lunes, 11 de febrero de 2008

Sin ambigüedades en la crítica radical al dogma de la dictadura del proletariado

Tarsila Do Amaral

Javier Biardeau


En un texto anterior titulado “A propósito de la Dictadura del Proletariado como dogma. La flexibilidad del planteamiento crítico-abierto de Marx-Engels”. (http://www.aporrea.org/ideologia/a49767.html), retomamos una polémica abierta frente a quienes han hecho del modelo revolucionario bolchevique y de la tesis de la dictadura del proletariado, un dogma incuestionable.

Los problemas de la transición política al socialismo no escapan a estas consideraciones. Sostenemos que la revolución democrática es inseparable de la transición al Socialismo, y que cualquier apelación a formas-contenidos que asuman la tesis dogmática de la “dictadura del proletariado”, le hacen un flaco servicio al proceso de transformaciones que se concretaron desde 1999.

Hemos planteado, las indispensables tareas de des-dogmatización y descolonización del imaginario crítico socialista para salir del letargo ideológico en el que ha estado sumido el campo del pensamiento crítico de las izquierdas socialistas en Venezuela. Hemos llamado la atención sobre flexibilidad política que mostraron inclusive Marx y Engels, al enfrentar condiciones históricas y situaciones nacionales concretas. Incluso, hemos mostrado su capacidad de revisión y rectificación de sus tesis sobre los modelos de revolución, frente al cambio de condiciones históricas entre 1848 y 1895, a diferencia de muchos de sus falsificadores, quienes citan el Manifiesto Comunista o La Crítica al Programa de Gotha, como si fuesen textos sagrados, motivados por una ortodoxia que el maestro Ludovico Silva despachó con sus adjetivaciones polémicas.

Sin embargo, el asunto es mas grave si seguimos los argumentos expuestos por Adam Schaff en su ya clásico texto: “El Comunismo en la encrucijada”, cuando plantea que el propio Lenin, en “El Estado y la Revolución”, realiza una apostilla; es decir, una acotación que comenta o completa un texto, que para Schaff constituye una “clara adulteración del texto de Engels de 1891.. Sabemos el terrible efecto idiotizador que propagan los “argumentos de autoridad” y las “citas sagradas” sobre el pensamiento crítico socialista. ¡Y si lo dijo Lenin, quien podría ponerlo en duda! Pero es eso lo que hay que desterrar como hábito de interpretación, para construir culturas críticas en el pensamiento socialista. La polémica está servida: Lenin comenta a Engels; Schaff plantea que el comentario es una adulteración motivada políticamente.

El tema no es solo quién dijo que, sino que se dijo, en que circunstancias, y sobre todo, con que tipo de respaldos teóricos y evidencias históricas. Ya habíamos planteado como Engels en 1895 plantea su revisión y rectificación de puntos de vista sostenidos en condiciones distintas:


“(…) todos nosotros nos hallábamos, en lo tocante a nuestra manera de representarnos las condiciones y el curso de los movimientos revolucionarios, bajo la fascinación de la experiencia histórica anterior, particularmente la de Francia. ¿No era precisamente de este país, que jugaba el primer papel en toda la historia europea desde 1789, del que también ahora partía nuevamente la señal para la subversión general? era, pues, lógico e inevitable que nuestra manera de representarnos el carácter y la marcha de la revolución «social» proclamada en parís en febrero de 1848, de la revolución del proletariado, estuviese fuertemente teñida por el recuerdo de los modelos de 1789 y de 1830.” Engels continua: “(…) la historia nos dio también a nosotros un mentís y reveló como una ilusión nuestro punto de vista de entonces. Y fue todavía más allá: no sólo destruyó el error en que nos encontrábamos, sino que además transformó de arriba abajo las condiciones de lucha del proletariado. El método de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los aspectos, y es éste un punto que merece ser investigado ahora más detenidamente.”


El pensamiento crítico socialista avanza o se estanca, dependiendo de su capacidad de superar las representaciones, modelos, puntos de vista, ilusiones que se sostenían en contextos históricos distintos. Hay que evitar que “la tradición de todas las generaciones muertas oprima como una pesadilla el cerebro de los vivos”, mucho mas cuando se trata de “transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria”. Y esto tiene implicaciones significativas en los “lenguajes-acciones revolucionarias”, porque allí aparecen “los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia.”

Si hay algo que no puede perderse de vista es que la articulación entre revolución democrática y transición política al socialismo implica una “revolución de la mayoría”. Sin mayorías democráticas, no hay tránsito posible al socialismo, bajo las condiciones de la legalidad constitucional de una República Democrática. Y las mayorías democráticas tienen correlatos electorales, sociales y políticos. Desde el punto de vista social: considerar el conjunto de la masa de pueblo explotada y dominada como fuerza motriz de la revolución. Desde el punto de vista político: construir la multitud conciente, organizada y movilizada en función de un proyecto estratégico de transformación. Desde el punto de vista electoral: conquistar la mayoría de los votos. Los métodos de lucha dependen de condiciones y circunstancias: “con este eficaz empleo del sufragio universal entraba en acción un método de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente. Se vio que las instituciones estatales en las que se organizaba la dominación de la burguesía ofrecían nuevas posibilidades a la clase obrera para luchar contra estas mismas instituciones.” Y cuales eran estas instituciones estatales: la República Democrática. Es decir, que fortalecer, consolidar, profundizar la República Democrática es un objetivo central de las fuerzas socialistas. No quiere decir todo esto, que la coacción organizada hubiese desaparecido de la política y del Estado, pero es a través de los métodos de lucha democráticos que se avanza, a menos que las clases dominantes derrumben la constitución democrática y su forma de Estado: “la subversión social-democrática, que por el momento vive de respetar las leyes, sólo podrán contenerla mediante la subversión de los partidos del orden, que no puede prosperar sin violar las leyes (…)por tanto, si ustedes violan la constitución (…), la socialdemocracia queda en libertad y puede hacer y dejar de hacer con respecto a ustedes lo que quiera. Y lo que entonces querrá, no es fácil que se le ocurra contárselo a ustedes hoy.” Mayor claridad, imposible. Quién rompa las reglas de juego, que se atenga a las consecuencias del quiebre de reglas de juego.


Este debate sobre la llamada “dictadura del proletariado” parecería extemporáneo si no fuese por su introducción en el texto de Müller-Rodríguez Araque, titulado “Ideas para el dialogo y el debate sobre el socialismo venezolano, y el partido que lo impulsará”. En un aparte titulado: la visión bolivariana de la igualdad, queda planteado que
“En su celebre discurso de Angostura, del 15 de febrero de 1819, el Libertador sostenía que “los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la constitución, interprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, esta sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud, y no todos lo practican, todos deben ser valerosos, y todos no lo son, todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De allí viene la distinción distintiva que se observa de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad, para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”. Hasta allí queda clara la concepción bolivariana de la igualdad política y social, como ficción o convención social en contraste con las llamadas desigualdades naturales. Una concepción claramente ilustrada, moderna, liberal de avanzada y dominante en occidente. De este modo, la igualdad resulta de una construcción humana, y Müller-Rodríguez Araque plantean allí: “pero no cae en el error de pensar que puede ser impuesta por la fuerza a través de la dictadura del proletariado, ejercida por una nueva modalidad de absolutismo, que fuese bautizada por las fuerzas reaccionarias, como totalitarismo.”

De esta manera, se cae innecesariamente en un contraste entre Bolívar, y la interpretación dogmática de la “dictadura de proletariado” atribuida de manera generalizada, interpretada como fuerza, como nuevo absolutismo, y bautizada por las fuerzas reaccionarias, como totalitarismo. Y decimos interpretación dogmático-convencional de la dictadura del proletariado, porque hemos visto, que para Marx y Engels, esta tesis sufre cambios considerables a lo largo del tiempo y bajo condiciones distintas. “Dictadura de clase” remite al contenido de fuerza que todo Estado asume, en mayor o menor medida de acuerdo a las distintas formas políticas, bajo el predominio de una sociedad dividida en clases antagónicas. Pero la forma más favorable de Estado para el socialismo es sin lugar a dudas la República Democrática, con amplias libertades políticas, igualdad política y social. Ahora bien, en este punto Bolívar no fue mas allá del sufragio restringido, mientras Marx y Engels valoraron el sufragio universal. La República Democrática era a la vez una República Social. Bolívar quedó preso del horizonte liberal, a diferencia de Simón Rodríguez, que fue mucho más allá en la des-dogmatización y descolonización del pensamiento nuestro-americano.

De allí que una de las grandes interrogantes del Socialismo Bolivariano, sea la asunción o no del cuadro de categorías liberales del pensamiento bolivariano. Sería muy clarificador que se asumiese sin ambigüedades, el “liberalismo social bolivariano”. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, sería muy estrecho y limitado quedarse allí. Hay que ir más allá del paradigma de la Modernidad Occidental, del liberalismo y del marxismo, para renovar el Imaginario crítico socialista. Pero volvamos al punto de la dictadura del proletariado. En el texto de Müller-Araque, la segunda referencia a la dictadura del proletariado se hace en el siguiente marco: se plantea implícitamente que el bloque comunista interpretó y aplicó con determinada forma la idea de la dictadura del proletariado. Aquí habría que ser más precisos. ¿Cual forma? La forma leninista, primero; y la estalinista después. Hemos planteado que ambas formas no son exactamente equivalentes a lo planteado por Marx y Engels.

Engels plantea lo siguiente (1891): se puede concebir que la vieja sociedad sería capaz de integrarse pacíficamente en la nueva (sociedad socialista) en los países donde la representación popular concentra en sus manos todo el poder, donde se puede hacer por vía constitucional todo lo que se quiera, siempre que uno cuente con la mayoría del pueblo: en las repúblicas democráticas, como Francia y Norteamérica, en monarquías, como Inglaterra, donde la inminente abdicación de la dinastía por una recompensa en metálico se debate a diario en la prensa y donde esta dinastía no puede hacer nada contra la voluntad del pueblo. Pero en Alemania, donde el gobierno es casi omnipotente, donde el reichstag y todas las demás instituciones representativas carecen de poder efectivo, proclamar en Alemania tales cosas y, además, sin necesidad, significa quitar la hoja de parra al absolutismo y colocarse uno mismo para encubrir la desnudez.”

De este modo, la República Democrática es una premisa necesaria para las vía electoral, pacífica y constitucional del transito al socialismo. Engels lo plantea sin ambigüedades: “está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de la República Democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado (…)”.

En pocas palabras: la República Democrática es la forma específica de la Dictadura del Proletariado, en tanto que esta forma concentra todo el poder político en manos de la representación del pueblo. Continúa Engels, esto sería suficiente porque aún no se puede ir más allá. El más allá queda en suspenso, y se vincula a las hipótesis sobre el papel del gobierno y del Estado en una sociedad comunista. Los deícticos en el discurso son esenciales. Siempre hay referencias a contextos temporales, a situaciones específicas, a condiciones concretas de la lucha. Sin embargo, la “apostilla de Lenin” plantea lo siguiente: “Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la República Democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado. Pues esta República, que no suprime ni mucho menos la dominación del capital ni, consiguientemente, la opresión de las masas ni la lucha de clases, lleva inevitablemente a un ensanchamiento, a un despliegue, a una patentización y a una agudización tales de esta lucha, que, tan pronto como surge la posibilidad de satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza, inevitable y exclusivamente, en la dictadura del proletariado, en la dirección de estas masas por el proletariado”(El Estado y la Revolución).

Como vemos, no es lo mismo decir que la República Democrática “es la forma específica de la Dictadura del Proletariado”, que decir que “es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado”. Schaff acierta. Lenin desconoce la revisión y rectificación de Engels de 1895, desfigurando su planteamiento maduro sobre la República Democrática. En ningún caso, la “dictadura” puede ser la forma de Estado deseable para un tránsito al socialismo, sino una excepción transitoria frente a la ausencia de instituciones estatales democráticas previas. Pero este no es un modelo universal de transición política al Socialismo, como lo plantea la codificación marxista-leninista. Hay que ir más allá de las codificaciones y dogmas, para liberar a Marx y a Engels del marxismo burocrático. Liberar la flexibilidad del pensamiento crítico y revolucionario socialista, para acercarlo a una nomadologia libertaria de las ideas. Para no hacerle concesiones interpretativas a la derecha, quienes pretenden hacer de Marx y Engels, fundadores del pensamiento totalitario o de formas políticas absolutistas. Hay que reinvindicar a Engels frente a estas lecturas, tanto de las deformaciones marxista-leninistas como de cualquier asunción a-crítica de las interpretaciones de la derecha neoconservadora.

No hay comentarios: