clase contra clase, hegemonía autoritaria) reaparecen en el ambiente.Se confunden con aportes del leninismo. Eso se desprende de la conversión del leninismo (que es una particular lectura del marxismo revolucionario) en ideología (complemento solemne de justificación) del Estado Soviético edificado por la contra-revolución burocrática-despótica de Stalin, ya controlando el partido-aparato, luego de las purgas históricas. Entre purgas y fijación de dogmas hay relaciones muy estrechas, que no deben olvidarse.
Por tales razones, planteamos que la revolución bolivariana requiere mucha más criticidad y creatividad histórica (pensamientos críticos socialistas contra “dogmas de manuales y aparato”); y por tanto, menos recaída y vulgarización ideológica.
No se despacharán estos debates con la vetusta táctica de los epítetos y adjetivaciones; que dan cuenta efectivamente de los referentes ideológicos y la subcultura de aparato desde donde se formulan las supuestas defensas de la “verdad universal revolucionaria”; es decir, del Dogma reaccionario. Malas noticias para estas voces: el “comunismo científico” es una coartada desgastada, una escatología que ya no funciona.
El asunto de cómo superar el impasse o la encrucijada crítica en el proceso bolivariano está abierta en la estructura de conducción de la revolución bolivariana, en el seno de las fuerzas políticas y sociales que apuntalan el proceso; y en medio de un visible reflujo de masas que se articula al desgaste, al descontento y al desencanto, que aún siguen siendo escabullidos con fáciles excusas.
Sin instrumentos teóricos como el marxismo crítico, con su praxis social consecuente; y más allá de este, de pensamientos críticos socialistas innovadores, será muy difícil la salida a este impasse o encrucijada crítica.
No es a punta de repetitivos discursos del “Comandante-Presidente” que se saldrá de esta situación, pues la estructura de dirección del proceso revolucionario (que muestra evidentes síntomas de descomposición) requiere de un “sacudón interno” de gran calado teórico y práctico.
No es tiempo de pretextos ni de epítetos para evadir la línea de apoyo crítico que exige transformaciones internas en el seno del proceso bolivariano. Hoy más que nunca es necesaria el ejercicio de la critica y la creatividad, no el miedo, la sumisión, la complicidad y la incondicionalidad.
La voluntad de revolución no se construye desde la sujeción, desde la alienación, desde una modalidad implícita de servidumbre voluntaria llamada “auto-censura revolucionaria”.
La pérdida de espacios políticos importantes, como la Asamblea Nacional puede aún evitarse con la firme decisión de colocar la crítica revolucionaria por delante, para superar los estrechos enfoques de articulación, mediación y agregación política de fuerzas en el proceso popular constituyente. Para superar el estrecho punto de vista de cada grupo, la visión acartonada de la conducción y del liderazgo, para sumar y multiplicar, en vez de restar y dividir. Para pasar a acumular fuerzas cuantitativas y cualitativas, y dejarse de pendejadas de un nuevo falso dilema: o “crecimiento electoral” o “ascenso cualitativo de la conciencia revolucionaria”.
Habrá que repetir el ejemplo de una obviedad histórica: Allende es derrotado primero en el parlamento antes de ser derrocado por el acto asesino de la fuerza bruta. Minar desde dentro la transición democrática al socialismo le abrió las compuertas a la contra-revolución. Esta transición democrática al socialismo implicaba una atípica construcción de un modelo de gobierno, de economía, sociedad y política, que no descansaba en los dogmas de la ortodoxia bolchevique.
En vez de construir una novedad histórica, un acontecimiento subversivo bajo nuevos parámetros democráticos participativos, se utilizó la plantilla bolchevique para acartonar la creatividad histórica de un proceso insurgente. Allí la derecha aprovechó todas las compuertas abiertas, como lo está haciendo precisamente en Venezuela.
Y este tipo de fórmulas derechistas de desestabilización, acoso y derribo, ya han sido ensayadas en múltiples experiencias históricas. El caso reciente de Honduras debería llamar a la reflexión al debate cada vez más necesario y urgente.
El parlamento, podemos calificarlo de “burgués y todo” (a decir de Lenin en El Estado y la Revolución), debe ganarse, preservarse y transformarse, si no se quiere dar una oportunidad histórica al desplazamiento de la ventaja política al campo opositor.
Quienes hacen (diciéndolo o no) sus tareas para minar y generar derrotas allí; para provocar una supuesta coyuntura de “encrucijada final”: “o revolución o muerte”, solo inducen a la despedida de un proceso, cuya riqueza sigue siendo ser a la vez que expresión del poder constituyente: y canalizado a través del proceso constitucional, democrático, pacífico y electoral.
El “salto revolucionario” que manejan algunos sectores no es la profundización de los contenidos revolucionarios de la Constitución de 1999, sino la liquidación de lo que interpretan como “legalidad burguesa”, repitiendo el imaginario del “terror revolucionario” de las elites o minorías activas. Serán grandes jacobinos o blanquistas, pero están raspados en pensamiento marxiano. Pues sin el movimiento autónomo de la inmensa mayoría para la mayoría inmensa, no hay revolución democrática y socialista alguna.
¿Acaso es el sectarismo el mejor clima de deliberación para abordar los debates urgentes de la construcción de prácticas hegemónicas democráticas en la encrucijada crítica de la revolución bolivariana? Ya lo decía el Tupamaro Pepe Mujica desde Uruguay diagnosticando la imposibilidad de construir unidad en la diversidad: la enfermedad de la izquierda es el sectarismo.
En este contexto, ¿alguien se habrá paseado acaso por la relación entre partidos y movimientos sociales en la experiencia de la revolución cultural descolonizadora encabezada por Evo Morales o por la revolución ciudadana de Correa en Ecuador? Hay que ser más humildes con otras experiencias de cambio en Nuestra América, menos arrogantes e impositivos. La revolución democrática del bloque de explotados, dominados y oprimidos, apenas pasa de gatear a dar sus primeros pasos, con elementales traspiés. La “transición al socialismo” no es “el triunfo del socialismo en un solo país”, sino un largo camino de acumulación de fuerzas y recursos estratégicos de poder, para construir desde prácticas hegemónicas democráticas un nuevo bloque histórico nacional-popular.
No todos los que parten a la cabeza del proceso de transformaciones son necesariamente los que proponen fórmulas más avanzadas. ¿Acaso la experiencia originaria de organización del PT brasileño puede descartarse a priori como un caso de reformismo socialdemócrata, al igual que el Frente Amplio de Uruguay?
Habrá que mirar desde diferentes perspectivas de las izquierdas post-capitalistas de Nuestra América. Nuestra América no habla desde una monótona voz de un pensamiento único de izquierda (Ramonet definía pensamiento único de derechas: “neoliberalismo”). El pensamiento único del socialismo autoritario tiene nombre y apellido: estalinismo y contra-revolución burocrática.
Nuestra América es polifónica porque parte de su heterogeneidad y mutiversalismo. En esa diversidad reside la riqueza y posibilidad de avanzar. Socialismos construidos a múltiples voces, articulando, agregando, canalizando, mediando entre múltiples pensamientos, matices y corrientes socialistas, implica construir espacios e instancias de debate abierto, crítico y creativo de tendencias de izquierda. Se trata del inexistente Diálogo Socialista, entre voces, matices, corrientes y tendencias.
Diálogo que no evade el debate y la polémica, que no busca forzar consensos, que no busca imponer la unidad, pues se trata de construir desde el reconocimiento de singularidades revolucionarias, el espacio del programa común, de las ideas, pasiones y valores comunes. De las estrategias y tácticas conjuntas. De una pluralidad socialista revolucionaria.
¿Existirán voces que propongan nuevas experiencias de dirección política y de construcción de frentes revolucionarios, que permitan superar los errores, debilidades y fracasos de las fórmulas políticas convencionales de la vieja izquierda del siglo XX? El asunto esta abierto, el reloj de arena muestra la irreversibilidad de “la carga del tiempo histórico”. No es momento de espíritus pequeños y mezquinos. Ya lo decía Mariátegui:
“Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes (…) Pertenece a los espíritus mezquinos, sin horizontes y sin alas, a las mentalidades dogmáticas que quieren petrificar e inmovilizar la vida en una fórmula rígida, el privilegio de la incomprensión y del egotismo sectarios.”(José Carlos Mariátegui)
No hay fórmulas rígidas, ni necesidad de encallar en egotismos sectarios. El asunto de la construcción de un frente amplio revolucionario define la posibilidad de pasar de las viejas plantillas al encuentro de todas las fuerzas, actores y movimientos que demanden una nueva democracia participativa, protagónica y socialista en la construcción del proyecto histórico.
¿Sera posible salir de las encrucijadas del laberinto?

domingo, 28 de febrero de 2010

¿CAMPANADAS DE ALERTA?


Javier Biardeau R.
Hay gente que se hace “preguntas ingenuas”: ¿Ha escuchado usted que… la derrota de la reforma constitucional no fue por “inmadurez del pueblo”, sino por presentar una “farragosa oferta” o “mamotreto indigerible”, elaborado en ausencia de la participación del pueblo-protagonista como actor principal del proyecto?
¿Ha escuchado usted qué las demandas, aspiraciones y necesidades sentidas del pueblo no son compatibles con el socialismo autoritario del siglo XX? ¿Que la política de las 3R es una retórica vacía que un efectivo re-impulso revolucionario? ¿Que las formas de asumir la gestión del “gobierno bolivariano” encapsulan, silencian y atrofian la potencia del proceso popular constituyente? ¿Que sin revolución ético-cultural y sin resolver con métodos eficaces las necesidades sentidas del pueblo, no habrá revolución socialista alguna? ¿Que la gente no quiere copias chimbas de los regímenes de partido-único?
¿Ha escuchado qué cuando unos “habladores de paja” (léase “dudosos y presuntuosos intelectuales”) hablaron, la respuesta fue la descalificación de la crítica en el seno del proceso bolivariano? ¿Qué la “batalla de las ideas” parece diluirse en el “monólogo de sectas y capillas ideológicas”? ¿Que el burocratismo, la corrupción, el capitalismo de estado minan la revolución en su medula vital?
¿Ha escuchado que los partidos “aliados”, no han logrado construir instancias de diálogo socialista, ni entre ellos, ni junto a los movimientos sociales, ni junto al pueblo? ¿Qué lo que priva es la ambición de cargos y privilegios económicos en el seno del gobierno y los partidos “aliados”? ¿Que “el socialismo es para los pendejos y el capitalismo es para los vivos”? ¿Que la crisis de la “banca de maletín” puso al descubierto los entretelones de la “Boli-burguesía”? ¿Qué hay mucho empresario adeco-copeyano haciendo negociado con el alto gobierno? ¿Qué la solidez ideológica importa menos que el “cuanto hay pa´ eso”? ¿Qué la oposición explotará el tema de los “expedientes financieros” para fines electorales, y Washington dirigirá el tinglado?
¿Ha escuchado qué las bases del PSUV están arrechas porque las “maquinarias internas” y los “padrinazgos de segunda línea”, terminan poniendo siempre a las mismas caras; es decir, a auto-designados o mampuestos? ¿Qué la famosa talanquera se pone bajita y el mal-llamado “ganado electoral” agarra monte? ¿Qué la dirección del PSUV no le “para media-bola” al PPT y al PCV; que a su vez éstos presionan con tácticas que afectan el conjunto del proceso revolucionario?
¿Ha escuchado qué se confunde la “lealtad y la disciplina” con la “sumisión y la complicidad”? ¿Qué no se podido construir una plataforma unitaria, clasista y revolucionaria de trabajadores y trabajadoras (¡adiós proletariado!? ¿Qué ni el costo de vida ni la inseguridad son problemas mediáticos? ¿Que hay deterioro en los servicios públicos? ¿Qué las misiones-bandera necesitan fortalecerse y mejorarse? ¿Qué la contra-revolución avanza aprovechando los errores y pelones del gobierno? ¿Qué el Estado comunal es una quimera sin la explosión real de los consejos del poder popular?
¿Ha escuchado que la economía social y popular es muy débil, frente al sector público-capitalista y frente al sector privado-oligopólico? ¿Qué se levanta un cerco imperial contra Venezuela y los países del ALBA? ¿Qué los llamados “frentes de masas” no existen, mientras las “masas lucen evaporadas”? ¿Qué hay parcelas burocráticas y partidistas que liquidan la causa de la democracia socialista? ¿Qué se quiere que el gobierno bolivariano escuche la voz de pueblo? ¿Qué el culto a la personalidad lo sostiene una nomenclatura de adulantes palaciegos, para sus propios intereses de poder y privilegio económico? ¿Qué manganzones y corruptos camuflados de rojo, sacan provecho del Proceso? ¿Que sectarios y excluyentes, ahuyentan a venezolanos indecisos, e incluso comprometidos?
¿Ha escuchado usted qué “no se da pie con bola” en un bloque de fuerzas sociales y políticas que garantice una Venezuela de inclusión social, un Socialismo que no le tema a la diversidad y una Democracia sustantiva y radical, que implica meterle el diente a la explotación, la dominación y la hegemonía ideológica?
Estimados y estimadas, suenan campanadas. Las burocracias y sus contratistas, son máquinas inútiles. No es por mero tacticismo electoral que se requiere un frente amplio revolucionario.
¡Solo el pueblo salva al pueblo!
Pues está en juego la revolución democrática y socialista venezolana.

viernes, 26 de febrero de 2010

27-F: "EL PLAN TINOCO DESATÓ LA TRAGEDIA" O EL ALZHEIMER DE PETKOFF

Javier Biardeau R.
“Si las sociedades se mantienen y viven, es decir, si los poderes no son en ellas «absolutamente absolutos», es porque, tras todas las aceptaciones y las coerciones, más allá de las amenazas, de las violencias y de las persuasiones, cabe la posibilidad de ese movimiento en el que la vida ya no se canjea, en el que los poderes no pueden ya nada y en el que, ante las horcas y las ametralladoras, los hombres se sublevan.” (Michel Foucault: ¿Es inútil sublevarse?)
Como en toda lucha por la apropiación de la memoria colectiva, existen aún intentos de negar lo que es más palpable desde los cuerpos, que intentan ser sometidos a un nuevo orden de privaciones y disciplinas.
El llamado "Sacudón" puede comprenderse como una sublevación popular-urbana contra el proyecto neoliberal (y no solo contra sus medidas económicas); rechazo abierto y explosivo a la forma de vida anunciada en el “paquete de medidas neoliberales”, claramente establecidas en el discurso memorable de CAP, el 16 de febrero de 1989.
El trasfondo: alza de los precios del transporte, desabastecimiento, especulación, acaparamiento de productos de la canasta básica, las disputas entre Fedecámaras y la CTV alrededor de la política laboral y salarial, la necesidad de créditos frescos del FMI y del BM, demanda de reconocimiento de dolares preferenciales, pago de la deuda; proyección de imaginario populista y un sinnúmero de elementos explosivos de la situación se relacionaron directamente con la imposición del proyecto neoliberal.
Podemos recordarle, ya no a los ex marxistas, sino a los propios dirigentes ex masistas (Petkoff dixit) que el “Diario de Caracas, pagina 35, del 5 de marzo de 1989” se planteaba las siguientes tesis:
a) “El paquete de medidas económicas ha sido el detonante de los dramáticos acontecimientos de los últimos días. Las medidas específicas de restablecimiento del orden público deben ir acompañadas por una profunda rectificación del programa económico”.
b) “Una ira contenida durante largos años terminó por explotar. Un detonante de esta explosión fue la aplicación de las primeras medidas del paquete económico de Carlos Andrés Pérez, que representan una nueva e insoportable carga para los sectores populares, que han visto aceleradamente deteriorarse su nivel de vida, en lo cual tienen una alta responsabilidad Luis Herrera y Jaime Lusinchi, quienes prácticamente arruinaron al país."
c) “A la hora de enfrentar el desbordamiento del estallido popular, el gobierno ha dejado de lado el problema fundamental: el del programa de ajustes del FMI y la necesidad de posponer la aplicación, mientras se elabore un nuevo programa de medidas más gradualista, equilibrado y equitativo en el reparto de las cargas que el ajuste supone.”
El ya conocido testimonio del entonces Secretario privado de CAP en Miraflores, Ignacio Betancourt (El Nacional, 21-02-1999, P.H-1) plantea: “Cuando regresé a Palacio, CAP todavía le estaba contando a un grupo —recuerdo que estaban Teodoro Petkoff, Andrés Velásquez y Vladimir Gessen— cuáles serían las garantías que se suspenderían. Petkoff decía que el MAS «no apoyaría el acuerdo de suspender garantías, si el Gobierno no aplazaba su paquete fondomonetarista».”
Eran otros tiempos, al parecer. Uno lee el por demás revelador Editorial de Tal Cual del día de hoy, 25-26 de febrero de 1989, y se encuentra con la siguiente retórica de Teodoro Petkoff:
“La leyenda que inventó Chávez, sobre el 27F como protesta contra el neoliberalismo, es una mentira monda y lironda, una vulgar manipulación politiquera. De hecho, el estallido social se produjo tres semanas después de la toma de posesión de CAP, cuyo programa económico apenas había sido anunciado y del cual sólo se había puesto en práctica el aumento de la gasolina, que dio pie a la protesta por los aumentos de los pasajes del transporte público. En verdad, lo que Venezuela vivía eran los efectos y consecuencias empobrecedores de un modelo económico de vieja data, basado en la dependencia del petróleo y del gasto público, expresados en populismo, clientelismo, precario y errático crecimiento económico y alta inflación, modelo que, por cierto, el gobierno de Chávez ha copiado y empeorado considerablemente. Chacumbele, que ha confiscado para sus fines desde la Guerra de Independencia y Simón Bolívar hasta el 23 de Enero, también "expropia" el 27F como supuesta matriz de su golpe y fecha fundacional de su "revolución", cuando el MBR-200 para esa fecha ya tenía seis años conspirando, creado como había sido en 1983."
En fin, la “mentira monda y lironda, la vulgar manipulación politiquera” no es del MAS y de Petkoff de aquellos días, sino de mismísimo Chávez.
¿A este grado de ceguera y estupidez, pueden llegar las pasiones antichavistas? ¡No dejarán de sorprendernos!
Chávez hace su “revisionismo histórico” (¡Quién lo duda!); pero: ¿Que puede pensarse del “re-encuadre histórico” de Petkoff? Y si faltaran mayores elementos, Petkoff continúa:
“Es obvio que efectivos de la FAN, no entrenados para hacer frente a asuntos de orden público, también cometieron excesos, abusos y crímenes, pero, en todo caso, como lo sería con la Policía Metropolitana, las responsabilidades son individuales y en ningún caso institucionales --a menos que se acepte el supuesto negado de que desde los altos mandos de la PM y de las FAN, e incluso del propio gobierno, hubieran partido órdenes de matar.”
Sería necesario que se releyera el siguiente testimonio:
“El ejército entró a actuar sobre unas masas desbordadas. Las Fuerzas Armadas no son aptas para enfrentar motines, su formación obedece a objetivos distintos a los de los cuerpos policiales. Pero en aquellos momentos el ministro de la Defensa no tuvo otro recurso sino usar las Fuerzas Armadas en una misión que no les es propia, pero que resultó inevitable.” (Carlos Andrés Pérez; El Nacional, 28-02-1999)
Como planteaba el mismo Ignacio Betancourt en el testimonio citado:
“CAP estaba conversando con Italo del Valle Alliegro, ministro de la Defensa, a quien había llamado desesperado cuando entró a su despacho. El Presidente, después de hablar con Alliegro, llamó a Gonzalo Barrios. CAP contó por la línea lo que sucedía: «Es horroroso lo que vi en los sitios en los que me metí cuando venía para Miraflores». Le dijo a Barrios que había ordenado movilizar tropas del Ejército desde el interior, como fuera, pues Caracas no contaba con los efectivos suficientes. El contingente no se había renovado enteramente en enero, como siempre se hace, por las elecciones de diciembre. Barrios acotó: «Cuando el ejército sale a la calle, es para matar gente», eso detuvo un poco el ímpetu azaroso de CAP. —De todas maneras, transporten efectivos del interior, a como dé lugar —le reiteró a Alliegro en otra llamada interministerial.”
Petkoff aparecía en prensa el 27 de febrero (El Nacional, P. D-2) con una entrevista de Félix Reyes que titulaba: “Petkoff: el Gobierno cree que aún puede continuar irrespetando el parlamento”. Se trataba del irrespeto de no plantear en el seno del parlamento la llamada "Carta de Intención" para su deliberación política. ¡Quién puede dudar que era lo mínimo que podía hacerse!
También habría que recordar en este contexto, el siguiente titular de “El Nacional” (2-03-1999, D-11): “Serán sometidos con los armas quienes persistan con los saqueos”. "Militares procearian a saqueadores" ( ¿Dijo usted, sometidos con los armas?
La exigencia de la clase dominante transformada en orden político-institucional fue reprimir una revuelta popular con unidades de la fuerza armada. Como decía Gonzalo Barrios (¡Cuando el ejército sale a la calle es para matar gente!). Para la clase política dominante: “Se trataba no de protestas, detonadas por el quiebre de expectativas de bienestar social, producto del anunció del paquete neoliberal de CAP, y sus primeros efectos, sino de una extraña mezcla de “delincuencia, turba, saqueo y subversión”. Clases peligros: delincuencia, turba, saqueo y subversión. El "perfecto Enemigo interno" de las Doctrinas de Seguridad Nacional".
Llama la atención que sea el Director de la propia DISIP, en aquellas circunstancias, el que refute demoledoramente la “nueva leyenda” del “intelectual de izquierda”, reconvertido en editorialista de la prensa antichavista: fue el "modelo populista-clientelar" que Chavéz aplica ahora. ¿Acaso sabemos leer entrelineas?:
“Hubo torpeza por parte del Gobierno en no prever las consecuencias del alza del combustible y no se implementó una política informativa, ni se plantearon ni consideraron posibles efectos negativos. Una vez iniciado los disturbios y producido el estallido en Guarenas, no se evaluó de inmediato la posibilidad de una generalización y radicalización del fenómeno.”(Rafael Rivas-Vasquez; Director de la DISIP, 1989)
Pero esto no lo dijo solo el Director de la DISIP. Petkoff pudiera pasearse por el análisis de la nada proclive portadora de la “leyenda de Chávez”, Miriam Kornblith, quien en un artículo publicado bajo el título: “Deuda y Democracia en Venezuela: Los sucesos del 27 y 28 de febrero” (Cuadernos del CENDES, N°10, Enero-Abril 1989) afirma lo siguiente:
“Si, como se dijo, el detonante de la explosión fue la especulación con los precios del transporte urbano, el anuncio de las medidas económicas el día 16 de febrero y el inicio de su puesta en práctica formaron parte del contexto significativo en el cual fueron recibidas e interpretadas las acciones especulativas de l0os transportistas. Se puede decir que los eventos del 27 y 28 de febrero constituyeron una reacción popular ante el nuevo programa y el inicio de su aplicación, puesto que las nuevas tarifas y las demandas de los transportistas de derivaban directamente del paquete”.
Para Kornblith, como para Petkoff (que parece olvidar la famosa tesis del “timming” del ajuste estructural durante la Agenda Venezuela, de la cual fue su principal vocero de gobierno) se trataba de:
“(…) el problema del tiempo adecuado en la presentación y puesta en práctica del paquete se refiere al hecho de que los efectos negativos del anuncio y puesta en practica de las medidas se dejaron sentir de manera inmediata y con mucha mas fuerza y profundidad a nivel de los sectores populares que sus efectos positivos, puesto que el diseño y puesta en practica de medidas compensatorias – que si estaban contempladas – quedaron completamente rezagadas y opacadas respecto al impacto negativo del programa.”
¿Por qué se intenta entonces, borrar (por una manida pasión y sesgo antichavista) lo que parecen ser claros elementos de información y de evidencia histórica disponible de lo sucedido? Aquí Petkoff, ¿Será posmoderno: no existen hechos, solo interpretaciones y esta es una interpretación? No se trata de un simple cambio de interpretación, sino del desplazamiento de una posición en el "campo de poder". Detrás del enunciado, la enunciación.
Añade el cubano-americano Rafael Rivas-Vásquez, Director de la DISIP en aquellos momentos (Espero que lo recuerdes, Teo):
“Pese a que "El Sacudón" (27/02/89) se produjo a los 25 días de tomar posesión el Presidente Pérez (02/02/89), el fenómeno representó el principio del fin de su Gobierno: 1) Representó un golpe mortal para "El Paquete", 2) El programa neo-liberal sufrió ajustes populistas como consecuencia de "El Sacudón". 3) Surgieron los cuestionamientos y se rompió el hechizo de CAP. 4) CAP tuvo que transformarse en el "presidente de la concertación" moviéndose entre los parámetros neo-liberales del FMI y las medidas populistas para bajar la temperatura social. 5) "El Paquete" quedó desvirtuado y con eso quedaba sellada la suerte económica de la nueva administración y su fracaso.” (Rivas Vásquez: El día que bajaron los cerros)
La ruta de las decisiones de CAP y la elite dirigente fue clara, se trataba de “apuntalar al régimen triunfante sobre la sangre de miles de desposeídos”.
Horas de sangre, horas de lucha. Los poderes no pueden ya nada, cuando, ante la posibilidad de horcas y ametralladoras, los hombres se sublevan.
Una lección de la revuelta popular-urbana que las elites dirigentes conocen; y de allí la utilidad de contar con el control del monopolio de la violencia legal; es decir, controlar efectivamente la represión mortifera: cañones y fusiles contra el pueblo.
Pues se trata de restablecer el orden: “Las fuerzas armadas no salen a la calle a reprimir” (Italo del Valle Alliegro; El Diario de Caracas, 6-03-2009, p.9) ¡Depende de que tipo de Fuerzas Armadas!
Estimados y estimadas, en Venezuela hay una manía de escupir pa´rriba:
“TEODORO: El plan Tinoco desató esta tragedia”. (El Nacional, 1-03-2009, P.4)
¡Al que le caiga le chupa!...

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL DESACUERDO Y LAS PURGAS

STALIN Y YEZHOV

Javier Biardeau R.
“El desacuerdo sin reconciliación no es un indicador del fracaso de la política democrática y del espacio público sino más bien su rasgo constitutivo.”(Benjamin Arditi)
En medio del devenir de la “revolución bolivariana rumbo al socialismo del siglo XXI”, según la fórmula más difundida, se ha pretendido montar un dispositivo de control ideológico-político de corte estalinista, por parte de quiénes hacen apología del legado del “socialismo real”, claramente identificadas en el proceso venezolano. Se inicia una encrucijada política en la cual, o se rompe definitivamente con el dispositivo estalinista en todos los terrenos, o el proceso popular constituyente queda completamente engullido en la trayectoria del socialismo burocrático.
La defensa encubierta de la sub-cultura estalinista y de sus residuos ideológicos, pasa por una postura acrítica de las experiencias del Socialismo Burocrático realizado (URSS y sus satélites). Sus tácticas son vino viejo en aparentes nuevas odres: todo lo que no sea el Socialismo troquelado desde la idea marxista-leninista ortodoxa más ramplona, extraída de los manuales de “comunismo científico”, es descalificada y atacada como “reformista, anarquista, pequeñoburguesa y contra-revolucionaria”. Viejos estigmas de viejas polémicas.
Se trata “casualmente”, de los estigmas que utilizó la subcultura de aparato de izquierda para disciplinar autoritariamente a sus militantes a lo largo del siglo XX, a partir del ciclo de luchas que se inicia desde la revolución rusa, y que se cierran con los acontecimientos de finales de los años 60, donde la defensa del estalinismo explícitamente queda completamente desacreditada. Sin embargo, lo que se diluye en el plano manifiesto, asume una existencia latente, esperando su reactivación histórica.
Esta micro-política estalinista avant la lettre, es la mejor demostración de que el socialismo burocrático realizado, sigue presente como clima en determinadas tendencias de la izquierda, aún significando la demostración histórica de nuevas formas de alienación, opresión y explotación; lo cuál explica parcialmente, algunas de las condiciones subjetivas por la cuales no pudo representar alternativa histórica alguna al capitalismo hegemónico.
El uso del monopolio de la “voz revolucionaria”, la descalificación de cualquier diferencia o desacuerdo, es un ejemplo típico de las pretensiones de control ideológico, del lenguaje y del pensamiento, suficientemente analizado por intelectuales de respetable trayectoria en la izquierda mundial (Para muestra: Chomsky)
Aunque el nuevo imaginario socialista asume la diferencia y el desacuerdo como elemento indispensables de la política de la igualdad y la emancipación (ver Ranciere, por ejemplo), la vieja izquierda se inclina a conservar su pretensión de policía (En el estricto sentido dado por Foucault: disciplina, normalización y control).
El uso del monopolio de la “voz correcta”, en el capitalismo neoliberal hegemónico, tuvo un gran impacto y fue analizado como “pensamiento único” (Ramonet dixit). Pero el “pensamiento único”, desborda las cartografías de “derecha e izquierda” propias de la geo-cultura de la Modernidad occidental; delimita vastos problemas filosófico-políticos de diferentes círculos civilizatorios, culturales y nacionales (pues toda filosofía tiene sus implicaciones políticas).
Uno de estos problemas es la distinción entre posturas absolutistas-despóticas, y las interpretaciones que consideran que a “ilustración de la liberación”, a la “razón histórica” o las “hermenéuticas-críticas”, como un patrimonio valioso para los movimientos de emancipación social, política y cultural.
El despotismo anida en aquel lugar común que plantea, por ejemplo, que la “Iglesia” siempre habla de “libertad” cuando está en la oposición, y de “verdad monolítica” cuando ejerce el poder. Algo semejante ocurre con el dispositivo estalinista, al convertirse en una maquina de constitución de identidades contra-revolucionarias (todo lo que no sea como el “acróbata audaz”, es contra-revolución).
La analogía es útil en la medida en que se reconoce que hay un “marxismo de derecha”: un marxismo burocrático, sectario, dogmático, vulgar, que con aparentes expresiones marxistas, reproduce y vehicula un principio (arché) de cuño despótico.
Por tanto, las nuevas figuras de los Socialismo participativos, democráticos, plurales y libertarios, no se construyen desde los viejos métodos, plantillas, expresiones y contenidos del imaginario despótico del estalinismo.¡Ni desde las armas melladas del capitalismo, ni desde las armas melladas del estalinismo!.
Hacerse cómplices, dejarse llevar o intimidarse por el dispositivo estalinista, es justamente la puerta de entrada a la sedimentación, desde la vida cotidiana hasta las instituciones, de los “lugares comunes” y “habitus” del Socialismo Burocrático del siglo XX; liquidando la posibilidad de la experiencia crítica y creativa del Socialismo participativo, democrático, plural y libertario.
Sin amplia participación, protagonismo popular y deliberación, sin decisión de bases, sin diversidad de corrientes de pensamiento crítico socialistas, sin ampliación de los espacios de libertad de los individuos sociales, como singularidades revolucionarias, el dispositivo estalinista se apropia de los espacios de la revolución como un “virus gusano”.
Se habla, por ejemplo, desde el dispositivo estalinista de “avanzar al Socialismo”, de “profundizar la revolución”, de “radicalización” en medio de más patético seguidismo ideológico y la repetición acrítica de cuatro o cinco “axiomas” de los manuales de “comunismo científico” (propiedad estatizada, táctica de clase contra clase, partido único, planificación burocrática y deber de sumisión ideológica).
Sin embargo, la conciencia socialista emancipadora es autonomía liberadora de multitudes populares, no sumisión castradora de aparatos, partidos ni engranajes estatistas. Se pretende imponer el estilo de “socialismo “correcto”, pues se trata del monopolio de la “voz única”, que se complementa a su vez con un abstracto y simplificador “análisis sociológico de clases”, donde cualquier “idea” es un simple “reflejo ideológico” de una situación definida por algunos atributos sociológicos.
La manipulación es muy sencilla. Un “pequeño grupo de decisión” (el equipo de propaganda de la “voz correcta”) pre-define cuál es la “conciencia revolucionaria” (“Nosotros” estamos en la “Verdad”), así como los “parámetros de desviación y divergencia ideológica” (A la izquierda de “nosotros” solo hay "anarquistas", a la derecha, “oligarcas” y “reformistas”. Ambos hacen “causa común contra-revolucionaria”.
Así, se definen los axiomas, principios y dogmas de la “secta”, que son obviamente normas, valores y creencias incuestionables. Luego, se establece si las “opiniones analizadas” se desvían o no de la opinión sostenida por el “núcleo de decisión” (la “voz correcta” del núcleo), tratando de relacionarlas con situaciones de clase sociológicamente definidas.
La plantilla de clases es elemental, no parte de ningún “análisis concreto de una formación social específica”, con sus rasgos y características particulares, se trata de una simple clasificación sobre-puesta: “oligarquía, burguesía, pequeña burguesía, proletariado, marginales”, y en algunos casos, el “campesinado”. Allí comienza el ejercicio de atribución de “actitudes ideológicas básicas” para cada una de estas clases.
Si la opinión objeto de “seguimiento político” es la de una persona o grupo de “condición obrera y popular”, pero se desvía o diverge de la posición atribuida por el “grupo de decisión”, entonces será etiquetada como afectada por el “poder espiritual de la ideología dominante”; la opinión estará presa de la “falsa conciencia”; es decir, su valor será nulo o negativo, en estado de “debilidad ideológica”, “potencial peligrosidad” o “contra-revolucionario”.
El esquema binario, lo que la semiología han llamado el “binarismo del código”, o los filósofos: el “maniqueísmo”, es parte de la fórmula para efectos de control ideológico y normalización social. No se trata entonces de facilitar o catalizar la reflexión crítica, los pensamientos autónomos y creativos, sino de imponer la “opinión ideológica correcta”: Malo/bueno, correcto/incorrecto, verdadero/falso, aparecen relacionados en una suerte de “bloque mágico”: pasiones, actitudes, creencias, enunciados e ideas.
Así mismo, si la opinión analizada es la de una persona perteneciente a los “sectores medios”, “campesinos” o “marginales”; además tiende a desviarse de la opinión del “núcleo de decisión”, entonces la opinión es etiquetada como “reformista, anarquista, pequeñoburguesa o contra-revolucionaria”.
El chantaje es permanente (bajo la fórmula: o estás con nosotros o estás en el camino de la “contra-revolución”), e implica ejercer formas de “violencia simbólica” muy similares, por cierto, a los esquemas de propaganda política, de su institución fundadora (Iglesia), o de los “comunicadores estratégicos” de la industria cultural capitalista.
Desde allí, el criterio de contraste de opiniones aplica la regla de la "desviación ideológica, sea de derecha o de izquierda”; técnica institucionalizada en el partido-aparato estalinista. Obviamente, el “grupo de decisión” ya ha establecido la “voz ideológica correcta” de antemano. Lo demás es un juego de invariantes que giran alrededor de cuatro o cinco “axiomas” de la política estalinista (propiedad estatizada, táctica de clase contra clase, partido único, planificación burocrática y deber de sumisión ideológica).
Adicionalmente, operan racionalizaciones complementarias, extraídas de los manuales soviéticos, utilizando iconos ejemplares, para reforzar la identificación con los “héroes pertenecientes a la épica revolucionaria” (quienes encarnan y personifican los axiomas ya establecidos), basadas en la concepción de la forma ideológica como simple reflejo ideológico de situaciones de clases.
Se utiliza, con criterio de liturgia eclesiástica: el cuerpo, el rostro y la carne. Se trata de una suerte de “monjes” de la revolución, preñados de la “pureza moral” descrita en el recomendable trabajo de Barrington Moore (“Pureza moral y persecuciones en la historia”).
Aunque parece elemental su lógica y su funcionamiento, son devastadores sus efectos para la sedimentación de una cultura política autoritaria en las corrientes de izquierdas, pues instituye un modelo de “propaganda bancaria y alienante” (Denunciada por Paul Freire, en su crítica a los métodos de concientización de la vieja izquierda autoritaria).
Se trata del más burdo y vulgar “adoctrinamiento coercitivo”, que para ser completamente eficaz, debe articularse adicionalmente a espacios o a campañas dirigidas a la “critica y auto-crítica revolucionaria”, que se asemejan a rituales de “desposesión”, “purificación moral” y “ex culpación ideológica”.
El ideal colectivo coercitivo construye las fantasías centrales de grupo (culto a la personalidad, vanguardia-aparato, legalidad revolucionaria, criminalización de la diferencia), con rasgos persecutorios y paranoides, explicitamente articulados a demandas de penalización y castigo.
Se trata más que de estimular el debate socialista, de diseminar "fórmulas de juicios de opinión" utilizadas en las grandes "purgas soviéticas".
Los estudios de influencia social y psicología social de la persuasión coactiva, muestran cómo “sectas, servidumbres y despotismos”, utilizan este tipo de técnicas y métodos de manipulación ideológica. En el caso del campo de izquierda, el dispositivo estalinista se basa en principios similares a las más burguesa y capitalista “Sociología de la desviación social”, pues se trata de técnicas de dominación, control y gobernabilidad, que pretenden anular opiniones, actitudes y pensamientos disconformes, críticos o contestatarios; por tanto, potencialmente divergentes.
Aunque esta retórica reaccionaria fue quebrada durante los acontecimientos del 68, dando lugar a nuevos flujos y singularidades revolucionarias, se mantiene latente en determinados espacios. Han sido las voces subalternas, marginadas y excluidas las que le dieron la espalda al dispositivo estalinista. Stalin, con su sociología de la desviación y su criminación de toda diferencia, fue emblema de los que la nueva izquierda rechazó a lo largo y ancho del mundo. ¡Pero…aún quedan sus cultores y comisarios, reactivando su estilo político!
El lucha por la contra-hegemonía socialista no es entonces un consenso construido por prácticas hegemónicas democráticas, o por pedagogías políticas emancipadoras, sino por prácticas hegemónicas autoritarias, imponiendo consensos forzados, con una “intoxicación lingüística” de base, desinformando, manipulando, suprimiendo información, chantajeando al destinatario, manejando culpas y proyectando “chivos expiatorios”.
Las etiquetas son diseminadas: la “maldición ideológica” de la “pequeña burguesía” es su “oscilación política”. Vive permanentemente una suerte de trastorno ideológico bipolar, con su hibrido esquizoide. Así mismo, los etiquetados como “marginales”, viven bajo la desorganización socio-genética de sus ideas y valores, por la fragmentación social, vicios y “conductas antisociales” del “lumpen”. Sirven de “masa de maniobra”, de rebaño electoral, pero están presos de tendencias egoístas, cálculos inmediatos y utilitarios. Los “campesinos” son siervos ideológicos de la pequeña propiedad agraria y de la pequeña producción mercantil; y así sucesivamente, con las diversas capas o sectores, que no se consideran portadores de la verdadera “ideología proletaria”; es decir, la que postula los cuatro o cinco axiomas del “socialismo correcto” (propiedad estatizada, táctica de clase contra clase, partido único, planificación burocrática, deber de sumisión ideológica).
Finalmente, la única ideología auténtica es la del “proletariado revolucionario”; pero no la del “proletariado empírico”, ni la de los “obreros de carne y hueso”, sino la que expone magistralmente la “vanguardia portadora de la conciencia revolucionaria”, encarnada en el aparato-partido marxista-leninista (si es “partido-único”, mejor), que será un “destacamento de vanguardia”, cuyos miembros, son como señalaba la fórmula leninista: “profesionales de la revolución” (si lo confunde con los Fasci italiani di combattimento es una simple “confusión pequeñoburguesa”).
Este paquete ideológico de adoctrinamiento coactivo pretende imponerse bajo un ambiente de “no debate”. El “debate de ideas” es la táctica difusionista, donde se liquidan por descalificación todas las opiniones distintas a las del “núcleo de decisión o propaganda” (La forma de debatir es singularmente dialéctica: simplemente, se declara la verdad y se concluye en la misma verdad.)
Sin embargo, hay un terreno donde el núcleo de decisión de la “voz correcta” es incompetentes: una lectura crítica de Marx. Como los filtros del estalinismo son los operadores simbólicos (¡Peor para Marx!). Si uno lee en profundidad, por ejemplo, al mismísimo Marx, no encuentra ninguna de estos axiomas, principios ni terminología de “desviaciones, líneas, aparatos” y “voz correcta”. ¿Cuando comenzó toda esta nomenclatura de la “desviación ideológica”, en el seno del pensamiento de la izquierda revolucionaria?
Se trata de un acto político fundacional que se institucionaliza con el lenguaje de la ortodoxia bolchevique y su “sub-cultura de partido-aparato”. La retórica, los tropos, las figuras del lenguaje remiten al imaginario jacobino de la “elite revolucionaria”.
¿Conocemos el significado los procesos y circunstancias históricas que llevaron a la etapa del “terror revolucionario”, sus “comités de salud pública”, durante la “Revolución Francesa”?. Obviamente, el “monopolio de la virtud” y la “pureza moral” están del lado de un grupo auto-designado como encarnación de la “voluntad general”. El resto es pura “contra-revolución”, por tanto, “homo saccer”, “spam”, “desperdicio”, “destino en el gulag”.
Desde este esquema, cualquier divergencia de criterios, valores o ideas es descalificada bajo la intención de fortalecer el “polo reformista”, o peor, el “polo contra-revolucionario”. Aquí, debemos recordar al “padrecito” Stalin (Sobre el peligro de derechas en el PC de la URSS-1928):
“La desviación derechista en el comunismo, bajo las condiciones del capitalismo, es la tendencia, la propensión de una parte de los comunistas -- sin forma definida aún, verdad es, y quizá inconsciente, pero propensión, a pesar de todo -- a apartarse de la línea revolucionaria del marxismo, inclinándose hacia la socialdemocracia. Cuando ciertos círculos comunistas niegan la oportunidad de la consigna de "clase contra clase" en la lucha electoral (en Francia) o se manifiestan contrarios a que el Partido Comunista presente una candidatura independiente (en Inglaterra) o no quiere agudizar el problema de la lucha contra la socialdemocracia de "izquierda" (en Alemania), etc., etc., eso significa que dentro de los Partidos Comunistas hay gente que pugna por adaptar el comunismo a la socialdemocracia.”
Se trata de toda la jerga del llamado “tercer período” estalinista (contra el frente único revolucionario, contra el frente popular, contra el frente amplio de izquierdas), basada en la idea que enuncia que para “radicalizar la revolución” hay que acometer una jornada de purgas, liquidando las “desviaciones de derecha” (socialdemocracia) y las “desviaciones de izquierda” (trotskismo, anarquismo, democratismo, entre otras).
El dispositivo estalinista adquiere su éxtasis justamente en el acontecimiento criminal que se desencadena con las “purgas”. Cualquier arqueología de las ideologías políticas puede analizar, comprender y caracterizar esta retórica de la “ortodoxia de aparato”. El extremo de este sectarismo puede llevar, por ejemplo, a la institución del “Pensamiento-Gonzalo”, en el caso del “maoísmo” de Sendero Luminoso, por ejemplo.
El culto a la personalidad es, definitivamente, la etapa superior del sectarismo. La enfermedad de la izquierda es el sectarismo.
La cohesión ideológica del grupo sectario responde, entre otras dimensiones, a la difusión del “enemigo oculto, disfrazado, infiltrado”, a la proyección del fantasma paranoico-agresivo de grupo, como base de la “ilusión grupal”. Cualquier diferencia de opinión es traición, no hay apertura alguna a nuevos horizontes de comprensión, ni a explorar la fecundidad de una multiplicidad de perspectivas, cualquier divergencia de políticas, es contra-revolución, el camino es único, y el pensamiento-único también; como la “revolución está ahora asediada desde adentro”, ha llegado el tiempo de las “grandes purgas”.
¡Ya tenemos nuestros pequeños pichones de Yezhov!
El asunto clave y estrategico es si esta reacción estalinista, provocará una contestación que ponga en juego axiomas radicalmente democráticos, diversos y complejos de una política-otra para nuevos socialismos contra-hegemónicos.
¡Insumisos, unios!

lunes, 22 de febrero de 2010

EL SOCIALISMO DE LA DEMOCRACIA RADICAL-INTRODUCCIÓN:



Javier Biardeau R.
Existen múltiples diseños de socialismo. Apostamos por el socialismo desde abajo, contra-hegemónico, radical-democrático, anclado en parámetros histórico-culturales específicos y a la vez aspirando a la conquista de una antro-política para el género humano; por tanto, plural, intercultural y libertario.
Más que del “marxismo en singular”, en clave burocrático-despótica, anclado en la “ortodoxia soviética” como dogma, se requiere una plataforma teórica de “pensamientos críticos socialistas” (no un nuevo pensamiento único), donde confluyan las ciencias sociales e históricas comprometidas con los intereses liberadores, los marxismos críticos, la eco-política radical y los saberes contra-hegemónicos.
Estalinismo no, pensamientos críticos socialistas, si. La democracia radical se resume en una consigna: socialización absoluta del poder social; en fin, lucha por el horizonte de la democratización social como proceso abierto, instituyente, de la inmensa mayoría en interés de la mayoría inmensa. Esta es una idea originaria de Marx, pero no solo de Marx. Es una idea-fuerza que comparten quienes conciben el socialismo como una ampliación sin fin de los espacios de emancipación, colocando la igualdad y la justicia material, el fin de la explotación y de la estructura de mando capitalista, como contextos indispensables de la libertad política.
No se trata por tanto, de aquel “comunismo grosero” cuestionado por Marx en los Manuscritos de París. Se trata de un comunismo democrático, libertario, anti-capitalista de cabo a rabo. Pero también, se trata de un horizonte de pensamiento post-metafísico, post-cientificista, post-desarrollista, y como diría Mariátegui, post-racionalista.
Obviamente, los anticomunistas ramplones son inhábiles para la tarea de imaginar y comprender este horizonte de sentido. Siguen anclados en la modernidad periférica, colonial, euro-céntrica, desarrollista y capitalista. La perspectiva anticapitalista implica un más allá de la modernidad euro-céntrica, es decir, más allá del racismo y la conjunción de discriminaciones de etnia, color, género, edad y clase social.
Se trata además, de una perspectiva anti-imperialista, de las actuales luchas de los explotados, dominados y oprimidos a escala mundial, que reconoce la multiplicidad de frentes de conflicto social, político y cultural. El carácter general de las luchas de clases en las formaciones sociales y sus modos de articulación en el orden capitalista internacional, no son suficientes para dar cuenta de los ensamblajes y dispositivos de dominación/sometimiento. El marxismo crítico es necesario, pero es insuficiente.
Algunas de las direcciones de las organizaciones partidarias de izquierda revolucionaria en Venezuela, por ejemplo, sostienen que en esta etapa la revolución venezolana tiene carácter de “liberación nacional” y no de clase. Es decir, que falta recorrer las tareas de una revolución democrático-burguesa para aspirar a realizar las tareas socialistas. Eso se llama “etapismo”. Pero las tareas socialistas desde la perspectiva de la democracia radical no solo son asuntos de clase y explotación económica. Son asunto de lucha contra diversas formas, ensamblajes y dispositivos de opresión social.
No se trata exclusivamente de “clasismo” en sentido leninista, trotskista o gramsciano. Se trata de mucho más que eso, pues la dominación social es un efecto de conjunto de relaciones jerárquicas de coerción política, explotación económica, hegemonía ideológica, exclusión social y negación cultural.
El sujeto de la revolución es la confluencia constituyente de la multitud popular a escala de las sociedades nacionales, en primer lugar, conformada por las singularidades revolucionarias que se constituyen en cada frente de lucha. Pero es además, la multitud global a escala del sistema internacional. El enfrentamiento se hace contra el capital, las fracciones burguesas, sus comandos políticos y sus Estados. En esto consiste la revolución socialista.
No es hora entonces de burocratismos sectarios, ni de divisiones entre confesiones de aparato, en circunstancias decisivas para la reorientación y reagrupamiento político de las multitudes populares movilizadas. En estas condiciones de dispersión, el Estado Venezolano seguirá siendo un Estado burgués a mediano plazo.
No se trata de deseos, y esto hay que aclararlo, sino de la evaluación de la precaria acumulación de fuerzas anti-sistémicas en sus aspectos cualitativos. Existe elementos nacionales, democráticos, populares y revolucionarios, pero falta mucho trecho para hablar de una revolución socialista.
Tampoco es momento de sacar tajadas políticas de un proceso histórico de flujos y reflujos, que llamamos transición rumbo al socialismo. Se generan y acumulan puntos de bifurcación, pero no se trata de una lucha sin fricciones, retrocesos y operaciones de maniobra. No hay camino liso y sin dificultades hacia el socialismo, mucho más, si no se tiene claro el diseño de socialismo que se pretende impulsar en las luchas de cada día.
El siglo XX venezolano es un campo vasto de diversas iniciativas y experiencias revolucionarias. Más de 80 años de experiencias revolucionarias muestran que el desplazamiento de la burguesía de la propiedad y control de los medios estratégicos de producción y del Estado, no conduce siempre de modo inevitable o necesario al continuado proceso de socialización del poder en la sociedad.
La pérdida en la articulación entre la revolución democrática, la revolución nacional y la revolución socialista ponen sobre la mesa que se trata una lucha que combina diversos aspectos y frentes de lucha. Más aún, si se toman en consideración las luchas ecologistas, feministas, anti-autoritarias y descolonizadoras de hoy. Los problemas que de allí se desprenden son el terreno del revitalizado debate e investigación contemporáneos en el movimiento socialista, revolucionario y democrático-radical a escala mundial.
Son muchos los sectores de la izquierda venezolana que omiten la renovación del estudio de fondo y el debate de estas cuestiones, acaso por considerar que ellas han sido ya resueltas por las ortodoxias y dogmas, de una vez para siempre, en modelos históricos a los que se presta una simplista adhesión. Pero esta posición es un error de graves consecuencias.
Por ejemplo, a) el problema de transformar la estructura de poder que la revolución socialista implica en general, e implicaría en el Venezuela en particular; b) sobre el modo de erradicar la explotación capitalista en particular; c) sobre la relación entre poder político y los partidos, y consecuentemente sobre el carácter y forma institucional de las organizaciones partidarias de las clases trabajadoras y la multitud como bloque histórico de las clases populares; así como, d) acerca de la unidad o pluralidad de partidos en el seno de este nuevo bloque histórico en gestación, sobre todo en relación con los sindicatos y movimientos sociales, e) sobre el problema de la burocracia y de las tendencias a la reconstitución de nuevas sociedades de clase a partir del poder burocrático en el “capitalismo de estado” o en el “socialismo de estado”; f) acerca del inventario crítico de las experiencias del "socialismo realmente existente", de las condiciones de su constitución y desarrollo y de su revolución; g) sobre el problema de las alianzas de clases, grupos y sectores frente al poder político revolucionario, h) acerca de la cuestión del nacionalismo y de su relación con el internacionalismo; i) sobre los condicionamientos sobre el proceso socialista, provenientes de las bases históricas del capitalismo rentista y dependiente; j) sobre las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y entre socialismo y democracia; en fin, sobre todas estas cruciales cuestiones el debate venezolano es aún incipiente.
Ninguna de las personas o grupos que se reclaman de la identidad de ser “revolucionarios socialistas” puede sostener, frente a la crisis actual del capitalismo y la de los modelos del "socialismo real", que esta descartada la necesidad de estudio y el debate de esas cuestiones, no solamente en la investigación teórica, sino mucho más aún en la práctica viva de las luchas diarias de los dominados, explotados y oprimidos.
El problema de la estructura de poder en la revolución socialista es fundamental, y esto requiere explicitar que se imagina y piensa acerca de la relación entre democracia y socialismo.
En esto consistirán las próximas entregas.

domingo, 21 de febrero de 2010

¿DEMENCIAL SOCIALISMO?: LA PAJA Y LA SEMILLA.

Otto Von Bismarck


Javier Biardeau R
Primera aclaratoria: existen diversos horizontes de socialismo, desde aquellos que parten de la centralidad del poder popular, los movimientos sociales, la alianza de un frente amplio de izquierda, para construir la hegemonía democrática y socialmente incluyente, hasta aquellos que le rinden culto a los aparatos: partido-único, estatismo autoritario, planificación burocrática, liderazgos que encarnan formas de hegemonía autoritaria (Stalin-Hoxha-Ceausescu dixit).
Apostamos por los primeros, impugnamos los segundos.
Por otra parte, distinguimos planos: abajo, el “proceso popular constituyente”; arriba: luces y sombras del “gobierno bolivariano”. Quien sepa leer que lea: No sacrificaremos la voluntad de la crítica radical por el fanatismo de la lealtad ciega. Léase además: no votaremos por proyectos de derecha, menos por los nostálgicos de aquel golpe y decreto de abril.
Segunda aclaratoria: No hay “dos izquierdas”: la bien-pensante (Castañeda-Villalobos-Petkoff dixit) y la demencial-populista (los “Heidegger” de Chávez). Hay múltiples matices, corrientes y variantes de Socialismo(s).
Basta apreciar las singulares experiencias históricas o, por ejemplo, el texto clásico de Kolakowski, para reconocer que existen: a) marxismo(s), b) socialismo(s) marxista(s), c) socialismo(s) no marxista(s), d) Socialismo(s), donde habitan marxistas y no marxistas.
Por tanto, es posible construir tanto socialismos participativos, pluralistas, libertarios, construyendo espacios para las democracias socialistas, como socialismos autoritarios, burocráticos, monolíticos, que construyen regímenes despóticos. Apostamos por los socialismos desde abajo, por las democracias radicales.
Rechazamos las generalizaciones simplificadoras (¡El socialismo es el estalinismo!, ¡La democracia es burguesa de todas formas!), pues encubren y participan en tácticas de polarización/reducción del discurso. ¿Con que fines se impone el estereotipo? Control del discurso, control del pensamiento, control la influencia y persuasión social (Chomsky/Van Dijk dixit).
Tercera acotación: Margaret Thatcher será siempre más clara en sus intereses, pasiones y prejuicios, que nuestros ex marxistas reciclados en los axiomas de la “servidumbre liberal”: “preferencias individuales”, “soberanía del consumidor”, “utilidad marginal”, “escasez” y “céteris páribus”.
Gramsci lo decía con precisión: la apología del individualismo posesivo (McPherson dixit) es un tipo de “conformismo social”; efecto sedimentado de discursos, prácticas e instituciones históricas.
Cuarta aclaratoria: hacemos una lectura política de Marx. No desde el "Socialismo Científico", sino desde los saberes contra-hegemónicos, saberes de lucha. No buscamos “leyes históricas” ni un nuevo "continente científico".
Las luchas define tendencias y contra-tendencias en los procesos conflictivos de las sociedades históricas. Definen modos de regulación político, regímenes de acumulación y proyectos históricos Pero el prius no corresponde a una supuesta legalidad científica, calcada de la racionalidad de la ciencia normal de la física, química o biología del siglo XIX, sino a la acción histórico-colectiva. Correlación de fuerzas contra ley objetiva del valor.
No hay que estudiar 50 años de marxismo, para repetir (por una degradación neo-positivista de la crítica negativa) las refutaciones contra Marx de Ludwig von Mises o Eugen von Böhm-Bawerk. O suponer arrogantemente (ex cathedra) que la disputa entre individualismo metodológico y estructuración histórico-cultural, ha sido apodícticamente zanjada por el modelaje de la “teoría de juegos”, o alguna variante neoclásica del “equilibrio general” (¿Dijo usted “grupo de septiembre”?)
Si se tratara de re-crear el slogan de Thatcher, con efectos sofísticos de la “Academia”: No hay alternativa- TINA, sería indispensable pasar de la crítica al “demencial socialismo” a explicitar el “proyecto histórico” de la “academia liberal” contra al “populismo revolucionario” (Diane Raby dixit)
Quinta aclaratoria: “El orden del discurso”. Michel Foucault afirmó la existencia de procedimientos de exclusión de los discursos: por ejemplo, separación entre “razón/locura” (a propósito del “demencial socialismo”), o verdadero/razonable (a propósito de la "academía científica"). El discurso, el saber, la voluntad de verdad, no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha.
Habrá que colocar entre-paréntesis la pretensión de poseer “el discurso de la razón”, la “evidencia incontestable”, la "facticidad histórica, teórica y empírica".
Quien decide ser cómplice de la razón estratégica de la estructura de mando del Capital, del “principio de rendimiento” (Marcuse dixit), o del “discurso-amo capitalista” vive su sujeción ideológica con... "libertad": ¡Sed felices instrumentos del mercado: consumid, innovad, enriqueceos!
Para este horizonte, la palabra del “demencial socialismo” es nula, sin valor, no contiene ni verdad ni importancia, no puede participar en la construcción ético-política de la justicia material. Pues la justicia pretende ser declarada patrimonio exclusivo de la “ética liberal”; es decir de la estrategía política liberal.
Sin ingenuidades: En el “prestigió” de las “academias” se juega la “voluntad de saber”, con sus “sistemas de coacción y de exclusión” de las otras voces, saberes y conocimientos (¿Ha leído la “Academia” el “Homo Academicus”? Bourdieu dixit).
¿Quienes son los policías del espíritu? ¿Quiénes, los “perros guardianes”? ¿Quiénes los funcionarios orgánicos de cuál voluntad de poder?
No recordemos más el espectro de Carmona Estanga. Como diría Baudrillard: “El Golpe de abril no ha tenido lugar”. ¡Fue un vacio de poder!, diría nuestro pichón de Berlusconi: Ravell.
Esto dijeron una mayoría de “Académicos”, evaluando imparcialmente "pruebas, testimonios, hechos y evidencias". Los golpistas estaban preñados de "buenas intenciones". El discurso de la economía politica burguesa y del derecho liberal hacen nudo, pues comparten idénticos presupuestos.
Reaparecen los espíritus nostálgicos de Bismark y sus “leyes anti-socialistas”. ¡Paredones, cárceles y manicomios para los “rojos”!
¿Exageraciones? Tal vez sea una “razonable” y “democrática” “agenda legislativa”.
¡Ament meminisse periti!