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viernes, 8 de abril de 2011

BIENVENIDO AL NUEVO SOCIALISMO-ADIOS AL SOCIALISMO BUROCRÁTICO.

Javier Biardeau R.

Lo planteamos sin ambigüedades. La ruta viable históricamente no será el Socialismo Burocrático del siglo XX (Bahro) ó el Estatismo Autoritario (Poulantzas) cuestionado por diversas corrientes de pensamiento crítico marxistas o socialistas. Esta ruta está marcada por la liquidación de la democracia radical y plural.

El Nuevo Socialismo del siglo XXI implica la más amplia y diversa deliberación, participación y protagonismo de múltiples sujetos populares, de actores sociales, de movimientos sociales y fuerzas políticas, quienes plantean puntos de vista concurrentes ó conflictivos (pluralidad agonista), reconociendo de entrada el “juego democrático” y el “pluralismo radical”, propios de la condición histórica de la sociedad actualmente existente y potencialmente por-venir.

El pluralismo cultural, social y político condiciona aspectos fundamentales, como el proceso de reconocimiento social de la diversidad, para lograr establecer una sociedad justa, igualitaria, libre, radicalmente democrática, participativa y protagónica, constructora del bien común, multiétnica y pluri-cultural. Allí están los valores y principios indispensables que permiten renovar la construcción socialista para el siglo XXI.

Por tanto, hay claros cuestionamientos-antagonismos, por ejemplo, de las doctrinas capitalistas neoliberales (que consideran que la “justicia social” es un sin-sentido-Hayek), o del monolitismo ideológico que caracterizó a las sociedades que experimentaron el dictat del pensamiento único de izquierdas- (Stalin y el “marxismo soviético”).

Ni pensamiento único de derecha ni pensamiento único de izquierda. Por una razón muy simple, el pensamiento único, con toda su rigidez cognitiva, con todo su integrismo moral, con toda su pasión intolerante, puede fecundar en cualquier segmento del arco ideológico del espectro político (incluso en el llamado “centro radical”, que condena moralmente la distinción ideológica entre derecha-izquierda).

No se trata por cierto, de instituir prohibiciones legales contra el “pensamiento único” de derecha o de izquierda (una legalidad reaccionaria a modo de Gómez, Lopez Contreras y el inciso sexto o una legalidad sectaria a modo de Stalin), pero si de debilitar al máximo, a través de la lucha de tendencias y opiniones, las condiciones de posibilidad políticas para establecer su dictat ideológico como “pensamientos de la dominación”.

En cuestiones de pensamiento, no hay que ceder ningún terreno frente al despotismo de cualquier signo ideológico. En este terreno justamente hay que analizar las luces y sombras del proyecto la Ilustración o la Modernidad, sea central-hegemónica o sea periférica-subalterna.

El socialismo democrático, participativo, de avanzada por el que vale la pena luchar hasta el final se enmarca en lo establecido jurídicamente en el art. 3 de la Constitución Bolivariana: El Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines.

Bajo la hegemonía del pensamiento único de derecha o de izquierda, es prácticamente imposible alcanzar estos fines. Habrá que recordar que los saberes contra-hegemónicos son pensamientos contra las dominaciones y sumisiones del espíritu. En este contexto, habrá que recordar además al enrague y cura del pueblo Jacques Roux (1752-1794) cuando decía que:

"La libertad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando una clase de hombres puede reducir al hambre impunemente a la otra. La igualdad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando el rico, mediante el monopolio, ejerce el derecho de vida y muerte sobre sus semejantes. La República es un fantasma inútil, cuando la contrarrevolución se asienta día a día en el precio de los productos que las tres cuartas partes de los ciudadanos no pueden conseguir sin derramar lágrimas."

La democracia podría ser un fantasma, una farsa, cuando el representante existe gracias a que el representado sólo puede emplear su esfuerzo y tiempo en procurar sólo la subsistencia. En medio de la miseria y la pobreza, la democracia participativa resulta un imposible. La clave del liderazgo revolucionario y democrático reside en las actitudes emancipadoras de Simón Rodríguez, en el aprendizaje del autogobierno popular (en fin, una educación política para la libertad, la igualdad y la ciudadanía republicana).

jueves, 2 de julio de 2009

LIDERAZGO REVOLUCIONARIO Y CONTRA-HEGEMONIA: ENSEÑANZAS DE PAULO FREIRE

Javier Biardeau R.

Decía Paulo Freire (1), que la acción política junto a los oprimidos debe ser una acción cultural para la libertad, rompiendo con la visión de los opresores que refuerza los vínculos de dependencia y sumisión en las relaciones de poder. A través de la concientización, de la reflexión y de la acción, la dependencia de la situación de dominación deber dar paso a la independencia, a la auto-liberación junto con otros. Se trata de una experiencia de auto-emancipación a través de una política crítico-dialógica.

Por tanto, el método del liderazgo revolucionario no es la “propaganda liberadora”, no se trata de “depositar la creencia de la libertad en los oprimidos”, sino en el hecho de dialogar críticamente con ellos. Esto implica no solo hablar, sino escuchar, comprender activamente la palabra ajena, sus significados, sentidos y acentos socio-ideológicos en la interacción verbal y semiótica (2).

Mientras el liderazgo populista supone que realiza una donación hacia el pobre, y que por tanto el pobre entra deuda con el líder, el liderazgo revolucionario rompe las cadenas de la dependencia y el clientelismo, construyendo la reciprocidad. Construir el consentimiento activo, como sujetos, y no el consentimiento pasivo, como objetos disponibles y manipulables, no nace de la propaganda, nace del diálogo, de la reflexión y la acción que problematiza la realidad a ser transformada. De allí el carácter eminentemente pedagógico de una revolución.

Contra-hegemonía equivale a desmantelar la separación entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos, entre elites y masas. También puede hablarse de “hegemonía democrática” en contraposición a la “hegemonía autoritaria” (3). Planteamos el debate sobre contra-hegemonías (4).

No es posible usar la acción pedagógica para la liberación usando los métodos de propaganda del opresor. No se trata de engranajes, sino de seres humanos activos, reflexivos y responsables. Dice Freire que la propaganda, el dirigismo, la manipulación, como armas de dominación, no pueden ser instrumentos de liberación. El liderazgo revolucionario no puede reproducir la conversión de seres humanos en cosas, en objetos manipulables, sino que debe advenir en relación dialógica, crítica que problematice permanentemente. Freire suponía que ningún orden opresor soportaría el cuestionamiento permanente, la pregunta de los oprimidos sobre el ¿Por qué? de las situaciones que experimentan en la vida cotidiana.

Por tanto, una concepción bancaria de la pedagogía es incompatible con el liderazgo revolucionario. El liderazgo revolucionario no puede tomar a los oprimidos como ejecutores de sus determinaciones, como meros activistas a los que se les niega su reflexión sobre su propia acción. En la praxis revolucionaria, la manipulación, la esloganización, el depósito, la conducción, la prescripción deben ser cuestionadas porque son métodos de la praxis opresora.

El liderazgo revolucionario que no sea dialógico con la multitud, mantiene la “sombra” del dominador dentro de si, y es presa de un sectarismo que conlleva a reforzar la lógica del opresor. El diálogo revolucionario se opone a la “propaganda bancaria”, al discurso vertical, a la transformación de la pronunciación del mundo en intercomunicación por la consigna burocrática. Del diálogo revolucionario nace la intersubjetividad, la intercomunicación liberadora, no la palabra hueca.

No se trata de un hegemon comunicacional, político o cultural, se trata de la contra-hegemonía, de la intercomunicación liberadora. La revolución es hecha junto al pueblo por el liderazgo en una solidaridad inquebrantable, en un encuentro amoroso, humilde y valeroso. Se trata de comunión con el pueblo, para superar el dirigismo y el mesianismo.

El liderazgo revolucionario estimula el pensamiento crítico de las multitudes, no transforma negativamente su entusiasmo a través de una senso-propaganda-Tchakhotine (4) alienando las pasiones revolucionarias con los mitos utilizados por las elites opresoras. Solo cuando liderazgo y pueblo se vuelven críticos, es cuando se impide la burocratización.

El liderazgo revolucionario se distingue de la elite dominadora no solo por sus objetivos sino por sus métodos de actuación, tiene pues un compromiso con la libertad, pues la adhesión verdadera es la conciencia libre de opciones, verificándose en la intercomunicación, mediando y transformando la realidad.

Aquellos que insisten en imponer su palabra de orden, no estimulan ni organizan al pueblo, simplemente manipulan. Cuando uno aborda la contra-hegemonía plantea la necesidad de construir la autoridad compartida (5). Se trata de un quiebre paradigmático del término eghesthai que significa "conducir", "ser guía", "ser jefe". La dirección política en la democracia socialista del siglo XXI, no puede confundirse con estilos burocráticos o militaristas, debe ser fundamentalmente una acción pedagógica y cultural liberadora.

Entonces el asunto tampoco es transformar el reaccionario “principio del Líder” por el liderazgo colectivo, sin transformar el paradigma del liderazgo revolucionario. Tarea pendiente, sobre todo para quienes pregonan el fetichismo del Líder indiscutible, desconociendo que la fortaleza de una revolución, en una etapa de ascenso revolucionario, está en el pueblo organizado, consciente y dispuesto a luchar por un proyecto socialista. Pues el Liderazgo revolucionario es necesario, pero más necesario es un pueblo que quiera hacer una revolución para su auto-liberación.

El dilema entonces es: ¡Democracia Socialista o Barbarie!

Bibliografía:

(1) Freire, Paulo. Pedagogía del Oprimido.
(2) Bajtin-Voloschinov. El signo ideológico y la filosofía del lenguaje.
(3) Laclau-Mouffe. Hegemonía y Estrategia Socialista
(4) Garcia Agustin, Oscar. Contra-hegemonía y desacuerdos.
(5) Tckakhotine, Serge. La violencia de las multitudes por la propaganda política.
(6) Gramsci, Antonio: Elementos de Política. Cuadernos de la Cárcel.

domingo, 7 de septiembre de 2008

NUEVOS COMENTARIOS CRITICOS SOBRE LA REVOLUCION BOLIVARIANA

Javier Biardeau R.

Creo que no es la primera ni la última vez que el "trabajo periodístico" genere lo que Margarita ha llamado un "contexto desfigurado". Me parece importante este elemento, dado que no se ha profundizado en el análisis de las relaciones que tiene el campo de la intelectualidad de las ciencias sociales e históricas venezolana con los medios privados y oficiales, cuando se interviene al calor de la coyuntura política. Creo que no es conveniente pasar por alto que la acreditación mediática de opiniones académicamente autorizadas, puede convertirse en un factor de justificación de una línea política. De allí, que es indispensable debatir el asunto del "distanciamiento y el compromiso" (N. Elias), entre la opinión académicamente autorizada y su función en el montaje textual de los poderes mediáticos.
En segundo lugar, a mi me llamó sobremanera la atención del tratamiento de la entrevista, porque reconocí parcialmente los planteamientos críticos de Margarita López Maya, que no son nuevos, pero aparecía un perfil de tropos discursivos y argumentos, que nunca le había escuchado ni leído hasta ahora, y en los cuales no estoy de acuerdo. Por ejemplo, la tesis de la imposibilidad de una "revolución democrática". Este fue el disparador de mi comentario crítico.
En tercer lugar, no comparto algunas interpretaciones sobre mis comentarios críticos, y perdonen la extensión. Sigo insistiendo en la "legalidad" de las leyes habilitantes, y en la posibilidad de "incorporar" algunos temas y contenidos del fracasado proyecto de reforma en las mismas.

El numeral octavo del artículo 236 Constitucional es claro en facultar al Presidente para dictar, previa autorización por una ley habilitante, decretos con fuerza de ley. Se trata entonces, de Decretos con "fuerza de Ley". Sería importante destacar este aspecto, como dicta la fórmula, decretos con "rango, valor y fuerza de Ley". Se trata de una actividad legislativa que es excepcional pero no deja de ser ordinaria en el sentido de la actividad legislativa (Ley habilitante). Nuestro ordenamiento constitucional distingue claramente la formación ordinaria o no de las leyes, de las enmiendas, reformas constitucionales y de la asamblea constituyente. Creo que pocos se han detenido en las diferencias entre todos estos procedimientos, y de allí se derivan muchas confusiones legales y políticas.

El artículo 345 es claro cuando señala que: "Se declarará aprobada la reforma constitucional si el número de votos afirmativos es superior al número de votos negativos. La iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, no podrá presentarse de nuevo en un mismo período constitucional a la Asamblea Nacional".

Y esto lo digo, porque queda claro que es la "iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, es la que no puede presentarse de nuevo en un mismo período constitucional". Creo que el 342 define que es una reforma constitucional (objeto de la reforma).

¿En que consiste la iniciativa de reforma que no puede presentarse de nuevo? En aquel proyecto que fue discutido y aprobado por la AN de acuerdo al procedimiento constitucional (Art.343): "La iniciativa de reforma constitucional será tramitada por la Asamblea Nacional en la forma siguiente: 1. El proyecto de reforma constitucional tendrá una primera discusión en el período de sesiones correspondiente a la presentación del mismo. 2. Una segunda discusión por Título o Capítulo, según fuere el caso. 3. Una tercera y última discusión artículo por artículo. 4. La Asamblea Nacional aprobará el proyecto de reforma constitucional en un plazo no mayor de dos años, contados a partir de la fecha en la cual conoció y aprobó la solicitud de reforma. 5. El proyecto de reforma se considerará aprobado con el voto de las dos terceras partes de los o las integrantes de la Asamblea Nacional."

Fijémonos bien que a diferencia de la reforma, la enmienda tiene por objeto la adición o modificación de uno o varios artículos de esta Constitución, sin alterar su estructura fundamental. Y a pesar de modificar artículos de la Constitución, uno o varios, y sin llegar a ser una reforma, el Constituyente no impidió que una misma enmienda se presentara en dos o mas oportunidades en un mismo período constitucional. Solo queda prohibido para la reforma ¿Por que no para la enmienda? Porque, entre otras razones, se trata de dos procedimientos distintos.

¿Cómo se discutirá una enmienda en la AN?: Según el procedimiento establecido en la Constitución para la formación de leyes. De allí que es importante retener el tema de los rangos y jerarquías normativas, mas aún si traeremos a continuación el tema del contenido de las leyes habilitantes, que en ningún caso suponen "modificar, adicionar, o suprimir" artículos de la Constitución, sino desarrollarlos.

Y allí viene un interesante debate en el Constitucionalismo Democrático, que no se omite debatir en la actual coyuntura, porque tumba cualquier argumento de invalidez jurídica de aquellos que plantean que no se pueden plantear contenidos semejantes a lo de la reforma en una Ley habilitante. Hay que diferenciar planos normativos, insisto. No es lo mismo una reforma que la legislación ordinaria.

Se confunden en las argumentaciones mediáticas dos planos de la jerarquía normativa. Una cosa es modificar artículos de la Constitución, otra cosa es desarrollarlos a través de la legislación ordinaria o mediante decretos con fuerza de Ley. Lo que cabe analizar en estos decretos derivados de la Ley habilitante, es si desarrollan o no las disposiciones constitucionales, y si existen vicios o no de inconstitucionalidad, no si se pueden presentarse otra vez en un mismo período constitucional.

No hay cláusula constitucional alguna que limite la presentación de contenidos normativos en diversas oportunidades, a menos que sea la "iniciativa de reforma constitucional". No hay argumentos de ilegalidad. Estos decretos no son obviamente artículos de la Constitución, son leyes, que pueden derogarse o reformarse de acuerdo a lo dispuesto en la Constitución. Si ni siquiera a las enmiendas, que siguen un procedimiento equivalente a la formación de leyes, se les impone la cláusula de prohibición de volver a presentarla de la reforma.

En una cámara parlamentaria se presentan proyectos de Ley a través de un procedimiento. Si no son aprobados, sencillamente hay que comenzar desde cero. Pero esto no impide que no se presenten bajo nuevas formas y contenidos. Esa es la dinámica parlamentaria regular. Así que la clave de esta confusión de planos se despeja si se comprende la diferencia entre modificar artículos de la Constitución o desarrollar a través de leyes lo contenido en estos principios generales. Margarita lo aclara, ella es historiadora, yo soy sociólogo, pero debemos informarnos ambos de derecho constitucional y parlamentario.

Todo esto lo digo para aclarar que no argumento "que como este es un proceso de cambios revolucionarios hay un poder constituyente en acción y que el hecho de que se haya reprobado la reforma no significa que se tenga que esperar hasta un nuevo período constitucional para pasar las propuestas que estaban en ella, siempre que ellas no contravengan la Constitución de 1999". Yo dije nada semejante y coloco de nuevo lo dicho: "De forma, los actos de legislación son desarrollos de un programa político enmarcado en un horizonte constitucional, mientras los actos de reforma son modificaciones parciales de este mismo horizonte" "Una reforma es inconstitucional cuando sus propuestas chocan con los límites materiales y formales de una Constitución. Una legislación es inconstitucional, cuando sus enunciados presentan vicios de inconstitucionalidad o generan colisiones con instrumentos jurídicos de mayor jerarquía o de igual jerarquía normativa. Esto en el plano de la validez." "No hay legalidad alguna que diga que algunos de los enunciados de la reforma, mejorados o no, no pueden ser sometidos a aprobación o rechazo electoral, o aprobados o no por mecanismos de legislación ordinarios o excepcionales, como la habilitante." Creo que Margarita no comprendió precisamente en que consiste la diferencia, y me atribuyo una interpretación que no se ajusta a lo que plantee en mi comentario inicial. En ningún caso confundí estos decretos-leyes con fuerza de Ley con actos constituyentes.

Esta es una interpretación errada de Margarita de mis planteamientos, que son expuestos con detalle arriba. No es porque sea un poder constituyente, es que los decretos con rango, valor y fuerza de Ley son leyes, desarrollos legislativos. Lamentablemente Margarita no comprendió las razones de mi primer comentario. Espero que quede claro a partir de lo siguiente: "Mientras la Constitución como norma es creada por el poder constituyente (ilegal o prelegal), y la legislación ordinaria (legal y limitado formal y materialmente por la Constitución), las modificaciones a la Constitución son obra de un poder específico de revisión constitucional (una especie de legislador constitucional) que en rigor no corresponde a los anteriores. (Pedro Salazar: La Democracia Constitucional, pag.96)

Sobre la legitimidad, y ya no la validez jurídica, Margarita dice lo siguiente: "Considero que en dos oportunidades se ha convocado y pronunciado el soberano sobre la dirección del proceso de cambios a través de referendo popular: tanto cuando se aprobó la Constitución de 1999 como cuando se reprobaron las propuestas de reformarla según los contenidos del Presidente y de la AN. Pienso que más legítimo que esos dos procesos es difícil conseguir".

Lo que tendríamos que demostrar bajo este argumento es que las 26 leyes reproducen término a término, en todos sus aspectos, los contenidos de la Reforma Constitucional. Yo todavía espero por este análisis, ya que hay 16 instrumentos jurídicos que no tienen absolutamente nada que ver con la reforma, y solo 4 de ellos pueden contrastarse para encontrar algunos "aíres de familia" (y viniendo del mismo proyecto político, sería extraño no encontrar semejanzas), pero nada de contenidos exactamente idénticos. Lo que existe son desarrollos con orientaciones especificadas por el proyecto político hegemónico de Chávez de principios generales presentes en la Constitución. Que existan potenciales colisiones con otras leyes y con interpretaciones del sentido y alcance de la Constitución que le corresponde en última instancia a la Sala Constitucional, no al poder mediático, no lo pongo en duda "a priori". Hay que analizar en detalle.

Yo no tengo la "inclinación por una interpretación que sostenga que no es legítima ni legal impulsar estos contenidos rechazados en el referendo de 2007". Esto significaría un bloqueo absoluto al proceso de transformaciones, y no llegaría a afirmar absurdos semejantes a: "Y sí, incluyo allí la disminución de la jornada laboral y otros contenidos progresistas que pudieran o no ser afines a la CRBV". Repito, esto sería convalidar el bloqueo de cualquier margen de maniobra político-jurídico a la situación actual de la revolución bolivariana, que no se diferencia en nada de la estrategia opositora más tradicional (que planteó si no hemos perdido la memoria en todo el año 2007, que se desarrollaran leyes ordinarias para desarrollar los contenidos de la reforma, ya que no hacia falta "hacer una reforma constitucional")

Margarita dice que "el chavismo apostó a un tipo de transición al socialismo –y puso unas carnadas- y perdió; ahora debiera respetar las reglas y no volver a presentar la misma orientación y contenidos específicos de nuevo, ni siquiera las carnadas". Lo que he expuesto mas arriba es que las "reglas" a las que apela Margarita no son ningunas reglas, ni siquiera las de la democracia constitucional. Son mas bien, errores conceptuales sobre la diferencia entre legislación u reforma constitucional, los que llevan a Margarita a pensar que está del lado de las "reglas" y no del lado de las "estrategias opositoras".

La Constitución si lo permite. A mi que me expliquen donde no lo permite. Me parece que el mensaje va mas allá de que a los venezolanos "no desean que se les imponga un socialismo a juro". Seria, desde mi punto de vista una presuposición inadmisible considerar que la reforma era "El Socialismo". Ciertamente, los errores políticos, Chávez debe asumirlos, y creo que Chávez debe rectificar el curso, la velocidad y muchos contenidos de su proyecto, pero los errores conceptuales pueden ser tan graves como estos. Chávez actual bajo un estilo "borderline" institucional. Fueron David J. Myers / Jennifer L. McCoy quienes en su trabajo "Venezuela en la zona gris: desde el pluralismo ineficaz hacia el sistema de poder dominante", desplegaron sus argumentos en esta dirección. ¿Democracia liberal Fuzzy? ¿Y por que no?
Creo que el devenir Cesarista de la revolución bolivariana impone una tensión inevitable sobre el fetichismo institucional, que inspira tantos debates sobre "consolidación o des-consolidación democrática", si por reglas democráticas solo asumimos el canon de la "poliarquía" de Dahl, o criterios como los de la Carta democrática Interamericana. Pero estás definiciones de reglas están sometidas a la lógica hegemónica de la política, a concepciones rivales y agonistas de las democracias (Laclau-Mouffe). Pero no quisiera que mi cuestionamiento al fetichismo institucional se interpretara como una "luz verde" a las derivas de quienes se encuentran rodeando al Presidente, que combinan en algunos casos el peor estalinismo con el peor militarismo. No desprecio la democracia liberal, pero creo que hay que ir hacia formas post-liberales de la democracia para repensar el Socialismo. No soy políticamente anti-democracia-liberal, solo me parece que hay que subirle el "ruedo a la falda", aligerando el liberalismo político (y derrotando al liberalismo económico), promoviendo mayor sustancia democrática, sobre todo con contenido material, social y pluricultural.

La democracia es libertad política, no solo sólo igualdad y justicia social. Y es en el terreno de la libertad política que el estado mayor chavista padece de quiebres, por resonancias y alianzas. Imponer lo que se desea como minoría dirigente a las mayorías es jacobinismo. Margarita lo llama "lógica revolucionaria de la más tradicional". Es por esta razón, que creo que hay que liberar al imaginario socialista del jacobinismo y del "comunismo grosero", como lo denominó Marx. Uno hace tendencia con otra dinámica de movilización política y social, que lucha contra este lógica del "estado mayor" de la revolución (Rosa Luxemburgo dixit).

Dice Margarita: Como Javier es sociólogo y yo historiadora pienso que respondemos inicialmente desde sitios distintos. Reconozco que teóricamente una revolución puede ser democrática; de hecho pienso que en algunos procesos que hoy acontecen –como la elección en Bolivia de Evo Morales y algunos procesos que se han dado en nuestro país- dejan ver procesos revolucionarios y democráticos al mismo tiempo. Pero como historiadora creo que ha prevalecido, por lo menos hasta el siglo XX, la violencia y la imposición cuando se hacen las revoluciones y es mejor que se tenga eso bien presente."
Continua Margarita: "¿Estamos ante una revolución? ¿Estuvimos en algún momento de este proceso en una revolución? ¿Marchamos hacia algún socialismo? En verdad estas preguntas son ineludibles a la altura en la que nos encontramos."
Margarita piensa "que desde el 2004, pero más claramente desde después de la reelección del Presidente de 2006, las fuerzas que se oponen a un cambio que promueva una democratización profunda en Venezuela han ganado bastante terreno dentro del chavismo." Ciertamente sigue una lucha poco estridente, pero fundamental. Esta en juego mucho más que una dinámica entre Gobierno y Oposición.
Creo que un modelo nacional-estatista en lo económico con una democracia restringida o averiada en lo político no es un fenómeno atípico en la historia de América Latina. ¿Cuántos peronismos hay en el peronismo? ¿Cuántas revoluciones hay en la revolución mexicana? ¿Cuántos sandinismos en el sandinismo? ¿cuantas desgarraduras en el Allendismo? Lamentablemente, la realidad dice que el Chavismo cesarista se impone contra el chavismo democratizante, pero esto no anula la posibilidad de que el movimiento nacional, popular y democrático esté fatalmente condenado por su Líder Histórico y su camarilla dominante. Hay un movimiento de masas que desborda nuestros cuadros mentales, dormido, apagado, en reflujo momentáneo, pero no hay que minimizar su significación. Las historias son también espacios de sorpresas…por eso deje de seguir la mirada del "convencional sociólogo"…Saludos cordiales.

RESPUESTA DE MARGARITA LOPEZ


Por Javier Biardeau R


Sobre mis declaraciones a El Universal el pasado 26 de agosto y en respuesta a los comentarios de Javier Biardeau
Margarita López Maya
Septiembre 4
Estuve fuera de Caracas la semana pasada y esta semana estuvo bastante complicada, por lo que este comentario sale un poco tarde. Pero fue ahora que leí ambos textos.
Contrariando una decisión que había tomado hace algún tiempo, di esas declaraciones a El Universal por teléfono y no recuerdo ahora, si me dijeron que era una entrevista formal, como parece haber salido, o una consulta dentro de otras varias, que fue lo que creí. No acostumbro a dar entrevistas formales por teléfono. Pero asumo la irresponsabilidad que cometí. Se por experiencia que una cosa es tener el periodista enfrente y otra oír unas preguntas por el teléfono y reaccionar. Y entre tantas cosas que tenía antes del viaje que hice la verdad pude no entender bien el carácter de la entrevista.
Identifico como mías palabras y ciertas argumentaciones en la entrevista, pero encuentro el contexto desfigurado. Como si el que lo escuchó tuviese otros parámetros de referencia. Aún así lo asumiré como está, porque cometí un descuido.
Pienso que Javier plantea algunas cuestiones que me parecen interesantes. Empezaré por los contenidos de las leyes recogidas en la Habilitante. Javier argumenta que como este es un proceso de cambios revolucionarios hay un poder constituyente en acción y que el hecho de que se haya reprobado la reforma no significa que se tenga que esperar hasta un nuevo período constitucional para pasar las propuestas que estaban en ella, siempre que ellas no contravengan la Constitución de 1999. Yo planteo allí dudas. Considero que en dos oportunidades se ha convocado y pronunciado el soberano sobre la dirección del proceso de cambios a través de referendo popular: tanto cuando se aprobó la Constitución de 1999 como cuando se reprobaron las propuestas de reformarla según los contenidos del Presidente y de la AN. Pienso que más legítimo que esos dos procesos es difícil conseguir. Por ello siento inclinación por una interpretación que sostenga que no es legítima ni legal impulsar estos contenidos rechazados en el referendo de 2007. Y sí, incluyo allí la disminución de la jornada laboral y otros contenidos progresistas que pudieran o no ser afines a la CRBV. Creo que el chavismo apostó a un tipo de transición al socialismo –y puso unas carnadas- y perdió; ahora debiera respetar las reglas y no volver a presentar la misma orientación y contenidos específicos de nuevo, ni siquiera las carnadas. La Constitución no lo permite. Pero, y no creo que sea prurito liberal, estoy abierta a un debate tanto en términos político sociales de legitimidad, como jurídicos de legalidad. Me parece que Chávez y quienes más de cerca lo siguen, siguen sin comprender bien el mensaje enviado por los venezolanos en diciembre de 2007 de que no desean que se les imponga un socialismo a juro. Pienso que los errores políticos deben asumirse so pena de tener que pagarlos aún más caros más adelante.
Cuando me referí a que las revoluciones se imponen, no era mi pretensión, ni mucho menos, hacer una reflexión teórica sobre ello. Lo hice en el marco de una pregunta que se me formuló sobre por qué Chávez o el chavismo actúan por encima de las instituciones. Yo buscaba una explicación al comportamiento tan autoritario del Presidente y ese grupo que le rodea. Y creo que no hay mucha desavenencia allí con Javier, porque me parece que algunos de los izquierdistas o seudo izquierdistas que se encuentran rodeando al Presidente, siguen metidos en la anacrónica lógica revolucionaria de cierta izquierda venezolana, y mundial, que sigue considerando la democracia política –liberal- algo despreciable por pequeño burgués. Que la democracia es sólo igualdad y justicia social y siguen pensando que hay que imponer lo que desean las mayorías, entendiendo por ello lo que ellos bien entiendan. Eso que llama Javier el jacobinismo. Yo lo llamo lógica revolucionaria de la más tradicional. Concuerdo también que a esto se agrega la lógica autoritaria de los militares, que hasta le fecha y con escasas excepciones han demostrado poco entender eso que se llama democracia “participativa”. Como Javier es sociólogo y yo historiadora pienso que respondemos inicialmente desde sitios distintos. Reconozco que teóricamente una revolución puede ser democrática; de hecho pienso que en algunos procesos que hoy acontecen –como la elección en Bolivia de Evo Morales y algunos procesos que se han dado en nuestro país- dejan ver procesos revolucionarios y democráticos al mismo tiempo. Pero como historiadora creo que ha prevalecido, por lo menos hasta el siglo XX, la violencia y la imposición cuando se hacen las revoluciones y es mejor que se tenga eso bien presente.
Eso me lleva quizás a reflexionar sobre otro aspecto que está de alguna manera implícito en este diálogo. ¿Estamos ante una revolución? ¿Estuvimos en algún momento de este proceso en una revolución? ¿Marchamos hacia algún socialismo? En verdad estas preguntas son ineludibles a la altura en la que nos encontramos. Pienso que desde el 2004, pero más claramente desde después de la reelección del Presidente de 2006, las fuerzas que se oponen a un cambio que promueva una democratización profunda en Venezuela han ganado bastante terreno dentro del chavismo. Sigue el combate y seguirá quizás por algún tiempo. Pero no me parece claro, y en esto puede ser que coincida con Javier, que esa propuesta de reforma constitucional y estas leyes de la Habilitante tengan que ver con la democracia participativa y protagónica que fue la aspiración de muchos de quienes apoyamos el proceso bolivariano como un proceso de una democracia sustantiva. Y tampoco sirven a una revolución democrática. Me inclino por pensar que el proceso está agonizando para darle paso a un proyecto nacionalista de democracia política restringida y más que socialista, estatista. Pero esta discusión sí es compleja y larga. Pienso que todavía hay bastante gente que sigue apostando a enderezar estos entuertos que cada día que pasa parecen más complicados. Como siempre, ante un vaso a medio llenar hay quien lo ve “medio vacío” y quien lo ve “medio lleno”.
ENTREVISTA ORIGINAL:
Entrevista Margarita López Maya, profesora universitaria
"La Constitución es infuncional para cambios que quiere Chávez"
"Quieren hacer pasar leyes muy medulares para la transformación del país sin que el país participe"

SARA CAROLINA DÍAZ
EL UNIVERSAL

"Las revoluciones no son democráticas sino que se imponen", es la premisa de la que se vale la profesora universitaria, especialista en ciencias sociales y estudiosa del proceso bolivariano, Margarita López Maya, para explicar la insistencia del presidente Hugo Chávez en aplicar a través de las leyes habilitantes una propuesta reforma constitucional derrotada en referendo en diciembre pasado.
La falta de consulta de esas 26 leyes, dice, quiebra el principio de democracia protagónica en la que se ha basado el proceso revolucionario en los últimos años.
-¿Qué incidencia tiene en la sociedad la promulgación de las 26 leyes habilitantes por parte del Presidente?
-Todo es muy parecido a la situación de 2001. Me parece que se hizo una escasa consulta a la sociedad en general, organizada o no organizada, y eso es muy contradictorio con la Ley de Democracia Participativa. En cuanto al contenido, aunque no he leído con detenimiento las leyes puedo decir, por ejemplo, que no debería cambiarse el nombre de la Fuerza Armada (a Bolivariana) porque es contradictorio que la Constitución diga una cosa y la ley otra cosa. Habría que ver cuántos de esos cambios estaban en la reforma rechazada. Si la Constitución tuvo 69 ar- tículos que fueron rechazados, considero que el contenido de esos artículos no debería salir a través de estas leyes.
-¿Aun cuando no contradigan a la Constitución?
-Claro. El Gobierno podría hacer pasar leyes, pero, aunque no sean contradictorias con la Constitución, algunos de esos contenidos fueron rechazados en el referendo de diciembre y por ese lado los juristas y constitucionalistas deberían analizar la legalidad de esas leyes. Eso es materia de interpretación legal por parte del TSJ. El problema es que al igual que en 2001 hay cambios muy profundos que no fueron consultados. Quieren hacer pasar leyes muy medulares para la transformación del país sin que el país participe en ellas. Eso no sólo contraviene el principio de la democracia participativa y protagónica que es lo que le da legitimidad al proyecto bolivariano.
-¿A qué cree que se debe la insistencia del Presidente en esa manera de legislar, cuando le dan el poder para ello, y de gobernar?
-Hay una situación contradictoria porque a veces el Presidente utiliza la lógica institucional y dice que haremos los cambios a través de los procedimientos democráticos, y otras veces se contraviene esa lógica y se utiliza una lógica revolucionaria y si una ley o institución no me favorece y hace peso contra lo que yo quiero hacer entonces digo eso es contrarrevolucionario y como yo soy revolucionario paso por encima de las leyes.
-Pero se supone que se está llevando a cabo una revolución democrática&
-Se pasa por encima de las leyes porque las revoluciones no son democráticas. Las revoluciones se imponen. Creo que hay un cruce de la lógica democrática con la revolucionaria. Hay una contradicción. En ciertas situaciones el Presidente y las alianzas sienten que no tienen necesidad de respetar las leyes y la Constitución. Es más, están dando muchas señales de que ellos sobrepasaron la Constitución de 1999 y no la consideran suficientemente legítima para sus propósitos de cambio social, o digamos no suficientemente funcional para sus propósitos revolucionarios.
-¿Qué tipo de socialismo se pretende construir con estas leyes? Porque todo apunta al mismo del siglo XX.
-Con las leyes se trata de imponer un socialismo a juro, un socialismo que no formaba parte de su proyecto inicial. Ahora claramente se está tratando de construir un socialismo que por no ser consultado, por no se participativo, no es democrático y se están cometiendo los mismos errores del socialismo del siglo XX.
-¿Cómo cuáles?
-Como un estatismo exagerado en la economía que ya demostró que fracasó en los países del bloque soviético, y en lo político un autoritarismo de subordinación de todos los poderes públicos al Presidente, además de un Estado muy centralizado, que también vimos que fracasó en el siglo XX y que además es autoritario.
-¿Entonces por qué se insiste en ello?
-Pareciera que (el Gobierno) no tiene suficientes ideas creativas y está muy apurado. Aquí ha habido propuestas creativas pero el apresuramiento, la lógica revolucionaria y la lógica del operativo militar, de que todo tiene que ser resuelto de hoy para mañana, no permite que las cosas maduren o se perfeccionen. Por ejemplo en el área de la economía no han tenido ideas, salvo la reforma petrolera, y lo que han dado es puro palo de ciego, 10 años en eso y terminan suponiendo que lo más fácil es copiarse las ideas de afuera y decir que aquí sí va a resultar. Esa no es una situación nueva en Venezuela porque Carlos Andrés Pérez implementó aquel capitalismo de Estado en los 70 que ya estaba fracasado. Pero como nosotros somos los chéveres se le metió el acelerador a un modelo que ya había demostrado que tenía fallas estructurales.Como somos un país petrolero las élites se montan fantasías y piensan que somos capaces de cualquier cosa. Como dice Fernando Coronil aquí cada élite que llega cree que son magos que transformarán a la sociedad de un día para otro y así seguimos estrellándonos y estrellándonos.
-¿Este apresuramiento tiene que ver con la posible salida del poder de Chávez en 2013?
-El Presidente va a querer pasar la enmienda constitucional y eso está clarito. La gente tiene que está muy consciente de que en estas elecciones de noviembre eso también esta en juego, porque si gana con un triunfo arrollador, la enmienda va el primer semestre del año que viene. Y si no es tan arrollador, también lo hará, pero lo medirá mejor.
-Parece imposible el surgimiento de otro líder en el chavismo...
-El bolivarianismo no tiene otro líder que pueda hacer las cosas que hace Chávez y eso es un círculo vicioso, porque Chávez ha demostrado capacidad de unificar movimientos y partidos con muchas tensiones y diferencias entre sí que sólo reconocen un líder que es el mismo Chávez y él mismo funciona como mediador. Y en la medida que ha ido avanzado se ha hecho cada vez más imprescindible. Hay tendencias muy débiles a crear liderazgos de relevo, y es como decía Chávez, primero se hizo imprescindible y después es una rémora para crear el liderazgo de relevo porque el mismo Presidente obstaculiza el relevo y la posibilidad de que esos problemas (de liderazgo emergente) se solucionen. Es una lógica perversa. Si se olvidara de quedarse en el poder y se dedicara a crear el liderazgo de relevo pues no habría problema. Al menos se ha hecho un esfuerzo de dirección, una dirección colectiva, pero es muy difícil porque el Presidente tiene mucha tendencia a centralizar, concentrar poder y destruir cualquier liderazgo alternativo como lo hizo también Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. Es una tendencia que se ve mucho en Venezuela.
-Para las elecciones de noviembre ese liderazgo emergente del chavismo se ve con poca autonomía...
-Es muy cauteloso, porque cualquier movida que hagan Chávez los destruye y esos que están en cuadros medios y gobiernos locales y regionales se mantienen de bajo perfil porque saben que pueden sobrevivir a Chávez, pero tienen que tener cuidado porque si llaman mucho la atención lo más seguro es que caigan.
-¿Y la oposición?
-Veo muy débil a la oposición, incapaz de crear el liderazgo alternativo. No entiendo cómo se puede seguir insistiendo con liderazgos que cometieron un golpe de Estado y participaron en un paro petrolero y ahora se presentan para las candidaturas para las regionales. Se niegan a dar paso a caras descontamidas del proceso de polarización. Esa izquierda tradicional sigue sin poder articular un liderazgo creíble para el país. En el chavismo también hay mucho ruido y mucha tensión. Es un problema de los dos polos y quizás hace falta tiempo. Aún no hemos pasado la etapa de la perplejidad.

domingo, 3 de agosto de 2008

NO HAY SOCIALISMO SIN ESTADO DEMOCRATICO

Javier Biardeau R

Uno de los temas de mayor relevancia en el seno de la multiforme izquierda consiste en clarificar los “problemas de transición al socialismo”. A la luz de las experiencias históricas de los “socialismos burocráticos”, el rigor teórico, histórico y sentido crítico es cada vez mas urgente, dadas las obvias implicaciones de política, estrategia y táctica, que llega incluso a afectar procesos constituyentes y debates constitucionales en la coyuntura.

Hemos planteado que la Revolución Rusa evidenció encrucijadas democráticas, donde el desvarío jacobino-blanquista se apoderó de la dirigencia bolchevique. Este asunto, analizado en contraste con los errores de diseño teórico-ideológico del llamado “proyecto de reforma constitucional” en Venezuela, cobra especial significación, ya que quienes incluyeron el enunciado “Estado Socialista” en el proyecto (Art. 16 y 318) parecieran no comprender el fondo y consecuencias del debate sobre las formas de gobierno y de Estado en la “transición socialista”.

El desvarío autoritario tiene que ver además con los cortocircuitos de la interpretación leninista de los textos de Marx y Engels. El hecho de haber descuidado la relevancia de estos cortocircuitos ha tenido consecuencias funestas en la cultura y la acción política de la izquierda. El marxismo-leninismo, al igual que la izquierda cesarista, se opone en muchos sentidos a Marx y se vincula al imaginario blanquista-jacobino. Para esta izquierda despótica, el valor democracia se considera una simple forma, una mascarada, un elemento retórico, que puede ser instrumentalizado sin más, rompiendo la articulación entre socialismo y democracia.

Sin embargo, no hay Socialismo factible sin la revolución democrática. Siguiendo a Laclau-Mouffe en su “Hegemonía y Estrategia Socialista”, hay que distinguir entre quienes plantean una interpretación autoritaria de la hegemonía (de lo jacobinos al estalinismo) de quienes realizan una interpretación democrática del término hegemonía (inflexión de Gramsci de conquista del una cada vez más amplio consenso en la transformación correlativa de la “sociedad civil”: de la sociedad burguesa a la sociedad socialista).

Incluso de este contraste surgen visiones que replantean el debate entre “hegemonía” o “contra-hegemonía”; y en este último caso, plantear la ruptura con la biopolítica de la separación absoluta entre gobernantes y gobernados. La democracia socialista implica superar, rebasar, ir más allá del liberalismo democrático (el socialismo a diferencia del fascismo en post-liberal, no antiliberal). Este es el error básico de la izquierda despótica, anular la democracia y las libertades para reforzar un patrón de regresión-vulneración de derechos históricos fundamentales.

Por esto, la forma de Estado de la transición al socialismo es una forma más avanzada de Estado Democrático, no su sustitución por el enunciado “Estado Socialista” de cuño marxista-leninista.

En cuestiones de formas de gobierno y Estado, lo esencial es diferenciar el predominio de la fuerza/coacción del consenso ético-cultural. Tan importante como reconocer “quién gobierna” es saber “cómo gobierna”. Lenin pretendió ejercer la voz hegemónica de la “Teoría del Estado Marxista”, cuando en realidad fue la “Teoría Bolchevique del Estado”. Para Lenin ser “marxista” era aceptar su propia interpretación de Marx.

Para Marx, el contenido de todo Estado era la dimensión de “dominación de clase” (Dictadura), pero la “forma de la dominación” es tan relevante como su contenido de clase (Estado Bonapartista, Representativo). De allí la importancia de la utopía concreta de la “extinción del Estado”, idea que el estalinismo liquidó.

Marx fue un crítico radical e implacable de la Burocracia, de Socialismo de Estado, del Bonapartismo, y consideró al movimiento proletario como “el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa” (nada de gobierno de minorías conspirativas). Para Marx y Engels, la República Democrática era la forma de gobierno y de Estado indispensable para la transición al socialismo.

Se trataba de radicalizar la democracia, no de anularla. Cuando se monopolizó la dirección y control de la “Democracia de Consejos” en la forma/partido, se liquidó la democracia socialista. Allí se instaló aquella cadena de sustituciones de masas = clase = partido = jefatura unipersonal, que terminó en la identificación del Pueblo con la voz del Jefe Supremo, matriz imaginaria y simbólica del despotismo. La democracia socialista (autogobierno+autogestión) se sustituye por la autocracia pura: la tiranía personalista de Stalin. De este modo, el culto extremo a los dogmas en la izquierda revolucionaria, llevó a aceptar lo que Adam Schaff denominó las adulteraciones interpretativas de Lenin.

Engels planteó sin ambigüedades que la República Democrática era la forma de Estado de la “dictadura del proletariado”, mientras Lenin en su texto “El Estado y la Revolución” extrajo como conclusión otra línea de acción.

Engels (Crítica del programa de Eufurt) dice: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como lo ha mostrado ya la Gran Revolución francesa.”. Lenin adultera: "Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la República democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado.”(El Estado y la Revolución; cap IV).

De un diminuto abuso interpretativo se justificó posteriormente la liquidación del Estado Democrático. Como nos recuerda Barbara Cassin (El efecto sofístico): la lógica política descansa en el orden del decir y sus efectos de poder. Frente a los ideologemas del socialismo burocrático, hay que volver a enfatizar que no hay Socialismo factible sin profundizar la forma de Estado Democrático, en una dirección que apunta al modelo democrático participativo de organización de los consejos del poder popular.

Es fundamental reconocer que los consejos del poder popular son instancias de autogobierno, no de subordinación a las visiones monolíticas verticales de las estructuras de aparato-partido, ni a las estructuras burocráticas del Estado representativo aún existente. Profundizar el Estado democrático para el nuevo socialismo implica debilitar viejas instituciones y practicas de la vieja maquinaria administrativa, sustituyéndolas por nuevas instancias y espacios de poder, donde el poder popular organizado asuma nuevas tareas de dirección política y de control de las actividades administrativas, de planificación y de presupuesto (presupuesto participativo), en función de la mejora sustantivamente de las condiciones materiales y ético-culturales de vida de las multitudes populares.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Marx-Engels (1848): El Manifiesto Comunista.
Engels (1891): Constribución a la crítica al programa socialdemócrata de Erfurt.
Lenin (1917): El Estado y la Revolución.
Laclau-Mouffe (1985): Hegemonia y Estrategia Socialista.
Schaff Adam (1983): El Comunismo en la Encrucijada.
Cassin Barbara (2008): El efecto sofístico

jueves, 1 de mayo de 2008

LA HERENCIA DEL 68: HACIA UNA NUEVA PLURALIDAD SOCIALISTA REVOLUCIONARIA

Javier Biardeau R.

Como lo ha denominado Wallerstein, Mayo de 1968 ha quedado planteado como el “gran ensayo” revolucionario que cierra el ciclo de luchas socialistas del siglo XX, como generador de ideas que se proyectan más sobre el siglo XXI que hacia el siglo XIX y XX.
Wallerstein plantea que la Revolución bolchevique de 1917 abandonó la democracia consejista y constituyó un capitalismo de Estado, consolidado durante la tiranía de Stalin, que entró poco a poco, en la lógica del sistema capitalista mundial, dando una batalla bajo una racionalidad análoga a la lógica de la dominación del capital y perdió. Así mismo, las revoluciones anticolonialistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial fueron antisistema durante la guerra de liberación pero instalados los nuevos regímenes políticos entraron en los moldes de la guerra fría, primero, y de la reestructuración capitalista global, después.
Como ha dicho Negri, los movimientos de liberación nacional no han encontrado nada mejor que el regalo envenenado del Estatismo autoritario, como también lo ha denominado Poulantzas. La vieja izquierda estalinista, socialdemócrata y tercermundista se han convertido en callejones sin salida. Por tanto hay que romper estos diques de contención de las multitudes revolucionarias.
El siglo XXI comienza en 1968. Aquella revuelta estudiantil y obrera, que conmovió al gobierno de Charles De Gaulle, que sacudió las inercias ideológicas que envolvía a la civilización capitalista durante la Guerra Fría, planteó interrogantes y problemas que todavía hoy no tienen respuestas definitivas. Lo que si ha quedado claro desde entonces, es que el mito de las dos izquierdas: la socialdemócrata-reformista y la estalinista han sido firmemente enterrado.
Ha surgido un plural campo de izquierdas revolucionarias, para nuevos espacios contra-hegemónicos de justicia, libertad y liberación. Como ha sido reconocido en la obra de Simón Weil: de luchas contra las diversas figuras de la opresión. Y este campo plural de izquierdas revolucionarias todavía hoy, combate en dos frentes: contra el capitalismo global en su momentum de “globalismo trilateral”, y contra las inercias de las viejas izquierdas: contra el callejón estalinista-autoritario y socialdemócrata-reformista.
En esto consiste el difícil parto de la pluralidad socialista revolucionaria como herencia del 68, de su horizonte teórico, programático y organizativo, su carácter de “unidad no totalitaria en la diversidad”, de “movimiento de movimientos” global y poli-céntrico, del reconocimiento de las singularidades revolucionarias. Los jóvenes, que impactados por los movimientos anti-imperialistas de liberación en el Tercer Mundo, especialmente Viet Nam (ofensiva Tet), iniciaron en Nanterre un movimiento ignorando que había desencadenado una revuelta que dejaría una huella muy honda en la sociedad contemporánea.
Sin embargo, el movimiento expresa en su desorden creador, que no hay un único centro de referencia ideológica como herencia del Mayo Francés. Este simple dato genera una discontinuidad con relación al monolitismo ideológico del campo de la vieja izquierda: situacionistas, trotskystas, maoístas, teóricos críticos como Herbert Marcuse, como Castoriadis o existencialistas como Jean Paul Sartre, las intervenciones posteriores de Foucault, Deleuze, Guattari, el clima político y contracultural de la nueva izquierda norteamericana, o el autonomismo italiano, todos estos nodos intelectuales de un nuevo imaginario crítico, plantearon cuestiones novedosas que no se encontraban en el Diamat-Hismat soviético, en ninguna ortodoxia marxista ni en los criterios reformistas de la socialdemocracia.
Impulsaron la necesidad de una nueva alianza entre las clases subalternas con la inteligencia crítica que abría un boquete de contestación en la vida universitaria, dejando de lado los "clasismos" abstractos. Se rechazó como deshumanizadora a la tecnocracia y a la racionalidad instrumental, abjurándose de las burocracias de todo tipo. Fue proclamada la libertad de amar, la liberación del cuerpo y la palabra, dejando de lado prejuicios anacrónicos, se planteo abiertamente una mutación existencial de las costumbres y de la vida cotidiana, detonó con mayor fuerza la liberación femenina, se hizo indispensable la ecología radical y la defensa del ambiente, la desalienación generalizada era precondición para una revolución anticapitalista, anti-estatista y autogestionaria, donde las palabras autonomía y democracia abandonaron sus adscripciones a las formaciones ideológicas del bloque hegemónico.
Sostiene Wallerstein que los hitos revolucionarios del siglo XX no deben medirse por la Revolución bolchevique de 1917 ni los procesos de descolonización. Por el contrario, las revoluciones alumbradoras de lo nuevo fueron la de París en 1848 (primera Comuna) y la de 1968. La del 48 significó el triunfo de la burguesía republicana consolidando la revolución de 1830 y permitió el surgimiento del "cuarto estado" (el proletariado). La de 1968 fue el prolegómeno de lo porvenir que se vivirá en el siglo XXI.