sábado, 15 de octubre de 2011

DINOSAURIOS, MINOTAUROS Y UNICORNIOS:

Para el diseño de los socialismos democráticos y democracias socialistas en el siglo XXI, nos encontramos ante un paisaje rodeados de “Dinosaurios”, “Minotauros” y “Unicornios”.

Los Dinosaurios traducen las viejas referencias teórico-ideológicas, que se repiten como doctrinas coaguladas o cristalizadas, los marxismos-leninismos de todos los pelajes, inventados y codificados en tiempos estalinistas, expresando la cosificación o la alienación del “pensamiento revolucionario”, el olvido de la potencia marxiana, un Marx ya no crítico ni creativo, ni abierto ni inconcluso, sino repetitivo, calco y copia, tradición, doctrina y ortodoxia. Dinosaurios propagadores de dogmas inmodificables, ajenos a la falibilidad, ajenos a la rectificación histórica, ajenos a la invención, como se ha diseminado pues: si la teoria no da cuanta de la realidad, entonces “peor para la realidad”.

Los Minotauros, expresión del sacrificio despótico y totalitario que transcurre como sombra de poder en la utopía concreta acrata, socialista y comunista, cuando de ellas se apodera la hubrys, la desmesura del poder como lógica de la dominación fría, calculadora y cargada de la pasión por colocar a otros en el lugar obsceno de la sujeción, del sometimiento, en objeto de servidumbre, lugar de todos los laberintos y gulags que se han construido en nombre de la emancipación, paradoja autoritaria que remite no al terreno de la objetividad histórica como justificación de los desmanes, sino al propio terreno de la subjetividad revolucionaria, cuando es devorada, engullida, desintegrada por la tentativa del fascismo social, por el sectarismo, por el discurso-Uno, por la degradación de la política revolucionaria convertida en purga, paranoia y policia; en fín, cuando en la subjetividad revolucionaria se ha interiorizado la identificación con el agresor y con el victimario: el “buen revolucionario” se ha convertido en “agente de represión”, persecusión y tortura. Los minotauros traducen la muerte de la critica y de la creación heroica, apologia del sacrificio, maquiavelismo extremo del poder por el poder, simple técnica para conquistarlo y conservar el dominio y su arrogancia a cualquier precio.

Los Unicornios remiten a las fábulas de la utopia cuando no se extravían los caminos de la Emancipación, a los fuegos bajo el agua a los que se refirió Isacc Pardo, cuando publicó uno de los más hermosos tratados sobre el Principio Esperanza, de manera comparable a la obra de Ernst Bloch, quien apelo al marxismo cálido como metáfora de confrontación ante el marxismo frio de las nomenclaturas, lucha pues contra todas las vallas mentales y físicas, contra todos los encierros, condición fundamental de los Unicornios sera la de derribar todas las jaulas y prisiones: mentales, morales, religiosas, económicas, sociales preexistentes, superación de gobernadores, satrapas, tiranos, patriarcas e inquisores. Luchas contrahegemónicas en fín, para colocarnos frente a frente no ante el mundo cerrado sino ante diversas perpectivas que son espacios de posibilidades. Hay algo más que una simple oposición entre lo “viejo” y lo “nuevo”, artilugio moderno por excelencia, o entre aquello que forma parte del un pasado “realmente existente” y de un “mundo imaginario” y por tanto, posible; sino una invocación a la prudencia experimentalista para no caer de nuevo en las diversas figuras de la Barbarie, encarnadas en los despotismos de derecha y de izquierda.

Los unicornios encarnan, entonces, la imprescindible conexión entre la democracia, el socialismo y la emancipación, sin la cual, la utopía merece devenir, como diría el filósofo pragmático y liberal-democrático, Richard Rorty, una “fantasía privada”, hasta tanto no se reencuentren efectivamente los hilos de Ariadna para tejer entre múltiples y singulares subjetividades los caminos de la emancipación.

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