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lunes, 16 de noviembre de 2009

IMAGINARIO SOCIALISTA Y DESCOLONIZACIÓN TRANSMODERNA



Javier Biardeau R.
En momentos en que se debate el quiebre de los grandes relatos de la modernidad euro-céntrica y del globalismo neoliberal, es conveniente pasearse por una revisión radical del Imaginario socialista hegemónico, tributario de la polémica de las mayores formaciones ideológicas del sistema mundo, de acuerdo al científico social Inmanuel Wallerstein: a) el conservadurismo, b) el liberalismo, y c) el marxismo. Pero así mismo, habrá que comprender el papel de la cuarta constelación discursiva del sistema capitalista moderno-occidental: d) el colonialismo (Mignolo dixit).
Hay que ir más allá de Marx y de los doctrinarismos marxistas si se pretenden construir imaginarios críticos de justicia social, alteridad, democracia y emancipación. Cuando se habla de Socialismo-siglo XXI, ¿cual es su relación con el debate sobre la crisis de la modernidad euro-céntrica?
Las codificaciones marxistas fueron en gran medida tributarias del horizonte de comprensión europeo y moderno de las sociedades. El productivismo y el consumismo son parte del utilitarismo presente en el propio Karl Marx, y en la cuestionable creencia en el papel unilateralmente positivo de la relación entre tecno-ciencia y fuerzas productivas. Es imprescindible una desconexión selectiva de la visión laminada del progreso occidental, si se quiere plantear proyectos políticos ecológicamente viables.
Ludovico Silva llego a decirlo con extrema claridad: el capitalismo tardo-moderno también desarrolla “fuerzas destructivas” (tema afín a la reflexión crítica del industrialismo y de la racionalidad instrumental de la teoría crítica alemana) Ir más allá de la modernidad euro-céntrica, implica dejar atrás las escatologías marxista-leninistas y sus gramáticas político-culturales (lo que significó realmente la fórmula “soviets más electrificación”, fue el “régimen de partido único” más la “destrucción ambiental”).
No hay nuevo socialismo desde el neo-desarrollismo, pues la catástrofe ecológica está directamente vinculada a esta visión hegemónica. Criticar los riesgos del industrialismo o la explotación intensiva de materias primas, no implica evocar pasados idílicos, sino desmontar la falacia desarrollista; es decir, que más bienes y servicios no equivalen a una mejor calidad de vida, a la buena-vida.
Así mismo, los debates sobre eco-política y sobre la modernidad/colonialidad, permiten complejizar la polémica acerca de la modernidad/posmodernidad. El asunto queda re-significado, pues las teorías críticas de la liberación (diversidad de nodos teóricos críticos) no podrían ser simplemente anti-modernas, buscando la restauración del pasado pre-hispánico y pre-industrial. Tampoco podrán adoptar acríticamente la propuesta de consumación del proyecto de la Modernidad (Habermas, Giddens y demás modernizadores), porque presupondría la adopción del modelo de desarrollo de los países de capitalismo tardo-moderno; es decir, el desarrollismo más el euro-centrismo. En tercer lugar, no podría adoptar las actitudes nihilistas, escépticas y relativistas de la postmodernidad, de la sociedad del hiper-consumo y sus simulacros mediáticos, en un contexto histórico caracterizado por el hambre, exclusión y miseria.
No hay opciones dentro del callejón modernidad/posmodernidad en clave euro-céntrica. La proyección de la transmodernidad abriría el espacio para articular lo excluido, reivindicar lo oprimido, revelar y reconocer al Otro, pensar la alteridad que realice las potencialidades ocultas, negadas y reprimidas en la Modernidad occidental, a fin de liberar la vida de la humanidad como comunidad política planetaria.
El planteo de la transmodernidad se inscribiría en una ana-dialéctica (Dussel) o en nuevas hermeneúticas (Boaventura dos Santos , Mignolo) de estos espacios, como superación y síntesis, desacoplándose de la matriz epistémica de la racionalidad moderna-colonial. Por tanto, superar el imaginario socialista euro-céntrico implica reconocer que la colonialidad es constitutiva de la modernidad occidental, que conservadurismo, liberalismo, marxismo y colonialismo son parte del problema y no de la solución.
Implica entonces descolonizar el pensamiento crítico socialista. Para superar el racismo, el sexismo, el clasismo y el etnocentrismo. Para además comprender que sin eco-política cualquier socialismo será un nuevo desarrollismo.

sábado, 29 de marzo de 2008

ENFOQUES CONTRAHEGEMONICOS Y ECOPOLITICA RADICAL

Alzar la bandera de la ecopolitica radical
Javier Biardeau R.
La modernidad/colonialidad es nuestro horizonte regulado del pensamiento, pretensión de fundamento de la racionalidad hegemónica planetaria. Desde allí racionalizamos términos, palabras maestras que domestican el espacio subjetivo y las relaciones sociales. Discursos de las ciencias, de las moralidades, de las artes, de las doxas; en todas estas esferas, la modernidad/colonialidad se hace presente. Sin embargo, los hechos socioeconómicos y ambientales, no solo sus interpretaciones, indican que catástrofe es el futuro asegurado, no del ciclo de la vida, sino del modelo civilizatorio dominante. Ya con cifras no actualizadas, el 20 % mas rico del planeta consume-destruye el 82,7 % de los bienes (incomes) del planeta, mientras el 20 más pobre consume solo 1,4 % de dichos bienes (PNUD, 1992). El problema numero 1 de la política mundial es la cuestión de las relaciones entre Norte y Sur, dadas las conexiones entre crisis socioeconómica y crisis ecológica. Desigualdad, polarización, exclusión y crisis ecológica son nudos de una misma trama. Aquí, es inevitable referirse a las tres ecologías de Guattari. La ecología no es asunto exclusivo de ambiente, flores y de especies en extinción. No es tema simple de hippies, comeflores o neo-místicos panteistas. La ecología es asunto de política, poder, hegemonía y dominación, de relaciones sociales y de subjetividad, es asunto del cuadrante antroposocial, del mithos, logos, pathos y ethos, es asunto de una macro-ética tanto como de una macro-micro-política. Lo que está en juego es el territorio existencial de la “vida digna”. Ya el capitalismo hegemónico nos había maltratado la dignidad; ahora pretende liquidar la vida a las generaciones futuras, y tal vez de la nuestra. No son solo “aquellas” especies, no es solo “aquella” biodiversidad, no solo son “aquellos” lejanos mundos de la naturaleza, “aquellos” paisajes naturales, presentados como imágenes y representaciones lejanas, mediatizadas en nuestra textura de experiencia. Uno pudiera decir, que la presentación de imágenes de la naturaleza viva en la subcultura mediática, es inversamente proporcional a su destrucción en la existencia real y efectiva. Para sensibilizar de la crisis que se nos avecina, ¿será necesario confinar temporalmente, a modo de experimento micro-fascista, a nuestras elites económicas, políticas y culturales, en túneles de aire contaminado, darles de beber agua envenenada, llenarles sus carritos de supermercado con alimentos trans-génicos o cancerigenos industrializados? Con la ecología no estamos ante simples interpretaciones postmodernas. Es el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que comemos, que no son poca “cosa”. La crisis ecológica no es una “crisis que nunca existió”, ni un simulacro, no es un invento mass-mediático, no es una moda hermeneutica o deconstruccionista, es un revelador de nuestro distanciamiento con la materialidad de la vida, en sus aspectos mas simples, es la llave maestra del existir o del no existir. Estamos ante una civilización que se jacta de orgullo con los índices de la “esperanza de vida”, pero que no calcula aún su “probabilidad de exterminio” auto-inducido. No se trata de realizar simples ajustes, pequeñas reformas incrementales, adoptar dispositivos de industrialización sostenible, de capitalismo eco-sostenible. Hay que afrontar el marco más amplio de la crisis de la modernidad, del progreso ilustrado, de la modernización capitalista, de la falacia desarrollista. Allí toma lugar la eco-política radical. Campo contra-hegemónico en la medida en que impugna la racionalidad dominante. No es posible seguir adelante con nuestros modelos-estilos de crecimiento económico, que simplemente destruyen la posibilidad de la vida misma en el planeta. No son posibles simples “soluciones técnicas”, “programas de optimización, cálculo y control de riesgos”. Hay una crisis de fundamentos epistémicos, axiológicos de los conocimientos científicos, de las representaciones e imaginarios calificados como doxas del desarrollo, de la modernización y del progreso. No se trata de inspectores ambientales y nuevas tecnologías. Es falso que exista “desarrollo sostenible”. Lo que existe es inútil intento de postergación de la catástrofe. Ha muerto la política, que viva la eco-política radical.

domingo, 23 de marzo de 2008

ECOPOLITICA Y NUEVO SOCIALISMO



Javier Biardeau R.

«Así como existe una ecología de las malas hierbas, existe una ecología de las malas ideas»(Gregory Bateson)


Nada mejor para descentrar la política que gira sobre el amor-odio al personalismo político, y sus connotaciones totémicas, que reconocer que sin la R de renovación radical del pensamiento-praxis socialista, no habrá ni revisión, ni rectificación ni reimpulso revolucionario. En efecto, planteamos la relevancia de la “ecopolítica socialista”, pensada no como ecologismo convencional, sino a partir de los aportes de Felix Guattari, quién nos habla de tres registros ecológicos: medio ambiente, relaciones sociales y subjetividad. El nuevo socialismo tiene que dar cuenta de la transformación cualitativa de estos registros ecológicos y de sus relaciones. Desde los enfoques contra-hegemónicos (diversidad de pensamientos críticos anticapitalistas) cualquier renovación radical del socialismo es un cambio del modo de ser-hacer-en-grupo. Sólo mediante mutaciones existenciales (cambiar la vida) cuyo objeto es la esencia de la subjetividad, podrá reinventarse la relación del sujeto con el cuerpo, la finitud de la vida, la superación de las relaciones de opresión, los misterios de la vida y de la muerte. Sería indispensable seguir de cerca los planteamientos del Manifiesto Eco-socialista (Joel Kovel-Michael Löwy; 2001), para comprender las transformaciones del imaginario social radical a partir de la ecopolítica. Como ha planteado Gramsci, vivimos en un tiempo cuyo viejo orden está muriendo (arrastrando a la civilización consigo) mientras el orden nuevo no parece aun capaz de nacer. Pero al menos puede anunciarse. La sombra más profunda que se cierne sobre nosotros es el fatalismo que naturaliza como actitud lo defendido por Margaret Thatcher, su famosa TINA, no hay alternativa posible al orden mundial capitalista. Frente a este fatalismo, la potencia constituyente que en Venezuela se mueve en diferentes espacios, ha planteado que otra sociedad es posible, que otro mundo es posible. Las expectativas positivas sobre la iniciativa de reforma constitucional abrían una ventana a los mundos posibles. Las desilusiones frente a los contenidos concretos de la misma, son un registro del estado del arte del imaginario socialista en Venezuela. En la reforma constitucional, poco o nada de planteamientos sobre eco-política socialista. Sencillamente, la problemática no existe. Más bien, pueden rastrearse otras fuentes de inspiración. El cesarismo populista mezclado con el viejo socialismo burocrático. Algunas excepcionalidades esperanzadoras, pero desdibujadas frente a estos núcleos de sentido. Esta situación prende todas las alarmas en las fuerzas socialistas democráticas (sin democracia sustantiva no habrá socialismo). Los contenidos de la reforma traducen las debilidades ético-culturales y epistémicas del “imaginario revolucionario” que pretende otorgarle sentido al movimiento nacional-popular. En esta encrucijada, no es casual que la pragmática del poder sea apropiada por la derecha endógena, por cuadros políticos, en alianza con los burócratas socializados en la vieja cultura de aparato estalinista. Pocos espacios en el gabinete para sujetos de innovación socialista. El análisis de la composición ideológica-política y las primeras declaraciones del nuevo gabinete apuntan a un viraje hacia la “eficiencia” y la pragmática de los resultados. Luego de la inflación retórica del viejo socialismo burocrático, y de la apuesta dura por lealtades ciegas e incondicionales hacia el Líder, se anuncia la decisión de ralentizar el paso hacia el Socialismo (bajo la falacia de que el modelo está claro y debatido), para gestionar urgencias detectadas a través de sondeos de opinión. Síntomas de sobre-vivencia política, pero no de revolución democrática y socialista. El socialismo burocrático y la pragmática de la eficiencia coyuntural, sin calidad revolucionaria, son opciones igualmente malas. La reforma fracasa no solo por ineficiencia de la acción de gobierno, sino porque no ofreció alternativa viable para profundizar la democracia participativa como institucionalidad del nuevo socialismo, porque no hacia efectiva la justicia social y la calidad de vida (sin retardos y sin excusas), porque no transformaba, democratizando, la pesada e inútil estructura burocrática del Estado ni la economía rentista; y porque el poder popular sigue sin ser el verdadero motor-protagonista de los cambios, incluida la nueva geometría territorial. Ahora la agenda es defensiva, parece ser conservar espacios de poder, sin ofrecer nada que supere el actual cuadro de relaciones capitalistas dominantes. Mientras tanto, el capitalismo vive su mejor tajada (la acumulación de capital, la corrupción, la explotación, la coerción, la manipulación ideológica y diversas discriminaciones siguen más vivas que nunca). No basta citar a Maneiro. Eficacia y eficiencia si, pero reflexionando si es un simple asunto técnico-instrumental. La ecopolítica enseña que los óptimos técnicos pueden ser desastres para los tres registros: para el medio ambiente si lo que importa es la velocidad del crecimiento y el consumismo, para las relaciones sociales, si se refuerza la explotación, la coerción y la manipulación ideológica; para la subjetividad, si se normaliza la sumisión psicológica. Frente a esta patética proyección, no queda mas que cuestionar radicalmente el pragmatismo, y sobre todo, si huele a derecha.

POR UNA ECOLOGIA POLITICA RADICAL


Rigoberto Lanz