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martes, 9 de marzo de 2010

RESPUESTA A MR. GERVER



Javier Biardeau R.
Hubo un tiempo en que los llamaban “Chicago Boy´s”, omitiendo que en la ciudad de Chicago, no solo se elaboran las versiones más pedestres de la teoría económica neo-liberal, sino obras más interesantes, como la teoría antropológica de Marshall Sahlins (La clásica obra: “La economía de la edad de piedra”, por ejemplo).
Fue Sahlins quién planteó algunos demoledores argumentos frente a la panoplia de supuestos de “naturaleza humana”, “individualismo posesivo”, "homo oeconomicus", “escasez”, “economía de tiempo capitalista"; y quien afirmaba que: “en la época del más grande poder tecnológico, el hambre es una institución".
Y es que los sicofantes neoliberales no les gusta que les hablen de la “institución capitalista del hambre”. No pasan de las primeras páginas de la “antropología económica”, pues se derrumban sus “sólidos fundamentos”; es decir, lo que la filosofía de Gadamer ha denominado “prejuicios”.
Y para colmo, esta cruzada de antenas repetidoras de la hegemonía ideológica de la era de Thatcher-Reagan-Bush, exigen responsabilidades a los presuntos “intelectuales chavistas”, por no enfrentar esta “gran estafa que nos arruina material y espiritualmente”, el llamado “Socialismo del siglo XXI”.
Sin embargo, nombraré sintéticamente el mantra de la gran estafa de la “década perdida” (¿Do you remember, Mr. Gerver?): a) privatizaciones, b) flexibilización laboral, c) desregulación, d) apertura comercial, f) liberalización de la economía y g) liquidación del Estado Social.
Ya se ha analizado suficientemente la relación entre éste mantra político-económico y la rea-parición de la nueva geografía del hambre, que responsabiliza directamente al BM y al FMI de la catastrofe humanitaria de la exclusión y la misería social.
Lo interesante es que se reactivan afectos e ideas (tal vez un “síndrome post-traumático” del 27-F de 1989) de revancha entre-líneas frente a la gran estafa del “chavismo”.
Esta revancha ("Vamos por ti", decía Pablo Medina) se mueve en el área no de la responsabilidad pública de los políticos, sino en el área de la irresponsabilidad de los llamados “tecnócratas”: los que nunca rinden cuentas de su responsabilidad de gestión de la política pública, encubiertos en el rigor de la “academia liberal norteamericana”.
Pero, la experiencia vivida por los trabajadores de la privatizada VIASA (linea aérea bandera de Venezuela), por ejemplo, será por mucho un argumento histórico de mayor peso que cualquier barniz teórico sobre el “bienestar subjetivo”.
Por eso los tecnócratas de derecha no tendrán jamás pueblo, aunque podrán apelar al recurso de las bayonetas, como el Pinochet de Hayek, claro... ¡si es necesario!
Pienso que la responsabilidad de estos engendros intelectuales no es de la ciudad de Chicago, ni de sus hijos e hijas (mucho menos de sus grandes equipos de baseball), sino de algo mucho más patético: yo lo denomino los “Babys Bush": los clones del TINA de Thatcher y Reagan (No hay alternativa al capitalismo).
Si, Margarita Thatcher, coloquialmente. Porque la Margarita fue también experta en privatizaciones de casi todo, enterrando las conquistas del laborismo británico, apelando por cierto a la vieja lucha de la libertad contra las servidumbres del Estado de Bienestar (Sociedad Mont Pelerin dixit).
Se trata entonces, no de la tecno-burocracia del Estado socialdemócrata europeo, como el Sueco o a la Noruega, sino de la tecno-burocracia de las agencias multilaterales (BM-FMI), y en consecuencia, de los nostálgicos del "paquete neoliberal" de CAP, ahora reconvertidos en filibusteros de las nuevas ONG´S, de la "sociedad civil democrática", financiadas por ese gran invento del “buen revolucionario-tercermundista” llamado: “imperialismo norteamericano” (de esos detalles se encarga por cierto, Eva Golinger).
Uno se pregunta: ¿Quién le tiene que explicar a quién en este caso? Uno no ha escrito libros tan reveladores de los prejuicios ideológicos como: “La tercera ola de las privatizaciones” (una mala copia del titulo de Huntington sobre la “tercera ola” de las democratizaciones) o “privatizaciones municipales”, publicados ambos por el Banco Mundial y cuya autoria es de Mr Gerver.
Claro, estos contenidos ideológicos se diluyen en los entretelones de títulos más inocentones del marketing que pretenden sedimentar un nuevo sentido común a la sombra de las mayorías silenciosas: “Un Sueño para Venezuela” (Fundación Liderazgo y Visión).
Quien haya caminado cierto trecho por la semiótica crítica, no dejará de llamarle la atención la afirmación de Mr. Gerver en su interpelación a Biardeau (en fín, a mí):
“Una de las preguntas que hace Biardeau me llamó particularmente la atención. Es la que dice ¿que “el socialismo es para los pendejos y el capitalismo es para los vivos”? A confesión de parte relevo de prueba. Lo que está implícito en la pregunta de Biardeau es que el socialismo es un castigo, que deberíamos sufrir todos por igual y no sólo los pendejos.”-Preguntas a Biardeau).
Nunca leyó ni el contexto ni las comillas Mr. Gerver. Tampoco parece haber leído a un autor de su gusto: Umberto Eco-“Interpretación y sobre-interpretación”. Cuando la “viveza criolla” se vincula al capitalismo rentistico, es precisamente para dar cuenta de la lumpen-burguesía, el capitalismo sui generis venezolano, y sus intelectuales orgánicos (reciclados o no por las Multilaterales).
Es decir, la historia de la burguesía parasitaria, la que ha succionado la renta petrolera, para reconvertirla en fuente de capitalización nacional, o de transferencia internacional, conformando los realmente existentes "grupos económicos de poder"; todo esto, a través de determinados circuitos de financiamiento, contratación y testaferrismo.
A esa conducta se le llama “viveza criolla”, legitimando la "acumulación delictiva de capital", como la llamo Brito Figueroa (desde cierto punto de vista de clase: ¡Cual acumulación de capital no comporta cierto delito históricamente legitimado!). Claro, existe otra viveza: la viveza de los operadores y circuitos transnacionales: liquidar activos nacionales a precio de "gallina flaca", llevando a los trabajadores a la institución del hambre.
Por eso, los apendejados fueron quienes compraron ese imaginario, ese sueño para Venezuela que se llamó “Paquete Miguel Rodríguez”; es decir: el “Gran Viraje” de CAP, elaborado por sus verdaderos mecenas: BM y el FMI.
No hay marketing que valga, la fórmula es la misma. Por alguna "razón inexplicable", las mayorías electorales prefieren el mal-llamado "populismo redistributivo" y piensan que desde allí, el socialismo del siglo XXI no está nada mal.
Entre el “hambre de hoy”, y la “soberanía del consumidor” de algún mañana, hay una pequeña diferencia.
¡Para males, el mal menor!.
Eso lo huele “el pueblo”.
Como el 27-F Mr Gerver.
Artículo de Gerver Torres:
Hace pocos días un intelectual chavista, Javier Biardeau, publicó un artículo titulado “¿Campanadas de Alerta?”. Se trata de una larga lista de preguntas que el autor le hace a los seguidores de la revolución.
Entre otras: “¿Ha escuchado usted qué las demandas, aspiraciones y necesidades sentidas del pueblo no son compatibles con el socialismo autoritario del siglo XX? ¿Que la política de las 3 R es una retórica vacía más que un efectivo re-impulso revolucionario? ¿Qué los llamados “frentes de masas” no existen, mientras las “masas lucen evaporadas”? ¿Qué hay parcelas burocráticas y partidistas que liquidan la causa de la democracia socialista? ¿Ha escuchado que las bases del PSUV están arrechas porque las “maquinarias internas” y los “padrinazgos de segunda línea”, terminan poniendo siempre a las mismas caras; es decir, a auto-designados o mampuestos? ¿Qué la famosa talanquera se pone bajita y el mal-llamado “ganado electoral” agarra monte? ¿Que las formas de asumir la gestión del “gobierno bolivariano” encapsulan, silencian y atrofian la potencia del proceso popular constituyente? ¿Que la crisis de la “banca de maletín” puso al descubierto los entretelones de la “Boli-burguesía”?
Estas angustiosas preguntas, son las que apagan el alma de la revolución bolivariana. Pero el pueblo chavista le podría preguntar a Biardeau: ¿Cómo es posible que los intelectuales de esta revolución, no hayan anticipado lo que estamos viviendo, con toda la experiencia de los regímenes socialistas en el mundo? ¿Cómo es posible que hayan apoyado la aventura de un tal socialismo del siglo XXI, sin haber jamás examinado a fondo por qué fracasó el del siglo XX? ¿Cómo es posible tanta irresponsabilidad intelectual? ¿Cómo salimos ahora de esta situación? ¿Hasta cuándo vamos a seguir oyendo campanadas de alerta y cuándo vamos a enfrentar abiertamente esta gran estafa que nos arruina material y espiritualmente?
PD. Una de las preguntas que hace Biardeau me llamó particularmente la atención. Es la que dice ¿que “el socialismo es para los pendejos y el capitalismo es para los vivos”? A confesión de parte relevo de prueba. Lo que está implícito en la pregunta de Biardeau es que el socialismo es un castigo, que deberíamos sufrir todos por igual y no sólo los pendejos.

sábado, 27 de septiembre de 2008

LA URTICARIA NEOLIBERAL

Rosa Luxemburgo

Javier Biardeau R.

Emeterio Gomez ha reaccionado a los textos publicados en el espacio “A tres manos”: El Socialismo desde abajo” (I y II) de una manera francamente inusual en dos diarios de circulación nacional (El Universal y Notitarde; 21 de septiembre). Esto me permite hacer un ejercicio de exploración sobre algunos prejuicios cargados de pasión antimarxista de ciertos segmentos de opinión del país. Del ex marxismo al anticomunismo hay una trayectoria recurrente de desarraigos y conversiones, que alimenta a contingentes de la nueva derecha global y local. Una nueva derecha que ha consolidado un gesto de despedida/repudio hacia Marx en la onda: ¡Hasta nunca, perro muerto!

Sin embargo, muchos otros, seguimos la filiación a un trabajo intelectual centrado en el imperativo de la justicia material, como horizonte de la no explotación, la no dominación y la no exclusión. Simplemente: ¡Descansa en paz, viejo topo, tu legado sigue vivo! Por esta razón, no hacemos ni tabula rasa ni conservamos una nostalgia por los naufragios ideológicos del Socialismo Burocrático. Simplemente, repensamos la criticidad radical de la multiplicidad de Marx, que como ha dicho Derrida, y lo ha reiterado Rigoberto Lanz, es parte del clima cultural de los conflictos que configuran las sociedades del capitalismo tardio, ahora posmodernas.

Basta ojear el trabajo de Carlos Altamira, con prólogo de Toni Negri, “Los marxismos del nuevo siglo” para comprender que se trata de una agenda abierta, fecunda, polémica, donde queda clara la ruptura con cualquier reiteración de la dogmática marxista-leninista y sus ilusiones despóticas. Pero es hacia estos espejismos a donde quiere arrastrarnos la lectura intencionalmente sesgada del estimado Emeterio Gomez, hacia la equivalencia Marx=Dictadura Totalitaria. Un exabrupto que no llegó a cometer la inteligencia de Hanna Arendt, como queda referida en su obra “Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental”: “Yo pienso que puede mostrarse cómo la línea que va de Aristóteles a Marx muestra a la vez menos rupturas y mucho menos decisivas que la línea que va de Marx a Stalin”. Arendt (a diferencia de muchos de sus seudo-divulgadores) reconoce las diferencias significativas entre un “marxismo despótico”, que en muchos sentidos no es más que su grosera adulteración (llegando al paroxismo estalinista), para ocultar, según Arendt, las “verdaderas enseñanzas” de Marx.

Un tema de extraordinaria envergadura para un programa de investigación sobre la “revolución teórica inconclusa” de Marx, con impactantes efectos políticos; sobre todo, para una izquierda latinoamericana que fue presa de una lectura adoctrinadora del partido-aparato. Se equivoca E.G. Hay otra agenda para otra-política que la derecha pretende cerrar: las articulaciones borradas entre el movimiento comunista, el proyecto socialista y el movimiento democrático (distinciones que Ludovico Silva manejaba perfectamente). ¡Horror!

También queda abierta la crítica radical a la economía política burguesa, como crítica elaborada desde la subjetividad social antagonista al Capital, no como lectura neo-positivista de leyes del sistema económico (sublimaciones de la predestinación), fijando variables económicas más allá del cuadro estratégico de las relaciones de poder, de los arreglos político-institucionales, de la lucha entre beneficios y salarios, de la reificación mercantil.

No le hacemos el juego al “marxismo cientificista”. No borramos la crítica radical a la economía vulgar hecha por Marx, en defensa no se sabe de que “Dios oculto” en la economía de mercado (¡Sobre esto, pregúntele a Lehman Brothers!).

Pero hay que reconocerle a EG, lo que Bobbio ha denominado, el inadecuado desarrollo del pensamiento de Marx sobre las “formas” de gobierno y del Estado. Marx enfatizó el “contenido” de Dictadura de todo Estado clasista, sin profundizar en aspectos medulares de la libertad política. Pero, EG parece ignorar el propio testamento político de Engels (no se trata de desvaríos democráticos de juventud): la ruptura de Marx y Engels con las ilusiones políticas de la experiencia de la comuna y con la modelo de la revolución francesa.
Justamente, algo que el “marxismo” de Lenin, tampoco quiso destacar. A los “marxismos del nuevo siglo”, les espera la tarea de repensar las articulaciones entre Democracia radical y Nuevo Socialismo, explorar modelos viables y factibles, con plena expansión de los espacios de libertad, sin explotaciones, discriminaciones ni exclusiones.

No podría asegurar que esto esté en sintonía con la estrategia y táctica política del momento nacional-estatal de la revolución bolivariana, con su estilo cesarista de dirección. Pero la relación entre democracia y socialismo quedo abierta por Rosa Luxemburgo, cuando cuestionó la eliminación de la democracia por Lenin y Trotsky, a pesar de “ser la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida política activa, sin trabas, enérgica, de las más amplias masas populares”.

Continua Luxemburgo: “Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo”.

Un claro ejemplo de los malestares de las “revoluciones desde arriba”. Quedan por explorar las profundas articulaciones de la relación entre el pensamiento de Marx y la libertad (ver: Prior Olmo, por ejemplo).

Dijo Rosa Luxemburgo: “La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial”.

Marx contribuyó decisivamente a la lucha contra las prácticas de explotación y miseria del “capitalismo manchesteriano” ¿Podrá evitar la derecha neoliberal la precariedad laboral, la exclusión social y sus miserias? Hay que evitar el dominio total de cualquier desvarío despótico. No olvidemos los desvaríos de los predicadores de la sociedad de mercado: otra utopía de la predestinación totalitaria, tan peligrosa para la libertad política como cualquier utopía orwelliana.

lunes, 18 de febrero de 2008

EL MITO DE LAS DOS IZQUIERDAS COMO HERRAMIENTA DE DISGREGACIÓN DE LA UNIDAD DEL CAMPO NACIONAL-POPULAR

Diego Rivera, En el arsenal


El debate sobre el nuevo socialismo no puede comprenderse en todas sus implicaciones si lo descontextualizamos de las tensiones que recorren el campo de las izquierdas en el mundo. Por efecto de intensificación de estas tensiones en lo que De Sousa Santos (1) ha denominado las nuevas polarizaciones en el campo de la izquierda (Boaventura de Sousa Santos, 2004, 440) es indispensable pasar a los condicionamientos geopolíticos de la tesis de las dos izquierdas. Frente a la falacia de la tesis de las dos izquierdas, podríamos seguir las indicaciones de Foucault, para enfatizar la consideración de los discursos como bloques tácticos que funcionan en el interior de las relaciones de fuerza en el campo socio-histórico.

En esta configuración de sentido, las consideraciones sobre el significado político e histórico de los discursos no pueden desencajarse de las relaciones de poder y dominio que los movilizan, ya que, estas constituyen sus condiciones de generación y recepción específicas. Partiendo de las herramientas del análisis crítico del discurso, tal como lo expone Van Dijk, podemos reconocer como ideología, cognición y discurso forman una triada conceptual que permite comprender los modelos de cognición social y su circulación en el campo de la discursividad social, generando efectos de legitimación político-cultural que refuerza el papel de las elites de poder. Adicionalmente, los aportes del círculo de Bajtin-Voloshinov, nos permite comprender la polifonía de la enunciación, los acentos ideológicos y las voces que se enfrentan en una agonística político-cultural. El nudo de todas estas propuestas ha sido el reconocimiento del papel que cumplen tanto el poder como las orientaciones ideológicas en el juego de los signos (2).

Antes del 11 de septiembre, dos teorías se disputaban el centro de la arena analítica a nivel de la geopolítica global dominante. Una de ellas era la tesis del “fin de la historia”, que preconizaba el triunfo de los valores occidentales de la economía de mercado y de la democracia liberal como única opción viable para llevar a cabo la inevitable globalización, luego de la implosión del campo socialista soviético. Como ha dicho Eduardo Galeano (3) para América Latina y el Caribe, el fin de la historia implica el desprecio como destino:

“¿Fin de la historia? Para nosotros, no es ninguna novedad. Hace ya cinco siglos, Europa decretó que eran delitos la memoria y la dignidad en América. Los nuevos dueños de estas tierras prohibieron recordar la historia, y prohibieron hacerla. Desde entonces, sólo podemos aceptarla.”(Galeano; 1992)

La otra, la de Samuel Huntington, afirma que en ese proceso de globalización económica e incluso política sería inevitable un choque de culturas y civilizaciones. Huntington ofrecía como ejemplo demostrativo de sus tesis el conflicto incesante entre Occidente y el Islam. Y justamente, en los momentos en que el desprecio y el auto-desprecio comienzan a vivir el declive del efecto paralizante de las terapias de choque del ajuste estructural y del consenso de Washington; y cuando las protestas anti-neoliberales comienzan a mostrar perfiles de afirmación de alternativas deseables, posibles y viables; aparece el mito de las dos izquierdas. No se trata de una tesis equivalente del pensamiento único con su afirmación de que las ideologías ya no son necesarias y que han sido sustituidas por la racionalidad de la economía capitalista de mercado. La democracia liberal, modelo históricamente insuperable, se sustentaría en al menos tres puntos: a) disponer de una economía capitalista de mercado, b) poseer un gobierno representativo para una “democracia gobernable”, c) mantener los derechos y seguridad jurídica, fundamentados en la propiedad, expectativas de estabilidad y efectividad institucional y el libre contrato.

Agotados los efectos hegemónicos de este discurso sobre las poblaciones, bajo el riesgo de constituirse multitudes (Negri; 2006) o “voluntades nacional-populares” (Laclau/Mouffe; 1987), y dado el potencial apoyo de las mayorías empobrecidas a fórmulas “populistas radicales”, se trata de dislocar el terreno social de las aspiraciones y demandas de cambio profundo de las sociedades. Se disemina la mitología de las “dos izquierdas”, una populista y otra moderna, en el contexto de la discusión del Socialismo del siglo XXI en América Latina y el Caribe

Sin embargo, cuando se asume imaginariamente una voz de corrección política, de autoridad política, desde la izquierda bienpensante, no cabe duda que se esta en pos de una ambición política. Establecerse como discurso-amo en un campo de significaciones, fuerzas y sentidos de la política. El ex-canciller mexicano Jorge Castañeda (4), desde el gobierno de derecha de Fox, fue uno de los primeros en sedimentar la falacia de las dos izquierdas. La ciudadanía latinoamericana se hallaría ante el dilema de elegir entre dos izquierdas: una «pragmática», «sensata», «realista»,«moderna» y «resignada»–representada por los gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay – y otra «demagógica», «nacionalista», «populista», «poco modernizada» y «sin fundamentos ideológicos», presente en Venezuela, Bolivia, Argentina y México. A partir de allí, esta idea se ha difundido rápidamente, con diversos matices y perspectivas, a través de otros análisis que insisten en sostener una compresión dicotómica de la evolución de la izquierda en América Latina y el Caribe. Existe una disputa geopolítica de baja intensidad en el terreno de demarcación de una izquierda viable para Washington, y una izquierda cada vez más cerca de la figura de la amenaza a la seguridad hemisférica democrática de la región (5).

El dirigente ex comunista venezolano y hoy opositor a Hugo Chávez, Teodoro Petkoff (6) ha opuesto la «izquierda de reformismo avanzado», que también integrarían los gobiernos de Panamá, República Dominicana y Guyana, a la «izquierda borbónica», representada por el eje Cuba-Venezuela y sus efectos sobre Bolivia, Nicaragua y El Salvador. También el ex-guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos (7) habla de la diferencia entre la «izquierda religiosa» y la «izquierda racional». La imagen mediática de la bifurcación del camino de las izquierdas aparece también cómodamente instalada en la visión de intelectuales como Carlos Fuentes o Andrés Oppenheimer, así como en la prensa internacional, en gran número de analistas locales e, incluso, en ciertos trabajos de corte académico. En las propias declaraciones del Departamento de Estado Norteamericano se encuentran estas mismas dicotomías, lo cual nos lleva a conjeturar que se trata de una vasta operación de división de fronteras ideológicas en la cual estarían los think-thanks geopolíticos norteamericanos. Existen adicionalmente, condiciones socio-históricas concretas que permiten contextualizar esta aparente situación novedosa. Los triunfos electorales de las fuerzas y coaliciones de izquierda provienen de la participación electoral y del voto de los sectores medios empobrecidos y de los excluidos de cada país, producto de la aplicación histórica y de las consecuencias de políticas “públicas” de signo neoliberal, conjuntamente con una crisis de dirección hegemónica del bloque social dominante en cada uno de los países de la región.

Desde la reactivación del significante Socialismo para confrontar al neoliberalismo global en declive, y dado el agotamiento del discurso del fin de la historia, se requiere una suerte de dispositivo de recambio. Un giro hacia la captura de segmentos de la izquierda social por parte de la derecha política, a través de operadores cuya trayectoria política los hace portadores privilegiados para diseminar una campaña de opinión que le otorgue un “rostro humano” a la macroeconomía capitalista. Es el nuevo reformismo de la izquierda “modernizada”, “realista”, “pragmática” y “sensata”, que no se diferencia en nada de una derecha de “centro”, “humanista” y “popular”:

“Después de la Guerra Fría, muchos partidos de la llamada «familia de la izquierda latinoamericana» modernizaron sus doctrinas y se alejaron del socialismo real, buscando profundizar la equidad social y la democracia. Sin embargo la izquierda no es homogénea. Hay otra corriente de inspiración radical que actúa mediante el personalismo, el autoritarismo y el control férreo de los poderes públicos, lo que la sitúa al borde de la democracia formal. Aunque el auge de la izquierda no parece coyuntural ni efímero, las diferencias de estilo y contenido que afloran frente a la hegemonía estadounidense, son una prueba para su vocación democrática y su perdurabilidad.”(Petkoff; Nueva Sociedad; 197, 114).

Joaquín Villalobos, por otra parte ha planteado que “Hay en estos momentos un crucial debate entre la izquierda religiosa conservadora versus la izquierda realista pragmática.”. La política de la izquierda realista pragmática se refugia en el “arte de lo posible” mientras la izquierda religiosa se cobija en el “imposible”, que para Villalobos no llega nunca. Mientras la racionalidad domina a la primera, “las ideas de la izquierda religiosa son creencias, mitos, cielos, infiernos, tabúes, dogmas, santos y demonios que derivan en un proyecto populista dirigido al alma y a las emociones”. Interesados en generar emociones, la izquierda religiosa “propone un populismo que ofrece resolver problemas de forma inmediata, absoluta y perfecta. Esto contrasta con el realismo, que enseña que en política sólo se pueden lograr resultados graduales, relativos e imperfectos. El populismo no conduce a soluciones, sino a conflictos, eso es Cuba y Venezuela.”.

Para Castañeda, los “mediocres -y a veces deprimentes- resultados de la reforma económica parecen haber provocado una intensa reacción materializada en la elección de presidentes izquierdistas en todo el continente, comenzando por la victoria de Hugo Chávez en Venezuela al final del decenio de 1990 y continuando con las de Ricardo Lagos en Chile y Néstor Kirchner en la Argentina y, más recientemente, la de Luiz Inácio Lula da Silva en el Brasil y Tabaré Vázquez en el Uruguay”., pero “los votantes de América Latina no están eligiendo a una izquierda, sino a dos.”

Existiría para estos analistas, una fuerte reacción ideológica y política contra el "Consenso de Washington" en pro del mercado, con su insistencia en la liberalización, la desregulación, la reforma de estado, la flexibilización laboral y la privatización. Se trata mas que de reformas sociales radicales, de reformar el Consenso de Washington para que no fracture una base social de apoyo. Para Castañeda hay partidos, dirigentes y movimientos “que tienen raíces verdaderamente socialistas y progresistas -como, por ejemplo, Lagos y su Partido Socialista en Chile, Lula y su Partido del Trabajo en el Brasil y Vázquez en el Uruguay- están siguiendo vías pragmáticas, sensatas y realistas.”; sus “políticas macroeconómicas” son similares a las de sus predecesores; su “respeto de la democracia” es total y sincero, su “antiguo antiamericanismo” ha quedado atenuado por años de exilio, realismo y resignación. A la inversa, los dirigentes izquierdistas que surgen de “un pasado populista y puramente nacionalista, con pocos fundamentos ideológicos -Chávez con sus antecedentes militares, Kirchner con sus raíces peronistas y el alcalde de la Ciudad de México y candidato que encabeza la carrera hacia la presidencia López Obrador, con sus orígenes en el Partido Revolucionario Institucional- se han mostrado mucho menos receptivos a las influencias modernizadoras. Para ellos, la retórica es más importante que el fondo y el poder es más importante que la forma de ejercerlo. La desesperación de los electores de zonas pobres, provincianas y clientelistas es un instrumento más que un problema y el menosprecio de los Estados Unidos que entrañan las alianzas con Fidel Castro menoscaba la promoción de los intereses reales de sus países en el mundo.”

La conclusión para Castañeda es clara: “la izquierda de América Latina debe purgar sus peligrosas y destructivas vetas nacionalistas y autoritarias. La nueva izquierda, si se mantiene en la vía de la modernización y la reforma, puede ser una bendición para la región.” Frente a esta gramática de buenas y malas izquierdas, cuya vara de medida está en su subordinación a las políticas dictadas desde Washington, es importante hacer algunas precisiones. En primer lugar, las izquierdas ha asumido una forma específica en cada país de acuerdo a los efectos político-institucionales que la desastrosa agenda neoliberal ha dejado sobre el mundo de vida de las sociedades periféricas; así como el lugar que juegan en ella los movimientos sociales y la trayectoria histórica de los partidos progresistas. Hay, por lo tanto, más de dos izquierdas, aunque todas tienen en común la voluntad de recuperar las funciones de conducción estratégica del Estado y mejorar la situación social en un contexto de superación de la globalización neoliberal, el acuerdo termina cuando se llega a fondo con las transformaciones para superar el dominio del modo de producción y reproducción capitalista, e incluso cuando se profundiza la lucha contra el latifundio, la superexplotación y discriminación de trabajadores rurales o campesinos indígenas, o cuando se realizan regulaciones ambientales a los intereses de ¡las corporaciones transnacionales.

Para comprender con mayor rigor el ascenso de las izquierdas plurales en América Latina se requiere, por el contrario, explorar los particulares contextos de su emergencia, los bloques hegemónicos de poder sobre los que se apoyan, y los márgenes de maniobra que dejan las herencias institucionales forjadas en el largo periodo neoliberal. Hacerlo permitiría verificar que en América Latina no solo coexisten más de “dos izquierdas”, sino que todas ellas comparten un conjunto de procesos y propuestas que autorizan a hablar de un ciclo político de protesta, impugnación y esperanza que nace de un terreno social común contra los excesos neoliberales de los años 80 y 90.

De allí, la existencia de articulaciones y vasos comunicantes que impedirían una fractura nítida en la izquierda social, pero no así en la izquierda política, lo que plantea la posibilidad de una operación de cuña político-cultural entre ambas, que estarían ligadas a la lealtad a una historia social y política común, así como a un efecto de cohesión interna frente a la política imperial estadounidense sobre América Latina y el Caribe. Desde esta perspectiva, la tesis de las dos izquierdas constituye una estrategia de dislocación de la izquierda social por parte de una “quinta columna política”, que aflora a la hora de abordar las cuestiones programáticas y estratégicas, sobre todo, el carácter anticapitalista de un programa de izquierda socialista. Es allí, donde se descalifica al nuevo socialismo como una reedición del viejo socialismo real, y se sustituye el imaginario socialista revolucionario, con sus diversidad interna, por un tibio reformismo social-liberal.

En el momento histórico en el que el pensamiento crítico latinoamericano ha realizado invalorables aportes para comprender la actual hegemonía histórico-cultural del Occidentalismo moderno-colonial, del globalismo neoliberal y de las políticas específicas que se generan desde estas matrices de poder social para determinar el destino de mayorías empobrecidas y excluidas de la región, surge un nuevo “canto de sirenas” para otorgarle resonancia mediática a la tesis del “capitalismo democrático de bienestar social”, incluso por voceros del ya agotado discurso neoliberal. Esta situación da cuenta de que existe no solo una geopolítica de los conocimientos sino una geopolítica de los discursos, de las opiniones, de las imágenes y de la información.

Las condiciones de producción, circulación y recepción de discursos sobre el llamado “socialismo”, el “capitalismo”, la “modernización”, el “desarrollo”, la “modernidad” se dinamizan correlativamente a las transformaciones, tensiones, conflictos y extravíos propios del enlace de situaciones cada vez más fluidas en el campo histórico-político. Sin duda, sobre el trazado de fronteras entre buena y mala izquierda hay una decisión, que opera no en la inocencia del vacío sino en la determinación de una geopolítica cultural. El trazado de fronteras entre dos campos es propio de las situaciones de polarización y crea automáticamente fuertes atractores afectivos y pasionales, alrededor de “nosotros” y los “otros”. Cuando se habla desde el bien, existe una suerte de efecto retórico cuya fuerza de ley nos arrastra al asentimiento y a la servidumbre cultural, pues ¿quién osaría hablar desde una defensa del mal absoluto del GULAG, o justificando las atrocidades cometidas por el estalinismo? La equivalencia entre nuevo socialismo = fascismo = totalitarismo =castro-comunismo es parte de la sintaxis de la retórica de la operación ideológica de las dos izquierdas. En esencia, se trata de fracturar las bases sociales de apoyo de los proyectos estratégicos revolucionarios del nuevo socialismo.

Las demandas por una mayor redistribución de la riqueza, inclusión política, por expresas señales de reconocimiento social y simbólico convergen con los programas y mensajes electorales realizados por estas fuerzas para, al menos, desmontar el núcleo duro de la agenda neoliberal y recuperar ciertas funciones de bienestar social y regulación económica que el Estado cumplió, aunque de modo muy desigual, en los años anteriores al ajuste estructural. De allí, su reformismo. Pero más allá de la equidad y la macroeconomía responsable, en términos reales, movilizan la retórica anticomunista de los años de la guerra fría.

En la actual dinámica regional se verifica, en efecto, una nueva identificación entre clases populares y el voto. Reaparece de manera difusa el “voto de clase”: los sucesivos triunfos de Hugo Chávez están claramente anclados en la participación electoral y en el apoyo sostenido de los sectores marginados a la «Revolución Bolivariana», ya que les ha asegurado reconocimiento social, una cada vez mas efectiva redistribución y vías de apropiación de recursos de poder-movilización (el llamado “empowerment”). El “efecto demostración” ha generado dinámicas de cascada en América Latina. Esta identificación política ha generado, por otro lado, una acelerada polarización, y las clases medias-altas y las elites económicas sienten cada vez más distancia con este tipo de régimen político (8).

Los aparentes argumentos de la tesis de la “dos izquierdas” construyen un esquema analítico que, más allá de las diferencias nacionales, permitiría distinguir –y además, descalificar o consagrar – a uno de los dos supuestos polos. La «izquierda pragmática» acepta con resignación el predominio del libre mercado, mientras que la «izquierda idealista, populista y demagógica»pregona un discurso no solo «anti-neoliberal» sino incluso anticapitalista y busca desmantelar la libertad del mercado; la «izquierda democrática»reconoce sin ambivalencias las reglas del juego político, la concertación con la función de mando del capital y está comprometida con las instituciones de la democracia representativa, mientras que la«izquierda populista» considera a la democracia liberal y el estado de derecho como formalidades que no pueden limitar la expresión mayoritaria de la voluntad popular; la «izquierda moderada» ha comprendido que la política exige un manejo gradual y negociado de la agenda pública, mientras que la «izquierda radical» apuesta por cambios poco consensuados y ofrece resolver los problemas de manera “absoluta”.

Es desde esta lógica, que el “nuevo socialismo del siglo XXI” sería un invento de los “malos” de la película, mientras una “democracia social renovada” sería el campo de los “buenos”. Teodoro Petkoff repite el estribillo, nos habla de una izquierda buena y una izquierda mala, basada en una política absolutamente maniquea y que es capaz de justificar la “coexistencia pacífica” con el Imperio afirmando que: “(…) hay mucho margen de maniobra para gobiernos no alineados con Washington”, analizados los escenarios posteriores a los acontecimientos del 11 de Septiembre.

Si de trazar fronteras se trata, entonces estaríamos en las antípodas de una fractura del imaginario socialista. Se trata de una lucha social, política, económica y cultural entre fuerzas y actores consecuentemente socialistas frente a la intrusión de las tesis de una izquierda liberal. Quienes abandonaron la lectura crítica y directa de Marx, ya sea por la urgencia de la pasión política, por los manuales estalinistas o por los dictados de la lógica de aparato, tal vez podrían hacer testimonio de lucha recreando aquel imperativo categórico, en legible interpretación de sus manuscritos económico-filosóficos, que anidaba en el espíritu emancipador de aquel barbudo: “(…) echar por tierra aquellas relaciones en que el hombre (ser humano) es un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable”(Marx; MEF, p.124).

Frente a la libertad abstracta, creemos con Marx que la in-felicidad no es mas que la sumisión, incluida la de los dictados del Imperio, cuya lógica de imposición ha desaparecido del campo perceptivo de los que saben olvidar y aprender: la llamada “izquierda moderna”. Es muy distinto luchar contra relaciones sociales (y geopolíticas) que humillan, sojuzgan, discriminan y anulan la dignidad del género humano; que luchar contra posiciones de sujeto, que equivocadas o no, han levantado un entusiasmo nacional-popular y una esperanza por transformaciones profundas, que levantar las banderas sensatas de reformas sociales que no afecten los dictados de la macroeconomía capitalista. Socialismo, democracia y pensamiento contra-hegemónico forman una trilogía que requiere ser recreada de manera radical, atendiendo a las necesidades radicales de cambiar la vida misma y sus relaciones dominantes.

Este legado de crítica radical al pensamiento y al sistema de vida del mundo burgués es lo que la el pacto liberal-socialdemócrata reformista no ha podido digerir en su proyecto de otorgarle un rostro humano al capitalismo; y tampoco pudo ser digerido por el espíritu leninista al posponer las tareas del pensar radical, correlativas a la transformación de las relaciones sociales dominante, para construir una experiencia revolucionaria capitalizada históricamente por el estalinismo, fase superior del despotismo. En síntesis, la tesis de las dos izquierdas pretende no solo dividir para no sumar, si no que pretende hacer un acto de segregación, para excluir de la izquierda la conjunción de las ideas de Socialismo, Democracia y Revolución.

En el marco de la discusión del “nuevo socialismo del siglo XXI”, la crisis de fundamentos y de legitimación social del “marxismo vulgar”, y el descrédito del “marxismo-leninismo”, que es de cabo a rabo una construcción estalinista-burocrática, como únicos sistemas teóricos revolucionarios, permite recrear una multiplicidad de dispositivos de reflexión-acción contra-hegemónicos, basados en una crítica al universalismo abstracto de la Modernidad colonial-euro-céntrica, base político-cultural que ha venido nutriendo las ideologías dominantes de la modernización y el desarrollo capitalista.

La crisis de fundamentos y de legitimación social de la socialdemocracia reformista ha permitido distinguir entre una izquierda liberal y una izquierda superadora del modo de vida capitalista, entre una izquierda euro-céntrica, desarrollista y re-colonizadora que se inscribe en el imaginario capitalista, y una izquierda pueblo-céntrica, eco-humanista y descolonizadora, que se inscribe en el imaginario de un nuevo socialismo.

En pocas palabras, lo que nos ofrece la falacia de las “dos izquierdas” es precisamente la imagen condensada de una falsa apuesta, que puede ser interpretada como síntoma del fracaso histórico tanto del estalinismo-burocrático, con su negación de la democracia revolucionaria, como del liberalismo socialdemócrata, con su apuesta por el arte de lo posible sin ruptura revolucionaria, en tanto opciones que dislocaron en diversas etapas históricas, la construcción simultánea del socialismo, la democracia revolucionaria y el pensamiento contra-hegemónico.

Con el derrumbe de la viejas izquierdas estalinistas y socialdemócratas, se requiere un nuevo espacio de izquierdas que trasciendan las funciones de mando del capital, para recrear los nuevos socialismos democráticos y revolucionarios del siglo XXI. Ciertamente, la izquierda socialista y la izquierda liberal tienen muchos matices, pero quién confunda la transición al socialismo, con la lucha contra la pobreza y la exclusión a través de “grandes reformas”, cuyo límite sería evitar las “venganzas que la “macro-economía”, luce muy poco coherente con la protestas populares contra el capitalismo global en todo el mundo. Si nuestro “Dios Oculto” resulta ser la macroeconomía capitalista; es decir, una suerte de fetichismo teórico que permite un acceso privilegiado al sentido de realidad, entonces el pragmatismo de las “grandes reformas”, conduce a no cambiar nada. Si es apelando a la pragmática de la macroeconomía capitalista que fijamos los límites de las “grandes reformas sociales”, entonces no hay nada nuevo bajo el sol, larga vida al Consenso de Washington. ¿No será precisamente esta nominal centro-izquierda pragmática y realista, un avergonzado liberalismo político que no renuncia a grandes tensiones políticas con la “comunidad de negocios”, de la cual depende económicamente, ni con el Imperio, que realiza los dictados de su Dios Oculto: la macroeconomía capitalista?

La respuesta a esta interrogante no justifica una actitud reconfortante con cualquier figura del estalinismo-burocrático, ya que existen residuos y actitudes de la vieja izquierda que tratan de capitalizar incluso la tesis de las dos izquierdas, en una suerte de re-vival leninista para separar las aguas de la internacional comunista y la internacional socialdemócrata. No, tanto la socialdemocracia reformista como el marxismo-leninismo poco pueden aportar al nuevo socialismo. Hay que salir del falso dilema que nos aleja de la conjunción entre Socialismo, Democracia y Revolución, como horizonte de transformación anticapitalista.

Para las izquierdas socialistas plurales, las que plantean una reinvención radical del socialismo, la democracia y los saberes contra-hegemónicos, no se trata solo y únicamente de metabolizar la experiencia de la lucha armada, la crítica al modelo soviético, las desventuras del allendismo y del sandinismo, el romper con la identificación especular con la revolución cubana y asimilar la democracia liberal-representativa, tal como aconseja la cartilla bienpensante de la izquierda realista. Se trata de algo mucho más complejo, profundo y decisivo, romper con el maniqueísmo en el campo político de las izquierdas políticas, distinguir el imaginario democrático-socialista del imaginario liberal-capitalista, reconociendo que hemos aprendido a decidir lo que no queremos ser ni devenir: ni la fracasada historia del polo liberal-socialdemócrata ni la terrible pesadilla estalinista-burocrática del colectivismo oligárquico.

Notas:

[1] En el texto titulado “La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria futura” (2004) de Rodríguez Garavito/Barret/Chávez aparecen referencias fundamentales de esta discusión.
2 El lenguaje ha dejado de considerarse un medio transparente de la transmisión de informaciones y datos objetivos, para convertirse en una malla de opacidades y densidades que hacen de las dimensiones culturales, incluidas la ciencia y la técnica, un campo de tensiones, apropiaciones, subversiones y conflictos de interpretación. Más que la verdad, aparecen los juegos de verdad, así como las diferentes lógicas de justificación de los saberes. Como afirma el semiótico italiano Paolo Fabri, la generalizada “táctica de los signos”, permite profundizar en la inscripción textual de las ideologías, la orientación social de la comunicación, los sistemas semióticos y su función en la constitución de los “sujetos”, sobre todo, los “sujetos” de la política y del conocimiento.
3 En su texto, Galeano, plantea las siguientes inquietudes: “Pero, si los imperios y sus colonias yacen en las vitrinas del museo de antigüedades, ¿por qué los países dominantes siguen armados hasta los dientes? ¿Por el peligro soviético? Esa coartada ya no se la creen ni los soviéticos. Si la cortina de hierro se ha derretido y los malos de ayer son los buenos de hoy, ¿por qué los poderosos siguen fabricando y vendiendo armas y miedo?. El presupuesto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos es mayor que la suma de todos los presupuestos de educación infantil en el llamado Tercer Mundo. ¿Despilfarro de recursos?¿O recursos para defender el despilfarro? La organización desigual del mundo, que simula ser eterna, ¿podría sostenerse un sólo día más si se desarmaran los países y las clases sociales que se han comprado el planeta? Este sistema enfermo de consumismo y arrogancia, vorazmente lanzado al arrasamiento de tierras, mares, aires y cielos, monta guardia al pie del alto muro del poder. Duerme con un solo ojo, y no le faltan motivos. El fin de la historia es su mensaje de muerte. El sistema que sacraliza el caníbal orden internacional, nos dice: "Yo soy todo. Después de mí, nada".(Galeano; 1992)
4 http://www.project-syndicate.org/commentary/castaneda3/Spanish.
5 De acuerdo a Marcela Sanchez del Washington Post: “En Suramérica, las nobles metas de Estados Unidos de esparcir libertad y democracia dependerán de su habilidad para diferencias entre dos izquierdas. El éxito de una asegura el fracaso de la otra. En otras palabras, el camino más seguro para socavar lo que Chávez representa, es la cooperación con la izquierda moderna que se esfuerza por respetar las reglas democráticas y del capitalismo al tiempo que intenta satisfacer las mayores expectativas de quienes pusieron a esos líderes de izquierda en el poder.”( http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A7255-2005Apr21.html)
6 (Petkoff; Nueva Sociedad; 197, 114).
7 http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/9669357.asp
8 Constatar el viraje de los resultados electorales hacia la izquierda del espectro ideológico-político latinoamericano no conduce necesariamente a una experiencia colectiva de recreación de un nuevo socialismo, una nueva democracia o nuevos faros de pensamiento crítico. Como muy bien lo señala Petkoff, “(…) el concepto de “izquierda” puede ser mistificado. Encubre mucho más de lo que revela y aplicado indiscriminadamente puede conducir a gruesos errores de apreciación”(Petkoff; DI, p.28). Precisamente, uno de estos errores y mistificaciones es confundir las estrategias y tácticas del ala progresista del liberalismo político socialdemócrata (“el centro pragmático, viable y realista”) con las posibilidades plurales de recrear nuevas figuras de socialismo, democracia y pensamiento anti-sistémico. Ese centro anclado en la táctica y en el arte de lo posible ha obturado cualquier posibilidad de reconstruir la praxis radical en el movimiento socialista.