lunes, 27 de octubre de 2008

NECEDADES TEÓRICAS CAPITALISTAS: CETERIS PÁRIBUS Y COLAPSO DEL NEOLIBERALISMO

Javier Biardeau R.

«Os concederé» —dice el capitalista— «el honor de servirme, a condición de que me indemnicéis, entregándome lo poco que os queda, el sacrificio que hago al mandar sobre vosotros» [J. J. Rousseau. Discours sur l'Économie Politique («Discursos sobre la Economía política»)].

«Siempre que la ley intenta zanjar las diferencias existentes entre los patronos (masters) y sus obreros, lo hace siguiendo los consejos de los patronos», A. Smith («Investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones»).

“Hizo falta mucho tiempo para saber lo que era la explotación. Y el deseo ha sido y es todavía un largo asunto. Es posible que ahora las luchas que se están llevando a cabo, y además estas teorías locales, regionales, discontinuas que se están elaborando en estas luchas y que hacen cuerpo con ellas, es posible que esto sea el comienzo de un descubrimiento de la manera en que el poder se ejerce.”(Foucault; Los intelectuales y el poder).

Estimado Emeterio, cuando afirmamos que es de poder y no de la escolástica “teoría laboral de valor” que hay que hablar, enfatizamos cómo Marx trastoca las ilusorias separaciones entre categorías económicas, políticas, jurídicas e ideológicas, todas ellas históricas.
El “modelo analítico” del texto no concluido “El Capital”, ha dado lugar a toda una dogmática marxista y antimarxista (“Encantamiento del método”, según Negri), que en manos de los economistas vulgares ha sufrido la peor de las mistificaciones: asumir el fetichismo de las categorías burguesas como naturales (La ausencia de conflicto social entre subjetividades-Holloway).
Criticar a Marx desde la teoría subjetiva de la utilidad marginal implica, de entrada, distorsionarlo, no comprenderlo, es confundir peras con piedras (¿Inconmensurabilidad de paradigmas?). Para esto es mejor leer a Hilferding.
Marx plantea: “Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía; la plusvalía, la producción capitalista, y ésta, la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación «originaria» anterior a la acumulación capitalista («previous accumulation», la denomina Adam Smith), una acumulación que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino punto de partida de él” (El Capital- La acumulación originaria).
Si usted entra en un círculo vicioso, acuda a la historia, a la dinámica de los conflictos sociales en su devenir. Ésta le dirá que para explicar la estructura-en-proceso, se requiere analizar las condiciones políticas, jurídicas e ideológicas históricamente específicas, que son condición de posibilidad para comprender las categorías económicas. Se trata de una totalidad histórica en proceso, no de compartimientos estancos y cláusulas “Ceteris Páribus”.
Es el metabolismo social el que permite comprender y explicar la teoría del valor/trabajo, y no a la inversa. No comprenderemos que significa explotación, que significa plus-trabajo, sin comprender como se ejerce el poder, por qué conexiones y hasta que instancias ínfimas con frecuencia, de jerarquía, de control, de vigilancia, de prohibiciones, de sujeciones, se ejerce. Para que las relaciones sociales entre seres humanos aparezcan como relaciones entre cosas, hay que comprender como el poder de mando sedimentó un tipo específico de fetichismo.
Las categorías de la “Teoría Económica” se ajustan a este tipo de fetichismo, reproduciéndolo en el plano teórico. La subsunción del trabajo al Capital implica una historia de control-mando de una parte de la población por otra (¿Lucha de clases?). No es que el valor/trabajo explique la lucha de clases, es que la lucha de clases explica los parámetros en los que transcurre el proceso capitalista de explotación, de relación entre salarios, precios y ganancias (de allí que Marx no hable en ningún lugar de “inevitabilidad de la lucha de clases”, sino de su abolición en un modo superior de cooperación social).
Sin analizar “la Acumulación originaria del Capital” no es posible la comprensión del modo de razonamiento económico y de la racionalidad económica capitalista (La lógica de la acumulación por la acumulación misma).
Marx planteó con sencillez la mitología de la teoría económica vulgar: “En tiempos muy remotos —se nos dice—, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original teológico nos dice cómo el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su rostro; pero la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pellejo. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar".
Marx fue más allá de sus interpretes vulgares: “No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la creación constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo y, por ello, el salario a tono con las necesidades de crecimiento del capital, y la presión sorda de las condiciones económicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todavía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconómica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las «leyes naturales de la producción», es decir, puesto en dependencia del capital, dependencia que las propias condiciones de producción engendran, garantizan y perpetúan.”
No es posible comprender "El Capital" como un texto económico, pués es un texto de impugnación política, por eso se denomina "Crítica a la economía política"...a las necedades teóricas capitalistas.
¿Comprende, Monsieur?.

NUEVO SOCIALISMO: DESDE ABAJO Y PARA LA EMANCIPACIÓN


Javier Biardeau R.

Ni el viejo socialismo despótico y burocrático del siglo XX, ni el desmantelado Welfare liberal-socialdemócrata alientan ningún entusiasmo ni esperanza de transformación. La doble crisis de la socialdemocracia reformista y del marxismo-leninismo, abre un extraordinario espacio para la reinvención de modelos de socialismo, radicalmente democráticos, participativos, desde abajo, con arraigos culturales y particularidades nacionales.
El llamado “Socialismo Bolivariano”, presente en el primer plan socialista, podría ser un esbozo de los primeros perfiles que se anuncian, superando por cierto, sus propensiones cesaristas y el estatismo-clientelar, que se acerca mucho más a una economía política del populismo, que a una elevación de la productividad y de la igualdad de capacidades, asociadas a una auténtica revolución democrática y socialista.
Por eso, es muy significativo que se enfatice que el “socialismo no cae del cielo” (Lebowitz), que depende de una construcción colectiva desde un proyecto histórico de emancipación. Gran parte del legado de la izquierda histórica ha sido extremadamente miope con el legado libertario, con los valores de la emancipación, anclándose en una gramática moderna del progresismo liberal.
Como ha dicho Alan Badiou la política de la emancipación debe ser completamente repensada, reinventada, mucho más allá de la libertad como no interferencia. Se trata de la posibilidad de socialismos profundamente libertarios, no liberales. ¿A partir de qué acontecimientos?
En primer lugar, de un balance de inventario sumamente riguroso y crítico del Socialismo Burocrático, en todas sus formas. En segundo lugar, del nuevo ciclo de luchas de los movimientos sociales, populares y nacionales que se inician desde 1968, vinculándolas a grandes y pequeñas experiencias políticas que se refieren a problemas particulares: desde revoluciones moleculares a transformaciones molares, reconociendo la turbulencia de movimientos que han echado por tierra la centralidad del partido-aparato, reclamando una plataforma de articulación de movimientos y fuerzas emergentes. Una tercera fuente son los grandes esfuerzos de rupturas en el pensamiento filosófico, teórico y político, que comenzó desde la década de los 60 del siglo pasado, presentando textos significativos para repensar el legado del imaginario socialista a partir de nuevas claves gnoseológicas y ético-políticas.
Existe toda una red poli-centrada de pensamiento crítico que muestra una variedad de perfiles, pero que apunta a saldar cuentas con el magma epistémico de la Modernidad Occidental, con la intrusión positivista de la falaz tesis del “socialismo científico”. La crisis de la geo-cultura hegemónica, del reformismo progresivo, del horizonte liberal de progreso, eclosionó a finales de los años 60, y su colapso se ha pretendido detener con una contraofensiva neoliberal que muestra su agotamiento definitivo.
El turbo-capitalismo financiero muestra su brutal des-anclaje de las aspiraciones de vida digna de una inmensa mayoría del planeta. Re-aparece una sensibilidad anticapitalista contra las formas financieras mundializadas, aunque ahora es esencial la capacidad de una nueva política que se exprese de manera afirmativa. Lo sustantivo es qué idea de la libertad igualitaria de grupos, comunidades y personas, logre afirmar esta política, qué ideas acerca del nuevo pensamiento social, de los modos de organización, de construcción de las relaciones sociales, en el marco de una revalorización de la diversidad de pensamientos en la unidad de la acción colectiva.
Emergen formas inéditas de subjetivación colectiva, de singularidades revolucionarias, que transforman el espacio público. Por suerte, ya no hay una figura única de la política de emancipación en cuyo centro encontraremos un hiper-Estado, como la “patria del socialismo”, con una III Internacional castradora de la diversidad.
Las políticas de la emancipación serán múltiples, rizomáticas. La vieja izquierda todavía vive un proceso de desgarramiento del “progresismo moderno”, pues la emancipación no es una política de modernización productivista, de ampliación desbordada de niveles de consumo, ni de industrialización anti-ecológica. Se trata de una eco-antro-política igualitaria, que gira alrededor de modelos provisorios de “desarrollo humano sustentable”.
Una nueva articulación de emancipación, justicia, democracia, eco-política e interculturalidad. Ya no hay espacio para una opción reformista, llamada al poder para resolver, dentro del orden capitalista establecido, problemas propios del sistema-mundo que el conservadurismo no lograba resolver, por falta de apoyo popular. Ha llegado el espacio para los nuevos socialismos, pues atrás quedaron tanto los despotismos del Bonapartismo/Partido-Único/Estatismo-Autoritario, como los naufragios ideológico de una tímida socialdemocracia, que pretendió gestionar el capitalismo industrial, con reformas simplemente asistenciales.
El Capitalismo mundial integrado, la globalización neoliberal, comienza a fracturarse desde dentro.

martes, 14 de octubre de 2008

¡EMETERIO, EMETERIO!: LA BANCARROTA NEOLIBERAL

Javier Biardeau R.
Pido disculpas a Emeterio Gómez por haberlo defraudado con mi respuesta, espero no tanto como el fraude del mercado de bonos-basura y los espejismos neoliberales de la “turbulencia financiera mundial”. Lamento no haber caído en la tentación de defender una visión escolástica de Marx: la “teoría laboral del valor” y la economía de los “tiempos de trabajo”. Hubiese sido preferible que EG se apuntara en los foros de quienes plantean la “economía política del Socialismo del siglo XXI” (Dieterich, Paul Cockshott, Allin Cottrell y Klaus Bartsch entre otros). Sería ridículo que en un pequeño espacio periodístico dijéramos algo distinto a reconoce que hay un intenso debate entre aquellas corrientes económicas que hacen énfasis en el plano de la satisfacción de necesidades (consumidor), en el plano de la oferta y la demanda (intercambio), en el plano de la adición de costos (productor) y finalmente, los que van más allá de la economía convencional, e introducen el planos de los conflictos por el reparto distributivo, el desequilibrio intrínseco de la sociedad capitalista con los arreglos institucionales que tratan de enmarcar el “proceso económico”. Los marxismos, con todos sus pelajes, siempre han hecho énfasis en este último aspecto del proceso económico (antagonismo entre fuerzas sociales), colocando el conflicto de poder entre trabajo asalariado (empleo, sueldos y salarios), por una parte, y capital (productividad, costos-beneficios); como elemento de dinámica y desequilibrio del sistema económico. Pero no exageremos Emeterio. La polémica aun no comienza. Solo estamos preparando el terreno, las condiciones, el clima. No olvidemos que en principio la agenda no se impone, sino que se construye. No hay dos “frentes”, hay múltiples “frentes”. No se trata necesariamente de las metáforas de la “guerra fría cultural”, esto puede empobrecer la polémica. Si se trata de “trincheras” y de “guerra de posiciones”, tal vez sería mejor ni siquiera comenzar. El asunto sería de “poder de fuego”. En ese contexto, las ideas con mayúscula, el debate de IDEAS, sobra. Veamos si es posible el diálogo polémico de ideas, premisas y presupuestos (agonística entre lógicas de significaciones), no de una “guerra de religiones”. Así que estimado, no hay que fajarse con “El Capital”, hay que fajarse con la totalidad de la obra abierta e inconclusa de Marx, someterla a revisiones, rectificaciones y refutaciones. La finalidad de todo esto es distinta para los diversos “frentes”. La de EG es justificar la vigencia de los inmaculados fundamentos epistémicos de la ideología liberal, incluso en el terreno de la moral y de la disciplina económica, como “ciencia social”. La de otros, entre los que me incluyo, se trata de recuperar lo recuperable de la obra inconclusa de Marx en la construcción de una praxis de renovación socialista para el siglo XXI, pues no hay modelos acabados. Aclaradas los fines prácticos, se trata de una agonística de ideas. No se trata de solo dos puntos de vista (El marxista y el liberal-económico), hay más de dos puntos de vista, hay una pluralidad de marxismos, socialismos y de liberalismos, hay múltiples conflictos y antagonismos que se sobre-determinan. La condición posmoderna acabó con la retórica de los maniqueísmos, le duela a la izquierda clásica, o la derecha neoliberal. Que EG plantee que “no basta con decir que esta obra es una "crítica radical a la economía burguesa” no extraña. Decimos que no solo es esa obra en particular, sino el modo de producción del conocimiento en la obra de Marx, la que constituye una radical impugnación del modo dominante de establecer las relaciones entre ideología y conocimiento en las “ciencias sociales”, fundando la posibilidad de una subjetividad social antagonista al orden del Capital. Marx despeja las funciones de naturalización y enmascaramiento ideológico de los supuestos convencionales de la economía liberal cuando esta introduce de contrabando ideológico (en sus pretensiones de fundar una “ciencia nomológico-deductiva”), los valores morales y la hegemonía ético-cultural del capitalismo y su adscripción al magma de significaciones de la Modernidad. No por casualidad señalaba Karl Korsch, que el marxismo no puede calificarse de “ciencia”, ni siquiera en el sentido burgués más amplio de la palabra ciencia. Esa ciencia moderna, su epistemología cartesiana y su moral individualista, está en bancarrota, tanto como Wall Strett. Por tanto, cuando EG plantea que “hay que afrontar su profunda inconsistencia: esa tesis absurda según la cual el trabajo es la fuente exclusiva del valor de las mercancías”, lo que haces es proyectar a primer plano un “criterio de consistencia” que de entrada es sospechoso. Por mi parte, lo que he justificado es el “socialismo desde abajo”, y no una lectura “estructuralista” de “Das Kapital”, y enfatizo, obra no concluida, precaria, que ni siquiera fue terminada para la imprenta. Hay que superar las in-conclusiones de “El Capital”. Este es un dato brutal de la realidad. Hay que superar las in-conclusiones de Marx. Este es un dato brutal de la historia. Ha sido Negri, entre muchos otros marxistas, quien más ha insistido en señalar que la preponderancia en un abordaje sujeto-objeto, “cientificista” de “El Capital”, en el cual se ha relegado el antagonismo entre los sujetos de clase. Mientras el cientificismo corre detrás de los espejismos de las ecuaciones matemáticas de las transformaciones de los valores en precios, hay que detenerse en los antagonismos sociales y políticos. No hay ciencia social que soporte estos desequilibrios en los modelos, a menos que hagan como Pinochet: disciplinar los comportamientos de productores y consumidores, de capitalistas y trabajadores, a punta de Doctrina de Seguridad Nacional. Negri plantea analizar los Grundrisse, para salir de la lectura “lógico-cientificista” y del “encantamiento del “método” de quienes han convertido la lectura del tomo I del Capital en una suerte de santo y seña para desentrañar el jeroglífico oculto de Marx (me imagino que EG recuerda sus seminarios en este sentido). Para decirlo con palabras llanas, el intercambio entre Capital y Trabajo no es un intercambio mercantil (como diría Baudrillard, basado en la lógica de la equivalencia económica dominante) sino atravesado por el antagonismo. Este pequeño detalle da cuenta de la inexistencia del “mercado de trabajo”. El trabajo vivo no es una mercancía. Este giro pone de cabeza a la economía capitalista y a sus “economistas”. Polanyi desentraño la “gran transformación”, indicando como las instituciones políticas, la “sociedad política” y la “economía moral”, jugaron su papel en la naturalización del cuadro estratégico de las relaciones de poder capitalistas. Pues es de poder, y no de valor/trabajo que hay que hablar.

sábado, 11 de octubre de 2008

EL COLONIALISMO EURONORTEAMERICANO TIENE UNA DEUDA CON LOS PUEBLOS DEL MUNDO

Pachamama

Javier Biardeau R.

Basta leer la “Declaración de los hijos de la Tierra” del 13 de Mayo 2008 para reimpulsar el debate sobre la descolonización y la decolonialidad del poder, el saber y los conocimientos. De este proceso de descolonización de los horizontes mentales no queda exento el pensamiento socialista, sobre todo el impulsado por las variantes burocrático-despóticas del marxismo, quién ha sido cómplice de la negación cultural y del silenciamiento de la inter-culturalidad. El Socialismo indoamericano de Mariategui se enfrentó al terrible dilema de considerar la explotación económica o la negación-discriminación étnico-racial, y su salida fue romper la disyunción, construyendo y de-construyendo a la vez el imaginario occidentalista del marxismo europeo, camino que quedo inconcluso. Sin embargo, reconoció que la comunalidad es la base moral de nuestro socialismo, y que los pueblos originarios enseñan a través de sus cosmovisiones formas de relación social y de vida espiritual que superan en múltiples aspectos a las tradiciones colonial-modernas que los criollos asumieron como cultura hegemónica.

Ciertamente en el siglo XV las grandes civilizaciones del Tawantinsuyo, Mayas, Mapuches y otras del Abya Yala, fueron cortadas y dislocadas violentamente en sus modalidades de desarrollo histórico autónomo, por los ejércitos feudales de Castilla, imponiendo el genocidio, etnocidio, fanatismo católico y destrucción de la madre tierra a través de la colonización y evangelización forzada. Esta verdad histórica, por supuesto, no es la verdad de los colonizadores, sino que emerge del proceso de decolonialidad del saber. La destrucción ambiental, social, cultural y hasta espiritual, sigue pendiente para los pueblos originarios, y no ha sido reparada. Es clave reconocer que no ha existido “justicia intercultural”, pues se mantienen los prejuicios coloniales y el racismo en las relaciones Norte/Sur. No hay nada que celebrar el llamado 12 de Octubre, y si mucho que rememorar en las historias no oficiales. Hay demasiado que autodescubrir en lo que bajo eufemismos llamamos “encuentro”. La resistencia e insurgencia contra-hegemónica de los pueblos y culturas negadas es parte de una de-construcción del imaginario occidentalista del Socialismo, con sus prejuicios productivistas, su evolucionismo, su racionalidad burocrático-instrumental y su liquidación de las identidades ético-raciales, en su aproximación a las complejas clasificaciones sociales de la heterogeneidad estructural, social y cultural de nuestros territorios. La superposición de sistemas heterogéneos de dominación, desigualdad y exclusión social marcan las luchas de los pueblos originarios de Abya-Yala.


Seis siglos después, la actitud colonial y endo-colonial no ha terminado. La declaración de los hijos de la tierra denuncia que “aún la herida de los Pueblos Arawak sometidos como Colonia en la Guyana Francesa, y a través de las negociaciones del AA UE – CAN se pretende volver a reforzar esas viejas cadenas, bajo el comando de las Corporaciones Transnacionales y sus intereses de profundizar su enriquecimiento a través de sus negocios en la minería, petróleo, madereras, agro-combustibles, turismo, pesca, bioprospección y hasta de los servicios públicos y financieros.” También afirma que la “modernidad capitalista” nos ha llevado como humanidad diversa al límite. La dictadura global de las transnacionales (privadas o estatales) avalada por sus estados centrales, ha impuesto la mercantilización de toda forma de vida y el consumismo desenfrenado y sus adicciones energéticas, tanto de hidrocarburos y ahora de agro-combustibles, que producen en forma combinada, el calentamiento global y ahora la hambruna. Asistimos a una crisis civilizatoria, no simplemente a la “turbulencia financiera” de Wall Strett, y falta muy poco para llegar a los fatídicos dos grados centígrados de calentamiento global donde el suicidio planetario y humano será indetenible. Estamos ante el fracasó de la razón occidental/imperial/colonial de “explotación de la naturaleza” y el mundo necesita aprender que los humanos somos hijos de la tierra, que ella nos cría y nosotros a ella. Sin una etno-eco-antro-política, la humanidad diversa puede perecer. La crisis en la naturaleza va de la mano con la crisis del Estado mono-cultural y uni-nacional, impuesto como modelo para la humanidad, por la misma soberbia eurocéntrica. Las Constituciones políticas de los Estados se han hecho en términos generales sin participación ni protagonismo de los pueblos indígenas originarios ni afro-descendientes. Este orden hegemónico desconoce y se impone a la diversidad de pueblos, culturas, ecosistemas, saberes y espiritualidades del Abya Yala. Es la hora de nuevas alternativas : Estados Pluri Nacionales, pluri-culturales y modelos de Buen-Vivir/ Mejor-Vivir, para incorporar y proteger la inmensa diversidad natural, social y cultural en que habitamos. Sin embargo, para esto, es imprescindible no solo des-dogmatizar el pensamiento crítico “latinoamericano” sino descolonizarlo.

Pues desde el 12 de Octubre, el sistema de Saber y conocimientos traduce el sistema de poder no solo político sino cultural. Es tiempo de imaginar nuevos tiempos, para romper con la huella colonial.

LIBERAR A MARX DEL MARXISMO BUROCRATICO DESPOTICO I

Javier Biardeau R.

Hemos planteado que Ludovico Silva acertó cuando distinguió entre marxistas, marxologos y marxianos. Marxistas hay de distintos pelajes: ortodoxos, heterodoxos, abiertos, críticos, revolucionarios, dogmáticos y sobre todo, de aparato y burocráticos. A estos últimos, los he denominado burocrático-despóticos, ya que el término marxista-leninista, de extracción estalinista no es suficientemente comprehensivo. El marxismo-leninismo es solo una de las variantes más extendidas del marxismo burocrático-despótico, producto de la política estalinista, pero no agota el campo del imaginario despótico en el marxismo.

De allí que sea fundamental comprender la diferencias entre el pensamiento marxiano, el marxismo crítico y el marxismo burocrático-despótico; este ultimo consustanciado con una política de liquidación de las libertades políticas, sociales y culturales, con la anulación del proyecto de conjunción entre la ampliación de los espacios de libertad y la liberación social, en un proyecto de justicia sustantiva e igualdad compleja.

Considero que el futuro del marxismo y del pensamiento crítico socialista se anuda a una recuperación de Marx, a partir de una mínima fidelidad hermeneutica, frente a las deformaciones del llamado marxismo-leninismo, de cualquier marxismo de aparato y de los manuales empobrecedores. En Venezuela, personajes como Garcia Bacca, Federico Riu, Ludovico Silva, Rigoberto Lanz, Hugo Calello y Nuñes Tenorio aportaron mucho más al “marxismo crítico”, que los pesados manuales de la Academia de Ciencias de la extinta URSS.

Nuestra dependencia y colonialismo intelectual no solo se hizo desde el euro-centrismo o la industria cultural de los EE.UU, sino además desde los focos de divulgación intelectual del Socialismo Realmente Inexistente. Esta situación generó verdaderos engendros conceptuales con devastadoras consecuencias políticas. Por ejemplo, la repetición a-critica de términos como “base y superestructura” (solo basta leer el “Estilo literario de Marx” de Ludovico Silva, o la carta de Engels a Bloch para inmunizarse de tanto desparpajo teórico), de “leyes objetivas del desarrollo social”, el “Estado Socialista” y de “socialismo-comunismo” como etapas, muestran algunas de las distorsiones mas frecuentes del pensamiento de Marx.

Y es hoy, en plena actualidad de los debates sobre las transiciones al Socialismo, donde es cada vez más urgente despejar estas falsificaciones y errores. Todavía hay quienes analizan el Manifiesto Comunista de 1848 y la Crítica del Programa de Gotha de 1875 y siguen afirmando la falsa tesis de que “en estos textos de Marx se distinguen claramente las dos etapas: socialismo y comunismo”.

Pues no, Marx no distingue el socialismo y el comunismo como etapas históricas en ninguno de sus trabajos, y esto es parte de la mitología del marxismo burocrático-despótico. No es que primero viene el socialismo y después el comunismo, es que el proyecto socialista revolucionario es la utopía concreta, la superación de la “sociedad burguesa moderna”.

Ludovico lo enfatizó en más de una oportunidad, hasta el punto de escribir “Teoría del Socialismo”, obra recientemente reeditada por la Alcaldía Mayor, bajo la dirección de Juan Barreto, hasta ahora uno de los pocos dirigentes políticos del proceso que ha dedicado parte de sus energías a reflexionar y escribir sobre legado teórico-político de Marx, en medio de escasas iniciativas de renovación intelectual de la izquierda, y más allá de lo que opinen sus adversarios (exógenos y endógenos).

En la obra “teoría del Socialismo”, Silva, con la prosa que lo caracterizaba dice: El comunismo no es, como tantos creen, una “presunta fase superior del Socialismo”. En cambio, los manuales del estalinismo-burocrático dictan: “El proceso histórico-natural de génesis y desarrollo de la formación comunista comprende tres fases conocidas que se suceden objetivamente la una a la otra: el período de transición, que comienza con la revolución socialista, el Socialismo, fase inferior de la formación comunista, y el comunismo.”(Kelle-Kovalzon)

Marx nunca planteó algo semejante, y sobre el período de transición en ningún caso escribió sobre la “etapa socialista” y la “etapa comunista”. Marx y Engels hablaron indistintamente de “sociedad socialista” y “sociedad comunista”, sin ubicarlas en etapas ni secuencias evolutivas. Incluso en la Crítica al Programa de Gotha, Marx señala: “De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino, al contrario, de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”.

También dice: “Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento.”. La idea mas difundida plantea: “En una fase superior de la sociedad comunista cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”.

No se trata de un simple ejercicio de escolástica marxista, sin consecuencias para las relaciones entre el pensamiento crítico socialista y la praxis de transformación. El marxismo burocrático-despótico sella la condena de la revolución, al repetir los errores del Socialismo burocrático. Por eso hay que superar la dosificación y filtraje de las tesis doctrinarias de los partidos-aparato. Marx habla de primera fase y de fase superior del “comunismo”, en ningún caso de “etapa socialista” y de “etapa comunista”, menos de “tres fases”. Lo que si indica Marx con claridad es que “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Sobre este ultimo punto, ya nos hemos detenido en otros trabajos (http://www.aporrea.org/ideologia/a49767.html; http://www.aporrea.org/ideologia/a50618.html; http://www.aporrea.org/ideologia/a57544.html; http://www.aporrea.org/ideologia/a60030.html; http://www.aporrea.org/ideologia/a61641.html).

Simplemente reforzamos la idea: el tema de la dictadura en Marx supone comprender que se trata del contenido de clase de la forma-estado en una República Democrática (de un semi-estado o Estado en extinción. Engels habla incluso de la “Comuna”): se trata del movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.

Engels, que tuvo que aclarar muchos aspectos que Marx dejó inconclusos, agregándole sus propias tonalidades, plantea lo siguiente (Carta a Otto Von Boenigk; 1890): “La llamada “sociedad socialista”, según creo yo, no es una cosa hecha de una vez y para siempre, sino que cabe considerarla, como todos los demás regímenes históricos, una sociedad en constante cambio y transformación. Su diferencia crítica respecto del régimen actual consiste, naturalmente, en la organización de la producción sobre la base de la propiedad común, inicialmente por una sola nación, de todos los medios de producción. No veo absolutamente ninguna dificultad para realizar --se trata de realizarla gradualmente-- esta revolución mañana mismo. El que nuestros obreros son capaces de ello, lo demuestran sus numerosas asociaciones de producción y distribución, que, cuando la policía no las arruinaba intencionadamente, se administraban con la misma eficacia y mucho más honradamente que las sociedades anónimas burguesas”.

Entonces, se trata de la autoorganización y auto-emancipación de las clases trabajadoras, no de un Poder Estatal impuesto sobre ellas, pues socialización de los medios de producción y socialización del poder político son procesos simultáneos y correlativos.

Engels añade: “Así, si tenemos un número suficiente de partidarios entre las masas, se podrá socializar muy pronto la gran industria y la gran agricultura latifundista, ya que el poder político estará en nuestras manos. Lo demás vendrá más o menos rápidamente. Y teniendo la gran producción, seremos dueños de la situación. Usted habla de la ausencia de la debida conciencia. Eso es así, pero por lo que se refiere a las personas cultas, procedentes de la nobleza y burguesía, que no se dan cuenta de cuánto tienen aún que aprender de los obreros...”.

Como hemos planteado en otros textos, el proyecto socialista de Marx-Engels trata de un modo de cooperación económico-social y de coordinación, control y dirección política, radicalmente distinto al modo de producción, distribución y dominación de la “sociedad burguesa moderna”, pero a la vez muy distinto y distante de cualquier tentativa de Estatismo Autoritario y de Socialismo Burocrático.

Por eso reiteramos la necesidad de liberar a Marx del marxismo burocrático-despótico: aquel que aspira construir una “Dictadura sobre el proletariado”, en nombre de la mitología del partido-único/Estado-Autoritario, que como veremos en próximos artículos es el rompecabezas que permite comprender la importancia histórica de “la naturaleza de la URSS”: ¿Capitalismo de Estado?, ¿Socialismo de Estado?, ¿Estado Obrero Degenerado?, ¿Colectivismo Burocrático?, ¿Totalitarismo de izquierda?

Las respuestas a estas preguntas tienen un alto impacto en los problemas de la transición al socialismo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

LA URTICARIA NEOLIBERAL

Rosa Luxemburgo

Javier Biardeau R.

Emeterio Gomez ha reaccionado a los textos publicados en el espacio “A tres manos”: El Socialismo desde abajo” (I y II) de una manera francamente inusual en dos diarios de circulación nacional (El Universal y Notitarde; 21 de septiembre). Esto me permite hacer un ejercicio de exploración sobre algunos prejuicios cargados de pasión antimarxista de ciertos segmentos de opinión del país. Del ex marxismo al anticomunismo hay una trayectoria recurrente de desarraigos y conversiones, que alimenta a contingentes de la nueva derecha global y local. Una nueva derecha que ha consolidado un gesto de despedida/repudio hacia Marx en la onda: ¡Hasta nunca, perro muerto!

Sin embargo, muchos otros, seguimos la filiación a un trabajo intelectual centrado en el imperativo de la justicia material, como horizonte de la no explotación, la no dominación y la no exclusión. Simplemente: ¡Descansa en paz, viejo topo, tu legado sigue vivo! Por esta razón, no hacemos ni tabula rasa ni conservamos una nostalgia por los naufragios ideológicos del Socialismo Burocrático. Simplemente, repensamos la criticidad radical de la multiplicidad de Marx, que como ha dicho Derrida, y lo ha reiterado Rigoberto Lanz, es parte del clima cultural de los conflictos que configuran las sociedades del capitalismo tardio, ahora posmodernas.

Basta ojear el trabajo de Carlos Altamira, con prólogo de Toni Negri, “Los marxismos del nuevo siglo” para comprender que se trata de una agenda abierta, fecunda, polémica, donde queda clara la ruptura con cualquier reiteración de la dogmática marxista-leninista y sus ilusiones despóticas. Pero es hacia estos espejismos a donde quiere arrastrarnos la lectura intencionalmente sesgada del estimado Emeterio Gomez, hacia la equivalencia Marx=Dictadura Totalitaria. Un exabrupto que no llegó a cometer la inteligencia de Hanna Arendt, como queda referida en su obra “Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental”: “Yo pienso que puede mostrarse cómo la línea que va de Aristóteles a Marx muestra a la vez menos rupturas y mucho menos decisivas que la línea que va de Marx a Stalin”. Arendt (a diferencia de muchos de sus seudo-divulgadores) reconoce las diferencias significativas entre un “marxismo despótico”, que en muchos sentidos no es más que su grosera adulteración (llegando al paroxismo estalinista), para ocultar, según Arendt, las “verdaderas enseñanzas” de Marx.

Un tema de extraordinaria envergadura para un programa de investigación sobre la “revolución teórica inconclusa” de Marx, con impactantes efectos políticos; sobre todo, para una izquierda latinoamericana que fue presa de una lectura adoctrinadora del partido-aparato. Se equivoca E.G. Hay otra agenda para otra-política que la derecha pretende cerrar: las articulaciones borradas entre el movimiento comunista, el proyecto socialista y el movimiento democrático (distinciones que Ludovico Silva manejaba perfectamente). ¡Horror!

También queda abierta la crítica radical a la economía política burguesa, como crítica elaborada desde la subjetividad social antagonista al Capital, no como lectura neo-positivista de leyes del sistema económico (sublimaciones de la predestinación), fijando variables económicas más allá del cuadro estratégico de las relaciones de poder, de los arreglos político-institucionales, de la lucha entre beneficios y salarios, de la reificación mercantil.

No le hacemos el juego al “marxismo cientificista”. No borramos la crítica radical a la economía vulgar hecha por Marx, en defensa no se sabe de que “Dios oculto” en la economía de mercado (¡Sobre esto, pregúntele a Lehman Brothers!).

Pero hay que reconocerle a EG, lo que Bobbio ha denominado, el inadecuado desarrollo del pensamiento de Marx sobre las “formas” de gobierno y del Estado. Marx enfatizó el “contenido” de Dictadura de todo Estado clasista, sin profundizar en aspectos medulares de la libertad política. Pero, EG parece ignorar el propio testamento político de Engels (no se trata de desvaríos democráticos de juventud): la ruptura de Marx y Engels con las ilusiones políticas de la experiencia de la comuna y con la modelo de la revolución francesa.
Justamente, algo que el “marxismo” de Lenin, tampoco quiso destacar. A los “marxismos del nuevo siglo”, les espera la tarea de repensar las articulaciones entre Democracia radical y Nuevo Socialismo, explorar modelos viables y factibles, con plena expansión de los espacios de libertad, sin explotaciones, discriminaciones ni exclusiones.

No podría asegurar que esto esté en sintonía con la estrategia y táctica política del momento nacional-estatal de la revolución bolivariana, con su estilo cesarista de dirección. Pero la relación entre democracia y socialismo quedo abierta por Rosa Luxemburgo, cuando cuestionó la eliminación de la democracia por Lenin y Trotsky, a pesar de “ser la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. Esa fuente es la vida política activa, sin trabas, enérgica, de las más amplias masas populares”.

Continua Luxemburgo: “Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo”.

Un claro ejemplo de los malestares de las “revoluciones desde arriba”. Quedan por explorar las profundas articulaciones de la relación entre el pensamiento de Marx y la libertad (ver: Prior Olmo, por ejemplo).

Dijo Rosa Luxemburgo: “La libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la “justicia”, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la “libertad” se convierte en un privilegio especial”.

Marx contribuyó decisivamente a la lucha contra las prácticas de explotación y miseria del “capitalismo manchesteriano” ¿Podrá evitar la derecha neoliberal la precariedad laboral, la exclusión social y sus miserias? Hay que evitar el dominio total de cualquier desvarío despótico. No olvidemos los desvaríos de los predicadores de la sociedad de mercado: otra utopía de la predestinación totalitaria, tan peligrosa para la libertad política como cualquier utopía orwelliana.

sábado, 20 de septiembre de 2008

CONTRAHEGEMONIA, BIOPOLITICA Y NUEVO SOCIALISMO

Javier Biardeau R.

El sentido actual del término contra-hegemonía se inscribe dentro del intento general de elucidación de horizontes de acción política transformativos en el contexto del capitalismo transnacional y de la llamada condición posmoderna.

Contra-hegemonía implica crear espacios de liberación, a través de sucesivos y prolongados actos de ampliación de espacios de libertad. Se trata de explorar en la práctica el horizonte político de la no-dominación.

Se trata de un horizonte claramente post-gramsciano, luego de ser rebasada tanto la concepción bolchevique de la hegemonía política, como la concepción propiamente gramsciana de la hegemonía, como unidad de la dirección política y de la dirección intelectual y moral de la sociedad, en la conformación del consenso activo y pasivo de los gobernados.
Para los gestores de las técnicas de gobierno, descifrar a Gramsci implicó su recuperación neoconservadora en función de consolidar estados de dominación, como separación absoluta entre gobernantes y gobernados. Pero Gramsci es subversivo solo si su puesta en escena permite imaginar formas prácticas de superación de esta división. Gramsci es pertinente como herramienta para desmontar la lógica de dominación. Pero puede llegar a ser útil al pensamiento neoconservador.
Lo primero es reconocer que distinguir entre gobernantes y gobernados es una construcción política y estratégica, que pretende imponer una regulación trascendental al sentido común: unos mandan y otros obedecen, ¡Así es y será siempre la vida¡ Esto es parte de lo que Marx llamó la prehistoria de la humanidad.
Pero donde hay relaciones estratégicas, hay luchas. Laclau y Mouffe renovaron el horizonte de la estrategia socialista a partir de la tesis de la radicalización de la democracia, contraponiendo la hegemonía democrática a la hegemonía autoritaria. No hay socialismo sin radicalizar la democracia. Esto implica considerar como algo no natural el complejo de relaciones de subordinación de determinado campo social. Se trata de subvertir de cabo a rabo la gramática de cualquier sumisión voluntaria o involuntaria a cualquier ficción trascendental, a cualquier opresión que anule el terreno de su constitución.
El nuevo socialismo requiere una apuesta fuerte por una hegemonía democrática, a diferencia de las estrategias socialistas de corte autoritario, burocrático y bonapartista (Stalin dixit). Esto depende de estrategias, no de simples programas, como diría Edgar Morin.
Pensamiento complejo implica pensar estratégicamente. Cuando decimos estrategias, decimos luchas, movimientos y campos de acción histórica. Impedir cualquier forma de vida despótica, implica contraponerse a la normalización de relaciones de sumisión política y de sometimiento semiótico. Sin socialismo desde abajo, sin revolución democrática permanente, se reinstala la lógica de dominio y sus programaciones ideológicas.
El elitismo político es una estrategia de instalación del programa narrativo que dicta que solo pocos o solo Uno, pueden y deben mandar, sirviendo de espejo de identificación para la constitución de una subjetividad-sometida.
La contra-hegemonía afirma otra estrategia, abrir el espacio de articulación de una multiplicidad de singularidades revolucionarias: multitud, liberación, Nuevo Bloque Histórico. Aquí entran en escena las contribuciones tardías de Michel Foucault, debatidas por Deleuze, Guattari, Negri y Hardt.
¿Tienen algo que decirnos estos debates a nuestras experiencias cotidianas del poder, de los estados de dominio y la gobernabilidad? Foucault abre la posibilidad de concebir una nueva ontología que parte del cuerpo y de sus potencias para pensar el "sujeto político como un sujeto ético", contra la tradición del pensamiento occidental que lo piensa exclusivamente bajo la forma del "sujeto de derecho”. Hay que echar abajo la teoría de la obediencia y sus formas de legitimación.
Hay "capacidad de transformación" en todo "ejercicio de poder". Es aquí donde se articulan biopolítica y contra-hegemonía. Biopolítica es la pretensión de una forma de gobierno de la potencia múltiple y heterogénea de resistencia y creación. Es una modalidad de poder constituido. Mientras la tarea constituyente es poner radicalmente en cuestión todo ordenamiento transcendental y toda regulación que sea exterior a su constitución.
El problema político fundamental de la modernidad no es el de identificar una causa de poder único y soberano, sino el de reconocer una multitud de fuerzas que actúan y reaccionan entre ellas. Las estrategias contra-hegemónicas desnaturalizan las relaciones de mando-obediencia. Si el poder se constituye de modo ascendente y se refuerza de manera descendente, por mecanismos y formas de dominación globales, hay que desarticular los “estados de dominación”.
Mientras la biopolítica pretende la coordinación estratégica de estas relaciones de poder dirigidas a que los vivientes produzcan más fuerza en determinada dirección, Foucault nos sugiere captar la acción de los sujetos sobre ellos mismos y sobre los otros. Entran en juego tres conceptos diferentes: relaciones estratégicas, técnicas de gobierno y estados de dominación.
La caracterización de las relaciones estratégicas, se despliega por la voluntad de "conducir los comportamientos de los otros”. El poder es definido como la capacidad de estructurar el campo de acción del otro, de intervenir en el dominio de sus acciones posibles. Pero los sujetos son libres en la medida en que "tienen siempre la posibilidad de cambiar la situación, pues no estamos siempre atrapados, siempre hay posibilidad de transformar las relaciones estratégicas.
En los "estados de dominación", la relación estratégica se ha cristalizado en instituciones, limitando la movilidad, reversibilidad y la inestabilidad de la "acción sobre otra acción". Las "tecnologías gubernamentales" juegan un papel central porque a través de ellas, los juegos estratégicos pueden estar cerrados o abiertos, Su ejercicio cristaliza y fija relaciones asimétricas institucionalizadas (estados de dominación).
La creación de subjetivaciones que escapan al poder biopolítico, implica explorar la frontera entre "relaciones estratégicas" y "estados de dominación". La acción ético-política contra-hegemónica tiene dos finalidades mayores: 1) permitir las relaciones estratégicas con el minimum posible de dominación, 2) aumentar la libertad, la movilidad y la reversibilidad de los juegos de poder, pues son ellas las condiciones de la resistencia y de la creación.
Crear y recrear, transformar la situación, participar activamente y sin ingenuidades en relaciones estratégicas. Allí se juega la posibilidad del Nuevo Socialismo.

domingo, 7 de septiembre de 2008

NUEVOS COMENTARIOS CRITICOS SOBRE LA REVOLUCION BOLIVARIANA

Javier Biardeau R.

Creo que no es la primera ni la última vez que el "trabajo periodístico" genere lo que Margarita ha llamado un "contexto desfigurado". Me parece importante este elemento, dado que no se ha profundizado en el análisis de las relaciones que tiene el campo de la intelectualidad de las ciencias sociales e históricas venezolana con los medios privados y oficiales, cuando se interviene al calor de la coyuntura política. Creo que no es conveniente pasar por alto que la acreditación mediática de opiniones académicamente autorizadas, puede convertirse en un factor de justificación de una línea política. De allí, que es indispensable debatir el asunto del "distanciamiento y el compromiso" (N. Elias), entre la opinión académicamente autorizada y su función en el montaje textual de los poderes mediáticos.
En segundo lugar, a mi me llamó sobremanera la atención del tratamiento de la entrevista, porque reconocí parcialmente los planteamientos críticos de Margarita López Maya, que no son nuevos, pero aparecía un perfil de tropos discursivos y argumentos, que nunca le había escuchado ni leído hasta ahora, y en los cuales no estoy de acuerdo. Por ejemplo, la tesis de la imposibilidad de una "revolución democrática". Este fue el disparador de mi comentario crítico.
En tercer lugar, no comparto algunas interpretaciones sobre mis comentarios críticos, y perdonen la extensión. Sigo insistiendo en la "legalidad" de las leyes habilitantes, y en la posibilidad de "incorporar" algunos temas y contenidos del fracasado proyecto de reforma en las mismas.

El numeral octavo del artículo 236 Constitucional es claro en facultar al Presidente para dictar, previa autorización por una ley habilitante, decretos con fuerza de ley. Se trata entonces, de Decretos con "fuerza de Ley". Sería importante destacar este aspecto, como dicta la fórmula, decretos con "rango, valor y fuerza de Ley". Se trata de una actividad legislativa que es excepcional pero no deja de ser ordinaria en el sentido de la actividad legislativa (Ley habilitante). Nuestro ordenamiento constitucional distingue claramente la formación ordinaria o no de las leyes, de las enmiendas, reformas constitucionales y de la asamblea constituyente. Creo que pocos se han detenido en las diferencias entre todos estos procedimientos, y de allí se derivan muchas confusiones legales y políticas.

El artículo 345 es claro cuando señala que: "Se declarará aprobada la reforma constitucional si el número de votos afirmativos es superior al número de votos negativos. La iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, no podrá presentarse de nuevo en un mismo período constitucional a la Asamblea Nacional".

Y esto lo digo, porque queda claro que es la "iniciativa de reforma constitucional que no sea aprobada, es la que no puede presentarse de nuevo en un mismo período constitucional". Creo que el 342 define que es una reforma constitucional (objeto de la reforma).

¿En que consiste la iniciativa de reforma que no puede presentarse de nuevo? En aquel proyecto que fue discutido y aprobado por la AN de acuerdo al procedimiento constitucional (Art.343): "La iniciativa de reforma constitucional será tramitada por la Asamblea Nacional en la forma siguiente: 1. El proyecto de reforma constitucional tendrá una primera discusión en el período de sesiones correspondiente a la presentación del mismo. 2. Una segunda discusión por Título o Capítulo, según fuere el caso. 3. Una tercera y última discusión artículo por artículo. 4. La Asamblea Nacional aprobará el proyecto de reforma constitucional en un plazo no mayor de dos años, contados a partir de la fecha en la cual conoció y aprobó la solicitud de reforma. 5. El proyecto de reforma se considerará aprobado con el voto de las dos terceras partes de los o las integrantes de la Asamblea Nacional."

Fijémonos bien que a diferencia de la reforma, la enmienda tiene por objeto la adición o modificación de uno o varios artículos de esta Constitución, sin alterar su estructura fundamental. Y a pesar de modificar artículos de la Constitución, uno o varios, y sin llegar a ser una reforma, el Constituyente no impidió que una misma enmienda se presentara en dos o mas oportunidades en un mismo período constitucional. Solo queda prohibido para la reforma ¿Por que no para la enmienda? Porque, entre otras razones, se trata de dos procedimientos distintos.

¿Cómo se discutirá una enmienda en la AN?: Según el procedimiento establecido en la Constitución para la formación de leyes. De allí que es importante retener el tema de los rangos y jerarquías normativas, mas aún si traeremos a continuación el tema del contenido de las leyes habilitantes, que en ningún caso suponen "modificar, adicionar, o suprimir" artículos de la Constitución, sino desarrollarlos.

Y allí viene un interesante debate en el Constitucionalismo Democrático, que no se omite debatir en la actual coyuntura, porque tumba cualquier argumento de invalidez jurídica de aquellos que plantean que no se pueden plantear contenidos semejantes a lo de la reforma en una Ley habilitante. Hay que diferenciar planos normativos, insisto. No es lo mismo una reforma que la legislación ordinaria.

Se confunden en las argumentaciones mediáticas dos planos de la jerarquía normativa. Una cosa es modificar artículos de la Constitución, otra cosa es desarrollarlos a través de la legislación ordinaria o mediante decretos con fuerza de Ley. Lo que cabe analizar en estos decretos derivados de la Ley habilitante, es si desarrollan o no las disposiciones constitucionales, y si existen vicios o no de inconstitucionalidad, no si se pueden presentarse otra vez en un mismo período constitucional.

No hay cláusula constitucional alguna que limite la presentación de contenidos normativos en diversas oportunidades, a menos que sea la "iniciativa de reforma constitucional". No hay argumentos de ilegalidad. Estos decretos no son obviamente artículos de la Constitución, son leyes, que pueden derogarse o reformarse de acuerdo a lo dispuesto en la Constitución. Si ni siquiera a las enmiendas, que siguen un procedimiento equivalente a la formación de leyes, se les impone la cláusula de prohibición de volver a presentarla de la reforma.

En una cámara parlamentaria se presentan proyectos de Ley a través de un procedimiento. Si no son aprobados, sencillamente hay que comenzar desde cero. Pero esto no impide que no se presenten bajo nuevas formas y contenidos. Esa es la dinámica parlamentaria regular. Así que la clave de esta confusión de planos se despeja si se comprende la diferencia entre modificar artículos de la Constitución o desarrollar a través de leyes lo contenido en estos principios generales. Margarita lo aclara, ella es historiadora, yo soy sociólogo, pero debemos informarnos ambos de derecho constitucional y parlamentario.

Todo esto lo digo para aclarar que no argumento "que como este es un proceso de cambios revolucionarios hay un poder constituyente en acción y que el hecho de que se haya reprobado la reforma no significa que se tenga que esperar hasta un nuevo período constitucional para pasar las propuestas que estaban en ella, siempre que ellas no contravengan la Constitución de 1999". Yo dije nada semejante y coloco de nuevo lo dicho: "De forma, los actos de legislación son desarrollos de un programa político enmarcado en un horizonte constitucional, mientras los actos de reforma son modificaciones parciales de este mismo horizonte" "Una reforma es inconstitucional cuando sus propuestas chocan con los límites materiales y formales de una Constitución. Una legislación es inconstitucional, cuando sus enunciados presentan vicios de inconstitucionalidad o generan colisiones con instrumentos jurídicos de mayor jerarquía o de igual jerarquía normativa. Esto en el plano de la validez." "No hay legalidad alguna que diga que algunos de los enunciados de la reforma, mejorados o no, no pueden ser sometidos a aprobación o rechazo electoral, o aprobados o no por mecanismos de legislación ordinarios o excepcionales, como la habilitante." Creo que Margarita no comprendió precisamente en que consiste la diferencia, y me atribuyo una interpretación que no se ajusta a lo que plantee en mi comentario inicial. En ningún caso confundí estos decretos-leyes con fuerza de Ley con actos constituyentes.

Esta es una interpretación errada de Margarita de mis planteamientos, que son expuestos con detalle arriba. No es porque sea un poder constituyente, es que los decretos con rango, valor y fuerza de Ley son leyes, desarrollos legislativos. Lamentablemente Margarita no comprendió las razones de mi primer comentario. Espero que quede claro a partir de lo siguiente: "Mientras la Constitución como norma es creada por el poder constituyente (ilegal o prelegal), y la legislación ordinaria (legal y limitado formal y materialmente por la Constitución), las modificaciones a la Constitución son obra de un poder específico de revisión constitucional (una especie de legislador constitucional) que en rigor no corresponde a los anteriores. (Pedro Salazar: La Democracia Constitucional, pag.96)

Sobre la legitimidad, y ya no la validez jurídica, Margarita dice lo siguiente: "Considero que en dos oportunidades se ha convocado y pronunciado el soberano sobre la dirección del proceso de cambios a través de referendo popular: tanto cuando se aprobó la Constitución de 1999 como cuando se reprobaron las propuestas de reformarla según los contenidos del Presidente y de la AN. Pienso que más legítimo que esos dos procesos es difícil conseguir".

Lo que tendríamos que demostrar bajo este argumento es que las 26 leyes reproducen término a término, en todos sus aspectos, los contenidos de la Reforma Constitucional. Yo todavía espero por este análisis, ya que hay 16 instrumentos jurídicos que no tienen absolutamente nada que ver con la reforma, y solo 4 de ellos pueden contrastarse para encontrar algunos "aíres de familia" (y viniendo del mismo proyecto político, sería extraño no encontrar semejanzas), pero nada de contenidos exactamente idénticos. Lo que existe son desarrollos con orientaciones especificadas por el proyecto político hegemónico de Chávez de principios generales presentes en la Constitución. Que existan potenciales colisiones con otras leyes y con interpretaciones del sentido y alcance de la Constitución que le corresponde en última instancia a la Sala Constitucional, no al poder mediático, no lo pongo en duda "a priori". Hay que analizar en detalle.

Yo no tengo la "inclinación por una interpretación que sostenga que no es legítima ni legal impulsar estos contenidos rechazados en el referendo de 2007". Esto significaría un bloqueo absoluto al proceso de transformaciones, y no llegaría a afirmar absurdos semejantes a: "Y sí, incluyo allí la disminución de la jornada laboral y otros contenidos progresistas que pudieran o no ser afines a la CRBV". Repito, esto sería convalidar el bloqueo de cualquier margen de maniobra político-jurídico a la situación actual de la revolución bolivariana, que no se diferencia en nada de la estrategia opositora más tradicional (que planteó si no hemos perdido la memoria en todo el año 2007, que se desarrollaran leyes ordinarias para desarrollar los contenidos de la reforma, ya que no hacia falta "hacer una reforma constitucional")

Margarita dice que "el chavismo apostó a un tipo de transición al socialismo –y puso unas carnadas- y perdió; ahora debiera respetar las reglas y no volver a presentar la misma orientación y contenidos específicos de nuevo, ni siquiera las carnadas". Lo que he expuesto mas arriba es que las "reglas" a las que apela Margarita no son ningunas reglas, ni siquiera las de la democracia constitucional. Son mas bien, errores conceptuales sobre la diferencia entre legislación u reforma constitucional, los que llevan a Margarita a pensar que está del lado de las "reglas" y no del lado de las "estrategias opositoras".

La Constitución si lo permite. A mi que me expliquen donde no lo permite. Me parece que el mensaje va mas allá de que a los venezolanos "no desean que se les imponga un socialismo a juro". Seria, desde mi punto de vista una presuposición inadmisible considerar que la reforma era "El Socialismo". Ciertamente, los errores políticos, Chávez debe asumirlos, y creo que Chávez debe rectificar el curso, la velocidad y muchos contenidos de su proyecto, pero los errores conceptuales pueden ser tan graves como estos. Chávez actual bajo un estilo "borderline" institucional. Fueron David J. Myers / Jennifer L. McCoy quienes en su trabajo "Venezuela en la zona gris: desde el pluralismo ineficaz hacia el sistema de poder dominante", desplegaron sus argumentos en esta dirección. ¿Democracia liberal Fuzzy? ¿Y por que no?
Creo que el devenir Cesarista de la revolución bolivariana impone una tensión inevitable sobre el fetichismo institucional, que inspira tantos debates sobre "consolidación o des-consolidación democrática", si por reglas democráticas solo asumimos el canon de la "poliarquía" de Dahl, o criterios como los de la Carta democrática Interamericana. Pero estás definiciones de reglas están sometidas a la lógica hegemónica de la política, a concepciones rivales y agonistas de las democracias (Laclau-Mouffe). Pero no quisiera que mi cuestionamiento al fetichismo institucional se interpretara como una "luz verde" a las derivas de quienes se encuentran rodeando al Presidente, que combinan en algunos casos el peor estalinismo con el peor militarismo. No desprecio la democracia liberal, pero creo que hay que ir hacia formas post-liberales de la democracia para repensar el Socialismo. No soy políticamente anti-democracia-liberal, solo me parece que hay que subirle el "ruedo a la falda", aligerando el liberalismo político (y derrotando al liberalismo económico), promoviendo mayor sustancia democrática, sobre todo con contenido material, social y pluricultural.

La democracia es libertad política, no solo sólo igualdad y justicia social. Y es en el terreno de la libertad política que el estado mayor chavista padece de quiebres, por resonancias y alianzas. Imponer lo que se desea como minoría dirigente a las mayorías es jacobinismo. Margarita lo llama "lógica revolucionaria de la más tradicional". Es por esta razón, que creo que hay que liberar al imaginario socialista del jacobinismo y del "comunismo grosero", como lo denominó Marx. Uno hace tendencia con otra dinámica de movilización política y social, que lucha contra este lógica del "estado mayor" de la revolución (Rosa Luxemburgo dixit).

Dice Margarita: Como Javier es sociólogo y yo historiadora pienso que respondemos inicialmente desde sitios distintos. Reconozco que teóricamente una revolución puede ser democrática; de hecho pienso que en algunos procesos que hoy acontecen –como la elección en Bolivia de Evo Morales y algunos procesos que se han dado en nuestro país- dejan ver procesos revolucionarios y democráticos al mismo tiempo. Pero como historiadora creo que ha prevalecido, por lo menos hasta el siglo XX, la violencia y la imposición cuando se hacen las revoluciones y es mejor que se tenga eso bien presente."
Continua Margarita: "¿Estamos ante una revolución? ¿Estuvimos en algún momento de este proceso en una revolución? ¿Marchamos hacia algún socialismo? En verdad estas preguntas son ineludibles a la altura en la que nos encontramos."
Margarita piensa "que desde el 2004, pero más claramente desde después de la reelección del Presidente de 2006, las fuerzas que se oponen a un cambio que promueva una democratización profunda en Venezuela han ganado bastante terreno dentro del chavismo." Ciertamente sigue una lucha poco estridente, pero fundamental. Esta en juego mucho más que una dinámica entre Gobierno y Oposición.
Creo que un modelo nacional-estatista en lo económico con una democracia restringida o averiada en lo político no es un fenómeno atípico en la historia de América Latina. ¿Cuántos peronismos hay en el peronismo? ¿Cuántas revoluciones hay en la revolución mexicana? ¿Cuántos sandinismos en el sandinismo? ¿cuantas desgarraduras en el Allendismo? Lamentablemente, la realidad dice que el Chavismo cesarista se impone contra el chavismo democratizante, pero esto no anula la posibilidad de que el movimiento nacional, popular y democrático esté fatalmente condenado por su Líder Histórico y su camarilla dominante. Hay un movimiento de masas que desborda nuestros cuadros mentales, dormido, apagado, en reflujo momentáneo, pero no hay que minimizar su significación. Las historias son también espacios de sorpresas…por eso deje de seguir la mirada del "convencional sociólogo"…Saludos cordiales.

RESPUESTA DE MARGARITA LOPEZ


Por Javier Biardeau R


Sobre mis declaraciones a El Universal el pasado 26 de agosto y en respuesta a los comentarios de Javier Biardeau
Margarita López Maya
Septiembre 4
Estuve fuera de Caracas la semana pasada y esta semana estuvo bastante complicada, por lo que este comentario sale un poco tarde. Pero fue ahora que leí ambos textos.
Contrariando una decisión que había tomado hace algún tiempo, di esas declaraciones a El Universal por teléfono y no recuerdo ahora, si me dijeron que era una entrevista formal, como parece haber salido, o una consulta dentro de otras varias, que fue lo que creí. No acostumbro a dar entrevistas formales por teléfono. Pero asumo la irresponsabilidad que cometí. Se por experiencia que una cosa es tener el periodista enfrente y otra oír unas preguntas por el teléfono y reaccionar. Y entre tantas cosas que tenía antes del viaje que hice la verdad pude no entender bien el carácter de la entrevista.
Identifico como mías palabras y ciertas argumentaciones en la entrevista, pero encuentro el contexto desfigurado. Como si el que lo escuchó tuviese otros parámetros de referencia. Aún así lo asumiré como está, porque cometí un descuido.
Pienso que Javier plantea algunas cuestiones que me parecen interesantes. Empezaré por los contenidos de las leyes recogidas en la Habilitante. Javier argumenta que como este es un proceso de cambios revolucionarios hay un poder constituyente en acción y que el hecho de que se haya reprobado la reforma no significa que se tenga que esperar hasta un nuevo período constitucional para pasar las propuestas que estaban en ella, siempre que ellas no contravengan la Constitución de 1999. Yo planteo allí dudas. Considero que en dos oportunidades se ha convocado y pronunciado el soberano sobre la dirección del proceso de cambios a través de referendo popular: tanto cuando se aprobó la Constitución de 1999 como cuando se reprobaron las propuestas de reformarla según los contenidos del Presidente y de la AN. Pienso que más legítimo que esos dos procesos es difícil conseguir. Por ello siento inclinación por una interpretación que sostenga que no es legítima ni legal impulsar estos contenidos rechazados en el referendo de 2007. Y sí, incluyo allí la disminución de la jornada laboral y otros contenidos progresistas que pudieran o no ser afines a la CRBV. Creo que el chavismo apostó a un tipo de transición al socialismo –y puso unas carnadas- y perdió; ahora debiera respetar las reglas y no volver a presentar la misma orientación y contenidos específicos de nuevo, ni siquiera las carnadas. La Constitución no lo permite. Pero, y no creo que sea prurito liberal, estoy abierta a un debate tanto en términos político sociales de legitimidad, como jurídicos de legalidad. Me parece que Chávez y quienes más de cerca lo siguen, siguen sin comprender bien el mensaje enviado por los venezolanos en diciembre de 2007 de que no desean que se les imponga un socialismo a juro. Pienso que los errores políticos deben asumirse so pena de tener que pagarlos aún más caros más adelante.
Cuando me referí a que las revoluciones se imponen, no era mi pretensión, ni mucho menos, hacer una reflexión teórica sobre ello. Lo hice en el marco de una pregunta que se me formuló sobre por qué Chávez o el chavismo actúan por encima de las instituciones. Yo buscaba una explicación al comportamiento tan autoritario del Presidente y ese grupo que le rodea. Y creo que no hay mucha desavenencia allí con Javier, porque me parece que algunos de los izquierdistas o seudo izquierdistas que se encuentran rodeando al Presidente, siguen metidos en la anacrónica lógica revolucionaria de cierta izquierda venezolana, y mundial, que sigue considerando la democracia política –liberal- algo despreciable por pequeño burgués. Que la democracia es sólo igualdad y justicia social y siguen pensando que hay que imponer lo que desean las mayorías, entendiendo por ello lo que ellos bien entiendan. Eso que llama Javier el jacobinismo. Yo lo llamo lógica revolucionaria de la más tradicional. Concuerdo también que a esto se agrega la lógica autoritaria de los militares, que hasta le fecha y con escasas excepciones han demostrado poco entender eso que se llama democracia “participativa”. Como Javier es sociólogo y yo historiadora pienso que respondemos inicialmente desde sitios distintos. Reconozco que teóricamente una revolución puede ser democrática; de hecho pienso que en algunos procesos que hoy acontecen –como la elección en Bolivia de Evo Morales y algunos procesos que se han dado en nuestro país- dejan ver procesos revolucionarios y democráticos al mismo tiempo. Pero como historiadora creo que ha prevalecido, por lo menos hasta el siglo XX, la violencia y la imposición cuando se hacen las revoluciones y es mejor que se tenga eso bien presente.
Eso me lleva quizás a reflexionar sobre otro aspecto que está de alguna manera implícito en este diálogo. ¿Estamos ante una revolución? ¿Estuvimos en algún momento de este proceso en una revolución? ¿Marchamos hacia algún socialismo? En verdad estas preguntas son ineludibles a la altura en la que nos encontramos. Pienso que desde el 2004, pero más claramente desde después de la reelección del Presidente de 2006, las fuerzas que se oponen a un cambio que promueva una democratización profunda en Venezuela han ganado bastante terreno dentro del chavismo. Sigue el combate y seguirá quizás por algún tiempo. Pero no me parece claro, y en esto puede ser que coincida con Javier, que esa propuesta de reforma constitucional y estas leyes de la Habilitante tengan que ver con la democracia participativa y protagónica que fue la aspiración de muchos de quienes apoyamos el proceso bolivariano como un proceso de una democracia sustantiva. Y tampoco sirven a una revolución democrática. Me inclino por pensar que el proceso está agonizando para darle paso a un proyecto nacionalista de democracia política restringida y más que socialista, estatista. Pero esta discusión sí es compleja y larga. Pienso que todavía hay bastante gente que sigue apostando a enderezar estos entuertos que cada día que pasa parecen más complicados. Como siempre, ante un vaso a medio llenar hay quien lo ve “medio vacío” y quien lo ve “medio lleno”.
ENTREVISTA ORIGINAL:
Entrevista Margarita López Maya, profesora universitaria
"La Constitución es infuncional para cambios que quiere Chávez"
"Quieren hacer pasar leyes muy medulares para la transformación del país sin que el país participe"

SARA CAROLINA DÍAZ
EL UNIVERSAL

"Las revoluciones no son democráticas sino que se imponen", es la premisa de la que se vale la profesora universitaria, especialista en ciencias sociales y estudiosa del proceso bolivariano, Margarita López Maya, para explicar la insistencia del presidente Hugo Chávez en aplicar a través de las leyes habilitantes una propuesta reforma constitucional derrotada en referendo en diciembre pasado.
La falta de consulta de esas 26 leyes, dice, quiebra el principio de democracia protagónica en la que se ha basado el proceso revolucionario en los últimos años.
-¿Qué incidencia tiene en la sociedad la promulgación de las 26 leyes habilitantes por parte del Presidente?
-Todo es muy parecido a la situación de 2001. Me parece que se hizo una escasa consulta a la sociedad en general, organizada o no organizada, y eso es muy contradictorio con la Ley de Democracia Participativa. En cuanto al contenido, aunque no he leído con detenimiento las leyes puedo decir, por ejemplo, que no debería cambiarse el nombre de la Fuerza Armada (a Bolivariana) porque es contradictorio que la Constitución diga una cosa y la ley otra cosa. Habría que ver cuántos de esos cambios estaban en la reforma rechazada. Si la Constitución tuvo 69 ar- tículos que fueron rechazados, considero que el contenido de esos artículos no debería salir a través de estas leyes.
-¿Aun cuando no contradigan a la Constitución?
-Claro. El Gobierno podría hacer pasar leyes, pero, aunque no sean contradictorias con la Constitución, algunos de esos contenidos fueron rechazados en el referendo de diciembre y por ese lado los juristas y constitucionalistas deberían analizar la legalidad de esas leyes. Eso es materia de interpretación legal por parte del TSJ. El problema es que al igual que en 2001 hay cambios muy profundos que no fueron consultados. Quieren hacer pasar leyes muy medulares para la transformación del país sin que el país participe en ellas. Eso no sólo contraviene el principio de la democracia participativa y protagónica que es lo que le da legitimidad al proyecto bolivariano.
-¿A qué cree que se debe la insistencia del Presidente en esa manera de legislar, cuando le dan el poder para ello, y de gobernar?
-Hay una situación contradictoria porque a veces el Presidente utiliza la lógica institucional y dice que haremos los cambios a través de los procedimientos democráticos, y otras veces se contraviene esa lógica y se utiliza una lógica revolucionaria y si una ley o institución no me favorece y hace peso contra lo que yo quiero hacer entonces digo eso es contrarrevolucionario y como yo soy revolucionario paso por encima de las leyes.
-Pero se supone que se está llevando a cabo una revolución democrática&
-Se pasa por encima de las leyes porque las revoluciones no son democráticas. Las revoluciones se imponen. Creo que hay un cruce de la lógica democrática con la revolucionaria. Hay una contradicción. En ciertas situaciones el Presidente y las alianzas sienten que no tienen necesidad de respetar las leyes y la Constitución. Es más, están dando muchas señales de que ellos sobrepasaron la Constitución de 1999 y no la consideran suficientemente legítima para sus propósitos de cambio social, o digamos no suficientemente funcional para sus propósitos revolucionarios.
-¿Qué tipo de socialismo se pretende construir con estas leyes? Porque todo apunta al mismo del siglo XX.
-Con las leyes se trata de imponer un socialismo a juro, un socialismo que no formaba parte de su proyecto inicial. Ahora claramente se está tratando de construir un socialismo que por no ser consultado, por no se participativo, no es democrático y se están cometiendo los mismos errores del socialismo del siglo XX.
-¿Cómo cuáles?
-Como un estatismo exagerado en la economía que ya demostró que fracasó en los países del bloque soviético, y en lo político un autoritarismo de subordinación de todos los poderes públicos al Presidente, además de un Estado muy centralizado, que también vimos que fracasó en el siglo XX y que además es autoritario.
-¿Entonces por qué se insiste en ello?
-Pareciera que (el Gobierno) no tiene suficientes ideas creativas y está muy apurado. Aquí ha habido propuestas creativas pero el apresuramiento, la lógica revolucionaria y la lógica del operativo militar, de que todo tiene que ser resuelto de hoy para mañana, no permite que las cosas maduren o se perfeccionen. Por ejemplo en el área de la economía no han tenido ideas, salvo la reforma petrolera, y lo que han dado es puro palo de ciego, 10 años en eso y terminan suponiendo que lo más fácil es copiarse las ideas de afuera y decir que aquí sí va a resultar. Esa no es una situación nueva en Venezuela porque Carlos Andrés Pérez implementó aquel capitalismo de Estado en los 70 que ya estaba fracasado. Pero como nosotros somos los chéveres se le metió el acelerador a un modelo que ya había demostrado que tenía fallas estructurales.Como somos un país petrolero las élites se montan fantasías y piensan que somos capaces de cualquier cosa. Como dice Fernando Coronil aquí cada élite que llega cree que son magos que transformarán a la sociedad de un día para otro y así seguimos estrellándonos y estrellándonos.
-¿Este apresuramiento tiene que ver con la posible salida del poder de Chávez en 2013?
-El Presidente va a querer pasar la enmienda constitucional y eso está clarito. La gente tiene que está muy consciente de que en estas elecciones de noviembre eso también esta en juego, porque si gana con un triunfo arrollador, la enmienda va el primer semestre del año que viene. Y si no es tan arrollador, también lo hará, pero lo medirá mejor.
-Parece imposible el surgimiento de otro líder en el chavismo...
-El bolivarianismo no tiene otro líder que pueda hacer las cosas que hace Chávez y eso es un círculo vicioso, porque Chávez ha demostrado capacidad de unificar movimientos y partidos con muchas tensiones y diferencias entre sí que sólo reconocen un líder que es el mismo Chávez y él mismo funciona como mediador. Y en la medida que ha ido avanzado se ha hecho cada vez más imprescindible. Hay tendencias muy débiles a crear liderazgos de relevo, y es como decía Chávez, primero se hizo imprescindible y después es una rémora para crear el liderazgo de relevo porque el mismo Presidente obstaculiza el relevo y la posibilidad de que esos problemas (de liderazgo emergente) se solucionen. Es una lógica perversa. Si se olvidara de quedarse en el poder y se dedicara a crear el liderazgo de relevo pues no habría problema. Al menos se ha hecho un esfuerzo de dirección, una dirección colectiva, pero es muy difícil porque el Presidente tiene mucha tendencia a centralizar, concentrar poder y destruir cualquier liderazgo alternativo como lo hizo también Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. Es una tendencia que se ve mucho en Venezuela.
-Para las elecciones de noviembre ese liderazgo emergente del chavismo se ve con poca autonomía...
-Es muy cauteloso, porque cualquier movida que hagan Chávez los destruye y esos que están en cuadros medios y gobiernos locales y regionales se mantienen de bajo perfil porque saben que pueden sobrevivir a Chávez, pero tienen que tener cuidado porque si llaman mucho la atención lo más seguro es que caigan.
-¿Y la oposición?
-Veo muy débil a la oposición, incapaz de crear el liderazgo alternativo. No entiendo cómo se puede seguir insistiendo con liderazgos que cometieron un golpe de Estado y participaron en un paro petrolero y ahora se presentan para las candidaturas para las regionales. Se niegan a dar paso a caras descontamidas del proceso de polarización. Esa izquierda tradicional sigue sin poder articular un liderazgo creíble para el país. En el chavismo también hay mucho ruido y mucha tensión. Es un problema de los dos polos y quizás hace falta tiempo. Aún no hemos pasado la etapa de la perplejidad.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

¿UN MARXISMO DE DERECHA?

Javier Biardeau R.

Se lee y se escucha a contrapelo. ¿Una paradoja? Pues, no. Es la hipótesis del argentino Omar Acha (UBA-Argentina-Revista Herramienta. http://www.herramienta.com.ar/) y resulta conveniente analizarla. Para despejar el camino del pensamiento crítico hacia la obra abierta de Marx y para despejar el camino hacia un nuevo socialismo radicalmente democrático y plural, hay que salirse de las grillas mentales del “marxismo consagrado”: del “marxismo burocrático”. Se trata de reconstruir el vínculo entre el pensamiento crítico y el proyecto hegemónico socialista. Plantea Acha los siguientes rasgos del marxismo de derecha.
Primero, su actitud idolátrica del pasado. Se defiende fanáticamente un mundo pretérito heroico, la revolución de octubre, la china, la cubana o los años setenta en América Latina. Suele identificarse este marxismo con individuos heroicos (Marx, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Castro o Guevara), ante los que guarda una veneración incapaz de analizar críticamente sus planteamientos. Se trata de cultos, autoridades, veneración y respeto. Figuras de poder, sobrenaturales, nada de humanos, demasiado humanos. Esa inclinación mitológica se concreta el uso de la iconografía: retratos, pinturas o fotografías, que se cuelgan en las paredes, en las franelas, o la misma piel. La mirada del héroe vigila que los hijos sumisos no se descarríen del mandato. El talante orientado al pasado es conservador, y a veces reaccionario. El marxismo de derecha repite palabras de revolución, pero se apoya en fórmulas añosas, asume mandatos de páginas amarillas, venera supersticiosamente su tradición propia.
El segundo rasgo está relacionado con la teoría. Hay una biblioteca cerrada, sólo extensible por medio de comentarios o aplicaciones. Incluso las contrariedades se encuentran previstas en los meandros de las palabras expresadas en los textos consagrados. Así por ejemplo, el euro-centrismo de Marx estaría prácticamente superado en las cartas a Vera Zasúlich sobre la comuna rusa, o el tema de las clases en el capítulo inconcluso del tomo III de El capital, o la crítica de la burocracia en el último Lenin que logró censurar la concentración del poder por Stalin, o el manuscrito "perdido" de Mariátegui donde analizaba con profundidad la producción de un marxismo en su contexto específico. Rebosantes de tesis y superaciones anticipadas de las futuras antítesis, los textos consagrados son fuente de aprendizajes infinitos. El sujeto lector mira hacia el pasado coagulado en textos, del que solo extrae la gran Verdad. Con esa munición se enfrenta a las realidades (y peor para estas). Aunque acepta que la práctica exige una adaptación de la teoría (una "guía para la acción"), ésta sería lo suficientemente flexible para nutrir cualquier política marxista correcta. Cualquier actitud crítica es vista como arrogancia o traición. ¿Quién podría enmendarle la plana a Marx, a Lenin o a Luxemburgo? ¿Quién podría relativizar a Gramsci, Lukács o Trotsky? El mar textual es cómodo, intentando deletrear los folios plagados de verdades incorruptibles. Para ser un buen o una buena marxista, hay que reprimir los “extravíos” del pensamiento, las “desviaciones”, porque si se va muy lejos en la crítica se pone en crisis el propio estatuto del marxismo. Del mismo modo que el pensamiento se aleja inconscientemente de los temas tabúes, el derechismo marxista se abstiene de incursionar en la creación. Se recuesta en el lecho mullido de lo sabido.
El tercer rasgo del marxismo derechista es su carácter defensivo. Así como el estalinista era inmune a las más sólidas de las críticas porque la Unión Soviética existía y competía con los Estados Unidos, hoy el derrumbe de los socialismos reales y la transformación neo-capitalista de China, por no hablar de Camboya o los gulags, debilitan la seguridad inconmovible del marxismo de derecha. El marxismo de derecha coloca a cualquier interpretación de Marx, al servicio de aparatos institucionales y de sus comisarios políticos. La teoría revolucionaria fue convertida en doctrina legitimadora del poder establecido, especialmente cuando era utilizado como sostén de la tesis del "socialismo en un solo país". La grilla cientificista del marxismo soviético fue su concreción más neta. La fachada defensiva del marxismo de derecha se sostiene en seguridades imaginarias. La derecha marxista no está dispuesta a ninguna reformulación, se pone en guardia. Reemplaza el examen crítico con el rechazo de antemano, es incapaz de aprender a superar los argumentos contrarios. Se encierra en su "bibliografía" y la rumia incansablemente. No se le ocurre que lo revolucionario debe estar también en el pensamiento, en la innovación teórica y política. Por eso no produce nuevos conceptos.
En cuarto lugar, es necesario que el marxismo de derecha designe al marxismo como una teoría total, clausurada. Las zonas de la práctica que se resisten a la interpretación marxista, como lo inconsciente o el arte (los fenómenos “superestructurales” o de la “subjetividad”), negarían que el marxismo sea la teoría infinita y omnisciente que penetra todos los rincones de lo existente. El marxismo de derecha es una concepción total de la existencia, no deja resquicio alguno para la novedad y la contingencia. Totalidad es clausura del lenguaje, es el circulo vicioso de la terminología.
El quinto rasgo del marxismo de derecha consiste en la exclusión de toda otra teoría para el conocimiento crítico de la realidad y para la identificación de las tareas políticas de la praxis socialista. Solo hay socialismo desde el marxismo. Por ejemplo, individuos o grupos que se regodeaban en su deseo revolucionario pueden ser machistas, racistas, colonialistas, homofóbicos o xenófobos. Como lo esencial se decidía en el cuestionamiento de la opresión de clase o en el combate contra la dependencia imperialista, se podía ser de derecha en otros sentidos, llamados "secundarios" o directamente calificados como preocupaciones "pequeño burguesas". La subordinación de las opresiones distintas a la "centralidad de la lucha de clases" implica que el resto de las dominaciones son secundarias, es decir, que no son tan graves. Tal actitud revela una indiferencia ante las opresiones múltiples de la existencia social. El marxismo de derecha tiene una especial afinidad con las explicaciones deterministas y estructuralistas, unidireccionales y lineales, que postulan el proceso de cambio como confrontación molar de grandes sujetos, definidos por caracteres simples, orientados por ideologías claras. Se fascina con el lenguaje hegelianos de Marx (las "leyes de movimiento del capital" extendidos a la "totalidad social") o sus traducciones positivistas ("los datos observables" de la confrontación de las "clases fundamentales"). El marxismo de derecha apela al determinismo, y anula la incertidumbre. ¿Qué otra noción de saber es más propia de la infalibilidad? El temperamento de derecha desea la seguridad absoluta y la complejidad del pensamiento le parece una concesión a la debilidad ideológica. Pensar es ceder. Dudar es claudicar. Revisar es traicionar.
El sexto y último rasgo del marxismo de derecha es su intransigencia. Despacha en dos palabras a las teorías críticas que operan en zonas consideradas propias o en regiones sociales específicas. Así por ejemplo, considera al psicoanálisis o al feminismo, a la crítica ecológica o al giro lingüístico, como meras "teorías burguesas o desviaciones pequeño-burguesas". El marxismo de derecha, para conservarse igual a sí mismo, excluye toda apertura intelectual sincera. La derecha en el marxismo está indistintamente ligada al extremismo revolucionario o al reformismo más oportunista. Sus cualidades pueden afectar cualquier variante de las opciones estratégicas.El marxismo de derecha tiene la extraña virtud de procrear antimarxistas. La experiencia subjetiva de compromiso con una práctica derechista del marxismo es al principio el mejor de los mundos, luego cualquier referencia al Socialismo es equivalente al “infierno”. Cuando se posee una teoría total, se comparte el ideal revolucionario con un grupo de referencia, casi una secta, inmune a las seducciones burguesas; se posee un fin paradisíaco próximo que justifica todos los sacrificios; se sigue a líderes omniscientes que conocen la política y la historia, no hay incertidumbre alguna. Se proclama una Doctrina. El marxismo de derecha, propicia lo que en psicoanálisis se denomina transferencia, esto es, un lazo omnipotente de amor que es también un vínculo de saber. Pero cuando el individuo logra comprender que el lazo entre la forma-aparato y el dogma le ha triturado un resto de vida, suele desarrollar una aversión al marxismo. Esto se vio en innumerables conversiones de sinceros/as marxistas al campo de la contra-revolución. En considerable el fenómeno de la vieja izquierda reconvertida en nueva derecha. Pero también hay una vieja izquierda que se refugia en la fraseología ultra-izquierdista pero actúa como la peor derecha fascista. Pero, por suerte, esto no acontece en toda el campo de la izquierda. Por fortuna, y contra quienes celebran la muerte de la izquierda, de la teoría crítica y del marxismo revolucionario, hay procesos que tienden hacia otra dirección.
En fin, la peor forma de re-crear el marxismo es reimpulsando un marxismo de derecha.

miércoles, 27 de agosto de 2008

SI HAY REVOLUCIONES DEMOCRATICAS:COMENTARIOS CRITICOS A LAS TESIS DE MARGARITA LOPEZ MAYA


Javier Biardeau R.

A pesar de que comparto algunas de las preocupaciones planteadas por Margarita López Maya en su entrevista publicada (El Universal 25 de Agosto de 2008), sobre el contenido y la dirección del proceso bolivariano, estoy en desacuerdo radical con la siguiente afirmación: "Las revoluciones no son democráticas sino que se imponen".
Plantear esto, es plantear la imposibilidad de una estrategia hegemónica-democrática para las transformaciones radicales, para los cambios estructurales en el campo social. Ya Laclau-Mouffe nos habían permitido distinguir entre una práctica-concepción democrática de la hegemonía y una práctica-concepción autoritaria de la misma, distinción que parece ser obviada por López Maya.

Si esta distinción, simplemente es imposible una vía política de transición que asuma la revolución pacífica, democrática y constituyente, como articulación indispensable entre socialismo y democracia. Pero para comprender esto, hay que desprenderse de los prejuicios institucionales del horizonte liberal de la política. Además, hay que romper con la tesis de la continuidad entre el imaginario político jacobino y el socialista, dificultad con la que tropieza Chávez insistentemente, y la oposición (paradójicamente), por carecer de una adecuada estrategia hegemónica democrática, y por soslayar el proyecto de una democracia radicalizada.

Desprenderse del horizonte liberal de la política implica abrir la posibilidad de una democracia post-liberal, no anti-liberal como fue representada por el leninismo y el fascismo. Implica además comprender las relaciones entre procesos instituyentes, instituidos y dinámicas de institucionalización. No hay fetichismo institucional desde el momento en que se comprende que la democracia no es simple institución, sino proceso permanente de democratización, lo cual supone cuestionar los formatos liberales que han limitado el despliegue y profundización de estos procesos.

Más que tener expectativas sobre instituciones permanentemente estables, hay que comprender el cambio institucional correlativo a los procesos de cambio político más amplio. Se requieren arreglos institucionales, pero no necesariamente deben ser estabilizados para la forma liberal restringida de la democracia, creando una falsa oposición entre democracia y revolución. Esta oposición es la trampa del pensamiento liberal, que solo concibe la democracia bajo el horizonte de las reformas y la revolución bajo la lupa de la imposición, del autoritarismo o de la dictadura de la mayoría. Este es un viejo tópico no solo del liberalismo, sino del pensamiento conservador.

No comparto la tesis de que las leyes habilitantes sean una simple continuidad y equivalencia con la propuesta de reforma constitucional derrotada en el referendo de diciembre pasado. Las leyes habilitantes no fueron consultadas debidamente, fueron aprobadas precipitadamente, contienen errores de forma y fondo, pero no son simples enunciados equivalentes a la reforma constitucional, púes hay diferencias de forma y de fondo. De forma, los actos de legislación son desarrollos de un programa político enmarcado en un horizonte constitucional, mientras los actos de reforma son modificaciones parciales de este mismo horizonte. Esta distinción liberal-formal es desconocida, dada la fuerte penetración de los sintagmas de sentido común de la maquinaria mediática en la comprensión de los actuales eventos políticos. Los guiones de “fraude a la democracia” y de “fraude a la constitución” se convierten en un terreno nocional que hay que superar para ir más allá de la doxología mediática.

Visiones académicas que administran y refuerzan circularmente los mismos estereotipos de la maquinaria mediática, no pasan la prueba mínima de vigilancia epistemológica de “superar las prenociones”. De fondo. Reforma Constitucional y Leyes Habilitantes. Se trata de dos niveles y planos que obedecen a análisis específicos, y que no pueden dejarse a las esferas autónomas del conocimiento; es decir, a los supuestos expertos en derecho, como si allí no existieran controversias de justificación ni compromisos ideológico-políticos.

Me parece una ingenuidad apelar a los “expertos en derecho” para dirimir estas controversias, si no reconocemos de entrada que el derecho hegemónico es el derecho liberal y el derecho de cuño positivista. No es la teoría crítica del derecho, el discurso hegemónico del derecho. No se trata simplemente que “los juristas y constitucionalistas deberían analizar la legalidad de esas leyes”. La legalidad es un asunto de esfera pública, de competencia técnica en aspectos parciales, pero de competencia social y política, en aspectos medulares. Una norma jurídica no puede desligarse del análisis conjunto de los criterios de legitimidad, validez, eficacia; y cada uno de estos aspectos no es simple materia de expertos.

Por ejemplo, se dice que cualquier enunciado de la reforma fue sancionado negativamente el 2-D. ¿Implica esto que es imposible e ilegítimo impulsar una legislación que redunde en la reducción de la jornada de trabajo? Me parece que llegar a estas interpretaciones es confundir múltiples planos, que es precisamente la labor de la doxología mediática. Una reforma es inconstitucional cuando sus propuestas chocan con los límites materiales y formales de una Constitución. Una legislación es inconstitucional, cuando sus enunciados presentan vicios de inconstitucionalidad o generan colisiones con instrumentos jurídicos de mayor jerarquía o de igual jerarquía normativa. Esto en el plano de la validez.

En el plano de la legitimidad, plantear que algunos enunciados de la reforma son idénticos a los de la reforma pasa por una demostración práctica. Plantear que son políticamente ilegítimos pasa también por una controversia practica, y por un desenlace electoral. Si utilizamos el argumento de tipo electoral que plantea que “todo” lo que fue rechazado el 2-D no puede volver a debatirse electoralmente, estaríamos congelando el proceso político. Lo que dicta la Constitución es que una misma reforma no puede presentarse dos veces en un mismo período. No hay legalidad alguna que diga que algunos de los enunciados de la reforma, mejorados o no, no pueden ser sometidos a aprobación o rechazo electoral, o aprobados o no por mecanismos de legislación ordinarios o excepcionales, como las habilitantes. Los argumentos de legitimidad son controvertibles y están sometidos a la lógica hegemónica de la política. Llevándolo al plano de las exageraciones (que a veces permiten explicar mejor estos asuntos), un candidato rechazado no podría volver a intentar ganarse el apoyo del electorado porque ya fue rechazado. Sabemos que esto es una estupidez en el juego democrático, porque hay cambio de opiniones, producto de efectos de persuasión, influencia o convencimiento. ¿Acaso no había aspectos de la reforma que eran valorados positivamente, que incluso se proponía que fuesen incorporados como leyes ordinarias?

Hay que distinguir planos. Para esto hay que leer y analizar. Por ejemplo, yo no tendría problemas en analizar conjuntamente la Constitución nacional, la Ley de expropiaciones y la nueva ley para la defensa de las personas en el acceso de bienes y servicios. Allí podemos constatar las contradicciones entre el art.115 constitucional, el art. 13 de la Ley de expropiaciones y el art. 5 de la nueva Ley. Pero esto no im0plica que uno defienda las libertades económicas, pues queda claro que la propiedad privada esta sometida a las “contribuciones, restricciones y obligaciones” que dicte la Ley, en aras del interés general o la utilidad pública. Esta es la clausula constitucional del Estado democrático y Social del derecho y de Justicia. No hay propiedad privada ilimitada. Es este el ejercicio práctico el que debemos realizar para no caer en falacias sobre “fraude constitucional” y “fraude a la democracia”.

La falta de consulta de esas 26 leyes es una de las grandes debilidades, y como dice López Maya “quiebra el principio de democracia protagónica en la que se ha basado el proceso revolucionario en los últimos años”. Pero, los mecanismos de consulta en las leyes habilitantes, no son necesariamente equivalentes a las leyes ordinarias. Esto es un debate, no solo aquí, sino a nivel de todos los procesos habilitantes. La crítica fundamental es que el Ejecutivo legisla excepcionalmente, con baja deliberación y consulta, concentrando excesivo poder. Esto se reconoce aquí y en cualquier lado. Pero esto es parte de otro problema, de la escasa capacidad de articular al pueblo, organizado o no, a la formulación de las leyes.

López Maya dice que “todo es muy parecido a la situación de 2001”. Yo diría que es peor políticamente para el Gobierno y para la revolución, porque pasa por un momento de “reflujo político” y no hay movilización popular masiva alguna que parezca apoyarlo. Además, hay que leer el contenido de las Leyes para captar las diferencias con el 2001. Desde mi punto de vista, las leyes los que hacen es mostrar signos de debilidad de la acción del Estado, tratando de delegar responsabilidades en áreas de decisión en los Consejos Comunales, prefigurando el Estatismo de una vieja y enmohecida izquierda cesarista.

Pero a diferencia de Margarita López Maya, considero que todos los contenidos de los artículos de la reforma constitucional, que no afectan en sus principios fundamentales a la Constitución y que reportan beneficios para la mayoría del pueblo deben ser parte de estas y otras leyes. Deben ser parte de una agenda política de coyuntura del movimiento popular.

¿Qué fue lo que se rechazo o no el 2-D? Margarita López Maya dice que “algunos de esos contenidos fueron rechazados en el referendo de diciembre y por ese lado los juristas y constitucionalistas deberían analizar la legalidad de esas leyes. Eso es materia de interpretación legal por parte del TSJ. El problema es que al igual que en 2001 hay cambios muy profundos que no fueron consultados”. Creo que el acento de López Maya es la escasa deliberación pública de los contenidos que son aprobados. Estoy de acuerdo, hace falta mucha deliberación, consulta, información, pero esto es muy distinto que afirmar que todo acto de Gobierno se convierte luego del 2-D en un “fraude a la democracia”, en un “fraude a la constitución”.

Todo aquello que contravenga el principio de la democracia participativa y protagónica, que es lo que le da legitimidad al proyecto bolivariano, debe ser cuestionado. Aquí hay una gran zona de acuerdos con López Maya. Pero insisto, donde hay una gran zona de desacuerdos es en lo siguiente: “hay cambios que se hacen a través de los procedimientos democráticos, y otras veces se contraviene esa lógica y se utiliza una lógica revolucionaria”. Este tipo de afirmaciones corresponde a un horizonte que desconoce el significado de una revolución democrática. Es necesario releer a Laclau-Mouffe en este aspecto.

¿Pasar por encima de las leyes? No necesariamente, hay cambios de legislación, hay reformas y hay poder constituyente. La enseñanza básica del poder constituyente es que no todo se hace bajo el principio del fetichismo legal e institucional. Profundizar y radicalizar la democracia es liberarla del encuadramiento liberal. Allí esta la historia de las transformaciones de la relación contingente entre liberalismo y democracia para demostrarnos la dinámica de esta tensión constitutiva. Nada de fetichismos.

¿Se pasa por encima de las leyes porque las revoluciones no son democráticas? Falso, las revoluciones son actos constituyentes y desbordan los cuadros jurídico-institucionales existentes (el poder constituido e instituido), por esos son radicalmente democráticas. Las revoluciones que se imponen; se imponen… ¿A quienes? ¿Sobre quienes? Hay que precisar el juego de mayorías y minorías, pues las minorías no deben ser aplastadas, pero tampoco pueden apelar a un poder de veto sobre las mayorías.

A diferencia de López Maya, la lógica democrática es una lógica revolucionaria, pero no cualquier lógica revolucionaria es democrática. Lo que está en tensión permanente en las revoluciones de las mayorías es la lógica liberal. Lo que entra en tensión en las revoluciones jacobinas desde arriba es la lógica demo-liberal y la radicalización de la democracia, que se ve prácticamente bloqueada.

Hay que hacer nuevas distinciones. La revolución democrática venezolana vive las deformaciones del éxtasis cesarista, de la captura jacobina y burocrática del impulso inicial revolucionario. Experimenta un reflujo burocrático, autoritario y cesarista. Pero no se trata de decir, que toda revolución es autoritaria. Es en nombre de la revolución que se despliega una política bonapartista, centralista y concentradora del poder.

Por esta razón, el Presidente siente que no tienen necesidad de respetar las leyes y la Constitución. Fueron las ilusiones ilimitadas sobre la reforma los que lo llevan a sobrepasar la Constitución de 1999., impulsando un “Socialismo por decreto”. Estoy de acuerdo en que se está tratando de construir un socialismo que por no ser consultado, por no se participativo, por no ser debatido ampliamente, no es democrático y se están cometiendo los mismos errores del socialismo del siglo XX. Pero esto no es equivalente a decir que la democracia es antagónica a la lógica revolucionaria.

Estoy de acuerdo en que hay que cuestionar el Estatismo Autoritario, la subordinación de todos los poderes públicos al Presidente, además de la liquidación del proyecto del federalismo cooperativo descentralizado, con un Consejo Federal de Gobierno muerto y en mora, que da paso a un Estado centralizado, que también vimos que fracasó en el siglo XX. En este aspecto, he escuchado declarar a Müller Rojas de que Venezuela no es un Estado Federal. Un olvido imperdonable del propósito constituyente de 1999, y que puede tener altos costos políticos. Profundizar la descentralización desconcentrada es ir más allá de alcaldías y gobernaciones, es ir hacia los nuevos sujetos de descentralización. Ciertamente, el Gobierno no tiene suficientes ideas creativas. Yo diría, a diferencia de López Maya que es la lógica militar de los paradigmas del “ejército fordista” lo que impide pensar en la descentralización desconcentrada, formula que debió explorarse conjuntamente con una Ley del Consejo Federal de Gobierno, pues la geometría del poder, desde los planteamientos de Doreen Massey, lo que plantean es la democratización de los espacios y lugares, teoría territorial complementaria a los planteamientos de la radicalización de la democracia. Pero el alto gobierno, me parece que está preocupado exclusivamente de los juegos y conflictos geopolíticos globales, mucho más que en radicalizar la democracia en los espacios locales.

Por esto, todo huele a aquel capitalismo de Estado en los 70 que ya estaba fracasado. Compoarto que como somos un país petrolero, rentista, las élites montan fantasías, que cada élite que desplaza a la otra, cree que son magos que transformarán a la sociedad de un día para otro y así seguimos dando “palos de ciego”. Este es un mensaje para Gobierno y la Oposición.

Finalmente, sabemos de los despropósitos de una enmienda unilateral para la reelección continuada para el cargo del Presidente sin considerar otros cargos ejecutivos de las entidades federales. Esto depende de una variedad de circunstancias, entre ellas los resultados de las elecciones regionales. Por eso, creo errada la estrategia de batalla.

En noviembre no se juega la permanencia en el poder, sino la democratización del poder, es la comprensión de que sin democratización la revolución llega a un punto crítico. Ya hay una lógica perversa que impide inmediatamente modificar el esquema de polarización-cohesión. Esto funciona cada vez menos, se agotó como política.

Sin una dirección colectiva, con la presencia del auténtico poder constituyente, podremos decir, ¡la revolución ha muerto!. Pero no hay que ser pesimistas, está creciendo una masa crítica que cada vez menos se deja imponer una hegemonía autoritaria, ni del gobierno ni de la oposición. Lo que ha crecido en Venezuela son las ganas de profundizar la democracia, de radicalizarla, viendo al mismo tiempo como fracasa simultáneamente la restauración punto-fijista y los intentos de controlar desde arriba las pasiones libertarias de un pueblo, que desea que otra revolución sea posible: una revolución desde abajo, una revolución democrática y porque no decirlo, un Socialismo desde abajo, con el pueblo y desde el pueblo.