jueves, 18 de marzo de 2010

MARX Y LA TRANSICIÓN SOCIALISTA (CORREGIDA/MEJORADA)-PARTE II


Javier Biardeau R.
Ya desde el comienzo de la revolución bolchevique, existieron voces críticas que sostuvieron que el Estado soviético y la sociedad de transición post-capitalista, no se asemejaba a la prefiguración de una sociedad socialista que plantearon tanto Marx como Engels. ¿En que medida el marxismo bolchevique era efectivamente una continuación del pensamiento marxiano? Esta pregunta ha dado lugar a ríos de tinta con concretas implicaciones políticas.
Por ejemplo, habría que recordar algunas posiciones auto-críticas de Trotski (ya convertido por obra de la propaganda estalinista en “agente de Hitler”), cuando señalaba que para Marx y Engels era claramente elemental, que la propiedad social no se podía confundir con la propiedad estatizada o nacionalizada.
Trotsky no llamó “propiedad social” a las formas de propiedad del sistema socioeconómico soviético, y nunca sostuvo, por ejemplo, que la producción socialista ya existía en el Estado de transición al socialismo. En una de sus elaboraciones del concepto “propiedad social” plantea:
“Para volverse social, la propiedad privada inevitablemente debe pasar por un estado equivalente al de la oruga que antes de volverse mariposa debe convertirse en larva. Pero una larva no es una mariposa. Millones de ellas perecen sin llegar a ser mariposas. La propiedad estatal se convierte en la propiedad de todo el pueblo [como Stalin sostuvo] sólo en el grado en que los privilegios sociales y las diferenciaciones desaparecen, y con ellos la necesidad del Estado. En otras palabras: la propiedad estatal se convierte en socialismo en la proporción en que deja de ser propiedad estatal. Por el contrario: cuanto más alto se pone el Estado soviético por encima del pueblo, y más se constituye en guardián de la propiedad del pueblo, más claramente se manifiesta contra el carácter socialista de la propiedad estatal.”(La Revolución Traicionada-1936)
Que el Estado no sea un órgano que esté por encima de la sociedad, era un tema típicamente marxiano, no solo del pensamiento libertario o liberal:
“La libertad consiste en convertir al Estado de órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella, y las formas de Estado siguen siendo hoy más o menos libres en la medida en que limitan la "libertad del Estado".”(Marx: Crítica al Programa de Gotha-1875)
El asunto de la estatización estaba planteado por Engels, quién escribió que con medidas de estatización del capital, las relaciones capitalistas no son eliminadas, son solamente unificadas en una cabeza (Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico):
“El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza, llega al extremo, a la cúspide. Más, al llegar a la cúspide, se derrumba. La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución.
Pero no se puede confundir el medio formal, con el contenido fundamental. El contenido fundamental reside en que esta unificación de relaciones económicas en el capitalismo de estado tiene que ser derribada, pues la llamada “propiedad estatal” tiene que ser controlada directamente por los trabajadores en lugar de la burguesía.
Algunos veneradores del fetichismo de la forma-Estado, suponen que nacionalizando empresas no se le está dando poder al Capitalismo de Estado (el capitalista colectivo ideal), sino construyendo el Socialismo desde la misma forma-Estado capitalista.
El asunto clave es si se trata de una forma-Estado de transición(el semi-estado proletario de Lenin) controlado efectivamente por las clases trabajadoras y la mayoría del pueblo; desde sus formas de organización autónomas, como el control obrero, los consejos de fábrica y los consejos de trabajadores; o si no será la tecno-burocracia estatal; en fin, la capa de funcionarios, gerentes, técnicos y administradores, formados bajo los mismos parámetros capitalistas de la división jerárquica del trabajo; o lo que es mucho peor, una capa de funcionarios dependientes del aparato del partico-único, los que asumen la apropiación, control y dirección de los procesos económicos en la fase de transición.
Este problema remite justamente al estado del arte de la organización social y política del movimiento de los trabajadores en un proceso revolucionario; y no de los que hablan en su nombre, profundizando la famosa “cadena de sustituciones”.
La transformación de la composición social y de lucha de la clase trabajadora, implica dar cuenta de la relación entre el "obrero-masa", predominante en la fase fordista-keynesiana, y el nuevo "obrero social" (propio del capitalismo transnacional integrado) en las circunstancias específicas de la realidad venezolana, así como su incardinación con el subjetividad de la multitud popular subalterna.
Allí se juega, no solo el carácter anti-oligárquico y antiimperialista de la multitud popular, sino su potencial carácter anti-capitalista. Hasta ahora el horizonte de lucha de la multitud popular ha sido revolucionario con relación a los dos primeros aspectos, pero dadas las características de arbitraje neutralizador de los conflictos de clase de la re-distribución pública de la renta petrolera, el horizonte socialista se concibe vinculado a afectar los modos de distribución-cambio económica (regulación estatal de los mercados, de los convenios colectivos, y la redistribución estatal a través de políticas sociales) que afectar directamente los modos de producción y apropiación capitalistas (unidades de producción socialistas con control obrero y consejos de trabajadores socialistas).
Por otra parte, Marx y Engels hicieron referencias positivas al potencial socialista de diferentes formas de socialización económica, y no solo a la estatización: las cooperativas de producción y consumo, la economía social auto-gestionadas directamente por el trabajo libre asociado, el control obrero de las estatizaciones y las nacionalizaciones, como formas que apuntaban a la socialización económica de las unidades de producción, al pasaje a un sistema socioeconómico socialista.
Una breve cita de la Guerra civil en Francia de 1871, podría dejar boquiabiertos a algunos veneradores de la confusión entre estatizaciones y socialización:
“¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda civilización! Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción -- la tierra y el capital -- que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el "irrealizable" comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe -- y no son pocos -- se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de substituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, sino comunismo, comunismo "realizable"?”
No plantearemos aquí, los ultimos escritos de Lenin sobre las cooperativas. Lo que si queremos plantear es que no puede haber dogmas de confusión entre las flexibles vías de socialización de acuerdo a plan común de regulación de la producción nacional (que garantizan incluso la propiedad individual- Léase: “convertir la propiedad individual en una realidad”), y plantear como única vía la estatización de la propiedad social. Al menos, no partiendo del pensamiento crítico socialista de Marx.
Marx y Engels, hablaban explícitamente de la interrelación entre aspectos económicos y políticos. No dejaban de lado la relación entre poder económico de clase y el poder político de clase. Hoy pudieran hacerse muchas interrogantes a la hipótesis de la simplificación de la estructura social capitalista presente en el propio Manifiesto del Partido Comunista, lo que complejiza las tácticas de "clase contra clase" en sentido restringido; y plantea el asunto de las alianzas de clases, grupos y sectores; así como la hegemonía socialista en una revolución democrática.
Pero para Marx y la transición socialista, una cosa si quedaba clara, que ni la propiedad estatizada ni el Estado-Plan, por sí mismas, sin iniciativa, intervención y control directo de las clases trabajadoras y el pueblo, podrían considerarse medidas socialistas. Solo recordemos la burla de la cita a pie de página de Engels:
“(…) La nacionalización sólo representará un progreso económico, un paso de avance hacia la conquista por la sociedad de todas las fuerzas productivas, aunque esta medida sea llevada a cabo por el Estado actual, cuando los medios de producción o de transporte se desborden ya realmente de los cauces directivos de una sociedad anónima, cuando, por tanto, la medida de la nacionalización sea ya económicamente inevitable. Pero recientemente, desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo, que degenera alguna que otra vez en un tipo especial de socialismo, sumiso y servil, que en todo acto de nacionalización, hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich. Cuando el Estado belga, por razones políticas y financieras perfectamente vulgares, decidió construir por su cuenta las principales líneas férreas del país, o cuando Bismarck, sin que ninguna necesidad económica le impulsase a ello, nacionalizó las líneas más importantes de la red ferroviaria de Prusia, pura y simplemente para así poder manejarlas y aprovecharlas mejor en caso de guerra, para convertir al personal de ferrocarriles en ganado electoral sumiso al gobierno y, sobre todo, para procurarse una nueva fuente de ingresos sustraída a la fiscalización del Parlamento, todas estas medidas no tenían, ni directa ni indirectamente, ni consciente ni inconscientemente nada de socialistas. De otro modo, habría que clasificar también entre las instituciones socialistas a la Real Compañía de Comercio Marítimo, la Real Manufactura de Porcelanas, y hasta los sastres de compañía del ejército, sin olvidar la nacionalización de los prostíbulos propuesta muy en serio, allá por el año treinta y tantos, bajo Federico Guillermo III, por un hombre muy listo.”
No hay que confundir el pensamiento de Marx con Stalin; y mucho menos con Napoleón, Metternich, Bismarck o Federico Guillermo III, pues no se trata de “ganado electoral sumiso al gobierno”, sino que se trata de la auto-emancipación de los trabajadores y trabajadores, como decía la mismísima Flora Tristán.

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