martes, 12 de febrero de 2008

¡¡¡¡¡ Pobre Gramsci!!!!!!

Javier Biardeu R.

Revisando el borrador del denso aporte de Müller-Rodríguez Araque para el debate del PSUV, me sorprende encontrar escasas referencias a Gramsci (sólo dos) como inspirador y renovador del movimiento socialista y del pensamiento revolucionario mundial. Llama poderosamente la atención los lugares en el texto, como plantea la transdisciplina del "análisis crítico del discurso", donde se encuentran sus escasas referencias. Veamos. En un párrafo dedicado extensamente al análisis de la dispersión de las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años setenta y ochenta del siglo XX, se dice lo siguiente: "La diáspora de las fuerzas revolucionarias produjo más de una decena de partidos y movimientos políticos, medianos y pequeños (y hasta minúsculos), que asumieron dos líneas estratégicas separadas: aquella seguida por los más significativos mediante la cual, tomando las prácticas de la democracia representativa, trabajarían como vanguardias por la creación de la conciencia de clase en el proletariado, y los que, víctimas de la enfermedad infantil del izquierdismo, se mantendrían en una lucha armada sin aparato político-social, y sin sostén logístico".

El texto reproduce las distinciones elaboradas desde la mitología de las dos izquierdas a partir de las "formas de lucha" empleadas: la vía electoral, ligándola al paradigma de la "democracia representativa", o la vía armada, que en su momento de debilidad político-estratégica y organizativa deviene en una práctica propia de la "enfermedad infantil del izquierdismo" (Lenin dixit).

Entramos de lleno en la polémica. Gramsci y el eurocomunismo. ¿Es Gramsci el responsable directo de una actitud denominada "revisionista"? Si se trata de revisar el marxismo para enriquecerlo, para ampliar el programa crítico de investigación-acción de las fuerzas anticapitalistas, diría sí. Pero la palabra "revisionista" es utilizada en el texto bajo el acento ideológico de los que se "desvían" del buen camino del "socialismo científico". Aquí hay un primer punto de desacuerdo radical con estos autores.

El "socialismo científico" es de cabo a rabo problemático, analizados los debates contemporáneos sobre las ciencias sociales históricas críticas y el post-positivismo (ver: Abrir las ciencias sociales-Wallerstein). Así mismo, se plantea que fue una interpretación y aplicación equivocada de la tesis de la "dictadura del proletariado" por parte del partido comunista de la URSS el que creó una nueva clase privilegiada y la imposición a la fuerza del llamado socialismo real. Esta segunda tesis es todavía más increíble. Obviamente, el eurocomunismo sale también mal parado (con su abandono de la tesis política de la "dictadura del proletariado"), con el pluripartidismo y la construcción del socialismo en paz y libertad.

Hay que leer entre líneas para destacar las implicaciones que para la ligadura orgánica entre democracia, socialismo y revolución tienen semejantes tesis.

No parece nada consistente con la investigación teóricopolítica acerca de la obra de Gramsci el lugar que le asignan Müller y Rodríguez Araque en todo esto. Gramsci sirve de pretexto y complemento a prácticas revisionistas vinculadas al eurocomunismo. Esto es un gravísimo error teórico y político que parece colocar a Gramsci en el mismo plano de consistencia que Togliatti.

El electoralismo aparece como un elemento del bloque hegemónico y del dominio cultural de las clases dominantes y electoralismo, desdibujan hasta su desaparición la tesis de la lucha de clases.

Nada más alejado de Gramsci, por cierto.

Si estamos en lo cierto, en el texto se reflota la vieja tesis de la "dictadura del proletariado", condenando la democracia representativa, el multipartidismo, la paz y la libertad, como elementos de dominación cultural de las clases dominantes.

De estos errores está empedrado el camino del socialismo burocrático-despótico, como lo analizó brillantemente Poulantzas, quien cuestionó la solidaridad estrecha entre ultra-izquierdismo y estatismo autoritario en el plano de los hechos. Así de lamentable parece ser la hermenéutica política, ¡pobre Gramsci, y pobre de nosotros!


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