viernes, 8 de abril de 2011

BIENVENIDO AL NUEVO SOCIALISMO-ADIOS AL SOCIALISMO BUROCRÁTICO.

Javier Biardeau R.

Lo planteamos sin ambigüedades. La ruta viable históricamente no será el Socialismo Burocrático del siglo XX (Bahro) ó el Estatismo Autoritario (Poulantzas) cuestionado por diversas corrientes de pensamiento crítico marxistas o socialistas. Esta ruta está marcada por la liquidación de la democracia radical y plural.

El Nuevo Socialismo del siglo XXI implica la más amplia y diversa deliberación, participación y protagonismo de múltiples sujetos populares, de actores sociales, de movimientos sociales y fuerzas políticas, quienes plantean puntos de vista concurrentes ó conflictivos (pluralidad agonista), reconociendo de entrada el “juego democrático” y el “pluralismo radical”, propios de la condición histórica de la sociedad actualmente existente y potencialmente por-venir.

El pluralismo cultural, social y político condiciona aspectos fundamentales, como el proceso de reconocimiento social de la diversidad, para lograr establecer una sociedad justa, igualitaria, libre, radicalmente democrática, participativa y protagónica, constructora del bien común, multiétnica y pluri-cultural. Allí están los valores y principios indispensables que permiten renovar la construcción socialista para el siglo XXI.

Por tanto, hay claros cuestionamientos-antagonismos, por ejemplo, de las doctrinas capitalistas neoliberales (que consideran que la “justicia social” es un sin-sentido-Hayek), o del monolitismo ideológico que caracterizó a las sociedades que experimentaron el dictat del pensamiento único de izquierdas- (Stalin y el “marxismo soviético”).

Ni pensamiento único de derecha ni pensamiento único de izquierda. Por una razón muy simple, el pensamiento único, con toda su rigidez cognitiva, con todo su integrismo moral, con toda su pasión intolerante, puede fecundar en cualquier segmento del arco ideológico del espectro político (incluso en el llamado “centro radical”, que condena moralmente la distinción ideológica entre derecha-izquierda).

No se trata por cierto, de instituir prohibiciones legales contra el “pensamiento único” de derecha o de izquierda (una legalidad reaccionaria a modo de Gómez, Lopez Contreras y el inciso sexto o una legalidad sectaria a modo de Stalin), pero si de debilitar al máximo, a través de la lucha de tendencias y opiniones, las condiciones de posibilidad políticas para establecer su dictat ideológico como “pensamientos de la dominación”.

En cuestiones de pensamiento, no hay que ceder ningún terreno frente al despotismo de cualquier signo ideológico. En este terreno justamente hay que analizar las luces y sombras del proyecto la Ilustración o la Modernidad, sea central-hegemónica o sea periférica-subalterna.

El socialismo democrático, participativo, de avanzada por el que vale la pena luchar hasta el final se enmarca en lo establecido jurídicamente en el art. 3 de la Constitución Bolivariana: El Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines.

Bajo la hegemonía del pensamiento único de derecha o de izquierda, es prácticamente imposible alcanzar estos fines. Habrá que recordar que los saberes contra-hegemónicos son pensamientos contra las dominaciones y sumisiones del espíritu. En este contexto, habrá que recordar además al enrague y cura del pueblo Jacques Roux (1752-1794) cuando decía que:

"La libertad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando una clase de hombres puede reducir al hambre impunemente a la otra. La igualdad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando el rico, mediante el monopolio, ejerce el derecho de vida y muerte sobre sus semejantes. La República es un fantasma inútil, cuando la contrarrevolución se asienta día a día en el precio de los productos que las tres cuartas partes de los ciudadanos no pueden conseguir sin derramar lágrimas."

La democracia podría ser un fantasma, una farsa, cuando el representante existe gracias a que el representado sólo puede emplear su esfuerzo y tiempo en procurar sólo la subsistencia. En medio de la miseria y la pobreza, la democracia participativa resulta un imposible. La clave del liderazgo revolucionario y democrático reside en las actitudes emancipadoras de Simón Rodríguez, en el aprendizaje del autogobierno popular (en fin, una educación política para la libertad, la igualdad y la ciudadanía republicana).

lunes, 4 de abril de 2011

¡QUE VIVA LA COOPTACIÓN!

Javier Biardeau R.
¿Esquizofrenia política? Tal vez. ¿Cinismo? Probablemente. ¿Real-politik? Sin duda. ¿Garantía de victoria? Mejor, chantaje. ¿Simple política del “doble vínculo”? Miedo a la libertad y al auto-gobierno popular.

Repetimos: ¡Que viva Simón Rodríguez! Nada como sus ideas, para reconocer los resortes de la “mentalidad sumisa”.

Desde un falible punto de vista, la cooptación se refiere a la liquidación “legalista-positivista” y dudosamente consistente con el espíritu constituyente y Constitucional de 1999, con la legitimidad democrática de la participación popular, con la soberanía popular directa (art.5).

El sujeto del protagonismo político es claro: el Cogollo, “el mismo musiú pero con diferente cachimbo”, o como dicen en otras latitudes: “la misma mona pero con diferente rabo”. Primera contradicción con todos los principios.

¿Dijo usted el “Libro Azul”? ¿Dijo usted la Agenda Alternativa Bolivariana? ¿Dijo usted el “proceso popular constituyente”, sus valores, ideas y principios? La crítica radical a la oligarquía, la crítica radical a la partidocracia, la crítica radical a los cogollos y la democracia representativa. ¿Donde están los principios?

Real-politik mata a “principios”, escuche bien “compañero-camarada-combatiente”. Usted, ¿es disciplinado y obediente? Si sigue con la vaina, a usted le sale tribunal disciplinario. El poder por encima de la “ética socialista”. La “corrupción del poder por el poder mismo”. Hagámonos todos los pendejos. ¡Que viva la cooptación!

La nueva lengua del gran hermano que se enquista en el PSUV nos preguntará en el siguiente diálogo del jefe y del militante-caimán:

Jefe: -Camarada-compañero-combatiente: ¿Qué es para usted la democracia participativa y protagónica?-

Militante-caimán: -De acuerdo al Plan Nacional Simón Bolívar, la “democracia protagónica revolucionaria”, Jefe-

Jefe: -¡Ajá!, ¿Pero, que más? No me conteste con sinónimos, eso no vale aquí “camarada-compañero-combatiente”-.

Militante-caimán: -Bueno, bueno: de acuerdo al art 5, disposiciones fundamentales de los Estatutos del Partido más democrático de nuestra historia, en nuestro “Libro Rojo” se dicta: “Métodos de Democracia Interna”:

"Artículo 5: Métodos de la democracia interna. Para la toma de decisiones y elecciones internas el partido podrá utilizar diversos métodos: elección directa, universal y secreta; cooptación, elecciones de primero, segundo o tercer grado; opinión y consenso, los cuales se determinaran por las diversas instancias de dirección de acuerdo a las condiciones políticas."

Jefe: -Vio compañero, ahí lo dice claro-clarito: COOPTACIÓN, ese es un método de Democracia Interna-.

Militante-caimán: Coño sí, jefe, coño…

Se escucha un murmullo en el viento: ¡El diablo está en los detalles!

Jefe: -¿Qué dijo Camarada?...-

Militante-caimán: -¡Nada mi jefe, nada, son vainas del viento!-

Jefe: -Bueno, déjese de vainas, y recuerde es el artículo 5 del Libro Rojo, no el artículo 5 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Eso es para otra cosa-.

Militante caimán: -Aaaaah!, ¿Para otra cosa?-

Jefe: -Si para otra vaina. ¡Es más, léalo!-

"Artículo 5. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos."

Jefe: -¡Vio compañero!, una vaina es una vaina, otra vaina es otra vaina. Una cosa es el partido, otra los órganos que ejercen el poder público. Es para los órganos del Estado eso de que están sometidos a la soberanía popular, el partido, sólo en veces…claro!... ¡de acuerdo a las condiciones políticas!. ¿Me entendió camarada-compañero-combatiente?

Militante-caimán: -Entendido, Jefe, entendido- . ¡Que complejas son las leyes!, Jefe…

Jefe: -No se ponga leguleyo, entonces: el asunto es político con P mayúscula. Escuche bien, P maaayúuscula! Sepa responder, no joda, no vaya a ser que lo nombren delegado algún día y se encuentre con el Comandante-Presidente y le pregunte quién lo promovió en el partido, porque si no se va a quedar en la base, cuidado con vainas y se me vuelve ¡quintacolumnista-cuarto-republicano-escuálido-pro-imperialista!-

Militante-caimán: -Seguro, jefe, seguro…Pero jefe, ¿una duda?-

Jefe: -¿Y ahora?-

Militante-Caimán: -Coño, es que me aprendí la Constitución Bolivariana de memoria desde el año 1999 hasta el 2007, cuando empezó el peo de la Reforma, esa vez que nos jodimos por un “podrido”-.

Jefe: -Verga, que peo contigo caimán, estás demasiado leguleyo, no te metas en internet, ni leas Aporrea ni Televisión, que en los diálogos de las novelas te meten gato por liebre, recuerde la guerra de cuarta generación, ¡te lo he dicho!. ¿Que pasó ahora?-

Militante-caimán: -El artículo 67, jefe, el de la Constitución:

"Artículo 67. Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de asociarse con fines políticos, mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y dirección. Sus organismos de dirección y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes."

Jefe: -¡Chiiiito, no joda! ¿Está loco, no lea esa vaina duro? Déjate de pajas locas. Eso seguro que ya está resuelto en el Tribunal Supremo-.

Militante-caimán: -¿De verdad, jefe?-

Jefe: -Como escucha C-C-C: ¡de verdad! Aquí quien manda es… el pueblo, no joda. ¿Si o no? Carajo!-

Militante-caimán: -Sin duda, jefe, sin duda…-

Irrumpe una consigna atronadora:

Jefe: -¡Que viva la cooptación!-

Militante-Caimán: -¡Que viiiiiiiivaaaaaa! Venceremos, jefe, venceremos… -Tomémonos una friita, jefe…-

Jefe: -No, compañero, desde ahora, solo Whisky. Recuerde y que no se le olvide nunca-nunca esta vaina que le voy a decir-: ¡Nosotros, compañero… no somos como los Adecos…!

sábado, 2 de abril de 2011

GRAVES ERRORES EN LAS CONCEPCIONES DEL SOCIALISMO Y LA DEMOCRACIA

YO, EL SUPREMO

"El poder constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros. Es una condición antilógica que produce una sociedad enferma. La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión. Desde que era niño sentí la necesidad de oponerme al poder, al bárbaro castigo por cosas sin importancia, cuyas razones nunca se manifiestan."

Augusto Roa Bastos


Javier Biardeau R.

I.- POR UNA REVOLUCION DEMOCRATICA PERMANENTE:

Se viene hablando mucho de "3R al cuadrado" (primero: revisión, rectificación, reimpulso; ahora: re-polarización, re-politización y re-unificación) y de las líneas estratégicas de acción política del PSUV. Uno espera que la sensatez para una profunda rectificación y para la renovación radical de las prácticas y los discursos socialistas del siglo XXI, se eleven al cuadrado también. La creación del "intelectual colectivo" es un reto pendiente del proceso revolucionario bolivariano.

Hasta ahora domina un “régimen de signos”, con una fuerte afinidad con la tradición del Socialismo Burocrático del siglo XIX-XX: con sus fórmulas ideológicas, con sus marcos de sentido, sus guiones (scripts) discursivos, repitiendo sus agenciamientos de enunciación.

La "tradición de los muertos" sigue aprisionando como una pesadilla el cerebro de generaciones vivas, justamente como Marx hablaba en el 18 brumario de Luis Bonaparte, tomando prestado los trajes viejos. El "trabajo intelectual muerto" sigue dominando como poder independiente y cosificado al "trabajo intelectual vivo". Trabajo vivo, existencia concreta, son las posiciones de enunciación contra una alienación histórica. Pues no solo se trata de liberar la existencia material, sino además la existencia espiritual.

Sin reforma intelectual y moral, sin pensamiento insurgente, sin renovación y descolonización del pensamiento crítico socialista, será muy dificil escapar del marxismo burocrático del siglo XX, del estatismo, de la moralina compulsiva, del colectivismo despótico que se generalizó en nombre de la emancipación y el socialismo revolucionario.

Por otra parte, pocos se atreven a decir a viva voz, que la manida "radicalización" no consiste en desempolvar los manuales de un dudoso pensamiento marxiano elaborado desde la extinta Academia de Ciencias de la URSS, sino que consiste en la radicalización democrática del socialismo, en la construcción de la democracia participativa y socialista para el siglo XXI.

La clave de la renovación es incluso una viaje de retorno creativo al espíritu de la democracia radical, que será apropiado y metabolizado por el propio pensamiento marxiano, pero que pertenece a la memoria de luchas de las clases populares y los sectores subalternos.

No se trata entonces de etapismos (primero la revolución democrática, lugo la revolución socialista), sino que la revolución democrática y la revolución socialista son dos aspectos de un mismo proceso de revolución constituyente permanente. Por tanto, la vieja historia de algunos nostálgicos de las ideas de los "bolcheviques jacobinos", de suponer que la democracia es solo forma política y el socialismo es el contenido social es una farsa; pues justamente allí se incuba el flagelo del despotismo burocrático prototípico de los "socialismos realmente inexistentes".

Por ahora, hay mucho imaginario “jacobino-blanquista” disfrazado de "marxismo vulgarizado", de receta "marxista-leninista"; es decir, de fórmulas estalinistas crudas combinadas con mucho “cesarismo-bonapartismo” que desembocan en el "culto al jefe" y a los “reinos celestes” de viejos espantapájaros como Weitling o Lasalle.

Lo que es aún ausente, es la apropiación y fecundación del pensamiento crítico, revolucionario y abierto de Marx cuando se referia, por ejemplo, a Flora Tristán: la “auto-emancipación de los trabajadores como obra de los trabajadores mismos”, ó al Marx de la “democracia radical” (movimiento autónomo de la inmensa mayoría por el interés de la mayoría inmensa), al Marx de la “lucha sin cuartel contra todas las formas de alienación material y espiritual” que colocan a los seres humanos en un estado de desposesión, cosificación, humillación y sojuzgamiento.

El problema es que la izquierda revolucionaria pragmática supone que la teoría revolucionaria ya ha sido "construida" y que lo que resta es "aplicarla". Para ésta, el socialismo realmente inexistente del siglo XX fue un problema de "aplicación" y no un problema de "concepción", de "fundamentos", de rectificaciones históricas en el diálogo permanente entre "teoría" y "praxis".

Marx no sería para estos marxistas vulgares un “perro muerto”, sino un “perro prostituido” al mejor postor. Pero no hay peor venganza de la historia, que la de usurpar sus ideas críticas vigentes, pues “la carga del tiempo histórico” desenmascara todas las imposturas.

Algún día podrán distinguir entre lo que hay de Marx en Lenin, por una parte, y lo que en Lenin desfigura paso a paso todo aquello que hace gigante y vigente al espíritu revolucionario de Marx. Pues entre el pensamiento crítico, abierto e inconcluso "marxiano" hay un abismo con relación al doctrinarismo marxista-leninista que se ha hecho sistema dogmático, cerrado y esclerosado, en manos de todos los apologistas del socialismo burocrático. El "calco y copia", entonces, no puede confundirse con las tareas políticas del trabajo intelectual vivo, de la creación, con las tareas de repensar críticamente, paso a paso, los conceptos y categorias heredadas.

Desde aquel impulso llamado "proyecto de reforma constitucional", fácticamente fallida en el año 2007, puede observarse un extravío ideológico-político que ha tenido graves consecuencias para la conducción del proceso venezolano: perdida significativa de respaldo político de la revolución bolivariana en sectores popular-urbanos, en franjas importantes de los sectores medios, en pequeños y medianos empresarios que no forman parte ni del gran capital, ni del poder trans-nacional ni de la gran burguesía de Estado. La forma y contenido del mensaje del proyecto de la reforma constitucional era en términos generales una restauración de las concepciones del estatismo autoritario y del marxismo soviético del siglo XX. El método era además algo distinto a una iniciativa constituyente desde abajo. El socialismo no cae del cielo, ciertamente, y tampoco del poder constituido.

Pero lo más grave de los efectos de aquella coyuntura se cocinan aún abajo, en el desencanto y desencuentro del discurso oficial sobre el "Socialismo Bolivariano" frente a la interpelación y demandas de los “condenados de la tierra”. La esperanza popular por la transformación sustantiva de las condiciones materiales y espirituales, no puede ser desafiada con estafas propagandísticas de bajo vuelo, con una psicología política de masas de corte reaccionario. No puede confundirse con una concepción bancaria, vertical y autoritaria de la política, de la comunicación, de la educación, de la organización de un modo de producción asociativo.

El humus popular se mueve y no cree en contrabandos ideológicos que nos retrotraen a una suerte de estalinismo de pulperia. El asunto es que la caja de herramientas ideológicas y teóricas con las cuales trabaja la burocracia del Estado y del Partido, siguen estando atadas al "trabajo intelectual muerto"; es decir, que quienes presuntamente luchan contra la alienación, la cosificación, la reificación, la enajenación del metabolismo del Capital, son victimas de un profundo proceso de paralización del pensamiento crítico y revolucionario. El doble problema es que se plantea transformar la sociedad con las armas melladas y podridas del capitalismo y del socialismo burocrático.

II.- SOCIALISMO BOLIVARIANO: ¿CUAL CREACIÓN HERÓICA?

La retórica ultraizquierdista y filo-estalinista (sectarismo y dogmatismo) combinada con prácticas efectivas de la vieja subcultura de la adequidad descarnada (populismo adeco-copeyano), del añejo capitalismo de Estado venezolano (con su patético clientelismo, la pillería, las prebendas y el oportunismo) generan las más visibles inconsistencias entre lo que se predica y los que se hace cotidianamente.

Las referencias ideológicas manifiestas siguen estando amarradas a la agitación y propaganda de la vieja izquierda bolchevique ó a los formulismos ideológicos de Fidel y el Che, ambos comprometidos con el espiritu de su tiempo, en la creencia de la identidad entre el pensamiento marxiano (el de Marx) y el dictat marxista-leninista (la construcción estalinista de la dudosa equivalencia entre Marx y Lenin).

Hoy sabemos que fueron Bujarin y Stalin, quienes comenzaron a hablar del "marxismo-leninismo", pués ni siquiera fueron honestos en hablar del marxismo de Marx y del leninismo de Lenin, como pensamientos con "semejanzas" y "diferencias"; incluso en algunos aspectos, con profundas contradicciones entre estos. Ni siquiera el descongelamiento de Kruschev y aquella idea de volver al "leninismo auténtico" en pleno custionamiento del estalinismo, permitió al "guerrilero heroico", el Che Guevara, desprenderse de la matriz ideológica del "marxismo-leninismo" heredada. Incluso hoy, Fidel se define como "marxista-leninista" y "martiano".

La vieja izquierda aún supone que derrumbado el Socialismo Burocrático del siglo XX, puede conservarse en pie el "marxismo sovietico", como referente ideológico y teórico que no ha vivido ni una crisis de sustentación, ni de consistencia ni de legitimación política. ¡Que viva el dogma, carajo!

De nuevo, el trabajo intelectual muerto, no permite una renovación de las prácticas políticas ni intelectuales para un socialismo radicalmente democrático. Este pesado lastre ideológico adquiere mayor viscosidad y gravidez en la izquierda pragmática del siglo XXI al combinarse con la inercia histórica de populismo cesarista, lo que algunas vez fue llamado: "bonapartismo progresivo" (Trotsky dixit). El pueblo, como quiera que se defina a gusto de los apparatchiki del momento; sin embargo, intuye, huele, escucha y observa. Sabe distinguir, comprende y expresa sus malestares, sus "ruidos de calle", aunque traga piedras apoyando hasta la muerte una revolución devorada en parte por la viveza y vileza de un nuevo cogollo cuya composición social dominante sigue marcada por la presencia de burócratas profesionales y de cleptocratas arrimados al mana de las cuentas públicas (esta es vieja historia de continuidad desde los viejos caudillos y “notables” del siglo XIX hasta la "derecha endógena" de hoy).

No hay que vivir preñado de ilusiones. Las contradicciones frente a la oposición de derecha siguen siendo tan antagónicas como las contradicciones en el seno del campo bolivariano. Mientras no se despeje el camino frente a los obstáculos del subterfugio estalinista y la boliburguesía enquistada en muchas de las palancas de poder del proceso, la revolución bolivariana seguirá su desaceleración y su reflujo revolucionario. El saqueo y el botín político del presupuesto "de todos y todas", ha sido el crudo esperpento de la politiquería a la carta de este país llamado “Venezuela”.

Esto tiene que ver con la inercia de la vieja cultura política rentista, con la trama densa de las prácticas de acumulación delictiva del capital (nuestra permanente Acumulación Originaria de la lumpeburguesía parásita). Pero por si fuera poco, a este grave mal se le ha sumado el desvarío de apelar a guiones de "calco y copia" propios de las experiencias del Socialismo Realmente Inexistente.

Las contradicciones, entonces, ni son simples ni remiten al binarismo de "dos polos", a un maniqueismo para consumo de masas. Las pulsiones de la subversión radical todavía tienen que despejar una complicada madeja de conflictos y complicidades. La revolución democrática y socialista sigue gateando, aún recibe el látigo de la derecha de siempre, y de los nuevos amos, la "nueva clase político-ecoonómica" hegemónica del proceso de conducción de la revolución bolivariana.

III.- DEMOLER LOS DOGMAS:

Por eso, pareciera ser un anatema plantear la urgencia de repensar nuevas figuras de socialismo radicalmente democráticas, la actualidad de la democracia participativa (aún carente de instituciones efectivas) para el siglo XXI. El hecho que apelar a la "democracia participativa" sea interpretado por los capataces estalinistas como un signo subversivo, es un indicador de lo que falta aún por recorrer para transformar la arquitectónica de las relaciones de fuerzas en la sociedad venezolana.

El ahora "boom" del “buen vivir”, extrapolado del mundo andino hacia las geografias de la experiencia urbana, mestiza y caribeña (con afinidades a la "plena existencia humana" marxiana), pudiera terminar siendo una nueva cobertura ideológica y etno-cultural, si no se asumen sus profundas implicaciones para la puesta al día de una ecología política radical y para la descolonización de nuestros modos producir y reproducir la vida.

A las tareas de des-dogmatización del pensamiento revolucionario, aun esclerosado, conviene articular las tareas de la des-colonización y de la ecosofía, pues el universalismo abstracto, eurocéntrico, cargado de la racionalidad instrumental, sigue haciendo estragos en quienes hablan de "pensamiento revolucionario universal". Esto tiene implicaciones prácticas evidentes, no son disquiciones de algunos escribas miembros de la "Ciudad Letrada".

El caso de la criminalización del Lider indígena Yupka de la sierra de Perijá, Sabino Romero, muestra en que puede desembocar una caricatura del indo-socialismo, cuando la propia Ley Orgánica de Pueblos Indígenas ni se aplica ni se cumple; es decir, que la materia concreta de la demarcación de las tierras indígenas es asunto de "crimen y castigo", muchas veces obstaculizada por los propios terratenientes, la complicidad de funcionarios militares y policiales y los intereses de la explotación de materias primas como el carbón.

Algunos nuevo-socialistas del siglo XXI omiten recordar como la Revolución Mexicana hablaba de “Tierra y Libertad”. Obviamente, estos nuevo-socialistas se parecen más a los personajes de la dictadura perfecta del burocrático PRI (institucionalizar la revolución es la muerte de la revolución) que al Zapatismo rebelde. También nuestro Ezequiel Zamora decía mucho antes lo mismo: "Tierra y Hombres Libres. Horror a la Oligarquía". Asì mismo. José Carlos Mariátegui señalaba que no se puede abordar el problema indígena sin resolver el problema de la tierra. Los sobrevivientes del mundo indígena y campesino muestran la contra-cara oprimida, sometida al coloniaje y el racismo del "país oficial", a los pillos financieros, acumuladores y rentistas urbanos, con su modelo cultural de referencia: el consumismo, el nuevo-riquismo y el despilfarro capitalista.

Un país de graves fracturas y dislocaciones, solo puede esperar en cualquier momento un terremoto social. En la América Profunda, los sismografos sociales apuntan a un magma de exclusiones y negaciones culturales de larga data, a violencias estructurales que no son enfrentadas desde meras retóricas de redistribución populistas.

La revolución bolivariana, si de veras es anti-imperialista y anti-colonialista, no merece un campo de izquierdas tuteladas, un movimiento popular administrado, sin posibilidad de interpelar con eficacia política las estructuras de dirección política de abajo hacia arriba, sin posibilidad de que la contraloría social sea eje de la “democracia protagónica revolucionaria”. Sin "democracia protagónica revolucionaria" se apaga la llama de la revolución democrática permanente. El nuevo socialismo para el siglo XXI requiere avivar la llama constituyente de la democracia radical, sin la cual la participación y la movilización del pueblo organizado, terminan encuadradas en un panóptico de dispositivos corporativos-clientelares que encapsulan la emancipación social, política y cultural.

IV.- EL MÉTODO OLIGÁRQUICO DE LA COOPTACIÓN:

Algunos aliados políticos del capitalismo de estado, de la cleptocracia y de la acumulación delictiva de capital, pretenden institucionalizar la fórmula cuartelaria de la “línea y cadena de mando” para clausurar el barullo popular. Habría que subvertir la fórmula: ¡Con Chávez manda el pueblo!, y comenzar a gritar en todas las esquinas: ¡Sin pueblo protagonista, manda la burocracia, la derecha endógena y el Capital!

Ahora los voceros de la nomenclatura tratan de minimizar el papel de la burocracia de partido y de la derecha endógena en el control de las palancas efectivas de poder (los centros estrategicos de poder), y han hecho un llamado a confundir los métodos de democracia interna haciendo una apología de un procedimiento típico de cualquier oligarquia (de cualquier cogollo, como decimos aquí) llamando a la "Cooptación". No es casual que entre los "desvarios ideológicos" de cierta oposición, ciertas prácticas del "oficialismo" huelan a dosis bién administradas de rasgos fascistoides y corporativos.

El asunto, sin embargo, nos lleva directamente al grano: al cesarismo populista de algunos leales cuadros del "oficialismo", cuya formación política presenta una aversión profunda por los decibeles de la democracia deliberativa y participativa. Uno sabe cual es la diferencia entre cooptación y democracia participativa...¿Pero les interesa a ellos? ¿Que diría Alfredo Maneiro de semejante impostura?

La democracia radical podra ser decretada "desde arriba" cosa de “métodos burgueses”, opción enarbolada por "pequeños burgueses". Sin embargo, la multitud popular se mueve...Esta “nomenclatura” muestra simple ignorancia transformada en arrogancia mediática, está nerviosa y juega al cinismo. Lo que no se quiere reconocer es que con las prácticas habituales del partido-maquinaria-aparato, del cogollito de siempre, no habrá victoria electoral en el 2012 ni avance revolucionario. ¿Quienes conspiran entonces para acelerar la derrota del pueblo trabajador y bolivariano?

El tiempo de las fintas se ha acabado. Desde algunos circulos de poder se proponen algo muy distinto a “mandar obedeciendo al pueblo”, se propone nada mas y nada menos que "mandar obedeciendo al cogollo". La corrupción de la política, según Enrique Dussel. No es extraño entonces que el rumor de calle diga: ¡solo el pueblo salva al pueblo!

V.- LA ALIANZA ENTRE DERECHA ENDOGENA Y ULTRA-IZQUIERDA RETÓRICA. ¿QUE (NO) HACER?

Consideramos que el estancamiento, bloqueo histórico y reflujo político de la revolución bolivariana presenta causas y condiciones distintas a la unilateral atribución a un factor de “hegemonía pequeño-burguesa” en la dirección ideológica y política del proceso.

No es un asunto de "reformismo", sino mas bién de corrupción de la política, corrupción encarnada por la derecha endógena, por la "Burguesía de Estado", que mueve sus piezas políticas. En Venezuela, Luis Vitale nos enseñó a desconfiar tanto del gran capital privado aliado al poder imperialista, como de la "Burguesía de Estado", alimentada sobremanera por la renta petrolera y por las "comisiones" de su esquema de contrataciones de grandes obras públicas con nacionales y extranjeros.

La "mordida" a la venezolana también construye meteóricas fortunas y una "red de testaferros". Sergio Bagú nos enseñaba a mirar la economía sumergida, no la que aparece en las estadisticas oficiales. También se dice que el procer socialdemocrata venezolano Carlos Andrés Pérez murió pobretón, ciertamente menos afortunado que la red tejida por Leonardo Sucre Figarella desde la Corporación Venezolana de Guayana. La historia mantiene los trajes y parecen cambiar los cuerpos. Los llamados "doce apostoles" de la llamada "Gran Venezuela" pueden resurgir en algunos clanes de la boli-burguesía. No podemos olvidar este pequeño detalle histórico.

Por tanto, hay graves errores de derecha en el seno de la revolución (el reformismo, el capitalismo desde el estado y el burocratismo), pero no están desconectados de un reverdecer de las “mascaradas de ultra-izquierda” (el sectarismo y el dogmatismo). Aquí hay que hilar mucho más fino. Hay conexiones ocultas entre fracciones de la derecha endógena y cierto uso como "masa de maniobra" de factores que se presentan como representantes del ultra-izquierdismo retórico. Allí está la clave de la "radicalización" verbal de agunos, pero en el marco de prácticas económicas y políticas "reaccionarias".

Mientras se desea a toda costa conservar espacios de poder y controlar palancas económicas, se induce a cierto ultra-izquierdismo para abortar lo que seria un trabajo político consistente de rearme político-ideológico y autónomo del pueblo trabajador. Una mezcla de "cogollo" con "plebe de choque" intenta evitar la revolución de abajo hacia arriba, rompiendo con base a la cooptación con todo lo que se parezca a movimiento desde abajo. La cooptación huele a lo que Gramsci llamó transformismo y "revolución pasiva".

Lo paradójico de la situación es que los actores más representativos de las prácticas de derecha (de la burocracia, del capitalismo desde el Estado, de la acumulación delictiva de capital, del estalinismo, del cogollo bolivariano) se disfrazan de retórica ultra-izquierdista. ¡Algo huele mal en Dinamarca! ¿Es posible defender pudriciones éticas en nombre del Che, por ejemplo? ¡Aunque usted no lo crea! No es cuestión exclusiva de una “ideología incorrecta”, sino de la confluencia de determinaciones y mediaciones históricas que afectan la praxis transformadora en las condiciones particulares del siglo XXI. Usted puede recitar de memoria frases de Lenin, Fidel Castro, Guevara, Mao, pero estimados, el asunto es su práctica cotidiana, su modo de existencia material, sus triquiñuelas, su modo de gestionar las relaciones de poder, de asumir la transformación de una institucionalidad de cabo a rabo capitalista, de concebir su estatus y roles de “dirigente” del “partido más democrático de nuestra historia”.

Hay una lucha entre el partido-maquinaria y el partido-movimiento. Con la cooptación, el partido-maquinaria ha logrado el primer "Nocaut" (knock-out) contra el partido-movimiento. Las líneas estratégicas del PSUV son un cuadrilatero de luchas entre la lógica del "PRI a la venezolana" y las "lógicas constituyentes" de las corrientes radicales. Y cuando decimos "PRI a la Venezolana" solo tenemos que recordar en que se parecian AD y el MVR.

Sencillamente lo que usted: "boliburgués y pumarrosa" dice "ultra-izquierdistamente" entra en cortocircuito con lo que usted hace, dispone y ejecuta cotidianamente como "cultura política capitalista" cotidiana. Esa es la impostura que cualquier mortal reconoce tras tanta verborrea de revoluciones “bonitas” y “rojo-rojitas”.

VI.- DEMOLER EL SOCIALISMO BUROCRÁTICO:

Desde el año 2007 se viene imponiendo subrepticiamente un doctrinarismo ideológico típico de una izquierda despótica (bloqueando en la mayoría de los casos, las voces y los liderazgos de base de los colectivos, grupos y sectores populares) que insiste en “calcar y copiar” modelos de socialismo indeseables para grandes segmentos de la población.

El sistema de deformación socialista ejecuta una programación ideológica para imponer, claro sutílmente, lo más vetusto del socialismo burocrático del siglo XX. Pareciera que una "fracción económico-política dominante" nacida al calor del arribismo en la revolución (la “nomenclatura pumarrosa”) ha encontrado a los “capataces” perfectos para ejercer el “comisariato político”, el control, la disciplina y vigilancia de la crítica radical, la administración desde arriba del movimiento popular y de los movimientos sociales: los cultores del estalinismo tropical, nuestros “apparatchiki”, tanto de ahora como de otrora.

Capataces bien pagados pretenden darle rienda suelta a su doble condición de opresores/oprimidos, usar su látigo ideológico y las presiones más ruines para apagar cualquier barullo crítico del movimiento popular. Los nombres irreverentes de Simón Rodríguez, Simón Bolívar y Ezequiel Zamora son burlados y pisoteados.

Escúchese bien, desde el viejo socialismo burocrático no habrá revolución democrática y socialista alguna, tampoco podrán abordarse las cuestiones más novedosas de las coordenadas del tiempo histórico presente: ni la cuestión ecológica podrá interpretarse desde el productivismo y el consumismo que caracterizan al canon de la teoría revolucionaria bajo el dogma de la neutralidad ideológica del desarrollo de las fuerzas productivas, ni la cuestión transmoderna y la descolonización, producto de una crítica radical a la visión euro-céntrica y colonial del “marxismo burocrático”, ni la cuestión de “género”, ni las diversidades sexuales, ni los movimientos anti-institucionales, ni anti-burocráticos. La vieja izquierda de aparato impone el "trabajo muerto intelectual": el dogma.

En todos estos terrenos, aplicar la “teoría revolucionaria heredada” (la receta ABC del “manual de términos revolucionarios para la ejecución de prácticas reaccionarias”) conduce sin más a un catálogo de “prácticas despóticas”.

VII.- DEMOLER EL MITO CESARISTA

La evaluación histórica y teórico-crítica de las experiencias del socialismo real, plantea la incompetencia evidente en materia de alternativas democráticas radicales de la vieja izquierda, de todo aquello que se produjo desde el seno de las codificaciones del “marxismo soviético”: culto a la personalidad, partido-único/Estado, burocratismo y sectarismo, comisariato político, moralina coactiva y compulsiva, han sido elementos que entrabaron sobremanera los proyectos históricos de emancipación radical, no solo en el terreno de la liberación política y social, sino en el propio terreno de los espacios singulares de libertad y de la vida cotidiana.

Cuando la libertad no es sólo un privilegio económico (capitalismo liberal) sino un privilegio político de la “nueva clase” (socialismo burocrático) no hay realización efectiva de un proyecto de emancipación. Habría que recordar la intervención del enragé Jacques Roux, cuando éste puso el dedo en la llaga:

"La libertad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando una clase de hombres puede reducir al hambre impunemente a la otra. La igualdad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando el rico, mediante el monopolio, ejerce el derecho de vida y muerte sobre sus semejantes. La República es un fantasma inútil, cuando la contrarrevolución se asienta día a día en el precio de los productos que las tres cuartas partes de los ciudadanos no pueden conseguir sin derramar lágrimas."

La democracia es un fantasma, una farsa, cuando el representante existe gracias a que el representado sólo puede emplear su esfuerzo y tiempo en procurar la subsistencia. La deriva del liderazgo revolucionario no es asumida ni siquiera en clave de Simón Rodríguez (¿repite usted aquello del socialismo utópico?) cuya máquina de enunciados estuvo destinada al aprendizaje del autogobierno popular (en fin, una educación política para la libertad, la igualdad y la ciudadanía republicana).

El mito cesarista (bonapartista) no es una fatalidad de la historia, está directamente articulado a las limitaciones concretas para el despliegue de la democracia participativa por parte de las direcciones realmente existentes de los llamados “partidos revolucionarios”, muchos de ellos todavía inoculados con la “verdad suprema” del “leninismo de partido único” (son "partidos del orden").

Solo una pequeña orientación bibliográfica; revise página a página la investigación sobre la teoría de la revolución en el joven Marx (Michael Löwy. Editorial Siglo XXI) y se dará cuenta del antagonismo entre la auto-liberación de los trabajadores y trabajadoras, liberación de su alienación política en cualquier figura del "imaginario jacobino-beauvista" o del "culto a la personalidad".

No hay Bonapartes ni "partidos-maquinarias-únicos" que le hagan las tareas revolucionarias al pueblo trabajador ni a la multitud constituyente. No se trata de querencias ni de buenas intenciones de nadie. El asunto es que la maquina institucional como lo son los partidos-aparatos, requieren de sus engranajes bien aceitados, sus apparatchiki, pues es el ritual ideológico, sus liturgias, las que enmarcan los habitus, la fraseología y voluntades que allí habitan como “peces en el agua”. Hasta ahora el “príncipe moderno” no ha parido un "partido democrático y revolucionario de masas" (la ilusión naciente del PSUV) que efectivamente ejerza la democracia radical interna, que exprese en un centro de dirección colectiva la voluntad mayoritaria no solo de una militancia, sino del bloque social de los explotados y oprimidos. Con el pretexto de los “cuadros bien formados” sabemos que estamos ante engranajes “bien disciplinados y sumisos”.

Por tanto, lo más elemental es aprender una lección de la historia: un partido-único dominado por el “centralismo burocrático”, por la cultura del cogollo y del aparato electoral prefiguran desde siempre la maquinaria institucional del Estado despótico.

VIII.- EL PROYECTO POLÍTICO-ECONÓMICO-SOCIAL DEL GOBIERNO:

Por otra parte, la ineficacia e ineficiencia de la política social depende de su escasa vinculación con el empoderamiento popular (el protagonismo del poder popular), transformándola en viejas fórmulas clientelares (las misiones presentan un grave deterioro, no hay una nueva institucionalidad revolucionaria junto a los programas sociales con eficacia, eficiencia y alto impacto).

El bloqueo y cooptación desde arriba del empoderamiento autónomo de los movimientos sociales y populares muestra un esquema de poder más interesado en el control político que la redistribución intensiva y extensiva del poder. No se trata de transferirle poder desde arriba, sino de quitar las barreras para que el poder popular se exprese como dicta cualquier noción elemental de protagonismo y soberanía popular directa (Art. 5 CRBV).

Habrá que repetirlo hasta el cansancio: ¡Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos!

Las graves fallas de política económica muestran el camino a paso de “morrocoy mocho” de los intentos por romper con una economía rentista petrolera (como modelo extractivista de crecimiento económico), reproduciendo fallas en el modelo distributivo y redistributivo de la renta (el reparto del ingreso nacional sigue siendo desfavorable al “mundo de los asalariados” y favorable a las rentas, intereses y ganancias capitalistas).

No hay coeficiente de Gini que oculte que los capitalistas (que son pocos) ganan aún muchísimo más que los asalariados, explotados y dominados (que son muchos). Curiosee un poco como se inventó el manido coeficiente de desigualdad, para saber que intereses de clase estaban en juego. Detrás de todas las sofisticaciones matemáticas de Gini, no hay que olvidar que su autor, Corrado Gini fue un influyente ideólogo fascista (escribió nada mas y nada menos que "Las bases científicas del fascismo"-1927). La alternativa es más sencilla que un debate sobre cálculos matemáticos de desigualdad y concentración del ingreso, que ejercicios de normalización de medidas-promedio, pues cualquier coeficiente de desigualdad puede medir los “quintiles” o “deciles” más altos y más bajos de una pirámide de ingresos (de personas o de hogares), su proporción y distancia social.

Por otra parte, las remuneraciones al factor trabajo en el análisis del ingreso nacional, dan también cuenta de las remuneraciones al capital. Una pequeña relación numérica Capital/Trabajo que no es nada inocente. Ninguna afición a la tecnocracia está por encima de la sintomatología de la dinámica de la explotación capitalista.

Finalmente, en el plano teórico-crítico es palmaria la ausencia de instancias colectivas, creativas y libres de debate-encuentro entre fuerzas y movimientos de izquierda, para construir opciones sin caer en las descalificaciones, coacciones y violencias simbólicas tan características de la izquierda cavernaria, dogmática y sectaria. Un viejo cuadro militar-policial del extinto órgano de inteligencia venezolano solia decir en sus pocas intervenciones públicas que la izquierda venezolana vivía presa de la enfermedad endémica de la división. El sectarismo es pues la enfermedad de la izquierda venezolana, y es tan viejo como la imposibilidad de construir un "frente unico de izquierdas" luego de la coyuntura de 1936.

IX.- ¿VICTORIA EN EL 2012? LA RE-CONDUCCIÓN RADICALMENTE DEMOCRÁTICA QUE NO LLEGA:

Insistiremos. La revolución bolivariana ha tomado un rumbo equivocado. Requiere una reconducción radicalmente democrática del proceso popular constituyente que se inicio en 1998. La radicalización democrática es el eje de la rectificación y del reimpulso, para no calcar ni el viejo Socialismo ni perpetuar el Capitalismo rentista y monopólico de estado (CRME).

La reunificación de fuerzas no puede ser pretexto para caer en manos del esperpento estalinista convertido en “propaganda bancaria”. La re-politización de la gestión pasa por una estrategia hegemónica de fuerzas popular-democráticas, para recuperar, reunificar y reagrupar actores, movimientos y fuerzas sociales que se han venido desactivando, distanciando y desagregando de la corriente histórica nacional-popular que amalgamó la revolución bolivariana en 1998.

Es en la conjunción entre socialismo y democracia donde puede avivarse la llama que fecunda la revolución bolivariana. No en su disyunción.

Hay muchos más aspectos a considerar, si se trata de hacer previsiones para el 2012. Incluso si Chávez gana mucho antes de lo que muchos suponen (¿Diciembre 2012?), con una votación que oscila entre 57% y 63% de los votos, la pregunta será: ¿Y ahora, que hacer?

Lo fundamental en un riguroso análisis de la correlación de fuerzas (internacionales, nacionales y en el seno del pueblo) para evitar la derrota estratégica de la revolución bolivariana, democrática y socialista, incluso no en manos de la oposición de derecha sino en manos de la alianza entre una nueva clase político-económica y sus capataces políticos estalinistas.

La crítica, por más desmesurada que sea, es un insumo de trabajo político. Para este elemental propósito, hay que corregir graves fallas en la definición del Proyecto Político de Gobierno y del proceso bolivariano.

El dilema de las llamadas corrientes radicales es captar si tienen vocación para transformar radicalmente las relaciones de poder, y colocar al bloque popular democrático-revolucionario en el control de las palancas de la revolución.

Si fuera así se habrá derrotado momentáneamente al imperialismo y sus lacayos explícitos, pero también habrá que analizar cuanto se ha avanzado en derrotar a la derecha rojita y a sus capataces estalinistas. Esto dependerá de la fuerza de renovación y recuperación del pueblo trabajador, unido y organizado, para una nueva fase de luchas. Contra el Capitalismo, la burocracia, la derecha endógena y el sectarismo. ¡Sólo el pueblo salva al pueblo!

martes, 8 de marzo de 2011

SACUDIR EL "MARXISMO" DE LAS CARABELAS

Javier Biardeau R.
Observado los impasses del actual proceso de transformación y el bloqueo teórico (epistemológico y hermenéutico) del llamado “Socialismo del siglo XXI”, así como de los “marxismos burocráticos”, legados por el seguidismo ideológico a la revolución bolchevique (el marxismo soviético) ó incluso al “marxismo-leninismo” de la revolución cubana, son cada vez más necesarias prácticas interpretativas (ideológicas y teóricas) radicalmente críticas y creativas (pues con esa teoría “revolucionaria” disponible, no habrá actividad revolucionaria alguna); que vayan más allá de prácticas de re-apropiación crítica y selectiva del pensamiento marxiano, que hundan su esclarecimiento a la raíz de los problemas y desmonten los prejuicios de la modernidad euro-céntrica, del colonialismo interno e intelectual.
¿En función de que? De sustentar programas de investigación-acción para la transformación de la sociedad hegemónica. No basta con criticar al neoliberalismo ni al capitalismo en sentido restringido, si no se profundiza en la crítica de la modernidad-colonialidad.
El “marxismo de las carabelas” es un marxismo colonizador, un marxismo que reproduce los mitos del progreso, del desarrollismo, de la neutralidad ideológica de las fuerzas productivas, del productivismo y el consumismo, del occidentalismo e incluso de la lógica de la sociedad adquisitiva.
Además ha sido un fracaso con relación a las proyectos para sustituir formas de dominación estatal, distribuir y organizar las relaciones de poder de manera radicalmente democrática, calcando los mitos hegemónicos que son parte del problema civilizatorio, y que no despejan los caminos para construir vías de solución de los problemas.
Hay quienes suponen que no es necesario ningún debate teórico, que las recetas están hechas para ser aplicadas. Basta repetir a Lenin, glosar al Che, gritar: ¡que viva Fidel!, darle un toque espiritual con una dosis de “teología de la liberación”, colocar algunos aliños para reconocer cierto indo-socialismo ó la llamada afro-descendencia, reivindicar el feminismo de palabra y la ecología del “desarrollo sustentable”, pero manteniendo intacta la falacia desarrollista, sin cuestionar los dispositivos de poder y las estructuras de dominación capitalistas, ni las prácticas que prefiguran la burocracia socialista derivadas de la vanguardia del aparato, del mito del partido-único/capitalismo de Estado, o confundir la contra-hegemonía con la mas burda sumisión ideológica, desechar la ética de la liberación (basta revisar algún trabajo de Sánchez Vázquez o de Dussel) y reducirla a la criatura ideológica del partido comunista de la URSS en tiempos de Kruschev (¿sabe usted que era el código del constructor del comunismo científico?): “conciencia del deber social”.
El cerebro de los vivos sigue aprisionado por las vestimentas ideológicas de tradiciones veneradas como dogmas sacrosantos. Se repiten cuentos, narrativas, argumentos y descripciones que corresponde a las inercias ideológicas de la vieja izquierda despótica (con la bandera imaginaria: rostros épicos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, mirando todos a la izquierda), con su sacrosanto cuento de los manuales soviéticos, las codificaciones del partido-aparato, los rituales, la liturgia de los textos y estribillos sagrados, la escolástica de los “profesionales de la revolución”, la repetición de la amalgama de una singular lectura de Marx, los hábitus, en fin: alabado sea el dogma.
La crisis y el bloqueo del socialismo del siglo XXI no solo es práctico, es además teórico. No hay salidas fáciles, no hay populismos que disfracen las debilidades del pensamiento revolucionario, ni hay mesianismos que sustituyan la formación política para el autogobierno de la ciudadanía republicana, no hay estructuras políticas que funcionen como cascarones carentes de concepciones ideológicas renovadas.
Sin sacudir el pensamiento tradicional de la izquierda cavernaria, la revolución se hunde por efecto de sus lastres ideológicos. El agotamiento es parte no solo del reflujo del poder constituyente como multitud movilizada, sino como vacio de tareas del intelectual colectivo.
He allí un grave asunto a ser asumido: sin pensamiento colectivo insurgente no habrá revolución. Con el “marxismo de las carabelas” se la da una nueva vuelta de tuerca al colonialismo interno y al colonialismo intelectual.
¿Se habrán dado cuenta de este pequeño detalle los colectivos de propaganda bancaria y “revolucionaria”, las escuelas de los Partidos-maquinaria, los responsables de construir referentes ideológicos para la transformación? Por ahora, se reproduce el círculo vicioso del apagón revolucionario.
Se requieren varios sacudones. Entre estos, hay uno del que nadie dice sino poco: el sacudón del pensamiento colectivo insurgente.
La burocracia huele que se ha quedado sin coartadas. ¿Dijo usted “militancia socialista” en la primera línea estratégica del PSUV?
Comencemos por limpiar el jardín socialista de toda su basura ideológica. Hay que sacudir el colonialismo intelectual, dejar bién lejos al "marxismo" de las carabelas.

sábado, 26 de febrero de 2011

RECTIFICAR GRAVES ERRORES: CONSTRUIR PAÍS.

Javier Biardeau R.
Se ha planteado el espacio de posibilidad para una política democrática con P mayúscula. La “política” con P mayúscula pasa aparentemente por un espacio ético no sólo del discurso, sino de la actuación responsable ante el otro.
No queda definida por Spengler (política=“continuación de la guerra con medios espirituales”, “guerra sin armas”), por Luddendorf ("la política debe servir a la guerra"), por Mao ("La política es guerra sin derramamiento de sangre y la guerra es política con derramamiento de sangre"), y más cercano a los debates post-68, por Foucault ("la política es la continuación de la guerra por otros medios").
Podría comenzarse descartando la subordinación de la Política a la lógica de la guerra, reconocer al otro sin necesidad de desconocer los conflictos y antagonismos.
No se trata de una trasnochada apología al pluralismo liberal (Rawls), al dialogo de los que comparten los mismos prejuicios (Habermas), ni a la tolerancia represiva (Marcuse). Hay diferencias, hay alteridades, si; pero hay conflictos y antagonismos, hay relaciones de fuerza que pasan por reconocer las matrices del poder, que apuntan directamente a fenómenos de explotación, coerción, hegemonía ideológica, negación cultural, desigualdades y exclusiones sociales.
En estas violencias estructurales se incuban los ejes del conflicto. No es pura palabra y texto. Los conflictos exigen de un pluralismo agonístico.
Entre el espacio de racionalidad que supone que la confrontación no existe, que sólo hay conversación entre “iguales” (que no son efectivamente “ni iguales ni libres”), y la lógica de la guerra (aniquilación coactiva del enemigo), hay mucho espacio para canalizar las pasiones democráticas de una política con P mayúscula. Este espacio requiere consolidar una cultura para la polémica democrática.
Tanto la derecha histérica, nostálgica de las fronteras ideológicas de la guerra fría (con su cacareado anticomunismo), como la izquierda cavernaria, con su culto a la mitología del socialismo real, a los símbolos y liturgias del “gran timonel”, el heroísmo del “vanguardismo guerrillero” y los “libros rojos”, manifiestan un gran déficit de pasión democrática. Allí residen reflejos condicionados para una política como lógica de guerra, con la apología “amigo-enemigo”.
La estrategia socialista como revolución democrática permanente, reconoce que hay antagonismos no procesados democráticamente, que podemos derivar en el pathos de la “guerra civil”; reconoce nostalgias por los despotismos, por los arcanos del dogmatismo y del monolitismo ideológico.
Ni la ultra-derecha ni la ultra-izquierda pueden ser portadoras leales de la pasión democrática, porque su nostalgia es por marcadores absolutos de certeza. Sus prejuicios no son perspectivas falibles y limitadas; sino dogmas, creencias fijas y consignas congeladas. Su política idiotiza porque parten de la propaganda bancaria, como “bombardeo ideológico”, al mejor estilo de Goebbels. Reducen la política a “barbarie”, a política instrumental con p minúscula, a conflictos de intereses inamovibles.
Su realismo político no supera el elemental “quítate tú pa´ ponerme yo” ó el “a plomo limpio”. No hay cultivo de la pasión por la diferencia democrática, por los matices que enriquecen, por una “reforma intelectual y moral” (Gramsci); sino monotonía ideológica, frases estereotipadas, empobrecimiento del cuerpo y la palabra.
La ilusión del absolutismo ideológico recorre a algunos espíritus. Habitan las ruínas de los integrismos propios de la modernidad periférica. Han quedado atrapados en la “guerra de religiones”, con todas las intolerancias propias del sectarismo.
La Política con P mayúscula exige cálculo estratégico, pero cuidado si se hace ciega de prudencia y vacía de contenido ético, estético, afectivo, de pasión meta-política.
Quien no reflexiona sobre la política con P mayúscula, recae en la simple voluntad de dominio, como medio y como fin. No es lo mismo una tierra arrasada, que la construcción de un País.
Para lo primero sirve la “guerra relámpago” con tanques nazis o el “heroísmo” de los batallones rusos.
Para lo segundo, se requiere la construcción democrática de una voluntad colectiva apasionada, que supere las taras de las miserias del mundo (Bourdieu), la Dependencia (Celso Furtado) y la exclusión.
Sin cultura democrática, dominará la tierra arrasada. No habrá entonces País.

jueves, 20 de enero de 2011

¿CUÁL TRANSICIÓN Y HACIA DONDE? SOCIALISMO DEMOCRATICO-PARTICIPATIVO, CAPITALISMO RENTISTICO DE ESTADO O SOCIALISMO BUROCRÁTICO

Jean Jaures

Javier Biardeau R.
La convocatoria a construir el “Socialismo del siglo XXI” y pasar a un período de transición post-capitalista, cargado de formas y contenidos radical-democráticos, ha replanteado los debates sobre caminos, tiempos y alianzas para forjar una sociedad alternativa al capitalismo global-corporativo.
Esta discusión se reactualiza en momentos en los que la mayor parte de los actores, movimientos y fuerzas “progresistas” se definen básicamente como sujetos post-neoliberales (e incluso post-marxistas), pero omiten o tienen serias dudas a cualquier referencia explícita y decidida (así sea tangencial), a concepciones, proyectos o enfoques de socialismo, como alternativas civilizatorias deseables, posibles y factibles al capitalismo global-corporativo.
Los grandes poderes mediáticos-transnacionales y los aparatos hegemónicos en el campo intelectual, comunicacional y cultural, han logrado desacreditar o deslegitimar simbólicamente cualquier discurso, representación o imagen favorable acerca del socialismo, mientras las fuerzas contra-hegemónicas buscan faros de orientación político-normativa, para avanzar en las luchas sociales, políticas y culturales, tanto anti-neoliberales como anticapitalistas.
Inclusive, aquellos segmentos intelectuales de izquierda que en apariencia cuestionan radicalmente al mismo poder mediático-transnacional y su papel en el funcionamiento de los aparatos de hegemonía intelectual y cultural, ven alineadas sus actitudes, creencias básicas y discursos con las matrices de significación dominantes (con la opinión pública hegemónica), censurando sutilmente cualquier referencia al imaginario social-radical anticapitalista, imaginario directamente articulado al legado de las luchas de las ideologías “radicales” del sistema histórico (libertarios, socialistas y comunistas). Todo esto, por considerar que existen convergencias casi automáticas entre la lógica de sentido y significación entre ésta memoria de lucha (con su riqueza y diversidad) y las experiencias de “socialismo realmente existente”, tuteladas ideológicamente por formaciones de discurso y escritura codificadas como “marxismo-leninismo”.
En este terreno, la guerra político-cultural de la derecha global ha tenido importantes conquistas en los registros ideológicos, imaginarios y simbólicos a través de los cuales se le otorga sentido a la acción colectiva. En cierta medida, existe una responsabilidad aún silenciada al aceptar con resignación la racionalidad de las significaciones dominantes, antes que figuras del imaginario instituyente post-capitalista, sobre todo ante el legado de significaciones asociadas al "socialismo", que incluso constituyó el significante menos radical frente a libertarios y comunistas. De hecho, resulta sorprendente el devenir del término socialdemocracia, que pasó de una prohibición abierta por el gobierno de Bismark en el siglo XIX[1] a un significante equivalente a administración o gestión keynesiana o social-liberal del capitalismo.
Los procesos históricos de transición post-capitalistas, que han sido condensados bajo el paraguas del termino: “socialismo real”, se alejaron en cuestiones medulares de los ejes de cualquier imaginario crítico de emancipación social y política, evaluados a la luz de las fuentes clásicas (los textos y obras de Marx y Engels, han sido revisitadas y recreadas permanentemente frente a la crisis de la teoría y praxis socialista); sobre todo ante el fracaso del proceso convergencia entre la las formas históricas de colectivización de los medios de producción material (“nacionalizaciones” y “estatizaciones”) y la democratización de las matrices del poder social.
Cabe preguntarse entonces, si aquella asociación entre democracia radical y socialismo, que fue asumida claramente desde las fuentes marxianas, ha sido definitivamente quebrada, hasta llegar a la tesis de que cualquier iniciativa socialista, libertaria o comunista, es equivalente a una tentación despótico-totalitaria.
Desde nuestro punto de vista, consideramos que la convergencia entre democracia y socialismo, abre la única rendija de posibilidad para las luchas anticapitalistas en el presente siglo. Comprender la potencia político-normativa de una noción como la de “democracia socialista”, considerada ampliamente como democracia participativa sin fin, como superación crítica de la democracia liberal (distinguiéndose radicalmente de las posiciones anti-liberales de las ideologías del fascismo, del nazismo, por una parte; y del imaginario jacobino-blanquista que llevó a la experiencia estalinista), implica luchar en dos frentes simultáneamente: contra la reacción capitalista y contra la regresión estalinista, en la conquista de espacios cualitativamente distintos de libertad, alteridad, democracia, liberación, justicia y paz.
Luego de lo sucedió el 26-S en Venezuela, no queda duda de que hay que profundizar la crítica radical. Desde el punto de vista de los objetivos principales que se trazó la alta dirección estratégica de la revolución bolivariana, no se reconoció ni siquiera un “revés táctico”. El autoengaño conscientemente elaborado fue la peor táctica de signos, pues el desconocimiento de una realidad histórica efectiva generó una dislocación entre lo que las “bases sociales de apoyo” de la revolución bolivariana sienten, perciben, piensan y se imaginan, frente a lo que la alta dirección política de la revolución bolivariana pretende proyectar como “versión oficiosa”. No es conveniente entonces, tratar de engañar o manipular tan burdamente al imaginario popular.
Frente a la meta públicamente asumida en el Congreso de delegados del PSUV[2] de alcanzar la mayoría calificada, para profundizar la revolución bolivariana hacia el socialismo, una mayoría simple que no alcanza siquiera las 3/5 partes (99 curules), no era motivo suficiente para cantar “Victoria Contundente”. Para nadie era un secreto que el Presidente Chávez había declarado: “Nosotros estamos obligados, no sólo a ganar la mayoría en la Asamblea Nacional, sino ganar los dos tercios por lo menos, ése es el objetivo, desde ahora hay que mirar para allá”. Este objetivo trazado fue el leitmotiv de la toda la campaña electoral en el año 2010. En consecuencia, si se evalúa el resultado obtenido frente al objetivo trazado, es evidente que el resultado es insatisfactorio. No es casual que una de las corrientes de opinión identificadas con la tesis de aplicar (más exacto sería decir, “calcar y copiar”) la experiencia de la revolución cubana[3] para el proceso revolucionario venezolano, hayan asumido desde su punto de vista una crítica de la autocomplacencia de la alta dirección política frente a los resultados:
Si estudiamos los resultados generales de las recientes elecciones parlamentarias, nos encontraremos con dos hechos claros: Primero, perdimos la mayoría calificada. Eso significa un inmenso obstáculo en la labor parlamentaria de la Revolución. Segundo, el sector oligarca obtuvo más votos que la Revolución. Eso cambia el cuadro de las fuerzas electorales, la moral de los actores políticos, la percepción de la población. Si recordamos que esta Revolución tiene como uno de los principales campos de batalla a las elecciones, nos daremos cuenta de la importancia de este dato. Pero además y más importante, se mantiene una tendencia de desgaste de la Revolución, esto es: si hacemos una curva desde las elecciones del 2004 hasta ahora, encontraremos una tendencia de descenso en la fuerza bolivariana. ¿Dónde está la causa de esta merma sostenida? No hay dudas, la causa generadora de la tendencia negativa reside en la ideología pequeña burguesa que hegemoniza el proceso desde el triunfo sobre el golpe de abril.[4]
En fechas más recientes, ante el llamado de Chávez a superar el esquema amigo/enemigo de cuño schmittiano[5] por un esquema amigo/adversario[6], se generó una sostenida crítica a lo que ésta corriente de opinión denomina “el reformismo[7], dando un particular giro a la descalificación del concepto político-normativo de democracia:
La Revolución Pacífica es capturada en un falso dilema: Democracia o Dictadura. Las definiciones las hace el imperio capitalista. Democracia es lo que ellos digan que es democracia. (…) Dictadura es lo que se salga de los parámetros impuestos por el imperio. Lo primero es entender y difundir que la única alternativa a la hipócrita democracia capitalista, burguesa, no es la dictadura. La democracia capitalista es una ilusión que enmascara el gran robo de los capitalistas que se apropian de la riqueza que pertenece a toda la sociedad. La única democracia verdadera es la socialista, porque no puede haber verdadera liberación sin liberar a la sociedad de la apropiación del trabajo ajeno, de la riqueza social. En otras palabras, debemos defender sin sonrojos al Socialismo frente a las formas políticas y económicas capitalistas. Dejar sentado que no puede haber verdadera democracia en el capitalismo, ni puede haber economía eficiente. (…) Es necesario consolidar la lógica del Socialismo, su legalidad, romper de raíz con el capitalismo, con su lógica, su legalidad. No es pensable hacer una Revolución y al mismo tiempo mantener, buscar la certificación de los hipócritas demócratas mundiales, de la OEA, de la cúpula eclesiástica, de las elites políticas, en resumen, esperar que la canalla nos aplauda. La conciliación, la concertación, siempre ha significado la derrota de la Revolución, así lo dice la historia, nos lo dice Miranda, El Libertador en el Manifiesto de Cartagena, la Campaña Admirable, y también nuestra historia reciente, recordemos Abril, que dio pie para la preparación del gran sabotaje petrolero. El Socialismo sólo tiene una posibilidad, hacerse en contra del capitalismo y del reformismo, las concertaciones lo debilitan, confunden a la masa revolucionaria, los límites difusos disminuyen la pasión revolucionaria. Y Revolución débil es víctima fácil del patíbulo capitalista.”[8]
Esta aparente oposición entre democracia socialista y democracia capitalista, en clave de revolución clásica radical (ruptura revolucionaria), encubre sin embargo todo un debate sobre los modelos de democracia, que son o no compatibles con la praxis socialista, por una parte, además de pasar por alto un hecho problemático: la legalidad constitucional con la cual se mueve la revolución bolivariana encierra una fuerte dosis de su propio proyecto político: la Constitución de 1999. Si la Constitución de 1999 es pura legalidad oligárquica o burguesa, entonces no queda otra salida que activar un proceso constituyente de facto ó in jure.
La revolución socialista entraría en el campo de la decisión política, de ruptura de las instituciones, de las superestructuras políticas y jurídicas, de sus formas de conciencias social, para romper radicalmente con la estructura de relaciones de producción y cambio capitalistas. O estructura económica capitalista o estructura económica socialista. No hay híbridos ni términos medios. La transición es ruptura histórica, no gradualidad, ni dislocaciones sucesivas, es quiebre, momento de decisiones de la vanguardia política, que como diría Lenin asume el papel de conducción y construcción del movimiento revolucionario de masas, estén maduras o no, para ese momento rupturista. La revolución es fundamentalmente un acto de voluntad colectiva de la vanguardia organizada y consciente, más allá del pensamiento marxiano, con todas sus consideraciones sobre desarrollo orgánico de contradicciones, de condiciones objetivas y circunstancias adecuadas.
Esta suerte de regresión histórica a las coordenadas ideológico-políticas de los años 60 y a la apología de la revolución rusa, nos lleva a una valoración del leninismo en clave dogmática, sin una crítica o balance de sus diferentes posturas a lo largo de su trayectoria política, comprendidas en sus coordenadas histórico-culturales:
Pero hizo más Lenin: ¡hizo una Revolución! Demostró que es posible hacerla, él es el padre de la primera Revolución triunfante contra el capitalismo, del primer intento serio de construir el nuevo mundo, de construir el Socialismo. Dirigió la Revolución Soviética, le dictó rumbos, derrotó a los reformistas internos y a las agresiones de todas las naciones capitalistas de la época que se unieron contra el ensayo revolucionario. Por eso el odio visceral que Lenin y el Partido Bolchevique suscitan a los oligarcas, a los contrarrevolucionarios, a los reformistas. Lo atacan con saña, lo han convertido en un anatema, en algo que descalifica, en una grosería. Cuando el imperio, los capitalistas, los reformistas, los contrarrevolucionarios, acusan a algo o a alguien de Leninista, o de seguidor del Partido Bolchevique, indudablemente esa acusación indica que allí hay posibilidades revolucionarias, que ellos le temen.”[9]
Resulta al menos inquietante que se ignore palmariamente desde éstas posiciones “auténticamente revolucionarias” (que tienen un espacio de legitimación comunicacional avalada por el propio sistema nacional de medios públicos en Venezuela), toda la reflexión crítica teórica, histórica y política a una concepción de la revolución anticapitalista que nos retrotrae al menos a la fundación de la Internacional Comunista en 1919 y las llamadas “21 condiciones de admisión”[10], colocando sobre la mesa de discusión la frontera ideológica entre “reformismo y revolución”.
La pregunta sigue siendo si el paradigma leninista clásico cabe o desborda los contenidos y alcances de la Constitución de 1999. Si no hay claridad en este pequeño detalle, la transición post-capitalista evade el asunto de cómo despejar la ecuación histórica entre las resistencias anti-neoliberales, el poder constituyente de la multitud y la insurrección obrero-campesina. Si se pretende construir una dictadura democrático-revolucionaria de obreros y campesinos, tendríamos que llegar a las afinidades electivas entre el pensamiento de Schmitt y Lenin cuando hablan de la posibilidad de una “Dictadura Democrática”.
Lo interesante de esta postura es, por una parte, el desconocimiento de cómo la tesis del poder constituyente originario en la revolución bolivariana fue metabolizada por una idea de democracia participativa, que reconoce contenidos fundamentales del “liberalismo político” (El constitucionalismo democrático es justamente el eje ideológico del liberalismo-democrático), por una parte; lo cual genera una contradicciones en la propia alianza interna del campo bolivariano; así como desconocer cómo el proceso popular constituyente, implica reconocer la conformación de un nuevo bloque histórico de los dominados y oprimidos en clave de “sujeto popular”, el cual se identificó con la Constitución de 1999, la que los “auténticos revolucionarios” califican como legalidad oligarca y burguesa (siendo en gran medida parte central del proyecto histórico bolivariano).
La contradicción de los propios revolucionarios bolivarianos en Venezuela reside en su ambivalencia entre reconocer o desconocer la “constitucionalidad democrática” de 1999, entre reconocer o no los mecanismos electorales para el ejercicio directo e indirecto de la soberanía popular, descalificados en bloque por quienes consideran que esa constitución representa ya un estorbo, como elecciones “oligar-capitalistas”, que además constituye un “opio para el pueblo”, cuestionando a su vez el confuso concepto de “democracia participativa”; así como la manera de estirar o encoger el concepto de “reformismo”, pues permite el etiquetamiento y descalificación de toda corrientes, organizaciones o personas que no esté de acuerdo con sus planteamientos hasta llegar al nostálgico cliché estalinista de los “enemigos del pueblo”. No es casual, que existan claras resonancias con los debate en el interior y fuera de la Unidad Popular en Chile durante el gobierno de Allende. La pregunta clave sigue siendo: ¿Es posible una transición democrática, electoral y pacífica al socialismo en las condiciones de una economía dependiente, subdesarrollada bajo la presión geopolítica del imperialismo norteamericano?
Si el “modelo de revolución” que se tiene en la cabeza es el doctrinarismo leninista, la respuesta es sencilla, absolutamente no. Uno comprende entonces la importancia de las formas ideologías en estas circunstancias, reconociendo las contradicciones sociales, económicas y políticas que las condicionan:
El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida intelectual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser social el que determina su conciencia. Al llegar una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las: relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se conmociona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas conmociones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones economices de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de si, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de conmoción por su conciencia. Por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.”(Marx. Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política; 1859)
La forma jurídica de 1999 encierra un claro contenido de revolución democrática que no supera los límites de una reforma socialdemócrata de avanzada. Esto lo he planteado en diversos escritos y documentos. El asunto estriba en que ir más allá de la democracia participativa y de la economía mixta, que incluye ciertamente un área de propiedad colectiva, pero que no implica la “colectivización general” (nacionalizaciones, estatizaciones o socializaciones) de la estructura económica del país, implica revisar el concepto de la revolución democrática, para postular la superación del sistema socioeconómico contenido en aquella forma política de 1999. Esto implica avanzar hacia una ruptura de la propia Constitución. Hacerlo implica un clásico camino leninista.
Por otra parte, si el proceso de transición post-capitalista implica una combinación de reformas radicales sucesivas, con una dosis de gradualidad e intensidad de acuerdo a los propios límites que impone la forma política, entonces su horizonte es la economía mixta, la profundización de la democracia social y participativa, de figuras como la autogestión, de la propiedad colectiva directa coexistiendo con la propiedad estatal y la propiedad privada de empresas capitalistas. Esto es lo que llaman algunos “revolucionarios auténticos”, las formulas híbridas de la transición al socialismo.
En el terreno de las formas políticas y jurídicas, cualquier postura en el seno de la revolución bolivariana que ose valorar como un desarrollo sociopolítico positivo, cualquier procedimiento, forma o gramática mínima de la democracia pluralista, sea el diálogo, la concertación, la deliberación, los acuerdos mínimos, o incluso la participación de las bases sociales en la toma de decisiones, es descalificado automáticamente como “oligarca”, “reformista”, “capitalista” “pequeño burgués” o “anarcoide”.
Como queda en evidencia, esta postura extrema que dice identificarse con el “leninismo” o el “guevarismo”, como corrientes ideológicas en el vasto campo de las constelaciones socialistas, es un indicador sintomático de un retorno histórico a debates y prácticas políticas, que parecían superadas en el campo de la izquierda latinoamericana. Pero no es así. En Venezuela, la subcultura política de la izquierda jacobina, e incluso cavernaria y despótica, adquiere una visibilidad que coloca el asunto del estalinismo como riesgo explícito de la revolución bolivariana.
De hecho, uno de los sintagmas menos reflexionados que se han impuesto subrepticiamente en el debate, e incluso en la forma jurídica, es la apelación a la “conciencia del deber social” sobre la cual ya he elaborado críticas profundas en otros escritos. Aunque parezcan debates sin consecuencias, lo que está en juego son opciones colectivas, ético-políticas y ético-culturales que afectan la compresión de la hegemonía democrática y socialista como reforma intelectual y moral, acerca de la transición post-capitalista, pues la transición es en sí misma, o “democrática” o imaginada como una forma de “dictadura del proletariado”, o peor aún como “dictadura del partido[11]. Es decir, la transición: ¿es imaginada bajo formas y contenidos radicalmente democráticos o no?; y el horizonte-proyecto que se postula como imagen de futuro, ¿es un modelo de socialismo democrático-participativo o no?
Desde nuestro punto de vista, se trataría de la posibilidad histórica objetiva e inter-subjetiva[12] una revolución democrática, socialista, eco-política y descolonizadora, algo muy distinto de las experiencias históricas del socialismo burocrático del siglo XX. Desde nuestro lugar de enunciación, los graves errores que desde el año 2007 se han impulsado en el seno de la alta dirección política del proceso bolivariano, han tenido graves consecuencias, como la perdida de apoyo o respaldo en los sectores populares y en los sectores medios. Esto tiene que ver directamente con la escasa elaboración, a partir de un proceso de balance crítico de inventario de las experiencias del socialismo real, de lo que significa un nuevo socialismo para el siglo XXI, que tome una nítida distancia con el despotismo burocrático del siglo XX, así como contra un liderazgo con rasgos cesaristas de conducción del proceso: unipersonal, mono-lógico y vertical-impositivo.
Todo esto ha llevado a diversos signos de malestar y descontento. En declaraciones dadas en noviembre del año 2009, por ejemplo, el diputado disidente del PSUV y dirigente político de izquierda Luis Tascón[13], afirmaba a partir de un informe de previsión de escenarios político-electorales, que la popularidad del gobierno de Hugo Chávez, descendía progresivamente desde 2007, mientras que la oposición había sostenido una política coherente que le ha permitido aumentar gradualmente la fuerza electoral en el mismo periodo de referencia. Si se mantenía esta tendencia electoral, el Gobierno obtendría: “una mayoría calificada muy precaria para aprobar leyes orgánicas y designar autoridades de los otras ramas del Poder Público”. El informe electoral “Tascón” señalaba que el apoyo a la oposición crecía en los sectores populares, especialmente en los asentamientos urbanos, mientras el chavismo perdía espacios, y que la maquinaria del Partido Socialista Unido de Venezuela, no había logrado superar en eficacia al Comando Miranda, de 2006, ni al Comando Maisanta, de 2004:
La fortaleza de la revolución en los estados periféricos, permitirá un triunfo holgado en las elecciones de 2010, si la tendencia ascendente de la oposición se logra frenar y la descendente de la revolución se detiene, sin mayores análisis de mantenerse las tendencias electorales, la oposición ganaría entre 66 a 76 diputados, sobre todo en los centros mas poblados y la revolución obtendría entre 91 a 101 diputados, en cualquier escenario es muy precaria la mayoría calificada para aprobar leyes orgánicas y designar autoridades de los otras ramas del poder publico, lo cual obligara al acuerdo con la oposición que podrá recuperar espacios de poder en instituciones vitales de la República, comprometiendo la estabilidad y gobernabilidad reeditando la polarización y conflicto del parlamento vivido en el parlamento entre 2000 y 2005, Por otro lado de mantenerse la tendencia aunque la asamblea nacional se ganará, la oposición obtendrá una victoria en el voto popular, calculada en cerca de 500 mil votos, diferencia que podrá incrementarse de mantenerse la crisis de la opción revolucionaria y abrirá las puertas de la derrota en las elecciones del 2012 tanto en estados y municipios estratégicos como en la presidencia de la República misma.”
De los resultados electorales del 26-S se desprenden grados de confirmación de lo presentado por el informe señalado. El “polo bolivariano” ha obtenido una mayor cantidad de cargos, con una pequeña ventaja relativa de votos a la hora de valorar la correlación electoral. Incluso un análisis detenido, estado por estado, circuito por circuito, muestra que las diferencias no superan en muchos casos el 5 % de los votos. No hay amplias ventajas electorales. El “polo bolivariano conquistó la victoria en escaños totales en 17 estados (70,83% del total de estados del país), empató en 2 estados (Miranda y Sucre) y perdió en 5 estados (Amazonas, Anzoátegui, Nueva Esparta, Táchira y Zulia), De los 87 circuitos disputados por votos uninominales, el polo bolivariano conquistó 54 circuitos (62,06% de circuitos totales del país). La lectura de los curules obtenidos genera una percepción distinta. El polo bolivariano conquisto 98 curules, la oposición 67 y el PPT sólo 1. Todo esto, con una ventaja relativa en total de votos por circuitos mayores de 5 % de diferencia en tan sólo 37 de los 87 circuitos. Aquí comenzamos a entrar en la verdadera dimensión de la victoria del polo electoral bolivariano.
En 50 de los 87 disputados (57,47 %) hay prácticamente mínimas ventajas relativas (un equilibrio de fuerzas) entre ambos polos: el polo electoral bolivariano y el polo electoral opositor, incluyendo a los votos del PPT. Entonces, ¿Hay base estadística suficiente para declarar que se conquistó una “victoria contundente”? En absoluto puede decirse esto. Esta afirmación es cierta en tan solo en 37 de los 87 circuitos, disputados.
Se trata entonces de una victoria mínima del polo bolivariano, casi sin adjetivos: entre “pírrica” y “suficiente” para sobrevivir en el equilibrio de fuerzas electorales, y por tanto, en el “estancamiento” de cara a valorar un resultado que permita descifrar ventajas decisivas en la correlación de fuerzas electorales; es decir, para ejercer un prudente y riguroso cálculo estratégico. Aquí, lo planteado por Toby Valderrama y el equipo de “Un grano de maíz” se acerca a la realidad en tanto diagnóstico superficial. Pero las causas profundas y las conclusiones políticas que se desprenden de este síntoma de desgaste es justamente, muy distinto.
El reflujo político tiene otro tipo de causas: el doctrinarismo de la izquierda despótica o cavernaria (bloqueando las voces y los liderazgos de base de los sectores populares) que insiste en “calcar y copiar” modelos de socialismo inviables e indeseables, la deriva cesarista, la limitación a la democracia participativa por parte de la dirección del PSUV, la ineficiencia de la política social (las misiones presentan un grave deterioro y no hay una institucionalización de programas sociales con eficacia, eficiencia y alto impacto), el bloqueo al empoderamiento autónomo de los movimientos sociales y populares, las graves fallas de política económica que siguen sin romper con el rentismo petrolero (como modelo extractivista de crecimiento económico), reproduciendo fallas en el modelo distributivo y redistributivo de la renta (el reparto del ingreso nacional sigue siendo desfavorable al mundo del trabajo) y la ausencia de instancias de debate-encuentro entre fuerzas y movimientos de izquierda.
Este conjunto de factores son suficientes para no seguir con visiones auto-complacientes ni con autoengaños. La revolución bolivariana ha tomado un rumbo equivocado y requiere una reconducción democrática del proceso popular constituyente que se inicio en 1998. Requiere de una radicalización democrática como eje de la rectificación y del reimpulso. Una re-politización de la gestión pasa por una estrategia hegemónica de carácter profundamente democrático, por recuperar y reagrupar actores, movimientos y fuerzas sociales que se han venido desactivando, distanciando y desagregando de la corriente histórica nacional-popular que amalgamó la revolución bolivariana.
Aunque las correlaciones de fuerzas no son exclusiva ni predominantemente electorales, en una revolución que se califica como democrática, pacífica y electoral, es elemental no perder de vista los flujos y reflujos electorales. La combinación de fuerzas económicas, sociales, políticas, ideológicas, institucionales, militares, internacionales y culturales, terminan poniéndose en juego en acontecimientos electorales, donde se ponen en juego factores de movilización de recursos de poder y el control de centros estratégicos de decisión política e institucional.
Hay muchos más aspectos a considerar, si se trata de hacer previsiones para el 2012. Lo fundamental en un riguroso análisis de la correlación de fuerzas, es evitar la derrota estratégica de la revolución bolivariana. Y allí la crítica, por más desmesurada que sea, es un insumo de trabajo político.
Y para este elemental propósito, hay que corregir las fallas en la definición del Proyecto Político de Gobierno: el “Socialismo Bolivariano” debe ser definido ampliamente como democrático y participativo, sin dejar ningún resquicio de dudas sobre su alejamiento de las experiencias del socialismo burocrático, es necesario mejorar las capacidades políticas, profesionales y técnicas de gestión del Gobierno, no deben descuidarse las fallas en la gobernabilidad del sistema económico y la dificultad estructural para recuperar un crecimiento económico sostenido y ecológicamente sustentable, con diversificación productiva, con mayor democratización de la riqueza y la propiedad, con una más eficiente y transparente redistribución del bienestar social; con una economía mixta con tres áreas de propiedad claramente definidas, entre otras razones, porque no se ha logrado establecer una consistente relación entre la Constitución de 1999 y la vía venezolana al “Socialismo Bolivariano”, lo cual afecta la definición de un arreglo institucional que defina “reglas de juego” para el funcionamiento de los motores del crecimiento y el reparto del excedente logrado.
Resumo este tema en dos grandes cuestiones que son inseparables: a) el proyecto de transición democrática al socialismo”; y b) el proyecto de transición al socialismo democrático. El carácter revolucionario de ambos procesos reside en la liquidación histórica de las presiones transnacionales y nacionales por la imposición de un capitalismo neoliberal en la coyuntura mundial actual. De por si, este hecho es revolucionario, ir a contracorriente de los vectores transnacionales de poder en el capitalismo global-corporativo. Ahora, bien, la cuestión anticapitalista en las nuevas circunstancias no es una decisión de un arco de fuerzas sociales y políticas, cuyo ámbito de actuación sea exclusivamente el Estado-nación, a menos que se quiera arribar a un escenario de asedio y estrangulamiento paulatino de la inter-dependencia mundial. Un bloque regional de poder es imprescindible para avanzar en la construcción de alternativas viables al neoliberalismo.
Para algunos actores, fuerzas y movimientos, promotores de la revolución socialista en clave de “socialismo revolucionario”, el “socialismo democrático-participativo” constituye una babosada “reformista y socialdemócrata”. Sin embargo, la tesis que sostendré es que hay que ir más allá de las dos izquierdas históricas para renovar la democracia socialista y participativa en el siglo XXI[14].
En contraste con aquellas corrientes que se auto-definen básicamente como “guevaristas doctrinarios”, considero que en Venezuela, no se han agotado las condiciones ni objetivos de la lucha cívica, democrática, electoral y constitucional para desplegar nuevos pensamientos, practicas y políticas de democracia socialista y participativa. La Constitución de 1999 sigue siendo una Constitución de avanzada, una Constitución que habla de una revolución democrática permanente para construir una sociedad justa, con inclusión social y desarrollo humano integral. Agotar estos contenidos sigue siendo una tarea pendiente del presente y del futuro inmediato.
Notas:
[1] La Ley Antisocialista, que puso fuera de la ley al Partido Socialdemócrata Alemán, había sido promulgada por el gobierno de Bismarck con el apoyo de la mayoría del reichstag el 21 de octubre de 1878, tenía como objetivo reprimir al movimiento socialista y obrero. La validez de esta ley debía alargarse cada dos o tres años. Pero fue derogada el 1ƒ de octubre de 1890 bajo la presión del movimiento de las masas obreras.
[2] El día sábado, 21 de noviembre de 2009, en la reunión ante los 772 delegados del PSUV, el presidente Chávez, advirtió que la revolución está “obligada” a ganar al menos dos tercios de la Asamblea Nacional (AN) en las elecciones de septiembre de 2010 para garantizar el “avance” del proceso de cambios que lidera.
[3] “Sólo un pueblo Socialista es capaz de la hazaña de la Cuba de aquellos días (se refiere a los acontecimientos de 1989): ¡resistir a la caída del campo socialista, y al embate del imperio más poderoso que ha conocido la historia! Ella preservó la esperanza. Nos decía con su ejemplo que un mundo mejor es posible, que la historia no terminaba con el capitalismo, que la enfermedad era superable. Poco a poco, la humanidad volvió sus ojos a Cuba. Su llama heroica aún alumbra el camino de salida del infierno capitalista. La posición frente a Cuba define a los revolucionarios. A ella nos une algo más que intereses materiales o afinidades ligeras: nos une la hermandad de remar juntos en el mismo barco, el de la redención del humano, el del Socialismo.”(19-03-2008. http://ungranodemaiz.blogspot.com/2008/03/cuba-define.html)
[4] Ver: (28-09-2010.http://ungranodemaiz.blogspot.com/2010/09/nos-derrotaron.html)
[5] “La específica distinción política a la cual es posible referir las acciones y los motivos políticos es la diferenciación de 'amigo' (Freund) y 'enemigo' (Feind). Ella ofrece una definición conceptual, es decir, un criterio, no una definición exhaustiva o una explicación del contenido" (Schmitt, El Concepto de lo Político, 1985:22-23).
[6] Ver: Discurso de presentación de memoria y cuenta ante la Asamblea Nacional 2011. http://www.asambleanacional.gob.ve/index.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=2832&tmpl=component&format=raw&Itemid=185&lang=es
[7] http://www.aporrea.org/ideologia/a107502.html
[8] Ver: (19-01-2011.http://ungranodemaiz.blogspot.com/2011/01/el-falso-dilema-democracia-o-dictadura.html)
[9] Ver (8-11-2010. http://ungranodemaiz.blogspot.com/2010/11/lenin.html)
[10] Las condiciones para la admisión a la Internacional Comunista, popularmente conocidas como las 21 condiciones, eran los puntos ideológicos y organizativos que debía aprobar todo partido u organización que quisiese adherirse a la Internacional Comunista. Estas condiciones fueron aprobadas durante el segundo Congreso Mundial de la Internacional Comunista, el 30 de julio de 1920. Algunas de estas condiciones establecían: “Romper totalmente con los reformistas y su expulsión (condiciones 2ª, 7ª y 21ª)”.
[11]Ver: “A propósito de la elevada conciencia del deber social”. http://www.aporrea.org/ideologia/a87622.html, “¿Quiénes inventaron la frase conciencia del deber social”?”. http://www.aporrea.org/actualidad/a112540.html, “Conciencia del deber social sin contrabandos ideológicos.” http://www.aporrea.org/ideologia/a80741.html.
[12] El debate aun no asumido sobre la constitución de subjetividades y la emancipación, sobre los espacios de libertad y liberación, sobre la contra-hegemonía y el pensamiento único revolucionario, no aparece en el imaginario ni el subcultura de la izquierda despótica por razones harto evidentes. Toda esta problemática es "pequeño burguesa y anarquista".
[13] (www.scribd.com/doc/22612754/Informe-Tascon-sobre-tendencias-electorales-para-2010)
[14] Ver: La muerte del mito de las dos izquierdas. http://www.aporrea.org/ideologia/a49681.html.