sábado, 2 de mayo de 2015

¿PARTIDOS DE LA REVOLUCIÓN? EL PELIGRO DE PARECERSE A ACCIÓN DEMOCRÁTICA:

Javier Biardeau R.

Vale la pena que los altos dirigentes de los partidos de la revolución bolivariana se paseen por las líneas de las viejas entrevistas publicadas por Agustín Blanco Muñoz en aquel texto de 1981: “La Izquierda Revolucionaria Insurge”, en el caso particular, revisitar a fondo aquel fragmento de la entrevista realizado a la figura de Jorge Dager. ¿Cuál es su pertinencia hoy para la revolución bolivariana? Leamos con atención.

En el sub-título de una de las partes de la entrevista, ABM escribe: “En acción democrática prevalece la ideología e intereses de la burguesía”. Luego  realiza la siguiente pregunta:

Otra cosa, ¿cómo podría explicar el proceso de Acción Democrática para convertirse a la larga, de partido popular, digámoslo así, en partido al servicio de la burguesía? ¿Qué ocurre en AD para que este fenómeno se produzca?”

Allí contesta Jorge Dager:

“El problema está en lo siguiente: las clases son decisivas dentro de los partidos políticos. Y los partidos dentro de la sociedad no son estamentos aislados sino que son cosas diferentes que pertenecen a un mismo proceso. AD se definió como partido revolucionario en sus comienzos, pero como partido policlasista. El policlasismo significa que hay varias clases dentro del partido. Pero, como en toda sociedad, también dentro de los partidos se produce una lucha por la hegemonía entre las distintas clases que lo integran. AD al comienzo está integrada por campesinos, proletarios, clase media y un sector representante de la burguesía. Es decir, dentro de AD  estaban tanto las ideas del proletariado como las de la burguesía. Y se entabla una lucha por la hegemonía del mismo. Una lucha que al final ganó la burguesía. Y el partido sigue siendo policlasista, pero dominado por las ideas de la burguesía. Porque la lucha interna la ganó la burguesía y dominó al partido. ¿Esto qué quiere decir? ¿Qué se acabaron los proletarios en AD? No. Siguen. ¿O los campesinos? No, siguen también. Pero ellos están incurriendo en una desviación que en sociología política se conoce con el nombre de “fenómeno de la representatividad”, o sea, es la situación en que las masas, en que los explotados, sin darse cuenta, siguen las ideas de los explotadores. Y creen en sus ideas. Es decir, en AD, se da este fenómeno: las clases explotadas militan junto con los explotadores y siguen sus ideas, sin darse cuenta que están combatiendo por las ideas que son contrarias a sus intereses. Eso fue todo lo que ocurrió dentro de AD. Dentro de partido policlasista se entabló una lucha entre diferentes clases sociales de la sociedad venezolana, y la gano la clase burguesa. Y en ese momento la dirección de AD, y su política, en lugar de ser una política para el proletariado y por el socialismo, se convierte en una política para la burguesía y por la democracia burguesa”.

Hasta allí, el fragmento de la entrevista a Jorge Dager. ¿Interesante, no? Destaquemos algunos puntos.

AD surge como un partido revolucionario policlasista. Es decir, las fuerzas motrices del proceso nacional-democrático eran las clases populares en conjunción con los sectores medios y aquellas fracciones progresistas y nacionalistas de la burguesía, que estaban dispuestas a combatir tanto al imperialismo como al gomecismo.

La disputa por la hegemonía transcurrió en la definición de sus fuerzas dirigentes; es decir, cuáles sectores, grupos y clases iban a conducir la organización partidista, perfilando el contenido de sus intereses, sus ideas y proyectos. El proyecto del PDN surgió como la posibilidad de un proceso de modernización con justicia social.

La disputa de la hegemonía interna del partido fue decantando el contenido de la supremacía de los intereses, ideas e proyectos de sectores de la burguesía, bajo la forma/apariencia del nacionalismo-democrático de fraseología popular. Desde la crisis del gobierno de Pérez Jiménez hasta llegar al 23 de enero de 1958, aparecieron con claridad las disputas sobre el rumbo de la hegemonía interna en AD.

Este proceso implicó desarticular la trama de los discursos y prácticas popular-revolucionarias, para ir conformando una práctica, liderazgo y política de claro contenido reformista, e incluso en algunas etapas, de claro corte reaccionario (ideas anti-comunistas, pronorteamericanas, inhibición-represión de radicalizaciones políticas en sectores obreros, campesinos, obreros e intelectuales).

De allí la significación histórica del liderazgo intelectual, moral y político en AD, así como la desarticulación de cualquier forma de liderazgo revolucionario, ideas, intereses y proyectos, que disputaran la hegemonía del primer sector.

Como dijo Dager: “Dentro de partido policlasista, se entabló una lucha entre diferentes clases sociales de la sociedad venezolana, y la ganó la clase burguesa.”

¿Qué ocurrirá en los partidos de la revolución bolivariana? ¿Cuál es el contenido de clase de  sus ideas, intereses, políticas, proyectos y liderazgos? ¿A qué sectores, grupos y clases representan? ¿Construyen conciencia revolucionaria o funcionan como bisagra que mediatiza los intereses e ideas de determinadas fracciones capitalistas de los sectores dominantes? ¿Se trata acaso de organizaciones que hicieron posible la movilidad vertical ascendente de sectores medios empobrecidos, de una pequeña y mediana burguesía segregada por el esquema neoliberal anterior, se crearon nuevas capas y fracciones de intereses capitalistas y burgueses, producto de formas de acceso estatales a la renta petrolera o de rearticulación de intereses con tradicionales sectores financieros, rentistas urbanos y comercial importadores?

Concluimos con una pregunta que el entrevistado planteó como respuesta a la situación  de la trayectoria histórica de AD:

¿En lugar de ser una política para el proletariado y por el socialismo, se convierte en una política para la burguesía y por la democracia burguesa?

Un gran peligro para los Partidos de la Revolución, si quisieran seguir manejando una fraseología socialista que aparecería como impostura.

Ciertamente, la crisis de dirección ideológica y política de la revolución bolivariana luego de la partida física de Chávez, parecen reciclar las opciones estratégicas del 23 de enero de 1958.

¿Conciliaciones, restauraciones, radicalizaciones, reinvenciones, descomposiciones?

Cada quién sacará sus propias conclusiones.


martes, 28 de abril de 2015

EL COMUNISMO DICE: NO TE ENAMORES DEL PODER A MENOS QUE QUIERAS SER UN ENGRANAJE DEL LEVIATAN

Javier Biardeau R.
1.- ¿Dijo usted comunismo democrático?:
Hace algún tiempo publiqué un texto polémico y provocador denominado: “Marx-Engels: Comunismo Democrático” ([1]).
En aquel momento era evidente que las mentalidades del inciso sexto ([2]), o con mayor precisión aún, el “macartismo tropicalizado”, seguían vigentes en el país, dada la sedimentación histórica de diferentes iniciativas ideológico-políticas (y ahora mediático-educativas), incluida la práctica anticomunista del “betancourismo” (para no hablar del anticomunismo de la derecha copeyana y el Opus Dei).
El “anti-comunismo” figura en todo el siglo XX venezolano como  automatismo psíquico, como reflejo condicionado, como hábito semiótico de políticas, estrategias y tácticas, del “macartismo tropical”.
En el siglo XXI se dice que ha finalizado la “guerra fría”, la disputa entre “bloques de poder”, pero en realidad aparecen nuevas fronteras y campos de una “guerra fría político-cultural” en nombre del “avance indetenible de la globalización y la lucha contra el terrorismo”.
En la esfera mediática es sencillo rastrear formaciones de discurso y matrices de significación articuladas al “anti-comunismo”. En algunas subjetividades no será difícil encontrar los deseos de “prohibir el comunismo”, de “proscribirlo” como se intenta hacer actualmente en Ucrania.
Desde el “adoctrinamiento” de niños, pasando por denuncias a la “violación de los derechos humanos”, a la “dictadura totalitaria”,  a la escasez de medicinas y alimentos esenciales, todo es atribuido al “comunismo”. Basta escuchar la articulación sintáctica y el tono afectivo de aquella Dama, que en el registro de videos de anteriores movilizaciones opositoras profería la frase: “Chávez is a Comunist”, para darse cuenta de los resortes imaginarios que se mueven tras la escena de la “conciencia práctica” de un sujeto aparentemente transparente y reflexivo sobre su intención significativa.
Sin embargo, todas estas disposiciones pasionales y enunciativas están allí latentes en el inconsciente social de ciertos grupos sociales, esperando su actualización ante determinados estímulos. Su estado de latencia no implica que no aparezcan como “brotes epidémicos” en determinadas circunstancias.
2.- Retóricas conservadoras: ¿Luchar contra el socialismo es luchar contra el comunismo?
En gran medida, en el país el anti-comunismo y el anti-socialismo se usan como nociones intercambiables o equivalentes por la mentalidad de derecha ([3]).  Y las campañas electorales basadas en el miedo son ejemplares en el uso de tales asociaciones, para demonizar adversarios. El demonio de la modernidad política es el “comunismo totalitario” (una forma de amalgamar nociones es construyendo estos sintagmas), y han sido los estereotipos proferidos por la jerarquía católica los más utilizados en la estrategias de marketing político para demonizar a la izquierda.
Allí no operan sutilezas teóricas, intelectuales ni distinciones del espectro político, fenómeno que en otros países forma parte de la cultura política del ciudadano promedio.  En muchos países con socialismos democráticos avanzados, los procesos de secularización y de aproximación abierta al mensaje de las religiones del libro, ha logrado desactivar muchos de los prejuicios de un comunitarismo de corte conservador y hasta reaccionario. De manera que no esperemos en el país, por ahora, una recepción reflexiva  de las clarificaciones de Marx o Engels sobre la escogencia del término “Comunismo”, en vez de los signos de identidad de corrientes y “ambientes de sentido” socialistas de su época. Recordemos que para Marx y Engels había socialistas de varios pelajes, había pequeño burgueses, democráticos,  utópicos, proudhonianos, y un largo etc.
Quizás muy pocos se paseen por las líneas de aquel capítulo sobre la “Literatura socialista” del famoso Manifiesto donde describen algo llamado “Socialismo feudal”. Mucho menos podemos esperar algún tipo de valoración sobre las tesis del siglo XXI acerca de la necesaria renovación del discurso y praxis del Socialismo Democrático-participativo.
3.- ¿A qué llama usted socialdemocracia?
Si la socialdemocracia no esperó rebasar la democracia representativa, en el terreno económico intento reducir las desigualdades sólo en el seno mismo del orden capitalista, esto a partir de la tributación progresiva sin afectar la propiedad privada de los medios de producción, colocando el acento en la “distribución justa de la riqueza”.
Y logros importantes los hubo, sobremanera en aquellos países que aparecían como modelo de contención ideológica del socialismo real de planificación centralizada, como el modelo escandinavo y alemán de Estado de Bienestar.
De modo que sobre el Estado social se descargaron dos tipos de expectativas: los conservadores y liberales lo aceptaban como fórmula de neutralización del movimiento obrero en sus demandas radicales anticapitalistas. Los reformistas sociales, moderados y radicales, suponían que quizás el Estado social y democrático podría ser una condición político-institucional para un tránsito pacífico a una figura de socialismo democrático, pluralista, representativo, bajo una economía mixta y regulada por un Estado Constitucional de Derecho.
Sin embargo, su existencia dependía de la potencial proyección del campo socialista soviético. Eliminada tal amenaza, al capitalismo le quedaba la puerta abierta para demoler ahora a su propia creación-concesión de estabilidad social y política para recuperar un terreno a la acumulación y valorización del capital. Como ejemplo, allí esta Europa debatiéndose sobre si defender o no las variantes históricas del “Welfare State” y cómo hacerlo. Para el capital financiero queda claro que el “Welfare” es un obstáculo a ser derribado.
Pero en América Latina, patio trasero de la política hemisférica del Estado menos promotor de cualquier idea de justicia social y bienestar social (EE.UU entendió por Welfare el New Deal de Roosevelt), permitir figuras históricas del Welfare State suponía agregarle barreras fiscales y limites arancelarios a la libre movilidad y campo de maniobra de sus propios Capitales. El libre comercio y la iniciativa privada han sido portaestandartes del propio discurso de política exterior de los EE.UU. Allí se anidan el ALCA y los TLC.
Con “razón”, los intentos  estructuralistas Cepalinos fueron vistos como obstáculos para los sectores más derechistas del establishment norteamericano. Incluso interpretados como una puerta de entrada del comunismo. Y el dependentismo y el viejo marxismo ortodoxo aparecían como satélites ideológicos, o de la revolución cubana o de la revolución soviética respectivamente.
De modo que decir “Socialismo” en Nuestra América era comunismo y punto. Y la derecha se ha encargado de fijarlo hasta el punto que la propia izquierda también luce convencida de que en la práctica existen algo más que “aires de familia”.
4.- ¿La cuadratura de la izquierda reformista y revolucionaria?
Cualquier renovación del socialismo quedaba acotada a reproducir los límites político-ideológicos definidos por a) el seguidismo soviético, b) el camino cubano, c) en menor medida, la revolución china, o d) las vías socialdemócratas del Estado de Bienestar Europeo. 
Así, el colonialismo de los intelectuales de izquierda obedeció a que sus marcos estaban claramente delimitados por estas cuatro experiencias históricas de transformación. Más allá de ellas, al parecer, la nada.
Por eso el socialismo del siglo XXI aparecía de entrada como campo de experimentación (creación heroica) o de reciclaje (revival del debate socialismo-comunismo real).
Ahora bien, desde nuestro punto de vista, una cosa era cuestionar el “colectivismo burocrático” encarnado en los socialismos reales del campo soviético, aquel que habló en nombre del comunismo planteado por Marx y Engels; y otra cosa, era pasar por contrabando el estereotipo de que “todo comunismo es totalitario y anti-democrático”.
5.- ¿En que quedó el debate sobre el nuevo socialismo para el siglo XXI?
Múltiples corrientes derivadas de la obra abierta, crítica y trunca de Marx-Engels han intentado otorgarle legitimidad al debate sobre un nuevo socialismo. Algunos, han supuesto que tienen el santo grial ideológico en sus fórmulas teóricas, donde bloques populares movilizados, luchas económicas y políticas, hegemonías culturales y comunicacionales, partidos, estrategias y tácticas, alianzas internacionales son variables controladas por un gran cibernético teórico.
Interesante al respecto ha sido la expresión dada a este centro cibernético o vanguardia teórica por Julio Escalona: el sabelotodo.
El problema es que este tipo de debates no se resuelve sencillamente con citas ni argumentos de autoridad. Podríamos apelar, por ejemplo, a la obra completa de Marx-Engels, y encontraríamos algunas inflexiones conceptuales que no son menores.
El debate sobre el socialismo del siglo XXI sigue pendiente, el problema es que todavía nadie quiere decir que es realmente lo nuevo para el siglo XXI.
6.- ¿Era Marx un semillero totalitario?
Desde la crítica a la filosofía del derecho de Hegel, pasando por el Manifiesto Comunista, luego irrumpiendo en los textos sobre la Comuna de París hasta llegar en la Introducción controversial de Engels a “La lucha de clases en Francia” no encontramos un concepto cerrado, monolítico y compacto que permitan afirmar a rajatabla que Marx y Engels son justamente “las semillas ideológicas” del totalitarismo. 
Tampoco Marx y Engels ofrecieron una arquitectónica del comunismo plenamente realizado. La tentativa de construir proyectos que funjan de moldes a priori para las lucha sociales es una manía de los estratos intelectuales. Pero la vida y la experiencia de las luchas siempre desbordan los cajones de sastre.
Existen intentos de cortarle los dedos a los pies de las luchas populares para meterlos en zapatos ideológicos a la medida de la vanguardia teórica y política de turno. Sin embargo, los proyectos, modelos e ideales no son necesariamente despreciables. Pero son esquemas regulativos o de orientación, no dogmas. Forman parte de la “conciencia anticipante” que alimenta la función social de las utopías.
Sin embargo, entre tantos ríos de tinta sobre las formulaciones marxianas del comunismo, cabe destacar algunos aspectos, que al ser omitidos u olvidados, generan las más extrañas experiencias de invención del agua tibia, o las más grotescas caricaturas del socialismo inspirados en textos de Marx-Engels. Cabe recordar algunos puntos esenciales:
a)     El fundamento institucional del pasaje del capitalismo al socialismo dependería no de las nacionalizaciones estatales de actividades económicas manejadas por una burocracia cada vez más incontrolable, sino por la propiedad social-colectiva de los medios de producción, que deberían ser administrados y desarrollados en forma planificada con la participación directa de los productores asociados.
b)     Las fuerzas sociales de la producción estarían tan altamente desarrolladas que se pondría de lado la carencia de medios de existencia social, siendo posible la satisfacción más completa del sistema de necesidades, incluyendo aquellas relacionadas con el tiempo de ocio, el reconocimiento social y la autorrealización de potenciales individuales.
c)      La tecnología superiormente desarrollada y la productividad incrementada por el intelecto general coordinado, dependería y a la vez posibilitarían un grado cada vez más amplio de instrucción general y formación científica, técnica y humanística, superando en el terreno de la producción, la antigua división social y jerárquica (despótica) del trabajo, entre las actividades espirituales de dirección y las actividades manuales repetitivas, de ejecución serializada y simple.
d)     Se pondrían de lado en la administración de los bienes comunes todo elemento de relación de dominio, eliminando la escisión permanente entre gobernantes y gobernados, mediante una administración común, consultiva y participativa,
e)     La riqueza y el elevado desarrollo cultural sobre una amplia base social permitirían una superación de la división de clases y las desigualdades sociales, generando una combinación óptima de diferenciación social, desarrollo de capacidades humanas y despliegue de condiciones básicas igualitarias.
De este modo, la utopía concreta marxiana no anhelaba la perfección humana, aunque si intentaba superar los peores y mayores sufrimientos y crueldades humanas.
Se trataba de lograr la transformación de las cargas sociales en placeres, pasar de actividades penosas y enajenantes a acciones gratificantes, generando espacios de libertad, auto-actividad y auto-realización. De las motivaciones extrínsecas se pasaría a motivaciones intrínsecas. No se trataba entonces del “comunismo grosero o vulgar” (Manuscritos de Paris), basado en la escasez, la envidia socialmente organizada o la compulsión moral.
Evidentemente, que muchos pensaran que la hipótesis comunista trataba de la secularización del “paraíso” de las religiones del libro; aunque más bien Marx y Engels fueron muy realistas al considerar que una cosa era la superación de los antagonismos sociales y otra la eliminación de las tensiones entre individuos.
Pero el individuo socializado no implicaba el hombre de la muchedumbre solitaria y administrada desde arriba: la socialización y personalidad humana no remitían al colectivismo aplastante que ha sido propio de todas las imágenes sociales del individuo sacrificado por el ideal totalitario. La idea de comunidad democrática, en vez de la idea de Estado total, es la base de una comunidad fundada en la libertad personal.
Marx plantea claramente que “ha de evitarse concebir la sociedad nuevamente como una abstracción contrapuesta al individuo”.
De hecho frente a Marx, hasta Hanna Arendt se movió con mucha más finura,  sutileza y cautela, que sus viejos y nuevos acólitos. Convertir a Marx en “padre espiritual” del totalitarismo siempre ha sido una muestra de ignorancia y mala fe. Una confusión basada en asociaciones casi siempre disparatadas entre el devenir de la experiencia de la revolución rusa y los textos de Marx.
7.- La transición socialista y el sello económico, moral e intelectual de la vieja sociedad;
Claro está, no hay que abonar una tesis ingenua sobre el “democratismo” de Marx y Engels. Allí está la puntual expresión de Marx  acerca de la noción de “Dictadura revolucionaria del proletariado” en el Programa de Gotha, o la clara advertencia de Engels sobre la idea de autoridad ante los embates del campo anarquista.
De allí las precauciones sobre el período de transición sobre el cual muchos responsables políticos se hacen simplemente los locos: “De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino, al contrario, de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede.” ([4])
La política y lo político encierran aún una dimensión de fuerza mientras existan divisiones de clases basadas en determinados regímenes de propiedad, producción e intercambio, en determinadas formas de Estado, instituciones jurídicas y políticas. Estas divisiones acompañan a otras, se entrelazan con ellas, como la dominación masculina, el racismo, la segregación étnico-cultural, la microfísica del poder o la destructividad de lo que seguimos llamando la “naturaleza allá y afuera”.
Pero es esa dimensión de coerción y violencia lo que las izquierdas inspiradas en un Marx libertario no pueden dejar de combatir si no quieren parecerse demasiado a las derechas. De modo que una izquierda despótica se da la mano en política con cualquier figura de la derecha que le parezca despreciable la idea de soberanía popular o la democracia de la multitud cooperante.
Frente a esa izquierda despótica también hay que levantar barreras ético-culturales y políticas. Oponer a su hegemonía dura, monolítica y jerarquizadora, una contrahegemonía de movimientos, redes, campañas, emboscadas y maniobras indirectas para enfrentar el sello de la vieja sociedad que se niega a desaparecer.
En las revoluciones hay que derrotar a los institucionalistas, a los conservadores, a los privilegiados, a los castradores, a los que se enamoran del poder hasta desdibujarse como subjetividades transformadoras, hasta convertirse en “más de los mismo”: la “misma miasma” pues. De allí derivan las restauraciones o los estancamientos: de omitir una revolución democrática permanente como condición política de la posibilidad de someter a cuestionamiento y transformación los múltiples ejes de dominación y subordinación aún presentes en la sociedad. Como señalaba Engels con relación a la dialéctica: “todo lo que existe merece perecer” significa desde el punto de vista político que las posibilidades de ampliar espacios de libertad y liberación son impulsos que organizan las relaciones sociales no desde el punto de vista de los símbolos verticales de sumisión y conformidad (Harry Pross dixit), sino a partir de las totalizaciones abiertas de praxis, autonomía y auto-realización junto con otros con igual dignidad. Se trata de comunidades y sociedades organizadas contra la forma-Estado y contra la dominación.
Sin embargo, como se trata de hacer una hermenéutica crítica y no simplemente reconstructiva, creemos que es posible apoyar la tesis de la República Social y Democrática como elemento clave del puente o transición hacia el Comunismo esbozado por Marx-Engels, por una parte, y como inspiración del socialismo democrático, participativo y deliberante que quizás pueda abrirse paso como Eco-socialismo participativo para el siglo XXI.
En pocas palabras, ante las tentativas de algunas “elites revolucionarias” de convertir la “democracia social, participativa y protagónica” en una bandera instrumental para manipular incautos, se hace preciso reiterar que la “democracia sustantiva” es el socialismo democrático-participativo por el cual vale la pena luchar, y que “socialismo sin democracia radical y sin libertades políticas” es reiterar la cascada de errores que llevaron de la utopía concreta marxiana al Estatismo Autoritario encarnado en el socialismo burocrático.
Mucho pudiera avanzar el proceso bolivariano en destrancar sus propias actitudes limitantes si dejara de manosear los guiones del populismo corporativo-clientelar o del viejo socialismo burocrático del siglo XX. Quizás no se perdería tanto la brújula, o el llamado “momento normativo” de las políticas públicas, si estuviesen las prácticas del Estado o de los partidos, no en el calco y copia de los manuales de las ortodoxias, sino más bien en la utopía concreta del “comunismo democrático”, o inspirado al menos en un debate socializado de algunas de aquellas líneas del “modelo socialista” que Ludovico Silva troqueló en su “Teoría del Socialismo”.
El reino de la pre-historia es el reino de la necesidad y de las alienaciones. Sobre esta base, superando paso a paso las limitaciones desde la praxis social consciente es que es posible avizorar el potencial de lo que Marx denomino reino de la libertad:
“El reino de la libertad se inicia, de hecho, cuando cesa el trabajo impuesto por la necesidad y por metas externas; se encuentra pues por su propia naturaleza más allá de la esfera de la producción propiamente material…la libertad en este terreno solo puede consistir en que el hombre socializado regule racionalmente en cuanto productores asociados sus intercambios materiales con la naturaleza…con el desgaste menor de fuerza y logrando las condiciones más dignas y adecuadas para la naturaleza humana. Pero siempre se está así en el reino de la necesidad. Más allá de él comienza el desarrollo de fuerzas humanas, que aparecen como un fin auto propuesto, como el verdadero reino de la libertad, que solo puede crecer sobre ese reino de la necesidad como su base.” (Tomo III, El Capital)
Como planteó Helmut Fleischer, “el nombre del futuro es el comunismo, una asociación donde el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos” siguiendo el espíritu del Manifiesto.
Sin embargo, las revoluciones políticas no pasan a ser revoluciones sociales porque el proceso de cambio político se estanca en la “revolución administrada y amaestrada” desde arriba.
El fenómeno del PRI mexicano o el termidor estalinista son emblemáticos de la institucionalización de un proceso de entusiasmo y efervescencia revolucionaria. Lo instituyente deviene en institucionalización cerrada, en captura y serialización de la praxis transformadora. Como diría hoy Ranciere en vez de política revolucionaria tenemos es simple Policía. De la temperatura caliente de un soviet, el comité campesino, el consejo obrero pasamos a los órganos más fríos del monstruo frio como cualquier mala imitación de la Stassi (“Policía política”: sintagma que expresa que el espíritu del Estado Hobbseano sigue vivo).
Ante la multiplicidad de significaciones presentes en diversos textos no dejaremos pasar aquella formulación de:
“Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría.  El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.  El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.” ([5])
Obviamente, en la cita referida hay mucho en juego. La prioridad leninista-bolchevique del comunismo de partido-único, de la elite revolucionaria jacobina se ve tan cuestionada como la tesis derechista del comunismo anti-democrático.
¿Se ha echado por tierra aquella sociedad oficial, o se ha levantado una nueva sociedad oficial, la llamada nomenclatura, bajo la tesis de Pareto y su circulación de las elites? ¿Es el movimiento proletario un movimiento autónomo o es la “masa de maniobra” convertida en una clientela heterónoma? ¿Predominan los intereses, necesidades y aspiraciones de la mayoría inmensa o se ha enquistado una nueva cúpula de poder, o neo-cogollo?
De hecho, la elite de izquierda o la derecha de siempre han sido dos factores ideológico-políticos que inhiben un retorno abierto, crítico, creativo y libertario a los textos de Marx sin las anteojeras del marxismo soviético o los prejuicios del más rancio catolicismo o del nazi-fascismo.
Obviamente, muchos menos lectores estarán informados de las críticas de, por ejemplo, Adam Schaff, entre otros, de las apropiaciones selectivas de Lenin de ciertos textos de Engels. La controversia, como debe ser, sigue abierta.
La distinción entre contenido del Estado (¿Quiénes gobiernan, Cuáles intereses de clase nos gobiernan?), la forma de gobierno (¿Cómo gobiernan?) y el régimen político, ha sido suficientemente trabajada, así como la noción de “Dictadura” y “Democracia” en su tiempo y escritura Marxiana, como para seguir reiterando la retórica anti-marxista de la “guerra fría político-cultural”.
Otra cosa es seguirle el paso a los devenires y desventuras del experimento bolchevique, hasta llegar a las nociones stalinistas de realismo político y razón de Estado. Que Stalin haya sido muy poco democrático es una interpretación más plausible históricamente que cualquier esfuerzo deconstructivo por justificar otra cosa distinta.
Ciertamente, como diría Umberto Eco, hay límites en ciertas hipótesis, y mucho más en el conflicto de interpretaciones en juego. El siglo XX  de los socialismos se caracterizó por las maniobras de las citas a diestra y siniestra para legitimar determinados principios de actuación política.
El socialismo burocrático y el marxismo soviético hicieron de las ideas de Marx un cuerpo dogmático, un texto domesticado; en fin, amaestrado por funcionarios que tributan su plusvalía ideológica al sostenimiento de todas las apologías; en fin, intelectuales proclives a barnizar gobiernos en nombre del realismo político de las circunstancias. En fin, propaganda bancaria (Freire dixit).
Ciertamente la democracia en Marx no se limita a la democracia representativa ni se defiende la propiedad privada burguesa, incluso para Marx es la Forma-Comuna una posible vía de superación de ambas. Pero también en Engels no quedaba descartado la actividad política parlamentaria para promover avances en la dirección de figuras del Socialismo basadas en la conquista de espacios de participación para el movimiento obrero mediante el sufragio. Frases sobre el “cretinismo parlamentario” o las “elecciones burguesas” se usan muchas veces para omitir la flexibilidad de caminos y contenidos de los procesos de transición al comunismo en el pensamiento de Marx-Engels. De modo que hay que ser muy cautelosos ante los mandarines que interpretan cuál es en realidad la revolución correctamente administrada por una vanguardia.
8.- El cacareado dogma del partido como guardián de la verdad revolucionaria:
Claro que “sin teoría revolucionaria no hay praxis revolucionaria”, pero ¿Qué cualifica de “revolucionaria” a una teoría, o a una conciencia reflexiva? ¿No es acaso la crítica radical de toda forma de dominación, explotación y opresión?
Los funcionarios del aparato llegaron a crear una respuesta monolítica para la pregunta anterior. La garantía última de la verdad revolucionaria reposa en el saber infalible del Comité Central del Partido. El que dude de la línea teórica del aparato se aleja pues de la verdad: ¿verdad? Hay tantas y complicadas relaciones entre epistemología y poder, que más vale ser escéptico ante los que profieren que la verdad reposa exclusivamente en el aparato político.
Hasta Lukács recayó en semejante mixtificación de suponer que la “conciencia posible o imputada” se había encarnado en la autoridad del partido revolucionario.
Mientras para Marx la conciencia de clase para sí misma se despliega tras los conflictos colectivos de los trabajadores (luchas sindicales, reivindicaciones sociales que afectan a los trabajadores, etc.), necesidad de la unidad no sólo reivindicativa, o sindical sino además política, los trabajadores llegan a entender que tienen unos intereses determinados como clase, que entran en conflicto con los de la clase dominante en la sociedad que requiere un pasaje por la esfera de la política y el poder del Estado; para Lukács, en cambio, el Partido encarna una teoría acertada de la explotación y la desigualdad capitalista, que transmiten a la clase trabajadora desde fuera (siguiendo a Kautsky y Lenin en esta tradición). Esta teoría permitirá trascender la limitación de la propia acción descoordinada de los trabajadores, su conciencia psicológica y reivindicativa, desafiando de forma efectiva los fundamentos del sistema capitalista como un totalidad histórica.
Es justamente en este paso de la conciencia en sí en conciencia para sí, que se abre el espacio para la sustitución del despliegue del poder constituyente de la multitud en lucha a la mediación partidista de los intelectuales revolucionarios, quienes en vez de ocupar su función en la catalizadores del intelectual colectivo; es más, la transformación del sentido común (conformismo) en buen sentido (resistencia e insurgencia), intentan desplazar y anular el saber y conocimientos producto de la lucha económica y política del proletariado, es decir, su sistematización abierta a la investigación acción-transformación, por el presunto conocimiento científico y acabado de las leyes objetivas del movimiento histórico separado de las luchas.
La praxis teórica queda alienada del despliegue de la praxis transformadora, o a lo sumo se auto concibe, como lucha de clases en la teoría: disputa simbólica en la esfera exclusiva del homo academicus.
9.- ¿Era la forma-Comuna el discreto encanto del populismo?:
Por otra parte, la forma-Comuna tampoco puede confundirse con la forma de gobierno de dictaduras militares, bonapartistas o populista corporativas típicas de la derecha, ni con ningún contrabando ideológico estalinista.  
Decir que Marx apoyó la “Dictadura revolucionaria del proletariado” significa nada más y nada menos que apoyaba la “libre voluntad de la mayoría de la población” en las circunstancias históricas del siglo XIX para desplazar del poder a la minoría capitalista.
Decirlo en aquel entonces era una revolución de la vida cotidiana. Decirlo hoy, sigue siendo revolucionario, aún con todas las consideraciones críticas acerca del papel de las tecnologías de organización, dirección y manufactura del “consenso de masas”. En aquella época aparecía sobre la figura concreta del obrero, el impulso vital de la identidad proletaria.
Hoy día, sobre la figura de los sectores medios depauperados, los obreros no sindicalizados, la burocracia sindical y el precariado urbano, decir “proletariado” es algo más que un desajuste semántico: lo que hay es una amalgama de consumismo con ciudadanía a medias, de explosión de los condenados de la tierra con clientelismo segmentado, de retóricas socialistas junto con el “cuanto hay pa´eso”. No hay nada más peligrosos que el populismo mediático.
No se trata de ser apocalípticos, pero los dispositivos massmediaticos pretende (y muchas veces logran) integrar consensos, imaginarios, cuerpos y representaciones al orden vigente es una banalidad de nuestra condición epocal.
Quién controla la administración del consenso, la pasividad del cuerpo y el silencio del grito, pues ya ha logrado la hegemonía en el terreno de las mentalidades, del biopoder. Sin democratizar los medios y mediaciones culturales, efectivamente, tenemos otro espacio de poder concentrado y centralizado que organiza el “conformismo de masas”. Y las elites se combaten unas a otras, utilizando a sus rebaños electorales como “clases peligrosas”.
Ahora bien, personajes históricamente analizables, se han apropiado a conveniencia de una frase de Marx (Crítica al programa de Gotha-1875): “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la Dictadura Revolucionaria del Proletariado.”
10.- ¿Por qué Engels critica a los blanquistas?
Sustentar una “Teoría y Praxis de la Dictadura del Proletariado”, como período político de transición, es ya otra iniciativa teórico-política. Si se deriva de allí una justificación a una forma de gobierno autoritaria-burocrática estamos ante una impostura. Digo esto, porque a una u otra elite le gusta ahora decir que la democracia tiene límites. Esto es lo que hay que comprender y explicar sin pelos en la lengua. Engels (1874) critica a los blanquistas de la siguiente forma:
“De la idea blanquista de que toda revolución es obra de una pequeña minoría revolucionaria se desprende automáticamente la necesidad de una dictadura inmediatamente después del éxito de la insurrección, de una dictadura no de toda la clase revolucionaria, del proletariado, como es lógico, sino del contado número de personas que han llevado a cabo el golpe y que, a su vez, se hallan ya de antemano sometidas a la dictadura de una o de varias personas”.
Engels sabía exactamente lo que significaba una Dictadura de una minoría sobre la clase revolucionaria del proletariado, llámese una persona, un comité central, un buró político, un partido completo o una clase social minoritaria. Obviamente la “Dictadura revolucionaria del proletariado” como clase para sí, pero a la vez como destructora de la división de clases; no era la “Dictadura de la elite de un partido-único sobre el proletariado y el resto de las clases minoritarias”.
Engels (Contribución a la crítica al proyecto del programa socialdemócrata-1891) planteó: “Está absolutamente fuera de duda que nuestro Partido y la Clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la República Democrática. Esta última es incluso la forma específica de la Dictadura del Proletariado, como lo ha mostrado ya la Gran Revolución Francesa”.
No hay continuidades tan suaves y lineales entre Marx-Engels y las ortodoxias posteriores con relación a la República Democrática. Adam Schaff ha denunciado en sus textos como Lenin deformó completamente el párrafo de Engels, en la obra “El Estado y la Revolución”, considerada documento clásico y fundacional de la “Teoría revolucionaria del Estado Socialista”. Dice Lenin:
"Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la República Democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado.”(Lenin-cap. IV).
Cualquier lector atento reconoce que no es lo mismo decir que la República Democrática “es la forma específica”, que decir que “es el acceso más próximo”. Al decir “acceso más próximo” se establecen dos momentos sucesivos de un proceso teleológico que conlleva a la dictadura del proletariado como meta; si se dice forma específica, se trata del atributo de la Dictadura del Proletariado, su carácter de República Democrática. En fin, que lo que está en juego es si la democracia es un instrumento que se usa y se desecha, o si la democracia es medio y fin, o al menos es ideal regulativo para métodos y metas.
Así mismo, en el “Manifiesto Comunista” no aparece por ningún lado la palabra “Dictadura”, tomando en consideración lo siguiente: “(…) es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su Partido”.
Vale la pena insistir con la idea que plantea: El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial”. Y más adelante Marx y Engels señalan: “el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia.”
La experiencia de la Comuna le hace ver ciertamente a Marx que no basta con tomar la maquinaria del estado y ponerla a funcionar con otra clase política dirigente, es preciso romper, quebrar la maquinaria del estado burgués, salir de sus peores lados. ¿Y cuáles son estos oscuros aspectos? La violencia organizada sobre las clases trabajadoras y el pueblo. Sus instrumentos de violencia, de coerción.
¿Qué significaba exaltación del proletariado al poder, conquista de la democracia? ¿Acaso la exaltación del secretario general que sustituye al comité central, el comité central que sustituye al Buró Político, el Buró político que sustituye al Partido, el Partido que sustituye a la clase, la clase que sustituye al bloque popular mayoritario?
11.- ¡Pobre revolución aquella donde la hegemonía resida en los símbolos verticales del poder!
En este juego de sustituciones emergen correlativamente los símbolos verticales del poder; la estructura de mando y confiscación de la participación y protagonismo de los “de abajo”, en nombre del principio inamovible del “centralismo democrático”: los órganos inferiores terminan siendo simples ejecutores (obediencia debida) y los órganos superiores terminan siendo directivos (Irresponsables de la línea política porque se justifica que ha sido debatida desde los órganos inferiores), la unidad de acción termina coaccionando el ejercicio del debate político interno, y la democracia interna se doblega ante el centralismo directivo.
Si el partido político prefigura la organización del Estado de la transición entonces se trasladan las lógicas del aparato partidista al Aparato Estatal. La sombra del Monstruo Hobbesiano va levantando su estampa en el seno de la política reducida a lo político instituido, y éste último resguardado por el vigilante nocturno y sus policías.
La pregunta obvia es: ¿Y qué otra fórmula de organización política es posible proponer? Pues un centralismo completamente atenuado: tanta Democracia participativa y protagónica como sea posible y viable, tanto Centralismo y Coordinación como sea sólo indispensable para ser eficaz políticamente. Existencia de tendencias y corrientes de opinión en el seno de la organización a la hora de debatir líneas de acción; debate libre de opiniones, con órganos de formación y publicidad, espacios de investigación social, económica y política, desarrollo de actividades científicas, técnicas y humanísticas asociadas a las labores del partido. Unidad de acción que agotara la persuasión y el convencimiento de las corrientes minoritarias para el logro de la línea de acción política. Hace ya un tiempo que se formularon algunas ideas:
Proponemos un partido de tendencias, asumido legítimamente como un partido democrático, en donde la disidencia, las minorías y las opiniones contrapuestas, no sólo sean respetadas, sino incorporadas fecundamente como el modo de ser y de actuar del partido mismo.” (Lanz Rigoberto, 1977, Tendencia Marxista, MIR)
Esta tesis la desarrolla ampliamente en el libro Por una Teoría del Poder y del Partido (1979), en el fragmento titulado ¿Monolitismo o Partido de Tendencias? (Páginas 133-143). La tesis central del autor es que un partido donde no está articulado por el debate e incorporación de las ideas contrarias, aun siendo minoría, como la naturaleza misma del partido, conduce en términos de la práctica a la transformación del partido en un aparato totalitario.
¿Por qué Marx hablaba de la existencia de partidos diversos en el seno de las clases trabajadoras y del pueblo, además del partido comunista, y de las posibles alianzas tácticas o estratégicas?
Los que plantean la equivalencia Marx = totalitarismo saben que mienten. La democracia de Marx-Engels es la democracia de las mayorías explotadas y dominadas organizadas en corrientes, movimientos y partidos, no la democracia burguesa.
En sus Principios del Comunismo (1847), texto preparatorio al Manifiesto, Marx-Engels plantean: “La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que afectasen directamente la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado”.
12.- ¿Es socialista el que protege la propiedad privada burguesa?
Obviamente, el proyecto proletario no coincide con el proyecto burgués: “Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.”
Sospéchese del socialismo que no dice ni pio sobre la relación capital-trabajo como forma de explotación, de esclavitud asalariada.
La utopía concreta marxiana (fines) con relación a la transición (métodos y caminos) no permite suponer que se trata de la abolición de la democracia, sino del “tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases.”
Todavía hay mucha maleza ideológica que remover para renovar una lectura de Marx abierta, crítica y creadora, que inhiba su conversión en un sacerdote de la veneración supersticiosa de la lógica de la dominación.
13.- ¿Cómo identificar a los pichones de Hobbes?
Si hay algo que estanca o revierte revoluciones sociales y políticas es la lógica de sentido de la “razón de Estado”, cuyo único fin es el mantenimiento de la estabilidad política y de un cuadro de mando por el poder mismo. El poder quiere más poder, y sin límites ama la dominación.
El mensaje de Marx fue claro: revolucionario que se enamora del poder se convierte en un engranaje de la razón de Estado: partió quizás de algo parecido a Marx pero naufragó en los brazos de Hobbes.
Volteretas ideológicas, nuevos pichones del mando capitalista.

jbiardeau@gmail.com







[3] Noé Jitrik: La Derecha. http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-271093-2015-04-22.html
[4] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm
[5] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

martes, 14 de abril de 2015

POTEMKIN, REVOLUCIÓN Y AMAESTRAMIENTO


Javier Biardeau R.
Existe un debate sobre el papel y carácter de los estratos de intelectuales, pensadores, cultores, artistas, científicos, activistas, formadores de opinión, profesionales y técnicos en un proceso que se auto-comprende como una “revolución democrática y socialista”. En contraste con los “socialismos realmente inexistentes” en la historia (sobremanera con el modelo soviético a partir de la 1934), se ha señalado que los intelectuales no pueden cumplir el rol histórico de simples apologistas o propagandistas del “status quo”; es decir, cumplir la función de “intelectuales palaciegos” o “cortesanos del poder”.
Uno de los mas emblemáticos ejemplos de las actitudes palaciegas y cortesanas, en sus relaciones con los dispositivos de poder, es relatado en referencia a la llamada “Aldea de Potemkim”, una aldea ficticia, que ordenó levantar Potemkin, Ministro y favorito de Catalina de Rusia, a cierta distancia, pero bien visible en el horizonte del camino que ésta habia de recorrer, para mantener en ella la ilusión de la prosperidad de su Imperio.
La idea de construir estas fachadas ilusorias, o como crudamente se les denomina en la vida política venezolana: “potes de humo”, es lograr construir una muralla de protección, mecanismos de defensa simbólicos e imaginarios que organicen y estabilicen un esquema de significados dominantes, una coartada ideológica para presuponer que “así como van las cosas, todo va bién”.
La tentación de la apología es esencial para mantener la ilusión creada por Potemkin. El arte del simulacro y el disimulo ha sido esencial en los análisis de la teatrología del poder, por ejemplo en la socio-antropología dinamista de G. Balandier,  indagando como, en ciertas circunstancias, un sistema de dominación política y desigualdad social intenta disimular su desastroso estado real. A primera vista, las fachadas proyectan muy buenos acabados y deja a todos impresionados; sin embargo, tras bastidores encontramos los agujeros de lo real.
De modo que, recordando el famoso triángulo de gobierno de Carlos Matus (el proyecto de gobierno, la gobernabilidad del sistema social y la acción de Gobierno), es posible evaluar las fortalezas y debilidades de sus tres vértices principales, así como las relaciones que entre ellos se establecen. La ilusión de Potemkin remite a la evaluación, seguimiento y control de la acción de gobierno, a la matriz de criterios que establecen los saldos ó balances acumulados y combinados en los ámbitos de la política internacional, la gestión económica, la política social, comunicacional y la macropolítica interna.
Evaluar la acción de gobierno implica realizar un balance combinado de logros y fallas en diferentes áreas de política, así como en las diferentes dimensiones que es posible analizar en el interior de cada ámbito de gobernabilidad y actuación. Si el resultado global es positivo es porque se dan resultados favorables por compensaciones de aciertos y fallas en cada una de las áreas de la acción de gobierno.  Si el resultado es negativo es porque la acumulaciones de desaciertos en todas las áreas es mayor que los logros.
Un gobierno progresista no debería olvidar que no basta con asegurar la estabilidad política (esto es lo que busca un gobierno conservador con amenazas abiertas, coerción y diseminación del fatalismo en la población), sino que es preciso logros en la acción de gobierno y legitimidad democrática en las mayorías nacional-populares.
Por otra parte no hay que olvidar que existe una poderosas maquinaria de evaluación sesgada de la acción de los gobiernos que depende de la cartelización de la opinión pública, lo que Chomsky ha deminado acertadamente como los “Guardianes de la libertad”: dispositivos massmediáticos de reproducción de patrones de legitimación simbólica e imaginaria de la reglas y recursos de las sociedades capitalistas realmente existentes. De hecho, sin dispositivos massmediáticos, las sociedades capitalistas se verían turbadas por la explotación económica cruda y la dominación política cada vez menos disfrazada. Les quedaría comprar lealtades, la violencia psíquica y el uso de la represión.
De hecho, el llamado “cuarto poder”, como factor fáctico de poder, ha pretendido suplantar a poderes legitimados democráticamente, intentando imponer sus creencias, valores, ideas, razones, intereses, pasiones, afectividades y polos de identificación social. Para estos fines, moviliza todo sus recursos tecnológicos y sus herramientas para configurar representaciones e imaginarios sociales, hasta llegar incluso a lo que Vicente Romano llamó procesos de “intoxicación lingüística”.
Efectivamente, la llamada “batalla de ideas” es un campo de poder donde rivalizan modelos culturales, con toda la complejidad de sus registros simbólicos, imaginarios e ideológicos. De modo que cabe distinguir la “opinión publicada” por la gran prensa y sus medios, de la “esfera pública” de la ciudadanía y sus diferentes campos de experiencia y comprensión cultural.
No siempre (y en algunos ámbitos, casi nunca) los grandes medios representan las necesidades, aspiraciones, expectativas y demandas de la ciudadanía común, en especial de los trabajadores y los sectores populares. De hecho, más bién muchas veces pretenden suplantar e imponer sus versiones de la realidad (que generalmente coinciden con el sentido común legitimidor del capitalismo como única y deseada alternativa), llevando al silencio y a lo invisible, las representaciones sociales elaboradas en la experiencia cotidiana y en los mundo de vida de diferentes sectores, grupos y clases sociales.
La opinión publicada es muchas veces una representaciones configurada desde intereses creados por grupos económicos  de poder y de presión social, a través de la manipulación de agendas temáticas, mensajes altamente codificados y anclas de opinión que cumplen sus roles de funcionarios del consenso ideológico massmediático.
En efecto, sin una lectura crítica de los medios y los mensajes, no es posible reconocer que no solo las aldes de Potemkin son elaboradas por Gobernantes de turno, sino también por quienes controlan los aparatos y dispositivos massmediáticos, quienes al decidir cual gobierno no conviene, activan campañas de asedio y derrumbe de gobiernos incómodos.
En algunos casos, la acción de gobierno vista desde cierta distancia y cierto horizonte tiene un aspecto idílico e impecable. De hecho, en algunos países gobernados por la derecha, en los cuales hay una alianza abierta entre los propietarios de medios y los gobiernos se impone un neoliberalismo idílico e impecable. Basta escuchar en la reciente Cumbre de las Américas al Presidente de Honduras, para que el velo de los éxitos de las políticas neoliberales se conviertan en efecto demostración para toda Centroamérica y hasta quizás Suramérica.
Pero a la vez, en aquellas experiencias donde gobiernos populares y progresistas, cuentan con recursos massmediáticos, y desarrollan una refriega cotidiana contra la orquestación mediatica de la derecha, ya los temas relevantes y significativos para los sectores populares, para los trabajadores y para los excluidos, dejan de tener visibilidad y relevancia.
Lo fundamental es la lucha entre unidades organizadas y jerarquizadas de poder, la lucha por la conquista o el mantenimiento del poder. El debate se reduce a gobierno progresista contra oposición derechista, pero poco se habla de las contradicciones entre los privilegiados del poder y la oligarquía del dinero, y las clases populares en su intento por construir autentica justicia social, mejorar sus condiciones de vida y democratizar efectivamente el poder.
En este último escenario, los gobiernos progresistas tienen un doble reto. Defender su logros, sus conquistas y su gobierno, sin someter a silencio e invisibilizar la agenda de necesidades, aspiraciones, demandas y hasta reclamos de las mayorías nacional-populares. Muchos gobiernos progresistas se han vuelto extraordinariamente efectivos en su maquinaria propagandística, pero famélicos a la hora de escuchar, procesar y levantar las experiencias cotidianas de los sectores populares, de los trabajadores, las mujeres, los campesinos, indígenas y los excluidos de siempre.
Es tarea de los activistas, intelectuales, científicos, cultores, artistas y profesionales de diversas áreas: educativas, salud, vivienda, seguridad social, alimentación, empleo y un largo etc., levantar tribunas y agendas para que las pequeñas voces de la historía no sean suplantadas ni por la orquestación mediática de los grupos del capital, ni por la maquinaria propagandística de los gobiernos progresistas.
De hecho, a quién le conviene mejor calibrar y sintonizarse con las voces de las clases populares y subalternas es a los gobiernos progresistas, si no quieren ver reducida su capacidad de influencia, consenso y dirección política; y en fín, su propia legitimidad democrática. De manera, que es allí que surge la denostada palabra y praxis de la “crítica social y política”.
Gobierno progresista que no sepa leer a contrapelo las voces críticas del pueblo, de los trabajadores, campesinos, indígenas y capas medias (recuperar el grano de verdad, rectitud ética y pertinencia de cualquier crítica), se ve llevado a colocar la interpelación, demanda y queja realizada desde las experiencias referidas de las clases populares y subalternas, al campo de los “adversarios y los enemigos del gobierno”.
Gobierno progresista que incluso no logre separar lo útil y lo inútil, lo relevante o irrelevante, de las  críticas de la oposición y de los grupos tradicionales de poder económico, para encontrar allí elementos de control, evaluación y corrección de errores, termina siendo un gobierno sordo y ciego para preveer realidades y tendencias de su entorno.
De manera que si algo deben identificar, valorar y procesar los sensores y radares de un gobierno progresista son las voces críticas, sin convertirlas a todas en una masa ruidosa que simplemente aspira a “derrocar o deslegitimar” al Gobierno.
En conscuencia, el peor trabajo que le puede prestar un estrato de intelectuales orgánicos al propio gobierno es no lograr discernir en la critica social y política los elementos para mejorar la acción de gobierno, para corregir rumbos, para encarar situaciones. Más que reaccionar con estereotipos y estigmas hacia la crítica social y política, se requiere una alta capacidad de escucha, una receptividad hacia el debate de alta intensidad que opera en las fachadas y trás bastidores de la opinión pública y los mundos de vida populares.
Quizas ver realidades desde la lejanía y desde el horizonte de la idealización del proyecto, impide que los decisiores se mezclen con la gente común y corriente, con sus necesidades, demandas, aspiraciones y expectativas. Se llega a los extremos de construir “jaulas de cristal”, incluso colocando como fundamental pretexto, las necesarias cuestiones de seguridad.
Sin embargo, es preciso que los decisores políticos comprendan que no es conveniente percibir el mundo político y social, sólo y exclusivamente, a partir de fachadas y versiones oficiosas. Tras bastidores, muchas veces construidos a la propia medida de los deseos de los gobernantes, se llega a palpar con todos los sentidos que nada o muy poco se había hecho para encarar las demandas y necesidades de las gentes del pueblo, que incluso se seguian manteniendo condiciones de la más completa miseria material y espiritual.
Un gobierno progresista hipersensible a la crítica pero insensible a la “misería social”, está condenado a su progresivo aislamiento. Así pues, y volviendo al ejemplo citado, durante las visitas de Catalina la Grande, iban era a pueblos de ficción y que además siempre era el mismo montaje, pues al terminar la visita a un pueblo, era desmontado y se volvía a montar en otro emplazamiento distinto que sería visitado después. De modo, que las visitas del gobernante cabalgaban su cronograma de un “pote de humo” a otro “pote de humo”. Y allí cortesanos y aduladores construían una verdadera pantalla protectora, donde el gobernantes escuchaba de manera selectiva lo que el quería en su deseo simplemente oir. La zarina regresaba convencida de que se estaban haciendo políticas correctas para llevar bienestar a su pueblo. Pero nunca imaginó que era engañada, preñados sus engañadores de supuestas buenas (convenientes) intenciones.
Los pensadores, activistas, trabajadores intelectuales, científicos, técnicos, profesionales, artistas y funcionarios comprometidos con la critica social y política no deben dejar de hablarle claro al poder. Sin una crítica radical a la dominación política y social no habrá revolución alguna.  
El rol del trabajo intelectual, científico, técnico, en el terreno de las artes y las humanidades es el de despejar obstáculos, bloqueos, estancamientos, ofrecer alternativas, imaginar posibilidades, explorar lo que las rutinas, hábitos y rituales cierran por imperativo de la conservación de instituciones, intereses y rieles culturales.
La creación y la contestación social se han imbricado de tal manera en la historia de los estratos intelectuales, que allí luce desaconsejable colocar grilletes a lo que Manuel González Prada (Maestro de J. C Mariategui) o Simón Rodríguez (Maestro del Libertador Simón Bolívar) practicaron como “libre-pensamiento”.
Una revolución domesticada naufraga como revolución interrumpida, estancada, bloqueada. De allí que sea importante adentranos en las ambivalencias del amaestramiento. Dicta el DRAE: Amaestrar. (De maestro). 1. tr. Enseñar o adiestrar. U. t. c. prnl. 2. tr. Domar a un animal, a veces enseñándole a hacer habilidades.
¿Qué se pretende en una revolución democrática rumbo a la transición al socialismo? ¿Educar para la libertad y la liberación social, o domesticar para el conformismo y la obediencia?
El discurso histórico de la izquierda siempre ha reiterado que no hay revolución sin condiciones objetivas y subjetivas. Pero, si de verdad se quiere que existan condiciones subjetivas; es decir, construir desde la eticidad de los espacios de libertad, el devenir de la subjetividad revolucionaria, esto no se hará por el camino de la sujeción o el avasallamiento.
¿Cómo hacer revolución desde la sujeción, la domesticación de la rebeldía o el avsallamiento?
Esta es la antinomía del adoctrinamiendo y la “propaganda bancaria” (Freire dixit) por una parte, y el compromiso subjetivo en un proceso de insumisión común; es decir, nuevos modos de relación social y nuevos lazos inter-subjetivos: entre-ayudarse en vez de entre-joderse, o someterse unos a otros. Puede sonar abstracto, pero si en una llamada revolución se piensa que la solidaridad, lo común, la ayuda mutua son ilusiones para tontos, y que lo que debe predominar es el canibalismo politico, la ambición por el poder y la intriga, entonces es porque los rasgos predominantes apuntan a una deriva despótica y a una afectividad más bien contra-revolucionaria, o al menos conservadora de privilegios y prerogativas.
Los códigos de comportamiento, las tecnicas de amaestramiento (dressage) funcionales a las medidas disciplinarias, que integran a los individuos al sistema mismo, las prácticas de estímulo, de intimidación, de coerción, son los mecanismos que constituyen a los sujetos desde la sujeción, una lógica dictada desde las estructuras de poder.
Si se anulase la capacidad activa de mediación simbólica autónoma, que se manifiesta en la capacidad de apropiación, negación o toma de distancia respecto a significados o practicas dominantes, impidiendo la elaboración reflexiva de la experiencia propia, entonces no habra condiciones subjetivas para una revolución que no sea sino “revolución administrada desde arriba”; es decir, farsa revolucionaria. El imaginario de los partidos únicos, de los lideres infalibles, de las disciplinas sin sustancia ética, del conformismo ciego, de las lenguas amarradas, de la clientela intelectual no contribuyen a un clima cultural que se pueda llamar revolucionario.
Mucho aprenderíamos de la historia de las revoluciones truncadas, si identificaramos paso a paso las condiciones, razones y afectos que llevaron a la degradación de condiciones subjetivas y objetivas para avanzar en la construcción del socialismo participativo, desde abajo, con deliberaciones colectivas y una democracia de alta intensidad.
El fracaso de las revoluciones pasa por el espacio del amaestramiento y sus ambivalencias con relación a los procesos de sujeto: o se educa cotidianamente para la libertad y la liberación social, para el ejecicio de una ciudadanía activa y comprometida con el bien común, lo cual implica una fuerte dosis de critica social y política, de creatividad y apertura a la donación de nuevos sentidos y significados, o simplemente se entiende por revolución una nueva “psicología de masas” para la domesticación e incluso el avasallamiento.
Un ejemplo para concluir: el mejor comentario subversivo que escuché (desde este punto de vista que desarrollo en este artículo) en la Cumbre de las Américas transcurrió cuando interpelaron a Evo Morales como “Señor” en una rueda de prensa con los medios, y Evo respondió:
“¿Señor?... no, no me diga Señor, eso viene del señoraje, llámeme hermano, Camarada…” y le dijeron luego: “Evo” y contesto: “Si por favor, dígame Evo”.
Descolonización en acto. Una lección de la trama de significados que se mueven tras bastidores, sin tanto culto al poder, a jerarquías y a estructuras de dominio.
Así los pueblos saldran de los abismos. Cuando las cumbres no sean para los poderosos, sean nuevos o viejos poderosos, y sean cumbres lo más parecidas a los pueblos protagonistas que buscan caminos de liberación con justicia social.
¿Dijo usted justicia social? Obviamente, con corrupción, pobreza y avasallamiento no habra Socialismo del siglo XXI.
Una lección para buenos entendedores y entendedoras, no para cortesanos ni palaciegos como Potemkin.

lunes, 23 de marzo de 2015

Entrevista realizada por Fernando Vicente Prieto a Javier Biardeau sobre la situación en Venezuela: “Hay que construir la unidad nacional en torno a la defensa de la soberanía popular, la autodeterminación nacional y la Constitución”


 La orden ejecutiva emitida por el gobierno de Barack Obama, que declara en emergencia a EEUU por considerar a Venezuela una amenaza a su seguridad nacional, ha generado preocupación en todo el continente.

Sobre este tema dialogamos con Javier Biardeau, articulista de opinión y profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Central de Venezuela. Javier Biardeau es conocido por sus agudos análisis de la situación del país, que publica en diversos espacios como su blog saberescontrahegemonicos.blogspot.com y http://www.aporrea.org/autores/javier.biardeau/.

Identificado sin ambigüedades con el campo popular, es habitual que en sus intervenciones realice críticas a lo que considera errores o insuficiencias del proceso revolucionario. Consultado por la situación que abre la orden ejecutiva de EEUU, Biardeau propone analizar el tema con seriedad: “Todas estas decisiones no pueden ser consideradas simples errores, sino que forman parte de una estrategia de alcance más amplio, es decir, continental”.

¿Cómo analizas la orden ejecutiva del lunes 9 de marzo en el marco que viene viviendo, desde hace tiempo ya, la Revolución Bolivariana?

Lo primero que habría que decir es que esta orden ejecutiva([1]) es, de alguna manera, un punto decisivo en una estrategia de escalamiento por parte de los EEUU ([2]), quién se ha venido pronunciando sobre la situación interna de Venezuela, en particular luego de las protestas violentas del año 2014, lo que conocemos comúnmente como las “guarimbas”.

Los efectos inmediatos de las “guarimbas”, luego de su derrota, fueron fundamentalmente utilizados a nivel mediático internacional como un pretexto para señalar a Venezuela como un país que está violando o lesionando los DERECHOS HUMANOS, sobre todo a partir de la detención de Leopoldo López. Sin embargo, el Gobierno de EE.UU omite el extraordinario debate sobre el carácter histórico, unitario e interdependiente de los derechos humanos ([3]).

El lunes 16 de marzo, en un espacio de encuentro entre activistas, intelectuales, profesionales y cultores, tratamos de analizar los antecedentes inmediatos de esta orden ejecutiva, para comprenderla en su perspectiva histórica: la escalada de pronunciamientos, declaraciones ([4]), llamados que diversos órganos del Estado norteamericano - llámese Departamento de Estado, llámese Casa Blanca o el Pentágono- han hecho sobre la situación interna venezolana, que pueden ser considerados pronunciamientos injerencistas sobre los asuntos internos del país.

Luego, en el contexto de la llamada “guerra económica”, -y justamente cuando EEUU anuncia un nuevo proceso de diálogo y negociación con Cuba ([5])- en diciembre tenemos una Ley del Congreso norteamericano, llamada Ley de Defensa de los Derechos Humanos y de la Sociedad Civil en Venezuela ([6]), que tiene como alcance fundamental sancionar a aquellos funcionarios que están vinculados a las actividades de control y orden interno del país y que ellos califican como acciones que lesionan los derechos humanos.

Entonces, ya en Diciembre de 2014 tenemos una señal clara de injerencia del Congreso norteamericano, tratando de colocar en la opinión pública la tesis de que se están sancionando funcionarios que están lesionando los derechos humanos.

Pero cuando uno analiza rigurosamente la exposición de motivos y los argumentos de la decisión que toma el Congreso, vamos a encontrar que lo que tenemos no sanciones individualizadas  a presuntos responsables de lesionar derechos humanos, sino toda una legitimación de hecho de una decisión de EEUU de intervenir en los asuntos internos de Venezuela, violando los elementos claves de todo proceso de señalamiento jurídico, como son el derecho a la defensa, el debido proceso, la presentación de pruebas, la existencia de un Tribunal competente e independiente del poder ejecutivo. Todo eso se descarta y se hace una acusación a funcionarios sin haber pasado por un juicio previo, con una cantidad de elementos procesales que cualquier democracia del mundo contempla, dentro además de una separación de poderes, de un tribunal.

Llama la atención entonces que EEUU denuncia la debilidad institucional democrática de un país como Venezuela, pero no le molesta que su Congreso se convierta en juez, en abogado, en fiscal, en parte acusadora y sancionadora de presuntos hechos de lesión o vulneración de derechos humanos en el país. Luego de esta Ley del Congreso en Diciembre, rechazada de manera categórica por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ([7]), por la Asamblea Nacional ([8]), por el Ejecutivo Nacional ([9]), se pasa al escalamiento de la orden ejecutiva de la Casa Blanca.

En efecto, en Venezuela se dio una discusión política y jurídica sobre esa decisión inicial del mes de diciembre. En febrero, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia dictó una sentencia, un pronunciamiento jurídico, sobre el alcance de ese tipo de sanciones, contemplando los artículos 1, 5 y 322 de la Constitución Nacional, que se refieren fundamentalmente a temas como la integridad territorial del país, la autodeterminación nacional, la jurisdicción nacional en materia de orden interno, la seguridad nacional, la soberanía popular, más todo lo relativo a los Tratados y al impacto del Derecho Público Internacional, que regula las relaciones entre los Estados. La conclusión fundamental de esa sentencia es que esta primera decisión del Congreso norteamericano lesiona absolutamente todo el derecho público internacional y el ordenamiento constitucional venezolano.

Luego pasamos a lo que sería la “guinda de la torta”, con esta nueva decisión, ya no del Congreso norteamericano, sino de la Casa Blanca, que establece una orden ejecutiva declarando a Venezuela como una “amenaza extraordinaria e inusual” para los EEUU, y considerando la situación nacional como una emergencia en los EEUU.

Este nuevo paso es coherente con un conjunto de decisiones que se han venido tomando desde el año 2014 en los EEUU para intervenir en los asuntos internos de Venezuela, tomando como pretexto fundamental, primero, la supuesta vulneración de los derechos humanos asociado este hecho a la protesta violenta del primer semestre de 2014; en segundo lugar, en Venezuela se habría desdibujado la separación de poderes y el ejercicio efectivo de la democracia constitucional; y en tercer lugar, el apoyo explícito de EEUU a la protesta de sectores de la oposición que en el año 2014, las cuales tuvieron características de violencia de calle, justificándolas como resultado necesario e inevitable de las malas políticas económicas. Una jornada de protesta que dejó 43 fallecidos, una cantidad importante de lesionados, destrucción de edificaciones públicas, profundos daños a la economía nacional, etcétera. En todo este cuadro, EE.UU señala como único y exclusivo responsable al gobierno venezolano, y de allí, las sanciones a funcionarios de instituciones claves que participaron en las actuaciones para el restablecimiento del orden público.

Entonces, la matriz dominante a nivel de la opinión pública internacional plantea que son decisiones que tienen simplemente el carácter de sanciones sobre materia de congelamiento de bienes o visados en el seno del territorio norteamericano a determinados funcionarios que son señalados de haber cometido delitos  en contra de los derechos humanos. Pero si analizamos en profundidad la orden ejecutiva, conjuntamente con la Ley del Congreso de diciembre, vamos a encontrar allí que hay un conjunto de apreciaciones y resoluciones que van mucho más allá que la simple individualización de responsabilidades que derivan en sanciones a funcionarios en Venezuela. Estas apreciaciones y decisiones constituyen una clara injerencia en los asuntos internos de Venezuela.

Por ejemplo, uno de los elementos clave de la orden ejecutiva es la posibilidad que, aplicando la ley de emergencia nacional de EEUU, y aplicando legislaciones vinculadas al manejo del Tesoro en los EEUU, se puedan bloquear actividades comerciales, no sólo de individuos, sino de “entidades”, de organismos y organizaciones, si desde EE.UU se considera que tienen algún tipo de vinculación o relación con las acciones o los funcionarios que señale discrecionalmente la Casa Blanca. Es decir, es una manera bastante anómala de ir construyendo, en primer lugar, condiciones de un posible bloqueo comercial, bloqueo financiero, de afectación a la posición económica venezolana en el plano internacional y de sus socios comerciales, en un momento bastante particular y difícil de la situación económica en el país.

En segundo lugar, más allá del bloqueo económico, lo que la historia ha enseñado es que este tipo de órdenes ejecutivas son acciones preliminares, pasos “necesarios” para intervenciones y escaladas militares, no solamente sobre el país afectado sino sobre el continente en su totalidad, es decir, sobre América Latina.

Es la primera vez que un país sudamericano es colocado ante una decisión de esta naturaleza. Esto ya existió en el caso de Nicaragua en 1985, sabemos que también hubo un antecedente importante en el caso de Panamá, la invasión a Granada y que han existido otras intervenciones encubiertas y abiertas de otra naturaleza. Pero llama la atención que el supuesto Premio Nobel de la Paz ande en jugadas mucho más semejante al clima político-ideológico de la era Reagan-Bush.
                                 
Lo importante es que este decreto, esta orden ejecutiva, comienza a afectar decisivamente a un país que es un emblema de lo que significó en estos últimos 15 años un giro muy radical con relación a la política hemisférica de los EEUU hacia la región, que sigue siendo considerada aún por ellos como “el patio trasero” ([10]).

La Revolución Bolivariana, que se levantó como un emblema de la recuperación de la independencia política nacional, de la autodeterminación de los condicionamientos geopolíticos que el gobierno norteamericano ha tenido sobre la región, en este momento está siendo amenazada por una orden ejecutiva. Y esa orden ejecutiva puede ser utilizada luego como precedente para amedrentar y presionar a países que desobedezcan, que sean rebeldes frente a la política exterior de los EE UU.  Esa sería una clara señal en contra de gobiernos y pueblos con proyectos de contenido progresista, que defiendan el desarrollo con justicia social, la inclusión y el ejercicio efectivo de la democracia participativa.

Ante esto, es importante sentar una clara posición de rechazo claro, terminante, a esta orden ejecutiva del gobierno norteamericano. Y hacer un llamado al pueblo venezolano y a diferentes sectores para la unidad nacional en defensa de la soberanía, para la construcción de una mayoría patriótica que levante las banderas contenidas en la propia Constitución de Venezuela, como Estado Nacional Soberano, que exige la necesidad de un bloque continental que no renuncia al principio de no intervención en los asuntos internos de sus países.

Para eso se requiere justamente ir más allá de la defensa del proceso bolivariano, en clave de partido o de gran polo patriótico, y convocar a los diferentes sectores sociales y factores políticos de oposición que consideren que estén claros en que esta orden ejecutiva de Washington es una avanzada muy grave, que lesiona y amenaza la soberanía nacional del país.

Se requiere crear un criterio de demarcación claro entre aquellos factores políticos y sociales que están a favor de una injerencia abierta o encubierta de los EEUU en los asuntos internos del país; y aquellos factores que consideren que los asuntos internos de Venezuela deben ser resueltos exclusivamente por los venezolanos, sin injerencias de carácter imperialista, sin presiones amedrentadores o que pretendan condicionar la política interna del país.

A poco más de una semana de la orden ejecutiva de Obama, ¿cuáles son los actores que estarían en cada lado?

En primer lugar, hay una declaración unánime de los países de UNASUR ([11]), exigiendo la anulación de este decreto ejecutivo de Obama. Es una declaración que plantea que eso es un elemento clave para crear un clima favorable a la estabilidad política de Venezuela, un clima adecuado para las elecciones parlamentarias. Pero ya existían declaraciones en contra de la Ley del Congreso norteamericano en al ALBA-TCP ([12]), de la CELAC ([13]), de MNOAL ([14]), luego serán Rusia y China frente a la orden ejecutiva de Obama.  

Es muy difícil realizar elecciones parlamentarias satisfactorias para todos los actores que intervienen en ella, y con pleno reconocimiento de los Estados latinoamericanos y de la comunidad internacional, si tienes una gran potencia que ha tenido históricamente un papel intervencionista e injerencista en los asuntos internos de otros países, amenazando y amedrentando con aplicar sanciones a personas, a entidades, a funcionarios. Además, recientemente un vocero del Departamento de estado ha señalado que los resultados electorales deben ser creíbles para EE.UU ([15]):

“This year's National Assembly elections present an opportunity for Venezuelans to engage in legitimate, democratic discourse. And, credible election results could reduce tensions in Venezuela. We have urged regional partners to encourage Venezuela to accept a robust international electoral observation mission, using accepted international standards, for those elections. Now is the time for the region to work together to help Venezuela to work toward a democratic solution to the challenges the country faces.”

¿Cómo evaluar la declaración anterior del Sr. Alex Lee, Representante del Departamento de Estado?

Entonces, desde el punto de vista internacional hay un rechazo abierto de UNASUR, un rechazo incluso más explícito y programáticamente más contundente, con otro contenido y alcance, de los países del ALBA-TCP; y desde el punto de vista interno ya han comenzado a plantearse voces y actores que han tomado una posición de rechazo, de análisis crítico de esta orden ejecutiva.

Por ejemplo, el arzobispo de Caracas, el Cardenal Urosa Savino ([16]), sorprendiendo a más de uno, declaró recientemente que esa posición de EEUU de declarar a Venezuela como una amenaza era algo exagerado, que no tenía ningún tipo de fundamentación, que no tenía rigor, que más bien perjudicaba la necesidad de construir en Venezuela un clima de diálogo, un clima de deliberación política democrática entre los diferentes actores y de estabilidad política en la región. También otro voceros y actores políticos vinculados a la oposición, como Henry Falcón ([17]), por ejemplo, declararon su rechazo y se deslindaron. También Eduardo Fernández ([18]), que fue durante mucho tiempo un líder importante del partido socialcristiano COPEI rechazó la orden ejecutiva de Obama y consideró que era extralimitada y abusiva, que desconocía la situación de Venezuela, en el sentido que Venezuela no constituye ningún tipo de amenaza para EEUU. Sin embargo, los comunicados de la MUD ([19]) y de sectores de la oposición radical que piden la salida inmediata de Maduro desde el discurso de “renuncia ya” ([20]), se manejan entre unos desde la ambigüedad y otros desde una aceptación abierta de una intervención de EE.UU en los asuntos internos del país.

Lo que ocurre con Venezuela es que es un objetivo para la política exterior de EEUU porque reúne tres condiciones básicas de aquellos países que EEUU ha sometido a intervención a lo largo de la historia. En primer lugar, es un país con excepcional condición geográfica dentro de Sudamérica, que además cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo, y eso -en esta coyuntura y en este contexto- significa mucho desde el punto de vista geopolítico. En segundo lugar, Venezuela se desprendió de lo que era la línea política de los EEUU hacia América Latina, sobre todo a partir del año 2005, cuando se rechazó completamente el ALCA y los Tratados de Libre Comercio sobre la región. Y eso también ha afectado la visión que tiene EEUU de considerar a Venezuela como una colonia dentro de su “patio trasero”. Y en tercer lugar, Venezuela ha desarrollado procesos electorales continuos y sucesivos, prácticamente en todos los años, en los cuales se ha demostrado el ejercicio de la voluntad de la soberanía popular. En Venezuela hay un ejercicio continuo de la legitimidad democrática.

EEUU está intentando, justamente, atrapar un problema de emulación que se da a nivel continental y mundial, con relación a la posibilidad de construir alternativas al neoliberalismo y al capitalismo “Made in USA”, tratando de enfatizar tres ejes fundamentales. En primer lugar, la soberanía sobre los propios recursos. En segundo lugar, una integración continental no subordinada a los EEUU. Y en tercer lugar, el ejercicio de la democracia participativa, yendo mucho mas allá de lo que para EEUU ha sido una especie de tótem político, que la democracia sólo llega a la democracia representativa de partidos. Entonces, EEUU está tratando de aleccionar a la Revolución Bolivariana, de amedrentarla porque la considera un mal ejemplo para la región. Ha tratado de utilizar el pretexto de los derechos humanos y el pretexto de la vulneración de la democracia, para legitimar su propia política injerencista en los asuntos internos.

En términos del frente nacional, lo que considero más relevante en este momento es que se trata de un tiempo de definiciones ([21]), de quiénes están efectivamente con la defensa del orden constitucional y de todos los principios, valores y normas que están establecidos: soberanía, autodeterminación, ejercicio de la democracia participativa, resolución de nuestros asuntos internos a través de nuestros mecanismos jurisdiccionales, declarar a América Latina y a Venezuela como una zona de paz. Todos estos elementos están en juego.

Considero que es muy importante el deslinde entre la defensa de estos elementos, principios, normas y valores; o asumir una postura ambigua o claramente defensora de la interpretación que está haciendo EEUU sobre la situación interna de Venezuela. Y ahí tenemos a los dos sectores dominantes de la oposición que he mencionado antes: uno más ambiguo, que hizo una declaratoria de las sanciones, que reconoció en parte que las tareas políticas que tiene que hacer la oposición las está asumiendo el gobierno norteamericano, y eso lo dice el propio comunicado de la MUD, que plantea que lo que están haciendo los EEUU es un asunto que compete a la oposición, pero no lo ha hecho suficientemente bien, por eso la orden ejecutiva: “Recibimos con aprecio y agradecimiento el apoyo de la comunidad internacional, pero no aspiramos ni admitimos que la comunidad internacional o alguno de sus miembros asuma deberes que son nuestros.”


Es decir, ahí hay una postura muy ambigua en relación a la orden ejecutiva, y esa oposición tiene que clarificar cual es su criterio final. Y está el sector vinculado a la “Guarimba” del primer semestre de 2014 de manera más abierta y explicita: Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, que señalan abiertamente que se requiere de alguna modalidad de apoyo o injerencia externa para salir del “régimen” y de la “dictadura”, tal como ellos la conciben e interpretan. Esta es básicamente una interpretación que está totalmente fuera del reconocimiento del orden constitucional legal, e incluso de lo que han sido los elementos fundamentales de integración continental, todas las reflexiones y declaraciones que ha hecho UNASUR, CELAC, Mercosur y el ALBA sobre la democracia.

La oposición no ha tomado una clara delimitación de la gravedad de la situación. Ellos siguen pensando que esta orden ejecutiva implica simplemente sanciones individualizadas en Venezuela, sin tomar en consideración que el marco que permite la fundamentación, justificación y legitimación de estas sanciones es mucho más amplio y le deja  los brazos libres a cualquier tipo de acción o intervención en materia de bloqueo económico o de injerencia militar sobre los asuntos en Venezuela. Dice la MUD: “Hay que distinguir entre sanciones a un país y sanciones a unas personas, por lo que hemos sido consistentes en rechazar las medidas generales contra una nación entera. Pero eso nada tiene que ver con las consecuencias personales que a individuos puedan acarrear el cometer actos que violen los Derechos Humanos o atenten contra el patrimonio público y el bienestar de sus conciudadanos.”

Llama la atención el momento político para estas medidas de EEUU, con elecciones parlamentarias en el horizonte. Esto obliga a la oposición a definirse en relación a la “dos bandas” que menciona Maduro, acerca de actuar dentro de la Constitución, o fuera de la Constitución. Esto podría tener el efecto de  que no lleguen unificados todos los sectores de oposición a las elecciones, entonces  surge la pregunta sobre si hay otros elementos de orden externo. ¿Cuál es tu análisis? ¿Por qué EEUU toma esa medida en este momento, sabiendo que puede contribuir a legitimar a la Revolución Bolivariana? Cuesta creer en la opción del error.

En este momento hay una fuerte ofensiva diplomática por parte de EEUU para recuperar espacios perdidos, desde hace dos años hasta acá. Hemos visto a Biden, a Kelly, a Kerry, a Roberta Jacobson, –estamos hablando de la Casa Blanca, del Pentágono, del Departamento de Estado- dando declaraciones sobre la posición de EEUU de recuperación de espacios de influencia hacia el continente en su conjunto.

Es importante analizar en el continente sudamericano la posición de los puntales geopolíticos, que son Argentina y Brasil. EEUU está metiendo presión sobre estos países. En Argentina, el caso Nisman fue impulsado hasta un punto morboso tratando de utilizarlo para crear una matriz contraria al gobierno, al igual que el cao de los Fondos “Buitre”. En el caso de Brasil, el triunfo de Dilma por estrecho margen ha generado una situación de correlación de fuerzas muy distinta a la que venía dándose, con un Congreso cuya composición muestra el complicado cuadro de fuerzas para avanzar en una política progresista, con justicia social y post-neoliberal. Entonces, hay una debilidad en la correlación de fuerzas de los gobiernos progresistas que está permitiendo que EEUU avance con mayor agresividad en su política, que intenta sin duda recuperar espacios debilitados o perdidos. Es este cuadro que el horizonte no parece ser el mismo que el que permitió en el año 2005 sacudirse el yugo del ALCA.

También tenemos el caso de la Cumbre de Seguridad Energética del Caribe, donde EEUU señaló tácitamente que el enemigo fundamental para los países del Caribe era mantener los acuerdos de PetroCaribe con Venezuela ([22]). EEUU ha venido replanteando el tablero estratégico del continente y  Venezuela es un elemento clave de ese tablero.

Todas esas decisiones no pueden considerarse simples errores de política, o escaramuzas internas de la política de enfrentamientos entre republicanos y demócratas en los EE.UU, sino que son elementos para analizar y desentrañar una estrategia geopolítica de mayor alcance, que tiene varias aristas, incluyendo el proceso de negociación con Cuba.

Sobre esto, mucha gente tiene expectativas, pero uno no puede dejar de tener suspicacias de que EEUU va a desarrollar una táctica distinta para cumplir los mismos objetivos: minar finalmente el proceso revolucionario cubano e impedir que otros procesos en América Latina puedan escaparse del yugo neoliberal ([23]). Tratar de alguna manera de socavar por otros medios la situación cubana.
Uno de los puntos clave en la próxima Cumbre de las Américas es que Cuba asuma gradualmente el modelo político de la “democracia representativa de partidos” como un elemento clave para la negociación de su situación interna ([24]). Si lo llevan ahí, estamos volviendo a los orígenes de la expulsión de Cuba de la OEA, al señalar que Cuba no era una democracia bajo los parámetros del Departamento de Estado, que era un régimen que amenazaba, también, la situación de seguridad nacional de EEUU.

En EEUU se está dando un fuerte debate interno entre las fuerzas republicanas y demócratas para definir cuál va a ser la estrategia de recaptura de los que ellos llaman “el patio trasero”. Pero la meta geopolítica es compartida. Se disputan los medios para alcanzarla. Quizás Obama, como han señalado algunos personajes en EEUU, expuso de manera descarnada la estrategia y no fue gradual ni incrementalista con medidas de presión sobre la dignidad y la autodeterminación de Venezuela. En algunos medios y círculos internos de los EE.UU, lo que se le está cuestionando a Obama es que no dividió suficientemente a América Latina antes de proceder a aplicar este tipo de sanciones ([25]). Que tenía que agotar todavía una estrategia de fragmentación de la unidad política sudamericana y continental para que la estrategia tuviera eficacia. Lo que están señalando es que ahora América Latina ha asumido una defensa continental de Venezuela. Y esperan que esta defensa sea más bien débil y declarativa, que una articulación continental fuerte en defensa de principios irrenunciables como la independencia, la soberanía, la autodeterminación, la igualdad entre los Estados, la declaración del continente como una zona de paz, libre de bases militares extranjeras ([26]), la resolución pacífica de los conflictos y la necesidad de modelos de desarrollo con justicia social, alejados de los parámetros de los dogmas neoliberales.

No hay que olvidar los antecedentes del año 2002 hacia acá. Además del intento de golpe y el paro sabotaje petrolero en Venezuela, luego vinieron el golpes “constitucionales” en Honduras, el “golpe constitucional” en Paraguay, lo que han instalado como doctrina de los “golpes constitucionales”, tanto así que en la reciente marcha en Brasil de la derecha se escuchaba con claridad la tesis de la “intervención militar constitucional” ([27]). Esta nueva estrategia está a la orden del día en América del Sur. Recordemos el intento de dividir también la integridad territorial de Bolivia y presenciamos el llamado intento de asonada golpista en Ecuador.

En este momento hay una situación que implica necesariamente hacer un llamado a Nuestra América para que analice con profundidad histórica y claridad programática, ideológica y política, que lo que está ocurriendo en Venezuela afecta y afectará a todo el continente latinoamericano. Y que EEEUU ha dado un paso muy grave, con un método completamente extralimitado para intervenir en los asuntos de América Latina y en particular en Venezuela.

Respecto a esto, tenemos el caso de las declaraciones del vicepresidente de Uruguay, diciendo que no tenía elementos para afirmar que había injerencia. Pero además la Cancillería argentina demoró dos días en emitir un comunicado oficial y entre tanto, la única declaración que hizo el jefe de Gabinete fue que las medidas de EEUU no le parecían “saludables”. Y la cancillería brasileña no hizo ningún comunicado oficial hasta la cumbre de Unasur. Es decir, es un panorama complejo, en perspectiva…

Sí, yo te diría que hay que poner las barbas en remojo en el continente, porque se ha intentado poner a arder las barbas del vecino venezolano. Cuando veas las barbas de tu enemigo arder, pon las tuyas en remojo. Y la mejor defensa es una ofensiva continental en defensa de la soberanía, la independencia y la autodeterminación de Venezuela.

También pienso que hay una visión continental hacia la situación interna venezolana que debe clarificarse a breve plazo. Esto tiene mucho que ver con que existan factores de gobierno y oposición que se sienten con seriedad a debatir una agenda de estabilidad política para el país. Una agenda que respete de manera muy clara que hay un cronograma de tiempos constitucionales y electorales que no pueden saltarse “a la brava”. La oposición venezolana aún desconoce la legitimidad electoral del Gobierno de Maduro. Uno de los elementos más importantes para reclamarle a la oposición en Venezuela es que hasta ahora no ha reconocido a Nicolás Maduro como Presidente y siempre ha sembrado dudas sobre la legitimidad democrática del gobierno. Es un hecho anómalo en la estabilidad política democrática en la región.

Algunas reservas que se han manifestado en el continente tienen que ver con el diálogo político en Venezuela y ciertamente creo que es necesario generar todas las condiciones favorables para el diálogo político, pero colocando sobre la mesa un conjunto de normas, principios y valores que comprometan a los actores nacionales a respetar absolutamente la soberanía popular y la independencia de Venezuela ante amenazas y presiones externas. Porque se ha tratado de utilizar estas mediaciones internacionales como factores que intervienen para favorecer a uno u otro actores de las controversias. Mientras sea así, obviamente el diálogo está prácticamente viciado.

En el caso de Uruguay, también hay que decir que hay un cambio electoral. Asume un sector del Frente Amplio que ya en el pasado tuvo diferencias con Chávez, y que va a tomar distancias. Incluso el presidente Tabaré Vázquez, en absoluto ejercicio de su soberanía, planteó estar de acuerdo con la firma de un Tratado de Libre Comercio con EEUU ([28]). Después, con Pepe Mujica, eso se echó para atrás. Entonces, también hay posicionamientos que colocan los intereses de cada uno de los países de la región en una agenda de política exterior frente a los EEUU.

En el caso de Argentina y Brasil, creo que lo fundamental –y se hizo viable a través del presidente y la cancillería de Ecuador- era que hubiera un comunicado de UNASUR en el corto plazo. Era imprescindible que no pasara mucho tiempo para no generar una situación, que obviamente es latente, de fragilidad en algunos actores políticos para tener una posición más firme ante los EEUU.

Recordemos también que la situación interna de Venezuela se conoce en el exterior fundamentalmente a través del filtro de los grandes medios de comunicación, y que la opinión pública está siendo orquestada, tanto en Brasil como en Argentina, y la imagen que tienen es, en término de análisis de matrices de medios, tendencialmente negativa. Entonces muchos de los actores, sin conocer in situ la situación efectiva de Venezuela, a veces se han lanzado a declaraciones, yo diría… precipitadas sobre la situación del país, sin tener información primaria o un contacto más cercano a la situación real.

Pero ciertamente, percibo que hay un debilitamiento de los factores de poder que pudiesen contener con mayor firmeza y energía este tipo de iniciativas de los EEUU. Y ese es uno de los grandes retos a mediano y largo plazo que hay que consolidar en el continente. Si no puede ser a través de los gobiernos, tendrá que ser a través de los movimientos populares, porque tal vez los gobiernos progresistas en América Latina han empezado a dormirse, a quedarse rezagados en el ejercicio del poder gubernamental, sin tomar en consideración la agenda de demandas ya aspiraciones de los movimientos populares, que fue precisamente lo que los llevó a los lugares donde están.

Entonces hay que recuperar esos hilos y esas identificaciones de los gobiernos con los procesos de organización popular, anti-neoliberales, de recuperación de la soberanía nacional y del desarrollo con justicia social, para entender cómo se están replanteando la correlación de fuerzas en este nuevo tiempo. En un tiempo, además, donde no podemos perder de vista que hay una crisis en torno a cómo se está resolviendo el tema energético mundial. Hay una política muy agresiva de EEUU y Europa hacia Rusia. Tenemos un Medio Oriente convulsionado por una intervención de naturaleza bastante inusual y extraordinaria y hay una recomposición de fuerzas en el norte de África. Hay una suerte de invariante histórica que señala que cuando los imperios entran en decadencia se vuelven cada vez más agresivos y comienzan a utilizar preferentemente mecanismos militares o de amenaza de uso de la fuerza para resolver sus propias contradicciones. En este caso su contradicción fundamental es mantener su posición hegemónica en el orden mundial.

¿Qué cabe esperar en cuanto a intervención militar, no necesariamente en términos convencionales, y también en relación al plano económico, financiero y comercial?

Mira, resulta sospechoso que justamente cuando se están dando estas condiciones de amedrentamiento del gobierno norteamericano se visibilicen demandas en el CIADI ([29]) por políticas de “nacionalizaciones” de empresas que se hicieron en Venezuela. También comienza una campaña para presentar a Venezuela como una entidad que está asociada  a la violación de regulaciones financieras de alcance europeo o internacional ([30]). El tema del lavado de activos y la corrupción se posiciona en la construcción de la agenda temática de la opinión pública.

Dada la situación interna de Venezuela, que es una combinación bastante complicada de sabotaje económico y manejo inadecuado de aspectos claves de la políticas macro-económicas (fiscales, cambiarios y monetarios) para la coyuntura, la política de EEUU puede ser meterle más presión a la línea de acción del sabotaje económico. Presión sobre el tipo de cambio, presión sobre sectores importadores, proveedores de materias primas, presión a la banca para intentar que las calificadoras de riesgo coloquen a Venezuela como un país de mucho más riesgo que el real. Es decir, como plantea explícitamente Obama, tratar de “torcerle el brazo” al gobierno para que asuma políticas económicas favorables a los intereses de los EEUU. Eso en el terreno económico, comercial y financiero.

Desde el punto de vista militar, es muy claro que Venezuela no tiene ningún tipo de posibilidad de desafiar el poder militar convencional de EEUU. De hecho, EE.UU ensaya una modalidad de guerra no convencional hacia Venezuela desde el año 2002. Todavía hay dudas hoy sobre las verdaderas causas de la enfermedad de Chávez. Nosotros tenemos también, un problema, denunciado desde hace largo tiempo, que es la progresiva infiltración de paramilitares colombianos en Venezuela, de células durmientes, que pudiesen operar junto fuerzas especiales de otros países, o con las unidades organizativas vinculadas a la protesta opositora venezolana, cuyas acciones en las llamadas guarimbas muestran indicadores sobre un nivel de organización, preparación y logística que le hacen ver que no se trata de protestas ni espontáneas ni pacíficas. Son protestas organizadas, con un entrenamiento en la confrontación de calle, con redes de comunicación, logística, con apoyo financiero y económico que hace sospechar que se ha dado una suerte de invasión silenciosa, para situaciones de conflicto mucho más intensas que las que se han dado hasta ahora.  Es posible que se trate de planes de acción para situaciones de escalamiento de las tensiones internas.

Evidentemente, la guerra de esta época no es la de la invasión de los marines en la Nicaragua de Sandino, o en la República Dominicana con Bosch, o necesariamente un bombardeo desde un país vecino como ocurrió en la Guatemala de Arbenz. Hay una estrategia de guerra no convencional desde EEUU hacia Venezuela, que implica tomar en cuenta cómo han sido las formas de intervención más recientes en el Medio Oriente y en la cuenca sur del Mediterráneo, para no hablar de todas las “revoluciones de colores”. Injerencia puede ser por ejemplo bloquear electrónicamente el espacio aéreo venezolano, la intrusión en redes telemáticas, el sabotaje de unidades militares, de empresas estratégicas, con operaciones militares encubiertas, de atentados y asesinatos selectivos.

Hay un menú bastante complejo de operaciones antes de suponer que se trata de intervención militar convencional. No hay que esperar un cerco de portaaviones y buques misilísticos, el sobrevuelo de aviones tripulados o no tripulados en la fachada caribeña, atlántica o andina venezolana para hablar de intervención militar. Podría ser en algunas hipótesis de intervención el colocar tropas solo en puntos clave del territorio, por ejemplo para controlar refinerías, bloquear sistemas de transporte, o bombardear puentes, represas o locaciones estratégicas, como comunicaciones o electricidad.  

Yo particularmente no conozco en detalle esta materia, pero lo que estoy seguro es que la ofensiva sobre Venezuela es claramente una ofensiva combinada de presión económica, diplomática y de amenaza militar, al menos de baja intensidad. Y que eso está generando una afrenta al orden nacional. También recordemos que hay otros asuntos paralelos que están en el ambiente, por ejemplo utilizar el tema del narcotráfico para justificar una intervención, como sucedió en Panamá en 1989 ([31]).

Es un tema para encarar en el asunto en Venezuela. Desde mi punto de vista, hay que evitar llegar a estos escenarios; y el país podría contar con cuatro factores que lo pueden ayudar a intentar el objetivo prioritario en este momento, que es derogar esa orden ejecutiva. En primer lugar, un escudo geopolítico continental: lograr una integración y una unidad política férrea en defensa de la soberanía nacional. Creo que sería importante también un llamado abierto del Papa Francisco para crear condiciones de diálogo y a para la derogación de la orden ejecutiva de Washington. Creo que sería importante que los sectores religiosos defensores de la paz, los movimientos populares y los gobiernos le hicieran un llamado al Vaticano, para que también hiciera un reclamo explícito al gobierno norteamericano para frenar esta injerencia en los asuntos internos de los países.

En segundo lugar, creo que es importante desarrollar la fortaleza moral del pueblo venezolano en la defensa de su dignidad nacional y su soberanía, más allá de las adscripciones ideológicas, políticas y partidistas de cada quien. Hay un objetivo prioritario que es la defensa de tu Constitución y de tu país, ante una amenaza de orden internacional, en este caso de EEUU.

En tercer lugar, la movilización popular. La Revolución Bolivariana sólo ha disuadido a intervenciones de EEUU cuando ellos han calculado que los costos de cualquier injerencia son mayores que los beneficios, en términos del debilitamiento de la movilización popular en Venezuela. Es decir, en la medida en que hay mayor fortaleza y acumulación de fuerzas en los sectores populares venezolanos, es mucho más costoso políticamente intentar una intervención.

En cuarto lugar, un elemento clave del proyecto bolivariano es el nuevo papel de las fuerzas armadas, que es la unidad cívico militar. En América Latina se ha intentado sembrar la tesis de que hay una militarización de la política en Venezuela. Y lo que ocurrió -que lamentablemente no se ha comprendido adecuadamente- ha sido una transformación radical desde el punto de vista doctrinario respecto a las concepciones convencionales sobre el rol de las Fuerzas Armadas en América Latina, que históricamente han sido utilizadas fundamentalmente para reprimir los procesos de politización del movimiento popular.

En el caso venezolano, hay una doctrina de fuerte raigambre bolivariana, en la cual se señala que el rol fundamental de las Fuerzas Armadas es defender las garantías sociales establecidas actualmente en la Constitución ([32]). Que las fuerzas armadas levanten su espada para contribuir con el desarrollo económico con  justicia social en el continente. Es decir, que los militares no se despreocupen de la situación de pobreza, de miseria, de  desigualdad, de las injusticias sociales, sino que contribuyan en tareas para reducir la desigualdad, para construir sociedades más justas en el continente. Y ese cambio doctrinal, ese distanciamiento radical del proyecto bolivariano con relación a lo que ha sido históricamente el rol de las fuerzas armadas desde las nefastas Doctrinas de Seguridad Nacional (DSN) ([33]) y la Escuela para las Américas ([34]) es una revolución silenciosa, que poco se ha estudiado como elemento de luchas contra-hegemónicas. Obviamente, este es un camino hecho a medias, con sus propias contradicciones. Pero desde el punto de vista programático hay un conjunto de principios, objetivos e instrumentos de políticas que rompen completamente con la visión de EEUU y lo que fue la Escuela para las Américas, que fue una escuela para la represión de los procesos de politización del movimiento popular en todo el continente. Entonces yo creo que estos cuatro elementos son factores claves para coadyuvar a contener y derogar esta iniciativa del gobierno norteamericano para intervenir en los asuntos de Venezuela.

Si el asunto hubiera sido exclusivamente sancionar a funcionarios, todo el marco interpretativo que fundamenta y contextualiza las sanciones es completamente extralimitado  e innecesario. El marco de fundamentación les deja las manos libres para cualquier tipo de intervención a los EEUU en los asuntos internos de Venezuela, que puede ser tomando como precedente para otros países de América Latina.

Me llama mucho la atención ese doble discurso del Congreso y del Gobierno Norteamericano con relación a los DD.HH. Pero lo más grave de esto es el marco de justificación de las sanciones, utilizando fundamentaciones que desde mi punto de vista son falsas, o por lo menos muy débiles y distorsionadas. La fundamentación de esta orden ejecutiva es una extralimitación totalmente grotesca y lo que enseña no es tanto lo que ocurre en Venezuela sino la ambición de poder de EEUU.

Cuando uno analiza la orden ejecutiva, puede ver allí cuál es la voluntad de dominio del gobierno de EEUU hacia Venezuela, hacia el continente y hacia el orden global ([35]). Ellos consideran que la soberanía no tiene límites ni fronteras, que la soberanía es extraterritorial, es global. Y eso es lo que define de manera rigurosa el carácter imperialista de una política exterior de un Estado nación. Cuando no respeta la autodeterminación, la soberanía y los límites, los derechos y garantías del resto de los países y los subordina como si fueran protectorados o colonias.

En este marco tan complejo, con actores y también tendencias de diverso signo, como puede ser la necesidad de diálogo con sectores de derecha que no están de acuerdo con la injerencia de EEUU, pero también la necesidad de profundizar la movilización y la organización del pueblo, ¿dónde queda el camino señalado por el presidente Maduro en torno a superar el Estado liberal burgués y construir el Estado comunal, que es el planteo de Hugo Chávez?

Desde el punto de vista estratégico, no debería existir ningún tipo de duda o retroceso en torno a la necesidad de profundizar el proceso bolivariano. Ahora, desde el punto de vista táctico, desde el punto de vista del rodeo táctico, de la maniobra política, creo que este es un excelente momento para evaluar cuáles son las mejores condiciones para alcanzar objetivos intermedios que nos pueden llegar a hacer alcanzar los objetivos finales. ¿Por qué te señalo esto? Porque considero que hay tendencias en Venezuela que creen que se pueden alcanzar los objetivos finales de la revolución socialista sin pasar por un conjunto de mediaciones estratégicas y tácticas, que tienen que ver con las circunstancias políticas que uno tiene que aprovechar para generar procesos reales, concretos, de acumulación de fuerzas. Un discurso radical que desconoce la relación entre acumulación de fuerzas y correlación de fuerzas es parte del paisaje del ultra-izquierdismo, por demás irresponsable ([36]).

Nosotros podemos estar de acuerdo con sectores, vamos a llamarlos, radicales del “chavismo” que consideran que cualquier maniobra pareciera que fuese en contra del proyecto de Chávez, de su legado revolucionario y socialista ([37]). Pero creo que en este momento hay una situación que exige tener una claridad estratégica y sin renunciar a ella, hay que establecer un conjunto de escenarios de acumulación de fuerzas que implican variantes de maniobras tácticas, que implican ofrecerle a la gente a corto plazo, objetivos intermedios necesarios para alcanzar condiciones para conquistas de carácter estratégico.

Yo no creo que actualmente haya una situación de flujo revolucionario, de oleada de entusiasmo popular, más bien creo que hay un punto de critico detonado por la enfermedad y fallecimiento de Chávez, que obliga a una recuperación del reflujo derivado de la pérdida física de su principal líder político ([38]). Y esa situación está muy influenciada y sobre-determinada por la estrategia de guerra y de sabotaje económico, que está golpeando en sectores cuyo compromiso con la revolución pasa mucho por la resolución inmediata de demandas y aspiraciones materiales. A la Venezuela Bolivariana la están tratando de rendir por mecanismos de presión económica y psicológica.

Creo que este es un momento para reflexionar y para utilizar una frase muy trillada, pero que no siempre se comprende bien, que es hacer  un “análisis concreto de la situación concreta”, que es comprender el diagrama de las fuerzas sociales ([39]) en pugna en un momento específico y entender cómo se puede modificar ese diagrama en beneficio del avance del proyecto bolivariano. En este momento me parece muy difícil plantearle a la gente como elemento movilizador exclusivo la defensa de las orientaciones anti-capitalistas del proyecto bolivariano.

Las tareas de la transición post-neoliberal y post-capitalista no implican automáticamente las tareas socialistas inmediatas. Este es un momento fundamental para consolidar una “unidad antiimperialista” ([40]) y por otro lado generar condiciones políticas favorables para que el gobierno pueda tener al frente interlocutores de la oposición válidos para construir una agenda política mínima común, que permita mejorar las condiciones económicas, sociales y estabilizar la situación política del país a corto plazo. Aquí hay riesgos de variada naturaleza, desde el más crudo oportunismo de derecha, hasta el más irresponsable sectarismo de ultra-izquierda. Si no se logra entender la planificación de situaciones, y el avance en condiciones objetivas y subjetivas, creo que no podrá plantearse con éxito objetivos de mayor envergadura, de mayor alcance.

Creo que nosotros hemos tenido muchos prejuicios para plantear este tipo de temas en la actualidad de la Revolución Bolivariana, porque creemos que plantearlos significa necesariamente algo así como renunciar al legado revolucionario de Chávez.

Creo que lo que hay que mantener es un compromiso sobre las estrategias y los objetivos finales de este proyecto, pero también hay que tener un análisis muy riguroso sobre las condiciones objetivas y subjetivas que hacen posible llegar a ese propósito. Y a veces pecamos por exceso de voluntarismo o por defecto de voluntarismo. Pensar que es imposible, que hay que renunciar al proyecto de Chávez y que hay que convertir al proceso en una suerte de social-democratización de la Revolución Bolivariana. Volver a la tesis de administrar una suerte de capitalismo nacional autónomo con inclusión social ([41]). O por otro lado, otros sectores plantean lo urgente de un salto revolucionario sin tener en consideración la acumulación de fuerzas necesarias para abordar las exigentes tareas de reconstrucción productiva nacional, de modificación de las relaciones de producción, de construcción de otra sociedad, sin considerar las graves deficiencias, vulnerabilidades  y rezagos en el mundo económico productivo del país, el carácter rentista, atrasado y atrofiado de nuestra estructura económica y social. En muchos discursos todavía aparece el viejo guion de “O reforma o revolución” ([42]).

Tenemos que decirlo claramente: Venezuela es un país rico desde el punto de vista rentista, pero desde el punto de vista productivo es un país muy pobre, con una estructura productiva muy precaria, heterogénea, de baja productividad. Tenemos que producir esa mediación entre el país rico rentista y el país rico productivo generando desarrollo económico con justicia social, fortaleciendo el poder popular. Ese eslabón no ha podido labrarse adecuadamente, modificando además la correlación de fuerzas políticas y generando, eso sí, efectivamente, como una de las palancas de ese desarrollo con justicia social al poder popular, a la economía comunal, al sistema de economía  social como un elemento clave de esa nueva economía productiva.

Este es un tema de largas discusiones, que tiene otro alcance, pero creo que puede ser un momento también para analizar que no podemos virar hacia la social-democratización de la revolución, pero tampoco para suponer que Venezuela está a dos pasos y medio de conquistar el pleno socialismo, incluso para algunos el salto al comunismo del siglo XXI. Más bien lo que tenemos son todos los retos y todos los dramas y las exigencias de un proceso de transición, primero post-neoliberal y después post-capitalista, los retos del desarrollo humano integral, de reinventar el socialismo desde abajo, con democracia participativa y protagónica, en las condiciones de un país extractivista, dependiente, todavía subdesarrollado en lo productivo, en lo agroindustrial, por ejemplo.

Particularmente yo soy partidario de la utopía concreta y del sueño revolucionario anticapitalista, pero creo el momento exige astucia, no temeridad, en términos de estrategia y táctica a la hora de analizar bajo qué condiciones es posible construir las mediaciones político-estratégicas para alcanzar ese proyecto, ese horizonte. Eso se ve en la Revolución Bolivariana en este momento: la posibilidad de que haya tendencias y de hecho las hay, que dividen y confunden el campo bolivariano entre sectores que aparecen como más moderados e incluso algunos como entreguistas y negociadores y sectores más radicales, más principistas, que están anclados en la fidelidad al legado revolucionario de Chávez. Este es el momento de re, re-politizar, re-agrupar, unificar y generar un debate político en profundidad y con altura sobre la encrucijada que se está viviendo actualmente en el país y colocar, eso sí, un método de discusión, reflexión, debate y contribución que en vez de agriar el clima lo que hace es enriquecerlo y fecundarlo para encontrar salidas y contribuir a apoyar al gobierno ante la amenaza imperialista ([43]).

Creo que el gobierno de Nicolás Maduro no sólo heredó la potencia simbólica del legado de Chávez, sino que también se está enfrentando a circunstancias y desafíos inéditos, incluso de cambios de correlaciones de fuerzas internacionales  que implican que tenga que maniobrar con mucha mayor prudencia frente al escenario internacional.

Para cerrar, te diría que hay que apoyar críticamente al gobierno y que la crítica sea concebida fundamentalmente como un necesario elemento para proponer alternativas a quienes tienen que tomar decisiones. Pero la crítica no puede ser el pretexto para deslegitimar o contribuir a deslegitimar al gobierno bolivariano, así sea de manera colateral o muy tangencial. Uno tiene que ser muy responsable en estos momentos. El hecho mismo de la amenaza de EEUU genera un buen momento para discutir no sólo la dimensión política del compromiso con el proceso bolivariano, sino también la dimensión ética, la responsabilidad de lo que uno está haciendo, poniendo cada granito de arena en cada lugar para mejorar la correlación de fuerzas en favor del proyecto bolivariano. Eso sí, sin desconocer que la reflexión crítica, las propuestas, las alternativas, son importantes.

Fernando Vicente Prieto
@FVicentePrieto


[2] Respuestas para Dudar ¿Sanción o Intervención? Astolfo Sangronis Godoy http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193485&titular=%BFsanci%F3n-o-intervenci%F3n?-
[3] http://www.iepala.es/curso_ddhh/ddhh35.htm
[5] El ajedrez detrás del acercamiento entre Cuba y EEUU Juan Manuel Karg http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193729&titular=el-ajedrez-detr%E1s-del-acercamiento-entre-cuba-y-eeuu-; La victoria cubana y sus posibles consecuencias Guillermo Almeyra http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193479&titular=la-victoria-cubana-y-sus-posibles-consecuencias-; “Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio…”* Fidel Castro Ruz; EEUU y Cuba: un denso diálogo. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193746&titular=%93a%FAn-cuando-un-d%EDa-formalmente-mejoraran-las-relaciones-entre-cuba-socialista-y-el-imperio%85%94*-
[6] http://www.eljoropo.com/site/congreso-de-eeuu-impone-nuevas-sanciones-a-funcionarios-de-venezuela/, Una clara violación a nuestra soberanía. Conozca el proyecto de Ley que EEUU prepara para “salvar” al pueblo venezolano http://www.aporrea.org/internacionales/n251442.html
[7] http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/274960/comunicado-completo-del-tsj-sobre-las-sanciones-de-ee-uu-contra-el-estado-venezolano/
[8] COMISIÓN DE POLÍTICA EXTERIOR RECHAZÓ SANCIONES DE EEUU CONTRA VENEZUELA http://www.asambleanacional.gob.ve/noticia/show/id/9990
[10] John Kerry, Secretary of State: "Latin America is our back yard" http://english.pravda.ru/world/americas/23-04-2013/124377-latam_backyard-0/
[11] Comunicado de la Unión de Naciones Suramericanas sobre el Decreto Ejecutivo del Gobierno de los Estados Unidos sobre Venezuela http://www.unasursg.org/es/node/169
[12] http://www.telesurtv.net/news/ALBA-rechaza-posibles-sanciones-de-Estados-Unidos-a-Venezuela-20140314-0033.html
[13] http://www.avn.info.ve/contenido/celac-rechaza-sanciones-unilaterales-contra-venezuela
[14] http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/268676/mnoal-rechaza-sanciones-de-estados-unidos-contra-venezuela/
[15] http://www.foreign.senate.gov/imo/media/doc/031715_Lee_Testimony.pdf
[16] http://globovision.com/urosa-savino-es-una-exageracion-decreto-de-eeuu-sobre-venezuela/
[17] Falcón: "Orden ejecutiva de EEUU es un documento amenazante e injerencista" http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/150311/falcon-orden-ejecutiva-de-eeuu-es-un-documento-amenazante-e-injerencis
[18] http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/150311/eduardo-fernandez-venezuela-nunca-ha-sido-una-amenaza
[19] http://www.unidadvenezuela.org/2015/03/mud-venezuela-no-es-una-amenaza-para-ningun-pais-son-las-politicas-del-gobierno-las-que-amenazan-y-coartan-el-derecho-de-nuestros-ciudadanos/
[20] María Corina Machado: “Lo que es una amenaza es el régimen para cada uno de los venezolanos” http://www.lapatilla.com/site/2015/03/10/maria-corina-machado-maduro-hace-lo-que-le-da-la-gana/
[21] http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/tiempo-definiciones-opinion/
[22] http://es.panampost.com/panam-staff/2015/01/28/ee-uu-insta-al-caribe-a-librarse-de-la-dependencia-del-petroleo-venezolano/
[23] ¿Cómo reaccionar ante la amenaza de Obama? Por: Atilio Borón http://www.aporrea.org/actualidad/a204878.html
[24] II Cumbre CELAC: Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud Por: Miguel Ángel Guaglianone Rodríguez http://www.aporrea.org/internacionales/a181375.html
[25] http://www.6topoder.com/2.0/1/13001/dilogo-interamericano-sanciones-a-venezuela-son-una-mala-jugada
[26] http://cancilleria.gob.ec/wp-content/uploads/2014/10/DECLARACION_ELAP_2014_FINAL.pdf
[27] http://www.diariolavoz.net/2015/03/15/mas-de-350-mil-manifestantes-protestaron-contra-rousseff/
[30] http://www.eluniversal.com/economia/150314/arrestan-a-director-de-banco-de-andorra-por-lavado-de-dinero
[31] http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/15068/el-chorrillo-una-herida-abierta-de-la-invasion-de-eeuu-a-panama
[32] http://www.ceofanb.mil.ve/images/documentos/discursos/acto_graduacion_ofi_tropas_asimilados.pdf
[33] http://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina_de_seguridad_nacional
[34] http://es.wikipedia.org/wiki/Instituto_del_Hemisferio_Occidental_para_la_Cooperaci%C3%B3n_en_Seguridad
[35] Crítica a un anti-antiimperialismo mucho más bufo y estéril. Javier Biardeau R. http://rebelion.org/noticia.php?id=196439
[36] Javier Biardeau alertó sobre la estrategia continental de confinar a Chávez al olvido http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/judith-valencia-comandante-abrio-gran-debate-socialismo-siglo-xxi-javier-biardeau-alerto-sobre-estrategia-continental-confinar-a-chavez-al-olvido/
[37] La guerra de la socialdemocracia contra el imperio siempre será una bufonada Por: Toby Valderrama http://www.aporrea.org/ideologia/a204622.html; Sí, somos una amenaza. Asamblea de Militantes: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196440&titular=s%ED-somos-una-amenaza-; Marea Socialista sobre la Orden Ejecutiva de Obama “¡Vete al Carajo, yanqui de Mierda!” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196341&titular=%93%A1vete-al-carajo-yanqui-de-mierda!%94-
[38] ¿CUÁL LEGADO DE CHÁVEZ DEFIENDE USTED? Javier Biardeau R http://rebelion.org/docs/192454.pdf
[39] revistas.ucm.es/index.php/ASEM/article/download/.../17938
[40] http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/03/16/defender-la-revolucion-bolivariana-ante-la-agresion-de-los-imperialistas-yanquis-y-sus-lacayos-nuestro-ineludible-deber/
[41] Duro de matar. El mito del desarrollo capitalista nacional en la nueva coyuntura política de América Latina Atilio Alberto Borón: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11820167010; Concepciones Social-desarrollistas Claudio Katz: http://katz.lahaine.org/?p=240; Las batallas de Venezuela Claudio Katz: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193415; El caos sistémico se instala en Sudamérica Raúl Zibechi: http://www.jornada.unam.mx/2015/03/20/opinion/021a2pol,
[42] ¿REFORMA O REVOLUCIÓN? DEMOCRACIA José López
 http://www.rebelion.org/docs/148046.pdf; El Presidente Chávez cita el libro de Alan Woods reformismo o revolución en el Alo presidente nº 315: http://www.luchadeclases.org.ve/venezuela/psuv/6209-cmr
[43] “Límites y perspectivas de la globalización neoliberal y nuevas formas de manifestación del imperialismo contemporáneo”: Abelardo Mariña Flores: http://marxismocritico.com/2013/10/14/limites-y-perspectivas-de-la-globalizacion-neoliberal/; “El ‘Nuevo Imperialismo': Sobre reajustes espacio-temporales y acumulación por desposesión”: David Harvey: http://marxismocritico.com/2011/11/02/el-nuevo-imperialismo-sobre-reajustes-espacio-temporales-y-acumulacion-por-desposesion/; “El redescubrimiento del Imperialismo”: John Bellamy Foster: http://marxismocritico.com/2011/10/26/el-redescubrimiento-del-imperialismo/;